Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

8 Beligerancia y “subversión”: sobre la construcción del sentido de la resistencia peronista[1]

Jujuy, 1955-1958

Fernando Aníbal Castillo (UNJu)

Introducción

La irrupción de la resistencia peronista comportó como correlato cierta reorientación en las políticas de desperonización de la “revolución libertadora”: si desde sus concepciones primigenias el régimen había encaminado el movimiento simbólico-represivo hacia el conjunto de dirigentes del gobierno depuesto (con explícito carácter punitivo), la aparición de fuerzas perfiladas a la reposición de Perón alentó a la nueva administración a operar de manera beligerante. Las modalidades interpuestas en razón de la renovación de las predisposiciones peronistas dejaron entrever que el anudamiento del ejercicio de la violencia y la dinámica discursiva referían a otro contendiente. El aparato de la desperonización gestó entonces no solo novedosas estrategias de intervención policial, sino también otras formas de representación del peronismo. Este matiz productivo de lo decible sobre el peronismo en insurrección es el foco de este artículo.

La “revolución libertadora” traccionó fuertes transformaciones en el conjunto de los órdenes discursivos en la provincia de Jujuy. El entorno de la elaboración de sentido sobre el peronismo, tanto en el registro estatal como en el campo de los medios de comunicación, evidenció inflexiones en los principios que la guiaban. El montaje de la nueva esfera comunicacional verificó primeramente la apropiación del espacio público y la emergencia de enunciaciones de corte antiperonista, haciendo ostensible las pautas de esta tutela. Por otro lado, es factible señalar que la “revolución libertadora” germinó un nuevo dispositivo de producción discursiva. La política de desperonización instaurada por el régimen puso en funcionamiento no solo la erradicación de todo elemento ligado al peronismo, sino también implementaciones en las significaciones conferidas al mismo. El relevo de “Perón” por “tirano prófugo” dejó traslucir las dos operaciones señaladas. Ante estos cambios, el espacio discursivo advino en cuanto lugar de construcción y tratamiento del peronismo como objeto de execración, tanto en lo que concernía primero a su reciente paso por el gobierno como luego al surgimiento y acciones ejecutadas por la resistencia peronista.

La dirección asumida por el peronismo en tiempos de su proscripción implicó disímiles tácticas, que alcanzaron distintos grados de organización y finalidades. Algunos sectores preconizaron la trayectoria del rescate del peronismo mediante maniobras de sabotaje y el apuntalamiento de instancias próximas al levantamiento armado. El brote de esta vía encontró reacciones estatales basadas no solo en el uso de la fuerza, sino también en un tratamiento discursivo que introdujo la reverberación del concepto de “subversión”. El ingreso de esta noción (no solo en sí misma sino en relación con el campo semántico en el que se inscribió) nos permite pensar que la “revolución libertadora” modificó los regímenes en vigencia de representación del peronismo, instituyendo un esquema binario que acercaba al peronismo y al antiperonismo a los términos de enemigos y al orden de la guerra.

Este artículo indaga sobre la invención de sentidos sobre el peronismo en Jujuy durante la “revolución libertadora”, considerando fundamentalmente la intervención del gobierno provincial y la prensa, y atendiendo en particular a las articulaciones de la categoría de “subversión” en la gestación de significados, en cuanto una de las prácticas conferidas a (y fundada en función de) el peronismo por las referencias dominantes.

El artículo abreva por un lado en la construcción de un corpus dado en un expediente del acervo del Archivo de la Justicia Federal, documentos alojados en el Archivo Histórico de la provincia de Jujuy y ejemplares de los diarios Crónica y Pregón (editados en San Salvador de Jujuy), resguardados en la Hemeroteca de la Biblioteca Popular de Jujuy.[2] Por otro, se recurre a la revisión bibliográfica de dos líneas de investigación: los aportes historiográficos alrededor de la “revolución libertadora” en diversas perspectivas (entre ellas, la regional y la que concierne a la generación discursiva); segundo, con fuertes aportes en lo metodológico, a la propuesta de Stuart Hall sobre la producción de significaciones, la diferencia y la representación de la otredad.

