Marcela Naszewski[1]
Quién sabe Alicia este país
no estuvo hecho porque sí.
Te vas a ir, vas a salir
pero te quedas,
¿dónde más vas a ir?(Charly García, “Alicia en el País”)
Escrituras en las márgenes: el lugar de las cartas en las comunicaciones
Cartas marcadas
La paciente a la que llamaremos Josefina Cuñaz era de nacionalidad española, y fue “COLOCADA POR”[2] la policía en agosto del año 1931, con 42 años de edad, tal como figura en el formulario impreso de ingreso. Desde el inicio, se advierte el lugar de objeto que Josefina y el resto de las pacientes “colocadas” ocupan.
Se transcriben a continuación en forma textual los motivos de la observación y el diagnóstico:
MOTIVOS DE LA OBSERVACIÓN: el día 25 del corriente, siendo las 7.45 se presentó en la comisaría 17ª el agente X conduciendo detenida a la mujer Josefina Cuñaz por cuanto en la esquina de Libertad y Paraguay, había oído que aquella pronunciaba frases incoherentes como: “en busca de San Antonio”, haciéndole presumir que tuviera las facultades mentales alteradas.
TRASTORNOS DE LA IDEACIÓN: presenta ideas incoherentes de base persecutoria. Oye voces insultantes, ve al diablo diariamente con la virgen. Oye voces de individuos conducidos subterráneamente por el diablo.
DESÓRDENES DE LA AFECTIVIDAD: siendo casada y con hijos ha dejado a éstos y a su esposo en España no revelando al recordarlos síntomas de emoción ni manifestaciones afectivas. Está excitada, se mueve de un sitio a otro, presta atención forzada a las voces que dice oír poco y mal.
DESÓRDENES DE LOS ACTOS: impulsión defensiva frente a supuestos perseguidores.
Es inadaptable a la vida social. Signos morfológicos. Mal desarrollo esquelético con groseros estigmas de degeneración mental.
DIAGNÓSTICO: delirio persecutorio de tipo religioso a base de alucinaciones con ideas delirantes.
Sin embargo, según consta en su historia clínica, Josefina no presentó jamás conductas agresivas, ni impulsivas, ni contrarias a las normas de la institución; por el contrario, ella misma fue agredida por diversas pacientes en varias oportunidades, y fue descripta de esta manera: “Tranquila, mutismo absoluto frente al interrogatorio, sucia y aburrida, con risas inmotivadas, no se ocupa de nada, con escasa atención, desorientada, con buen estado físico y sin novedad en cuanto a su estado mental”.
Con el correr de los años, empeoró su estado físico y psíquico y falleció en marzo del año 1959, es decir, 28 años después de su ingreso.
Durante ese período casi no fue visitada. Solo figuran 2 visitas de un conocido de la familia de origen español. Y el tratamiento médico fue el aislamiento, ya que al menos no figura intervención profesional de psiquiatría alguna, ni de otro especialista, salvo vacunaciones anuales y algunas intervenciones de enfermería o del médico para curarla a causa de las agresiones recibidas.
Adjuntas a la HC, encontramos correspondencia que evidencia los intercambios entre sus familiares y el personal del Hospital.
Carta escrita por la hermana de Josefina con fecha de enero de 1935. Está escrita a mano, resalta una letra especialmente prolija y algo rebuscada.
Señor Director del Asilo:
Muy Distinguido y Poderoso Señor:
Salud y largos años de vida le desea la que cariñosamente le saluda.
Yo, humildemente paso a pedir de su bondadosa persona un grandísimo favor que voy a suplicarle.
Pues Señor, tengo por noticias que una hermana llamada Josefina Cuñaz, asiste en ese Asilo. Yo, como no conozco a nadie, me dirijo, para quitarme la ansiedad, a su persona para que pueda sacarme de dudas.
Me tomé esta libertad, estimado, sepa disculpar el atrevimiento.
Dígame si la referida, mi hermana, se halla ahí, qué enfermedad le acomete, por quién fue conducida y si alguna persona española la visita.
