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Rupturas en la continuidad del tejido urbano

Los pasajes de Buenos Aires

Irma Abades[1]

Al iniciar la investigación, y con el propósito de imponer un orden, surgió como primera opción indagar por barrios, agrupar por comunas y, dentro de estas áreas, develar pasajes y alteraciones en el trazado urbano. El modo en que la ciudad[2] se fue transformando y sus diferentes etapas de crecimiento ligadas a problemas demográficos, a situaciones de emergencias sanitarias y a distintas codificaciones que la fueron disciplinando se asociaron a la mirada inicial sobre el problema. Otra opción, quizá más aleatoria y hasta con un dejo de romanticismo, fue avanzar sobre la ciudad y, sin un orden previo, descubrir pasajes, rupturas, continuidades, analogías y oposiciones donde el factor sorpresa fuera hilvanando descubrimientos y alimentando la búsqueda.

Las historias de cada pasaje, la memoria que cada uno portaba, la razón de sus nombres en muchos casos enlazados con acontecimientos significativos o vinculados con alguna edificación próxima, así como la participación de sus trazados en el diseño del entorno inmediato ya sea generando disoluciones o continuidades, fueron variables que atravesaban cada opción que surgía. Momentos de crecimiento, ciclos, alteraciones edilicias y rediseños urbanos, repeticiones y semejanzas imponían buscar entre sí coherencias para proponer un orden. La intención de no contemplar desde afuera impuso la realización de tareas de campo colaborando en la búsqueda desde un orden sistemático y a la vez sensible en función del contacto con el objeto de estudio. “Un espacio dinámico debe ser definido desde el punto de vista de un observador vinculado con ese espacio y no desde una posición exterior”.[3]

Cada pasaje es memoria[4], pasado y presente, ruido y silencio, sus perfiles se mantienen o se transforman bajo la picota del tiempo, motivo por lo cual se optó por un modo de operar donde se integraran todas las variables que fueron asomando parcialmente. En atención a ello, todo lo referido a evoluciones, dinámicas, articulaciones y efectos en tiempo y espacio comparados entre los diferentes casos fue configurando la red conceptual sobre la cual asentar este estudio.

Acercarse, observar, decodificar y transferir lo analizado, revisar caminos recorridos en un primer momento de avance permitió, en la nueva etapa de investigación, tomar esa experiencia como base de datos, lo cual posibilitó ampliar la exploración en los pasajes en cuanto a su genética, sus características morfológicas, su sintaxis y la posible incidencia de su diseño al actuar como integradores sociales. Según Foucault,

vivimos, morimos, amamos en un espacio cuadriculado, recortado, abigarrado, con zonas claras y zonas de sombra, diferencias de nivel, escalones, huecos, relieves, regiones duras y otras desmenuzables, penetrables, porosas; están las regiones de paso: las calles, los trenes, el metro; están las regiones abiertas de la parada provisoria: los cafés, los cines, las playas, los hoteles; y además están las regiones cerradas del reposo y del recogimiento.[5]

Es en ese primer recorte del espacio cuadriculado donde vamos a detenernos para relevar, analizar y catalogar pasajes en la Ciudad de Buenos Aires en cuanto a sus características morfosintácticas, incluyendo en el estudio las rupturas, suspensiones, interrupciones o articulaciones que ellos generan dentro del tejido urbano, e incorporando en la catalogación una variable hasta el momento no presentada: los valores patrimoniales.

En una primera mirada, fueron seleccionados y agrupados para su estudio sobre la base de la presentación de su trazado, desde un punto de vista disposicional, en forma de U, de L, de I, de T, de S, en forma de peine o en cul de sac, en cuanto a su categoría como públicos o privados, según su espacialidad como cubiertos o a cielo abierto, peatonales, vehiculares mixtos y en relación con sus valores e historias dentro de distintos barrios de Buenos Aires, analizando el pasaje siempre vinculado con el contexto de inserción y no solo como lugar en sí. De inicio, esta estrategia de búsqueda permitió abordar el análisis de los siguientes pasajes.

Barrio

Pasaje

Almagro

San Carlos

Balvanera

Colombo – Victoria – Discépolo Fernández, Huergo, Sarratea (no existentes en la actualidad)

Barracas

Lanin

Caballito

Videla Castillo

Flores

Salala – Pescadores – Espejo – La Porteña

La Boca

Caminito

Mataderos

De la Misericordia

Monte Castro

La Santa María – La Niña – La Pinta

Montserrat

5 de Julio- Urquiza Anchorena-Roverano-Barolo

Parque Chacabuco

Caperucita – Butteler

Parque Chas

Bucarest – Budapest – Sofía – Nápoles – Praga – Oslo – Varsovia – Liverpool – Atenas – Marsella – Ginebra – La Haya – Cádiz – Londres – Dublín – Berlín

Presidente Sáenz Peña (no oficial)

Achira – Flor del Aire – Aromo – Quebracho

RECOLETA

Libertad – Rue des Artisans – Suizo – Bollini

Retiro

Seaver – Eguía (no existen en la actualidad)

Saavedra
Barrio Parque Saavedra

Se incluye este barrio no oficial por su particular trazado

San Nicolás

Rivarola – Del Carmen – De la Piedad – Güemes – Galería Pacífico

San Telmo

San Lorenzo – De la Defensa

Santa Rita

Gaceta de BS. AS.- El Delta – El Ñandú – El Litoral – La Comuna – El Domador – Los Andes – El Peregrino – La Calandria – Crainqueville – Chimborazo – Lapacho

Villa Crespo

Mangiante (no existe en la actualidad)

Villa del Parque

El Quijote

Villa Lugano
Barrio Parque A. Brown (no oficial)

Goleta Juliet – Goleta Fortuna – Sumaca Itatí – Bergantín Nancy – Bergantín Vigilante – Goleta Sarandí – Bergantí Echagüe – Goleta Maldonado

En este estudio, designamos como pasajes a todas aquellas vías de conexión resueltas a cielo abierto o cubiertas, privadas o públicas, peatonales o de circulación vehicular, de extensión breve que causan alteraciones en el trazado urbano, rompen continuidades y generan nuevas sintaxis dentro del contexto donde están emplazadas. Según María Marta Lupano, “en nuestra ciudad se utiliza indistintamente el término cortada, pasaje o callejón para referirse a diversas situaciones que implican la no regularidad o ruptura del trazado ortogonal de las calles”. Esta autora expone que “el término cortada se ha usado generalmente para designar aquellas calles que surgían como resultado de antiguas trazas de arroyos o de paradas de algún mercado y que su trazado tenía carácter espontáneo”, mientras que el “pasaje quedaría vinculado a un emprendimiento inmobiliario y de carácter planificado”.[6]

Proceso y primeros hallazgos

Mi patria –Buenos Aires– no es dilatado mito geográfico que esas dos palabras señalan; es mi casa, los barrios amigables, y justamente con esas calles y retiros, que son querida devoción de mi tiempo, lo que en ellas supe de amor, de penas y de dudas (Borges, J. L.).[7]

En el recorrido inicial, como resultado de un proceso desarrollado en el tiempo, se analizaron pasajes a cielo abierto perforantes de manzanas; otros que en su diseño inicial eran pasantes, pero que su conexión original se anula debido a nuevas delimitaciones de dominios; están los que su traza corresponde al antiguo recorrido de vías de férreas, surgen los que se agrupan y así generan subsistemas dentro de la trama urbana; están aquellos que conservan como limitantes las viviendas originales atesorando historias de los inicios; se destacan los que fueron puestos en valor por ordenanzas municipales o por la acción de artistas plásticos que aportaron murales a las fachadas, con lo cual crean un mundo con esencia propia; surgen los que portan nombres ligados con episodios relevantes o aquellos que adoptan por nombre el de templos cercanos. Otros pasajes, ya no a cielo abierto, sino cubiertos, desarrollados en la planta baja de edificios, de uso comercial y que ofician de conectores entre diferentes vías del contexto inmediato. También queda la memoria de los que, debido al paso del tiempo, a los procesos de crecimiento y transformación urbanos, o a intereses inmobiliarios, han desaparecido.

Se detectan pasajes dentro de estructuras organizativas urbanas cuyo diseño disposicional altera el trazado del tejido circundante. Lo mencionado hasta el momento corresponde a pasajes dentro de barrios oficiales, aunque también surgen en sectores autodenominados “barrios”, los cuales corresponden a agrupaciones singulares dentro de barrios oficiales, como, entre otros, el barrio Las Casitas, el barrio Parque Cornelio Saavedra –en su origen barrio Perón–, el barrio Presidente Sáenz Peña o el barrio Mitre, los cuales son barrios no oficiales. Según Fernando Diez, “la identidad de un barrio depende de sus bordes o límites, de su trazado, de sus monumentos y espacios públicos, pero más que de ninguna otra cosa, de la homogeneidad de su tejido característico”.[8] Para Lynch,[9]

los barrios son secciones de la ciudad cuyas dimensiones oscilan entre medianas y grandes, concebidas como de un alcance bidimensional en el que el observador entra en su seno mentalmente y que son reconocibles como si tuvieran un carácter común que los identifica.

