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2 “Para darle mayor fuerza a la voluntad de todos”[1]

La fundación del sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata: tareas, dimensiones y escalas

Gustavo Nicolás Contreras (INHUS-CEHis-UNMdP, CONICET)

Presentación

El siguiente capítulo se propone analizar la fundación del sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata desde una mirada focalizada, atenta a las tareas que emprendieron los trabajadores de la energía de la ciudad así como a las dimensiones y escalas en las que actuaron. El objetivo es poder distinguir, en un análisis pormenorizado, las acciones y las instancias que fueron habilitando la creación de una entidad gremial local a partir de un estudio de caso. Más allá de las generalizaciones bastante extendidas respecto a los aspectos más a menos compartidos que pueden reconocerse en los orígenes de los sindicatos, es menos recurrente encontrar investigaciones que se detengan en los desafíos, los problemas y las soluciones cotidianas que en diversos planos debieron enfrentar aquellos colectivos laborales que se embarcaron en fundar un sindicato local.[2] Para avanzar en este camino aprovecharemos el primer libro de actas del sindicato, el cual contiene valiosa información para abordar el tema que nos ocupa.[3]

Darle vida a una entidad gremial, ciertamente, implica tareas tan disímiles y dispares como pueden ser proclamar reivindicaciones, llamar a asambleas, publicar comunicados, confeccionar un pliego de condiciones, emprender medidas de lucha, alquilar una sede social, comprar una máquina de escribir, llevar un libro de actas, empadronar socios, cobrar cuotas sociales, presentar papeles en dependencias estatales, pedir permisos a la policía para hacer actividades gremiales, desarrollar reuniones con funcionarios y dirigentes políticos, contratar a un abogado para que gestione aspectos legales, articular acuerdos entre militantes de distintas corrientes político-sindicales, coincidir gremialmente con otros sectores laborales de la ciudad o más allá de sus fronteras, entre otras. Dada esta situación, la investigación que expondremos a continuación se preocupa por reconstruir con cierto detalle múltiples aristas de aquel proceso fundacional, pero en esta descripción a ras del suelo también se hace hincapié en distinguir diversas dimensiones del proceso, las que a su vez muestran las diferentes escalas que estuvieron involucradas en la creación de un sindicato local.

En el devenir del proceso pudimos reconocer cuatro dimensiones de importancia a considerar, las cuales (se) articulaban (en) varias escalas: el conflicto entre el capital y el trabajo, la organización sindical y del movimiento obrero, la institucionalidad en relación con el Estado y las vinculaciones entre la actividad gremial y la política. Estos cuatro ejes fueron estructurantes en el proceso de creación del sindicato, definiendo las posibilidades de su desenvolvimiento en la localidad, entendiendo a esta como un territorio social, institucional y político atravesado por múltiples dimensiones y escalas.

En este sentido, en el capítulo veremos cómo el conflicto entre el capital y el trabajo se ancló principalmente en la empresa marplatense, pero su despliegue incluyó a gran parte del territorio nacional en el que actuaba el grupo económico internacional que era dueño de la compañía así como al conjunto de establecimientos de la rama de actividad económica en el país.[4] De igual modo, es evidente que la organización en el plano sindical logró vincular a los trabajadores de la energía de Mar del Plata entre sí, pero también los enlazó con otros sindicatos de la ciudad y con otros obreros agremiados del sector eléctrico más allá de las fronteras locales. En cuanto a la institucionalización del sindicato en relación con el Estado, recurrentemente los dirigentes lucifuercistas gestionaron en instancias gubernamentales de carácter local, provincial y nacional. Incluso, la impronta de su abogado le permitió apuntalar posiciones también desde el plano internacional. Por último, hay indicios suficientes para comprender que la política permeó desde sus inicios la actividad sindical, así como su vinculación con el Estado, donde las militancias de los participantes confluían y disputaban en el interior de Luz y Fuerza pero en sintonía con coordenadas más amplias que incluían la ciudad, la región, el país y lo transnacional, como podían serlo las militancias socialistas, forjistas, peronistas y comunistas, por ejemplo.

Este reconocimiento de escalas y dimensiones nos permite analizar las instancias involucradas en el proceso fundacional de un sindicato. La cuestión no se reduce a la descripción ni a la taxonomía, sino que nos alerta sobre la complejidad de los entramados sociales, políticos e institucionales latentes en las localidades, en los que fueron cobrando vida los sindicatos locales. Por otro lado, si nos ubicamos en la perspectiva de los protagonistas de esta historia, podemos visualizar cómo frente a los desafíos que les fue presentando el devenir de su proyecto gremial, ellos fueron jugando fichas en las escalas que les resultaron más convenientes para desarrollar su estrategia. Para ello recurrieron a la creatividad y a diversos vínculos para auspiciar escenarios favorables. De igual modo, entendieron que había instancias y escalas incomodas que se imponían por la lógica que planteaban otros, y que era necesario dar respuesta también allí.[5] Con este enfoque, aspiraremos entonces a entender el menú de opciones que manejaban los protagonistas y a darle sentido concreto y contextualizado a las opciones a las que recurrieron, devolviéndole la complejidad, el vértigo y la contingencia a este tipo de historias.

Primeros pasos y reuniones constitutivas

A principios de la década de 1940, luego de algunos intentos finalmente fallidos realizados a mediados de los años treinta, los trabajadores de la energía eléctrica de Mar del Plata retomaron la iniciativa para organizarse en una entidad gremial.[6] Así, promediando 1943, volvieron a sucederse las reuniones, muchas de ellas clandestinas, ya que la empresa desplegaba una fuerte vigilancia antisindical que era complementada con represalias para los implicados.[7] La noche del 4 de junio de 1943, justamente el mismo día en que se estaba imponiendo un golpe de estado militar, algunos militantes del sector habían convocado a una asamblea de operarios de la usina eléctrica de la ciudad. El clima político, con declaración de estado de sitio incluida, naturalmente hizo fracasar el encuentro, aunque no frenaría la gestación del sindicato, como lo indica una breve noticia publicada el viernes 11 de junio de 1943 por el diario El Atlántico. La nota reproducía un comunicado que señalaba:

… habiéndose organizado los obreros de la Cia. de Electricidad en los anexos del sindicato Metalúrgicos, el gremio fue sorprendido por medidas de represalias tomadas por esa compañía contra dos obreros de la misma por estar organizados.

La misma noticia destacaba que “ante tal actitud” una delegación integrada por representantes de los sindicatos de obreros metalúrgicos, panaderos, la construcción, la alimentación, la Unión Ferroviaria, la Unión Gastronómica y los empleados de comercio se entrevistó con el gerente de la Compañía, D. Espíndola, expresándole “su descontento por las medidas adoptadas”. La delegación obrera agregó que “esperaban no se repitieran hechos que no concuerdan con el carácter democrático de la Compañía de Electricidad del Sud Argentino”.[8] Como respuesta, según el diario, Espíndola expresó que “sería respetada y reconocida la organización de los obreros”. Como muchos de los sindicatos del país y del mundo, los trabajadores de la electricidad de Mar del Plata daban sus primeros pasos organizativos cobijados por la solidaridad obrera, la que le brindaba contención, asesoramiento, estímulo y ayuda en distintos planos.[9] Las presiones generadas por las amenazas y medidas represivas de la patronal, entonces, fueron contrarrestadas por la solidaridad de varios sindicatos de la ciudad.

Finalmente, el 10 de julio de 1943 pudo reunirse en Asamblea General el personal de la Compañía de Electricidad del Sud Argentino (CESA). El orden del día se estructuró del siguiente modo: 1º Constitución; 2º Aprobación del Petitorio; 3º Nombramiento de la Comisión Administrativa; 4º Varios. Cuando a las 19 horas fue levantada la sesión, quienes participaron del encuentro habían arribado a las siguientes resoluciones: 1. Organizar al personal de la CESA como seccional Luz y Fuerza del SOAMyA; 2. Aprobar el petitorio de aumentos de sueldos y jornales elaborados por una Comisión Provisoria; 3. Elegir una Comisión Administrativa para el sindicato que estaba siendo fundado aquel día. En el cierre, la asamblea agradeció con un aplauso una carta que había sido enviada fraternalmente por el Sindicato de Luz y Fuerza de Tucumán, creado en 1919 y uno de los pocos que hasta ese entonces se encontraba institucionalizado en el país bajo la denominación de Luz y Fuerza.[10]

