Pasados y futuros
David Díaz Arias, Werner Mackenbach y Günther Maihold
América Latina se debate, nuevamente, entre el autoritarismo y la democracia, entre el regreso a épocas dictatoriales y la esperanza de sociedades libres, entre el pasado que no cesa y el futuro que no llega. Desde finales de la década de 2010, el descontento popular se reactivó en la región, dando señales de la disconformidad con el tipo de política que se practicaba, lo que llevó la polarización política a niveles desconocidos hasta ese momento. Muchas de aquellas protestas y de las actuales, así como las reacciones ante ellas de parte de los Estados, siguen patrones del pasado y reflejan críticas hacia los gobiernos de turno, los cuales parecen haberse alejado de las necesidades de la población, pero también articulan reivindicaciones a las cuales no se han dado respuestas desde hace décadas. Por otro lado, ha retornado la figura del caudillo salvador, esta vez en la imagen de políticos que se presentan como “ajenos” a la política (aunque lleven lustros metidos en ella), que “fundan” partidos unipersonales para acceder al poder y que utilizan discursos de odio a lo público, de “denuncia” a quienes tuvieron el poder en el pasado y de promesa de que, con ellos, el país volverá a ser lo grande que, supuestamente, alguna vez fue. Estos nuevos redentores llegaron después de la marejada de movimientos sociales que vio crecer la década de 2010.
En Centroamérica, en Nicaragua hubo un levantamiento en 2018 contra lo que ya se veía como una dictadura en ciernes, aunque el movimiento fue detenido y sus líderes perseguidos, encarcelados o exiliados. En Puerto Rico, la gente se levantó contra el gobernador a mediados de 2019. En la “Isla del Encanto” se arrastraba la angustia de una sociedad seriamente afectada por el Huracán María (2017) y por el conocimiento público de mensajes privados de sus gobernantes donde se exponía, con lenguaje homofóbico, misógino y clasista, un tremendo desprecio de élite hacia las clases populares. El gobernador puertorriqueño renunció a fines de julio, después de dos semanas de protestas. En Chile, en octubre de 2019, la subida del pasaje del metro de Santiago provocó un incendio social, que luego se distribuyó ampliamente, hasta convertirse en un enjambre volcánico en explosión. Para inicios de noviembre había cientos de miles de chilenos en la calle protestando contra un sistema que los entendía como simples consumidores, ya no tanto como ciudadanos con derechos, endeudados hasta el tuétano y, en ese sentido, como material desechable. Las mujeres vincularon ese sistema con el patriarcado, al que conceptuaron como “un macho violador”. En Bolivia, el triunfo electoral de Evo Morales fue adjudicado por sus opositores a un fraude. Morales los acusó de perpetrar un golpe de Estado y el país explotó hasta ver marejadas de indígenas que tomaron las calles en apoyo a su presidente; pero el gobierno no pudo resistir la fuerte embestida de las clases altas apadrinadas por grupos evangélicos y Morales debió exiliarse. En Ecuador, un paquete de reformas económicas llevó a la gente a la calle. En Argentina, las protestas contra Macri habían antecedido ese fuego y se expresaron muy bien en las elecciones de fines de octubre; eran de contenido socioeconómico, pero también contra el sistema patriarcal.
Muchos analistas presagiaban un contagio de esa ebullición social. En Colombia, a partir del 21 de noviembre de 2019 comenzaron las movilizaciones contra una serie de reformas económicas y contra la corrupción. El gobierno colombiano acusó al venezolano de ser el orquestador de esas luchas. Hubo paros, cacerolazos y marchas en Bogotá todos los días hasta finales de enero de 2020. Otras partes del país se encendieron, como Medellín, y la lucha era activa en las calles. En Costa Rica, jóvenes estudiantes de secundaria y universidad tomaron las calles, interrumpieron el tránsito y luego se refugiaron en algunas partes de los campus universitarios como signo de protesta cultural.
América Latina estaba lejos de parar la ebullición social de lo que algunas personas denominaron la “primavera latinoamericana”. Esos movimientos sociales fueron liderados por jóvenes, pero también tuvieron un profundo contenido de clase y levantaron las banderas de reivindicaciones de género y étnicas. Al interpretar esos movimientos en un contexto más amplio, se puede asegurar que fueron verdaderos levantamientos que exponían con fuerza un desagrado con la política y los políticos latinoamericanos, pero también con las reformas estructurales que habían sucedido en sus países desde el giro a la derecha que ocurrió a partir de 2010.