Tejido y paisajes en barrios no oficiales

En el proceso de investigación, se detectan localizaciones espaciales de los pasajes dentro de barrios no oficiales que presentan una organización propia, diferente al tramado del tejido circundante. El área de estudio, en el barrio Liniers, corresponde al sector denominado “Barrio de las Mil Casitas”, cuyo inicio en la década del 20 se vincula con la necesidad de brindar viviendas a quienes trabajaban en la extensión del tendido de vías férreas, puesto que allí se establecieron los talleres de reparación y mecánica del ferrocarril. Amerita detenerse brevemente en los antecedentes de esta zona a los fines de una mejor comprensión de este particular trazado.

En 1834 la Sociedad del Camino de Fierro del Oeste construyó la primera línea de ferrocarril del país, la cual tomó el nombre de Ferrocarril de la Provincia; más tarde se dispuso un apeadero[10] que se convertiría luego en la estación de pasajeros Liniers. En este escenario la Compañía de Construcciones Moderna comenzó la construcción de casas usando como modelo edificaciones de estilo holandés. Es así como en esta zona, originalmente de estancias y chacras, surgieron estas viviendas de dos niveles, construidas sobre lotes de superficies muy acotadas (8,66 x 8,66). Según datos de la Junta de Estudios Históricos de Liniers, el diseño del área presentó una planificación inicial no solo para las viviendas, sino también para los espacios públicos, donde se destacan la Plaza Sarmiento[11] y los pasajes que enlazan el conjunto. Una primera etapa de las obras fue dentro del polígono delimitado por las calles Timoteo Gordillo, Ventura Bosch, Carhué y Ramón Falcón, denominado barrio Falcón. Luego se sumaron las viviendas construidas hasta la calle Boquerón, y a ese nuevo sector se lo bautizó como barrio Tellier.

El tejido general está constituido por un único tipo edilicio, destacándose, en su continuidad, el enlace que generan los pasajes al envolver lo edificado. Dentro de la primera agrupación, los pasajes se disponen paralelos a la avenida Rivadavia (orientación este-oeste), mientras que los pertenecientes al barrio Tellier se ubican de manera perpendicular a dicha avenida (orientación norte-sur). Los pasajes tienen nombres relacionados con la flora y la fauna autóctonas, como El Mirasol, El Trébol, La Huerta, La Madreselva, Bermejo, Murucuyá, El Zorzal, El Cardenal, El Carpintero, El Hornero, o con títulos de la literatura, como Facundo, La Cautiva, El Chacho, Amalia. A pesar de que muchas viviendas sufrieron reformas a partir de la década del 60, el barrio mantiene su escala y el clima de tranquilidad de sus inicios.

Otro caso de un barrio no oficial, singular en cuanto a su trazado y a los pasajes que contiene, es el barrio River,[12] localizado en el barrio Belgrano. Vale detenerse brevemente en el antecedente de la preexistencia que define el trazado del lugar. La historia que define el diseño del barrio comenzó cuando una fracción del Hipódromo Argentino se separó de esa sociedad para formar el Hipódromo Nacional. En principio, la municipalidad les permitió ubicarse dentro del polígono formado por las calles Monroe, avenida del Libertador, avenida L. Lugones y la calle Rubén Darío. El hipódromo, inaugurado en 1887, tenía su entrada principal en la intersección de las actuales avenida del Libertador y Congreso, y en su interior estaban las pistas para correr y de vareo. Las carreras continuaron hasta 1911, pero, aun con el hipódromo cerrado, las pistas y parte de las tribunas subsistieron hasta 1920. La vigencia de su trazado se comprueba en la calle Victorino de la Plaza, que nace en la avenida Figueroa Alcorta, continúa perpendicular a ella hasta la calle Rafael Hernández, allí describe un semicírculo para luego hacerse paralela a esta, y finaliza en la misma avenida donde nació. Lo particular de este trazado en herradura es que responde a las dos rectas y a la curva sur de la pista del Hipódromo Nacional. El proyecto de este sector barrial era más extenso, pero en 1934, al vender una parte al club de fútbol para construir su estadio, quedó cercenada la cabecera del trazado original. Dentro de esta organización compuesta por 37 manzanas de uso residencial, se observan calles que, si bien tienen continuidad con las de la cuadrícula próxima, cambian de nombre al cruzar las avenidas Monroe o del Libertador –limitantes del sector–, confirmando el diseño de la preexistencia. Como resultado de ello, quedan sendas cortadas, como Padre Newman, Tegucigalpa, Puerto Príncipe y Nicanor Méndez, que desembocan en la curva de Victorino de la Plaza, mientras que otras llegan a la Plaza Fleming, como Coronel Sourigues y Almirante Baliari. Forman parte de este esquema disposicional, paralelas a la avenida Quinteros –eje ordenador del trazado–, las sendas Almirante Betbeder, Almirante Soler, Almirante García y Sáenz Valiente. Un poco más alejadas, paralelas entre sí y siempre dentro del sector, se encuentran dos vías de muy corta extensión, Enrique Prins y Pedro Agote. A pesar de que las sendas tienen extensiones acotadas y características espaciales semejantes a pasajes tales como escala, altura de las viviendas y clima de tranquilidad, no podrían nombrarse como tales ni como calles cortadas; en este caso, y debido a la huella que dejó el Hipódromo Nacional, se podrían señalar como sendas vinculadas a un trazado preexistente.

Se reconoce en el Barrio de las Mil Casitas el trazado alineado y continuo, con viviendas bajas donde la dimensión de las manzanas y el ritmo de los pasajes que las articulan generan un microclima particular alejado del movimiento del contexto inmediato, mientras que en el barrio River, también con viviendas de poca altura y un carácter singular, se destaca la fuerza de la preexistencia ordenando el trazado del conjunto. Ambos casos presentan espacialidad y atmósfera propias. Norberg-Schulz distingue para un lugar dos componentes: el espacio referido a las formas físicas, extensas, concretas, y el carácter referido a la atmósfera.

Se observa a continuación un barrio no oficial que amerita estudiarse por su particular trazado y por su historia. Se halla dentro del barrio Agronomía,[13] en el polígono delimitado por las calles Cortázar (ex-Espinosa), Tinogasta y Zamudio; es el barrio Rawson, próximo a la Facultad de Agronomía y Veterinaria y al Club Comunicaciones. Formó parte de lo que se denominó la Chacarita de los Colegiales,[14] se inauguró en 1934 y fue planificado por la Comisión Nacional de Casa Baratas (CNCB). Se presenta organizado en dos sectores diferentes; por un lado, se encuentran nueve pabellones de planta baja y tres pisos, y, por otro lado, están 104 viviendas bajas de estilo inglés. Está catalogado como área de protección histórica, lo cual impide demoler o alterar fachadas para conservar la escala original y el espíritu de tranquilidad de una zona donde el tiempo parece haberse detenido. Dentro del mencionado sector, se destacan los pasajes Francisco de Uzal, Zaldívar, R. de Cepeda y Ahumada, Eugenio Ramírez, Pantaleón Rivarola, el Pasaje 2 de Abril –cambió su original nombre de Inglaterra después de la guerra de Malvinas– y la calle Julio Cortázar, que enlaza los anteriores.

Todos estos pasajes y calles que desembocan en el sector quedan coordinados por la calle Julio Cortázar, que recuerda al escritor que tuvo en este sitio su último lugar de residencia en Buenos Aires. Se destacan en el barrio Rawson las sendas angostas y arboladas, la plaza Cortázar en el corazón de este trazado triangular, la estrecha dimensión de las manzanas y el especial clima de sosiego que domina el lugar.

Un microbarrio de nueve manzanas que vale incluir en este ítem, dentro de Parque Chacabuco, es el barrio Cafferata, inaugurado en 1921. Delimitado por las avenidas José María Moreno y Asamblea y por las calles Riglos y Estrada, se destacan en su interior los pasajes Igualdad, Fraternidad, República y la calle Salas, que rodean en un tramo una manzana circular del barrio. Caracterizan al sector, y en especial a los pasajes, la escala de las viviendas de dos niveles y jardín al frente con imagen de arquitectura inglesa, el adoquinado de origen en sus calles, la vegetación y el clima de calma del lugar.[15] Los pasajes Caricancha y Padre Massa[16] acompañan a este grupo en zona próxima, mientras que el pasaje Bell Ville queda emplazado entre el barrio Cafferata y otro barrio no oficial dentro de Parque Chacabuco, el barrio Emilio Mitre.

Construido entre 1917 y 1923 por la CNCB, delimitado por la avenida Asamblea, las calles Zuviría, Emilio Mitre y la avenida del Barco Centenera, el barrio Emilio Mitre presenta un tejido particular basado en la partición de la manzana de dimensiones tradicionales en varias tiras de manzanas alargadas tipo tallarín enlazadas por pasajes angostos y arbolados. Dichos pasajes, con nombres singulares tales como Del Buen Orden, De las Artes, De las Ciencias, De las Garantías, De la Industria, Del Progreso, Del Comercio, quedan delimitados por viviendas de dos niveles con techos a dos aguas que, si bien la mayoría fueron remodelados, no cambiaron la imagen de barrio familiar.

Dentro del barrio Parque Chacabuco, cabe mencionar otros barrios no oficiales con características propias, como el barrio Simón Bolívar, que no se analiza en esta instancia por su escala y falta de pasajes dentro de su organización, y el barrio Butteler, que ya fuera analizado en la etapa anterior de la presente investigación.

