La migración haitiana por la región Andina y Ecuador
Iréri Ceja y Jacques Ramírez
Introducción
Estudiar la migración haitiana en sus tránsitos y permanencias por la región Andina, y particularmente por el Ecuador, implica una serie de desafíos para los estudios migratorios. Primero, porque nos obliga a pensar en los límites de ciertas categorías clásicas de los estudios migratorios como la propia noción de migrante (Stefoni, 2017) dados los diferentes movimientos y las distintas violencias a los que la población haitiana se ha visto expuesta (del capital, desastres naturales, desplazamiento forzado, racismo, intervencionismo político, militar y humanitario) y la forma en la que las desigualdades y violencias económicas, políticas y ecológicas se intersectan en las distintas geografías, lo que Audebert (2017) llama de vulnerabilidad multidimensional. En segundo lugar, porque durante la última década los flujos y los destinos se han transformado continuamente, a la par que las políticas de movilidad y control migratorio frente a esta población (Joseph y Audebert, 2022), lo que hace difícil pensarla desde trayectos unilaterales origen-destino y frente a nuevas posturas estatales que fueron ambiguas en un primer momento –en una mezcla entre políticas de hospitalidad y hostilidad– y a un segundo momento abiertamente restrictivo, como parte del fortalecimiento del régimen global de gobernabilidad migratoria (Mezzadra y Neilson, 2013). La retórica humanitaria, envuelta en la creación de visas ad hoc, procesos de regularización acotados, diversos decretos gubernamentales y acuerdos regionales (explícitos o implícitos), así como discursos sobre la compasión y el sufrimiento de los migrantes (Fassin, 2016), han empañado la mirada crítica sobre las prácticas de control, securitización y la precarización migrante.
Aunado a esto, los proyectos migratorios (Ma Mung, 2009) se van transformando frente a las coyunturas, en movimientos que muchas veces son imposibles de etiquetar bajo categorías tradicionales como tránsitos, destinos e incluso orígenes[2]; más aún considerando que un porcentaje importante de la población haitiana en Suramérica había residido en República Dominicana y que durante la última década una misma persona ha podido residir en distintos países de la región. Sostenemos que la migración haitiana en esta región puede ser pensada dentro de un continuum migratorio, en el que los Estados y la sociedad, por acción y omisión, producen y sostienen prácticas y relaciones que mantienen las vidas migrantes al margen, y generan así la incomodidad, violencia y discriminación necesaria para mantener a los haitianos en movimiento, como un mecanismo de control y exclusión. Dentro de este continuum, la región Andina y Ecuador disputan distintos sentidos en distintos momentos, ora como entrada a una región, ora como espacio de tránsito flexible y clandestino, ora como región de permanencia. Dentro de este continuum[3], los haitianos y haitianas construyen y reconstruyen proyectos migratorios, con un cierto grado de autonomía, capacidad de hacer, para organizar y proyectar el devenir, así sea precariamente. Por márgenes nos referimos tanto desde una mirada periférica (espacial y socialmente hablando) como el espacio entre la norma y los cuerpos de los migrantes en movimiento, parafraseando a Das y Poole (2004).
Además, los procesos de racialización –en territorios ya racializados–, frente a una población leída como negra, mulata o afrodescendiente (el término varía entre los países de Suramérica), tienden a homogeneizar a personas heterogéneas con capitales y estrategias distintas de movilidad e inserción, y en tensión permanente frente a políticas de restricción migratoria, de control racializado (Trabalón, 2020) y producción estatal de irregularidad migratoria (De Génova, 2002).
El objetivo de este capítulo es analizar las transformaciones de las políticas estatales en la región Andina frente a la migración haitiana en el periodo 2010-2019 y con ello el ajuste de los proyectos migratorios de dicho flujo en el Ecuador. Adicionalmente se mira cuantitativamente los perfiles de dicha población asentada en la provincia de Pichincha, lugar donde se concentra la mayoría de esta migración.
Metodológicamente este texto se alimenta de diferentes fuentes. En primer lugar, de estudios preliminares que han trabajado sobre la migración haitiana en la región Andina y Ecuador; en particular se revisitan algunos datos del trabajo etnográfico realizado en la ciudad de Quito (Ceja, 2014). En un segundo momento, se analiza el marco jurídico y las políticas migratorias (leyes, decretos, visas, entre otros) y los datos oficiales de flujos migratorios durante la década 2010-2019. Y, finalmente, se alimenta de las fichas de atención a la población haitiana por parte del Gobierno de la Provincia de Pichincha[4].
Para una mejor compresión, este texto se divide en tres partes: en la primera de ellas se analiza la configuración de la región andina, y particularmente del Ecuador, como región de tránsito y de permanencia; en la segunda se evidencia la exacerbación de las medidas restrictivas, correspondiente con un régimen global migratorio que continúa fortaleciéndose y precarizando los tránsitos; finalmente, el tercer apartado caracteriza la población haitiana[5].
I. La región Andina en las trayectorias migratorias
Al consolidarse el Brasil como destino preferencial de los flujos haitianos a partir del año 2010 (Metzner, 2014), la región Andina tomó una importancia central en las trayectorias de estos migrantes, y formó parte de un nuevo sistema migratorio regional haitiano (Audebert, 2017). En ese paisaje, Ecuador se convierte en un nodo articulador de la migración haitiana tanto para aquellos que van en dirección sur-norte como en dirección sur-sur (Ramírez, 2021).
Si bien la presencia haitiana en Suramérica, y particularmente en el Ecuador, antecede al terremoto de 2010 –de ahí la importancia de recordar los vínculos de larga data–, esta migración alcanza otra magnitud posterior a dicha fecha, y genera respuestas estatales y crea redes que antes no existían[6]. Tras una década de reconfiguraciones permanentes de la migración haitiana, proponemos pensarla como un continuum migrante dentro del que se generan disputas, luchas, deseos y búsquedas, así como políticas de exclusión, irregularización e invisibilización estatal que se sostienen a lo largo del tiempo y del espacio.