Esperando con ansia su digna contestación
Antonieta Cuñaz Nava
Mi dirección de España Ilegible
Hágame el favor de entregarle esta esquela a mi hermana.
Borrador de la carta en la que el médico ensaya su contestación a la hermana. Está escrito al dorso de la anterior. Con fecha de febrero de 1935, en la historia clínica se registra que se envió una carta a un familiar de la paciente.
La enferma está internada en este asilo desde el día 6/2/32. Habiendo sido remitida del Hospital Nacional de Alienadas.
Motivo de Internación: Desórdenes en la vía pública, siendo detenida por la policía el 25/8/31, pasa a este asilo el 6/2/32.
Afección: Demencia Precoz.
En la actualidad se encuentra tranquila, desorientada en tiempo y lugar. Habla sola. Ríe sin motivo.
No recuerda a sus familiares. Cuida poco de su aseo. Buen estado físico.
Carta escrita por un pariente lejano. Escrita a mano, con letra algo desprolija, los párrafos están separados irregularmente, fechada en mayo de 1934. En esta carta se hace referencia a que anteriormente se habían enviado otras 2 cartas que no fueron contestadas. Estas no se encuentran en la historia, y no figura que hayan sido contestadas.
Sr Médico Interno del Asilo de Lomas
Muy Señor Mío
Tengo el agrado de dirigirme a Ud. para saber el estado de salud de Josefina Cuñaz, que se encuentra internada en ese establecimiento.
Estimaría que Ud. me diera explicaciones cómo se encuentra la enferma, quien es pariente mía en segundo grado.
Para sacarla del referido Establecimiento y llevarla para España conmigo.
Es la tercera carta y de ninguna tuve contestaciones así que ruego me conteste.
Manuel Rodríguez
Dirección: Ilegible Capital
Nota en un papel mal cortado. Nota escrita en forma desprolija, aparenta ser el borrador de un telefonograma que fue enviado, pero hay un formulario impreso con fecha 29/3/59 –es decir, un día después que Josefina falleció– con la leyenda “TELEFONOGRAMA NO RECIBIDO”.
Dirigido al Sr Manuel Rodríguez
Falleció Josefina Cuñaz. Conteste si se hace cargo del cadáver.
Las cartas sobre la mesa
En este capítulo, nos interesa tomar como objeto para el análisis las comunicaciones antes citadas. Consideramos que, como se detallará más adelante, estos “anexos” son una vía para descubrir lo no dicho explícitamente en la historia clínica acerca del tratamiento que se le da “a la locura”.
El historiador británico Roy Porter (1985) escribió un influyente artículo titulado “The Patient’s View: Doing Medical History from Below” en el que propone hacer una historia de la medicina basada en el punto de vista de los enfermos. Según Huertas (1996), en esos años fueron publicados varios artículos que también apuntaban a descentrar el lugar de la enunciación que hasta ese momento solía basarse en los dichos y escritos oficiales o, en todo caso, en lecturas críticas de esos dichos. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre la particular dificultad de acceso al punto de vista de los llamados “enfermos mentales” (Huertas, 2016). Es un hecho que los “locos” escriben y reciben correspondencia. Escriben y reciben cartas cuando los encierran, escriben diarios, escriben poesías, literatura.
Podemos nombrar las memorias del presidente Schreber, las cuales no solo pudieron lograr su libertad, al dar testimonio de que él no era más que una víctima de una persecución divina encarnada en su psiquiatra, el Dr. Flechsig, sino que también le sirvieron a Freud (1981) para realizar su famoso estudio psicoanalítico respecto a la paranoia, motivo de estudio hasta el día de hoy.
Entre las historias clínicas con las que trabajamos, encontramos varios de esos escritos de las personas que fueron internadas. Cartas que no fueron despachadas, cartas que no fueron entregadas, notas que dejaban constancia de deseos, denuncias o pedidos. Cartas escritas por pacientes, cartas escritas por familiares, por médicos. Escritos que las más de las veces nos hamacan desde nuestra posición de voyeur a la de detectives, y desde la impotencia triste de los certeros finales hasta las mágicas varitas de poder dar testimonio de lo ocurrido, con la idea (¿loca?) de dar voz, dar letra y repensar en ese mismo acto nuestra inserción en el campo de la salud mental actual.