Ampliando la búsqueda en barrios no oficiales, se incluye un sector particular como es el barrio municipal Parque Patricios, conocido como microbarrio La Colonia, emplazado en el área sur de Parque Patricios. Esta es otra agrupación barrial creada por la Ley Irigoyen[17] que destinaba fondos para la construcción de viviendas para familias obreras. Delimitado por José Cortejarena y Andrés Ferreyra y las calles Cachi y Diógenes Taboada, este microbarrio contiene los pasajes Guayquiraró, Gena y Mocoretá, paralelos entre sí, mientras que el pasaje Miriñay extiende su recorrido desde Cachi hasta Taboada, envolviendo en su recorrido a la plaza Francisco López Torres. El predio está dividido en ocho pequeñas manzanas vinculadas por pasajes y con un corazón verde en el centro. Si bien se hicieron reformas en las viviendas, algunas casas conservan la fisonomía que tenían en 1910. Como dato curioso, al no tener acceso tanto colectivos como camiones, el conjunto mantiene un clima de particular silencio favorecido por la añosa arboleda dispuesta tanto en los pasajes como en la plaza.[18]

Agrupados, secuenciados

Dentro del tejido urbano, se detectan áreas con secuencias de pasajes cuya agrupación genera alteraciones en el orden del trazado, escoltados por otros pasajes solitarios dentro de las mismas zonas que actúan solo como conectores entre sendas próximas. Se presentan casos en barrios vecinos como son Villa Santa Rita, Villa del Parque, Floresta, donde sectores con estructuras disposicionales urbanas similares presentan entre sus componentes pasajes ordenados secuencialmente acompañados de pasajes aislados. La mirada se propone estudiar modos de agrupar y modos de habitar estos espacios. Dentro del barrio Villa Santa Rita,[19] se destaca el sector comprendido entre las avenidas Álvarez Jonte, Nazca, Cuenca y la calle Juan Agustín García. Este sector, de casas bajas y alineadas, posee una atmósfera propia, tranquila, alejada del bullicio de las avenidas circundantes. Según Pallasmaá, “la experiencia auditiva más primordial creada por la arquitectura es la tranquilidad”.[20] Una secuencia de ocho pasajes de una cuadra de extensión, entre la avenida Álvarez Jonte y Juan Agustín García, se presentan paralelos entre sí y perpendiculares a Cuenca y a Helguera. Son los pasajes Gazeta de Buenos Aires, El Delta, El Ñandú, El Litoral, La Comuna, El Domador, Los Andes, El Peregrino. Mientras que en el polígono conformado por la avenida Álvarez Jonte, Nazca, Juan Agustín García y Helguera, se suceden otros seis pasajes perpendiculares a los anteriores. Son los pasajes Agente Domingo Dedico, Agente Ceferino García, Lapacho, Chimborazo, Crainqueville, La Calandria.[21]

En el contexto inmediato, surgen una serie de pasajes aislados, no agrupados que se localizan en la zona delimitada por las avenidas Álvarez Jonte, Cuenca, Remedios de Escalada de San Martín y Emilio Lamarca. Son los pasajes Manuel de San Ginés, Calingasta, Tokio, Zárate, Paula A. de Sarmiento, Lausana, Toay, Andalucía y dos pasajes que se analizarán a continuación: el Julio San Dantás y el Granville. Vale señalar dentro de estos pasajes aislados al pasaje Calfucurá, de dos cuadras de extensión, entre Condarco y Avenida Nazca, y, paralelo a este, el pasaje José Ingenieros entre Argerich y Bolivia.

Situaciones distributivas semejantes se presentan en Floresta, transitando por este barrio se encuentra una secuencia de pasajes con carácter similar a los recientemente vistos y localizados entre las avenidas Juan B. Justo, Segurola, Chivilcoy y la calle San Blas. Paralelos a estas avenidas, surgen los pasajes Jacarandá, Mataco, Ñandutí, Tacuara, Carapachay, Las Acacias, El Araucano, El Sauce y Urunday, mientras que los pasajes Miramar y Haití aparecen perpendiculares a los anteriores, retomando el orden de la secuencia inicial los pasajes Mar del Plata, Pehuajó y Cacheuta. Para completar este sector, vale incluir, a una cuadra de la calle San Blas, paralelo a esta y fuera del polígono señalado, al pasaje Dr. Alejandro Korn, que se extiende por cuatro cuadras entre Chivilcoy y Segurola.[22]

En búsqueda de agrupaciones a cielo abierto que presentaran un orden propio, se detectaron agrupaciones semejantes en cuanto a escala de los limitantes y sus cambios –si los hubiere– adaptados a nuevas demandas, a las dimensiones del espacio circulatorio, al clima propio, a la historia y memoria del lugar aclarando que los casos seleccionados para este recorrido muestran una particular riqueza independientemente de su magnitud. Grupos de pasajes que se asemejen y a la vez se distingan de los demás. Grupos de pasajes que brindan articulaciones sorprendentes con el trazado del contexto inmediato.

Aislados

Si bien se presentaron pasajes agrupados donde se verifican secuencialidades, vale incluir otra modalidad de presentación como son los pasajes que surgen no agrupados, sino aislados en algunos casos o con paralelismos entre sí, pero que no llegan a configurar una agrupación con sentido de burbuja. En atención a ello, surgen tres polígonos donde se encuentran dichas particularidades. Polígono 1: avenida Asamblea, Puan, Balbastro, Avda. Castañares, Emilio Mitre pertenece a Parque Chacabuco, dentro del cual se encuentran los pasajes Juan de Castro, Faraday, Asia y Caballito. Polígono 2: en el barrio Caballito delimitado por Martín de Gainza, Aranguren, avenida Honorio Pueyrredón y avenida Díaz Vélez, se destacan los pasajes Francisco Maciel e Isidoro Demaría, paralelos entre sí, y el pasaje Ampere, perpendicular a los anteriores. Polígono 3: tiene como bordes Zelarrayán, Puan, Somellera y Picheuta. También en Parque Chacabuco se encuentran los pasajes Zapala, Ucacha, Clemente Diez de Medina y La Galera, paralelos entre sí, y los pasajes Valencia y Plácido Martínez, perpendiculares a los anteriores. Los nombrados no conforman un grupo, ni se autoconfiguran como barrio no oficial, pero, sin embargo, sus habitantes exponen un fuerte sentido de pertenencia al lugar. “Las ciudades son excavaciones habitadas de la arqueología de la cultura que exponen el denso tejido de la vida social”.[23]

Dentro del barrio Villa del Parque, se destaca una particular interrupción del tejido urbano producida por el trazado de la senda Martín Pescador, la cual nace y finaliza en Teodoro Vilardebó atravesando Arregui y Lazcano y conteniendo en su recorrido los pasajes Jachal y Coronel Rohde, los que rodean a la plazoleta Sotomayor. Muy próximos a esta singular estructura disposicional, se encuentran los pasajes Génova, Laplace[24], Tobas –en su recorrido corta en diagonal dos manzanas– y el pasaje Noruega entre San Nicolás y Emilio Lamarca, próximo al barrio no oficial Hogar Obrero.[25] Continuando con el recorrido por esta zona plena de alteraciones dentro de su trama, se distinguen entre las calles Arregui, Condarco, Biarritz y Terrada, también como aislados, los pasajes Rumania, Rusia, La Espiga, paralelos entre sí, destacándose el pasaje Don Quijote, de dos cuadras de extensión, que irrumpe en diagonal desde Artigas hasta Condarco.[26] Vale incluir en la zona próxima el pasaje Pernambuco –perpendicular a Rusia y La Espiga–, el cual se prolonga por tres cuadras entre avenida Álvarez Jonte y Lascano y los pasajes Villa Juncal, Fernández Espiro y Bélgica. Reflexionando sobre lo precedente, se observa que en la ciudad surge algo más que continuidades y rupturas; la presencia de pasajes aislados muy próximos y que acompañan a las burbujas singulares generadas por la secuencia de pasajes con rítmicas propias conlleva una escala de relación particular de los habitantes con su medio, configurándose en auténticos reservorios de identidad barrial.

En el barrio Villa General Mitre,[27] se encuentran varios pasajes aislados, como el pasaje Suiza entre San Blas y Camarones, el pasaje El Método, de dos cuadras de extensión, entre Camarones y César Díaz, el pasaje La Fronda desde Remedios de Escalada de San Martín hasta Tres Arroyos cruzando la avenida Juan B. Justo, el pasaje Virrey Cisneros desde Remedios de Escalada de San Martín hasta Juan B. Justo, y el breve pasaje Ariel entre Artigas y Bolivia. Los nombrados son pasajes aislados que alteran, en sus cortos recorridos, las dimensiones de las manzanas. Se incluye un caso particular como es el pasaje Pablo Curatela Manes, paralelo a Remedios de Escalada de San Martin y a Juan B. Justo, que desemboca en otra vía de corta extensión como es el pasaje Achupallas. Se agregan a este listado los pasajes Milán, Niza, paralelos entre sí, y Médanos.

Otro pasaje que se presenta aislado es el pasaje Robert Cunninghame Graham en el barrio Parque Avellaneda, resultado de la presencia del barrio Mihanovich,[28] que altera con su localización las dimensiones de la manzana y genera a su vez dicho pasaje. Este microbarrio inaugurado en 1925 se localiza en la manzana limitada por avenida Escalada, José Enrique Rodó, Chascomús y el mencionado pasaje Graham. Dentro del conjunto algunas viviendas y la iglesia Santa María Teresa Goretti tienen su frente por avenida Escalada, mientras que las unidades internas se ordenan frente a otro pasaje de carácter privado entre Chascomús y Rodó. Muy próximos surgen dos pasajes paralelos entre la avenida Directorio y Remedios, son los pasajes La Cordillera y Juan León Palliere.