Tres días después, el 13 de julio, se reuniría por primera vez la Comisión Administrativa. La primera problemática encarada en aquella reunión fue la urgente situación de los trabajadores que habían sido despedidos por organizar la naciente entidad gremial, por estimular a sus compañeros en el mismo sentido, por protestar frente a los atropellos de la empresa y por reclamar derechos laborales. Para revertir la situación, como primera medida, denunciarían ante el Departamento Provincial del Trabajo el incumplimiento por parte de la compañía del acta levantada en dicha entidad gubernamental. El sindicato acusaba a la compañía de haber empleado a tres nuevos trabajadores antes de haber reincorporado a los despedidos, tal como se había acordado. Las deliberaciones continuaron el día 19 de aquel mes invernal. Los asistentes coincidieron en presentar el petitorio de aumentos de salarios y jornales en el Departamento del Trabajo y en la gerencia de la compañía con la firma de “… todos los compañeros, para darle mayor fuerza a la voluntad de todos”. A los pocos días, el diario El Atlántico haría referencia a esta presentación:

En una reciente reunión realizada por el personal de la Cia. de Electricidad del Sud Argentino se resolvió presentar al gerente de la empresa local un petitorio de mejoras de salarios, los cuales serían del 14 por ciento a los obreros y empleados que perciben hasta 160 pesos mensuales y del 10 por ciento a los que ganan entre 160 y 300 pesos. Así mismo se pide la reincorporación de obreros y el cumplimiento de la legislación obrera.[11]

El 22 de julio los delegados designados informaron a la Comisión Directiva que, ante la presentación del petitorio, “la gerencia se colocó en el terreno de la intransigencia”. Frente a esta respuesta, varios de los presentes solicitaron que se llamase a una Asamblea General para resolver el tema. Sin embargo, otras voces informaban que el Departamento del Trabajo sostenía que los despedidos y suspendidos serían reincorporados en una fecha próxima. Como era común en la mayoría de los colectivos obreros de la época, se tensionaban y complementaban perspectivas que apostaban por la organización autónoma y combativa impulsada desde abajo por parte de los trabajadores y otras que, sin necesariamente renegar de ello, buscaban el apoyo de un Estado que incipientemente enunciaba defender los derechos laborales.[12] Lo cierto es que la mayoría de quienes habían concurrido a la reunión estaban convencidos de que, por una u otra vía, “era plausible la lucha por los despedidos”.[13]

La inscripción legal

El 8 de octubre de 1943, la Sociedad Luz y Fuerza de Obreros y Empleados de la Compañía de Electricidad del Sud Argentino obtuvo reconocimiento legal por parte del Departamento Provincial del Trabajo. Esta reconfiguración legal se enmarcaba en un proceso de cambios institucionales más generales que atravesaban al país y que influirían particularmente en el movimiento obrero y sus sindicatos. En aquel mes de octubre de 1943, el coronel Juan Domingo Perón asumía la titularidad del Departamento Nacional del Trabajo, logrando su jerarquización como Secretaría un mes después y desarrollando desde allí una propuesta novedosa para las trabajadoras y los trabajadores de la Argentina.

El gobierno, surgido el 4 de junio a partir de un golpe militar, había complejizado la regulación legal de los sindicatos cuando el 20 de julio promulgó el Decreto N° 2669. En él, se hacía una diferenciación entre sindicatos que tuvieran simple inscripción a partir de la obtención de Personería Jurídica y aquellos que gozasen de Personería Gremial. Esta última sería otorgada por el Departamento Nacional del Trabajo y sólo con ella un sindicato sería reconocido como interlocutor legal frente al Estado para realizar negociaciones, acuerdos y convenios colectivos.[14]

En este marco legal, la Sociedad Luz y Fuerza no sólo debía iniciar todos los trámites asociados a su inscripción formal, sino que debía también entender los alcances y el funcionamiento de la nueva legislación que surgía de un gobierno de facto. Para su comprensión y, sobre todo, para su propio desarrollo institucional, la Comisión Directiva propició un canal de diálogo con las autoridades de las sedes local y provincial del Departamento del Trabajo, a las que hicieron llegar sus reclamos y consultas, atendiendo al mismo tiempo los diversos requerimientos legales, de reuniones, sellados de libros y permisos que les demandaba esta cartera estatal. Así, los lucifuercistas marplatenses tempranamente asumieron que los pedidos del Departamento del Trabajo debían ser atendidos. Incluso, algunos dirigentes apostaban también a ganar fuerza frente a la Compañía a partir del fortalecimiento de este vínculo.

La importancia asignada al plano legal llevó a la Comisión Directiva a buscar asesoramiento jurídico. Primero fueron consultados los abogados Juan de Rosas y Roberto Mussolini, pero finalmente el sindicato se inclinó por Francisco José Capelli. Reconocido miembro de la dirección nacional de la Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina (FORJA), Capelli tenía un estudio jurídico en Mar del Plata y otro en la ciudad de Buenos Aires. A su vez, era director del periódico forjista La Vispera, Secretario General de la Junta Nacional de FORJA (1944-1945) y uno de los referentes principales de una corriente sindical marplatense de orientación forjista que tenía presencia en varios gremios de la ciudad, incluido el de Luz y Fuerza, por supuesto.[15] Además, Capelli tenía llegada a ciertas figuras centrales del nuevo movimiento social y político que se estaba formando en la Argentina luego del golpe militar de 1943. De hecho, su posición política personal se fue consolidando a medida que crecía la figura de Juan D. Perón a nivel nacional y, sobre todo, la de Domingo Mercante en el ámbito de la provincia de Buenos Aires. En este camino ascendente, Capelli llegaría a actuar como delegado del gobierno nacional en la 29º Conferencia Internacional del Trabajo realizada en 1946 en Montreal, Canadá.[16] La Sociedad Luz y Fuerza sabría aprovechar esta notoria proyección profesional y política de su abogado, quién también terminaría siendo funcionario del gobierno bonaerense durante el primer peronismo.

El asesoramiento brindado por Capelli fue fundamental para avanzar en la institucionalización del naciente sindicato frente al Estado, pero también para estructurar los reclamos del sindicato referidos a salarios, mensualización, estabilidad, vacaciones y régimen jubilatorio. Así, con su ayuda, la Comisión Directiva lograría finalmente confeccionar el primer pliego de condiciones para reclamar mejoras en diferentes planos frente a la patronal. Luego de varias reuniones, y varios cuartos intermedios, el 11 de enero de 1944 los dirigentes lucifuercistas acordaron por unanimidad un petitorio para ser presentado ante la Asamblea General del gremio, la cual sería llamada para el 22 de enero de ese mismo año.

En sus seis puntos, el petitorio demandaba: 1° “Reconocimiento de la Sociedad Luz y Fuerza por parte de la Cía. de Electricidad del Sud Argentino”; 2° “Aumento de jornales y salarios” entre un 10 y un 30 % a partir de una escala que detallaba las diferentes situaciones en las que se encontraban los obreros y empleados de la Compañía; 3° “Reconocimiento de estabilidad” para obreros y empleados que sobrepasasen ciertos años de antigüedad en servicios prestados a la Compañía; 4° “Otorgación de derechos al descanso anual”; 5° Establecer la obligatoriedad de que cuando la Compañía suspendiera a obreros o empleados “…alegándose para ello falta de trabajo o escasez de materiales, como así por cualquier razón que no dañase en absoluto nuestras normas estatutarias, no podrá ésta incorporar a nuevos Empleados u Obreros que en sus tareas reemplazaran a los suspendidos”; 6° Cumplimiento de la legislación obrera.

El primer Convenio Colectivo de Trabajo local del sector

En pleno desarrollo de la presentación del pliego de condiciones ante la compañía y la Secretaría de Trabajo provincial, el 12 de enero de 1944 se conocieron las tristes noticias del trágico terremoto de San Juan.[17] Esa misma noche fue convocada con carácter extraordinario la Comisión Directiva. En sus deliberaciones se resolvió por unanimidad donar cien pesos de su caja y sumarse a la campaña solidaria en favor de los damnificados que impulsaba a nivel nacional el secretario de trabajo y previsión Juan Domingo Perón. Finalmente, a principios de febrero, serían entregados $864,70 a la Subcomisión Oficial de General Pueyrredón Pro Damnificados de San Juan. En la ciudad de Mar del Plata también adhirieron a la iniciativa los obreros de la construcción, los gráficos, los pescadores de lanchas, los chauffeurs, entre otros. Si bien la causa era motivo suficiente para despertar la solidaridad del sindicalismo argentino, la impronta obrerista –no exenta de proselitismo– que le imprimió a la campaña el coronel Perón no pasaría desapercibida, al igual que el célebre evento realizado al efecto el 22 de enero en el Luna Park.

Las tareas solidarias que desencadenó el terremoto junto a cambios legales a nivel nacional fueron retrasando la consideración del petitorio por parte del conjunto del gremio. Cuando fueron retomadas las labores al respecto, solicitaron al Departamento del Trabajo permiso para realizar su Asamblea General. Fue entonces cuando la Sociedad Luz y Fuerza se sorprendió al ser notificada de que había perdido su condición de sindicato legalmente reconocido.