Acerca de las fuentes, los antecedentes y la problematización

La “revolución libertadora” trajo consigo referencias al peronismo ya apreciadas durante la década precedente. Por otro lado, la animosidad adquirió nuevas tonalidades en la medida que la resistencia prorrumpió en el campo político. Era notorio, en las comunicaciones oficiales, la diferenciación y el léxico fogueado por el gobierno a los fines de dar cuenta de este fenómeno. La prensa hizo eco de las directrices emanadas desde la gestión gubernamental y reprodujo así los rasgos establecidos. En las páginas de los periódicos locales se observó la inclusión (junto con las recurrentes alusiones a, entre otras, la corrupción y la condición “totalitaria”) de noticias sobre el estado de conflictividad generado por el peronismo. Los diarios publicaron numerosas notas en las cuales se advertía la naturaleza disruptiva de las acciones, marcadas por la plétora de la peligrosidad, la anuencia por las armas y el diagnóstico como registro discursivo.

Las fuentes que refieren a estos acontecimientos se destacan por los usos del concepto de “subversión” en los discursos oficiales y de la prensa, y a las formas mediante las cuales estos ejercicios en los anuncios oficiales acarrearon participación en la comunicación de las referencias sobre el peronismo. De esta forma, comprendemos que la problematización propuesta comporta abordar esos usos como momentos de un dispositivo de producción discursiva e ideológica de significaciones sobre el peronismo que rehicieron los sentidos vigentes hasta septiembre de 1955 mediante su asociación con lo “subversivo”.

Este planteamiento reenvía al análisis sobre la administración de sentidos desarrollada durante la “revolución libertadora” en la provincia de Jujuy acerca de la disidencia peronista; específicamente, atiende a la construcción del peronismo como objeto de discurso bajo la lógica de la binarización. El efecto apreciable anuncia entrelazamientos que restringían las acciones peronistas al campo de lo “subversivo”,[3] visto esto siempre de manera deleznable.

La gestación de esta problemática abreva en el entrecruzamiento de varias líneas de trabajo y antecedentes acerca de distintos aspectos de los acontecimientos sociohistóricos y discursivos anclados en el período indicado. Esta labor supone así la articulación de tesituras que en conjunto pongan el foco en el proceso histórico de construcción de significaciones sobre las prácticas del peronismo en tiempos de la “revolución libertadora”.

Al respecto, un primer abordaje al tópico estudiado abreva en los aportes sobre la propia “revolución libertadora”, entre los cuales cabe señalar la obra de María Estela Spinelli.[4] La autora brinda interpretaciones acerca de la gestión inaugurada en septiembre de 1955, sus políticas de desperonización y las diversas orientaciones en el seno del antiperonismo. Nos interesa destacar, en el marco complejo planteado por Spinelli, la implementación de normas de tratamiento del peronismo por parte del Estado, medidas expresadas a través de instrumentos de exclusión y represión, aunque también (dadas las prerrogativas del gobierno) bajo prescripciones pedagógicas, de redefinición de los referentes de la producción de la identidad colectiva. Estas contribuciones de Spinelli son completadas con anotaciones de tipo metodológico, en cuanto apela a la categoría de “representación”.[5] La propuesta de la autora entraña que el antiperonismo pensó los procedimientos de desperonización en razón de las concepciones en disponibilidad sobre el peronismo. La preeminencia de esta postura reside en la sugerencia de problematizar los procesos desarrollados durante el período estudiado en términos de la producción representacional y las prácticas (fundamentalmente simbólicas en el caso de este artículo) de desperonización.

Con respecto a la provincia de Jujuy, y pensando en los tópicos planteados en los objetivos de este artículo, cabe revistar trabajos de nuestra autoría.[6] Estos, en conjunto, proponen la formulación de una problematización que considera la interpretación de las mutaciones introducidas por la “revolución libertadora” en el aparato de producción discursiva, atendiendo a la redefinición de los principios de construcción de significación sobre el peronismo y de organización de tramas de sentido. Aunque en un capítulo posterior se propone un corpus de lecturas sobre este fenómeno, cabe adelantar que estos escritos permiten comprender la producción de un mecanismo que modificó las formas de constitución del peronismo como objeto de discurso de la “revolución libertadora” y de las posibilidades de gestar articulaciones entre diversas significaciones sobre y el peronismo.