En el barrio Mataderos, los pasajes Carlos Vega Belgrano, Ankara, Antofagasta, Curitiba y Cotocollao se presentan aislados dentro de la trama urbana, generan particulares recortes dentro de las manzanas y ofician de valiosos conectores entre vías de circulación rápida. También pertenecen a Mataderos las vías Carolina Muzilli y Capitán Samuel Spiro. Estos, por su extensión y sus características espaciales, no los consideramos como pasajes, pero se exponen como valiosos conectores a nivel barrial, incluyendo dentro del sector al pasaje Gerónimo Cortés. Todos los nombrados se presentan aislados y capturados entre importantes avenidas. Se agregan como aislados y próximos a los anteriores los pasajes Aconcagua y Catania.

Más allá de los límites

“Toda ciudad tiene su eco específico que depende de su escala y del trazado de sus calles, así como de los estilos arquitectónicos dominantes y sus materiales”, sostiene Juhani Pallasmaa.

En la ciudad surgen sectores donde la disposición y las dimensiones del amanzanamiento quedan alteradas por la aparición de pasajes con una disposición particular, los cuales presentan proximidades que ameritan analizarse por áreas comprometidas entre bordes significativos. La proximidad y la distribución de estos pasajes alteran la trama urbana construyendo un espacio geográfico que no responde al recorte asignado por los tradicionales bordes barriales, pero sí contribuye a la construcción del espacio social. Según Alicia Gutiérrez,[29]

el espacio social es una construcción que no es igual al geográfico, define acercamientos y distancias sociales. Aunque ambos se relacionan y, en buena medida, el espacio geográfico indica diferencias en el espacio social, las posibilidades de apropiación del espacio geográfico dependen de las posibilidades sociales.

En barrios contiguos como Devoto, Monte Castro, Villa Real y Versalles, se observan pasajes dispuestos de modo tal, que alteran y a la vez potencian la forma urbana, construyen nuevas sintaxis y generan situaciones espaciales más allá de los propios límites barriales. Si bien cada barrio tiene identidad propia, en estos casos los límites se difuman.

Vale detenerse y aclarar a qué llamamos “límite”. Según Jáuregui,

límite es una línea real o imaginaria que sirve de separación entre territorios contiguos. En análisis matemático, envuelve todos los puntos contenidos en la proximidad de una determinada dimensión. En otro sentido es el extremo que pueden alcanzar lo físico y lo anímico.[30]

En los polígonos que se presentan a continuación, los pasajes, aunque próximos y con rítmica propia, no configuran burbujas como en los barrios no oficiales Las Mil Casitas, River, Rawson, Cafferata, Emilio Mitre, La Colonia, Butteler, pero sí exponen un singular tejido socioespacial construido a través del tiempo.

El carácter de estos polígonos se basa en el significado de las partes que los conforman y en la forma en que se articulan entre sí. Las áreas por analizar, con el propósito de develar características de sus pasajes, son las siguientes:

  1. avenida Beiró, Bermúdez, Lascano, Sanabria;
  2. avenida Beiró, Bermúdez, Lazcano, Irigoyen;
  3. avenida Beiró, Cervantes, un pequeño borde de Salvador María del Carril, General Paz,
  4. Nogoyá, avenida Ruiz de los Llanos, Alcaraz, avenida Juan B. Justo, General Paz.

Se aclara que el recorte de estos polígonos no responde a límites barriales, sino que están determinados por la particular localización de los pasajes y sus sintaxis.

Observando el polígono 1, se localizan los pasajes Ricardo Monner Sans, Río Colorado, F. Lynch Arribálzaga, Eduardo Wilde, Chiriguanos, Alejandro Mohr, José de Maturana, Leipzig, Columbia, Belfast, Boston, Carlos Chagas y Miguel Couto, los cuales pertenecen al barrio Monte Castro.[31] Queda incluida dentro de este sector la plaza Monseñor Lafitte,[32] cuyos bordes coinciden con lo que fuera el Instituto de Salud Mental Open Door. De este establecimiento, con su particular sistema de atención al paciente, se conserva su huella en el diseño disposicional de la plaza conocida en el barrio como plaza San Pedro en virtud del nombre de la iglesia que remata uno de sus bordes. En la misma delimitación, se encuentran los pasajes Manuel Solá, Mónaco, Coronel Luis J. Fontana, Lomas de Zamora, Magdalena, Dr. Alejandro Posadas, Gabino Ezeiza, Diamante, Ucrania, González Catán, Juan M. Coghlan, Chumbicha y Zurich, que pertenecen al barrio Villa Devoto. Los pasajes dentro de este sector son de diferente extensión, guardan paralelismo u ortogonalidad entre ellos y en su dispersión generan un nuevo estriado sobre la zona por la aparición de manzanas de dimensiones más estrechas. Se señalan fuera de este recorte, pero muy próximos al borde del polígono 1, los pasajes Nevada y Sierra Grande, pertenecientes al barrio Villa del Parque. Las vías Desaguadero, Quevedo y Nazarre interfieren en este trazado acompañando la distribución de los pasajes.

El polígono 2 conserva bordes del polígono anterior como son Beiró y Bermúdez, extendiéndose hasta Lascano y la avenida Irigoyen; los pasajes capturados dentro de esta delimitación proponen con su localización una nueva secuencialidad urbana. En este polígono se integran sectores de Villa Devoto, Villa Real y Monte Castro, confirmando que la presencia de pasajes, con su particular estructura espacial y su sintaxis, muchas veces altera la disposición de los límites barriales. Dentro del área la avenida Lope de Vega, paralela a Bermúdez e Irigoyen, cruza el polígono como un eje ordenador junto con Arregui y Melincué, que se presentan perpendiculares a la anterior, generando todas ellas subsectores donde se localizan pasajes; lo mismo ocurre con Francisco Bauzá y Nazarre, que, además de sectorizar, se interceptan dentro del área. Un importante número de pasajes se detectan en este polígono con extensiones y localizaciones diferentes, es así que se encuentran pasajes aislados, algunos entrelazados, otros paralelos o con recorridos interrumpidos y luego recobrados, como el caso del pasaje Da Vinci, que se encuentra afectado por la plaza Dr. Juan B. Terán, la cual corta su trayecto en dos tramos.

Dentro de este polígono, comparten su presencia pasajes de Monte Castro como El Nene, Bahía, Paul Groussac, Luis Braille, Martín Fierro, Vicente Fidel López, José Verdi, José de Maturana e Hilario de Almeira; así como pasajes de Villa Devoto: Yugoeslavia, Hawai, Naciones Unidas, Padre Fahy, Juan de Solorzano Pereira, Valdivia, Coliqueo, Diego de Rojas y Mateo J. Martínez. Se encuentran localizados de manera particular, también en Villa Devoto, los pasajes Laureles Argentinos e Indio y Paso de los Libres y Deseado, que en su cruce generan manzanas con dimensiones más reducidas que las denominadas “manzanas tallarín”. Acompañan dentro del sector pasajes de Villa Real como Alicante, Espronceda, Ostende, Gobernador Juan Esteban Martínez, Leonardo da Vinci, Esquina, Eduardo Gutiérrez, Coronel José Olegario Gordillo y Francisco Cúneo. La presencia de los mencionados pasajes, si bien se los nombra con relación a los barrios a los cuales pertenecen, en su totalidad componen situaciones espaciales con rítmica diferente que trasciende lo barrial, donde las rupturas de la trama urbana y la falta de continuidades ofrecen una lectura espacial de mayor riqueza, brindando alternativas de recorrido sin perder escala ni intimidad. Cabe agregar también en Villa Real el pasaje Curuzú Cuatiá, paralelo a Irigoyen; para esta delimitación quedó fuera de los bordes, pero se lo incluye por su proximidad y modalidad de generar, junto con el pasaje Ostende, manzanas tallarín.

En el polígono 3, se encuentran los pasajes Río Salado, Juan Pablo López, Alta Gracia, Rodrigo de Ibarrola, todo ellos pertenecientes al barrio Villa Devoto y los pasajes Ottawa, Coligüe, José J. Podestá, Pío Rodríguez y Vicente A. de Echevarría, que corresponden al barrio Villa Real. Contenidos en este en virtud de sus proximidades, de la similitud de sus extensiones y de la cercanía con la avenida General Paz como borde de la CABA. Recorrer este juego de pasajes por momentos coloca al sujeto que circula en presencia de un laberinto espacial, sin escaleras, puertas y muros borgianos –pero laberinto al fin–, pleno de sinuosidades, rupturas y falsas continuidades.

Continuando con esta captura de manchas urbanas atípicas dentro de la trama y urdimbre de la ciudad, provocada por la presencia de pasajes dentro de bordes no oficiales, se presenta el polígono 4, que tiene por límites la calle Nogoyá y las avenidas Ruiz de los Llanos, Lope de Vega, Juan B. Justo y General Paz. Los pasajes que quedan capturados dentro de este sector son La Conquista, Cangayé, Cochicó, Caranday, Caldén, El Recado, El Rancho, Ferrocarril, La Diligencia, La Huella, Ayuí, Aguaribay, El Chasque, Viena y la senda París, que bordea la plazoleta-jardín perteneciente al barrio Versalles. Se incluyen por la proximidad a estos bordes el pasaje Oporto, paralelo a Álvarez Jonte, y también perteneciente a Versalles, y el pasaje Fernando Fader, paralelo a Nogoyá, perteneciente al barrio Villa Real.

