Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

4 La experiencia hermenéutica
de poema y diálogo

Antes de desarrollar la noción de experiencia de comprensión por la experiencia del arte (y por tanto, del tú y del lenguaje), es preciso detenerse en la relación por la palabra entre poema y diálogo, como dos modos de acontecimiento del lenguaje y como dos sentidos que hacen posible la experiencia transformadora de sí. Bajo esa relación interpretamos el diálogo poético-filosófico en Platón y Borges como un discurso tejido en la trama de una dialéctica singular inaugurada por una pregunta y trazada con imágenes y palabras poéticas que dan a pensar la experiencia de formación de quienes la protagonizan. Como tal, como discurso poético-filosófico, leo en los diálogos platónico-borgeanos, obras de arte con sentido formativo y transformador.

Ante todo, una pregunta con relación a la experiencia del arte, tal es “¿no es cierto que especialmente el arte es capaz de mostrarnos realmente lo que permanece?”. Bajo esa pregunta que recorre las páginas de su libro Poema y Diálogo, Gadamer se propone abordar la fuerza de sentido de la palabra poética en el poema y con relación al diálogo, no para marcar sus diferencias sino para buscar en ellas otra experiencia del lenguaje.

Gadamer encuentra en poema y diálogo una relación de lenguaje para una experiencia hermenéutica. En el poema y en el diálogo algo se nos da a comprender. Estamos ante una forma de comprensión que consiste en “tomar conciencia de lo que ocurre realmente cuando algo se ofrece a la comprensión de alguien y cuando ese alguien comprende”[1]. Sentado este supuesto, veamos las características del poema, por un lado, y del diálogo, por otro, para luego abordar la puesta en relación hermenéutica que el autor encuentra en ambos modos del lenguaje.

Son propiedades del poema:

  1. la palabra del poema es pura afirmación, da testimonio de sí misma;
  2. el poema consuma su producción de sentido con la duración que adquiere la presencia sensorial de la palabra;
  3. su fuerza radica en su tono (τόνος) o tensión, como si fuese una cuerda tensada;
  4. por su tono propio, el poema es un texto, se sostiene como unidad con su propio tono (texto es un tejido, un todo);
  5. el poema es un estribillo del alma, cuyo tono hay que encontrar con el oído;
  6. es un dictado (gedicht) de la palabra: el poema escribe su texto exacto tal como lo quiere hacer oír, mediante su capacidad de fijarse o repetirse cuando la memoria lo recupera;
  7. adquiere su existencia en la escritura;
  8. el poema es un todo disperso de unidades semánticas dispuestas en pluralidad de sentidos (diseminadas);
  9. el poema es una “palabra pensante” en el horizonte de lo indecible[2];
  10. el poema es un diálogo que mantiene constantemente la conversación con uno mismo, “se despliega, quiebra el silencio en que se mantiene el oído y se expone a que otro tome la palabra, a que caiga, como respuesta, otra palabra (… como) tensión de la afirmación que se construye sobre ella”[3].

A su vez, el diálogo presenta otras características:

  1. en el diálogo, el lenguaje vive realmente como tal, y en él transcurre toda la historia de su formación;
  2. el diálogo es una producción de sentido;
  3. es un juego de intercambio entre palabra y réplica;
  4. el diálogo presenta el carácter irrepetible de la pregunta que se formula y la respuesta que se da;
  5. el diálogo es como un viento que muere por sí mismo, un viento cuya dirección se dirige hacia el entendimiento mutuo;
  6. el proceso del diálogo no es un texto sino un acontecer, un movimiento del espíritu entre pregunta y respuesta, palabra y réplica (este movimiento del diálogo es análogo al movimiento del pensamiento, en diálogo del alma consigo misma);
  7. el diálogo avanza hacia un terreno común, un lenguaje común y la comprensión (en el habla);
  8. el diálogo vive a favor del instante;
  9. exige un acompañamiento del otro, como el otro de nosotros mismos;
  10. la construcción del sentido del diálogo depende de ambos actores, ello acontece en “un andar junto a sí mismo, oyéndose a sí mismo, a la palabra que ha de venir”[4].