Dados los elementos señalados en los párrafos anteriores, entendemos que es relevante desde el punto de vista metodológico considerar las anotaciones de Stuart Hall sobre dos fenómenos diferenciables analíticamente, aunque entrelazados. Por un lado, la administración de los sentidos públicos bajo un régimen de ordenamiento y estructuración del campo político, basado en la distribución de lo reconocido y lo expulsado. Cabe recuperar aquí ciertas reflexiones de Hall sobre la diferencia: nos interesa considerar el campo cultural en tiempos de la “revolución libertadora” reseñando los rasgos que deliberadamente introdujeron ordenamientos y marcaron diferencias, en particular, aquellos elementos perturbadores, que atentaban contra la unicidad identitaria y que en cuanto tales fueron desterrados a los fines de restablecer la normalidad.[7] En segunda instancia, dispensamos la mirada al trabajo ideológico: las aseveraciones de Hall suponen básicamente que los acontecimientos son transformados en discursos, en entidades comunicables y cargadas de sentido. Este procedimiento implica primeramente reparar en los discursos como elementos no transparentes y no naturales, sino como instancias de producción de significaciones determinadas por la ideología. De esta manera, esta última opera como un trabajo de mediación que interviene en la redefinición de los significados e instaura referencias dominantes.[8] Desde esta perspectiva, pensamos la formulación de sentidos públicos en la prensa y espacios comunicacionales como instancias productivas, de asignación, naturalización o encubrimiento.

Sobre la “revolución” en la provincia de Jujuy

La irrupción de la “libertadora” en este distrito comportó la puesta en operación de mecanismos de intervención estatal de naturaleza idéntica a los observados en otras regiones. La cancelación de las prácticas políticas, el cierre de las instancias de deliberación y la restricción de la vida sindical (junto con otras medidas de corto alcance temporal, como la declaración del estado de sitio y el toque de queda) implicaron los primeros pasos dentro de un diseño orientado a la supresión del peronismo.

En esta dirección se impuso un cuadro de expulsión del peronismo de las instituciones públicas, la persecución (para)judicial, la represión y encarcelamiento a sus dirigentes y militantes, la sujeción de las organizaciones gremiales a la égida estatal, la destrucción de sus símbolos y la erradicación de toda referencia al gobierno derrocado y sus líderes del espacio público.

El esquema resultante de estas bases de depuración estaba marcado por la reemergencia de actores afiliados al antiperonismo y su apropiación paulatina del conjunto de espacios dejados tras la salida del peronismo, como los cargos oficiales y otras áreas estratégicas como la educación y la prensa.

El peronismo jujeño, por su cuenta, asumió rápidamente una postura activa y resuelta contra el régimen, generando prácticas de disidencia primero de modos inorgánicos y espontáneos; luego, mediante la constitución de comandos orientados al sabotaje y la preparación de levantamientos armados. La resistencia peronista puso énfasis en la ejecución de estas medidas recién señaladas desde los albores de la “revolución libertadora” hasta mediados del segundo semestre de 1956. En adelante, el mayor peso de las tácticas del peronismo viró hacia la lucha sindical y la reorganización partidaria. Esta inflexión obedeció a la fuerte represión ejecutada desde el Estado a partir de octubre, que arrasó con los comandos encaminados hacia la consumación de una asonada.

En esta provincia la militancia dispuso grandes esfuerzos orientados a la reposición del peronismo por la vía de un levantamiento. Aunque de escasa actuación en definitiva en junio de 1956, se disponía de importantes preparativos; ante el intento fallido, en Jujuy, a contrapelo de las tendencias observadas en general, se mantuvo firme el curso de la organización a los fines de ejecutar un alzamiento. Estos procedimientos fueron objeto discursivo por la parte de las autoridades (expresados a veces en documentación policial y judicial) y por la prensa.