Ciertamente, el 6 de diciembre el coronel Perón había derogado el Decreto N° 2669 que regulaba las asociaciones profesionales, mostrándose así receptivo de las múltiples críticas que habían enunciado dirigentes sindicales al respecto.[18] Las observaciones, principalmente, referían a su sanción de manera inconsulta, a su impronta corporativista y al excesivo control del Estado sobre las entidades gremiales. Esta modificación, en términos generales, fue bien recibida por el movimiento obrero, pero implicó una nueva adecuación legal. Frente a este hecho, la Sociedad Luz y Fuerza pidió entrevistarse con el coronel Perón, al mismo tiempo que intentaba resolver cuestiones referidas a papeles y libros que le eran solicitados para su nueva regularización institucional. Pronto descubrieron que, dada su intensa actividad gubernamental, no sería fácil conseguir una reunión con él, aun contando con la ayuda de Capelli. Sin embargo, no renunciarían a conseguirla.

Finalmente, el 25 de marzo de 1944 pudo ser realizada la Asamblea General. Allí se terminó de confeccionar el petitorio y se hicieron copias de este para ser entregadas en la compañía y en las dependencias estatales correspondientes. Con este impulso, pocos días después enviaron una nota al jefe de Asociaciones Profesionales, A. Linares Quintana, adjuntando a la misma una copia del petitorio para que fuera elevado al coronel Perón. En ella se le informaba a su vez del envío de todos los documentos solicitados luego de “la derogación del Decreto de Personería Legal”. De igual modo, designaron a tres miembros para que se entrevistasen con el secretario de Trabajo y Previsión. El objetivo principal era ponerlo al tanto de las decisiones adoptadas por la Sociedad y “…evitar cualquier entorpecimiento o maniobra de la Compañía”. La deseada reunión fue considerada imprescindible y de suma urgencia para los intereses de Luz y Fuerza. Por lo tanto, la Comisión Directiva decidió que el Sindicato correría con todos los gastos que pudiera acarrear el viaje de los delegados a la Capital Federal.

El 18 de abril, la delegación enviada a la Secretaría de Trabajo y Previsión, con sede en la Capital Federal, informaba los resultados de la reunión. Como primer punto se señaló que, al no poder ser recibidos por el titular de la citada cartera, fueron atendidos por Bernabé J. Longo, quien oficiaba de secretario privado de Domingo Mercante. Longo fue anoticiado por parte de la delegación de

… todos los pormenores de la situación de los obreros y empleados asociados a Luz y Fuerza que pertenecen a la Cia. de Electricidad del Sud Argentino de esta Ciudad, […] comenzando por los bajos salarios que perciben y el pésimo estado actual por el que atraviesan los mismos.

En su alocución, agregó que le habían sido entregadas copias de la nota y del petitorio que habían enviado con anterioridad al coronel Perón. Finalmente, detalló la respuesta del funcionario de la siguiente manera:

El sr. Longo, autorizado para ello, manifestó a continuación que se comprometía y que estaba dispuesto a hacer cumplir por parte del Directorio de la Compañía lo solicitado por la Sociedad, alegando que para ello citará en esa secretaría al Directorio para solucionar la situación y en caso de que éste se mostrara indiferente en aceptar nuestro reclamo peticional se vería en la obligación de invitar a una delegación para una nueva entrevista en esa Secretaría para tratar con ello de llegar a un acuerdo, entre la delegación autorizada por la Sociedad y el Director de la Compañía. Asegurando que en caso de no poder llegar a un entendimiento entre ambos y que el representante de la Compañía se mostrase intransigente, la Secretaría de Previsión y Trabajo nos daría amplia autorización para actuar como mejor nos plazca.

La predisposición oficial podía terminar favoreciendo al sindicato, aunque este entendía la necesidad de agotar primero las instancias institucionales y legales que había impuesto el gobierno militar. Todo era muy reciente y cambiante en la nueva situación del país. La Sociedad Luz y Fuerza impulsaba su petitorio con una novel regulación legal sancionada el 10 de marzo de 1944 por la Secretaría de Trabajo y Previsión a través de una Resolución que llevaba el número 16. Esta decretaba que sólo sería posible tomar medidas de fuerza cuando se hubiesen agotado todas las instancias posibles de negociación entre las partes involucradas y con el gobierno. Así lo explicaba El Atlántico en su edición de fines de mayo:

En primer término se establece que los obreros que promuevan una determinada reclamación deberán consignar en la Secretaría de la Dirección de Acción Social Directa [de la Secretaría de Trabajo y Previsión], por escrito o en actas que se labrarán al efecto, los puntos concretos de la misma, y todo otro antecedente que facilite a dicho organismo una investigación sumaria para establecer en el más breve plazo de tiempo posible la reclamación que se instaure. […] …los peticionantes, sean obreros o patrones serán expresamente apercibidos de que no podrán alterar las cosas mediante la declaración de huelgas, cierres o despido, mientras se sustancie la conciliación. La violación de lo dispuesto en este sentido será considerado como falta grave y determinará además de la declaración de ilegalidad del acto, sanciones para el trasgresor. La misma resolución dispone que no se dará curso a ninguna cuestión conciliatoria que se recabe cuando se hayan producido ya paros totales o parciales o su realización sea inminente…[19]

Con esta regulación legal de fondo, las palabras que enunció Longo en la reunión fueron percibidas por los delegados obreros como un apoyo al sindicato por parte de las autoridades de la Secretaría, dado que era la Compañía la que se rehusaba a negociar el petitorio. Por lo tanto, entendieron que la Sociedad quedaba en libertad de acción para impulsar legalmente medidas de fuerza para la consecución del petitorio. La cuestión no era menor si consideramos que el sindicato marplatense todavía no tenía un año de existencia, que se enfrentaba a una compañía multinacional y que la Argentina estaba gobernada por un régimen militar. De hecho, para la Comisión Directiva los resultados de la reunión habían sido tan satisfactorios que decidió “…el envío de nota a los diarios sobre la entrevista de nuestra delegación y copia de nuestro petitorio elevado a la Secretaría de Trabajo y Previsión para que se publiquen en los mismos”. Publicitar el acuerdo era, además, una forma de seguir presionando a la Compañía para lograr que se sentase a negociar el petitorio.

Con este envión, a mediados de mayo, en el libro de actas quedó plasmada la ofensiva sindical:

La Comisión Directiva, luego de un detallado estudio y vistas las informaciones expuestas por las delegaciones enviadas a la Sub delegación decide: enviar una nota a esa repartición en la fecha de hoy, en la que se notifica que comunique a la Gerencia que comparezca a esa, dentro de cinco días, de no cumplir con ello nos veremos obligados a tomar una actitud más enérgica.

El paso dado era determinante: el sindicato le imponía un plazo de cinco días a la compañía para llegar a un acuerdo sobre el petitorio. Al mismo tiempo, se predisponía a tomar medidas de fuerza para conseguirlo una vez vencida la fecha indicada, convocando a tal fin a una Asamblea Extraordinaria de socios para el 28 de mayo. Las fichas estaban jugadas, y la apuesta era clara y contundente.

Dos días antes de la realización de la asamblea, la Comisión Directiva recibió una nota de la Sub Delegación local de la Secretaria de Trabajo y Previsión. En ella, se la citaba el día 27 a las 17 horas con el propósito de realizar una reunión para considerar el petitorio en conjunto con el gerente local de la compañía. La estrategia sindical daba sus frutos y potenciaba el entusiasmo. Inmediatamente fueron designados seis miembros de la Comisión Directiva para el encuentro con “amplia autorización para considerar y establecer lo que ellos mejor crean conveniente”.

En aquella reunión la compañía presentó un memorándum y se labró un acta entre los presentes. Varios puntos del petitorio quedaron entonces sujetos a revisión. Luego de considerarlos, el sindicato respondió también con un memorándum. Se hicieron cuatro copias de este que fueron remitidas a Bernabé J. Longo, al coronel Perón y a las delegaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión de La Plata y de la localidad. En su respuesta, el Sindicato afirmaba “…que hasta el momento la Sociedad no ha obtenido éxito alguno en sus peticiones efectuadas”, al mismo tiempo que reclamaba a las autoridades una solución concreta al efecto, o que en todo caso se les dejase nuevamente en “libertad de acción”. Por último, pedían en su misiva una reunión con Perón o con Mercante.

El 19 de junio de 1944 finalmente fueron aceptadas las peticiones de la Sociedad Luz y Fuerza y, en la sede de la Sub Delegación Regional de la Secretaria de Trabajo y Previsión, se firmó con la Compañía de Electricidad el primer Convenio Colectivo de Trabajo local del sector. Este se constituyó en un logro significativo, más aún para un sindicato de reciente formación. Sin dudas, este hecho se convertiría en un pilar fundamental para afianzar el proceso de consolidación del sindicato. El resultado positivo estimuló, a su vez, las ganas de celebrar. Para ello organizaron un almuerzo a la criolla para el 9 de julio, con el objetivo declarado de conmemorar “…la efeméride Patria y festejar las mejoras obtenidas”.

