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Aportes teóricos y prácticos de la psicología ambiental para la arquitectura

Primeras aproximaciones para el diseño de espacios públicos

Daiana Zamler[1]

Resumen

Este artículo es el resultado de un proceso de investigación ligado a la tesis doctoral en curso, que intenta resumir las fases del proceso y los resultados preliminares de cada etapa.

La forma de vida en los entornos urbanos actuales demanda altos grados de atención a múltiples estímulos, que provocan estrés y ansiedad de forma generalizada. Desde comienzos del siglo XX, diversos autores analizan esta relación entre ciudad y malestar psicosocial que, en el marco de la ciudad actual, parecería acentuarse y encontrar nuevas formas de manifestación. A su vez, el bienestar, la equidad y la oferta de múltiples oportunidades tangibles e intangibles en espacios públicos de calidad se han vuelto prioridad en las agendas internacionales de las últimas décadas.

Esta coyuntura exige orientar también la concepción de los espacios urbanos al bienestar psicofísico de los habitantes. Por lo tanto, vale cuestionar las herramientas proyectuales vigentes, para incluir en los procesos de diseño pautas que favorezcan la salud física y mental. En tanto, se asume que la integración de conceptos de la psicología ambiental (PA) a la arquitectura puede contribuir a esta cuestión.

Esencialmente por dos motivos:

  1. porque se reconocen las cualidades espaciales que inciden en la relación recíproca persona-ambiente;
  2. porque, producto de la interpretación de la actividad perceptiva, es posible incluir en el proceso proyectual criterios formales que favorezcan el bienestar.

Así es que, a través de la indagación en distintos enfoques sobre las lógicas predominantes en la producción de espacio público y urbano, se examinan los vínculos persona-espacio.

Esto habilita a

  1. la exploración teórico-conceptual de la PA;
  2. investigar la relación entre la percepción espacial y los elementos constitutivos del entorno; y
  3. reconocer las cualidades de diseño que favorecen el bienestar.

Como principal resultado y aporte a la arquitectura, se destaca la incorporación de configuraciones que inviten al cuerpo a sentir confort, y a la mente, tranquilidad. Finalmente, se considera que el mayor desafío se centra en incorporar conocimientos de otras áreas disciplinares para enriquecer el diseño en favor del bienestar humano-urbano.

Introducción

Como principal problema de investigación, se reconoce un malestar psicofísico en las ciudades que proviene de tres causas principales. Primero, del estrés físico y cognitivo extendido por la alta demanda de atención vinculada a las lógicas de consumo y la velocidad en la toma de decisiones que reclama la vida urbana actual (Kaplan, 1992, 1995).

Segundo, de la ansiedad masiva producto de un proceso psicológico fundamentado en cuatro factores:

  1. falta de vínculos sociales;
  2. vidas vacías de sentido;
  3. ansiedad flotante y descontento psicológico;
  4. frustración-agresión crónicas y generalizadas (Desmet, 2021, 2022).

Tercero, de la intensificación de los síntomas mencionados por las experiencias cotidianas que se tienen en las ciudades actuales en relación con sus cualidades físicas. Se asume, en muchos casos, que dichas cualidades son poco satisfactorias y consecuentes de la incapacidad material de absorber el acelerado crecimiento urbano de las últimas décadas, sumado a las lógicas capitalistas de producción urbana (Castells, 2001; Delgado, 2011; Sennet, 2018).

A su vez, Fernando Carrión (2016) alerta sobre determinadas causas que, a su entender, ponen en peligro la actual forma de vida. Las resume en cinco factores principales: fragmentación; segmentación; difusión; inseguridad; y privatización. Estas dimensiones resultan válidas para ilustrar la interrelación entre los procesos urbanos y la crisis psicosocial expuesta. Visto que estos rasgos tienen en común la pérdida de sentido de pertenencia, la falta de cohesión socioespacial, el aislamiento en espacios privados y el nocivo desuso de los espacios públicos urbanos como consecuencia de lo anterior (Carrión, 2003, 2016). En este contexto, el bienestar individual y colectivo presenta un desafío transversal y esencial que debe ser atendido.