La diversidad de experiencias, capitales (sociales, económicos y culturales), niveles educativos y expectativas de quienes llegaron a la región desde el año 2010 y a lo largo del tiempo son imposibles de capturar en un único perfil migrante, tal como dan cuenta investigaciones previas (Silva et al., 2021; Trabalón, Glesyde y Damas, 2021; Montinard, 2020; Berganza, 2017; Ceja, 2015 y 2014; Vásquez, Busse e Izaguirre, 2015; Nieto, 2014). Joseph (2015) rescata dos categorías nativas haitianas que dan cuenta de la heterogeneidad y de las jerarquías establecidas entre los migrantes. Estas son kongo (los recién llegados y provenientes del campo) y vyewo (que generalmente son aquellos que vienen de las ciudades y/o que han logrado enraizarse y empoderarse en las nuevas localidades). Tal como señala este autor, entre estas categorías no hay diferencias de clase, etnicidad ni nacionalidad, y sin embargo son fuertes marcadores de desigualdad.
Es decir, un gran porcentaje de quienes llegaron a la región tenían experiencias previas de migración, tanto interna –del campo a la ciudad– como internacional, por quienes habían residido en República Dominicana. Eso da cuenta de un capital migrante que los haitianos y haitianas poseían frente al desarraigo (Bourdieu y Sayad, 2017; Durand, 2022), el dominio de varios idiomas, la vivencia de políticas de control y exclusión y el desarrollo de estrategias frente a estas, así como la elaboración y mantenimiento de redes transnacionales; sin embargo, esto simultáneamente evidencia experiencias migratorias frustradas en las que no se logra solucionar la precariedad (Ceja, 2015). A estas vivencias previas se sumará una década de movimientos, experiencias y exclusiones para muchas personas que continúan transitando, buscando y luchando a través del continente. Trabalón (2021) sostiene que la decepción generalizada que experimentan los migrantes haitianos, producto de la racialización y el control, es un motor central para entender sus tránsitos en los países del sur y las dinámicas de circulación hacia el norte global.
Podemos pensar las llegadas y traslados de la migración haitiana por la región Andina, en un primer momento, a partir de dos tipologías: la primera incluye traslados aéreos, sorteo de marcos de discrecionalidad y entradas por puestos de control; el segundo proceso es realizado por tierra, y generalmente sorteando puestos de control. Así, de modo general, la llegada a la región a partir del año 2010 iniciaba en Puerto Príncipe, Haití o Santo Domingo, en República Dominicana, y por vía aérea se llegaba a Quito o Guayaquil, en el Ecuador. Estos vuelos, al no ser directos, implicaban una escala en Panamá o Bogotá, como se observa en el siguiente mapa (Imagen 1). La ruta preferida fue por Panamá debido a las prácticas restrictivas y de acoso por parte de las autoridades colombianas en el aeropuerto de Bogotá. Para quienes lograron esquivar Colombia a su llegada y que tras algunos años decidieron seguir hacia el norte, este país se volvió un paso obligatorio, y tuvieron además que enfrentar un tránsito peligroso por la selva del Darién, ubicada entre dicho país y Panamá. Ya en el Ecuador el viaje es emprendido por tierra hasta el Brasil, evitando los puestos de control migratorio en la frontera del Ecuador y el Perú. En algunos casos el tránsito incluía a Bolivia[7].
Imagen 1. Rutas de ida y vuelta y su paso por Ecuador

Fuente: elaboración propia.
II. Trayectos y políticas de tránsito y residencia en el Ecuador
Si bien tras el sismo del año 2010 en Haití los gobiernos de turno en el Brasil, el Ecuador, Venezuela[8] y Chile promovieron algunas políticas de regularización migratoria a través de amnistías y visas humanitarias, que se ampararon en un discurso humanitario, pasado el tiempo la tendencia ha sido generar políticas abiertamente restrictivas para con la población haitiana. De tal forma, el caso haitiano nos permite mirar cómo el gobierno humanitario va consolidándose a través de los vínculos entre un discurso de cuidado y protección para las “víctimas” del terremoto y las prácticas de control (señaladas en el anterior capítulo), presentes desde el primer momento, como una forma de activar mecanismos de inclusión/exclusión diferencial, reafirmando el rol del Estado en la producción de la irregularidad migratoria (Trabalón, 2018).
En el Ecuador, con Rafael Correa en la presidencia, se habilitó la entrega de visas por cinco años con exención de pago a quienes hubieran entrado en el país antes del 31 de enero de 2010. Tal como se señaló en el Decreto 248/2010,
… la catástrofe del 12 de enero de 2010 afectó sustancialmente a la sociedad haitiana en su territorio y en el exterior, por lo que la República del Ecuador –integrante de la comunidad internacional– se halla en la obligación de promover y desarrollar políticas que garanticen los derechos humanos y la protección de las hermanas y hermanos haitianos en el Ecuador (Asamblea Nacional, 2010).
Esta medida fue pensada para regularizar a la población haitiana que ya residía en el Ecuador y permitir la reunificación familiar, pero simultáneamente buscaba desincentivar la llegada de más haitianos, al regularizar solamente a quien entrara antes del 31 de enero de ese año, es decir, hasta 19 días después de ocurrido el terremoto. Como se observa en la siguiente tabla, el número de beneficiados por esta medida fue de apenas 392 personas, quienes –nos arriesgamos a decir– en su mayoría ya vivían en el Ecuador, concentradas particularmente en la capital ecuatoriana. Fue una visa especial entregada por un periodo de cinco años.
Tabla 1. Visa 12XI para ciudadanos haitianos (2010)
Quito | Guayaquil | Manta | Cuenca | Total |
380 | 9 | 3 | 0 | 392 |
Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador. En Ortiz (2016).
Los haitianos siguieron entrando, debido al cambio en las políticas migratorias ecuatorianas implementadas desde el año 2008, que habilitaba el ingreso a personas de cualquier nacionalidad sin necesidad de una visa, en calidad de turistas[9]. De 2012 a 2013 hubo un incremento exponencial de ingresos de personas haitianas, con una tasa de crecimiento del 515 %. En marzo del año 2013, el gobierno ecuatoriano anunció la decisión de solicitar una carta de invitación para personas de nacionalidad haitiana. Esta medida, que sin embargo fue suspendida antes de ser aprobada, fue una primera tentativa de cierre selectivo de fronteras, desincentivación e impedimento de libre tránsito por el país (Ceja, 2015). Sin embargo, en la práctica, tal como fue observado en el trabajo anterior (Ceja, 2014), se aplicaba ya un cierre selectivo a través de agentes migratorios en los aeropuertos de Quito y Guayaquil que, bajo el principio de discrecionalidad, se atribuían la potestad de impedir el ingreso, alegando que quienes llegaban eran “falsos turistas” o víctimas de tráfico.
