En este capítulo, el análisis sobre el proceso de implementación en los contextos institucionales deportivos hace foco en las particularidades de adscripción que establece el PAd en la dinámica institucional atendiendo a los objetivos de inclusión que enuncia.
Se profundiza aquí acerca de los sentidos que la integración social[1] adquiere para los agentes institucionales y las estrategias que se despliegan para atenuar, reproducir o contrarrestar los procesos de vulnerabilidad y negación de reconocimiento de las/os jóvenes destinatarios.
Las modalidades de integración social en el proceso de implementación del PAd
Como hemos señalado en el capítulo cuatro, la integración social constituye uno de los propósitos centrales del PAd y por ende atraviesa los tres modelos de intervención analizados previamente adquiriendo diversos sentidos y matices que es necesario explicitar y analizar.
El análisis de las distinciones que el PAd supone y refuerza al interior de los distintos sectores sociales, permite poner el foco en el proceso de producción de sujetos a través de la delimitación que realiza entre quienes desarrollan prácticas y estilos de vida que se consideran legítimos al participar de manera “autónoma” de las ofertas recreativas del mercado, y quienes por razones de edad y condición socioeconómica, requieren de la mediación y protección temporal del Estado para participar de éstas e incorporar nuevas habilidades que les permitan tomar distancia de destinos prefigurados y connotados negativamente y alcanzar el estatus de los primeros en la vida adulta.
Cabe indagar entonces, sobre el papel de esta política social en el fortalecimiento de una sociedad que puede reconocer pertenencias sociales y culturales diversas pero integradas en una misma comunidad política y en un piso igualitario de protección para todas/os, o si, por el contrario, tal como se plantea en Grassi (2018), la política forma parte de un paradigma que refuerza una mirada individualista que se desentiende de la sociedad y de los lazos que impiden su disolución.
Desde este marco, la posibilidad de acceder a instituciones deportivas ubicadas mayoritariamente en la trama urbana de la ciudad y fuera de los límites geográficos de los barrios populares, puede pensarse como un intento del PAd por propiciar el tránsito de las/os jóvenes por circuitos distintos a sus lugares de pertenencia, como formas de favorecer el acceso a los bienes simbólicos que la gran ciudad provee y como mecanismo de integración social a través del mercado y el progreso individual. Como plantea Bourdieu (1988) el mundo social se presenta objetivamente como un sistema simbólico que está organizado según la lógica de la diferencia. Estas diferencias y divisiones asumen la forma de distinciones culturales entre los grupos y se expresan como estilos de vida diversos. Como resultado de las estrategias de distinción de sectores medios y altos, los estilos de vida de los grupos subordinados son desacreditados y referenciados a la “cultura” considerada legítima.
Desde otros marcos interpretativos, la misma acción podría estar significada con el intento de establecer desde el Estado local, puentes con la trama urbana y su red educativa, cultural y recreativa y sobre todo como una forma de promover espacios de encuentro, intercambio y reciprocidad de unos y otros con el propósito de evitar el fortalecimiento de lo comunitario o territorial como espacio de “tutela permanente de los débiles” y la consolidación de guetos de la pobreza donde la identidad se forja en la semejanza y en la pertenencia defensiva (Bráncoli, 2012).
La conformación grupal como objetivo de intervención
La cohesión grupal aparece en todas las instituciones analizadas como un objetivo a lograr desde las instancias de intervención, especialmente a nivel de la dupla de trabajo ya sea partiendo de la “pelota” o la “palabra”. Constituye un eje estructurante de la acción en la medida en que el grupo de pares (Urresti, 2002) es reconocido como espacio de socialización y conformación de la identidad al posibilitar el intercambio de prácticas, saberes y visiones del mundo que habilitan el desarrollo de ideas, gustos e intereses propios donde reconocerse y generar cierta autonomía.
Para lograrlo, el deporte es considerado por la mayoría de las/os agentes, una herramienta central porque puede favorecer la cooperación, el respeto y el compromiso. Incluso en las disciplinas individuales como natación, tenis, boxeo o artes marciales, la grupalidad se convierte en un objetivo adicional para reforzar la motivación a participar, potenciar el trabajo en equipo y la pertenencia institucional.
Contribuye fuertemente para el logro de este objetivo, la acción de las/os operadoras/es sociales a partir de recursos o técnicas recreativas complementarias a las deportivas. Si bien este arsenal instrumental no constituye un requisito indispensable para su desempeño, cuando está presente, es altamente valorado por las/os docentes porque facilita el aprendizaje y mejora el desempeño deportivo a nivel grupal.
Muchas veces los juegos cooperativos, la conformación grupal, tratamos de hacerlo en dupla […] muchas veces no tienen nada que ver con el deporte en sí sino que lo hace el operador, les trae una hojita, anotá, no sé, comida favorita, cuál es tu hobby, entonces ahí, los pibes se conocen, y la conformación grupal va mucho más acelerada […] De hecho estos juegos [describe una propuesta específica] los incorporo yo a mi libro de entrenador por la operadora con la que trabajé los primeros cuatro o cinco años. […] Todo lo que es de conformación grupal, a mí, por lo menos, me sirvió un montón. Lo que pude aprender de esa operadora es descomunal (docente club Libertad).