A partir de este marco, se propone una pregunta central dirigida a arquitectos-urbanistas como principales diseñadores formales del espacio físico: ¿cómo puede imbuirse la arquitectura en esta problemática para proponer espacios que eviten acentuar el estrés y propicien sensaciones de bienestar, calma y confort? ¿Qué relaciones existen entre esta problemática, la producción espacial y el crecimiento urbano?

Ahora bien, el crecimiento urbano equitativo pasó a ser el desafío más serio del presente siglo, al menos en las declaraciones de renombradas instituciones internacionales (ONU-HABITAT y CAF, 2014; Cepal, 2018; Naciones Unidas, 2017, 2022). De hecho, dentro de los 17 Objetivos Globales para el Desarrollo Sostenible 2030, acordados por la ONU, se destaca la meta 11.7, que demanda “de aquí a 2030, proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad” (Naciones Unidas, 2022, Objetivo 11).

Atender a esta meta también implica reflexionar en forma profunda sobre la pregunta planteada por Olga Segovia (2007) en el libro Espacios públicos y construcción social:

¿Qué lugar ha venido a ocupar el espacio público en un contexto urbano de múltiples transformaciones económicas, sociales y culturales, que se expresan en nuevas formas de organización real y simbólica de la ciudad y que manifiestan una manera diferente de vivirla, de pensarla y de relacionarse con ella, de parte de mujeres y hombres? (Segovia, 2007, p. 9).

Seguidamente, al parecer el espacio público se ha vuelto un elemento esencial del nuevo imaginario urbano, incluso dentro de las proclamaciones de las organizaciones internacionales. En la Nueva Agenda Urbana: Habitat III, el espacio público cobra un rol central que guía la concepción de la ciudad venidera. Para el cumplimiento de esta aspiración en la misma agenda, se declaran al menos cuatro compromisos para su desarrollo en los puntos 37, 53, 67 y 100 (Naciones Unidas, 2017).

Estas determinaciones se centran en “la creación de espacios públicos seguros, inclusivos, accesibles, verdes y de calidad, que propicien la interacción social, y la inclusión, la salud y el bienestar humanos” (p. 15).

Además, se promueve como escenario para la participación, la convivencia y el desarrollo económico y cultural. A su vez, se asume como espacio resistente frente al cambio climático y los desastres naturales, así como lugar idóneo para el fomento de la salud física, mental y nutricional. También se hace hincapié en la escala humana de estos espacios, la necesidad de librarlos de distintas formas de violencia, e incluso de su aprovechamiento para el fomento de la actividad comercial y actividades comunitarias de distinto tipo (ibidem).

Este contexto lleva a interrogar cómo la disciplina arquitectónica responde desde la formación y la práctica profesional a las principales aristas de la cuestión que se sintetiza en el malestar psicofísico de los ciudadanos por tres causas centrales:

  1. el estrés físico y cognitivo causado por la demandante forma de vida urbana actual;
  2. la ansiedad flotante y la falta de vínculos sociales como principales síntomas psicológicos socialmente expandidos;
  3. las deficiencias físico-territoriales resultantes del acelerado crecimiento urbano y las lógicas de (re)producción espacial.

Como se ha dejado ver hasta aquí, estas causas están estrechamente conectadas. A su vez, se encontró que es posible descifrar esta interrelación a través de tres cuestiones centrales:

  1. el espacio público, por el rol central que juega en la producción simbólica y material del entorno urbano;
  2. la psicología ambiental, como disciplina que aporta evidencia científica y explica el indisociable nexo entre el espacio material y el bienestar psicofísico de los seres humanos;
  3. el rol del arquitecto-diseñador como principal proyectista formal y como potencial mediador entre la técnica y la demanda de los beneficiarios a través de su sensibilidad artística proyectual.

Por último, esta es también una invitación a reflexionar sobre el hacer y el enseñar arquitectura. Tal como aporta Clementi (2010), se propone alcanzar evaluaciones intersubjetivas en las que se diferencian las estimaciones meramente objetuales de las aproximaciones que consideran las consecuencias del espacio diseñado en las experiencias que tienen lugar allí.

Es una propuesta a pensar en un cambio de paradigma en un mundo que demanda atención a cuestiones básicas y cuasi olvidadas como el bienestar. En otras palabras, la salud física y la mental. Por supuesto, no se pretende sugerir aquí que la arquitectura puede resolver este formidable problema. Sin embargo, sí se tiene la convicción, y hoy también el argumento, de que otra forma de pensar y desarrollar la arquitectura puede tanto aliviar los síntomas, como favorecer el bienestar del ser humano urbano.