Las llegadas de migrantes haitianos continuaron en 2014 y 2015 (en 2014 el saldo migratorio llegó a su pico más alto al registrar aproximadamente 14.000 haitianos). A partir de agosto de 2015, el gobierno implementa un Sistema de Validación Turística para población haitiana, un trámite que se debía realizar desde el exterior y que no garantizaba la respuesta positiva por parte del gobierno ecuatoriano una vez solicitado; por el contrario, se rechazaba un amplio número de solicitudes de haitianas y haitianos que no podían comprobar ser turistas. Esta medida (que, como se verá más adelante, fue efecto de una reunión multilateral solicitada por el Brasil) constituyó una externalización del control migratorio que redujo considerablemente los ingresos al país desde 2016 en adelante, tal como lo muestra el siguiente gráfico.
Gráfico 1. Saldo migratorio de haitianos en el Ecuador (2010-2019)

Fuente: elaboración propia con base en datos del Ministerio de Gobierno.
Dichas restricciones no solo se aplicaron en el Ecuador, sino también en otros países de la región. Uno de ellos fue el Perú, país que es fundamental analizar para la comprensión de la movilidad haitiana por Ecuador (Burbano, 2017; Ceja, 2014; Ortiz, 2016; Vásquez, Busse e Izaguirre, 2015). El 25 de enero del año 2012, el gobierno del Perú implementó una visa de turismo para personas de nacionalidad haitiana. Eso no detuvo los tránsitos, simplemente los precarizó al tornarlos irregulares fuera de los puestos fronterizos. Por tal motivo, no es posible saber cuántas de las personas que ingresaron al Ecuador permanecieron en el país y cuántas continuaron los tránsitos por el Perú. Si en el caso del Ecuador es difícil capturar esta información a partir de lo que se conoce como “saldos migratorios”, en el caso del Perú es todavía más complicado debido a que tanto los ingresos como los egresos se realizaron en mayor medida de forma irregular (Ceja, 2015).
Sin embargo, gracias a otras investigaciones es posible reconocer tendencias disímiles entre ambos países andinos. A diferencia del rol cambiante del Ecuador (tanto como tránsito y destino), el Perú siempre ha tenido un carácter predominantemente transitorio para las y los haitianos (Vásquez, Busse e Izaguirre, 2015). Las esperas en algunas ciudades generalmente eran para recibir remesas enviadas por familiares en el exterior, como estrategia de protección frente a robos y extorsiones, o con la intención de trabajar por breves periodos de tiempo para reunir dinero y para pagar a los coyotes, raketè o ajans (Joseph, 2015) que los llevaran al Brasil. En Madre de Dios se volvió más evidente la presencia de migrantes trabajando en la construcción, tala de árboles y minería irregular de oro, así como de algunas personas que se quedaron y formaron familias (Vásquez et al., 2015).
A partir del año 2012, el gobierno brasileño habilitó la posibilidad de conceder visas a través de sus consulados, lo que puede ser entendido también como una práctica de control migratorio y fronterizo (Trabalón, 2018) y de gestión migratoria desterritorializada. Sin embargo, esta nueva política, que posibilitaba la solicitud desde el Caribe, evitando el trayecto por la región Andina, no cambió en un primer momento radicalmente los tránsitos, ya que “menos del 20 % de quienes tenían como destino final Brasil volaban desde Haití al territorio brasileño” (Ceja, 2015).
Esto puede tener distintas explicaciones: los rumores, la desinformación, los discursos contradictorios o poco claros entre agentes de Estado, facilitadores y migrantes y experiencias negativas previas, como parte de una precariedad migratoria, también son centrales en las decisiones o caminos elegidos (Ceja, 2022). De modo que, si bien la desinformación sobre el cambio en las políticas juega un papel importante, no es el único factor. A esto habría que sumarle la desconfianza por parte de los migrantes frente a las burocracias estatales –en principio de Haití, República Dominicana y el Brasil, pero a esto se agrega la del Ecuador y el Perú–, donde conviven algunas prácticas de derechos con lógicas de restricción y discrecionalidad, además de la ineficiencia, que generan un sentimiento de ambigüedad e incertidumbre por parte de los migrantes en el contacto con los agentes de los distintos Estados. Frente a esto, muchas veces resulta más confiable y efectiva la información brindada por sus propias redes, agencias y raketè.
Así que Ecuador siguió siendo un punto nodal y articulador de los tránsitos hacia el sur, pues muchos haitianos solicitaban la visa brasileña en el consulado de la capital ecuatoriana, con la intención de tomar un vuelo desde ahí al Brasil. Sin embargo, esto también resultó complejo. Primero porque las citas que el consulado brasileño otorgaba a los haitianos para la solicitación de la visa muchas veces excedían el periodo de los tres meses en que estaban habilitados para permanecer en el Ecuador. Paradójicamente, y como parte de una política de la espera (Silva y Miranda, 2020; Ceja, 2022), quienes querían ingresar por los canales regulares al Brasil eran irregularizados en el Ecuador. Pero, además, ello incrementaba los costos de manutención en el país andino, por lo que muchas personas acababan “comprando turnos”, acortando las esperas, o continuaban el trayecto al Brasil por vía terrestre, atravesando Perú, sin la visa.
En este primer momento de tránsitos hacia el sur, distintos han sido los proyectos migratorios en el Ecuador: quienes buscaban permanecer en el país debido a las redes de apoyo con las que contaban; quienes llegaron al Ecuador con la intención de continuar al Brasil y acabaron quedándose, y quienes pretendían permanecer en el país andino –con una economía dolarizada que lo volvía atractivo– pero no encontraron las condiciones de vida para permanecer (por ejemplo, regularizarse, poder estudiar, conseguir trabajo) y continuaron.
Por otro lado, solicitar refugio, que podría ser considerado una salida para brindar protección a las personas afectadas por el terremoto, en la práctica no fue una posibilidad habilitada por el Estado ecuatoriano. La siguiente tabla nos muestra que en el periodo comprendido entre 2010 y 2016 762 personas de nacionalidad haitiana solicitaron refugio atendiendo a la necesidad de protección internacional; sin embargo, solo se les otorgó a seis, el equivalente al 0,78 %.