Un año de existencia, consolidación institucional

El 9 de julio se realizó el almuerzo a la criolla. Aquel fue un momento de encuentro y festejo para los socios y sus familias. La ocasión también posibilitó reconocer a personalidades y autoridades que habían facilitado el desenvolvimiento del sindicato en este primer tramo. Al mismo tiempo, este reconocimiento permitiría predisponer favorablemente el apoyo de ciertas relaciones construidas para eventualidades que seguramente surgirían en un futuro no muy lejano. Por eso mismo, la Comisión Directiva invitó al Comisionado Municipal de la localidad, Teodolindo Linares, al director del diario forjista Señales Argentinas, al Comisario de la seccional 1° de la Policía y al director del diario socialista El Trabajo. A su vez, “en retribución a los servicios prestados”, le entregó un pergamino a su asesor letrado, Dr. Francisco José Capelli.

Este proceso de consolidación institucional en marcha apuntaló el carácter prioritario de ciertas actividades. Por un lado, se ponderó la necesidad de completar los trámites para obtener la Personería Gremial. La Comisión Directiva fue entonces cumpliendo con las solicitudes provenientes de la Secretaría de Trabajo y Previsión, como por ejemplo el envío de certificados de buena conducta de todos los miembros de la nueva conducción. Finalmente, en su reunión del 14 de octubre, la Comisión pudo comunicar con gran satisfacción que le habían otorgado “personería legal” a la Sociedad Luz y Fuerza, recibiendo sus libros rubricados por parte de las autoridades pertinentes.

Por otro lado, desde el mismo momento en que fue firmado el Convenio Colectivo de Trabajo comenzaron las labores para controlar y exigir su cumplimiento. Con el paso del tiempo descubrirían que esta sería una tarea constante en la actividad sindical. De hecho, ya el 30 de junio y a pocos días de su vigencia, habían instado a la compañía a que cumpliera con el convenio frente a varios casos de despido. De igual modo, se contactaron con dos inspectores enviados desde la Delegación Regional de Trabajo y Previsión de La Plata para denunciar incumplimientos. Simultáneamente, la evaluación en la práctica de la pertinencia y eficacia del Convenio implicó el inicio de su revisión y el esbozo de propuestas para su corrección y complementación.

De esta manera, la Sociedad se iba preparando en su dinámica gremial cotidiana para la siguiente negociación colectiva de las condiciones laborales y de remuneración del sector. Pensando en sus próximos pasos, se abocó también a realizar averiguaciones sobre cuestiones referidas a jubilaciones y vacaciones.

A fines de agosto, mediante la exigencia de aplicación del Convenio Colectivo de Trabajo, la Sociedad logró acordar con la compañía la plena vigencia de las vacaciones anuales pagas, un anhelo extendido en el conjunto del gremio. Los trabajadores podrían gozar de ese derecho entre el 19 de julio de 1944, fecha en que se firmó el Convenio, y el 19 de junio de 1945, excluyendo la temporada de verano en la que se incrementaba la demanda de energía y, por lo tanto, de trabajo.

Las averiguaciones y los avances respecto a las jubilaciones no fueron tan sencillas. Pronto la Comisión Directiva comenzó a recabar información sobre la situación de los socios al respecto, así como a estudiar y asesorarse sobre la Ley 11.110 que las reglaba. De igual modo, pidió informes al interventor de la Caja de Jubilaciones “respecto a las condiciones en que nos hallamos los Obreros y Empleados de la Cia. de Electricidad del Sud Argentino, relacionado con la Ley 11.110”, le envió una carta “al señor Jefe de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Empresas Particulares de Trabajo y Previsión, Don Carlos Marcelo Martínez solicitando informes referentes a la afiliación del personal de la Cia”, se entrevistó sobre el tema con los inspectores de la Sub Delegación Local y con el Comisionado Municipal Teniente Coronel G. Cremona pidiendo “solución de la Jubilación para los obreros que ya sobrepasan los años de servicio y de edad establecidos”.

En este camino, a fines de julio, la Comisión Directiva aprobó por unanimidad “la conveniencia de que en nuestro local de la sociedad sean realizadas una vez por semana enseñanzas sobre la ley 11.110 y 11.729, las que estarían a cargo del Dr F J Capelli y a las que podrían concurrir todo el asociado que lo creyera de su agrado”. Sin embargo, dos semanas después la decisión quedaba sin efecto, dado que varios socios se mostraron reticentes frente a la actividad previendo “conjeturas que al respecto pudieran insinuarse”, señalando que la decisión correspondía a la Asamblea General de Socios. No está claro en la transcripción de las actas el motivo de esta suspensión, pero podemos arriesgar que la ascendencia política de Capelli podría despertar suspicacias en el interior del grupo de militantes forjistas o en quienes no comulgaban con las ideas de FORJA y sus vinculaciones con el gobierno militar.[20] Es probable que haya existido mayor consenso sobre su rol de asesor legal que sobre su perfil de militante partidario. Más allá de la singularidad de esta ecuación, que permite diferenciar las diferentes identidades que al mismo tiempo portan las personas, fueron muchos los sindicatos que compartieron estas convicciones que pretendían favorecer la unidad obrera a partir de poner en un segundo plano las identidades políticas. Así, el rechazo al curso propuesto no impidió que le solicitaran a Capelli que gestione reuniones con altas autoridades nacionales para plantearles sus preocupaciones sobre las jubilaciones de los socios de Luz y Fuerza.

Una vez conseguida la información necesaria al efecto comenzaron las gestiones para entrevistarse con las autoridades pertinentes. Por un lado, una delegación le solicitó a Capelli que generase esas reuniones. Por otro lado, nombraron una delegación que se dirigiría a la Capital Federal con el propósito de entrevistarse con el Director de Acción Social Directa de la Secretaria de Trabajo y Previsión y con el Delegado Interventor de la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones de Empleados y Obreros de Empresas Particulares. A su vez, otra delegación iría a la Sub Delegación local de Trabajo y Previsión para pedir que se autorice a la Compañía a otorgar permiso a los obreros que compondrían la delegación destinada a la Ciudad de Buenos Aires para que pudiesen hacer abandono del trabajo, una vez recibida la orden de audiencia. De igual modo insistieron para que le exigiesen a la gerencia de la Compañía una entrevista al efecto, la cual venía demorando.

Esta era la primera gestión registrada reivindicando el permiso gremial, el que solicitaron con goce de sueldo. Más allá del posible resultado, la Comisión Directiva decidió que si la compañía no abonaba los jornales de los días en los cuales los delegados abandonasen el trabajo para llevar a cabo las gestiones gremiales, sería la Sociedad la que cubriría el pago de esos jornales. No era un tema menor para un sindicato que buscaba apuntalar su perspectiva en la localidad a través del fortalecimiento de vinculaciones en los planos provincial y nacional, situación que les demandaba realizar viajes de larga distancia.

Para potenciar las reivindicaciones impulsadas también recurrieron a los lazos gremiales que desde la fundación venían cultivando con otras asociaciones obreras del sector eléctrico. Así, el Sindicato Autónomo de Luz y Fuerza de la Capital Federal les hizo saber que la entidad se hallaba “… dispuesta a cooperar en todo lo posible en favor del mejoramiento en la Caja de Jubilaciones” y les proponía “efectuar en conjunto la solicitud de nuestros sindicatos”.

Ciertamente, desde su fundación la Sociedad de Mar del Plata había apostado por una coordinación más allá de la localidad con otras entidades del sector. Para fines de 1944, ya habían intercambiado y confraternizado al menos con el Sindicato de Luz y Fuerza de Tucumán, la Sociedad Luz y Fuerza de Río Cuarto, la Agrupación de Empleados y Obreros de la Energía Eléctrica de la República Argentina con sede en Mercedes, los trabajadores de la Usina de Necochea, el Sindicato Autónomo Luz y Fuerza de la Capital Federal y el Sindicato Autónomo de Luz y Fuerza de la República Argentina.

Esta perspectiva de coordinación gremial se complementaba en la ciudad con la búsqueda de vínculos con trabajadores de otros sectores laborales, como los cultivados con el Sindicato de Sastres, el Sindicato de Metalúrgicos, Mecánicos y Afines, la Sociedad Unión Gastronómica, la Sociedad de Obreros y Empleados Tranviarios, la Sociedad de Obreros de Bodegas y Anexos, el Sindicato de Vendedores de diarios y Anexos y la Sociedad de Matarifes de Mar del Plata. Estos últimos, en el mes de septiembre de aquel año habían realizado su primera reunión en la sede de la Sociedad Luz y Fuerza. El sindicato correspondía entonces con la práctica de solidaridad obrera de la que gozó desde el momento de su creación, afianzándose así en esa senda que marcaría sus tradiciones sindicales.

