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2 Gestión de residuos reciclables secos: cartón y papel, vidrio, plástico, metales ferrosos y no ferrosos[1]

Santiago Sorroche[2] y Viviana Marcela Rodríguez Jiménez[3]

Este capítulo se nutre fuertemente, entre otras fuentes, de los desarrollos de Sebastián Carenzo y Ana Stevanato realizados para el documento PAGE (2021), Informe final del Impacto Fiscal de la ejecución del Plan Nacional de Economía Circular y Hoja de Ruta y otros trabajos de los autores.

En este capítulo se trabaja la cuestión de los denominados “residuos secos” (o “reciclables secos”) de masiva producción, alta reciclabilidad y, en muchos casos, con mercados ya establecidos. En específico, las corrientes de materiales a analizar aquí son las del cartón y papel, vidrio, plástico y metales ferrosos y no ferrosos. Hay otros residuos que también son secos, como los textiles, por ejemplo, que serán abordados en otros capítulos, debido a que cuentan con problemáticas y vías posibles de solución específicas. La decisión de agrupar en este capítulo las mencionadas corrientes es que, en su mayoría y desde las políticas públicas, han sido tratadas de forma conjunta, principalmente por su gran generación y porque muchos de estos materiales cuentan con destinos comunes, una vez que se generan. Al mismo tiempo, en la práctica, existen mecanismos de recolección y disposición en origen compartidos y ya instalados en diversos municipios, a diferencia de lo que ocurre con otros materiales secos, en donde esto es prácticamente inexistente. Esto permite el desarrollo de sistemas de organización y clasificación de los materiales y, por lo tanto, mejores resultados de recolección y tratamiento de los mismos. Las secciones que siguen abordarán: (2.1) las características de los materiales, las problemáticas ambientales asociadas y el estado de situación actual, incluyendo normativa, así como diversas políticas y acciones vinculadas a la corriente; (2.2) las experiencias, oportunidades y obstáculos vinculados a la separación en origen y recolección diferenciada; (2.3) las experiencias, obstáculos y oportunidades para la valorización; y (2.4) las recomendaciones para avanzar hacia una economía circular inclusiva y sortear los obstáculos aquí expuestos.

2.1. Materiales, características y estado de situación

A continuación, se describen los distintos materiales que integran la corriente de reciclables secos. Como veremos en los siguientes apartados, estos materiales, dada la configuración del mercado local y las políticas públicas vigentes, son los que se reciclan y recuperan en mayor escala en el país, ya sea por la existencia de empresas recicladoras, o por el precio de estos en el mercado.

2.1.1. Caracterización de los materiales

Como señalamos en el apartado anterior, en este capítulo se engloban diversos tipos de residuos. Estos son de uso generalizado por todas las personas, en todos los ámbitos –tanto rurales como urbanos–, y, por lo tanto, representan un importante volumen de los residuos generados diariamente en el mundo[4].

A continuación, se describirán las diferentes corrientes que integran los reciclables secos y sus características, posibilidades de descomposición y reciclabilidad.

Cartón y papel

Tanto el cartón, como el papel provienen de las fibras celulósicas de la madera. Generalmente, se producen a través de las plantaciones de árboles de rápido crecimiento que luego son procesados para fabricarlos y a partir de papel o cartón recuperado. En la Argentina existen fábricas que procesan tanto materiales vírgenes como recuperados. El uso de materiales vírgenes tiene la desventaja de ser commodities, por lo que se comercializan en mercados internacionales a precios globales y dolarizados, y esto repercute sobre sus posibilidades de valorización. Esto significa un gran problema en una economía en donde la carencia de divisas y la restricción externa operan en el encarecimiento o la dificultad de obtenerlos. Por su parte, el material recuperado, del cual el 95 % es captado y operado por cartoneros, requiere mayores procesos para el reciclado y reconversión en nuevos productos. Esto deriva en menores precios ya que, de esa manera, es posible que su procesamiento sea rentable para las empresas. Estos materiales cuentan con circuitos de reciclado desarrollados de larga data. En la actualidad se utilizan, más comúnmente, seis (6) tipos de papel y cartón:

  • Papel blanco y planilla
  • Cartón de primera
  • Cartón de segunda
  • Papel Kraft
  • Papel de diarios y revistas
  • Papel absorbente

El ciclo de vida del papel, en lo relativo al reciclado, cuenta con seis etapas: producción, consumo, generación de residuos, recolección y clasificación, transformación industrial, volviendo a la industria como una materia prima para la generación de nuevos productos.

Durante su proceso de producción –tanto de papeles como de cartones–, se genera una serie de residuos denominados scrap (estos son, principalmente, recortes y materiales derivados de errores de impresión o de confección). Por otra parte, y con el mayor número en la generación, estos materiales provienen del consumo (tanto en comercios, como en hogares), lo que se denomina “posconsumo”.