En este desafío, se asume que la arquitectura como disciplina debe renovar ciertos modelos y permitirse incorporar conocimientos de otras áreas que enriquezcan el proceso proyectual en favor del usuario, entendido este de forma holística y sensible.

Estrategia metodológica

En el contexto de la problemática planteada, se asume que la incorporación de conceptos de la PA a la arquitectura, en cuanto campo de formación académica y práctica profesional, facilitaría el diseño de espacios que propicien el bienestar psicofísico. Esta hipótesis se apoya en que (re)conocer los procesos perceptivo-cognitivos y el intrínseco vínculo persona-ambiente contribuye a reducir el desfase entre el proceso proyectual y la posterior experiencia espacial.

Se debe señalar que, si bien esta hipótesis es válida para la arquitectura en general, aquí se hará foco en el diseño de espacios públicos en particular. En primer lugar, como recorte temático, y luego por la preponderancia que tienen estos espacios, especialmente los de tipo recreativo, para aliviar la alta atención físico-cognitiva que demanda la ciudad actual, que deriva en estrés y ansiedad generalizados. Esto es porque se infiere que, en los espacios públicos, se pueden ofrecer oportunidades tangibles e intangibles que alienten lazos sociales como antídoto al malestar psicosocial.

Como estrategia, en primer lugar, se propuso profundizar cada una de las aristas de esta preocupación desde un enfoque teórico-crítico. De tal forma, se estudiaron las lógicas predominantes en la construcción y la reproducción de la ciudad (Lefebvre, 2018 [1973]; Madanipour, 1999; Sennet, 2018; Silvestri, 2010). Se profundizó en las consecuencias del neoliberalismo como un momento bisagra que, a su vez, sirvió como recorte teórico-temporal (Delgado, 2011; Fainstein, 2013; Ramírez Kuri, 2017).

Como punto de partida, se tomó la idea de romance por el espacio público de Adrián Gorelik (2008), porque, asociado con otras teorías, explica cómo se forjan los vínculos imaginarios y reales con los espacios públicos en la actualidad (Koolhaas, 1998 [1995]; Madanipour, 1999). A partir de allí, se indagó en todo tipo de ideales optimistas y pesimistas sobre, desde y a partir de la repro-construcción de los espacios públicos (Borja y Muxí, 2003; Salcedo Hansen, 2002; Gamboa, 2003).

Finalmente, se llegó a los dos aspectos principales que interesaba indagar: los vínculos simbólicos persona-espacio y los procesos proyectuales que gobiernan al momento de diseñar estos lugares. Esto permitió adentrarse en la PA como campo disciplinar complementario para el enriquecimiento de la arquitectura. Se establecieron tres objetivos clave:

  1. conocer e interpretar las teorías que argumentan la relación persona-espacio desde un punto de vista simbólico;
  2. explorar la relación entre la percepción espacial y los elementos constitutivos del entorno;
  3. reconocer las configuraciones espaciales que alientan vínculos positivos y favorecen el bienestar psicofísico.

Todo este recorrido permitió, por un lado, explicar la reciprocidad persona-espacio científicamente. Luego, a partir de una recopilación de antecedentes que argumentan estas correspondencias, ofrecer una indagación en iniciativas emergentes que, basadas en los antecedentes empíricos, proponen estrategias de diseño para el bienestar psicofísico.

Resultados

De la primera etapa investigativa, vale destacar que existe un antecedente amplio en la literatura que abarca desde Gustav Le Bon (1985) hasta Richard Sennet (1997, 2018) que desarrolla la relación entre los entornos urbanos masivos y el bien/malestar psíquico. En este espectro se encuentran textos como el de George Simmel, La metrópolis y la vida mental (1971), o el de Henri Lefebvre, Hacia una arquitectura del placer (1973). Incluso, autores como Jane Jacobs (1961), u otros más recientes como Mireia Belil, Jordi Borja y Marcelo Corti (2012), proponen una reflexión crítica sobre el bienestar en la ciudad. También otros autores se dedicaron a analizar cambios sociológicos y conductuales en la urbe actual como Zygmunt Bauman (1999) o Setha Low (1999), por nombrar algunos.