Interceptados

En análisis anteriores se presentaron pasajes en Villa Devoto que, interceptados en su recorrido, alteran las dimensiones de las manzanas, pero sin interferir en el interior de ellas. En los casos que se analizan a continuación, la situación espacial es diferente, comenzando por el barrio Villa Santa Rita, se señala la intersección de dos pasajes conectados en el cruce dentro de la manzana. Uno de ellos es el pasaje Guillermo Granville, único pasaje peatonal en el barrio Santa Rita, tiene una sola cuadra de extensión y con tres metros de ancho, también conocido como La Puñalada. El otro es el pasaje Julio San Dantás, que presenta como una angosta calle empedrada que permite el acceso de un solo auto. Ambos pasajes, limitados por casas bajas, son muy concurridos, en especial por alumnos de una escuela cercana. Se destaca en ambos la escala, la particular atmósfera apacible, el mantenimiento, la inclusión de rampas de acceso, canteros y faroles, el color y las texturas le imprimen un valor extra unido al sentido de pertenencia de los habitantes que lograron proteger por ley el sitio e impidieron la construcción de una torre dentro de la misma manzana. Otro caso de intersección de pasajes dentro de la manzana corresponde a los pasajes Juan Boeri y Trieste en el barrio Vélez Sarsfield.

El pasaje Trieste tiene acceso vehicular a pesar de ser muy angosto, la mayoría de las viviendas son de una sola planta y se extiende por una cuadra y media, hasta finalizar en un cul de sac; mientras que el pasaje Juan Boeri[33] tiene dos cuadras de extensión y presenta dos puntos de acceso por las calles César Díaz y por Remedios de Escalada de San Martín. Ambos pasajes exponen limitantes bajos con escaso mantenimiento, vegetación nula y una atmósfera familiar, tranquila.

Los sectores presentados en los barrios de Liniers, Belgrano y Santa Rita exponen manzanas más pequeñas, rectangulares, y mayor abundancia de sendas angostas, mientras que, en los casos de intersección de pasajes, Granville-Dantás y Boeri-Trieste, el encuentro solo afecta el interior de la manzana sin alterar sus dimensiones ni la trama regular circundante. En ambos casos el diseño se lee como completo, entendiendo por ello que toda la edificación que los compone contiene viviendas antiguas, con igual implantación y alturas semejantes de hasta dos plantas.

Otra intersección en el interior de las manzanas ocurre en el barrio Barracas con los pasajes Owen y Rochdale, que se cruzan en el corazón de la manzana limitada por avenida Vélez Sarsfield y las calles Australia, Luzuriaga y Alvarado, de modo que generan particiones dentro de este perímetro.

Una situación disposicional-espacial semejante se encuentra en el barrio Caballito, donde se destaca la senda Ferrari de cuatro cuadras de extensión, que irrumpe en el Barrio Inglés e intercepta al pasaje Nicolás Videla, que a su vez se cruza con el pasaje La Nave. La vía conectora Ferrari actúa como eje ordenador de la edilicia dentro de este barrio no oficial, el cual queda contenido entre las calles Valle, Emilio Mitre y las avenidas Pedro Goyena y del Barco Centenera. Fruto de un emprendimiento llevado a cabo por el banco El Hogar Argentino en el año 1923, el actualmente denominado Barrio Inglés nació con el nombre de Barrio del Banco Hogar Argentino,[34] ya que esta entidad había comprado terrenos donde construyó viviendas que se presentan alineadas, exponen un mismo tipo de secuencia, son de baja altura y estilos variados, la mayoría de ellas con breves patios delanteros, sin garajes, de modo que conservan la impronta inglesa de sus orígenes, todo lo cual le asigna un carácter distintivo. Muy próximo a este escenario de doble intersección, se presenta el pasaje José A. Terry, entre Pedro Goyena y Juan B. Alberdi.

Se incluyen dos pasajes más con carácter de interceptados en este caso en un borde de la manzana y a la vez como conectores entre vías de circulación rápida, son los pasajes Burgos y Coronda en el barrio Caballito. La historia del lugar queda ligada a la presencia del Mercado del Progreso, inaugurado en 1889 en avenida Rivadavia 5.408/30, con frente por la calle Del Barco Centenera y por el pasaje Coronda. El pasaje Coronda –nombrado antiguamente como Pasaje del Mercado– es una vía angosta, silenciosa, limitada por edificación baja y carente de vegetación que nace en la parte posterior del Mercado y termina en la avenida Juan Bautista Alberdi al 900, mientras que el pasaje Burgos nace en Centenera y finaliza en el pasaje Coronda.

Si bien actualmente se produce una intersección en L, hasta 1990 el pasaje Burgos también se llamó Coronda, componiendo una articulación en T. Lo interesante de este caso, más allá de la intersección, es la vinculación con el mercado, el cual fue declarado sitio de interés cultural por el gobierno de la CABA. Otra intersección significativa se produce en el barrio Parque Patricios entre los pasajes La América en avenida Caseros 2.745 y La Estrella en la calle Catamarca 2.249/77, ambos promovidos por compañías de seguros. Primero nació La Estrella y, cuando se construyó La América, quedaron interceptadas ambas circulaciones.

Perforantes

El espacio urbano contiene casos de pasajes excepcionales, diferentes a otros en cuanto a su naturaleza, sentido, distribución espacial, continuidades o bloqueos y transformaciones a lo largo de los años. Si bien son lugares activos, algunos se asemejan a viejas máquinas abandonadas, sin mantenimiento, olvidadas en el tiempo. El propósito es observar, agrupar y analizar el objeto de estudio desde aquellas variables que develen características particulares tales como accesibilidad, control, rupturas, escala de sus limitantes y conservación. Haciendo un primer orden, sin proponer categorizaciones y solo con espíritu de agrupar por semejanzas, en principio se presentan casos que tienen carácter público y quedan capturados dentro de la manzana en cul de sac sin causar impacto sobre el trazado circundante o simplemente la perforan. Uno de ellos es el pasaje Valle,[35] que en el barrio Flores nace sobre la calle Argerich 565, y tiene media cuadra de extensión. Es un pasaje escondido, estrecho, descuidado, sin mantenimiento ni alumbrado. Las construcciones originales están muy alteradas y el movimiento productivo se produce solo durante la semana a pesar de encontrarse próximo a una zona comercial como es el sector de las avenidas Nazca y Avellaneda. Los fines de semana queda desierto y con un cierto aire amenazante. Dentro de este grupo de pasajes de carácter público, se agrega el pasaje Angaco en el barrio Boedo. Irrumpe a lo largo de tres manzanas y no solo dentro de una de ellas; es de carácter público, su presencia afecta las dimensiones de las manzanas que lo contienen, aunque no altera la regularidad del damero circundante. Corre paralelo a la avenida San Juan y a la calle Cochabamba, nace en la calle Muñiz, atraviesa José Mármol y Treinta y Tres Orientales y finaliza en un cul de sac al llegar al muro posterior de una vivienda ubicada en Quintino Bocayuva. De calzada angosta y veredas muy estrechas, lo limitan viviendas bajas, carece de vegetación y en todo su recorrido reina una atmósfera de tranquilidad ajena al bullicio de las sendas vehiculares próximas. Ambos casos tienen escala semejante, pero el pasaje Angaco se destaca por el cuidado de sus limitantes, por la puesta en valor en un sector con el mural del artista plástico Juan Crigna, y por el singular clima de quietud que contiene. Otro pasaje a cielo abierto pero perforante es el pasaje Sastre en Constitución, comienza en la calle 15 de Noviembre de 1899 número 1.171, entre las calles Vieyra y Salta, y finaliza en Echagüe 1.182.[36] Con nivel de protección cautelar del código de planeamiento urbano, tiene acceso protegido por una reja, contiene algunos galpones y viviendas bastante degradadas. Su construcción fue realizada por encargo de la compañía La Estrella cerca de 1890. Los pasajes Valle y Angaco en cul de sac y Sastre como perforante de la manzana, a cielo abierto, quedan contenidos entre viviendas, pero no pertenecen a conjuntos habitacionales.

Continuando con el propósito de agrupar para analizar pasajes con constantes en sus organizaciones espaciales, se señalan aquellos pasajes a cielo abierto de carácter privado que ofician de conectores dentro de un grupo de viviendas. Estos pasajes interiores muestran un acceso restringido, controlado en general por una reja que advierte de la privacidad, disuade a quien quiera ingresar sin pertenecer al sitio y a la vez deja curiosear interioridades.

Contenidos dentro de grupos habitacionales

De inicio se presenta el caso del pasaje Sanguinetti en el barrio Boedo, fruto de un emprendimiento particular. Este conector privado, como calle interna de un conjunto de viviendas en forma de L, tiene accesos por las calles Venezuela 3.532 y por Mazza 557, fue construido a principios del siglo XX como casa de inquilinato para obreros que trabajaban en una fábrica tabacalera cercana y, a partir de la década del 50, se conformó como propiedad horizontal. El pasaje desarrolla su recorrido en planta baja y es en este nivel donde se genera la conectividad entre las viviendas. Otro pasaje también articulador dentro de un conjunto de viviendas es el pasaje Olleros en Olleros 3.951 entre las calles Guevara y Fraga en el barrio Chacarita. Esta obra inaugurada a mediados de la década del 20 del siglo pasado, conocida como Casa Amarilla por su cromaticidad o El Colonial, fue construida sobre lo que fueran las caballerizas de la comisaría 29. Se destacan en su interior el patio andaluz, con su fuente, bancos de mayólicas, los baldosones, las macetas con plantas, los soportes para bicicletas y, a diferencia del caso anterior, los puentes que ligan la edilicia a la altura del primero y segundo nivel. En total contiene 36 unidades tipo PH distribuidas en tres niveles conectados por los mencionados puentes a cielo abierto. El pasaje Olleros fue declarado por el gobierno de la Ciudad como “testimonio vivo de la memoria ciudadana” por haber mantenido su carácter y ornamentación a través del tiempo.

