A mis colegas Iréri, María del Pilar, Andrea y Yolanda, con quienes escribí algunos de los trabajos que forman parte de este libro. A Juan, quien siempre está dispuesto a leer mis primeros manuscritos y alimentar el análisis. A Virginia, por su atenta y cuidadosa lectura del primer borrador de este libro. A Ana Paula, por el placer de compartir cátedra y aprender junto a ella. A Ale, por los paraguas de colores. A Edith, mi madre, por su presencia. A todos mis informantes por contarme sus historias, y a mis estudiantes por escucharme.
A la Editorial Teseo y su equipo por el cuidado de la obra. A Jorge por sus generosas palabras en el prólogo y a René, mi carnal migrante, por su no-ausencia.