En algunas instituciones, este espacio de pertenencia grupal remite a la noción de “tercer tiempo”[2] que en el campo deportivo implica un espacio de sociabilidad y camaradería, un momento donde se privilegian las relaciones interpersonales por encima de la competencia física o táctica del juego. El mismo se canaliza a través de campamentos, pernoctes y/o jornadas en la propia institución o en otros establecimientos recreativos (Puerto Pibes, Ezeiza, etc.), intercambios con otros clubes o salidas diversas que refuerzan la trama vincular y el sentido de pertenencia hacia el grupo.
Lo más importante del rol era que los pibes se sintieran cómodos en el grupo que se conocieran, lograr que se relacionen y generar un espacio en el que la pasemos bien (operadora club Refugio).
Tener el espacio social y actividades transversales como puede ser un baile, el campamento, el tercer tiempo, ¿no?, que es el puente para… (referente institucional club El Recreo).
La habilitación y conformación de estas nuevas referencias grupales para las/os jóvenes alude a una presencia marcada de miembros de edades similares y diferentes barrios de procedencia, quienes comparten su condición de destinatarios del PAd en la institución. Las posibilidades de establecer vínculos con sectores ajenos al programa, particularmente con socios de la misma franja etaria, están subordinadas al grado de hospitalidad, tolerancia u hostilidad[3] que cada contexto institucional presenta.
Límites y posibilidades en la pertenencia institucional de las/os jóvenes
La intervención sobre el sentido de pertenencia institucional de las/os jóvenes aparece como un objetivo más o menos generalizado y su estudio permite acercarse a los sentidos que el propósito de integración social del PAd adquiere para los agentes institucionales y las estrategias que se despliegan para atenuar, reproducir o reforzar los procesos de vulnerabilidad y negación de reconocimiento de sus destinatarias/os.
Al tratarse de un programa que se dirige a jóvenes de sectores populares que participan de instituciones junto a otros sectores sociales, las acciones afirmativas que intentan compensar la desigual distribución del acceso a la recreación corren el riesgo de alimentar a su vez, injusticias reactivas de reconocimiento y favorecer una dinámica estigmatizante que profundice las representaciones que los ubican como incapaces de constituirse en sujetos autosuficientes sin apoyo externo.
La forma en que se nominan y representan a los jóvenes destinatarios, ya sea como “sujetos de derecho”, “chicos del plan[4]”, “beneficiarios” y su diferenciación respecto a los “socios” de los clubes, expresan distinciones sociales que refuerzan aquellas exclusiones que el PAd pretende impugnar o atenuar, al menos desde su formulación.
En los relatos de las/os agentes entrevistadas/os se pueden identificar algunos factores centrales que inciden en el vínculo que establecen las instituciones con las/os jóvenes y las particularidades que asume la aludida búsqueda de pertenencia institucional. Los mismos están vinculados con los principales objetivos de la institución deportiva para participar del PAd, las motivaciones e intereses de las autoridades que inician y sostienen los convenios, la inserción y pertenencia institucional del equipo técnico, sus objetivos de intervención y las prácticas y discursos de los socios en relación con la participación de jóvenes vulnerabilizados en esos contextos.
Objetivos de las instituciones para participar en el PAd.
Entre los objetivos institucionales aparece en algunos casos como prioritario, la rentabilidad económica que proporciona la participación en el PAd. Si bien los clubes deportivos en la Argentina, siguen conformándose como asociaciones civiles sin fines de lucro, donde la afiliación es voluntaria y se conservan estructuras de decisión democráticas con representación de sus asociados (Gruschetsky, 2014), las sucesivas crisis atravesadas desde la instauración del neoliberalismo en Argentina[5] (producto de contextos económicos recesivos, intentos de convertirse/los en sociedades anónimas, aumentos desmedidos de tarifas de servicios básicos durante la gestión nacional de Cambiemos, pérdida de capacidad adquisitiva de sus asociados y cierre de actividades durante los años de pandemia por Covid-19), han puesto en cuestión el modelo asociativo y su importancia como instancia privilegiada de sociabilidad.
Desde entonces, la mayoría de los dirigentes ha desarrollado su labor de conducción desde un pragmatismo guiado por la necesidad de sanear las finanzas de los clubes y garantizar su sobrevivencia, sin perder por ello, su propia base de sustentación política (Frydenberg, 2001).
En este marco, el PAd se convierte en una fuente de ingresos en tanto las instalaciones deportivas suelen presentar vacancias importantes de participación -tiempos “muertos”-[6] de socias/os y en donde las posibilidades de generar ingresos alternativos son escasas. A pesar de la evolución decreciente del financiamiento del programa, la ocupación parcial de estos horarios constituye un aporte que sigue siendo valioso para generar recursos alternativos a los provenientes de las cuotas sociales.
A mí me parece que estos programas les dan a los clubes, desde lo económico, creo que antes les daban más que ahora, por la cuestión de los aumentos. Hablo a nivel institucional, como referente. Todo lo que al club le pueda generar el PAd todo eso es movimiento y es parte del funcionamiento y de las necesidades para poder sostenerlo […] el club necesita vida y la vida es parte de que los pibes entren y salgan, de que no estén afuera sino adentro (referente institucional club Torino).