Tabla 2. Solicitantes de refugio y refugiados reconocidos de nacionalidad haitiana (2010-2016)
Año | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014 | 2015 | 2016 | Total |
Solicitantes de refugio | 374 | 173 | 37 | 35 | 39 | 60 | 44 | 762 |
Refugiados reconocidos | 2 | 3 | 1 | 0 | 0 | 0 | 0 | 6 |
Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana. En Ortiz (2016).
Estas cifras nos ayudan a problematizar las concepciones estáticas que los Estados, en este caso el Ecuador, tienen sobre el refugio, donde poblaciones como la haitiana no son acreedoras de esta protección. En este sentido, los flujos haitianos han significado un cuestionamiento importante para categorías como la de migrante y la de refugiado, y para el propio sistema de protección en América Latina. La disminución en el número de solicitudes y en el reconocimiento como refugiados a lo largo del tiempo es resultado de un endurecimiento de las políticas y un aprendizaje migrante para buscar nuevas vías de regularización.
Al analizar el número y tipo de visas otorgadas entre 2010 y marzo de 2016, se observa en primer lugar que se otorgaron 349 visas de estudiante y solamente 11 de trabajo. Se entregaron 180 visas para misioneros y voluntarios religiosos y 301 de visitantes temporales con fines específicos (deporte, salud, ciencia, arte, comercio). Solo 277 de transeúntes y visitantes temporales. Finalmente, como ya se comentó, se entregaron 392 como parte del proceso de regularización de 2010 y 153 como parte del proceso de regularización especial de 2015, que como se verá más adelante acompañaba a la imposición de la solicitud de visa de turista para haitianos, lo que en términos eufemísticos y legales se denominó el Sistema de Validación Turística. Como muestra el gráfico siguiente, el número total de visas entregadas a ciudadanos haitianos durante el periodo analizado fue de 1695, un número bastante reducido para la cantidad de personas que permanecieron en el país, lo que nos habla de un fuerte proceso de irregularización.
Gráfico 2. Visas de no inmigrante emitidas a ciudadanos haitianos en el Ecuador, 2010-2016 (marzo)

Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana. En Ortiz (2016).
A inicios del año 2013 se inauguraron en la capital la Embajada y el Consulado de Haití, lo que generó muchas expectativas con relación a una representación diplomática que pudiera ejercer presión frente al Estado ecuatoriano para habilitar vías de regularización migratoria. Este espacio facilitó el acceso a documentación, en la medida en que ofrecía servicios de renovación de pasaportes, actas de nacimiento y documentos de pasado judicial, gestiones que antes no podían realizarse en el Ecuador y que impedían diversos trámites burocráticos. Sin embargo, esto no tuvo mayor impacto en torno a las gestiones diplomáticas que facilitaban mecanismos de regularización: por el contrario, las medidas restrictivas continuaron incrementándose.
El Sistema de Validación Turística y la transformación de los proyectos migratorios
Desde 2012 el Brasil venía ejerciendo presión a los gobiernos del Perú y Ecuador para contener los flujos haitianos, una de las razones por la que el gobierno peruano de Ollanta Humala implementa la visa. Sin embargo, dichas medidas no habían sido acatadas en el Ecuador, lo que ocasionó ciertos roces diplomáticos entre ambos países. Sin embargo, a partir de 2015, y con mayor fuerza en 2016, cambia las condiciones que habían permitido a la población haitiana trasladarse por el territorio suramericano, pasar por la región andina y asentarse en el Brasil.
La crisis económica en el Brasil y las políticas restrictivas cada vez más evidentes en Suramérica, y particularmente en la región Andina, hicieron que los haitianos volvieran a repensar sus proyectos migratorios y reconsiderar destinos de larga data como Estados Unidos o Canadá, a la par que se incrementaron los flujos a lugares que ya eran frecuentes, pero no centrales, como Chile y en menor medida la Argentina, las Guayanas o México.
En julio del año 2015 se llevó a cabo una reunión multilateral en Brasilia, convocada por el Brasil, con representantes gubernamentales del Perú, Ecuador y Bolivia, para discutir sobre la migración irregular haitiana que llegaba a este país y crear medidas, que en palabras institucionales, “fortalecieran la migración segura y ordenada”. En dicho encuentro, el Brasil reconoció las medidas de control y restricción de movilidad haitiana llevadas a cabo por el Perú y Bolivia e invitó al Ecuador a crear medidas que disminuyeran el paso por vía terrestre desde ese país, bajo el discurso del combate a las redes de tráfico y la protección de los derechos humanos.
Es a partir de esta reunión que desde el 15 de agosto de 2015 Ecuador comienza a implementar el Sistema de Validación Turística para ciudadanos haitianos que quieran ingresar a territorio nacional. Dicho trámite debe realizarse en línea, a través del portal del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, donde se debe llenar, descargar, firmar y escanear un formulario de información personal, al que debe adjuntarse la copia del pasaporte con vigencia de seis meses. La misma página señala que “los ciudadanos haitianos que deseen viajar al Ecuador solamente podrán adquirir los pasajes de manera presencial a través de la aerolínea o de una agencia de viajes”, en caso de haber sido aprobados. Además, recibirán un código alfanumérico que deberá ser entregado a la aerolínea para la adquisición del pasaje aéreo y al agente de migración a su arribo a Ecuador.
Si en el año 2015 entraron 14.658 personas haitianas, en 2016 la cifra disminuyó drásticamente a 467. Los datos muestran claramente cómo a partir de la puesta en funcionamiento de dicha medida se impidió radicalmente el ingreso de población haitiana en el Ecuador: de agosto de 2015 a marzo de 2016 solicitaron la validación turística 3588 haitianos y solo se la aprobó a 722 personas; es decir, apenas el 20,12 % obtuvo el permiso para ingresar al país, mientras que al 79,88 % le fue negado (Ortiz, 2016).
El Sistema de Validación Turística oculta una realidad jurídica y otra fáctica, además que se intenta legitimar los dispositivos de control (Ceriani, 2016) y constituye un ejemplo claro de la externalización del control e incremento de requisitos migratorios, como parte de un régimen global de las migraciones que genera un ingreso (o rechazo) diferenciado por nacionalidad, grupo étnico o clase.
