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Llamado a desobedecer

Julia Jorge y Belisario Zalazar

El giro material, acaecido según la vulgata académica a fines de los 90 del siglo pasado y establecido con pleno derecho en el primer decenio del siglo XXI, inaugura un nuevo campo de saberes y perspectivas sobre conceptos fundamentales de una corriente filosófica tan antigua como el materialismo. El retorno hacia la materia propuesto por lxs pensadorxs materialistas como una condición necesaria para leer el presente nace del descontento general y una cierta incomodidad sentida con el giro lingüístico y las filosofías constructivistas que dominaron las formaciones discursivas desde la posguerra en adelante. A su vez, este movimiento de largo alcance, cuya productividad está aún por verse, coincide con, y se retroalimenta de, un esfuerzo en filosofía por refundar un pensamiento ontológico fuerte, mal que les pese a pensadores como Vattimo y cierto posestructuralismo francés con sus proclamados (im)posibles e (in)decibles. La particularidad de ese nuevo turn quizás esté dada por el hecho de no cerrarse en un intento de definición a través de una clausura de pensamientos particulares propios de un materialismo. Más bien intenta incluir distintas corrientes que a través de operaciones de lectura o rearticulaciones teóricas enfatizan en las diferencias entre los materialismos y en su pluralidad, y así delinean ese abigarrado campo de saberes. Serenella Iovino y Serpil Oppermann explican:

El “giro material” es una extensa conversación que abarca los territorios de las ciencias y las humanidades y abarca campos como la filosofía, la física cuántica, la biología, la sociología, las teorías feministas, la antropología, la arqueología y los estudios culturales, por nombrar solo algunos. Ya sea que se lo denomine “nuevos materialismos” o “el giro material”, este paradigma emergente suscita no solo nuevos enfoques no antropocéntricos, sino también posibles formas de analizar el lenguaje y la realidad, la vida humana y no humana, la mente y la materia, sin caer en patrones dicotómicos de pensamiento. (2014: 2)[1]

La apertura de las humanidades hacia el complejo campo de las ciencias físicas y naturales, en parte debido a un agotamiento de aquellas disciplinas, así como la indagación apremiante del impacto de las nuevas tecnologías digitales y biocognitivas en los modos de vida y las subjetividades del siglo XXI representan una oportunidad plagada de intensas búsquedas para quienes nos dedicamos al estudio de las humanidades. Ahora bien, el componente de novedad con el que se promocionan algunos de estos materialismos (que, como dijimos, suelen ser relecturas o reelaboraciones de materialismos “viejos”, o bien, en determinados casos, una inscripción de los nuevos realismos) es cuestionable. Los Nuevos Materialismos, en tanto corriente aglutinada por una serie de compilaciones de origen anglosajón (Coole & Frost, 2010; Dolphin & Van der Tuin, 2010), son evidencia de esto. Dichos estudios presentan nuevas perspectivas, conceptos, articulaciones teóricas para pensar la materia y el entorno material, e incluso proponen la refundación ontológica de la materia. La diversidad de ensayos incluidos en la publicación icónica New Materialism: Ontology, Agency, and Politics (2010) de Diana Coole y Samantha Frost da cuenta de ello. Cada uno de los textos vuelve a conceptualizar la materia para responder a las interpelaciones del entorno material, el contexto político económico u otras preguntas procedentes del debate científico. Muchxs pensadorxs catalogadxs como materialistas del siglo XXI aparecen también, según la costumbre de la academia de departamentalizar los saberes y parcelar las disciplinas de investigación, como nuevos realistas, realistas especulativos o posthumanistas. Esto se debe a que estos discursos comparten conceptos, categorías y sobre todo un conjunto de inquietudes comunes, algo así como un nuevo a priori histórico de los saberes al decir de Foucault: 

Los discursos catalogados dentro de los nuevos materialismos comparten agenda con los posthumanistas en tanto: buscan un reposicionamiento de lo humano entre los actantes no humanos, cuestionan la estabilidad de un sujeto individualizado y liberal, y abogan por una atención materialista crítica a las influencias globales y distribuidas del capitalismo tardío y el cambio climático. (Sanzo, 2018)[2]

Al leer los ensayos incluidos en la compilación de Coole y Frost, o bien las entrevistas elaboradas por Dolphin y Van der Tuin, nos convencemos de que marcan una avanzada agenda de investigación científica de las humanidades ambientales dado que el cruce de nociones de campos disciplinares irreconciliables construye la trama teórica sin perturbarse. Así, los Nuevos Materialismos introducen su novedad. Incluso pareciera que asistimos a una especie de descubrimiento de la materia, reconceptualizando algo que siempre ha estado allí pero que no ha sido pensado a causa de la carencia de conceptos, la ausencia de modos de percibir o atender al entorno material.