Apuntalado en esta trama de relaciones intersindicales, el 6 de noviembre su delegación viajaría a la Capital Federal para entrevistarse al día siguiente con las autoridades estatales por el tema de las jubilaciones y con el Sindicato Autónomo de Luz y Fuerza. Con este último, en particular, se proponía afianzar la coordinación gremial del sector a una escala más abarcativa que la delimitada por las jurisdicciones de los sindicatos locales.

Aquel viaje sintetizaba los logros obtenidos en poco más de un año de existencia: consolidación institucional, reconocimiento por parte de la compañía, confección de un pliego de reivindicaciones, firma de un Convenio Colectivo de Trabajo local, legalización del sindicato, desarrollo de vínculos intergremiales locales y regionales, gestiones fluidas con dependencias estatales en varios niveles, la obtención de apoyos profesionales y políticos, entre otros puntales significativos que le iban dando forma, contenido y sentido a la entidad.

Sindicalismo y política: complemento y contrapunto

Los acuerdos logrados sobre las reivindicaciones gremiales no podían ni querían disimular las diferencias políticas que cruzaban a los miembros de la Sociedad. De la lectura de las actas puede desprenderse la presencia, al menos, de militancias socialistas y forjistas, aunque no deberíamos descartar la participación de otras como las comunistas, radicales y anarquistas, así como de las que comenzaban a despuntar como laboristas y peronistas. Estas identidades obviamente excedían el plano local y se articulaban con perspectivas propias de otras escalas. Es claro que el sindicato trataba de priorizar la construcción de acuerdos sobre temas gremiales y sobre reivindicaciones puntuales, entendiendo a su vez que la política debía tener un lugar, ya fuera por las múltiples identidades de los socios como también por las relaciones que iban entablando con partidos y con el gobierno, que en ocasiones reforzaban sus planteos. Este era un aspecto ineludible en la vida sindical. Con esta evidencia intentaron balancear la situación, tarea que no estuvo exenta de conflictos y tensiones, como ya hemos referido. La complejidad del tema puede advertirse en el siguiente episodio.

La Sociedad había recibido una invitación para participar de un “mitin” de “Gremios Obreros” que se realizaría en el Teatro Colón de la ciudad de Mar del Plata, el jueves 23 de noviembre a las 19.30 hs. El acta señalaba el acuerdo logrado para que hiciera uso de la palabra el presidente en ejercicio en representación de la Sociedad y para invitar a los asociados al acto. Seguramente, muchos de los presentes estaban al tanto de que el encuentro era promovido por autoridades estatales y que coincidía con el primer aniversario de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión. De hecho, el día 22 recibieron una nota de parte de la delegación local de dicha dependencia, recordando el convite e invitándolos a una cena de camaradería que se llevaría a cabo luego del mitin de gremios obreros en el Hotel Nápoles de la localidad, cena que contaría con la presencia del Interventor de la Delegación Regional de Trabajo y Previsión de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Alberto Fretes.

El sindicato aceptó la invitación, aunque no todo saldría como había sido previsto por los dirigentes de Luz y Fuerza. El sábado 25 de noviembre, los dos delegados informaron que luego del mitin no habían concurrido a la cena de camaradería del Hotel Nápoles y pusieron su decisión a consideración de la Comisión Directiva, la cual se expidió del siguiente modo:

Luego de un prolongado debate al respecto, se resuelve que luego de lo especificado por ambos miembros y que consta que los mencionados luego de cambiar impresiones con los presidentes y secretarios de los demás gremios participantes en lo que respecta a no haberles permitido hacer uso de la palabra en el mitin como se había decidido con anterioridad y por haber cambiado o invertido en su totalidad el cariz del acto resolvieron en manifestación de protesta no concurrieron (sic) al acto en que habían sido invitados. Concluida la especificación del prescripto informe, la Comisión Directiva admite su acuerdo en lo que respecta a la resuelta aptitud adoptada.[21]

Es suficientemente conocido que muchos trabajadores y muchas trabajadoras apoyaron iniciativas de la Secretaría de Trabajo y Previsión, y principalmente de su referente principal, Juan D. Perón. Está menos difundido que esta adhesión tenía impronta y convicciones propias, y que las y los obreros también manifestaban sus desacuerdos y diferencias cuando no compartían ciertas decisiones o declaraciones. Incluso sería esta perspectiva activa la que iría moldeando ciertos aspectos obreristas del peronismo, el cual fue construido activamente también por los y las trabajadoras, en conjunto por supuesto con otras fracciones de clases sociales y varios sectores políticos. El vínculo con las principales figuras del peronismo, al igual que con los partidos políticos o con el gobierno, estaba cruzado por contradicciones y disputas propias de una relación basada, por un lado, en la necesidad de encontrar apoyos y formar alianzas sociales y políticas amplias para luchar por ciertos objetivos y, por otro lado, en las particularidades impresas en la militancia sindical de diferentes sectores obreros, muchos de los cuales se afanaron en sostener un rol protagónico con perspectivas de clase y voz propia.

Sin dudas, la política estimula la actividad sindical, pero también genera tensiones en el interior del gremialismo. Lo cierto es que las disputas internas son parte constitutiva de la dinámica gremial y no una anomalía. Previsiblemente, la Sociedad Luz y Fuerza tuvo que afrontar en términos institucionales desafíos de este tipo. Luego del mencionado acto en el teatro Colón, presentaron su renuncia José Pensado y Ángel Ríos, secretario y tesorero respectivamente. Esto generó, según la transcripción del acta, un “excitado debate”. En su transcurrir se sumaron las renuncias del presidente en ejercicio Nemecio Carugatti y la del vocal Rodolfo Laporta. Así, a poco más de un año de haber sido creada, la Sociedad sufría una crisis interna que potencialmente podría haber hecho peligrar su estabilidad y supervivencia. No era un conflicto menor: habían presentado su renuncia quienes ocupaban los cargos principales de la Comisión Directiva. Para resolver el tema, entonces, se definió un criterio que podemos suponer era compartido por la gran mayoría de los socios que venían impulsando al sindicato:

Visto el cariz que comienza a reflejarse en la determinación de ciertos miembros y que resultaría perjudicial en el desempeño de la Sociedad se decide: dejar en suspenso la determinación a adoptarse en lo que atañe en la definición de las renuncias y pasar a cuarto intermedio para el día 9 del corriente.

Las necesidades de la Sociedad, que no eran más que aquellas que habían sido acordadas por sus mismos integrantes, se pondrían de este modo por encima de las razones individuales que podían estar motorizando el conflicto. Con esta premisa, cuando retomaron la consideración de las renuncias, Ángel Ríos retiró su dimisión en el marco de un “intercambio de conjeturas” y, finalmente, por unanimidad fueron rechazadas en conjunto.

Quienes dirigían los destinos de la entidad fueron entendiendo en la práctica y a través de la experiencia que era indispensable darle cabida a las múltiples identidades y perspectivas que se expresaban en la Sociedad Luz y Fuerza, cuidando con ello los acuerdos mínimos comunes que habían construido, y que seguían construyendo, en conjunto con el colectivo obrero que representaban. Conscientes de ello, los lucifuercistas hacían esfuerzos para navegar esas aguas a veces turbulentas de la mejor manera posible.

De hecho, trataron de manejarse con cautela en este plano ante la emergencia de distintas eventualidades delicadas. Así lo hicieron cuando recibieron una invitación de la Comisión Pro Homenaje al Diario Señales Argentinas para que adhiriesen al acto que se realizaría, el día 14 de enero de 1945, en celebración del aniversario del periódico forjista y que consistiría en “un almuerzo a la criolla, oratoria y bailables autóctonos”. Luego de la deliberación al respecto, resolvieron por unanimidad:

que esta sociedad se adhiere al acto, nombrándose a nuestro presidente en ejercicio, con facultades para hacer uso de la palabra, en representación de nuestro gremio, oratoria esta que en caso de autorizarse se encuadrará en lo que atañe con respecto a las normas de nuestra sociedad. Lo que asimismo regirá para nuestro secretario (José M. Pensado), el que como Presidente de la Comisión Pro Homenaje al diario, le correspondiera dirigir la palabra, lo efectuará encuadrándose en las normas expuestas al Presidente. Se resuelve a continuación enviar notificación de nuestra adhesión al acto y nota al Diario en el día de su aniversario.