Estas notas, cartas y escritos suelen ir abrochados dentro de la historia clínica, y se corresponden no solo con intentos de las pacientes de ser escuchadas o de trasmitir un pedido al exterior o al interior de la institución, sino también con otras figuras que están en juego y que van variando a través del tiempo: la familia, instituciones de algunas comunidades, instituciones del campo jurídico. Nuestra hipótesis es que estas notas y cartas pueden dar testimonio, mediante un trabajo interpretativo, de lo no dicho explícitamente.
Aquí analizamos, a modo de ejemplo, los cuatro textos que se anexan en la historia clínica de Josefina Cuñaz, correspondientes al “intercambio” entre representantes de la institución y los familiares de la paciente internada.
El análisis
“Examinar em detalhe as maneiras
como o acesso ao discursoestá sendo regulado por aqueles que estão no poder” [3]
Fairclough (1998) afirma que el discurso es el uso del lenguaje como práctica social. Propone un análisis del discurso crítico tridimensional, que incluye tres niveles:
- el análisis textual del discurso (análisis lingüístico);
- el análisis del discurso como práctica discursiva (análisis de la producción e interpretación del texto); y
- el análisis del discurso como práctica social (análisis de las circunstancias sociales e institucionales en las que se produce ese texto, para develar la ideología en juego).
Es en estas tres dimensiones de análisis, es decir, los niveles antes mencionados, en las que basamos nuestro análisis.
El análisis textual
La carta de la hermana
Las palabras son recargadas respecto al lugar que ella ocupa con relación al destinatario. Tiene un lenguaje “culto”, alterna el estilo de primera persona hacia segunda (por ejemplo, “Sepa disculpar el atrevimiento”) a un estilo de tercera (por ejemplo, “Salud y largos años de vida le desea”).
En la primera parte, enaltece el lugar del médico con varios adjetivos: “muy distinguido”, “poderoso”, “bondadosa persona”, “estimado”, “su digna contestación”. Al mismo tiempo, subraya su posición subalterna de sometimiento: “Yo humilde”, “Voy a suplicarle”, “Me tomé esta libertad”, “Sepa disculpar el atrevimiento”.
También es llamativa la palabra que usa para decir que su hermana está internada. Por un lado, dice “Asiste en ese asilo”, como si estar allí fuera una posición voluntaria, o tal vez quería decir “Se asiste” o “Es asistida”. Aunque, por otro lado, no afirma que su hermana está allí, sino que da un rodeo, como si le preguntara, o como si se disculpara: “Tengo noticias”, “No conozco a nadie”.
Luego, en la segunda parte, el estilo cambia abruptamente, es imperativo. Pareciera que luego de marcar la diferencia y darle todo el poder al médico, lo interpela: “Dígame” (imperativo) “si la referida, mi hermana se halla ahí”, “qué enfermedad le acomete”.
La respuesta médica
El médico refiere a Josefina como “la enferma”, tiene un lenguaje técnico, objetivo que contrasta con el de la carta que contesta.
Oscila en usar palabras médicas, por ejemplo, “desorientada en tiempo y lugar”, “afección: demencia precoz” y palabras del discurso jurídico, que usa como si estuviera citando un informe policial, pero las hace propias, “Desórdenes en la vía pública”, “Detenida por la policía”, “Pasa a este asilo”.
Es sintético, pareciera que no fuera una decisión médica sino policial el motivo de internación.
Describe a la paciente como alguien que no tiene registro de la realidad, de dónde está, como si todo le diera igual y no sufriera los pesares que describen: “Desorientada, habla sola, ríe sin motivo, no recuerda a sus familiares, cuida poco su aseo”. “No recuerda a sus familiares”, por un lado, neutraliza la preocupación y pedido de cuentas de la familia, a la vez que reafirma la idea de su estado mental.