Estos Nuevos Materialismos (y otras derivas disciplinares del giro material) se presentan como propuestas teóricas basadas en operaciones fundamentales, vuelven a definir la materia, a redefinir los límites de lo humano y su relación con los demás existentes (aquí aparecen categorías como lo no-humano, lo vivo y no-vivo, los objetos técnicos, etc.), el entorno material y sus transformaciones, las que suscitan la urgencia intelectual de dichas perspectivas. Esto último es clave. Dichos estudios se presentan como respuestas filosóficas a las inminencias del mundo, en su inmanencia radical (Meillassoux, 2015). En otras palabras, gran parte de los pensamientos materialistas llegan, tarde o temprano, a inmiscuirse en el debate público motivado por la problemática del calentamiento global, la contaminación ambiental, la huella ecológica, los medios, los miedos y los fines del mundo —o bien, de los mundos— (Danowski & Viveiros de Castro, 2019). Podemos nombrar aquí como casxs paradigmáticxs a Donna Haraway, Bruno Latour, Isabelle Stengers, Rosi Braidotti y un largo etcétera. Y es en este punto donde parece justificarse la “novedad” de los “Nuevos Materialismos”.

El caso de los Nuevos Materialismos de procedencia anglosajona es solo un ejemplo, entre tantos otros, de campos disciplinares que desarrollan sus recorridos al son de las urgencias del mundo. Se suman a ellos algunos con más años y tradición, como el caso de la ecocrítica (Heffes, 2013) o la ecosemiótica, y otros más recientes como los estudios posthumanistas y las filosofías varias reconocidas bajo el paraguas del nuevo realismo (Ramírez, 2016) o del realismo especulativo (Bryant, Snirzeck & Harman, 2011). Perspectivas teóricas que aunque no lo explicitan responden a problemas del presente inmediato, futuros que se avecinan, realidades distópicas, encarnados por objetos y figuras como la IA, el cíborg, la huella de carbono o formaciones conceptuales como el Antropoceno, el Capitaloceno, el Tecnoceno, entre otros. Dichas perspectivas teóricas se han enriquecido de ficciones literarias y artísticas para efectivamente inventar y llenar de contenido sus conceptos y categorías. En este punto resultan insoslayables los experimentos teóricos que beben de las fuentes de H. P. Lovecraft, Philip Dick, William Gibson, Ursula K. Le Guin, por citar solo unxs cuantxs. Los relatos postapocalípticos, el cyber-punk o la ciencia ficción en general insisten en el panorama del tecnocapitalismo como herramientas y atmósferas para pensar e imaginar estrategias y modos de habitar que eviten el temido y al parecer ineluctable colapso.

Estas escrituras, ya sean teóricas o ficcionales, tienen algo en común: todas se construyen casi en negativo sobre un fondo mítico. Walter Benjamin supo ver y diagnosticar dicho fondo como una filosofía de la historia homogénea, monovalente y destructiva basada en las ideas-fuerza del Progreso, el proyecto modernizador y civilizatorio occidental, y una mirada puesta en un Futuro programable y diseñable en sus más ínfimos detalles, y que por ello mismo lo harían deseable e incuestionable. Y aunque estas escrituras insistan en resignificar (positiva o negativamente) el desastre ambiental, la ruina o el apocalipsis que se avecina, dichas ficciones y teorías no dejan de mostrar y subrayar las angustia y la incertidumbre que emergen, brotan y retornan con la fuerza de lo reprimido y todo el peso material. Angustias negadas, depresiones medicalizadas, malestares soslayados o conceptualizados como restos y daños colaterales necesarios en la larga marcha hacia ese futuro (in)cierto; futuro en el cual, para los ojos críticos puestos en el capitalismo tardío o 4.0, todo lo sólido se desvanece en el aire. Incluso esa urgencia intelectual que los caracteriza reintensifica la ansiedad de una sociedad altamente desarrollada y civilizada que ya no espera la Tierra Prometida sino que solo se ve ahí el acceso a un empobrecido inframundo, tal como piensa Ludueña Romandini (2018).

El mito del progreso aparece en cada una de esas perspectivas interrogado o expuesto bajo diversas valencias y materializado en distintos conceptos. El par naturaleza/cultura, el mito civilizatorio, el proyecto de la Modernidad, Occidente son algunas de las formas en las que se manifiesta la problemática y las disputas por los imaginarios acerca del futuro en estos pensamientos, ya sea deconstruyendo y desmontando aquellas categorías, o bien reformulándolas para que tomen un nuevo impulso. La crítica tanto cultural como literaria, así como los estudios mencionados, son respuestas a las transformaciones del entorno material que motivan (con urgencia) el pensamiento reflexivo. Pensar posibles respuestas al cambio climático, a los avances tecnológicos digitados por una economía predatoria y a la aniquilación de formas de vida no-humanas y modos de vida no-capitalistas se ha vuelto un imperativo categórico. Ahora bien, ¿qué sucede con esa materia que desobedece las reglas del diseño capitalista, y que, fiel a esa regla de la contingencia radical, al devenir material, desborda cualquier orden necesario, cualquier planificación basada en leyes y se resiste a avanzar en una sola dirección, a hacer carne ese Futuro tecnocapitalista proclamado por tecnófilos transhumanistas y desmontado por la crítica, y que pareciera por ello mismo estar siendo no-pensada?

