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Retribuciones

Este libro es el resultado de investigaciones sobre la historia del sector petroquímico en Argentina, originadas en el año 2006 cuando Marcelo Rougier me invitó a trabajar en su cursos universitarios y proyectos científicos sobre historia de la industria en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE–UBA). Una beca doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) me permitió dedicarme de tiempo completo a realizar esta tesis entre el 2009 y el 2014; de otro modo no me hubiera sido posible hacerlo.

Mi primer agradecimiento es a Marcelo, quien excedió en mucho su papel formal como director de beca, tutor de tesis y titular de cátedra en que llevo a cabo mis tareas docentes para encauzarme, no sólo en lo que a este estudio en particular se refiere. Más allá de la amistad forjada con los años, poder trabajar a su lado es un aprendizaje permanente y un modelo incomparable de constancia en el discernimiento de nuestra historia; incluso a pesar de que suele defraudar a quienes intentamos comprenderla, como en su día advirtieron Sábato y Schvarzer.

También deseo reconocer a Andrés Regalsky, distinguido historiador económico que honró mis propósitos al aceptar codirigir el proyecto cuando apenas conocía mi trabajo. Él y Ana Castellani realizaron una atenta lectura de una versión bastante preliminar de esta tesis doctoral. En una forma más acabada, Paola Chenillo desmenuzó pacientemente este manuscrito capítulo a capítulo. A su obsesividad le debo que el resultado final fuera casi comprensible para sus improbables lectores. Las inteligentes sugerencias que estos colegas me realizaron no sólo mejoraron en mucho la redacción del texto, sino que me obligaron a repensar cuestiones problemáticas de la investigación, auspiciando el hallazgo de significados e ideas antes veladas.

Mención aparte merece el personal del Archivo General de la Nación (AGN), fundamentalmente Elisabet, Rocío, Alejandra y Nicolás, como el del Centro de Documentación e Información del Ministerio de Economía y Finanzas (CDI–MECON), en especial Laura Cabral. También ocupa un lugar capital en estas líneas Jesús Monzón, encargado del Archivo del Centro de Estudios para la Situación y Perspectivas de la Argentina (CESPA–FCE–UBA), que ha resultado sumamente fructífero para mi labor. La gentil orientación de estos guardianes de las fuentes en la tarea de exploración y consulta de diversos materiales ha redundado en un aventajado provecho de los documentos hallados.

Este trabajo también se ha visto beneficiado con las lúcidas observaciones de numerosos profesores y compañeros de estudio –especialmente en la Maestría en Historia Económica de la FCE–UBA–, colegas de distintas latitudes y disciplinas, algunos comentaristas y unos cuantos amigos y amigas (como es incuestionable, categorías no mutuamente excluyentes), quienes a su modo participaron en la larga gestación de esta tesis en más de una reunión, tanto académica como de las otras. De entre ellos, destacan los miembros del Centro de Estudios sobre la Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) de la FCE–UBA, grupo de investigación al que –por fortuna– pertenezco.

Agradezco también a Susana Bandieri, Julio Djenderedjian y Andrés Regalsky quienes, como jurados del VI Concurso de Tesis Doctorales, me otorgaron en agosto de 2016 una mención especial en el certamen organizado por la la Asociación Argentina de Historia Económica (AAHE).

Entre la escritura de la tesis doctoral y la publicación de este libro pasaron 10 años. Es difícil resistirse a la tentación de reformular secciones que hoy seguramente escribiría de otra forma, de actualizar la bibliografía correspondiente y de plantear nuevas ideas o debates historiográficos. Sin embargo, salvo estos párrafos, errores menores de tipeo y redacción ahora subsanados, la corrección de un cálculo mal hecho referido a la productividad en el capítulo 7 y la simplifación de las notas al pie, el texto de este libro es sustancialmente el de la tesis doctoral que defendí en marzo de 2014 en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. A 30 años de privatizada la empresa que aquí se estudia, creo que su ejemplo sigue convocando a la reflexión histórica. Agrego ahora una dedicatoria a las y los trabajadores de la Petroquímica General Mosconi entre 1970 y 1993, porque demostraron que muchos de los prejuicios contra el Estado y la industria que todavía están vigentes en la Argentina no son insalvables. Su experiencia y compromiso ofrecen una luz de esperanza para pensar y emprender nuevas iniciativas que permitan -bajo el aprendizaje de su ejemplo- romper el ciclo de subdesarrollo y estancamiento en que se encuentra sumida la economía del país desde hace décadas.

Agradezco finalmente al destacado jurado de evaluación doctoral conformado por Ana Castellani, Julio Gambina y Ricardo Aronskind, quienes al evaluar mi tesis consideraron que el resultado merecía la calificación de “sobresaliente con recomendación de publicación” y así abrieron la puerta para que hoy pudiera ser editada en la colección “Las tesis de sociales” de la editorial Teseo.



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