Mutaciones y la redefinición del peronismo como objeto de discurso

El advenimiento de la “revolución libertadora” supuso el desarrollo de un aparato discursivo orientado a la re-construcción de significaciones sobre el peronismo. Este dispositivo comportó la recuperación de los lineamientos constituidos por el antiperonismo desde mediados de la década anterior, rearticulándolos dentro del esquema discursivo estatal, reproduciendo prejuicios y presuntos valores conferidos al peronismo y constituyendo nuevas significaciones.

Estos procedimientos conllevaron operaciones asentadas en el ejercicio de la fuerza (aunque de profundo peso simbólico), como la remoción de las prácticas de invocación en el espacio público del nombre del expresidente, y otras rutinas, más complejas, fundadas en reordenamientos en los marcos de significación vigentes. Estas últimas –a veces más sutiles y desapercibidas y otras no tanto– implicaban transformaciones en los sentidos conferidos y establecidos durante la década precedente. De esta forma, el propio peronismo fue reconstituido como objeto de discurso, y adquirió nuevos matices, desplegados en torno a un paradigma sobradamente reconocido por sus opositores, asociándolo (entre otros tópicos) a lógicas dictatoriales y a usos ilegítimos, como la corrupción.

Por otro lado, en razón del advenimiento de la resistencia peronista, la “revolución libertadora” favoreció la confección de nuevos elementos para la representación del peronismo, invistiendo de peligrosidad y de diagnósticos de naturaleza pseudopatológica al conjunto de sus prácticas. La producción discursiva del Estado involucraba por un lado la extensión de representaciones ungidas al peronismo como forma de gobierno a su forma reemergente dada en la resistencia. La comprensión de la gestión peronista como anatema y anomalía en el devenir regular de la historia argentina funcionaba como mecanismo de diferenciación de la “revolución libertadora”. Ahora, la resistencia demandaba otra forma de abordaje, que no abrevara en referencias al pasado, sino que apuntara a las urgencias y amenazas del peronismo en el escenario forjado luego de su deposición. Aunque la represión del peronismo suponía asimismo fuente de reconocimiento para la “libertadora”, la compulsión estaba investida de un carácter no solo punitivo (como en el caso del enjuiciamiento de los funcionarios del gobierno derrocado), sino que estaba conferida también de carácter preventivo, en tanto que estaba orientada a suprimir el retorno del peronismo.

En ese contexto surgieron nuevos procesos de significación, que anudaban representaciones propias del antiguo imaginario antiperonista con las prácticas nacientes de la resistencia peronista. De esta forma, las menciones sobre la resistencia peronista entretejían en un mismo relato las operaciones de sabotaje y levantamientos armados con el regreso de lo abominable. En este marco de producción que transformaba las acciones disidentes en representación, ganó preponderancia la asociación del peronismo con políticas denominadas como “subversivas”. En este proceso de disputa por las significaciones (de recuperación de tradiciones, de aparición de nuevos sentidos y de destrucción de símbolos), cabe añadir, participó con fuerte énfasis el gobierno de la “revolución libertadora”, con importante participación de la prensa.

Operaciones discursivas y la producción del carácter “subversivo” del peronismo

El trabajo ideológico supuso dos operaciones analíticamente discernibles: por un lado, la construcción del concepto propio de “subversión”; por otro, la producción discursiva del peronismo como portador de las prácticas “subversivas”. En la documentación se encuentra más bien un proceso de remisión circular, en la cual el peronismo era enlazado a lo “subversivo” y viceversa. Estos procedimientos dieron cuenta de un amplio grado de naturalización; esta circularidad impedía observar el proceso de construcción de sentidos, dejando por sentado la presunta intercambiabilidad entre peronismo y “subversión”, imposibilitados de definirse por sí mismos. El resultado de este procedimiento implicó la naturalización de esa relación, que de manera sutil ocultaba su carácter productivo. [9]

La “subversión” indicaba descriptivamente una forma específica de amenaza de cancelación del orden, asociada al uso/tenencia de armas[10] y la vía de los levantamientos, siempre de cualidad organizada.[11] El siguiente extracto de un expediente de la justicia federal permite apreciar lo planteado:

Que surgiendo de lo hasta aquí probado en autos, indicios sobre la complicidad de los comparecientes en las maniobras subversivas que se le atribuyen a un supuesto comando de resistencia pro-peronista, el que recibiendo directivas desde el exterior –Bolivia– coordinando su acción con otros organismos similares distribuídos en centros de importancia de la República, se habrían dedicado al planeamiento y ejecución de una campaña panfletaria, de propalación de rumores tendenciosos y actos de sabotaje.[12]

El trabajo ideológico se hizo ostensible en el entretejido de significaciones y el forjamiento de una conceptualización de corte relacional entre la “subversión” y el peronismo.

Si bien la dimensión “subversiva” se desgajaba y manifestaba como una arista de la resistencia peronista, las operaciones discursivas construyeron a lo “subversivo” como un elemento específico en el seno del peronismo. Aunque en el contexto de la segunda mitad de la década de 1950 la resistencia peronista se avizoraba como la emergencia de la amenaza al orden establecido (político y discursivo), no todas sus prácticas eran reducibles a hechos “subversivos”; no obstante, toda acción “subversiva” sí estaba conectada indefectiblemente al peronismo.[13]

En la medida del trazado de esta asociación, la “subversión” (como toda referencia a la resistencia peronista) remitía a la posible reposición del peronismo al gobierno. En este sentido, comportaba una práctica estrictamente de transformación del orden imperante, en cuanto estaba conferida en última instancia de una dinámica de restitución del orden precedente. En los registros gubernamentales y de la prensa, esta operación conllevaba en concreto la restauración del “régimen totalitario” depuesto en septiembre de 1955.

En este proceso de construcción de cadenas de sentido, la adjudicación del carácter “subversivo” se extendía de las armas y las sediciones al conjunto de prácticas cobijadas por los colectivos peronistas, tal como se evidencia en el texto citado anteriormente. De esta forma, todo elemento vinculado (de manera concreta o por sospecha) a estos referentes era imaginado de manera mecánica y necesaria como “subversivo”, como los panfletos, la documentación (entre estos, los discursos de Perón) y el sabotaje. Así, la “subversión” dejó de ser un concepto meramente descriptivo de maniobras, y pasó a establecer un campo de sentidos definido relacionalmente, en el que cualquier sujeto o práctica ligado al peronismo y con proximidad a las líneas de acción de perturbación al orden podía ser entendido como “subversivo”, como por ejemplo, “revistas y diarios enviados por el ex dictador”.[14] Las citas que siguen (una y otra remiten a botines de secuestros policiales) permiten apreciar la factibilidad de asignar esta naturaleza a objetos, como, por ejemplo, los panfletos.

Material de propaganda subversiva, y panfletos con términos ofensivos hacia (…) Rojas, como así también gran cantidad de láminas con la esfinge del ex–presidente depuesto y su extinta esposa.[15]

 

Nueve discos grabados con mensajes y discursos del tirano prófugo; 58 metros de alambre grabado, con el nombre de las personas a quienes debían entregarse panfletos e instrucciones; quinientos ejemplares del periódico “Reconquista”, fechado el 10 de diciembre en Caracas, impreso en papel biblia, en formato tabloid de seis páginas; dos manifiestos en papel biblia y otra abundosa documentación subversiva, toda ella impresa en papel biblia, con caracteres tipográficos del cuerpo más pequeño que se fabrica. [16]

La construcción de su sentido, como ya señalamos, aludía al potencial alborotador del peronismo, a su presunta capacidad de alterar el marco político en vigencia por medio de la violencia. El carácter violento se hizo ostensible y reforzado por la implementación de la categoría de “terrorismo”.[17] Este procedimiento de producción de significaciones fue asumido solo por la prensa. En la misma línea de lo observado anteriormente, el empleo del término se contextualizaba en relación con el marco de la planificación de revueltas armadas por parte del peronismo.