Características de la relación entre poema y diálogo, que hacen de ella misma una experiencia hermenéutica:

  1. poema y diálogo son modos de lenguaje en tensión; y son casos extremos dentro del vasto campo de formas del lenguaje;
  2. en ambos se consuma una producción de sentido, singular y propia;
  3. poema y diálogo son unidades semánticas cuyo sentido y dirección buscan destinos plurales. Así es como el poema une a todos en su propio sentido, en cambio el diálogo une a dos tratando de encontrar un sentido. En el sentido del poema, le comprendemos como palabra y testimonio que nunca se agota. En el sentido del diálogo, le encontramos a través de su propio devenir como el diálogo del alma que nunca llega a término. Ahora bien, poema y diálogo son sentidos expuestos en su propia apertura: el poema manteniendo un diálogo con el lector, y el diálogo manteniendo una tensión entre pregunta y respuesta. Sentidos ambos que, en su propia apertura y acontecer, conservan la estructura de la pregunta, que no es otra que la condición para la experiencia hermenéutica.
  4. Poema y diálogo son acontecimientos del lenguaje: ambos hacen camino poniendo ante nosotros ideas de lo porvenir, o comprensión de la finitud de nuestra experiencia en camino de la muerte. El lenguaje es el espacio por el que la existencia busca en la palabra un camino de comprensión de su finitud. Por tal motivo, poema y diálogo, como dos modos del lenguaje, son experiencias hermenéuticas, son experiencias de finitud vividas en el cuerpo del lenguaje, “preocuparse por su camino, vislumbrar al mismo tiempo el espacio abierto, planificar con antelación, ocupar el lenguaje con el habla y tropezar siempre con la esquina final, con la muerte, son los dos aspectos de la finitud humana”[5];
  5. Como modos del lenguaje, poema y diálogo nos guían en dirección de sentido en las que se participa en íntimo diálogo con el lenguaje mismo.

Por todo lo expuesto, la relación entre poema y diálogo es una experiencia del lenguaje, una forma de comprensión del mundo y de autocomprensión, en el que acontece la experiencia del pensar por el través de la palabra poética, como esa cuerda tensada entre poema y diálogo, pues: “se extiende, entre poema y diálogo, la totalidad de nuestra condición humana y presentimos que el diálogo interminable del pensamiento encuentra siempre su interlocutor en sus interminables diálogos con los poemas”.

Encuentro tales propiedades en los diálogos poético-filosóficos de Platón y Borges, tanto por ser obras de palabra poética como por ser pensamientos de inquietud en los cuales lo que permanece es la pregunta. ¿Qué propiedades de las enunciadas sobre poema y diálogo aparecen en estos textos? De comienzo, señalamos:

  1. su acontecer vivo y formativo;
  2. su producción de sentido por obra de la palabra;
  3. su tono tensado entre pregunta y respuesta;
  4. su unidad propia, singular y, en cada caso, siempre nueva e irrepetible;
  5. su trazado descriptivo del movimiento del alma que es preciso oír;
  6. su modo de ser un acontecer de la memoria como palabra de umbral entre dos vías de la tradición oral y escrita;
  7. su discurso existe, de por sí, en un texto escrito que pone en escena situaciones de acuerdo-desacuerdo;
  8. despliega su pluralidad de sentidos en una temporalidad propia al darse a leer y oír;
  9. es un discurso de palabras pensantes que interpelan desde la alteridad;
  10. es un movimiento de inquietud consigo mismo a partir de la inquietud del otro que habla en el texto.

  1. Ob. cit. p. 144.
  2. Ob. cit. p. 152.
  3. Ibid.
  4. Ob. cit. p. 153.
  5. Ob. cit. p. 152.


Deja un comentario