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Lecturas de un cuis
en los tiempos de la peste

Alejandra Adela González

Hace dos días me empujaron dentro de esta jaula de vidrio. Es mi nueva casa. No me resulta desconocida pero a la vez es muy distinta. Sí, es la de siempre. No puedo salir sin autorización, no voy a trabajar, no hago mi recorrido habitual hacinado en los colectivos o en el subte. Claro que no extraño eso. Pero es raro solo salir para comprar vituallas o fármacos. Debo mantener distancia respecto de otros enmascarados con bozales, antiparras, guantes de plástico. Por todos los medios, radio, televisión, afiches, constantemente se informa sobre un virus, enemigo invisible, que nos impide tocarnos entre nosotros o rozar cualquier superficie.

Me gritan que no salga. Parece que adivinaran mis pensamientos.

El barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función operatoria, a un rasgo. No cesa de hacer pliegues. No inventa la cosa: … Curva y recurva los pliegues, los lleva hasta el infinito, pliegue sobre pliegue, pliegue según pliegue. El rasgo del Barroco es el pliegue que va hasta el infinito. En primer lugar, el Barroco diferencia los pliegues según dos direcciones, según dos infinitos, como si el infinito tuviera dos pisos: los repliegues de la materia y los pliegues en el alma. (Deleuze 2008: 11)

Entre 1492 y 1520 murió por la peste de la viruela el 90% de la población caribe y arawak. Los tahíbes, o cahíbes, fueron descriptos por Colón en su diario: antropófagos con caras de perro. Y en menos de cincuenta años, dos tercios de los habitantes indígenas enfermaron y murieron. Se las denomina “patologías del viajero”. Se contagiaban por vía respiratoria (gripe, viruela, sarampión), por contacto directo (viruela), por vía digestiva (diarreas, fiebre tifoidea), por picaduras de piojos (tifus exantemático) y, más tarde, por picaduras de mosquitos (malaria y fiebre amarilla).

 

Todos los días el Ministerio de Salud Pública de la Argentina emite dos informes con el número de contagios y de muertes por el COVID. Leo los reportes. Después aclaran el origen de esos contagios: importados, contacto estrecho, circulación comunitaria, los que restan quedan en estudio epidemiológico. ¿Importados? ¿Patologías del viajero? ¿Del colonizador? ¿Del conquistador? ¿Del turista?

Llegó una primera oleada microbiana en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en 1493. Se diseminó con enorme facilidad. Los virus fueron un arma biológica en el sentido moderno. Difícilmente Hernán Cortés en México contra Moctezuma, o Pizarro en el Imperio Inca de Huayna Capac en Perú, con unos cientos de hombres, hubieran podido acabar con civilizaciones tan desarrolladas. Su arma (¿involuntaria?) fueron la viruela y el sarampión. Efecto letal y masivo. En cambio, ingleses y holandeses exterminaron a los nativos de la costa este americana, Massachusetts, infectándolos con mantas contaminadas con el virus de la viruela.

Abajo, la materia es acumulada según un primer género de pliegues, después organizada según un segundo género, en la medida en que sus partes constituyen órganos “plegados diferentemente y más o menos desarrollados”. Arriba, el alma canta la gloria de Dios en la medida en que recorre sus propios pliegues, sin llegar a desarrollarlos enteramente, “pues van hasta el infinito”. (Deleuze 2008: 12)

Unos autos pasan lentamente por la calle y gritan por los altoparlantes: “Permanezca en su casa. No salga. Lávese las manos”. Lo conducen unos enmascarados. Los negocios y bares están cerrados. Los pocos que están abiertos apostaron a alguien en la puerta que apunta con una pistola blanca en la frente de los que pretenden ingresar. De acuerdo con los resultados, le permiten entrar o el individuo es transportado en una ambulancia hacia algún lugar. Limpio la jaula con lavandina, alcohol en gel, vinagre. Todos los días, varias veces. Barbijo, máscara, ropa de calle infectada, zona sucia, zona limpia. Más lavandina, más alcohol, más distancia, más encierro.

 

Seguramente las condiciones en las que viajaron los conquistadores recién llegados debieron ser muy malas: enorme cantidad de hombres y animales conviviendo en unos pocos metros, alimentos en malas condiciones, ninguna norma de higiene. Así se expandieron las diarreas, el escorbuto, la deshidratación, las fiebres. Pero probablemente los contagios se hayan producido a partir del segundo viaje. La mayor parte de los europeos que llegaron a América tuvieron los virus en la etapa infantil. Quedaron inmunizados porque habían desarrollado sus propios anticuerpos. Pero en el caso de los originarios americanos, la falta de contacto previo supuso una “virginidad inmunológica”, la ausencia de defensas frente a las nuevas infecciones. Probablemente ésta sea la clave de la enorme cantidad de muertos producida por la gripe (1493), la viruela (1519-20) y el sarampión (1530-1540).