No es del todo claro lo que se les pide aquí a los oradores, aunque tampoco es difícil adivinar que se les encargaba hablar representando los acuerdos mínimos compartidos por el conjunto de los lucifuercistas y no a partir de sus inclinaciones políticas en nombre del sindicato. La precaución no estaba de más sabiendo que José Pensado era no sólo el secretario de Luz y Fuerza sino también el presidente de la Comisión Pro Homenaje del periódico marplatense de FORJA. Nuevamente asistimos a esas instancias en las que el sindicalismo y la política se cruzan y superponen, y observamos como los colectivos laborales implicados ensayaron distintas soluciones o perspectivas al respecto.

La gestación de la Federación

El avanzado proceso de consolidación institucional del sindicato dio lugar a que sus miembros destinaran energías a un objetivo pendiente que era percibido de suma importancia a los efectos de potenciar el proyecto gremial. Como hemos visto, desde el mismo momento de su fundación, la Sociedad Luz y Fuerza de la CESA se había interesado en entablar vínculos con otros sindicatos del sector pertenecientes a distintas localidades del país. De hecho, podríamos decir que los trabajadores de la electricidad de Mar del Plata fueron pioneros en el proceso de creación de sindicatos lucifuercistas en distintas localidades del país y de su vinculación entre sí.

A diferencia de otros sindicatos con más trayectoria en la Argentina –como los ferroviarios, los frigoríficos y los gráficos, por ejemplo–, las entidades gremiales de los trabajadores de la electricidad se multiplicarían recién a principios de la década de 1940. Más allá de los ya existentes en Tucumán y Rosario, recién en 1943 serían creados los sindicatos de Capital Federal, Baradero, Luján, Flores, Corrientes y Mendoza. A estas primeras entidades, se sumarían Córdoba y el Sindicato Regional de Córdoba (Villa María) en 1944. Seguramente el avance de la investigación histórica podría sumar algunos casos más a esta lista.[22]

Con este impulso y un contexto favorable para la actividad sindical, la Sociedad de Luz y Fuerza de Mar del Plata fue pionera e impulsora de proyectos federativos. Así, los días 7, 8 y 9 de julio de 1945, tempranamente participó en Villa María de un primer encuentro de unidad con el objetivo principal de crear una Federación de Sindicatos del Personal Eléctrico de todo el país. Ya entonces se habían congregado junto al anfitrión, Córdoba, Rio Cuarto, Mendoza, Santa Fe, Junín, Bahía Blanca, Mercedes y Capital Federal.

A la mayoría de los sindicatos del interior de la Argentina los unificaba su disputa con el Grupo ANSEC, propietario de más de 150 usinas dispersas a lo largo y ancho del territorio nacional. En esta situación, la conformación de la Federación brotaba desde la necesidad de aunar fuerzas para enfrentar al poderoso monopolio transnacional y como una posibilidad de concretar la unidad del sector o, por lo menos, de los trabajadores dependientes de dicha compañía. Es en este marco donde los sindicatos lucifuercistas agrupados discutieron y redactaron un proyecto de escalafón común para la compañía. A fines de 1945, finalmente, le presentarían el proyecto a la empresa y a la Secretaría de Trabajo. El contexto era propicio, el gobierno militar buscaba profundizar una alianza con el movimiento obrero organizado para enfrentar en las elecciones presidenciales de febrero de 1946 a la antiperonista Unión Democrática. Con este norte, antes de que finalizase el año 45, había sido sancionado el decreto 33.302 que legalizaba entre otras cosas el aguinaldo y el salario mínimo, vital y móvil.[23]

Previsiblemente el Grupo ANSEC rechazó el reclamo de escalafón. Frente a esta negativa y continuando con su acercamiento al movimiento obrero, el 7 de enero de 1946 la Secretaría de Trabajo fijó un aumento salarial y habilitó el nuevo escalafón para el sector. Indiferente al asunto, la empresa se mantuvo en la negativa. En contraposición, el 14 de enero en Mercedes se reunieron en plenario los sindicatos lucifuercistas y resolvieron “…parar todas las usinas de la empresa ANSEC si el 21 de enero no entraba en vigencia el nuevo escalafón”. Finalmente, aquel día 21 se paralizaron la gran mayoría de las 154 usinas del Grupo ANSEC. La medida de fuerza, tal vez la primera a escala nacional en la historia del gremio, fue tan efectiva que sólo duró cerca de dos horas, las suficientes para que la patronal diera el brazo a torcer. El paro se cumplió aproximadamente en 150 ciudades y Mar del Plata no fue la excepción.

En aquel verano de 1946, los lucifuercistas marplatenses vivieron un doble proceso. Por un lado, se sumaron decididamente y con una entidad propia a las luchas del movimiento obrero de la ciudad. Acompañaron así a otros gremios, como los gastronómicos, los obreros de las canteras y los empleados de ómnibus, que también se movilizaban y peleaban por el cumplimiento por parte de la patronal del ya mencionado decreto 33.302; o como los panaderos y los trabajadores de la construcción, que en ese momento bregaban por sus reivindicaciones particulares. Por otro lado, fueron participes de una especie de primer acuerdo colectivo de trabajo de carácter nacional para la actividad, –y por supuesto también de la lucha para conseguirlo–, firmado entre la Federación de Sindicatos del Personal de ANSEC y la Compañía.

La enunciada perspectiva federativa de carácter nacional impulsada desde el sindicato marplatense fue ratificada con su rol protagónico en las reuniones en que se nuclearon veintinueve sindicatos locales de la rama de actividad y que finalmente decantaron, el 13 de julio de 1948, en la fundación de la Federación Argentina de los Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLyF). Al año siguiente, esta entidad de segundo grado firmaría el primer convenio colectivo nacional para el sector. En uno de sus artículos, a modo de reconocimiento, se precisó que el 13 de julio sería desde entonces el día del trabajador de la energía eléctrica.

A partir de este proceso de organización, el sindicalismo lucifuercista ganó rápidamente un lugar de importancia en el movimiento obrero argentino. En términos generales, su crecimiento fue tan repentino como contundente. Así, para el año 1954, la FATLyF se ubicaba entre los diecinueve gremios más representados en el Comité Central Confederal de la CGT, central obrera que agrupaba a la gran mayoría de los sindicatos del país.[24] Esta jerarquización, a su vez, se potencia si se focaliza la mirada en las localidades. Resulta claro que si analizamos la cantidad de dirigentes elegidos para los 5 primeros cargos de las conducciones locales de las Delegaciones Regionales de la CGT diseminadas a lo largo y ancho del país, los sindicatos de base de Luz y Fuerza, pese a lo breve de su existencia, se posicionaban entre los nueve gremios más representados del país en el año 1954, ocupando diecinueve bancas en total.[25] Tal situación, de alguna manera, pone en evidencia la fuerte ascendencia que lograron los sindicatos de base de Luz y Fuerza en muchas de las localidades de la Argentina, convirtiéndose meteóricamente en una referencia territorial destacada del movimiento sindical durante el transcurso de la década peronista.

La Federación había nacido por iniciativa de los distintos sindicatos locales y regionales para coordinar las reivindicaciones de todos los obreros de la actividad económica. Podría pensarse que la federación nacional fue una necesidad de los sindicatos locales para apuntalar sus luchas y reivindicaciones, al mismo tiempo que les brindaba una plataforma de intervención en instancias supralocales que en muchas ocasiones definían situaciones puntuales en el territorio. El Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, entonces, a pocos años de su formación, ya se encontraba involucrado en la dinámica de las luchas locales, provinciales y nacionales del movimiento obrero organizado.

Reflexiones finales

Este capítulo se fue estructurando a partir de un objetivo principal: reconstruir el devenir histórico de la fundación del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, reconociendo tareas, dimensiones y escalas que se entrelazaron en dicho proceso. El caso nos interesó en sí mismo, pero a su vez quisimos detectar ejes y aspectos que podrían tener cierta relevancia para analizar otros similares, prefigurando al efecto algunos elementos comparativos.

En el capítulo describimos una serie de tareas que fueron desarrollando los trabajadores de la energía de Mar del Plata para darle forma a su propio sindicato. Estas, como se desprende del texto, fueron atendiendo cuatro dimensiones: el conflicto entre el capital y el trabajo, la organización sindical y del movimiento obrero, la institucionalidad en relación con el Estado y la articulación entre la actividad gremial y la política. Estas dimensiones, a su vez, fueron abordadas en diferentes escalas: la empresa, la compañía, la rama de actividad económica, lo local, la ciudad, lo provincial, lo nacional, principalmente.