La transformación de los proyectos migratorios y el flujo de población haitiana que dejó el Brasil y comenzó a dirigirse hacia Estados Unidos se incrementó desde el año 2015 y ha continuado el último lustro con altibajos. Sin embargo, en 2021 se observó un importante aumento de migrantes haitianos en tránsito por la región Andina, ahora en dirección sur-norte. Se trata de una ruta que ya era frecuentada desde el Ecuador a Estados Unidos por población cubana y de otras nacionalidades y que en 2015 había sido interrumpida por el cierre intempestivo de las fronteras de Costa Rica y Nicaragua para los cubanos que se dirigían hacia Estados Unidos (Moreno, 2019; Correa, 2019). Es importante señalar que, desde antes de 2016, esta ruta por la región Andina como tránsito para llegar a destinos históricamente valorados por parte de la diáspora haitiana como Estados Unidos y Canadá ya era concurrida. El incremento de controles migratorios en los países de tránsito ha hecho que los haitianos sean devueltos al primer punto donde iniciaron su viaje (Constante, 2016).
La otra ruta para dirigirse desde el Brasil al norte del continente fue ingresando a Colombia directamente por su frontera en la selva amazónica (Leticia). Durante 2016 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia detectó el tránsito de cerca de 34.000 migrantes irregulares en su paso hacia el norte, en su gran mayoría de nacionalidad haitiana (20.366), seguido de población cubana (8167), de la India (874), del Congo (570) y de Nepal (553) (Ministerio de Relaciones Exteriores, Colombia, 2016).
Sin embargo, el flujo de población haitiana hacia los Estados Unidos fue disminuyendo considerablemente debido a las inadmisiones y deportaciones constantes en Estados Unidos desde el gobierno de Obama, y con la decisión del gobierno de Trump de poner fin al Estatus de Protección Temporal para haitianos, en noviembre de 2017. El número de inadmitidos haitianos a Estados Unidos en su frontera con México pasó de 334 en el año 2015 a 6424 en el 2016 y a 9163 de enero a septiembre de 2017 (Mejía, 2018).
Como se indicó anteriormente, en la actualidad se observa una reactivación de los flujos migratorios en dirección sur-norte, sobre todo en la zona del Darién (frontera colombo-panameña), donde se ha detectado un mayor incremento, que llega a 45.150 migrantes en tránsito (de enero a mediados de agosto de 2021). De ellos los haitianos son el grupo mayoritario que está atravesando la peligrosa selva (Gordón, 2021). Según dicho autor, los haitianos representan el 38 % de todos los migrantes en tránsito que durante los últimos 12 años han atravesado por el Darién; los cubanos, el 32 % y los nepalíes, el 5 %. También aparecen entre las principales nacionalidades chilenos y brasileños; la mayoría de ellos son hijos de haitianos que obtuvieron la nacionalidad y que en los últimos meses también han incrementado las detenciones y deportaciones desde México (Torre-Cantalapiedra, 2021). Los que lograron internarse se han asentado en varias ciudades fronterizas con la esperanza de poder cruzar a Estados Unidos.
De esta manera, estamos presenciando una nueva movilidad al iniciar la década de los veinte. Los flujos haitianos en el continente que se mantuvieron en una dirección sur-sur, particularmente con destino a Chile y en menor medida al Brasil, ahora se están redireccionando con destino a Estados Unidos y Canadá. En estos tránsitos hacia el sur y dentro del sur, la región Andina ha perdido centralidad para muchos de los migrantes haitianos; de hecho, se advierte que los ingresos entre 2015 y 2019 a Chile, la Argentina y el Brasil han sido por vía aérea o de modo terrestre entre estos tres países (Debandi y Patallo, 2017).
Las políticas de cierre de fronteras selectivas, de manera paulatina en los países que en su momento fueron progresistas (como Ecuador) o mucho más reactivas (como el Perú y Colombia), así como las coyunturas particulares, han disipado y precarizado fuertemente los tránsitos y circulaciones por la región Andina, y quienes continúan en este territorio son personas que se asentaron de manera indefinida y quizá más permanente –la mayoría irregularizadas, o regularizadas a través de la visa de amparo al tener hijos ecuatorianos–. No hay miras a una política de regularización para la población haitiana radicada en el país[10]. Tampoco se ha presentado ninguna iniciativa o decreto como la de 2010, a raíz del nuevo terremoto que sufrió Haití en agosto de 2021.
Lo que se ha visto de manera general, y particularmente en este segundo momento, es la creación de políticas reactivas y selectivas frente a coyunturas particulares, más aún para migraciones extracontinentales que han sido irregularizadas y racializadas. La región Andina, en el marco del régimen de control de las migraciones, ha reproducido prácticas como el cierre selectivo de fronteras, la detención y expulsión de migrantes, la permanente producción de irregularidad migratoria, la retórica del combate al tráfico y la trata, así como la militarización y cierre parcial o total de las fronteras, como se vio en medio del contexto de la pandemia de la COVID-19, en el Perú, Ecuador y Colombia. Por otro lado, la población migrante haitiana en la región Andina, que en un momento fue un foco mediático importante y de discusión política, ha quedado invisibilizada frente a los flujos de población venezolana.
Nos parece necesario cuestionar la mirada estatal e institucional en el combate al tráfico, que invisibiliza el rol de los Estados como actores centrales en la construcción de políticas (desde visados y sistemas de validación turística hasta muros) que no solo causan la irregularidad migratoria, sino el surgimiento de todo un sistema legal, ilegal y extralegal en torno a la movilidad humana (Ramírez, 2018). Otras categorías por fuera de las institucionales resultan más adecuadas para entender las rezo (redes en creole), es decir, las prácticas y relaciones que los haitianos y las haitianas activan para comunicarse, obtener documentos, enviar y recibir dinero y movilizarse en distintos territorios y fronteras[11]. Figuras como los raketè y los ajans[12] (Joseph, 2015; Montinard, 2019) son centrales para romper las dicotomías entre víctima y victimario que proponen las miradas securitarias en el combate a la trata y el tráfico (Viteri, Ceja y Yépez, 2017) y entender los distintos vínculos que van desde lo solidario hasta lo comercial y que transitan en la tensión entre lo informal y lo ilegal, y que habilitan los tránsitos migratorios.
Tomar distancia crítica frente a las políticas criminalizantes del “combate a la trata y el tráfico” y superar las categorías institucionales permite tener una comprensión más amplia sobre las violencias y desigualdades en las que interactúan migrantes, agentes del Estado, iglesias, facilitadores, transportistas, comerciantes locales y también grupos que actúan al margen de la legalidad, donde conviven la agencia, miedos y deseos de los haitianos y las haitianas con la solidaridad, el lucro y los abusos constantes en la experiencia migrante.