Leo con minuciosidad. El Ministerio de Salud de la Nación informó este sábado 18 de julio que durante las últimas 24 horas se registraron 42 muertes y 3.223 nuevos casos positivos por coronavirus. Con estos datos, el total de infectados en todo el país asciende a 122.524 y las víctimas fatales suman 2.220. En el reporte matutino se registraron 26 nuevas muertes. Por la tarde se comunicaron 16 fallecimientos más: nueve hombres, cuatro de 47, 65, 80 y 56 años, de la provincia de Buenos Aires; cuatro de 74, 76, 71 y 79 años, de la Ciudad de Buenos Aires; uno de 75 años, de Chaco; y siete mujeres, 4 de 88, 87, 88 y 68 años, de la provincia de Buenos Aires; dos de 87 y 80 años, de la Ciudad de Buenos Aires; y una de 51 años, de Río Negro. De los 3.223 casos, 1.817 son de la provincia de Buenos Aires, 1.105 de la Ciudad de Buenos Aires, 60 de Chaco, 44 de Mendoza, 36 de Santa Fe, 25 de Río Negro, 22 de Córdoba, 22 de Tierra del Fuego, 20 de Santa Cruz, 17 de La Rioja, 16 de Neuquén, 15 de Entre Ríos, 7 de Salta, 7 de Jujuy, 1 de Corrientes y 1 de Misiones. A la fecha, el total de infectados en todo el país asciende a 122.524 y las víctimas fatales suman 2.220. El número de altas es de 52.607. Quiero comprender qué significa esta cifra del presente.


Las causas del abrupto decrecimiento demográfico de las poblaciones originarias fueron varias. Se las atribuye a las guerras, los trabajos forzados, las hambrunas, las pestes. Pero también a la separación de los varones indígenas de sus familias, el secuestro de las mujeres, la violación sistemática que no permitió el crecimiento étnico sino la proliferación de mestizos. Sin embargo, según historiadores especializados en esta etapa, el intercambio biológico entre los dos mundos empezó con el primer viaje de Colón en 1492 y fue la causa fundamental de que en las Américas murieran millones de indígenas. Pocos grupos sobrevivieron hasta el presente. La mayoría de las etnias desaparecieron completamente. La “Leyenda Negra” culpa a los españoles de este genocidio, con sus armas de guerra y las condiciones infrahumanas de trabajo en la mita, yanaconazgo, encomienda destinados sobre todo a la explotación del oro y la plata en las minas. Además, la imposibilidad de proseguir con las antiguas formas de agricultura con las que se autoabastecían las poblaciones originarias provocó escasez y desnutrición. Pero sobre todo, muy recientes investigaciones han logrado medir el impacto de enfermedades como la viruela y sus diferentes tipos (el sarampión, el tifus, la peste bubónica, la influenza, la malaria y la fiebre amarilla) en poblaciones “vírgenes” inmunológicamente. Según estas nuevas hipótesis, necesarias para explicar las desapariciones de millones de seres, las armas responsables del genocidio fueron fundamentalmente biológicas (Cook 2005).

… Solo tenemos una definición nominal del individuo. No obstante, es suficiente para mostrar que hay necesariamente una infinidad de almas y una infinidad de puntos de vista, aunque cada alma incluya y cada punto de vista capte la serie infinitamente infinita. Cada uno la capta o la incluye en un orden y según un barrio diferente. (Deleuze 2008: 38)

Escucho el informe nuevamente. Sé que los contagiados y los muertos son hombres y mujeres, su edad, dónde viven. No sé sus nombres. Estamos en la pandemia del coronavirus de 2020. Simplemente, las mónadas cerradas sobre sí, cada una distinta de la otra, expresan una pequeña región, un barrio, una calle, un punto de vista. Pero en esos años, muchas dejaron de ser o de estar. Su ojo no ve, no expresa. Las almas expresan en sus pliegues el mundo que incluyen. Y junto con ellas, desaparece algo de ese mundo que ya no podrá ser visto.