Asimismo, tal como señalamos en PA y CEIPSU (2020), la posibilidad de sostener un convenio y contar con una buena evaluación del trabajo realizado por parte de la DGNyA, habilita relaciones con otras áreas del Estado local o nacional como cultura, deportes o educación, que abre la posibilidad de desarrollo de otros proyectos y la ampliación de los servicios que ofrece la institución a la comunidad.
Por otra parte, algunas instituciones analizadas en este trabajo ubican al PAd como parte de una estrategia institucional que impulsa la implementación de programas de “desarrollo y promoción” de sectores vulnerabilizados externos a la institución como parte de una acción asistencial o solidaria con el territorio[7]. Se trata en estos casos de instituciones reconocidas en el plano nacional e internacional, donde los aranceles para la asociación y la práctica de las actividades deportivas revelan una presencia mayoritaria de sectores medios de la CABA.
Su programa de desarrollo social se orienta preferentemente hacia comunidades vulnerables, otorgando a la participación y el compromiso solidario un rol destacado en el proceso de construcción de ciudadanía basado en valores (proyecto institucional club El Recreo).
Con esta sexta edición ininterrumpida de “Adolescencia”, Libertad ratifica su rol activo junto a la comunidad del Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Mediante la inclusión de jóvenes en situación de vulnerabilidad social, el Club vuelve a honrar sus valores fundacionales, con el objetivo de acompañarlos a construir un proyecto de vida, su desarrollo integral y la promoción de sus derechos (página web club Libertad, Sexto año consecutivo de adolescencia, 2018).
Esta política institucional se traduce para las/os jóvenes del PAd, en el acceso a las instalaciones de los clubes y a la práctica de diversos deportes en determinados momentos que están habilitados para tal fin. No obstante, se trata de un estatus diferencial, de una “membresía especial” en la que gozan de restricciones importantes para circular libremente, para asistir fuera de los horarios asignados o para participar en ciertas actividades o espacios destinados a los socios a los que sólo pueden acceder de forma eventual, con autorización previa y en compañía de sus referentes adultos.
Las instancias de encuentro y sociabilidad entre los socios aparecen vedadas para los destinatarios del PAd en tanto sus prácticas deportivas y sociales se desarrollan dentro de un encuadre específico bajo el cuidado (contención y control) del equipo técnico y “encapsulado” al interior de la institución.
Un socio que viene a hacer básquet puede ir a la cancha, puede venir a la pileta abonando un canon especial del día, puede utilizar el gimnasio, puede utilizar las instalaciones del club y el pibe del programa Adolescencia, no. Puede venir media hora antes, se puede quedar quince, veinte minutos, cambiándose, charlando un rato con un amigo, pero no sé, viene un domingo y dice che, ¿Vamos al club? No, no puede ir, no lo dejan entrar […] Sería como una especie de alquiler de una institución, no sé, cómo si viniera una escuela privada que te usa la pileta (docente club Libertad).
Siempre alguien se quedaba con ellos, pero más que nada por si pasaba algo y se accidentaban porque el club decía: no tenemos problema que se queden […] Por ahí un profe, un operador, no se podía quedar: “Chicos, no, hoy no se puede”, salíamos todos del club, nos vemos. Y después nos enterábamos que a los veinte minutos los chicos volvían a entrar a jugar. Estaba abierto y se quedaban, el club está abierto todo el día […] Gracias a Dios [no paso nada] Pero ¿sabés qué? si llega a pasar algo […] Lo que pasa es que ellos, que es también algo que logra el profe, el operador, se logra entre todos, que el pibe siente chau, es suyo. Y lo cuida como suyo. Entonces, ¿por qué no puedo entrar? (coordinadora de operadores sociales club Darwin).
Puede apreciarse en esta última cita, la contradicción que supone una intervención que propicia la apropiación y pertenencia institucional pero que al mismo tiempo establece ciertos límites y evidencia la necesidad de tutelar permanentemente las prácticas recreativas y la forma de habitar los espacios de las/os jóvenes vulnerabilizados.
En otras instituciones, se ha visualizado que el convenio con el PAd constituye una oportunidad importante para recrear la dinámica institucional, aumentar el caudal de socias/os o participantes activos y la interacción con las/os habitantes de su entorno más o menos próximo.
Se trata en estos casos, de instituciones con cuotas y aranceles accesibles, identificadas como “clubes de barrio y pueblo”[8] con un tamaño y organización más reducida que se proponen elaborar y sostener propuestas para alojar y vincularse con el territorio de manera integral proponiendo actividades que convoquen a distintos sectores, franjas etarias e intereses.
En estos casos aparece a nivel discursivo, la intención de reconstruir en los clubes, espacios de encuentro y socialización donde sus miembros intercambien experiencias sociales, deportivas o recreativas con otros. La noción de hospitalidad (Derrida, 1995) se expresa aquí en términos radicales de apertura y de creación de condiciones para que las/os jóvenes vulnerabilizadas/os se sientan parte del proyecto institucional y de la vida social y comunitaria del club.