El sindicato fue estructurado en primera instancia en torno a una empresa de la ciudad de Mar del Plata, aunque es claro que se construyó en la localidad como parte de un territorio económico, social, institucional y político más abarcativo. El cruce de estas escalas, su forma histórica concreta, debe ser atribuido a la propia dinámica del proceso, al contexto y a las coordenadas en las que se inscribía el funcionamiento de un sindicato en ese momento, pero, ciertamente, también fue una creación de los protagonistas, quienes hicieron apuestas, abriendo caminos frente a los desafíos que les fue presentando la coyuntura. Para analizar el caso, entonces, prestamos atención a esa dialéctica, tan propia de la historia humana, entre determinación y voluntad.[26]

Para concluir, podríamos arriesgar una jerarquización inicial de las variables mencionadas para explicar la fundación del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata. Si en un plano más teórico hemos distinguidos escalas y dimensiones que estuvieron articuladas en su devenir, y que podrían también estar presentes en otros casos, las acciones y tareas concretas puntualizadas, en cambio, le dieron singularidad al caso. A partir de una lectura de la situación coyuntural y en la medida de sus posibilidades, los protagonistas fueron haciendo apuestas de distinto tenor en cada dimensión y en diferentes escalas. El resultado, principalmente, tiene que ver con ello.

En su enfrentamiento con el capital, el naciente sindicato no acumuló suficiente fuerza desde su capacidad organizativa para imponerle condiciones a partir de acciones directas como huelgas, piquetes, boicots, etcétera, o mediante la amenaza de estas medidas de lucha. De hecho, un incipiente proceso gremial encarado mediante esta vía derivó en despidos de activistas gremiales. Frente a este cuadro, los trabajadores de la energía de Mar del Plata recurrieron a la ayuda solidaria de otros sindicatos de la ciudad ya constituidos y, en segunda instancia, de otros sindicatos lucifuercistas de otras regiones del país. Este apoyo externo a la jurisdicción de la empresa fue fundamental para consolidar el paso inicial.

Un segundo puntal puede reconocerse en la búsqueda de apoyo estatal para que se cumpliesen leyes y acuerdos firmados con la empresa, así como para consolidar institucionalmente el sindicato, el cual tuvo su asamblea constitutiva el 10 de julio de 1943. Si bien el Estado, y más en un gobierno dictatorial, imponía condiciones sobre la actividad gremial, los trabajadores de la electricidad también lo visualizaron como una herramienta para ganar fuerza en su enfrentamiento con el capital. Tan es así que en el gremio finalmente trascendió como fecha fundacional el día 8 de octubre de aquel mismo año, momento en el que el Estado le dio reconocimiento legal. Fue en este plano, y en distintas escalas, que se manejaron en una tensión signada por la necesidad de resolver imposiciones gubernamentales y el anhelo de gestionar apoyo estatal ante la empresa y a favor de su causa. La voluntad de sus dirigentes así como la ascendencia de su abogado laboralista fueron clave al efecto.

Sobre este último aspecto, podrían ponderarse capacidades, competencias y grados de influencia en distintas esferas que podrían estar portando quienes encabezaron el emprendimiento, constituyéndose esto en una variable explicativa de peso, como en muchas ocasiones lo hace una historiografía que pone el énfasis en los roles de hombres o mujeres que se destacaron y lideraron procesos. Sin restarle importancia, y con conciencia de las carencias que presentan las fuentes de información para aquilatar el peso de ciertas individualidades en la definición del proceso, nuestra mirada hace hincapié en el carácter colectivo del proyecto y en la participación activa de los trabajadores del sector y sus dirigentes en múltiples instancias.

En este sentido, podemos ponderar las virtudes del grupo dirigente tanto para disputar como para lograr reuniones y entendimientos con el Estado en varias escalas, mostrando un manejo efectivo de las relaciones políticas en esferas gubernamentales en un contexto de mucha incertidumbre; contexto que recién iría definiendo con mayor claridad un renovado perfil durante el año 1945. De igual modo, evidenció maduración para encauzar los anhelos y reivindicaciones de los trabajadores del sector, insistiendo en que se tramitasen las diferencias políticas en el interior del gremio de la mejor manera que les fuese posible, propiciando acuerdos mínimos que habilitaran tanto la convivencia como la posibilidad de construir perspectivas de conjunto y con carácter autónomo. De esta manera, la política, no sin conflictos, potenciaba la militancia y la gestión sindical, apuntalando así el difícil equilibrio entre la unidad gremial y la diversidad de identidades políticas. Abroquelar fuerzas en este plano sin dudas terminaría retroalimentando positivamente las posiciones que iban consiguiendo y afianzando en las distintas dimensiones: en su enfrentamiento con el capital, en su consolidación dentro del sindicalismo y el movimiento obrero, en su institucionalización en relación con el Estado y en las gestiones que vehiculizaban mediante la actividad política.