Termina con el enunciado “buen estado físico”. Aquí habla de una posición teórica no explicitada en la que divide lo físico de lo psíquico. Y además puede que intente justificarse, demostrando que la institución cuida del estado de la paciente, siendo la enfermedad psíquica y no las condiciones ambientales de la institución las que deterioran su salud.
La carta de un pariente lejano
Si bien inicia con un tono de respeto y cortesía (“Muy señor mío, el agrado de dirigirme a Ud.”), pasa a pedir explicaciones en forma muy directa. Explicita que quiere sacarla de ahí. Sin embargo, también él se refiere a Josefina como “la enferma”.
Aclara que escribió cartas previamente que no fueron contestadas, lo cual da cuenta de que el lugar de los familiares no es relevante, a la vez que coloca a esta carta en un lugar de mayor “obligación de dar una respuesta”.
El telefonograma
Sintético e impersonal. “Falleció Josefina Cuñaz”.
Pone la responsabilidad en el destinatario y le da orden de contestar de inmediato: “Conteste si se hace cargo”.
Práctica discursiva
Resulta evidente que el lugar del médico como representante de la institución es de un poder absoluto sobre las pacientes internadas por “enfermedades mentales”. No tiene que dar explicaciones, ni responder cuando alguien le sugiere otra estrategia de tratamiento (“Quiero llevarla a España”).
Contesta cuando decide contestar desde el lugar de la objetividad y de autoridad, a diferencia de los familiares, que tienen un lugar subalterno. Como si pidieran disculpas de atreverse a dirigirle una nota. Cuando reciben respuesta, mantienen una cierta pasividad, nada los moviliza a hablar personalmente con el médico o a visitar a su pariente.
Práctica social e ideología
Si bien la historia clínica del hospital psiquiátrico tenía y tiene por función objetivar y registrar el estado de un paciente, puede ser un documento que, analizado, revele cuál era la práctica social y la ideología en juego respecto a la llamada “enfermedad mental”, además de poder alumbrarnos respecto a la institución manicomial.
Por una parte, la institución psiquiátrica se constituyó como el espacio único y definitivo para el tratamiento de las patologías psiquiátricas graves. Concepción que aún en la actualidad permanece en el imaginario colectivo de amplios sectores sociales.
Por otra parte, la evolución de los tratamientos de los pacientes con sufrimiento psíquico ha ido de la mano de las características socioculturales y políticas de la sociedad en que estos se han desarrollado. Es decir que las conceptualizaciones y creencias de cada sociedad conforman los fundamentos que se instituyen como supuestos básicos de los tratamientos que se les otorga a los pacientes con trastornos psíquicos. Los tratamientos se constituyen, desde este punto de vista, en reflejo de la sociedad implicada. Lo desconocido en cada sociedad recibe un trato diferenciado y caracteriza claramente los supuestos epistémicos y paradigmas vigentes. Emiliano Galende (1990) plantea que los saberes en salud mental son encubridores y legitimadores de prácticas que en realidad no responden a un saber fundado científicamente, sino política e ideológicamente. Es decir, respondiendo a una construcción que en lo social responde a la pugna de intereses en juego.
La locura por sus características propias tiende a ocupar ese lugar de desconocido o incognoscible que, por lo tanto, las sociedades tratan de significar de acuerdo a sus valores, sentidos y significaciones predominantes. Dado que tanto la definición de “salud” como la de “enfermedad” son problemáticas de por sí y aún más en lo relativo a lo mental, “el loco”, por exclusión, funciona socialmente significando lo enfermo y por contraste con lo sano.
En el presente análisis, resulta evidente que Josefina no era una persona peligrosa, nada sabemos de su historia ni de por qué emigró desde España. Nada de esto es consignado. Tampoco hubo intento alguno de recomponer o investigar sus lazos familiares. Solo se dirigieron a su hermana para transmitir el saber médico y finalmente a su familiar lejano para que contestara (y él sí debía hacerlo en forma inmediata) si se hacía “cargo del cadáver”.
El aislamiento fue el único “tratamiento” que se le dio ¿a Josefina?, ¿a la sociedad? por ser “inadaptable a la vida social”.