Plástico

El plástico es uno de los materiales que más abunda entre los residuos, entre otros motivos por la gran variedad de mercancías que se elaboran con estos. La versatilidad de los diferentes materiales permite su empleo para múltiples usos. Tienen una gran durabilidad y resistencia, que dependerá de cada tipo de plástico, sus características especiales y los usos que se les den. El plástico ha reemplazado a muchos materiales (madera, textiles, métales y otras fibras naturales) que se utilizaban previamente para la elaboración de múltiples productos, desde la Segunda Guerra Mundial en adelante. El plástico se produce con petróleo, gas natural o carbón y toma diversas formas y composiciones químicas. Justamente, la diversidad de composiciones que adquiere el plástico deriva en diferentes tipos de tratamiento que deben llevarse a cabo para el reciclado del material. En los últimos años, ha crecido de forma exponencial la utilización del plástico para la producción (Geyer et al., 2017). A su vez, generalmente, los ciclos de vida de los productos derivados del plástico son cortos. Envases de un solo uso y materiales descartables, principalmente, representan un problema para la gestión de residuos. Del total producido de envases plásticos, el 72 % no son recuperados[5] (Ellen MacArthur Foundation, 2016; UNPlastify, 2023).

A grandes rasgos, existe una clasificación comúnmente aceptada de los plásticos en siete grandes tipos, en tanto poseen un tratamiento distinto entre sí o bien particularidades de procesamiento disímiles. La principal razón se debe a que cada uno tiene composiciones químicas diferentes, requiriendo entonces distintos procesos productivos y, también, distintos tiempos de degradación (tabla 1) (Fombuena Borrás et al., 2016):

  • PET o PETE (Tereftalato de Polietileno)
  • PE-HD, HDPE o PEAD (Polietileno de alta densidad)
  • V o PVC (Vinílicos o Cloruro de Polivinilo)
  • PE-LD, LDPE o PEBD (Polietileno de baja densidad)
  • PP (Polipropileno)
  • PS (Poliestireno)
  • ABS (Alto impacto)

Se ha desarrollado una tipología para cada uno de los plásticos de uso común, que permiten su rápida identificación y posterior tratamiento (diagrama 1).

Diagrama 1. Códigos y símbolos para clasificar distintos tipos de plásticos

Fuente: Norma del Instituto Argentino de Normalización y Certificación (Instituto de Racionalización Argentino de Materiales-IRAM) 13700 “Plásticos en General”. Símbolos gráficos de codificación para la identificación de la resina.

De acuerdo a su estructura química y el comportamiento frente a la temperatura, los plásticos se pueden clasificar de la siguiente forma[6]:

  • Termoplásticos: son aquellos plásticos que se funden al calentarse y cuando se enfrían vuelven a hacerse duros, lo que significa que se pueden moldear repetidas veces sin que se alteren demasiado sus propiedades originales. Esta característica conlleva a que sea fácil su reciclaje. Algunos de los termoplásticos más conocidos son el poliestireno, el poliestireno expandido, el policarbonato y el polietileno.
  • Termoestables: se trata de plásticos que, una vez que se calientan y se moldean, no se pueden fundir sin que se destruya su estructura molecular y se alteren significativamente sus propiedades originales. Por este motivo, el reciclaje de este tipo de plásticos es complejo. El caucho sintético, el poliuretano y la resina epoxi son algunos de los termoestables más comunes.
  • Elastómeros: son plásticos con un comportamiento elástico que pueden ser deformados con facilidad sin que se rompan sus enlaces o se modifique su estructura.

Vidrio

El vidrio es un material que se obtiene comúnmente a partir de un proceso de fundición, en el que se mezcla arena de sílice, carbonato de sodio y caliza. Su composición física es la de un producto sólido, cristalizado, que suele tener un volumen denso, pero de gran fragilidad, por lo que, al romperse, se fragmenta en partes también irregulares. Es un material que se caracteriza por ser pesado para transportar/cargar y, al mismo tiempo, riesgoso para la salud de quienes lo manipulan. Esto significa que su acumulación es problemática: no solo por lo que pesa, sino por el volumen que ocupa y por la posibilidad de romperse/fragmentarse y generar lesiones en quienes lo manipulan.

En términos de su ciclo de vida, el vidrio tiene dos usos posibles: su reciclado o su reutilización. Las particularidades del material hacen que este tenga muchas capacidades para alargar su vida útil. Al ser reciclado, su proceso, si bien utiliza energía e insumos como el agua, no tiene límites, manteniendo el vidrio siempre las mismas propiedades que el material virgen. Por otra parte, el reciclado requiere menos energía (un 26 % menos) que la fabricación de vidrio a partir de materias primas vírgenes, lo que redunda en una reducción de emisión de gases de efecto invernadero (-20 %) y del uso de agua para su producción (-40 %)[7]. En este sentido, en todo el mundo, el 80 % del vidrio reciclado se utiliza para fabricar nuevos envases (Castañón, 2020).