 

En el siglo XVI, la viruela, el sarampión, la gripe llegaron de Europa, mientras que de este lado del océano, probablemente hubiera antes de 1492 parasitosis, algunas enfermedades bacterianas, tal vez treponematosis y tuberculosis. Los africanos secuestrados como esclavos probablemente hayan traído plasmodios o malaria, en especial a partir del siglo XVII. Quizá reprodujeron la fiebre amarilla, una infección producida por un flavivirus y transportada por el mosquito de la especie Aedes aegypti que probablemente haya llegado a las Antillas en 1648 y enseguida a la península del Yucatán, en Nueva España. Investigadores del Instituto Max Planck, la Universidad de Harvard y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México han utilizado ADN antiguo y un nuevo programa de procesamiento de datos para identificar la posible causa de la epidemia que diezmó a la población indígena en México a lo largo del siglo XVI.

Solo tenemos como datos de la época a los cronistas de Indias: el médico que viajó con Cristóbal Colón en 1495, Diego Alvarez Chanco; fray Bartolomé de las Casas, que narra con horror en su Historia de las Indias los oprobios cometidos contra los originarios y calcula espantado que, entre 1492 y 1560, murieron en las Indias Occidentales al menos 40 millones de nativos, lo que dejó deshabitadas unas 4000 leguas; Pedro Mártir de Anglería, el periodista del barroco con sus Décadas del Nuevo Mundo; Gonzalo Fernández de Oviedo con Historia general y natural de las Indias, islas y tierrafirme del mar océano; Bernal Díaz del Castillo con su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España; el conocido Motolinia, el Afligido, nombre náhuatl de fray Toribio de Benavente que tanto discutió con Las Casas, y también el temible Juan de Torquemada, con su Monarquía Indiana. De los veinte y un libros rituales y monarquía indiana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra. Hay algunos otros cronistas. Libros difíciles de conseguir, son pocos datos y contrapuestos. Cuestión de especialistas. Historiadores. No hay censos claros y los datos demográficos resultan de retroproyecciones dudosas. ¿Por su cientificidad? ¿O porque es difícil justificar que para traernos la lengua y los dioses nuevos haya sido necesario matar quizás a ochenta millones de seres en cincuenta años? Escucho los informes, revuelvo en las bibliotecas virtuales. Esta gente no tiene género, ni siquiera un número. Nombres es algo demasiado pretencioso. Se conoce, en algunos casos, cuando quedaba despoblado un territorio. “Horrores, cosas jamás oídas, ni soñadas”, describe Bartolomé de Las Casas.

En Nature Ecology and Evolution, una revista científica, diversos investigadores utilizaron métodos de análisis del ADN antiguo en esqueletos de las víctimas de la epidemia llamada cocoliztli (mal en náhuatl), que mató a millones de seres humanos entre 1545 y 1550 en México y Guatemala, especialmente la ciudad mixteca de Teposcolula-Yucundaa, ubicada en Oaxaca. Identificaron la Salmonella enterica Paratyphi C. Sus síntomas son la fiebre, la deshidratación, sarpullidos. Muerte. En menos de ochenta años, luego de la Conquista, la población de México pasó de 15 o 30 millones (acá difieren los historiadores) a solo dos millones. Parece que fuera el origen de la fiebre tifoidea, término médico para hablar de un mal que ataca a cada uno de los cuerpos (¿cada pliegue material?) de las veintiún millones de personas. Mueren entre el 1 y el 4%. Estos días aprendí a decir tasa de letalidad. Es un dato que mastico con las tostadas del desayuno.

Las singularidades, los puntos, pertenecen plenamente al continuo, aunque no sean contiguos. Los puntos de inflexión constituyen un primer tipo de singularidades en la extensión y determinan pliegues que entran en la medida de la longitud de las curvas (pliegues cada vez más pequeños…). Los puntos de vista son un segundo tipo de singularidades en el espacio, y constituyen envolturas según relaciones indivisibles de distancia. Pero ni uno ni otros contradicen el continuo: hay tantos puntos de vista, cuya distancia es cada vez indivisible, como inflexiones en la inflexión cuya longitud es cada vez mayor. El continuo está hecho de distancias entre puntos de vista, no menos que de la longitud de una infinidad de curvas correspondientes. (Deleuze 2008: 32)

El culpable de la epidemia que diezmó el norte de América en el siglo XVI

Códice Florentino, libro XII f. 53v, “Enfermos de viruela durante el sitio a México-Tenochtitlan”. Disponible en https://bit.ly/2Fx5IbE.