Si de conectores interiores se trata, un valioso caso que presentar es el pasaje General Paz,[37] localizado en el barrio Colegiales perforante de manzana, contenido por dos bloques de viviendas resueltos en plata baja, tres niveles y terraza, con acceso por Ciudad de la Paz 561 y por Zapata 552. El conjunto, construido en 1925 por el arquitecto Vinent, quien fuera su propietario, expone como dato singular la presencia de puentes que se ensanchan en el segundo y tercer nivel, con lo que generan una suerte de balcones que le asignan una apariencia particular. En el cuarto nivel, el puente deja de ser circulatorio y se transforma en un espacio cubierto y aventanado actuando de remate de la secuencia de vacíos conectados por puentes, sobre el pasaje de planta baja. Sus accesos, controlados por reja, verifican su privacidad, la circulación por planta baja se realiza dentro de un conector ancho, rodeado de macetas y con breves canteros centrales.[38] El enlace entre bloques que contienen 57 unidades habitacionales, la privacidad del conjunto y su escala lo convierten en un espacio de encuentro y vínculo social entre sus habitantes.

Se incluye en este recorrido otro pasaje capturado entre viviendas, en este caso de tres niveles, también de carácter particular y con reja que comprueba su privacidad, es el pasaje Verdier en la calle Deán Funes 583 entre Venezuela y México en el barrio Balvanera. Se destacan dentro del pasaje dos situaciones espaciales singulares. Una es la conexión generada entre ambos cuerpos de la edificación, la cual se realiza no con puentes como en casos anteriores, sino con arcos metálicos de color negro que soportan luminarias, y otra curiosidad es la estructura gris coronada por una bóveda semicircular que confirma el cierre del pasaje en forma de cul de sac. Según Rolando Schere,[39] este pasaje fue construido a pedido de Celestino Verdier en el año 1911.

Se destaca en este grupo de pasajes incluidos dentro de conjuntos de viviendas el pasaje Arribeños, en Arribeños 2.346 al 52 entre las calles Olazábal y Blanco Encalada, barrio Belgrano. También conocido como Los Coloniales, presenta una escala diferente a los anteriores, está limitado por dos cuerpos de viviendas bajas de estilo neocolonial, de carácter privado con una reja que custodia el acceso y culmina en un patio andaluz, oculto a la vista desde el exterior. Este conjunto de 19 viviendas fue construido por el estudio de arquitectura Birabén-Lacalle Alonso, mantiene el clima apacible de sus inicios y obtuvo el Premio Museo de la Ciudad 1989 por haber mantenido su carácter e imagen original.

Otro pasaje contenido dentro de edificaciones para viviendas en el barrio Palermo es el pasaje Costa, pasaje privado a cielo abierto, en Medrano 1.352, entre las calles Honduras y El Salvador. Construido en 1924 por la constructora Civelli Hermanos y el arquitecto Vittori, cuenta con 12 casas que dan al frente (seis a cada lado del portón de ingreso) y 32 departamentos en su interior. Su privacidad queda confirmada por el portón de rejas de hierro en el acceso, el cual culmina en un arco de medio punto con un frontón donde se lee “Pasage Costa”.[40] En el corto recorrido del pasaje Costa, se observa un especial cuidado y mantenimiento. Debido a su valor patrimonial y su calidad urbana y arquitectónica, queda catalogado como área de protección histórica.

Barrio, subdivisiones y pasajes

Hasta el momento se agruparon pasajes según su condición de presentarse incluidos en barrios no oficiales, así como los que se exhibían interceptados entre sí, los perforantes de manzana y aquellos contenidos dentro de conjuntos habitativos. Se abordarán a continuación pasajes también paralelos entre sí dentro del tejido urbano y perforantes de manzana, de carácter público y con la particular condición de pertenecer a un barrio cuya transformación queda reflejada en los siguientes casos por exponer. Pergolis señala que “resulta difícil adelantar un proceso de investigación si en él no está comprometida una determinante afectiva. Por ese motivo, investigar la ciudad significa explorar sentimientos de uno mismo, sondear recuerdos, zambullirse en nostalgias y bucear en expectativas de vida”.[41] En atención a ello, se abre la exploración de un barrio como es el caso de Palermo,[42] con variedad de sub-barrios no oficiales contenidos dentro de sus límites, los cuales se diferencian por el tipo de actividad y el uso cotidiano. Al abrir un plano del extenso barrio Palermo,[43] aparecen dentro de él –a modo de matrioscas rusas– sub-barrios tales como Palermo Chico, también llamado barrio Parque, localizado al este de avenida del Libertador, entre Cavia y Tagle; Palermo Viejo, organizado sobre lo que fuera una zona de quintas, contiene cafés, restaurantes y casas de diseño. Delimitado por Costa Rica, Thames, Cabrera y Gurruchaga, con la plaza Cortázar como centro ordenador de este recorte urbano, lo que hoy se señala como Palermo Viejo nació como Villa Alvear, sector que presenta como particularidad su transformación a través del tiempo. Villa Alvear surgió como barrio obrero; el proyecto del trazado urbano quedó en manos del arquitecto Juan Buschiazzo, cuyo diseño consiste en calles que continúan con la trama de damero alternando con pasajes que dividen en dos las manzanas, en virtud de lo cual se logra mayor cantidad de vías de circulación y mayor número de lotes, aunque de menor superficie.

El sub-barrio Palermo Soho, en las inmediaciones de la nombrada oficialmente plaza Julio Cortázar y conocida como plaza Serrano, ocupa dentro de Palermo Viejo un sector donde se destaca la mencionada división de manzanas que otorgan al área un aspecto singular donde proliferan galerías de arte, tiendas de diseño, bares y discotecas. Se destacan los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer. Si bien estos cuatro pasajes tienen en común la escala y la continuidad de los limitantes de baja altura, cada uno expone una atmósfera propia actuando como valiosos conectores sociales.

El pasaje Russel se extiende por dos cuadras entre Thames y Gurruchaga, angosto y limitado por viviendas que brindan un perfil homogéneo, se destaca por los murales coloridos y por las frases escritas sobre sus fachadas. El pasaje Santa Rosa se localiza entre las calles Gurruchaga y Thames extendiendo una rama más hasta Uriarte, además de su adoquinado de origen y de las veredas angostas, también presenta como particularidad los murales Street Art que invaden fachadas y atraen curiosos y turistas. Según Augé, “el arte, en el sentido más amplio, es una expresión de la sociedad. La expresa porque son los hombres de un lugar y de una época los que la elaboran y porque necesariamente lleva la marca de una sociedad”.[44] A nivel edilicio se destaca en el pasaje Santa Rosa una vivienda realizada por el estudio Hampton-Rivoira y Diana Cabeza sobre una preexistencia del año 1904 con una envolvente de vegetación que oculta la adaptación al nuevo uso en su interior y brinda un particular sello de remate llegando a la esquina de Thames.

Otro pasaje paralelo a los anteriores es el pasaje Soria, el cual irrumpe sobre tres manzanas; un tramo desde Gurruchaga hasta Serrano, otro tramo parte desde Serrano y queda capturado dentro de la manzana formando una suerte de cul de sac para luego resurgir entre Thames y Uriarte, haciendo una perforación total de manzana. Al igual que los anteriores, sus limitantes se encuentran intervenidos con arte callejero y grafitis. Finalmente, el pasaje Coronel Cabrer, angosto y de menor extensión que los anteriores, se extiende desde Gurruchaga hasta Serrano y presenta, al igual que los vecinos, coloridas intervenciones en las fachadas donde predominan personajes de historietas. Los cuatro pasajes presentados son un foco de atracción turística por el tratamiento de los murales y la proximidad a la plaza Serrano.

Otro sector dentro de este barrio es el denominado Palermo Hollywood debido a la localización de productoras televisivas y un canal de TV. Esta área –frecuentada por gente del medio televisivo y cinematográfico– queda delimitada por las avenidas Juan Bautista Justo, Córdoba, Dorrego y Santa Fe. Se agregan a este listado Palermo Pacífico, en las inmediaciones del Puente Pacífico, Palermo Botánico en las cercanías del Jardín Botánico, Barrio Polo, subsector próximo al campo de polo de Buenos Aires, frente al Hipódromo de Palermo, y Palermo Boulevard alrededor de la avenida Juan B. Justo.

Por sus características en cuanto al tratamiento de los limitantes, a la oferta gastronómica, a la presencia de artesanos y artistas, a la atmósfera singular que surge de los distintos sectores, estos fragmentos de Palermo están ligados a la actividad turística. Si bien en la Ciudad se encuentran pasajes como reductos de clima de tranquilidad y silencio, también surgen aquellos –como los ya presentados– que invitan al turista ajeno a la historia del lugar a participar a través de imágenes evocativas, actividades musicales o ferias artesanales que se desarrollan en general los fines de semana y feriados.