  1. Una primera versión de este capítulo fue presentada en las XVIII Jornadas Interescuelas – Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Santiago del Estero, 10 al 13 de mayo de 2022. El trabajo que le da sustento se enmarca en un convenio que hemos firmado entre el Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata y el CONICET a través del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (INHUS). A su vez, forma parte de una investigación más amplia que pronto será publicada con el título “Enérgicos. La creación del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata”, como parte del libro de divulgación histórica titulado Retazos de Historia Obrera.
  2. Con esta perspectiva hemos analizado, junto a Laura Caruso, el proceso fundacional del Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante, trabajo desarrollado en el marco de un Servicio Técnico de Alto Nivel (STAN) que hemos firmado entre el citado Centro y el CONICET Mar del Plata. Ver “Jerárquicos y sindicalistas. Los orígenes del Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante”, VI Workshop “Los conflictos laborales en la Argentina del siglo XX y XXI: un abordaje interdisciplinario de conceptos, problemas y escalas de análisis”, Instituto de Estudios Histórico Sociales (IEHS), de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, 18 y 19 de noviembre de 2021.
  3. Es llamativamente un privilegio para quienes investigamos la historia obrera poder contar con estas fuentes de información, las que en Argentina por diferentes motivos no son recurrentes ni de fácil acceso. Agradezco al sindicato de Luz y Fuerza la confianza para trabajar con su primer libro de actas. Las virtudes de materiales como este pueden apreciarse, por ejemplo, en la investigación que han desarrollado en Tucumán a partir del libro de actas del sindicato del ingenio azucarero de Villa Vista. Ver GUTIÉRREZ, Florencia y LICHTMAJER, Leandro “Apuntes para una microhistoria del mundo azucarero durante el primer peronismo. El sindicato de obreros del ingenio Bella Vista (Tucumán, 1944-1949)”, en Actas del Cuarto Congreso de Estudios sobre el Peronismo, Universidad Nacional de Tucumán, 2014. Para un análisis sobre las potencialidades y las limitaciones de los archivos sindicales en Argentina ver TARCUS, Horacio “Los archivos del movimiento obrero, los movimientos sociales y las izquierdas en la Argentina. Un caso de subdesarrollo cultural”, en Políticas de la Memoria, núm. 10/11/12, 2009/2011.
  4. Para conocer algunos aspectos sobre la estructura empresarial de generación y distribución de la energía eléctrica en la provincia de Buenos Aires y en el país puede consultarse ARAUJO, Roberto Perón y la CADE. Energía eléctrica, una relación conflictiva, Punto de Encuentro, Buenos Aires, 2009; LA SCALEIA, Luis “La energía eléctrica en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno del Cnel. Mercante, 1946 – 1952”, en PANELLA, Claudio (comp.) El gobierno de Domingo A. Mercante en Buenos Aires (1946 – 1952). Un caso de peronismo provincial, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 2009; DEL RIO, Jorge Política Argentina y los monopolios eléctricos, Cátedra Lisandro de La Torre, Buenos Aires, 1957.
  5. Coincidimos con Andújar y Lichtmajer cuando señalan que no hay que tomar lo local “como algo dado, sino como un proceso de creación social en el que intervienen múltiples sujetos (…) De este modo, lo local, además de complejo, se vuelve dinámico y requiere para su indagación un intento por recuperar la manera en que esos sujetos le dieron sentido”. Ver ANDÚJAR, Andrea y LICHTMAJER, Leandro Lo local en debate. Abordajes desde la historia social, política y los estudios de género (Argentina, 1990 – 1960), Teseo, Buenos Aires, 2019, pp. 11 y 12.
  6. En 1934 los trabajadores de la electricidad de Mar del Plata realizaron una huelga de once días exigiéndole a la Compañía de Electricidad un pliego de reivindicaciones y formaron de manera incipiente la Sociedad de Empleados y Obreros de la Usina Eléctrica, aunque finalmente no prosperaron en sus objetivos. Ver al respecto CONTRERAS, Gustavo “La formación del sindicato de la electricidad de Mar del Plata”, Taller Las comunidades obreras en debate. Procesos de formación, organización e intersecciones entre clase, género, etnicidad y territorialidad, UNMdP, 5 y 16 de agosto de 2019.
  7. Un estudio de la historia del sector editada por la empresa en Hechos de luz. Una historia de la distribución eléctrica, desde la usina eléctrica hasta nuestros días, EDEA, Mar del Plata, 2007; una mirada atenta a diferentes aspectos de la ciudad puede consultarse en la compilación, Mar del Plata. Una historia urbana, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1991.
  8. El Atlántico, 11 de junio de 1943. En el marco de la Segunda Guerra Mundial, es probable que el señalamiento del “carácter democrático” hiciera referencia a un acuerdo no tan implícito entre quienes participaban en el campo de los Aliados que enfrentaban a las fuerzas del Eje. Puede suponerse que tal apelación frente a una compañía de capitales norteamericanos podía llegar a tener alguna incidencia positiva para el proyecto de sindicalización de los trabajadores en el plano local. Es conocido que en otras ramas de actividad, como en los frigoríficos por ejemplo, este tipo de alineamientos en el plano internacional facilitó ciertos entendimientos entre el gremialismo y las gerencias de las empresas. Ver por ejemplo PORRINI, Rodolfo “Experiencia e identidad de la nueva clase obrera uruguaya: la huelga frigorífica (montevideana) de enero de 1943”, en História Unisinos, núm. 6, Rio Grande do Sul, 2002.
  9. Sobre la historia del movimiento obrero de Mar del Plata en la primera mitad del siglo XX ver PASTORIZA, Elisa Los trabajadores en Mar del Plata en vísperas del peronismo, CEAL, Buenos Aires, 1993; NIETO, Agustín Entre anarquistas y peronistas. Historias obreras a ras de suelo, CETHI – Imago Mundi, Buenos Aires, 2018; DORADO, Gustavo, GONZÁLEZ, Lucas y SPADARI, Oscar Entre andamios y bibliotecas. Orígenes del movimiento obrero en mar del Plata, 1890 – 1930, Suárez, Mar del Plata, 2013.
  10. Salvo aclaración, la información y las citas de este capítulo corresponden al libro de actas de la Comisión Directiva de la Sociedad Luz y Fuerza de Obreros y Empleados de la Compañía de Electricidad del Sud Argentino. Las citas textuales serán reproducidas en el cuerpo del texto entre comillas. Las reuniones transcriptas en el libro de actas transcurrieron entre el 10 de julio de 1943 y el 12 de mayo de 1945.
  11. El Atlántico, 31 de julio de 1943. Las notas de este diario que se citan en el capítulo fueron facilitadas por Agustín Nieto, a quien agradezco su generosidad.
  12. Analicé en extenso las diferentes perspectivas de los trabajadores frente a la injerencia del estado y el gobierno peronista en El peronismo obrero. Consideraciones a partir del devenir político y sindical de los trabajadores de los frigoríficos, GEU-EUDEM, Buenos Aires – Mar del Plata, 2018.
  13. En la reunión del día 31 de julio, con la presencia de 56 trabajadores del sector, se organizó una ayuda solidaria para los despedidos. Se aprobó en la asamblea que todo aquel que percibiera un sueldo de hasta ciento cincuenta pesos aportaría dos pesos; y cinco pesos quienes cobraran una cifra mayor a ciento cincuenta y un pesos. Finalmente, el 27 de octubre de 1943 la Comisión Directiva resolvía entregar a cinco trabajadores despedidos la cantidad de $57,70 a cada uno, aportes provenientes de la colecta solidaria realizada en favor de aquellos que habían sido suspendidos por la Compañía a causa de “haber decidido agremiarse y fomentarlo entre el resto de los compañeros”.
  14. Ver Decreto 2669 (20 de julio de 1943), en Anales de Legislación Argentina, 1943, La Ley, Buenos Aires.
  15. Esta corriente se constituiría poco después como Frente de Trabajadores Manuales e Intelectuales en el interior del movimiento peronista de la ciudad. Ver GARCIA, Delia “FORJA en la conformación del peronismo”, en MELON, Julio y QUIROGA, Nicolás (comps.) El peronismo bonaerense. Partido y prácticas políticas, 1946 – 1955, Suárez, Mar del Plata, 2006.
  16. El 30 de septiembre, un correligionario de Capelli, cuyo nombre de pila era Marcos, le enviaba una carta con destino a Montreal, con membrete del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Culto. En la misiva le destacaba que “hay que afianzar el movimiento revolucionario”, y al mismo tiempo reconocía las labores que estaba desarrollando en la conferencia la “delegación de esos valientes muchachos criollos que desde Montreal están defendiendo los colores argentinos”. A su vez, enfatizaba: “Mucho me alegra saber que la Delegación ha sido aceptada en su integridad, no obstante los rumores contradictorios; en cuanto a la declaración reconociendo la legitimidad del movimiento obrero argentino ello constituye una prueba evidente del triunfo del peronismo nuestro…” Con esta última frase hacía alusión también a la perspectiva propia que el grupo FORJA tenía para el sindicalismo argentino: “nuestros obreros argentinos habrán de ser un ejemplo que será reconocido dentro de algunos años cuando la CGT centralice a todos los trabajadores, los manuales y quizá también los intelectuales y demuestren al exterior lo que es capaz de hacerse en la Argentina”. Advertía a su vez que le remitiría el informe que le hacía llegar a todas las Embajadas y que su próxima misiva la dirigiría a Nueva York, situación que nos hace presuponer que tal ciudad sería el destino siguiente de Capelli. Finalmente, le comentaba que el 29 de septiembre habían estado en Ensenada con “el General” y junto a “todos sus amigos, Leloir, López Francés, Maraillech, Jauretche, Tavella y Dibur”. Carta a Capelli, 30 de septiembre de 1946, Archivo Francisco José Capelli.
  17. Sobre el terremoto de San Juan ver HEALEY, Mark El peronismo entre las ruinas. El terremoto y la reconstrucción de San Juan, Siglo XXI, Buenos Aires, 2013.
  18. Decreto 15581 (6 de diciembre de 1943), en Anales de Legislación Argentina, 1943, La Ley, Buenos Aires. Será el 2 de octubre de 1945 cuando se vuelva a reglamentar legalmente la Ley de Asociaciones Profesionales (ver Decreto 23852, en Anales de Legislación Argentina, 1945, La Ley, Buenos Aires).
  19. El Atlántico, 31 de mayo de 1944.
  20. Delia García, en su texto ya referido, señaló que en Mar del Plata el grupo forjista estaba atravesado por disputas internas entre dos fracciones, una encabezada por Capelli, Secretario General de FORJA a nivel Nacional (1944 – 1945) y director del periódico forjista nacional La Víspera, y otra liderada por Rolando Bereilh, quien oficiaba de referente en la ciudad y dirigía el periódico forjista local Señales Argentinas. Ver GARCÍA, Delia “Forja en…”, cit. El capítulo de García resalta que, a diferencia de otros lugares en los que también se desarrolló FORJA, en Mar del Plata logró organizar y militar ampliamente dentro de las filas del movimiento obrero, un rasgo más bien propio frente al desenvolvimiento asentado en grupos universitarios y políticos que tuvo en otras regiones del país.
  21. Según la nota de El Atlántico sólo hicieron uso de la palabra los dirigentes de la Sociedad de Peluqueros, la Sociedad de Conductores y Guardas de Ómnibus y la Sociedad de Bodegas y Anexos de Mar del Plata. De igual modo señaló que la cena en el Hotel Nápoles fue patrocinada por la Sociedad de Patronos y Oficiales de Peluquería. En la misma tomaron la palabra varios representantes sindicales. Ver El Atlántico, 24 de noviembre de 1944.
  22. Sobre el caso cordobés y la construcción de carácter federativo a nivel nacional, ver 60 años de Historia, Sindicato Regional Luz y Fuerza Córdoba, Córdoba, 2004. En línea: https://bit.ly/3dRfki1
  23. Este proceso histórico puede seguirse con una mirada atenta al movimiento obrero en DI TELLA, Torcuato Perón y los sindicatos. El inicio de una relación conflictiva, Ariel, Buenos Aires, 2003; DEL CAMPO, Hugo Sindicalismo y peronismo. El inicio de un vínculo perdurable, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004 [1983]; JAMES, Daniel Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976, Sudamericana, Buenos Aires, 1990; TORRE, Juan Carlos La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo, EDUNTREF, Buenos Aires, 2006 [1990]; DOYON, Louise Perón y los trabajadores. Los orígenes del sindicalismo peronista, 1943-1955, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006 [1978].
  24. Ver Memoria y Balance de la CGT, 1954, CGT, Buenos Aires.
  25. Hemos desarrollado un análisis con este enfoque en CONTRERAS, Gustavo, “Las delegaciones regionales de la CGT durante el primer peronismo”, XVII Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Catamarca, 2-5 de octubre de 2019.
  26. Para un análisis interesante sobre esta dialéctica ver GRAMSCI, Antonio Antología, Siglo XXI, 2004, en especial “La revolución contra El Capital”, pp. 34-37, y “Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas”, pp. 409 – 422.


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