Sin embargo, el estudio de la problemática desde el campo de la psicología ambiental es más reciente. Basados en las primeras ideas sobre construcción de la identidad y el espacio físico, de Harold Proshansky, Abbe Fabian y Robert Kaminoff (1983), autores como Nora Livia Rivera Herrera y María Teresa Ledezma Elizondo (2014) trabajan la relación entre ciudad e identidad. María Lewicka (2011) y Andrés Di Masso (2019), en conjunto con otros investigadores, comparan las distintas formas de apego al lugar en el mundo de la movilidad. Enric Pol (1996, 2002) analiza las formas de apropiación concreta y simbólica del lugar.

También con Sergi Valera (1994, 1996, 2014) exploran la identidad social urbana y los aspectos simbólicos de la ciudad. Pero la aplicación de esta disciplina al campo arquitectónico resulta más bien novedosa.

Ahora bien, el recorte y foco en la dimensión del espacio público se fundamenta en ciertas perspectivas teóricas que lo asumen como escenario propicio para el desarrollo social, educativo, económico, político y recreativo de la sociedad (Borja y Muxí, 2003; Carrión, 2003, 2016; Buraglia, 2007). Posición que se ha potenciado tras la pandemia global.

Por otro lado, se considera que el espacio público de tipo recreativo puede ofrecer mayores oportunidades para que las personas se encuentren, conecten unas con otras y creen lazos solidarios (Segovia, 2007; Gehl, 2011; Ramírez Kuri, 2017). Por último, se asume como el espacio propicio en la ciudad para instaurar condiciones que favorezcan la reducción del estrés y de la ansiedad (Kaplan, 1992, 1995; Maier y Fadel, 2009; Beatley, 2017). Esto sería posible a través de la incorporación de elementos que inviten al cuerpo a sentir confort, y a la mente, tranquilidad.

Tabla 1. Antecedentes teórico-empíricos de la PA que alimentan esta investigación

Teorías perceptuales que ofrecen aportes prácticos y directos a la PA

Collative Properties

Oostendorp y Berlyne (1978).

Attention Restorative Theory (ART)

Rapuano, et al. (2022); Berman, Jonides y Kaplan (2008); Thwaites, Helleur, Simkins (2005); Kaplan (1992); Thwaites, Simkins, Mathers (2011); Berto (2014); Buttazzoni et al. (2022); Hartig et al. (2003); Ulrich (1981, 1983, 1991).

Nature-based Health Interventions

Heerwagen (2018); Shanahan et al. (2018); Brown y Corry (2020); White et al. (2019); Fuller et al. (2007); Haviland-Jones (2005); Jiang (2014); Maller (2018); Swierad y Huang (2018).

Environmental preference

Kaplan (1987); Herzog, Kaplan y Kaplan (1982); Tenngart y Hagerhall (2008); Hagerhall, Purcell y Taylor (2004); Van den Berg et al. (2003); Van den Berg, Joye y Koole (2016); Brown y Corry (2011, 2020): Purcell et al. (2001); Van den Berg, Hartig y Staas (2007).

Affordances

Gibson (1986); Greeno (1994); Young y Cleveland (2021, 2022); Maier y Fadel (2009); Ben Zeev (1979); Heft (1989); Jelic et al. (2016); Tweed (2001); Withagen (2017).

Prospect refuge

Appleton (1996); Dosen y Ostwald (2013).

Fuente: Elaboración propia.

Ahora bien, a partir de conceptos originales de la PA, específicamente basados en la percepción (Berlyne, 1960, 1974; Gibson, 1979; Kaplan, 1992, 1995), asociados a otros que se interesan por la experiencia en el lugar desde un enfoque arquitectónico (Norberg-Schulz, 1980; Pallasmaa, 1996), se desarrollan líneas de investigación novedosas (tabla 1) a partir de las cuales se exploran ideas con posibilidades de ser aplicadas al diseño, al urbanismo y a la arquitectura (Hartig, et al., 2003; Thwaites, Helleur, y Simkins, 2005; Van den Berg, Hartig, y Staats, 2007; Maier y Fadel, 2009; Thwaites, Simkins y Mathers, 2011; Browning, Ryan y Clancy, 2014; Scott et al., 2016; Beatley, 2017) (tabla 2).