También podemos remarcar un rasgo que el médico describe en la HC respecto a Josefina que la aleja de lo que se espera de “una buena mujer”: nos dirá que
siendo casada y con hijos ha dejado a éstos y a su esposo en España no revelando al recordarlos síntomas de emoción ni manifestaciones afectivas finalmente también les dirá a su familia que no los recuerda, que no se preocupa por ellos.
Así el médico se arrogó la posibilidad de interpretar los sentimientos de Josefina sin siquiera haberle preguntado por su historia familiar, poniendo en juego también en sus palabras los estereotipos de género y la figura de la loca en oposición a la de esposa y madre dedicada.
Comentarios finales
A partir del análisis de las cartas que se adjuntan en las historias clínicas de nuestro acervo documental, resulta posible establecer hipótesis respecto al lugar que la institución ocupaba tanto para las personas internadas, como para la familia y para la sociedad en general.
Se observa claramente que las cartas dirigidas desde la familia a la institución tienen un tono y un estilo de respeto y asimetría. Varias aluden a la frecuencia con que escriben sin obtener respuesta alguna (muchas de ellas aparecen archivadas en las historias clínicas).
En algunas historias se observa que las cartas o pedidos desde fuera de la institución tienen un sello que indica en un recuadro “RECIBIDA/CONTESTADA”, lo cual nos indicaría que en determinado período la institución se veía en la obligación de contestar, o al menos de dejar un registro del movimiento de algunos pedidos.
Estas cartas suelen preguntar por “el estado de salud de la enferma” o interrogan si “existe alguna esperanza que la enferma se restablezca en un plazo más o menos breve”. Otra gran cantidad solicita certificados de supervivencia con el fin de cobrar pensiones o para otros trámites varios en los cuales resulta imprescindible constatar la vida de esa persona ausente. Nunca más clara la elección de esa palabra: “superviviente”. Esas mujeres, sin ese certificado, estarían muertas para la sociedad.
Las contestaciones suelen estar escritas en borrador al reverso de la carta recibida y luego emitidas al modo de un escueto formulario mecanografiado firmado por el médico, sin aclaración de su nombre y apellido, tan solo de la función que ocupa en la institución: “Médico Director”.
Al respecto, resulta evidente que la subjetividad de las “alienadas” no era considerada en el manicomio, aunque tampoco tenían otro lugar donde ser escuchadas, ni donde vivir.
Referencias
Fairclough, N. (1995). Language and Power. Nueva York: Longman.
Fairclough, N. (1998). “Discurso, mudança e hegemonia”. En Pedro, Emília Ribeiro (Org.). Análise crítica do discurso (pp. 77-103). Lisboa: Caminho.
Fairclough, N. (2003). “El análisis crítico del discurso como método para la investigación en ciencias sociales”. En Wodak, Ruth y Meyer, Michel (eds.). Métodos de análisis crítico del discurso (pp. 179-203). Barcelona: Gedisa, ,.
Freud, S. (1981). “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (‘Dementia Paranoide’), autobiográficamente descrito (caso ‘Schreber’)”. En Obras completas (tomo II. P1487). Madrid: Ed. Biblioteca Nueva. Trabajo original publicado en 1910.
Galende, E. (1990). “El sistema de la salud mental e Historia Crítica: de la psiquiatría positivista a las políticas de salud mental”. En Psicoanálisis y salud mental. Para una crítica de la razón psiquiátrica. Buenos Aires: Paidós.
Huertas, R. (2016). Otra historia para la otra psiquiatría. Barcelona: Xoroi Ediciones.
- Lic. en Psicología por la UBA, magíster en Psicoanálisis. Jefa del Servicio de Salud Mental. Hospital Interzonal de Agudos Eva Perón. Miembro del equipo de Investigación de ISCo-UNLa dirigido por Dra. Sy.↵
- Refiere a quien acompaña y solicita la internación de la mujer.↵
- (FAIRCLOU-647 GH, 1995b, p. 33).↵