Nuestro objetivo y desempeño está en función de que todas estas posibilidades sean accesibles a la población, permitiendo la oferta de diversas actividades de calidad que, sumados a nuestro compromiso cotidiano, propicien el enriquecimiento de la calidad de vida de todes les participantes como la de aquelles con los que elles se relacionan, y los potenciales, en tanto vecines de nuestro barrio o alejades del barrio, pero con capacidad para acercarse a nuestro Club (proyecto institucional club Torino).
Yo estaba escuchando lo que era [el PAd], un posicionamiento de la institución frente a las políticas públicas que abría las puertas para que todos esos adolescentes pudieran participar. Y como yo venía con esa idea también, con la misma lógica de decir: esta es una institución de puertas abiertas que tienen que contener a todos aquellos que no pueden estar pagando un club caro, de cuotas, de lo que fuere, esto va a ser un lugar que contenga a todos esos jóvenes, que hagan lo que ellos quieran, porque de hecho los pibes se anotan en los talleres que ellos eligen (referente del club Torino).
La posibilidad de acercarse a otros sectores sociales constituye un aporte notable en favor de la integración social y la deconstrucción de las connotaciones negativas (Chaves, 2005a) con las que habitualmente se asimilan sus prácticas en tanto se pretende habilitar espacios de circulación, interacción e integración entre diferentes sectores sociales o incluso intergeneracionales.
El rol de la conducción institucional en las posibilidades de integración
Además de los objetivos institucionales, el rol de las autoridades elegidas de manera periódica por los socios, suelen tener para las/os entrevistadas/os, una fuerte incidencia en el grado de apertura institucional y en las posibilidades de encuentro o tolerancia con los socios.
En alguna oportunidad que nos ha pasado muchas veces y nos ha pasado antes y nos sigue pasando que nos desapareció un celular, pero creo que ese fue el primer año como que estaban a la defensiva, como “¿a quién se le ocurrió?”. Pero después ya te digo, el laburo, el poder demostrar cómo se trabaja, y el equipo de laburo, no, no, no hubo, desde la [comisión] directiva no, desde la directiva siempre fui acompañada nunca nadie, dijo, “che, esos espacios”, porque siempre toda la comisión siempre acompañó […] En el 2009 cuando empezamos estaba García de presidente, que acompañó mucho, otra persona, algunos van cambiando… (referente institucional club Chimpay).
Si bien la propia historia de implementación institucional del Programa va sedimentando ciertas prácticas y modalidades de participación de las/os jóvenes, algunos cambios de conducción han permitido avances o retrocesos en la integración institucional tanto del equipo como de los destinatarios. En este sentido, muchos reconocen perspectivas diversas encarnadas en las figuras del/la presidente/a, miembros de las comisiones directivas o referentes para el PAd y distintas formas de tramitar la convivencia con otros integrantes de los clubes que presentan hostilidad o menor tolerancia frente a las/os jóvenes.
La mayoría de las/os entrevistadas/os, plantean cambios favorables en el sentido de una mayor aceptación de las/os destinatarios y refieren cierta distancia de gestiones anteriores preocupadas por “levantar muros y que el cabecita negra no entre” o “que los socios se espanten”. Los cambios referidos aluden a una búsqueda de vinculación de los clubes con el territorio[9], trascender la mera cesión de las instalaciones e involucrarse en la implementación de una política pública del Estado local. En otros casos, simplemente se buscó reducir la hostilidad inicial de los socios hacia los “chicos de la muni” transformándola en cierta tolerancia que permita la convivencia y la mayor participación de las/os jóvenes en los espacios institucionales.
El papel de las/os socias/os desde la perspectiva de los agentes institucionales
Las prácticas y discursos de las/os socias/os son visualizadas como un factor importante en las modalidades que asume el vínculo con las/os jóvenes y su pertenencia institucional. Como hemos señalado previamente, los clubes son también lugares donde la aparente neutralidad de la práctica deportiva oculta la pertenencia ideológica de sus orientaciones, reproduciendo y consolidando desigualdades de clase y/o de género. En algunos casos ofician de espacios de demarcación de fronteras posibilitando a los que quedan dentro compartir prácticas de sociabilidad y recreación junto a personas que consideran “iguales” en tanto cuentan con el mismo capital económico, social, cultural, y político que ellos.
Los relatos obtenidos en esta investigación dan cuenta de experiencias que evidencian esta permanente búsqueda de diferenciación social y de construcción de distancias materiales y simbólicas de “los socios” que en algunos casos ha registrado episodios de manifiesta hostilidad.
Hay un grupito de una actividad deportiva que lo toma como su feudo y que encima, están creídos que son viste, que pertenecen a un… Y tienen esa mirada de “los negritos”, “los pibitos del barrio” […] los días que coincidía el entrenamiento de rugby la gente tenía su vestuario aparte. Nosotros teníamos nuestro vestuario que está todo en el mismo ámbito nada más que separado por la reja […] pero no se compartía el vestuario con los socios, en un momento teníamos la jaula con candado para dejar los mochilas, después durante mucho tiempo ingresábamos las pertenencias de los chicos al natatorio, no se compartía en el natatorio los espacios con los otros socios […] cada tanto este roce de … “porque yo viste soy socio del club y estos que vienen de afuera”, había algunas asperezas pero eran tan pocos los socios, tan poca la gente que asistía al club que eran mínimas situaciones pero que las hay, las hubo (exoperador social club Refugio).