Es importante anotar que ese giro a la derecha ocurrió primero en Centroamérica, una región que, de hecho, funcionó como un primer taller para la práctica de los nuevos golpes de Estado en Latinoamérica. Así, en el año 2009 el presidente hondureño Manuel Zelaya sufrió un golpe de Estado; por la noche (como solía ser en el siglo pasado), fue puesto en un avión y sacado del país. Si bien entonces no fue la elección de Sebastián Piñera en Chile en 2010 la que varió el camino de izquierda a derecha en el continente, sí, claramente, esa elección lo comenzó a consolidar. En los siguientes años, América Latina vivió varios momentos similares a lo ocurrido en América Central: en junio de 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo sufrió un golpe de Estado producido desde el Congreso. En el año 2016, Dilma Rousseff fue removida del poder por un impeachment, que básicamente repitió la misma técnica de desconocer el poder de las urnas desde el Congreso.
Estas transformaciones estaban vinculadas con la evolución de la “democracia neoliberal” en la región y se relacionan de manera directa con la reforma estructural en la economía y en la sociedad. La pandemia por la covid-19 impactó a los países latinoamericanos desde principios de 2020 y dejó al descubierto las tendencias negativas que se habían venido manifestando en términos de desigualdad y de pobreza en esta región.
De esa forma, la covid-19 arribó a un área del mundo profundamente afectada por la “pandemia” de las reformas neoliberales, pero también por la del autoritarismo, la de la exclusión social, la de la desigualdad y la de la pobreza. Hoy América Latina sigue presentando las contradicciones anteriores a la crisis sanitaria y poniendo en duda su futuro. Las elecciones en Colombia y Brasil en 2022 parecían indicar nuevas orientaciones y opciones políticas con perspectivas inciertas sobre su capacidad de reconducir sus países en un futuro cercano, pero también se presentó el fallido cambio de Constitución en Chile en septiembre de 2022, la llegada de Rodrigo Chaves a la presidencia en Costa Rica en 2022, el ascenso de Javier Milei al poder en diciembre de 2023, la reelección (prohibida por la Constitución) de Nayib Bukele en El Salvador, el intento antidemocrático de ciertas élites guatemaltecas por impedir el ascenso presidencial de Bernardo Arévalo y el triunfo de Claudia Sheinbaum a la cabeza del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en México, que muestran lo complejo de la política en la región y esos vaivenes que traen las mareas del pasado y que se turnan entre proyectos de izquierda, de derecha, neoliberales, conservadores, progresistas, etc.
Con base en esas reflexiones, el Centro Regional Centroamérica y el Caribe del Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en las Ciencias Sociales y Humanidades (CALAS) convocó a la Plataforma para el Diálogo titulada “El pasado que no cesa y el futuro que no llega: Estados y democracias fallidas en América Latina”, que se realizó en la Universidad de Costa Rica del 24 al 25 de abril de 2023. El encuentro ofreció un espacio para presentar y discutir experiencias individuales, análisis académicos, posicionamientos políticos, representaciones literarias y artísticas para pensar la crisis democrática en América Latina, la vuelta del autoritarismo, el estado de salud de sus modelos de desarrollo, los problemas estructurales que aquejan la región y las posibilidades de superarlos.
Este libro es producto de ese evento y está constituido por diez capítulos. En los tres primeros, se evalúan diversas dimensiones de los derechos humanos, el medio ambiente y la política en la América Latina contemporánea. En el capítulo 1, Helen Ahrens examina los fundamentos jurídicos de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) y luego traza su movilización jurídica. Utilizando el ejemplo del derecho a la salud, presenta los conflictos normativos y de interfaz entre los DESC y el derecho administrativo internacional, que pueden complicar el contenido del derecho y, en última instancia, las obligaciones de los Estados. En el capítulo 2, Harald Fuhr examina lo que el reto del cambio climático podría significar para América Latina. Fuhr señala que si bien América Latina solo es responsable de una pequeña parte de las emisiones globales, se ve masivamente afectada por las consecuencias del cambio climático, lo que plantea riesgos para el modelo tradicional de desarrollo, pero también oportunidades para un desarrollo alternativo. El autor discute las condiciones necesarias para salir de un modelo económico y social en América Latina e introducir gradualmente un modelo de desarrollo verde y de bajo carbono. En el capítulo 3, Günther Maihold revisa la situación de las democracias latinoamericanas, señalando algunos temas centrales en el impasse democrático, como el debilitamiento de las instituciones, la polarización y el avance de las políticas disruptivas. Luego se enfoca en casos especiales, como el de Milei en Argentina, la situación en Guatemala y Colombia y el fujimorismo en el Perú, para concluir con algunas reflexiones acerca de la situación de la democracia más allá del “backsliding democrático” o la creciente autocratización en la región.