III. Perfil socio-demográfico en Pichincha-Ecuador
Al hacer un análisis de los saldos migratorios de los diez principales grupos de inmigrantes asentados en Ecuador en la segunda década del siglo xxi, salta a la vista la variedad geográfica: un primer grupo de inmigrantes provenientes de la región Andina (Venezuela, Colombia y el Perú); un segundo del Caribe (Cuba, Haití y República Dominicana); un tercero, proveniente de Asia (la India y la China) y finalmente aquellos provenientes de Norteamérica (Estados Unidos) y África (el Senegal). No se entiende semejante dispersión de procedencia si no es a partir de las políticas aperturistas implementadas por dicho país desde el año 2007 que colocaron al Ecuador en el radar mundial de los flujos migratorios globales. Como se observa en el Gráfico 3, la población haitiana ocupa el quinto puesto en los saldos migratorios, con una población de 41.200 personas asentadas en dicho país. Sin embargo, hay que tomar estos datos con pinzas sobre todo porque, como ya se dijo, muchos inmigrantes haitianos registraron su entrada, pero no así su salida (la cual hicieron por pasos fronterizos terrestres no oficiales).
Gráfico 3. Saldo migratorio 2010-2019 de las diez principales nacionalidades

Fuente: elaboración propia con base en datos del Ministerio de Gobierno del Ecuador.
Como ya se señaló, no se puede afirmar que las y los haitianos tengan un perfil migratorio bien marcado. Los datos levantados en la provincia de Pichincha, donde se encuentra la capital del Ecuador, y donde se concentra la mayor cantidad de haitianos y haitianas, señalan una mayor presencia masculina: 54 % de hombres y 46 % de mujeres. Es una población joven, cuyo principal rango de edad va entre los 20 y 29 años (40,7 %) y de 30 a 40 años (38,5 %). Es decir, aproximadamente el 80 % de las y los migrantes haitianos son población económicamente activa y en edad reproductiva.
Gráfico 4. Género de la población haitiana en Pichincha-Ecuador (%)
| Gráfico 5. Rangos de edad de la población haitiana en Pichincha-Ecuador (%)
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Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Coordinación de Movilidad Humana. Gobierno de Pichincha. 2014-2018. (N = 135).
La mayoría de ellos se han asentado en la ciudad de Quito, la capital del Ecuador, concentrándose principalmente en la zona norte de la ciudad, para ser más exactos en el noroccidente, en barrios como la Comuna del Pueblo o Colinas del Norte (ver Gráfico 6). Según constatamos en el trabajo de campo (Ceja, 2014), algunas iglesias evangélicas haitianas, como parte de las redes que se tejen, han tenido un papel central en la construcción de comunidad, sentidos de pertenencia e inserción local. Tal es el caso de la Iglesia cristiana haitiana y la Iglesia cristiana nazarena de resurrección, que además de ser un refugio social y espiritual para muchos haitianos, es un espacio en donde se brinda información concreta sobre las posibilidades de inserción local. Estos espacios han ayudado a consolidar la presencia haitiana en algunas zonas al norte de la ciudad. En relación con su nivel educativo, la mayoría tiene nivel de estudios secundarios (49 %). Sin embargo, un porcentaje importante tiene estudios universitarios (26 %), pero un porcentaje similar solo llegó hasta la primaria (24 %).
Gráfico 6. Ubicación de la población haitiana en la ciudad de Quito
| Gráfico 7. Nivel de escolaridad de la población haitiana en Pichincha-Ecuador
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Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Coordinación de Movilidad Humana. Gobierno de Pichincha. 2014-2018. (N = 135).
En cuanto al año de llegada esta fuente coincide con los datos oficiales, que señalaban que fue a mediados de la década pasada cuando se incrementó el número de arribos y el descenso una vez implementadas las medidas restrictivas en torno al sistema de validación turística.
Gráfico 8. Año de llegada de la población haitiana al Ecuador

Fuente: elaboración propia con base en los datos de la Coordinación de Movilidad Humana. Gobierno de Pichincha. 2014-2018. (N = 135).
Finalmente, al analizar la principal ocupación de las y los haitianos, la respuesta más recurrente fue “polifuncional”. Es decir, es población que está dispuesta a realizar cualquier actividad para ganarse la vida. Varios hombres respondieron trabajar como guardias de seguridad o cuidando autos, y varias mujeres dijeron trabajar en peluquerías o salones de belleza. El porcentaje de aquellos que entran en la categoría de servicios varios llega al 22 % (ver Gráfico 9). La siguiente actividad es el sector de la construcción (17 %), sobre todo haitianos hombres que se dedican a trabajos de albañilería o peones de cuadrilla. En tercer puesto están aquellos que se insertaron en actividades profesionales (15 %), donde encontramos sobre todo varios profesores y algunos médicos.
También vale resaltar aquellos vinculados al comercio (14 %), principalmente en el sector informal y venta de todo tipo de productos, y otros atendiendo en hoteles y salones de comida (10 %), ya sea en la recepción o como meseros; un 9 % respondió estar estudiando, aunque varios de ellos señalaron que estudian y trabajan.
Gráfico 9. Ocupación de las personas haitianas en el Ecuador (%)

Fuente: Elaboración propia en base a los datos de la Coordinación de Movilidad Humana. Gobierno de Pichincha. 2014-2018. (N =133).
Estos datos deben complementarse con una reflexión profunda sobre la diversidad de experiencias cotidianas y el repertorio de estrategias de los haitianos y las haitianas en la interacción con otros actores, como migrantes de otras nacionalidades, organizaciones que trabajan con población migrante, agentes de diversas instituciones del Estado, contratistas y población local. Y aunque en los siguientes párrafos no pretendemos dar cuenta de todo ello, nos detenemos brevemente en esbozar algunos elementos que nos parecen centrales para pensar algunas estrategias que los migrantes usan para subvertir la desigualdad y exclusión en su vida diaria.