Situaciones semejantes en cuanto a atracción turística y carga histórica se encuentran en el pasaje Carlos Gardel en la zona del Abasto,[45] entre las calles Jean Jaures y Anchorena, a una cuadra de la avenida Corrientes, con esculturas que evocan a figuras relacionadas con el tango. También se comprueban escenarios similares en el pasaje Caminito[46] en el barrio de la Boca y en el pasaje Giuffra en pleno San Telmo, con una dinámica propia, entre las calles Defensa y la avenida Paseo Colón a pocas cuadras de la plaza Dorrego.

Capturados

Nombramos como tales a aquellos pasajes que, al finalizar su recorrido, quedan prisioneros dentro de la manzana. En el barrio Caballito, se encuentran el pasaje Maitén, que nace en Riglos 665 y queda capturado en la manzana delimitada por las calles Riglos, José Bonifacio, San José de Calazans y la avenida Pedro Goyena; el pasaje Videla Castillo al 400 de la calle Rojas, que queda contenido dentro de la manzana Aranguren, Colpayo, Rojas y Neuquén; y el pasaje Ortega, de mayor extensión que los anteriores, que se extiende desde Martín de Gainza, atraviesa la calle Nicolás Repetto y, al cruzar Rojas, queda bloqueado dentro de la manzana delimitada por Rojas, Méndez de Andés, Aranguren y la avenida Honorio Pueyrredón.

En el mismo barrio, se produce una situación singular en la manzana definida por avenida Rivadavia y las calles Doblas, Chaco y Senillosa, en las proximidades del parque Rivadavia, por la presencia de dos pasajes. Uno de ellos, el pasaje El Maestro, de corta extensión, queda capturado dentro de la manzana, mientras que el pasaje República de Indonesia, próximo y paralelo al anterior, se presenta como perforante.

En el barrio Palermo, el pasaje Norte queda contenido, sin salida, capturado, en la manzana delimitada por la avenida Las Heras y las calles Paunero, Cabello y Ruggieri, por donde tiene su acceso en el 2.750. Este pasaje peatonal, a cielo abierto, queda contenido por viviendas de dos niveles, de modo que la estrechez de sus dimensiones se magnifica por la altura de los limitantes, y su carácter privado se confirma con la reja colocada en el ingreso. Finalmente, y también en el barrio Palermo como capturado –¿escondido?– dentro de la manzana, se presenta el pasaje Roberto Arlt en Gurruchaga 1.959, entre Soler y Nicaragua, muy próximo a la secuencia de Russel, Santa Rosa, Soria y Cabrer.

El lote adquirido y construido en 1910 por el ingeniero Shine queda organizado con tres viviendas al frente, construidas para alquiler, y, por medio del angosto pasaje Roberto Arlt –tres metros de ancho–, se llega a otras tres viviendas como remate del recorrido en el centro de la manzana. Silencioso, escondido, oficia de conector de viviendas y su nombre se debe a que el autor vivió en una de esas unidades.

Lo común en estos pasajes a cielo abierto es el modo en que irrumpen en la manzana y los efectos que esta particular incisión produce.

Nuevo espacio. El trazado ferroviario como límite

Indica Heidegger:

Un límite no es aquello en lo que algo se detiene sino, como reconocían los griegos, aquello a partir de lo cual algo inicia su presencia. El espacio es, en esencia, algo para lo que se ha hecho sitio, lo que queda dentro de sus límites. Aquello a lo que se accede y, por lo tanto, a lo que uno puede sumarse, es decir, donde uno puede reunirse, en virtud de un emplazamiento, esto es algo como un puente.[47]

Para Kevin Lynch, las sendas son conductos que sigue el observador de manera normal, ocasional o potencial, entre los cuales se encuentran las vías férreas. En el caso que nos ocupa, el trazado del ferrocarril incide en el trazado urbano, actúa como limitante e influye en la imagen de los pasajes. Con base en estas definiciones, se analizan pasajes definidos por la presencia de un límite como configurante que asigna una espacialidad singular a estos sitios.

En el barrio Caballito, el pasaje Los Alpes[48] –Parral 149 se configura como una vereda angosta que presenta a un lado una secuencia de viviendas recicladas a lo largo del tiempo y, por el otro lado, el enrejado que lo separa de las vías del tren Sarmiento. Su recorrido peatonal se extiende desde Parral hasta Hidalgo, y, cruzando esta vía, aparecen otros dos pasajes también afectados en su diseño por las mismas vías de este tren. Son los pasajes Nicolás Vila y General Venancio Flores; a diferencia de Los Alpes, ambos son vehiculares.

El pasaje Nicolás Vila nace en la avenida Acoyte y termina en la calle Hidalgo; en uno de sus lados, se encuentra el enrejado que separa de las vías del tren Sarmiento y hacia el otro una secuencia de torres que otorgan un perfil poco común para un pasaje. El vecino, pasaje General V. Flores, paralelo, vehicular y también afectado por el trazado del tren, presenta la misma estructura disposicional.

Una situación semejante en cuanto a la relación con el ferrocarril se observa en el pasaje Marcoartú-barrio Flores. El edificio, obra del ingeniero José Arnavat, fue construido para vivienda de los obreros que trabajaban en el ferrocarril Sarmiento. Este corto y angosto pasaje tiene acceso por Bolivia 202 y queda limitado, por un lado, por cuatro viviendas de dos niveles con pórticos que reducen el ancho de la vereda y, por el otro lado, por el enrejado que separa de las vías del tren como limitante.

Otros dos pasajes paralelos a las vías del Sarmiento, también afectados por la presencia del ferrocarril, acompañan al Marcoartú en la proximidad de la manzana. Uno de ellos es el pasaje Hugo del Carril, el cual presenta, de un lado, un muro tratado con imágenes gigantes usando trencadís[49] que lo separa de edificaciones vecinas, mientras que, del otro lateral, se encuentra el edificio de la estación del tren, con acceso al andén. El otro pasaje próximo a los anteriores es el pasaje del Ángel Gris, el cual queda capturado dentro de la misma manzana del Marcoartú y afectado por la traza del ferrocarril.

Se agrega a este listado de pasajes comprometidos por la traza del ferrocarril, el pasaje Pedro Laredo,[50] en el barrio Almagro; en su recorrido desde la avenida Díaz Vélez 3.850, llega hasta las vías, donde rota acompañando el borde del tren para finalizar en Medrano 107, donde el original acceso queda alterado por la construcción de una plazoleta.

La proximidad con las vías define la disposición geográfica de estos pasajes, altera con el paso del tren el propio silencio del lugar, construye un mirador hacia el vacío y genera una suerte de juego de oposición dialéctica entre sus limitantes: abierto-cerrado, lleno-vacío, opaco-transparente, ruido-silencio.

Reflexiones: el pasaje como sistema de relaciones

En el decurso de la presente investigación, se encontraron en la Ciudad alteraciones de la trama por la presencia de pasajes con diferentes espacialidades, historias, escalas y diálogo con el contexto inmediato. La presencia de estos pasajes, si bien rompe el orden del damero urbano y provoca manzanas partidas, cortadas, acotadas, genera a la vez una particular articulación del espacio geográfico con el espacio social. Leemos el orden organizativo de la Ciudad como una gran composición musical donde la armonía y el ritmo se ven alterados por la presencia de otras estructuras que enriquecen el tejido musical. En principio –sin intención de catalogación–, quedaron relevadas áreas de la ciudad y pasajes en función de su orden disposicional, según su impronta dentro de la manzana, según sus sintaxis, espacialidades, códigos y valores.

Se incluyen en este estudio pasajes dentro de espacios socioculturales particulares que nacieron como barrios obreros cuya traza también provoca alteraciones en la estructura circundante y pasajes definidos por la presencia del ferrocarril.

El camino recorrido desde el primer estado de avance de esta investigación hasta el presente amplió la mirada acerca de rupturas y continuidades dentro del tejido de la CABA, profundizó el análisis morfológico de los pasajes, develó la estructura edilicia de sus limitantes, memorias y resultados del paso del tiempo. El relato aquí presentado tiende a exponer el soporte conceptual desde donde esta investigación permitió indagar espacialidades en lo físico, en lo social y en lo histórico, exponiendo escenarios de sentido.

Nota sobre las imágenes de este capítulo

Los esquemas planimétricos son elaboraciones propias de la autora sobre cartografías municipales de acceso público. Los esquemas realizados sobre bases de imágenes satelitales son elaboraciones propias de la autora sobre bases IS municipales de acceso público. Las fotografías también son de elaboración propia.