La apelación al “terrorismo” operaba como espacio de exacerbación (extremando la dinámica propia de la estereotipación) de las significaciones en torno a “subversión”, en tanto que añadía un componente extremo al campo de sentidos de lo “subversivo”. En titulares y contenidos de la prensa, se encontraban así aseveraciones como “Infernal plan de terror ordenó el tirano prófugo”, “se ordena la ejecución de un plan de terrorismo como jamás ha ocurrido en ningún país del orbe”[18] y “Hay 92 detenidos por el plan terrorista”.[19]

El término adquirió significaciones de tipo subsidiario a la “subversión”, en la medida que remitía a una cuestión de método. Las referencias al “terrorismo” eran limitadas estrictamente a la caracterización de los medios a partir de los cuales era factible la alteración del orden. De esta forma, la apelación a tal concepto se manifestaba en torno a los actos de sabotaje, aunque también a las asonadas, siempre considerados estrictamente como medios y no como el fin. Esto se hace evidente en las citas del párrafo anterior, en las cuales el peso está puesto en el plan, mientras que las menciones sobre la “subversión” remiten a una esfera más amplia. El trabajo ideológico desarrollado por la prensa supuso así redefiniciones en las significaciones en torno a las tácticas del peronismo, exacerbando su potencial perturbador.

Anotaciones sobre la producción de la diferencia

Es factible tener en mente que el proceso que señalamos abreva en un marco más amplio: si bien esta propuesta remite ante todo al devenir impuesto por la “revolución libertadora” ante la oposición brindada por la resistencia peronista, cabe atender también el campo de sentidos forjado por el antiperonismo durante el gobierno precedente. La opción por la embestida armada, cuyas expresiones estaban dadas en los intentos de golpe y en el bombardeo de junio de 1955, permite vislumbrar una tesitura sobre el ejercicio de la violencia que se acercaba, en las nociones antiperonistas, a la conflagración.[20] Entonces, cabe anudar el fenómeno de la posición “antisubversiva” como una respuesta presuntamente justificada ante la afrenta peronista con los antecedentes propios del ejercicio de la fuerza, todo bajo un esquema que no solo preconizaba al peronismo como un sujeto pasible de represión sino también como contendiente en una disputa armada. Estos acontecimientos se sostuvieron sin dudas en la misma matriz que configuró la esfera de los tratamientos posibles al peronismo.

Las operaciones discursivas apuntadas en al apartado anterior dieron cuenta de ciertas trayectorias a largo plazo y de innovaciones en la exhortación a nombrar el peronismo. Retomaron una lógica en disponibilidad y redefinieron un repertorio de sentidos que despojaba al peronismo de su condición política para aproximarlo al de enemigo. El trabajo ideológico en representación de la diferencia comportó tomar una figura ya anatemizada y reforzar el estereotipo (siempre simplista y lindante con lo excesivo) mediante el ejercicio de introducir un carácter más extremo.

Este mecanismo implicó la redefinición de los marcos comprensivos, en la medida que la lógica binaria no refirió meramente a un actor colectivo repudiable por sus formas de intervenir políticamente, sino a una entidad que amenazaba con destruir de las maneras más violentas los órdenes en vigencia y que solo podía concebirse como un enemigo. Esas convicciones frente a la invectiva abrían otro corpus de posibilidades, lejos de sanciones y proscripciones, en las que es posible avizorar políticas de eliminación de la amenaza. En ese entrecruzamiento de representación y política se parapetan los fusilamientos de 1956.

Conclusiones

El dispositivo discursivo montado por la “revolución libertadora” conllevó la redefinición del peronismo como entidad “subversiva”, dotada de orientaciones perturbadoras para el orden político-discursivo forjado por el gobierno a partir de septiembre de 1955. Ese disturbio no se expresaba meramente como la expresión díscola del peronismo, sino que atentaba en la medida que pretendía apresurar mediante las armas y la sedición su propio retorno.

El concepto de “subversión” reenviaba entonces a la construcción de un enemigo marcado por la radicalidad y la peligrosidad. Estas características les eran conferidas a los peronistas como propiedades intrínsecas. El corpus de significaciones que se construía representaba al peronismo como la confluencia de la peligrosidad extrema y el desvarío. Estos procedimientos de corte ideológico suponían en definitiva la producción de un discurso que entrañaba la aniquilación simbólica del peronismo, connivente con el trabajo del ejercicio de la violencia física.