Veo imágenes de cuerpos llagados.

Y sigo leyendo que en las Antillas y las tierras bajas cercanas a las costas murieron casi el total de sus habitantes originarios. Los 30.000 desaparecidos no son los únicos. Esta gente, cuyo número, nombre,  género y nacionalidad desconozco, tampoco está ni viva ni muerta, como dijo Videla. No hay un duelo por aquellos cuya muerte no se reconoce. Sigo leyendo, la población masculina disminuyó entre el 50 y el 80%. Y no hubo crecimiento vegetativo. Las mujeres, si no morían por las pestes, eran forzadas a trabajar en las canchas, espacios al aire libre al lado de las minas, donde lavaban los metales, o en tareas rurales o domésticas. Como no había mujeres españolas, eran violadas frecuentemente por los conquistadores. Engendraban mestizos. Ni indios ni españoles.

Los expertos contemporáneos dicen que nunca hubo una caída demográfica tan feroz en la historia moderna. Gran parte se debía al cocoliztle o mal de la peste, o pestilencias en idioma náhuatl.

En 1519, en 1545, en 1576, se repitieron las pandemias. Las comunidades amerindias creían que sus dioses los habían abandonado. Quizás era cierto. Los españoles veían la disminución de la mano de obra necesaria para la extracción de metales. Un sacerdote franciscano, Bernardino de Sahagún, recuerda los más de diez mil cadáveres insepultos de los que huyó con desesperación. Muchos morían solos porque ya no había nadie vivo alrededor. Escucho que las camas con respiradores para los enfermos de COVID están agotándose. Hay que achatar la curva, extender períodos, postergar los picos…

Sigo leyendo: el clero y la corona deseaban su supervivencia. Querían conversos o mitayos. Fundaron hospitales de indios en manos de órdenes religiosas. Theatrum mundi. También fueron el insumo necesario para el teatro barroco. Carretas de casi muertos eran arrastradas por las calles para mostrar la fragilidad de la belleza, las calaveras detrás de los rostros. Las procesiones se sucedían con los restos mortuorios de apestados, de flagelantes, de peregrinos orando. El horror del hospital y la pedagogía teatral. Los dioses amerindios habían huido. Y los indígenas eran castigados por su impiedad, según muchos de los cronistas. Idolatría, canibalismo, embriaguez eran las acusaciones más frecuentes. Estas pruebas eran puestas en el camino de todos para conducirlos hacia el crucificado y su madre virgen. Las procesiones de Corpus Christie eran los espacios privilegiados para mostrar a la peste cocoliztli viniendo del cielo para castigo de todos los pecadores indígenas.


Acá también está lleno de sospechosos, pobres sin agua que no quieren lavarse, gente sin trabajo que no compra aerosoles de lavandina, barrios enteros sin internet que no quieren estudiar en las escuelas virtuales. Deben ser desinfectados, hisopados, encerrados en canchas abiertas a pasar la cuarentena. Si se enferman más gravemente, morirán en sus casas. El sistema de salud privado no comparte sus camas. Higienistas y policías controlan el ritmo respiratorio de la población mundial.

… resolver la disonancia consiste en desplazar el dolor, buscar el acorde mayor con el que entra en consonancia, como el mártir sabe hacerlo en más alto grado, y de ese modo, no suprimir el propio dolor, sino suprimir en él la resonancia o el resentimiento, evitando la pasividad, prosiguiendo el esfuerzo para suprimir las causas, incluso si no se alcanza la fuerza de oposición del mártir. (Deleuze 2008: 169)

No alcanzaron ni Hipócrates ni Galeno para explicar las enfermedades (¿alteraciones de los humores?), tampoco las desmesuras climáticas (lluvias, sequías, fríos o calores infernales), ni la ira de Dios castigando pecadores idólatras o encomenderos voraces. Quedaron pueblos diezmados sin mundo. Algunos deambulan. Las películas de zombies narran las historias de muertos vivos desplazados de no se sabe dónde y sin lugar adonde ir.


A veces dejan salir un rato por la tarde para correr entre los pastos. Hay que volver rápido antes de que anochezca. Podemos sacar a los críos una hora una vez cada ocho días para que no enloquezcan dentro de las cuevas. Nos vigilan los policías, nos toman la temperatura los enfermeros, nos entretienen los animadores. Nos tiran comida desde el cielo. Llegan unos cajones rotos con alimentos.


