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Prólogo

Francisco Durand

¿Empresarios presidentes? Esta pregunta habría llamado la atención hace un tiempo si alguien hubiera explicado que se trataba de un nuevo objeto de estudio. Hoy asombra menos, al aparecer más casos y contar con los primeros estudios. El libro de Inés Nercesian, Presidentes empresarios y Estados capturados, avanza considerablemente en investigar esta (relativamente) nueva problemática sobre empresarios y política.

Sus primeras manifestaciones fueron ciertamente una sorpresa dado que, en el período posoligárquico, de política de masas democratizadora, y exigencias de “reformas estructurales” que pasaron por cortar la relación entre las clases propietarias y el Estado, no se esperaba que miembros de la élite económica participaran directamente en la política. Era impensable que un millonario se lanzara a la presidencia, y más que ganara.

En las décadas de 1980 y 1990, el clima político cambió con el desgaste de esta forma de hacer política, en gran parte por una negativa performance económica, pero también por efecto de un discurso antiestatista y antipopulista promovido por los neoliberales que les hizo perder legitimidad. Este discurso prendió con particular fuerza en los países latinoamericanos, donde fue abrazado acríticamente por las nuevas elites empresariales. A ello se sumó el impulso del discurso schumpeteriano sobre los innovadores, adaptado a los nuevos tiempos al enfocarse en “los emprendedores”. El término presentaba a los grandes empresarios como héroes de un desarrollo basado en la propiedad privada y el mercado liberado. Esta no era una simple repetición, pues venía con el añadido, primero divulgado como idea novedosa por Hernando de Soto y Mario Vargas Llosa, admiradores y seguidores de la Escuela de Viena y Milton Friedman, de que los empresarios informales y los emprendedores de origen popular eran creadores de riqueza que actuaban con vigor y creatividad en una dinámica de mercado que los Estados no podían controlar.

Los tiempos habían cambiado. Ya no se trataba de la vieja oligarquía, eliminada, debilitada o desplazada luego del ciclo populista de reformas, sino de empresarios modernos (hombres en su gran mayoría, si nos referimos a las grandes empresas). Como bien señala Nercesian, en la década de 1990 aparecieron los primeros casos de empresarios modernos lanzados a la política como candidatos presidenciales. Destaco el caso de “Goni” Sánchez de Lozada en Bolivia, un inversionista minero que, por haber vivido largo tiempo en los EE. UU., hablaba incluso con acento anglosajón. A pesar de los pesares, llegó a la presidencia en 1993 en una tierra dominada históricamente por el Movimiento Nacionalista Revolucionario. El nuevo fenómeno, como bien remarca este libro, comenzó a cobrar de a poco contornos más precisos en el siglo XXI al repetirse los casos en países de distinto tamaño y nivel de desarrollo. Sintomáticamente, la revista Nueva Sociedad, que sigue de cerca la coyuntura, publicó un artículo en el 2010 titulado “Empresarios a la presidencia”. Lo que faltaba eran estudios sobre estos casos, que siguieron apareciendo.

La aparición de un mayor número de casos de empresarios presidentes se inició en el mismo momento que apareció un resurgimiento de la política de masas, renovando el nacionalismo y reclamando un nuevo socialismo. Este giro a la izquierda fue inaugurado por Hugo Chávez en Venezuela en 1998 y manifestado con fuerza recién a comienzos del nuevo siglo en otros países que introdujeron políticas redistributivas.

Ciertamente, el siglo XXI empezó manifestando en América Latina fenómenos políticos de distintas orientaciones, lo que indicaba el fin del consenso de la década anterior. Entre la aparición de varios casos de empresarios presidentes, que le daban nuevo vigor al neoliberalismo impulsado por el Norte Global, y el giro a la izquierda, llamó más la atención de los estudios comparativos este último. El énfasis fue en buena parte un intento de entender esta tendencia “desviada” (para los seguidores del pluralismo y ciertamente los neoliberales) del supuesto curso que debía seguir el continente para afirmar las democracias de mercado.

Todo ello indica que es difícil predecir el curso de la política en el continente, debido en buena parte a que cada país tiene su propio reloj y las horas del cambio dependen de su pasado inmediato. Pero estas particularidades no niegan tendencias más generales que permiten los estudios comparativos. A fin de cuentas, el fracaso o mala performance neoliberal y el rechazo al populismo en países como la Venezuela de Chávez abrieron una oportunidad política de cambio hacia la izquierda, al mismo tiempo que la mala performance y el hastío con el neoliberalismo sirvieron para reiniciar el giro hacia la derecha. Este es uno de los temas que se resaltan en el libro para entender cómo se originaron los casos de presidencias empresariales.

Vicente Fox marcó la tendencia cuando ganó la presidencia en México en el 2000. Lo hizo como candidato del Partido Acción Nacional (PAN), agrupación de derecha que reclutó a numerosos empresarios durante la crisis de dominación del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Fox prometió, además, avanzar las reformas de mercado iniciadas por tecnócratas-políticos del PRI luego de la crisis de la deuda externa que México inaugurara en 1982. Fox inició esta “corrección” al presentarse como empresario moderno con capacidades gerenciales para iniciar el “gran cambio”. Una situación parecida la representó Mauricio Macri años más tarde en Argentina, en el 2015, probablemente el caso más notable y discutido de presidencia empresarial del continente, no solo por el tipo de candidatura, y el marcado sesgo elitista/empresarial de su gabinete, sino por el intento de superar por nuevos medios el predominio peronista. Casos parecidos o muy similares brotaron en el nuevo siglo en diversas partes del continente. Al aumentar la casuística, se hizo más fácil comparar semejanzas y diferencias, que es justamente lo que hace este libro y aquello que constituye su principal aporte.