La designación del peronismo bajo los motes de “subversión” y terrorismo refirió a comenzar a pensar la disidencia socio-política en otros términos, en un acercamiento al concepto de beligerancia armada. Esto generó un nuevo marco de interpretación del peronismo en términos de enemigo.


  1. Una primera versión de este escrito se encuentra en CASTILLO, Fernando “La construcción del adversario y la figura de la ‘subversión’ en Jujuy en tiempos de la ‘Revolución Libertadora’”. Workshop “La ‘“Revolución Libertadora”’ en el marco de la Guerra Fría. Discusiones acerca del impacto del conflicto internacional en la Argentina durante los gobiernos de E. Lonardi y P.E. Aramburu”, Buenos Aires, Argentina, 2017. Hemos optado por entrecomillar “subversión” (y su familia de palabras) dado el carácter peyorativo que se le ha asignado a la misma en diversos momentos de la historia argentina, evitando reproducir los prejuicios que recaen sobre el término. Si bien este último ha sido objeto de disputas en torno a su comprensión (sobre todo en lo que concierne a la concepción como tal del movimiento revolucionario de la década de 1970), el tratamiento en los documentos reseñados en este trabajo está investido de inequívoca naturaleza despectiva.
  2. Eventualmente se citarán otros documentos consultados, aunque el peso del trabajo está puesto en los ya indicados.
  3. La entrada en escena del término no es adjudicable a la “revolución libertadora”; es factible hallar su uso en los medios de comunicación locales en referencia a los militares que atentaron contra el gobierno peronista en la primera mitad de la década de 1950. La disimilitud que encontramos en la invocación de tal palabra en uno y otro momento procede de su peso en la interpretación de la disidencia socio-política desde clasificaciones binarias y en la constitución de marcos comprensivos estructurados alrededor de la beligerancia.
  4. SPINELLI, María Estela “El debate sobre la desperonización. Imágenes del peronismo en los ensayos políticos antiperonistas”, en BIANCHI, Susana y SPINELLI, María Estela (Comps.) Actores, ideas y proyectos políticos en la Argentina Contemporánea, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Instituto de Estudios Histórico-Sociales, Tandil, 1997; SPINELLI, María Estela Los vencedores vencidos. El antiperonismo y la “Revolución Libertadora”, Biblos, Buenos Aires, 2005; SPINELLI, María Estela “Ideas fuerza en el debate político durante los años de la ‘Libertadora’”, Estudios Sociales, 24. Aunque toca el planteamiento de esta ponencia solo de manera tangencial, cabría destacar también las contribuciones historiográficas a la comprensión de la resistencia peronista. Dentro de ese vasto corpus de antecedentes, destacamos MELON PIRRO, Julio César “La resistencia peronista. Alcances y significados”, Anuario del IEHS, 8, 1993; MELON PIRRO, Julio César “Informe sobre la prensa clandestina. Los peronistas entre 1955 y 1960”, en DA ORDEN, Liliana y MELON PIRRO, Julio César (Comps.) Prensa y peronismo. Discursos, prácticas, empresas (1943-1958), Prohistoria, Rosario, 2007; MELON PIRRO, Julio César El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 55, Siglo Veintiuno Buenos Aires, 2009.
  5. Spinelli toma fundamentalmente las aseveraciones de la siguiente publicación: CHARTIER, Roger El mundo como representación. Estudios de historia cultural, Gedisa, Barcelona, 1999.
  6. CASTILLO, Fernando “El peronismo como hecho patológico. Representaciones en la prensa de Jujuy, Argentina, durante la ‘Revolución Libertadora’”. Punto Cero, 2013; CASTILLO, Fernando “Racismo y labor civilizatoria en la prensa antiperonista durante la ‘Revolución Libertadora’, Jujuy, Argentina’. Abra, 34 (48), 2014; CASTILLO, Fernando “Regímenes discursivos, desperonización y la ‘Revolución Libertadora’”. VII Jornadas de Historia, Memoria y Comunicación, Bernal, Argentina, 2015; CASTILLO, Fernando “Representaciones antiperonistas de los empresarios azucareros jujeños sobre el intervencionismo estatal (1955-1958)”. Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos s. A. Segreti”, 15, 2015.