La “raza”, como un marcador de desigualdad, juega un papel central en las relaciones que se establecen en una sociedad también escindida racialmente, como es la capital ecuatoriana. El relato de Tania, una estudiante haitiana, en su trato con una compañera afroecuatoriana en la universidad nos ayuda a problematizar eso. Tania cuenta que cuando llegó a clases, las compañeras le hicieron notar a la estudiante afroecuatoriana “que ahora había dos negras en el curso”. Tania cuenta que la estudiante afroecuatoriana respondió con desagrado y distinción: “No, no tengo nada que ver con esa, yo soy chocolate”, estableciendo una clara distinción entre ser negra y ser mulata.
Tania dice que no contestó nada pues apenas hablaba español en ese momento, pero al poco tiempo comenzó a dominar la lengua y a hacerse amiga de sus compañeras. En cierto momento, Lizeth, la compañera afroecuatoriana, se le acercó a Tania y le preguntó si ella hablaba francés:
Y yo le dije: “Obvio, soy haitiana, Haití habla francés y creole y la lengua oficial del país es francés, o sea que todo el mundo habla el creole, pero si tú has pasado tus ciclos de la escuela normalmente tienes que hablar el francés porque todo se hace en francés en la escuela”. Entonces ahí comenzó a acercarse y en diciembre me habló en francés, y yo le corregí [Tania se ríe]. Lizeth [compañera afroecuatoriana] le dijo: “Sabes, lo siento mucho”. “¿Por qué?”. “Es que… porque la primera vez te juzgué mal, tú no eres como los negros que conozco”. “¿Cómo?”. “Es que aquí los negros son sinónimo de ladrones, vagos y… un montón de calificativos así denigrantes”. Entonces le dije: “Qué bueno, porque puedo ser negra, soy negra, pero no soy ecuatoriana, acuérdate siempre de eso”. Yo fui dura, lo sé, pero tenía que poner las cosas en su lugar (Tania, en Ceja, 2015).
Poco antes, Tania había comentado que antes de llegar al Ecuador pensaba que en el país las personas vestían solo con taparrabos. Es decir, haciendo uso de sus propios estereotipos raciales, ser ecuatoriano era ser indígena, y de manera peyorativa ser indígena era usar taparrabo[13]. De tal manera, Tania, desde su propio lugar racializado como negra, establecía distinciones raciales jerárquicas con los indígenas. De tal forma, las racializaciones no se superan o deconstruyen, sino que se encarnan, reproducen y negocian con otras categorías raciales y en intersección con otros marcadores sociales.
Así, el dominio del francés, no así del creole, representa un capital importantísimo para evadir los prejuicios colonialistas y racistas a los que constantemente son sometidos. El francés funciona como una herramienta para acceder, así sea simbólicamente, a una cultura que jerárquicamente se ha posicionado como superior frente al racismo del que son víctimas (Ceja, 2015). Ello permite a los haitianos y haitianas como Tania no solo distinguirse de los afroecuatorianos, sino también de otras poblaciones migrantes estigmatizadas como la cubana o colombiana, siendo así el manejo del idioma un diferenciador no solo étnico, de nacionalidad, sino también de clase.
Otro elemento que resulta central para diferenciarse de otras poblaciones migrantes afrodescendientes es el apelo a la identidad nacional esencializada. Si bien los haitianos dejan un país con profundas desigualdades, suelen exaltar un nacionalismo en el espacio social transnacional migrante (Glick Schiller y Fouron, 2003) que resalta vínculos sanguíneos, pasados gloriosos y cualidades morales que hacen de Haití una nación esencialmente buena. De tal forma, los esencialismos ayudan a construir lazos de pertenencia con connacionales en el Ecuador y a “sobrellevar la experiencia migratoria en un país ajeno y predominantemente hostil” (Ceja, 2015).
Conclusiones
El objetivo de este capítulo ha sido entender algunas de las complejidades del caso haitiano en la región Andina, en particular en el Ecuador, un país que ha jugado un rol bisagra dentro del régimen de control migratorio en Suramérica, al habilitar, deshabilitar y rechazar selectivamente y en distintos periodos a los migrantes haitianos. Los territorios de la región Andina y del Ecuador en particular han sido testigos de la reconfiguración de los proyectos migratorios de haitianos y haitianas en sus recorridos hacia el sur, por el sur y hacia el norte; los Estados de esta subregión también han sido actores clave de un régimen que precariza los tránsitos migratorios y que sostiene su movilidad a lo largo del tiempo como parte de una política de exclusión y control. A lo largo de estas páginas hemos analizado la transformación de las prácticas estatales frente a la población haitiana, así como la composición en términos socio-demográficos de quienes hicieron de la capital de Ecuador parte de su proyecto migratorio y se encuentran, o se encontraban, radicados en algún momento entre 2010 y 2019.
La migración haitiana en y por el Ecuador, que viene acompañada después por otras migraciones caribeñas (principalmente cubana), africanas (sobre todo senegalesa) y asiática (en particular la china) y sus tránsitos por Latinoamérica desestabilizan un determinado modelo de circulación migratoria regional en Suramérica. Ese modelo, donde sobre todo persistían migraciones entre poblaciones vecinas (colombianos al Ecuador, bolivianos a la Argentina y peruanos a Chile, por señalar algunos), que había generado una serie de políticas de regularización a través de acuerdos bilaterales o multilaterales que facilitaban la residencia en el seno de la Comunidad Andina de Naciones, el Mercosur y la Unasur (Ramírez y Ceja, 2017), invisibilizó la presencia de migraciones extrarregionales como la haitiana y la existencia de políticas restrictivas. En este contexto político particular se generan una serie de decisiones hospitalarias bajo la retórica humanitaria con la población haitiana tras el terremoto del año 2010. Sin embargo, en el caso del Ecuador, esas políticas fueron tibias y habilitaron posteriormente la restricción migratoria, apoyada en el discurso del combate del tráfico de migrantes y por presiones internacionales, lo que produjo irregularidad migratoria. De manera general y con sus matices, este ha sido el patrón de la región Andina, más aún con la llegada de gobiernos de derecha como en Chile, la Argentina, el Brasil y Ecuador –que analizamos en el siguiente capítulo–, donde se ha observado una xenofobia gubernamental.
Por otro lado, las experiencias migratorias haitianas han excedido cualquier patrón de circulación conocido en la región, ya que no se trata de flujos sur-norte ni tampoco de un modelo típico de migración sur-sur, sino que se trata de una población que en distintos momentos ha ajustado sus proyectos migratorios y recorrido miles de kilómetros a lo largo del continente americano, alternando estancias breves con estancias mayores y con esperas prolongadas.