Nos ha pasado que hemos tenido que llevar al tribunal de tenis a una persona que maltrató a un pibe […] Y lo suspendieron un tiempo (coordinadora de operadores sociales Club Libertad).
A pesar de algunas intenciones de sus dirigentes, la posibilidad de avanzar en pos de una integración social real se reconoce como ardua y compleja en tanto los clubes reproducen los procesos de distinción social de una sociedad porteña cada vez más desigual y fragmentada (DGEyC, 2022; CEM, 2022). La intervención de los equipos técnicos institucionales opera en algunos casos como un factor que incide para contrarrestar esta tendencia o bien para reproducirla.
Los clubes además de representar espacios donde se naturaliza y reproduce el orden social, también son lugares de encuentro y experiencias solidarias de lo colectivo, donde es posible la crítica a este orden, su transformación, la construcción de la alteridad y respeto a las diferencias y también la posibilidad de una hospitalidad incondicional que reconozca a los otros no solo como sujetos a tolerar sino como iguales para compartir una misma pertenencia institucional.
Los equipos técnicos y la integración como objetivos de intervención
Los equipos técnicos institucionales juegan un papel central en la medida en que se proponen mayormente como objetivo de intervención, lograr la pertenencia institucional de las/os jóvenes. Sin embargo, esta pertenencia adquiere significados e implicancias diversas también para estos agentes en tanto la misma puede limitarse a la constitución de una mera identificación con el espacio de práctica deportiva, los referentes adultos y el grupo de pares del programa; o puede pensarse en relación con otros jóvenes del club, promoviendo espacios de encuentro y reconstrucción del lazo social al interior de las instituciones.
En la mayoría de los casos se registra un intento por construir “puentes de integración” entre la dinámica institucional y las acciones del PAd. Entre las acciones más significativas se identifica: la posibilidad de acceder eventualmente al estadio de fútbol, la invitación a alguna competencia de los equipos de primera división (hockey, básquet, fútbol, etc.), participar de una “clínica” con jugadores de primera, acceder eventualmente al natatorio, usar el gimnasio de musculación y la posibilidad de probarse en las categorías inferiores de los distintos deportes.
En ellas, el rol que predomina en las/os jóvenes es el de espectadoras/es o destinatarias/os pasivos de una acción que tiene muy pocas posibilidades de intercambio y vínculo con otras/os socias/os a excepción de aquellas/os que se presentan para las/os más talentosas/os e interesadas/os en incluirse en los equipos competitivos de los clubes. Éstas últimas situaciones suelen tener un carácter excepcional y las posibilidades de continuidad e integración efectiva están condicionadas al acompañamiento de operadores o docentes, la apertura del equipo al cual se insertan y la situación social y económica de cada joven.
Nunca fue una cosa así masiva de abrir, miren: “el que quiera, venga a la noche” [donde practican los socios] a nosotros nos complicaba un poco el laburo, sobre todo si eran pibes nuevos. Porque si no el vínculo se te escapa, no sabés qué está pasando. Pero con los pibes que ya venían de años anteriores, que ya los conocíamos, y surgía ahí en el espacio con el profe, que tenían ganas de competir los fines de semana, sí, ese pibe pasa, pero así, como una cosa puntual. Y nosotros seguíamos el vínculo, vía la operadora, seguía el vínculo por otro lado. Y si, tenían que ser, son socios, en realidad lo que siempre se planteó desde el club es que fueran socios los pibes (coordinadora de operadores club Chimpay).
El principal objetivo de intentar incluirlas al club, a las chicas, o a los chicos de natación, en las escuelas, es ese, desde que lo pensamos. Pero tampoco se puede incluir a todos. Pero ¿qué haces?, ¿metes quince chicos por año? no entra… ¿y los quince becados? No, es como que no, o sea, no va a pasar. No hay espacio, no hay ligas, no hay plata para tanta cantidad (coordinador docente club Libertad).
Usualmente, la circulación de las/os jóvenes y su interacción con otros grupos se produce al interior de la oferta de actividades del PAd en tanto no suele haber restricciones para que participen en más de una actividad o que concurran en diferentes días, siempre y cuando se inserten en una actividad coordinada y supervisada por el equipo.
Para algunas instituciones los objetivos de integración social se presentan con independencia de la socialización e intercambio recíproco con otros sectores y se limitan a la participación en una disciplina determinada, el uso de instalaciones adecuadas y de calidad y la pertenencia en el plano simbólico a una institución prestigiosa o reconocida socialmente. Desde esta perspectiva, los clubes ya no estarían siendo el ámbito para la circulación y vivencia de gran parte del tiempo libre de niños y jóvenes, en tanto el deterioro producido en el carácter “social” de los mismos, implicaría una ausencia de espacios de encuentro donde incluir a las/os jóvenes del PAd. Para esta posición, la implementación de un proyecto no requeriría de mayores respaldos institucionales que los que podría tener un concesionario de un servicio en cuanto al pago regular de honorarios y cesión de las instalaciones.