Se producen pliegues y repliegues. Una estructura acéntrica se repite, se llena de cadáveres, microbios, mareas de muertos sin nombre. Pestilencias barrocas, cocolitzli. El barroco no es un estilo, ni un movimiento de la cultura, ni un espasmo del arte. Más bien, un puñado de fuerzas, pulsiones desatadas, vacío amenazante recubierto por los grafismos del inconsciente. Trabajo compulsivo de la desmemoria y el afán de retenerlo todo, imposición y desgarro, barroca es la tierra con la que está hecha América, el nombre de esa herida. Euclides no reina en el barroco. Sus rectas se tocan, y el V postulado se abandonó para pasear por geometrías que relativizan los espacios de la metafísica clásica. Pero tampoco es moderno. Ni uniformidad ni secuencia. Más bien curiosea por las formas canónicas de la ciencia para hacer fantasmagorías. Equívoca relación con la modernidad capitalista, que deriva en cartografías monstruosas y en tiempos heterogéneos. Relación ambigua con el pasado: se lo idealiza, se lo totaliza, se lo aplasta hasta hacerlo desaparecer, en un presente poroso. ¿Pliegues? Sí, los del Leibniz deleuziano. Así se pliega lo hispano, vuelto América, en un Señor Barroco que mira desde las alturas el barroso agujero en que se hunde.

¿Qué mira al sesgo el Señor Barroco? Cuerpos descuartizados, antropofagias siniestras, mascaradas carnavalescas, un mapa construido sobre la diferencia entre lo humano y lo inhumano. Montaje de territorios sobre espacios (des)“habitados” cuando los cuerpos vivientes fueron arrojados del ámbito de la cultura al de la naturaleza recientemente inventada por los conquistadores, los viajeros y más tarde por los naturalistas. América feminizada y por eso silenciada, sometida al juego de las fuerzas inertes que la reducen a objeto escandaloso de rapiña. Pestilencias.

Para que haya territorio, reflexiona el Señor Barroco, hay que sumarles a las cualidades sensibles un significado y una comunidad que lo legitimen. Nuestramérica se vuelve colonia, Estados nacionales, bloques regionales, cada vez un sentido que modifica la percepción. Batallas semánticas que no borran la herida. Todo ello bajo la ilusión conquistadora de que todo es naturaleza. Desaparición forzosa de las culturas. O rememoración folklórica. De lo que se trata es de volver inorgánicos los cuerpos, y así capa sobre capa de sentido, volver insignificante la muerte. No es la percepción pura, que no existe, la que delimita el cuerpo político y sensible de Nuestramérica.

Contra la territorialización de la conquista (con sus espacios no vacíos, sino vaciados) con su universalidad espacial y sus geógrafos, y la temporalidad unilineal y progresiva de sus historiadores, el Señor Barroco se interroga sobre el cuerpo propio y el social en la medida en que subvierte las cartografías que definen centros y periferias, adentros y afueras. Mira al sesgo, piensa desde las fronteras, multiplica tiempos y espacios virtuales y reales, potenciales, abiertos, efímeros y aplastantes. Nuevas formas de percepción, estesis diversas, que devienen en otros modos de producción y circulación de materias y saberes en un dispositivo que cuestiona cánones de belleza y formas de intervención artística. A ese territorio, como tierra delimitada por una construcción política, se le oponen cartografías que mapean lo indeterminado, o delimitaciones que alteran los guardias fronterizos y los ejércitos nacionales. Y que articulan adentros y afueras al modo de bisagras. Trampas barrocas de una tierra que sangra horror verdadero. Que todavía resiste a policías e higienistas. Los pliegues se despliegan y vuelve a aparecer la materia de los desaparecidos.

Referencias

Deleuze, Gilles (2008) El pliegue. Leibniz y el barroco. Buenos Aires: Paidós.

Cook, Noble David (2005) La conquista biológica. Las enfermedades en el Nuevo Mundo. Madrid: Siglo XXI.

Livi Bacci, Massimo (2006) Los estragos de la Conquista. Quebranto y declive de los indios de América. Barcelona: Crítica.

Mira Caballos, Esteban (2009) Conquista y destrucción de las Indias. Sevilla: Muñoz Moya.

Sánchez-Albornoz, Nicolás (1994) La población de América Latina, desde los tiempos precolombinos al 2025. Madrid: Alianza Universidad.

____ (coord. 2003) “¿Epidemias o explotaciones? La catástrofe demográfica del Nuevo Mundo”, en Dossier de la Revista de Indias, Vol. LXIII, N. 227. Madrid.



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