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  1. Arquitecta y profesora de FA UAI e investigadora en CAEAU FA UAI.
  2. Corti, M. La Ciudad Posible. Glosario, p. 17. “Ciudad: Configuración territorial que permite distintas alternativas de encuentro, relación, conflicto y aislamiento entre un grupo muy amplio y diverso de personas”.
  3. Deleuze Gilles (2002). Diferencia y Repetición. Amorrortu Editores. Buenos Aires. En p. 57.
  4. Deleuze, G., ibid. “La memoria es la síntesis fundamental del tiempo, que constituye el ser del pasado (lo que hace pasar el presente)” (p. 133). “Es inútil pretender recomponer el pasado a partir de uno de los presentes que lo enmarcan, ya sea el que ha sido, o aquel con respecto al cual es ahora pasado” (p. 135).
  5. Foucault, Michel (1966). Conferencia “Heterotopias y cuerpo utopico”.
  6. Lupano María Marta (1998). Ruptura de la trama urbana; los pasajes y las calles cortadas. Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas. Buenos Aires. En p. 14.
  7. Borges, J. L. (1974). Fervor de Buenos Aires. En Obras completas 1923-1072. Emecé. Buenos Aires.
  8. Diez, Fernando (2021). Buenos Aires y algunas constantes en las transformaciones urbanas. Fundación Editorial de Belgrano. Buenos Aires. En p. 97.
  9. Lynch, Kevin (1998). “La imagen de la ciudad y sus elementos”. En La imagen de la ciudad. GG. Barcelona.
  10. Apeadero en los ferrocarriles, sitio donde pueden subir o bajar los viajeros sin estación, definición del Diccionario Larousse, p. 59.
  11. Plaza Sarmiento, Tuyutí al 6.900, sitio de encuentro de la comunidad, en sus orígenes sirvió como lugar para acopio de materiales para las construcciones.
  12. Barrio River, originalmente denominado barrio Parque General Belgrano.
  13. El barrio Agronomía se formó tomando de Villa del Parque todo el sector conocido como Parque Agronómico y luego el triángulo denominado barrio Rawson, más la mitad sur de Villa Talar.
  14. Chacarita de los Colegiales (paseo). Ordenanza n.º 50.157/1995, BM 20.211. “Chacarita” es el diminutivo de la voz quechua chácara o chacra. Los orígenes de este nombre en Buenos Aires se remontan al siglo XVIII, cuando el Real Colegio Convictorio Carolino, luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, tomó posesión de este lugar y lo utilizó para las vacaciones de sus estudiantes, y proviene de allí el agregado de “Colegiales”. Este Colegio de San Carlos se denominaría más tarde Colegio de la Unión del Sud, de Ciencias Morales, y finalmente Colegio Nacional de Buenos Aires.
  15. Ver anexo “Planos distributivos de los barrios Rawson y Cafferata”.
  16. Pasaje Caricancha se extiende desde avenida Asamblea hasta Estrada. Pasaje Padre Lorenzo Bartolomé Massa se extiende desde Salas hasta Tejedor.
  17. Ley 4.824 propuesta por el diputado nacional Ignacio Irigoyen.
  18. Microbarrios similares y promovidos por la Ley Irigoyen son el Butteler de Cobos y avenida de La Plata en Parque Chacabuco (analizado en la primer etapa de esta investigación), La Colonia en Parque Patricios y La Colonia Obrera de San Vicente de Paul en Cachi y Traful, Nueva Pompeya (analizado en investigación UAI Abades, Irma 2019, Anuario CAEAU Genética y Transformación Morfosintáctica del Espacio Público en Conjuntos Habitacionales de Escala Intermedia en el AMBA.
  19. Villa Santa Rita integra la comuna 11, junto a Villa Devoto, Villa del Parque y Villa General Mitre.
  20. Pallasmaa, Juhani (2012). Los ojos de la piel. GG. Barcelona. En p. 52.
  21. Sector en Álvarez Jonte, Cuenca, Juan Agustín García conocido como Barrio Nazca, no oficial.
  22. Ver anexo “Localización de pasajes en barrio Floresta”.
  23. Pallasmaa, Juhani (2016). Habitar. En El sentido de la ciudad. GG. Barcelona. En p. 47.
  24. Pasajes Laplace y Génova se localizan entre Lavallol y la Avda. Cuenca.
  25. Barrio Hogar Obrero en Avenida Jonte y Emilio Lamarca: no se analiza por su escala y por falta de pasajes dentro de su organización.
  26. Pasaje El Quijote, en su trayecto entre Bolivia y Condarco, corta en diagonal la manzana de Arregui, Bolivia, Lazcano, Condarco.
  27. Villa Gral. Mitre delimitado por las avenidas Álvarez Jonte, San Martín, Juan B. Justo, Donato Álvarez, Gaona y Condarco.
  28. Barrio Mihanovich es uno de los tres proyectos que llevó a cabo la Unión Popular Católica Argentina en la Ciudad de Buenos Aires con el objetivo de resolver demandas sociales de la época. Construyeron además el presente, la Mansión Obispo Abel Bazán conocido como Mansión de Flores, en Flores y el barrio Monseñor Espinosa en Barracas.
  29. Gutiérrez, Alicia B. y Bourdieu, Pierre (2011). Las estrategias de la reproducción social. Siglo XXI Editores. En p. 20.
  30. Jáuregui, Jorge M. (2012). Estrategias de Articulación Urbana. Nobuko. Buenos Aires. En p. 48.
  31. Denominación de los pasajes del barrio Monte Castro. Leticia Maronese. En 1933 pasajes que denominan ciudades: Bombay, Belfast, Boston, Bahía, Leipzig, Columbia, Peiping, Gibraltar. Y aparecen nombres indígenas: Renque Curá, Ranqueles, Coliqueo, Chiriguanos. También en 1933 surgieron Las Colonias, Río Colorado, Namuncurá y otros con nombre de libros, como El Nene y Martín Fierro. Entre 1928 y 1934, hubo denominaciones de escritores o figuras relevantes ligadas a la sanción de la ley 1.420: Eduardo Wilde, F. Lynch Arribálzaga, José de Maturana, Nemecio Trejo, Emilio de Alvear, Paul Groussac. En 1937, con los nombres rindieron homenaje a médicos los pasajes Carlos Chagas, Miguel Couto e Hilario de Almeira. La década siguiente trajo las denominaciones de los pasajes David Peña (1940), Baltasar de Unquera, José Verdi, La Niña, La Pinta, La Santa María, Leones y Puch(1944), Alejandro F. Mohr, Vicente Fidel López, Monner Sans (1945) y Luis Braille(1946).
  32. Ver Abades Irma (2007). Puertas abiertas que disciplinan la locura. El caso de la Plaza Monseñor Lafitte. En XXII Jornadas de Investigación FADU-UBA. Encuentro Regional de Investigación. II Seminario Mercociudades: Gestión Urbana. URBE Y TERRITORIO SI + URB.
  33. Piñero A. (2005). Las calles de Buenos Aires, p. 89. “Juan A. Boeri (¿-?), propietario de los terrenos por donde se trazó esta calle. En el Plano de la Ciudad de Buenos Aires publicado por la Municipalidad en el año 1904 se observa la extensión de su propiedad. Por Resolución del 3/5/1912 se autoriza la apertura de esta calle (véase Actas del Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires correspondientes al año 1912, Buenos Aires, 1913)”.
  34. Barrio del Banco Hogar Argentino, en 1960 cambió su nombre por Barrio Inglés debido a estrategias inmobiliarias que deseaban destacar estas manzanas exclusivas con atmósfera inglesa por la imagen de sus edificaciones de otros sectores del barrio Caballito.
  35. Pasaje Valle, construcción 1916. Su primer nombre fue Buenos Aires.
  36. Pasaje Sastre, construcción aprox. 1890. Antes del nuevo trazado urbano, las calles 15 de Noviembre y Pedro Echagüe se denominaban Armonía y Progreso respectivamente.
  37. Pasaje General Paz en investigación UAI Abades, Irma 2019 Anuario CAEAU Genética y Transformación Morfosintáctica del Espacio Público en Conjuntos Habitacionales de Escala Intermedia en el AMBA.
  38. Dato singular: maceteros decorados con mayólicas de Talavera de la Reina (Toledo, España).
  39. Schere Rolando (1998). Pasajes, Colihue, Buenos Aires, pág.68-69
  40. Eduardo Balbachan, con respecto a la presencia de la G en “Pasage Costa”, indica que “el término ‘pasage’ no es un galicismo sino que es una herencia de la grafía medieval que se mantuvo con oscilaciones hasta finales del siglo XIX o principios del XX […] la disyuntiva ge-jota fue muy compleja y recién se consolidó el apropiado uso de estas dos grafías ya transcurridas las primeras décadas del siglo veinte”.
  41. Pergolis, Juna Carlos (2005). La ciudad fragmentada. Nobuko. Buenos Aires. En p. 31.
  42. Comuna 14, barrio Palermo, limita al norte con los barrios Belgrano y Colegiales, al Oeste con Chacarita, Villa Crespo y Almagro; al Sur se encuentra Recoleta y al Este el Río de la Plata. Esta comuna alberga solo un barrio.
  43. Piñeiro, Alberto G. (2008). Barrios, Calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires. Origen y razón de sus nombres. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Ministerio de Cultura. Buenos Aires. “Palermo (barrio). Ley 1777-2005, BO 2.292, Ley 2094-2006, BO 2558, Ley 2329-2007, BO 2700, y Ley 2412-2007, BO 2776. Juan Domínguez Palermo (¿-¿), funcionario y comerciante; antiguo propietario de estas tierras, las que compra en 1609; desde entonces comienza a identificárselas con su apellido”.
  44. Augé Marc (2014). El antropólogo y el mundo global. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. En p. 124.
  45. Abasto: zona de CABA en el barrio Balvanera.
  46. Pasaje Caminito: analizado en el primer avance de esta investigación.
  47. Heidegger, Martin (1954). Construir, habitar y pensar.
  48. El pasaje Los Alpes en su origen se denominó pasaje Beade en honor a Fernando Beade, propietario de esos terrenos en la década del 30.
  49. Los murales a cielo abierto del pasaje Hugo del Carril fueron realizados por el artista Marino Santa María.
  50. Pasaje Laredo nació como pasaje público, pero en la actualidad es privado.


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