Otros discursos no reniegan de las instancias de sociabilidad aún presentes en los clubes, pero reconocen como inviable la posibilidad de generar espacios de intercambio con los socios. Para ellos, los objetivos de intervención se orientan a la construcción de una pertenencia institucional, reconocida como parcial pero valorada como significativa para lograr la construcción de un espacio de acogida y contención donde el papel de los referentes adultos resulta muy valorado.
Las tensiones producidas a partir de eventuales desencuentros con los socios y la intervención del equipo en defensa de la ampliación de los derechos de participación en los espacios institucionales fortalecen la construcción de un sentido de pertenencia y refuerza el vínculo con las/os jóvenes.
Y nosotros jugábamos también a eso que ellos se sientan parte de la institución […] Entonces y cada vez que ocurría alguna de estas situaciones porque pasó que de repente en el vestuario “no, porque estos negros nos vienen a sacar la pileta, nos vienen a sacar el vestuario, nos invaden, nos vienen a robar lo que es nuestro” y ahí aparecíamos nosotros a decir. “pará, tranquilito porque ustedes son socios del club, pero ellos también tienen su carné, el club cobra por cada uno, que no lo paguen ellos no quiere decir que el club no se lleve una moneda, que después va al banco donde estás sentando vos, va a pagar el gas de la caldera con la que te vas a duchar, entonces, no se equivoquen”. Y los pibes también veían eso, que nosotros saltábamos a defender esto y que ellos eran parte del club. Para nosotros ellos eran parte del club, eran un socio más y los tratábamos como si fueran socios del club (ex operador y docente del club Refugio).
Un aspecto para resaltar en este plano está vinculado al grado de inserción institucional que los equipos logran, especialmente las/os operadores sociales que se incorporan de manera ad-hoc a la implementación del proyecto. Como indicamos en PA y CEIPSU (2020), la pertenencia a las instituciones de los equipos técnicos es valorada fuertemente por la mayoría de los actores en la medida en que facilita puentes con otros ámbitos y actividades de la institución, y promueve un mayor reconocimiento y sentido de pertenencia en las/os jóvenes que allí concurren.
No obstante, el paulatino descenso en los recursos para contratarlos pone en cuestión la precariedad de las condiciones contractuales, los bajos salarios y su consecuente impacto en el perfil y rotación de los equipos técnicos. Si a estas condiciones se le agrega la distancia entre los objetivos institucionales y los profesionales y la convivencia con (eventuales) episodios de discriminación y hostilidad hacia las/os jóvenes, se debilita la pertenencia y lealtad institucional del equipo y provoca en algunos casos que exista una mayor identificación como integrantes del PAd en la institución, que como agentes institucionales en el marco de una política pública. En otros produce niveles de autonomización de las prácticas tan altos que resultan desinstitucionalizantes en tanto reducen fuertemente su capacidad de acción y de incidencia en los discursos y prácticas institucionales dominantes. En cualquier caso, la fragilidad de la inserción institucional actúa como limitante en sus posibilidades de intervenir sobre los mecanismos de integración social de las/os jóvenes.
Finalmente es posible identificar algunos discursos de integrantes de los equipos técnicos que incorporan entre sus objetivos de intervención la generación de condiciones de contención y pertenencia institucional que exceda al grupo del PAd y vaya allanando las divisiones y generando encuentros con las/os jóvenes socios de los clubes.
[Se busca] tener una inserción y una mirada que habilita que los distintos espacios y actividades que hay en el club, que no necesariamente están con el título de social, puedan estar abiertas a los pibes que participan del club desde este lugar y al revés también. A veces nos sale y a veces no, pero las veces que tuvimos los bailes del PAd, y organizábamos eventos de mitad de año, de fin de año, hace varios años ya, invitábamos a los adolescentes de otros grupos que no eran del PAd, de patín, de tela, [buscando] que no haya una división tan tajante entre los pibes pobres que vienen del programa y los otros de acá (coordinadora de operadores sociales club Chimpay).
Y se empezó como a hacer una cosa distinta… uh están los socios jugando al… “chicos ¿quieren jugar con los socios también?” Nos juntamos porque son poquitos, nosotros somos poquitos … se empezó a generar una cosa así. Y eso también hace que por más que el pibe, que eso todavía va a seguir siendo una lucha, no pueda ir en el horario que quiera y cuando quiera… todo esto hace que se genere este sentido de pertenencia a la institución (coordinadora de operadores sociales club El Recreo).
En este camino, reconocen como principal limitante el crecimiento exponencial del programa durante los primeros años de implementación en tanto se desbordaron los espacios para insertar a sus destinatarios y se privilegió el armado de actividades deportivas en franjas horarias libres antes que la integración pretendida inicialmente. Este desarrollo del programa en momentos donde la participación de los socios es prácticamente nula, implica un desafío constante para los agentes que buscan generar espacios de encuentro y evitar que el PAd se transforme en un gueto dentro de la institución.