En los capítulos 4, 5 y 6 se desarrolla un análisis comparado de varias experiencias latinoamericanas. En el 4, Raúl Benítez Manaut explora el tema de la migración como asunto de seguridad en el continente americano desde un análisis geopolítico que contempla Estados Unidos, México y Centroamérica. En el 5, Camila de Macedo Braga y Rafael Duarte Villa aportan un mapeo de las dinámicas cambiantes de conflicto y paz en América Latina. Para eso, estudian las dinámicas de conflicto y paz en América Central, introduciendo brevemente el carácter cambiante de las formas de violencia experimentadas durante y después del período de la Guerra Fría y presentando un marco para analizar los sistemas dinámicos de gobernanza de seguridad que han ayudado a dar forma al orden social y a las estructuras en las que se establecen las prácticas de seguridad regional y el aparato institucional. En el capítulo 6, Kátia Alves Fukushima discute los gobiernos de izquierda y el papel de la “oposición desleal” en las crisis de las democracias en América Latina, particularmente, en los casos de los gobiernos de Dilma Rousseff en Brasil (2010-2016), Nicolás Maduro en Venezuela (2013-presente) y Evo Morales en Bolivia (2006-2019).
Los capítulos 7, 8 y 9 se concentran en el caso de Bolivia. En el 7, Ximena Espeche explora la disputa sobre cómo caracterizar una revolución y afianzar su legitimidad con la ansiedad por el manejo informativo en el marco particular del enfrentamiento bipolar de la Guerra Fría en América Latina, pero específicamente en Bolivia en la década de 1950. En el 8, Rocío Estremadoiro Rioja se refiere a la crisis boliviana de 2019 y compara los imaginarios expresados en discursos, simbolismos y otras manifestaciones de sentido que se generaron en las movilizaciones de ese año y en el gobierno de Jeanine Áñez, y los imaginarios característicos de las dictaduras militares bolivianas de las décadas de 1960 y 1970, lo que incluye el análisis de su concreción en prácticas políticas. En el capítulo 9, Gabriela Canedo Vásquez aborda el contexto de polarización que viven los bolivianos como consecuencia de esa crisis de 2019. Ella discute cómo durante la crisis, la utilización de discursos de confrontación entre “nosotros” y “los otros”, con base en diferencias raciales, regionales y de clase, jugó un papel importante en la confrontación.
El capítulo 10 consiste en una conversación sobre Nicaragua y la rebelión de 2018 que sostuvieron David Díaz Arias y Werner Mackenbach con la destacada periodista y escritora Gabriela Selser. Allí, se intentan descifrar los orígenes de las movilizaciones de estudiantes nicaragüenses contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, las dimensiones políticas y simbólicas de lo ocurrido en abril de 2018, y la violenta represión ejercida por esa dictadura después de aquel valiente levantamiento.
Finalmente, el libro concluye con un epílogo de Aaron Schneider que se enfoca en observar el problema de la decadencia de las democracias en todo el mundo. Allí, el autor describe con detalle la estructura del concepto de democracia y esboza las características fundamentales de la democracia presentes en gran parte de la bibliografía, el modo en que las democracias pueden diferir entre sí y del ejemplo prototípico de democracia, según las dimensiones definidas por estas características fundamentales. Además, Schneider describe dos patrones de cambio en los regímenes democráticos: el discontinuo y dependiente de la trayectoria, y el continuo y gradual. El epílogo cierra con un examen de las respuestas políticas, especialmente las sanciones procedentes de Estados Unidos, en función de sus repercusiones en países que han seguido trayectorias evolutivas diferentes.
Los editores agradecen enormemente a las personas autoras por sus contribuciones a este libro, a los miembros de la Junta Directiva de CALAS, al personal de CALAS en la Universidad de Hannover y al personal administrativo del CIHAC-UCR, que fue fundamental en la logística del evento que dio origen a este texto, particularmente la valiosa ayuda de Isma Yaira Guillén Montero y Rosa Alvarado Brenes. Este libro ha sido posible, además, gracias al valioso apoyo del Ministerio Federal de Educación e Investigación (BMBF, Alemania).