  7. HALL, Stuart “El espectáculo del ‘Otro’”, en Sin garantías: trayectorias y problemáticas en estudios culturales, Envión, Popayán; Instituto de Estudios Peruanos, Lima; Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá; Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, 2010.
  8. HALL, Stuart “Encoding/decoding”, en HALL, Stuart, HOBSON, Dorothy, LOWE, Andrew y WILLIS, Paul (Eds.) Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79, Routledge; The Centre for Contemporary Cultural Studies, University of Birmingham, Londres, 1980; HALL, Stuart “La cultura, los medios de comunicación y el ‘efecto ideológico’”, en Sin garantías…cit.
  9. Seguimos el planteamiento de Hall (1980) a propósito de la naturalización como fenómeno de escamoteo del carácter construido de las significaciones.
  10. Esta cuestión puede apreciarse en un reporte de la gendarmería: “se [le] dió orden de allanamiento, que solo había tomado medidas de seguridad y custodia al domicilio por suponer que en el mismo se encuentran armas y propaganda subversiva” Archivo Histórico de Jujuy (en adelante AHJ). Expediente Nº 333-V-1956.
  11. Como excepción, en los considerandos de una exoneración se señaló: “Que la subversión total de los principios éticos observados por funcionarios del régimen depuesto debe ser desterrados en procura de elevar y jerarquizar la esencia de los altos principios democráticos”. AHJ. Boletín Oficial. Primer semestre. 1956. Decreto-Acuerdo Nº 1073/G/H. En este caso, el empleo del término (más allá de que aludiera no a la alteración del orden sino a la dimensión ética de la política peronista) operó en términos retroactivos y no preventivos.
  12. Archivo de la Justicia Federal (en adelante AJF). Expediente N° 928-1956.
  13. El ejercicio de la disidencia contra la “revolución libertadora” no fue propiedad exclusiva del peronismo. Entre fines de 1955 y mediados del siguiente año, militantes pertenecientes al denominado Partido Socialista de la Revolución Nacional (de filiación trotskista) participaron activamente en la organización de los braceros en los ingenios. No obstante, en el léxico policial y judicial, estos militantes fueron inculpados más bien por agitación que por intentos de subvertir el orden. AHJ. Expediente Nº 595-M-1956.
  14. Hemeroteca de la Biblioteca Popular de Jujuy (en adelante HBPJ). Crónica. 3 de enero de 1957.
  15. AJF. Expediente N° 928-1956.
  16. HBPJ. Pregón. 29 de diciembre de 1956.
  17. Seguimos para el entrecomillado de “terrorismo” y familia de palabras las mismas consideraciones ya expuestas anteriormente sobre el caso de “subversión”.
  18. HBPJ. Pregón. 29 de diciembre de 1956.
  19. HBPJ. Pregón. 3 de enero de 1958.
  20. Cabe revisar las interpretaciones que justifiquen y confieran responsabilidad al peronismo en los actos de su propia represión. Esta línea invita además a repensar la participación del peronismo en lo que fueron acciones de violencia unilateral. Este artículo pretende precisamente estudiar las claves del ungimiento simbólico del peronismo como sujeto de represión. Ver al respecto: ARRASCAETA, Eliana de “¿Ni vencedores ni vencidos? Una mirada retrospectiva sobre el año 1955”, en BESSE, Juan y KAWABATA, Alejandro (Comps.) Grafías del ’55: otros repartos entre recuerdo y olvido, Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús, Remedios de Escalada, 2007; BESSE, Juan “Políticas de la memoria, 16 de junio de 1955, entre recuerdo y reescritura”, en BESSE, Juan y KAWABATA, Alejandro (Comps.) Grafías del ’55: otros repartos entre recuerdo y olvido, Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús, Remedios de Escalada, 2007.


Deja un comentario