Lo primero que pasó fue eso, cuando saltamos de ochenta a cuatrocientos, ¡listo! no había más capacidad para estar compartiendo grupo así que ahí se empezó a armar “la paralela” en una franja horaria que estaba vacía en el club, que es antes de las seis de la tarde y que es la que todavía sostenemos […] pero en general los grupos nuevos, los íbamos poniendo donde había lugar, espacio en el club así que fueron quedando como separados. Intentando, por eso está esto de tener el ojo puesto ahí más que otra cosa en que se yo, partidos donde o visitas de las pibas de la tarde a la noche, de la noche a la tarde, había pibas que ya venían entrenando que querían competir, de handbol te estoy hablando particularmente, en la Liga, entonces directamente iban, no sé si esto lo sabían en el programa creo que no, (se ríe) a la noche y pasábamos el presente a la tarde (coordinadora de operadores sociales club Chimpay).
En este extracto puede apreciarse que los objetivos de integración y construcción del lazo institucional exceden los asignados por el PAd a los equipos técnicos de cada club, en tanto aparece una mayor preocupación por informar el presentismo de éstas/os jóvenes que en dar cuenta de las acciones que resultan de mayor valor para los fines de “inclusión social” pretendidos.
Esta falta de apoyo explícito del PAd en torno a la integración institucional aparece como reclamo en algunos relatos indicando la evidente desproporción entre objetivos que responden a configuraciones materiales y simbólicas de la sociedad en su conjunto y la posibilidad de incidencia en ellos si se realiza únicamente desde agentes considerados complementarios o con menor protagonismo institucional.
Yo te hablo mucho de la institución pero hay también muchas falencias que vienen desde arriba que por ahí hacen que no sucedan cosas, como que de cierta forma creo que son muy condescendientes en algunas cosas, […] bueno creo que también hay que correrse un poco de ese lugar para que lo otro se mueva ¿no? como que siento que muchas veces queda en nosotras operadoras sociales, el querer movilizar todo el tiempo eso sin un acompañamiento de otro lado […] Bueno, es que yo no sé si al programa le interesa tanto lo que suceda en la realidad como en la teoría que plantea (coordinadora de operadores sociales club el Recreo).
Como puede observarse, los sentidos que el propósito de integración social adquiere para los agentes institucionales son diversos y las estrategias que algunos intentan desplegar para contrarrestar los procesos de estigmatización y negación de reconocimiento de los clubes carecen del acompañamiento y respaldo estatal necesario para que sea efectivo. En definitiva, la forma preponderante de integración lograda podría definirse como supernumeraria en tanto las/os jóvenes del PAd se apropian de tiempos y espacios más o menos marginales y encapsulados que, bajo ese formato, resultan tolerados por los demás actores institucionales.
Consideraciones finales del capítulo
Como he indicado previamente, los dispositivos institucionales que participan del PAd son heterogéneos y allí conviven agentes con experiencias, lenguajes, disciplinas y perspectivas teóricas e ideológicas diversas. En este capítulo, hemos analizado las particularidades que alcanza en la dinámica institucional atendiendo a los objetivos de inclusión que se enuncian en su diseño.
Se ha puesto en evidencia aquí que la intervención de los agentes institucionales no está limitada al campo de la recreación, la educación o la atención de situaciones problemáticas de la población que atiende, sino que participa también del campo de los discursos sociales e institucionales acerca de esos problemas, incidiendo en las representaciones sociales sobre las condiciones de vida de las/os jóvenes, sus principales determinantes y las formas que asumen los dispositivos de intervención social que se construyen para darles respuesta.
Por ello, los modelos de intervención analizados en el capítulo anterior están permeados por las particulares formas de adscripción del PAd en la dinámica de cada institución deportiva, donde se ponen en juego diversas condiciones de hospitalidad, tolerancia u hostilidad respecto de las/os jóvenes vulnerabilizados.
En este capítulo se ha observado que la búsqueda de la cohesión grupal constituye un eje estructurante de la acción de todos los equipos técnicos institucionales en la medida en que el grupo de pares es reconocido como espacio de socialización y conformación de la identidad. No obstante, las referencias grupales a las que se alude mayoritariamente están compuestas por miembros jóvenes que comparten su condición de destinatarios del PAd en la institución.
La posibilidad de establecer vínculos con otras/os jóvenes de la institución aparece excepcionalmente y limitada a eventuales espacios de intercambio deportivo o recreativo o a la posibilidad de que alguna/o se integre (generalmente becada/o) en alguna categoría que representa al club en las ligas competitivas existentes.
No obstante, la pertenencia institucional constituye también un objetivo más o menos generalizado en las instituciones analizadas y la forma en que se implementa en cada contexto, da cuenta de los sentidos que adquiere el propósito de “inclusión social” pretendido por el PAd. El grado de alcance que en cada caso adopta la aludida pertenencia institucional de las/os jóvenes aparece condicionada por los principales objetivos institucionales y las motivaciones de sus autoridades para establecer los convenios, la inserción institucional del equipo técnico, sus propósitos de intervención y las prácticas y discursos de los socios en relación con la participación de jóvenes vulnerabilizados en las instituciones deportivas.