Tabla 2. Prácticas emergentes en diseño basadas en las teorías de la PA que argumentan un impacto en positivo en la salud cuando se incorporan elementos naturales y composiciones específicas al espacio construido

Nuevas tendencias en diseño basadas teorías de la PA

Biophilic design

Andreucci et al. (2021); Beatley (2016, 2017, 2018); Hung y Chang (2021); Browning et al. (2014); Nota et al. (2017); Zhong, Schröder y Bekkering (2021); Joye (2006, 2007); Hung (2021); McDonald y Beatley (2021).

Regenerative design

Day y Rose (2003); Heerwagen (2003); Ibáñez (2019); McDonough y Braungart (2003).

Blue-green architecture

Well y Ludwing (2019).

Fractals

Trombin (2020).

Fuente: elaboración propia.

En esta búsqueda se identificó el documento “14 patrones de diseño biofílico. Mejorar la salud y el bienestar en el entorno construido” (Browning, Ryan y Clancy, 2014). Esta publicación resultó particularmente interesante ya que surgió como resultado de una indagación interdisciplinar que examina la evidencia empírica existente que fundamenta la relación recíproca entre los elementos constitutivos del ambiente y los efectos en la salud psicofísica.

Los hallazgos y las propuestas de diseño resumidas en patrones proyectuales surgen de la revisión de las teorías de autores referentes en el tema como Christopher Alexander, Judith Heerwagen, Rachel y Stephen Kaplan, Stephen Kellert, Roger Ulrich, entre muchos otros (ibidem).

Aquí vale explicar que la biofilia es la conexión innata del hombre con la naturaleza (Nota et al., 2017) y se asume que la incorporación al diseño de elementos naturales o reminiscencias de la naturaleza al entorno construido favorece el estado de salud en diversas dimensiones (Beatley, 2017).

Este es el punto nodal en el que se encuentra hoy el estudio, ya que esta exploración conduce a profundizar la reflexión sobre las herramientas que los arquitectos, diseñadores y planificadores ya tienen para favorecer la salud y alcanzar los objetivos de las agendas globales hacia 2030.

Discusión y conclusiones

Como se ha podido ver, existe un vasto antecedente teórico-empírico proveniente de la PA que tiene diferentes enfoques teóricos y metodológicos que alimentan esta investigación. Cada uno de estos conceptos se interrelaciona y, en la mayoría de los casos, se retroalimenta.

En el presente se está desarrollando un trabajo analítico e interpretativo sobre estos aportes para ofrecer una síntesis que pueda ser integrada, compartida, apropiada y aprovechada por la arquitectura. En paralelo, se han identificado también ciertas prácticas emergentes (tabla 2), basadas en el cuerpo teórico que se muestra en la tabla 1, que proponen lineamientos directos para el diseño.

Este representa uno de los últimos hallazgos y aportes que, a su vez, habilitó nuevos objetivos. Uno de ellos es aplicar los patrones de diseño de Browning et al. (2014) a un caso de estudio empírico, que formó parte de una etapa investigativa previa –para más información ver Zamler (2022)–.

Con este fin, se pretende probar y aplicar la teoría, entendida como práctica emergente, a un caso concreto como instancia exploratoria. Además, la propuesta en curso se diseñó como experiencia didáctica en formato de laboratorio, integrado por estudiantes de grado de la Carrera de Arquitectura de la FA-UAI. Esto último permite además iniciar la transferencia transdisciplinar de conocimientos como un primer paso en el cambio de paradigma inicialmente propuesto.

Por último, cabe destacar que este campo de conocimiento resulta bastante novedoso, visto que las investigaciones que se incluyen son sumamente recientes (ver tablas 1 y 2). También cabe señalar que prácticamente todo el material es en inglés. Esto indica que, al menos en América Latina, o bien en Iberoamérica, esta temática es novedosa y representa una vacancia.

Por último, resaltar la emergencia de un nuevo foco en el diseño que trasciende la más conocida sustentabilidad, que incluye las dimensiones del cuerpo, las emociones y la salud por lo menos como tema que será necesario seguir indagando.

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  1. Daiana Zamler es arquitecta y doctoranda en Arquitectura FAPyD UNR, becaria CONICET-UAI y docente de la misma universidad en FA Rosario e investigadora CAEAU, FA, UAI.


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