Según ciertas teorías evolucionistas, que coinciden y se empalman a esa filosofía de la historia denunciada por Benjamin, la historia de la materia no es sino el despliegue desde lo inerte y desorganizado hacia lo vivo y ordenado, cuyo pináculo lo ocupa la forma humana. Sin embargo ¿qué decir de esa comunidad de formas materiales cuyas temporalidades y modos de existencia no condicen con los ritmos y las capas de sentido elaboradas por aquella historia contada por lxs humanxs y el modo de producción/relación capitalista occidental? Esta pregunta es la que motiva el presente llamado a la reflexión. Reflexión que no es sino la posibilidad de inventar e inventariar las operaciones de lectura que son el cimiento y la simiente de nuestras perspectivas materialistas. El plan consiste en seguir las trayectorias de la materia, seguir las marcas, las hendiduras que dejan los materiales en su camino, ajustar las herramientas para poder percibir las fricciones, los encuentros y los choques que se producen entre las múltiples formas y modos de existencia. El trabajo suscita una mirada atenta, expandir el sensorium de las subjetividades que habitan los ecosistemas tecnocapitalistas para captar las pulsaciones de la materia, sentir las pulsiones materiales que nos habitan, rodean y somos. Porque la materia late, vibra, diría Jane Bennett (2010), genera, produce, se desintegra, trabaja, colapsa, cae, en movimientos aberrantes, imprevistos, aleatorios. La idea de la pulsión no deriva del concepto freudiano ni pretende adentrarse en los meandros psicoanalíticos de la tensión sexual ni los deseos inconscientes, sino que intenta rescatar y dar cuenta de los impulsos y la vitalidad que excita y permea cada fibra de nuestro espacio-tiempo. Al fin y al cabo, entornos materiales que con-formamos habitando.

Hablaremos entonces de materias irreverentes o desobedientes a las reglas del mundo biofísico e intelectual. Imitando el gesto disciplinar de los estudios antes mencionados pero apuntando en otra dirección, proponemos ampliar nuestras perspectivas materialistas mediante operaciones de lectura que muevan e inventen aquello que Deleuze llamaba imagen del pensamiento. Materiales que, en su fricción, ficcionan regímenes de sentido no estipulados, no especulados por el mito del Capital. Materiales, o mejor dicho materialidades, en tanto rasgadura abierta en el plano de las sustancias cognoscibles, dominables, diseñables por las astucias de la razón humana y la fuerza de la mano prensil, la larga marcha de Homo en su decurso hacia la progresiva conquista del entorno material, siempre ampliable. Materialidades que horadan en definitiva la dura corteza, la matriz del Principio antrópico, ese principio que reza: el hombre no solo es la medida de todas las cosas, sino la llave que abre las recámaras del Sentido en cada rincón del universo. Materialismos inocentes, donde el no-saber no es una falta sino la cuerda que sostiene los pasos en el viaje que emprenden lxs existentxs, materialismo aleatorio, ensoñado, más allá de todo humanismo.

                                                            

Diciembre, 2020

Referencias bibliográficas

Benjamin, W. (2001). Tesis de filosofía de la historia. Barcelona: Etcétera.

Bennett, J. (2010). Vibrant Matter. USA: Duke University Press.

Braidotti, R. (2015). Lo poshumano. Barcelona: Gedisa.

Coole, D. y Frost, S. (2010). New Materialisms. Ontology, Agency, and Politics. Duke University Press: Londres.

Danowski, D. & Viveiros de Castro, E. (2019). ¿Hay mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines. Buenos Aires: Caja Negra.

Harman, H. (2015). Hacia el realismo especulativo. Ensayos y conferencias. Buenos Aires: Caja Negra.

Heffes, G. (2013). Políticas de la destrucción, poéticas de la preservación: apuntes para una lectura (eco) crítica del medio ambiente en América Latina. Rosario: Beatriz Viterbo Editora.

Iovino, S. & Oppermann, S. (Eds.) (2014). Material ecocriticism. Bloomington: Indiana University Press.

Latour, B. (2017). Cara a cara con el planeta. Una nueva mirada al cambio climático alejada de las posiciones apocalípticas. Buenos Aires: Siglo XXI.

Ludueña Romandini, F. (2010). La comunidad de los espectros I. Antropotecnia. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Ludueña Romandini, F. (2018). Arcana Imperii, Tratado metafísico-político. La comunidad de los espectros III. Buenos Aires: Miño y Dávila.

Meillassoux, Q. (2015). Después de la finitud: Ensayo sobre la necesidad de la contingencia. Buenos Aires: Caja nNgra.

Ramírez, M. T. (Ed.) (2016). El nuevo realismo: la filosofía del siglo XXI. México: Siglo XXI.

Sanzo, K. (2018). New Materialism(s). Critical Posthumanism Network. https://bit.ly/3tTOprY.

Tuin, I. V. D. & Dolphijn, R. (2012). New materialism: Interviews & cartographies. Open Humanities Press.


  1. La traducción es nuestra.
  2. La traducción es nuestra.


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