Mariana Gardella Hueso
Este es un libro sobre Parménides y Zenón, “sabios en Elea”, según reza el título. Esta breve y aparentemente banal caracterización revela, no obstante, la profunda originalidad del estudio que nos ofrece Livio Rossetti.
Detengámonos primero en Elea, ciudad a la que se consagra el primer capítulo. ¿Por qué empezar por allí? Muchas veces, la historia de la filosofía se nos presenta como una compilación de ideas abstractas, de ideas sin cuerpo. Sin embargo, estas no deberían ser separadas ni del tiempo ni del espacio en que fueron pensadas, puesto que la cronología y la geografía son variables que las atraviesan y moldean de manera inexorable. Por esta razón, la narración sobre la fundación de Elea por parte de los foceos y la descripción del sitio arqueológico de Elea-Velia que nos regala este volumen constituyen un viaje de película que ayudará a situar las ideas de Parménides y Zenón en un nuevo horizonte de sentido.
Aunque parte de la investigación de Livio se apoya en evidencia arqueológica, su tarea no se parece en nada a la de un arqueólogo que desentierra piezas y procura celosamente preservarlas tal como fueron halladas, sino más bien a la de un escultor que, cincel y martillo en mano, talla con esmero la piedra hasta descubrir una magnífica escultura. En este caso, la escultura muestra una nueva imagen de Parménides y Zenón que emerge de esa roca que son sus textos (en estado fragmentario y a veces lamentable). Esta nueva imagen viene a poner en cuestión las interpretaciones que han “momificado” a Parménides como filósofo del ser y a Zenón como su defensor. La labor hermenéutica de Livio se encuentra en las antípodas de las técnicas de momificación y es el reflejo de un esfuerzo constante por la vivificación plena de los textos antiguos.
Volvamos al título donde Parménides y Zenón son presentados como “sabios” (sophoí). Este no es un detalle menor. En efecto, ¿por qué no llamarlos “filósofos”? Porque la filosofía aún no existía en esa época, como Livio reivindica con acierto desde hace tiempo. El concepto de “filosofía” empleado en sentido técnico se registra recién en fuentes de los primeros años del siglo IV a.C., en especial, en algunos diálogos de Platón. De manera que este no es un libro sobre la historia de la filosofía, sino sobre su pre-historia, de la que Parménides y Zenón son protagonistas estelares.
Parménides y Zenón… o Zenón y Parménides porque este volumen subvierte el orden tradicional de los factores y dedica el segundo capítulo al discípulo (Zenón) y el tercero al maestro (Parménides). ¿Cuál es el sentido de esta modificación? Mostrar, en contra de lo que usualmente se repite, que Zenón no pretende refutar a los detractores de Parménides. Aquel no defiende a nadie ni se propone enseñar nada. Sus paradojas son dispositivos que nos llevan a dudar de fenómenos que en apariencia nos resultan incuestionables, por ejemplo, que Aquiles, el de los pies ligeros, alcanzará a la lenta tortuga o que la flecha lanzada está efectivamente en movimiento. ¿Qué se busca con esto? Nada más y nada menos que pensar y hacer pensar. En opinión de Livio, Zenón se muestra como un entrenador deportivo y sus paradojas como ejercicios gimnásticos para buenas cabezas.
En relación con Parménides, aquí se ofrece una interpretación renovada que se apoya en la totalidad de lo que se sabe sobre este antiguo maestro y no solo a partir de los versos del poema que podemos leer después de tantos siglos. De este modo, se puede percibir la amplitud de sus investigaciones y la calidad de sus innovaciones. En efecto, este no se habría ocupado ni única ni centralmente de la noción de “ser” o “siendo” (eón), sino también de cuestiones vinculadas con la astronomía y la reproducción de los organismos vivientes. También, habría explorado nuevos patrones de argumentación que serían posteriormente desarrollados por el matemático Euclides, detalle del que poco se habla. Una de las enseñanzas más originales de Parménides fue que la tierra era esférica y que, como dedujo con la sola ayuda de su razonamiento, debía existir una región templada similar a la del Mediterráneo, que es precisamente esta región, la de nuestra América del Sur. Parménides fue el primero en explicar esto y lo sabemos ahora gracias a este libro que, para rendir homenaje a este descubrimiento, se publica en Argentina, esa tierra cuya existencia Parménides ya intuía.
Como se podrá percibir, este no es un libro cualquiera. En primer lugar, nada de lo que escribe Livio se parece a otra cosa. La combinación entre el rigor de sus investigaciones, la claridad de sus argumentos, la originalidad de sus ideas y su fino sentido del humor hacen que estas páginas se transformen en un álbum de postales nuevas sobre la historia de dos intelectuales que ingenuamente creíamos conocer, al menos un poco. En segundo lugar, este libro, escrito originariamente en italiano, nos llega por intermedio de una traducción. La tarea fue realizada por un querido grupo de estudiantes y colegas cuya tenacidad, esfuerzo y compromiso son sostén e inspiración. La versión castellana logra transmitir la chispa de la versión original y realiza, al mismo tiempo, las adaptaciones necesarias para que se pueda incorporar, como una voz más, a las discusiones sobre Parménides y Zenón que tienen lugar en Iberoamérica. El resultado es un libro que se lee con mucho gusto.
A propósito del libro de Zenón, Livio se pregunta qué es lo que habría sucedido luego de su lectura y propone que, como este representaba un modo de comunicación sin precedentes, seguramente generaría una gran sorpresa y motivaría discusiones cuyo objetivo no sería otro que fomentar dudas para poder mirar la realidad de otro modo. Me gustaría hacer la misma pregunta, pero sobre el libro de Livio que, de cierta forma, se asemeja a aquel que habría escrito Zenón. Y me animo a aventurar que la respuesta sería idéntica.
Febrero de 2019
Montreal