La migración haitiana nos obliga a repensar categorías como tránsitos migratorios, orígenes y destinos y nos pone de cara frente a una población que no solo ha sido violentada en su país de origen, sino que constantemente es violentada en sus tránsitos y esperas a partir de políticas y prácticas que vulneran sus derechos, espacializan la desigualdad y hacen que vivan en los márgenes de los diferentes Estados. Son también los desarraigados de los que nos hablaba Jorge Durand:
… aquellos que perdieron los anclajes esenciales que los fijaban en su lugar de origen […]. Son pobladores de grandes o pequeñas ciudades donde no se sienten seguros, donde la noche y la oscuridad son un riesgo, donde el miedo campea desde el amanecer, y la angustia por encontrar o perder el trabajo es constante. Son migrantes para quienes la nación de origen ya no tiene sentido, solo les aportó sinsabores, educación deficiente, servicios de salud limitados y trabajos precarios […]. Son migrantes que dejaron todo, porque en realidad no tenían nada. Nada que perder. Quizá algo que ganar (2020: 57-58).
Tras cumplirse más de una década desde que la migración haitiana irrumpió en los paisajes del Ecuador, la región Andina, Suramérica y en todo el largo continente, señalamos que esto no se trata simplemente de procesos de circularidad migratoria, sino de un continuum migrante que se produce y mantiene con políticas de Estado y prácticas xenófobas y racistas en las sociedades de acogida que continúan excluyendo a las y los haitianos, quienes persisten en armar, desarmar y rearmar sus proyectos migratorios, en uno y otro país del continente a lo largo del tiempo.
- Texto escrito en colaboración con Iréri Ceja.↵
- “El proyecto migratorio es una proyección sobre el futuro, una forma de organizar y sobre todo de imaginar el devenir” (Ma Mung, 2009: 35). Dicho autor propone una comprensión migratoria que diluye la polarización entre agencia y estructura que ha predominado en los estudios sobre migraciones internacionales. Se toma en consideración tanto las condiciones exteriores como las propias capacidades de los migrantes para constituir y mantener mundos, tomar decisiones, construir relaciones de alteridad individuales y colectivas y proyectar su futuro, a partir de los conceptos de autonomía y proyecto migratorio.↵
- El concepto de continuum migratorio propuesto aquí dialoga con otras nociones que permiten capturar de mejor manera la migración haitiana; por ejemplo, el de territorios circulatorios (Tarrius, 2000), que, desde la antropología, muestra cómo el movimiento es un recurso constante de las identidades, que se activa en la dupla nomadismo/sedentarismo, o el de circularidad migratoria (Gildas Simon, 1981), que hace énfasis en los itinerarios, transporte y prácticas efectivas y afectivas en el espacio.↵
- En total se levantaron 135 fichas de población haitiana, cuyo primer registro es de enero de 2014 y el último, de abril de 2018. De esta fuente pudimos tener información sobre edad, género, nivel educativo, lugar de residencia, año de llegada, grupo étnico, lugar de procedencia y ocupación laboral, entre otros ítems.↵
- Una versión reducida de este texto fue presentado en la revista Estudios Fronterizos, vol. 23, 2022 (https://doi.org/10.21670/ref.2215099). Queremos agradecer los comentarios pertinentes realizados por Handerson Joseph, Cédric Audebert y Carina Trabalón.↵
- Eso no quiere decir que la migración haitiana se explica solo a través de dicho acontecimiento: por el contrario, insistimos en la necesidad de ser críticos frente a la narrativa humanitaria que racializa y controla a los migrantes como víctimas del terremoto.↵
- Los proyectos migratorios en y a través de Bolivia han sido menores que en el Ecuador y Perú. Un estudio realizado en dicho país no detectó “flujos significativos” (OIM, 2014), y los tránsitos presentes cesaron a partir del refuerzo de los controles migratorios en el año 2014 (Peraza-Breedy y Lussi, 2014). Sin embargo, Bolivia permanece como una pregunta en muchos sentidos.↵
- Tras el terremoto, los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron de manera extraordinaria en Caracas el 25 de enero de 2010, con la finalidad de ayudar a Haití. Luego de ello, Hugo Chávez emitió un decreto para regularizar a la población haitiana que ya se encontraba en Venezuela.↵
- Dos años después de implementada tal política de eliminación de visas de ingreso, a partir de septiembre de 2010 se impuso una visa para ingresar a Ecuador a ciudadanos provenientes de países como Afganistán, Bangladesh, Eritrea, Etiopía, Kenia, Nepal, Nigeria, Pakistán y Somalia, aduciendo un inusual flujo migratorio. A estos posteriormente se sumaron tres más: el Senegal, Cuba y Haití (registro turístico). En 2019 el gobierno de Lenín Moreno exigió visa a 11 países y en el 2020, a cinco más, siendo en total 30 las nacionalidades que actualmente requieren visa de ingreso.↵
- No así para otros grupos de inmigrantes, como los venezolanos, para quienes el gobierno de Moreno en el Ecuador sí implementó una amnistía migratoria y la entrega de una visa de residencia temporal de excepción por razones humanitarias, tal como vimos en el anterior capítulo.↵
- Tal como lo señala Montinard (2019), y según un estudio de Garbey-Burey (2017), el uso de las TIC, particularmente del Whatsapp, fue central para la población haitiana que se dirigía a los Estados Unidos como medio para actualizar las rutas más seguras, menos vigiladas y mantener a la familia al tanto.↵
- El estudio de Ortiz (2016) realizado en la ciudad de Cuenca (al sur del Ecuador) muestra a un grupo de jóvenes haitianos realizando estudios universitarios, a través de la gestión de un líder religioso anglicano que gestionó la ubicación de los estudiantes. Este ejemplo “dista de las características comunes de una red tradicional que lucra con el tráfico de personas” (Ortiz, 2016: 159), y se aproxima más a la figura ambigua del coyote, raketè o ajans, que en la mayoría de los casos se trata de un sujeto que teje vínculos de confianza con los migrantes y cobra por sus servicios.↵
- Algo similar a lo señalado por una migrante venezolana en el año 2017, quien respondió a una pregunta realizada por un periodista que “los ecuatorianos son feos, porque parecen indios” (Ramírez et al., 2019).↵