En realidad, lo que podemos llamar la situación normal de influencia empresarial, incluso de captura del Estado, se esperaba de gobiernos que siguieron alineados con el Consenso de Washington, apoyados desde su origen por los grandes empresarios, con quienes mantuvieron una relación de privilegio poco visible para las mayorías. La vía política de esta estrecha relación se desarrolló tanto con viejos partidos, adaptados a las realidades del siglo XXI, como con otros nuevos que aparecieron a medida que mutaba el sistema de partidos. Hasta aquí no había nada nuevo. Para explicar esta situación, las ciencias sociales acuñaron el concepto de “neopopulismo”, lo que antes se llamaba con más claridad “populismo de derecha”. Casos de presidencias largas, como las de Menem en Argentina (1989-1999), que impulsó las reformas de mercado desde el peronismo, como la de su gemelo, Alberto Fujimori en Perú (1990-2000), siguiendo la misma línea pero inventando un nuevo partido (Cambio, 2000), fueron típicos de estos reacomodos. Junto con esta dupla “neopopulista”, aparecieron otros casos caracterizados por ser movimientos políticos encabezados por figuras empresariales volcadas a la política y que, una vez victoriosos, ejercieron el poder “directamente”, “sin mediación”, como afirma Nercesian.

La abundancia de casos permitía un análisis comparativo. Los casos seleccionados por la autora, ocho en total, todos significativos al mismo tiempo que diversos, exigen ser agrupados en tipos para luego poder ser comparados. Siguiendo una tradición comparativa iniciada en 1969 con el trabajo pionero de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Desarrollo y dependencia en América Latina, Nercesian identifica dos tipos básicos con base en el tamaño y nivel de industrialización. El primer tipo lo conforman países grandes con industrialización temprana y Estados con mayores capacidades (Argentina, Brasil y México), y el segundo tipo, países medianos y pequeños con industrialización tardía (Chile, Colombia, Perú, Paraguay y El Salvador). En todos ellos aparecieron empresarios que ganaron la presidencia.

Los casos seleccionados reflejan las condiciones estructurales de su tiempo, signadas por la globalización económica. En primer lugar, la transformación de las estructuras empresariales al acentuarse la concentración del poder económico en conglomerados diversificados que desarrollaron una rama financiera. Gracias a una nueva hornada de estudios sobre los grupos de poder económico, y la mayor información y el mejor acceso a ella, la autora ha podido dar cuenta de esta faceta comparativa señalando el grado y tipo de diversificación y su conexión con las actividades financieras. En segundo lugar, otro signo de los tiempos fue la diseminación de ideas sobre la eficiencia y el éxito empresarial, que fueron utilizadas en campañas bien financiadas por los candidatos empresariales para convencer a los votantes del fracaso de gobiernos que intentaron controlar el mercado.

El libro, al revisar caso por caso, también encuentra constantes políticas, de las cuales la principal es el aprovechamiento del fracaso económico de gobiernos populares que los precedieron. Los empresarios políticos que iniciaron su saga compitieron con partidos nuevos o lograron encabezar los ya existentes, pero teniendo en común presentarse como candidatos frescos, renovadores, capaces de poner orden luego del caos heredado, gobernando con “mano firme”, e introduciendo nuevos principios de gestión gubernamental. Todo ello, supuestamente, daría lugar a un período de orden y progreso.

La comparación que uno encuentra en este libro no se limita a las campañas y los presidentes. Va más allá, y esta entrada constituye un aporte en cuanto analiza también a los gabinetes que se conformaron al tomar el poder. Una constante reveladora es el patrón de reclutamiento ministerial de empresarios, economistas y técnicos de organismos financieros internacionales. Estos ministros y ministras (la presencia femenina tiende a crecer, aunque no llega a la paridad), se afirma, “marcan la diferencia” por ser independientes, gente de alto nivel y probada experiencia en sus respectivos campos. El acento elitista destaca como justificación de un buen gobierno, a pesar del contraste con el hecho de que estas caras no se corresponden por origen y trayectoria con la mayoría de los votantes. Los empresarios presidentes jugaron a este elitismo mostrando una marcada convicción positivista que revela en realidad una continuidad más que un cambio.

La actuación política y económica de estos gobiernos empresariales y sus “gabinetes de lujo” es también cuestión de estudio y reflexión. Lo que el libro sugiere es que estos gobiernos no llegaron a ser estelares. Su imagen de gerentes de cambios ejecutados eficientemente y con honestidad quedaron más como elementos del discurso. Dependiendo de las reglas de sucesión de cada país, estos presidentes empresarios buscaron reinventarse para intentar un segundo gobierno o apadrinar algún candidato que continuara lo que ellos empezaron. El presidente que logró repetir fue Sebastián Piñera de Chile. Regresó al poder en el 2018 y enfrentó al poco tiempo, antes de la pandemia, grandes olas de protesta no solo contra su persona, alentadas por su manejo elitista de la crisis, sino también contra el neoliberalismo “exitoso” que fuera presentado por Piñera como modelo para el continente.

Unas palabras finales. Estudios de este tipo permiten avanzar el campo de reflexión, cada vez más fecundo y variado, de académicos que estudian la relación entre empresarios y política desde distintas perspectivas académicas. Se trata de un campo de estudio que va asentándose, y que hoy lo empuja una comunidad epistémica más amplia y universal. Aparecen nuevos fenómenos, como el caso de los empresarios presidentes y discusiones nuevas de temas viejos como la captura del Estado. Al contar los académicos con más análisis de casos y estudios comparativos, se pueden realizar avances sobre bases más firmes. El libro que tiene entre sus manos expresa, y al mismo tiempo contribuye, a esta tendencia. En buena hora.

 

Lima, 25 de agosto de 2020



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