En la mayoría de las instituciones analizadas, a pesar de los “puentes de integración” que se intentan construir, se observa que los jóvenes del PAd gozan de un estatus diferencial respecto a los socios, con importantes restricciones para circular libremente y participar de la vida institucional por fuera del dispositivo creado en el marco del programa. La aludida pertenencia institucional se limita generalmente a la identificación con el espacio de práctica deportiva, los referentes adultos y el grupo de pares del programa.
Asimismo, como evidencian algunas entrevistadas, los objetivos de integración y construcción del lazo institucional exceden los asignados por la supervisión a los equipos técnicos de cada club, y dan cuenta de la inviabilidad de estos sin el apoyo material y simbólico del Estado local y las limitaciones de un programa que tiene propósitos de integración social pero no logra desarrollar estrategias efectivas para contrarrestar los procesos de fragmentación y discriminación que se producen en estas instancias.
- Retomando el planteo de Grassi (2008), opto en este trabajo por el concepto de integración social aludiendo a los mecanismos que permiten el reconocimiento mutuo, la coparticipación y la reciprocidad en las prácticas de los integrantes de una misma comunidad política, identificada y simbólicamente representada en el Estado. De acuerdo con la autora, el concepto de inclusión social ha perdido densidad teórica y resulta más afín a perspectivas ahistóricas y asociales que desplazan la cuestión en los sujetos quienes carecerían de determinados atributos (capital social, económico o cultural según sea el caso) que los convierten en objetos de intervención de políticas de inclusión ocultando que “el problema de la integración social y del carácter histórico-social de las necesidades, es un problema de producción y reproducción social; es decir, de relaciones sociales complejas y multidimensionales y no apenas de grupos de personas” (p.2).↵
- Se trata de una tradición conocida en Francia como “troisième mi-temps” y en Gran Bretaña como “third half” surgido en el rugby a finales del siglo XIX, como una forma de diferenciarse del fútbol y resaltar los valores del “fair-play”. Una vez finalizada la confrontación deportiva, los rivales se encuentran para fraternizar y suavizar los resentimientos que pudieran haber surgido previamente durante la competencia.↵
- Derrida y Dufourmantelle (2000) vinculan en su raíz latina las nociones de hospitalidad y hostilidad vinculándolas al extranjero. que puede ser recibido como huésped (hostis) o como enemigo (hôte). La tolerancia en su sentido hegemónico (Di Leo, 2009) supone un punto intermedio en el que el Otro, el diverso, no es agredido, pero permanece fuera del espacio grupal o institucional propio. Puede reconocérsele incluso derechos particulares, pero sin abrirse a la posibilidad de un nosotros, sin llegar a constituirse en una hospitalidad que supone la apertura y vínculo absoluto e incondicional con el otro.↵
- Esta categoría evoca ciertos enunciados sociales cotidianos respecto a los sectores populares que reciben subsidios del Estado (“planeros”, “plan descansar”, “asignación universal a la vagancia”, “parásitos”, etc.) que constituyen formas de discriminación simbólicas, estigmatización y de alterización de estos sectores de la sociedad argentina (Hill, 2019).↵
- En la periodización realizada por Canevá y Mendoza (2007) sobre el desarrollo histórico de los clubes, los autores identifican un último período que parte de la dictadura del ‘76 y lo denominan “deterioro del club social”. Si bien durante el kirchnerismo se desplegaron acciones tendientes a contrarrestar esta tendencia, los últimos años muestran indicadores coincidentes con el diagnóstico de los autores.↵
- Los turnos mañana y tarde suelen estar subutilizados en relación con los turnos vespertinos y de los días sábado donde la afluencia de socios es mayor en tanto despliegan actividades recreativas que suelen desarrollarse a contra turno de las actividades laborales o educativas.↵
- Giraldez (2013) define al territorio como el “espacio que excede los limites catastrales e incluye lo simbólico, lo identitario y que contiene en su interior tensiones por la representación, interjuegos de poder e imaginarios en cuanto a su desarrollo, según los sectores abarcados. Estos sectores tendrán un dialogo permanente- de alianza o de confrontación- con las instituciones estatales y también entre las diversas manifestaciones organizacionales allí expresadas” (p.23).↵
- El Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo (Ley 27098) los define como “asociaciones de bien público constituidas legalmente como asociaciones civiles sin fines de lucro, que tengan por objeto el desarrollo de actividades deportivas no profesionales en todas sus modalidades y que faciliten sus instalaciones para la educación no formal, el fomento cultural de todos sus asociados y la comunidad a la que pertenecen y el respeto del ambiente, promoviendo los mecanismos de socialización que garanticen su cuidado y favorezcan su sustentabilidad” (art.2) con un mínimo de 50 y una máximo de 2000 socios (art.5). ↵
- A pesar de la prevalencia de sectores medios en la mayoría de las instituciones analizadas, casi todas están ubicadas en la zona sur de la ciudad, muchas veces en predios lindantes con barrios populares.↵