Por otra parte, si los envases de vidrio se limpian e higienizan, se pueden reutilizar. Esto, por ejemplo, se puede ver en el caso de los envases de cervezas, que cuentan con sistemas de retorno y que en la Argentina, mayoritariamente, son envases que provienen de vidrio reciclado[8].

Metales ferrosos

Los metales ferrosos son todos aquellos metales que contienen hierro en su estructura básica. El hierro es un elemento muy común, pero que, sin embargo, tiene pocas aplicaciones en su estado puro. Es necesario que este se combine con otros materiales para mejorar sus propiedades y poder desarrollar objetos. Al combinarlos con el carbono (C), se logran diferentes aleaciones: el hierro dulce (malas prestaciones mecánicas y muy oxidable, pero buen conductor), fundiciones (gran dureza, poca resistencia mecánica y dificultades para la soldadura) y aceros (maleables, resistentes, altamente conductivos).

Los metales ferrosos son materiales altamente reciclables, con reintroducciones sucesivas e indefinidas (Rodríguez, 2008). De esta manera, a pesar de que cada tipo requerirá un proceso específico, la recuperación de esta corriente redunda en ahorros energéticos y en reducción de la contaminación de agua y el aire. Por otra parte, se reduce la extracción de materia prima, lo que, también, reduce el impacto ambiental derivado de la minería.

Metales no ferrosos

Los metales no ferrosos se distinguen de los anteriores al no tener cantidades significativas de hierro y, por lo tanto, carecer de cualidades magnéticas. Son mucho más ligeros y con poca resistencia mecánica y son menos afectados por la corrosión. Por estos motivos, tienen múltiples usos industriales y para elaborar diferentes productos. El más común entre los residuos domiciliarios es el aluminio. En menor medida se encuentran el cobre, el bronce, el latón y el plomo. De estos, algunos se utilizan con mayor frecuencia en otras corrientes: mientras que el cobre y el bronce se encuentran con mayor preponderancia en los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE)[9] –que también contienen oro y plata, y se utilizan como conductores–, el plomo ha perdido ampliamente su incidencia doméstica, aunque se encuentra en las baterías de ácido plomo (BAPU)[10]. En este capítulo nos centraremos, principalmente, en el aluminio, y haremos cierta referencia al cobre y bronce que suelen tener algunos circuitos particulares, a partir de lo obtenido a través de la recolección domiciliaria.

Así como ocurre con los metales ferrosos, los no ferrosos son altamente reciclables en múltiples usos. Su reutilización y su reciclado exigen menor extracción de materias primas y, también, menores usos energéticos, y reducen la contaminación.

Multilaminados

Existe una serie de envases, todos de uso doméstico para el transporte de alimentos o productos químicos, que se fabrican a través del uso de múltiples capas de materiales diferentes. Actualmente se comercializan dos:

  • Tetra Brick, utilizado para la comercialización de alimentos y bebidas. Este se construye con la colocación de múltiples capas donde prevalece el cartón, pero también cuenta con plástico (polietileno de baja densidad) y aluminio.
  • Doypack, que se utiliza para comercializar alimentos y productos químicos de limpieza. Se fabrica a través de la unión de múltiples capas de plástico (polietileno) y, en algunos casos, puede incluir papel, cartón o aluminio.

Si bien contar estos envases con múltiples materiales compactados e integrados sirve para aportar a la preservación de los productos que contienen, sin embargo, es muy difícil su reciclado, a excepción de su inclusión en placas prensadas.

Cuadro 1. Residuos reciclables secos: componentes, variedades y usos
MaterialComponentesVariedades/usos

Papel

Celulosa extraída de árboles.

Papel blanco y planilla: utilizado para la escritura y la impresión.

Papel kraft: papel color marrón utilizado para envoltorios y bolsas.

Papel de diarios y revistas: como su nombre lo indica, es el utilizado para la impresión de diarios y revistas.

Papel absorbente: se utiliza en servilletas, papeles higiénicos.

Cartón

Celulosa extraída de árboles.

De primera: utilizado en cajas y embalajes.

De segunda: se utiliza en el transporte de alimentos (pizzas y maples, por ejemplo).

PET (Tereftalato de Polietileno)

Productos químicos derivados del petróleo.

Se distinguen según su transparencia o color. Se utilizan en envases de alimentos y productos químicos (detergentes, productos de limpieza). Ropa (el poliéster es fibra de PET).

PEAD (Polietileno de alta densidad)

Productos químicos derivados del petróleo.

Se utilizan para el transporte de productos químicos tales como shampoos, lavandinas, suavizantes, tapas de envases, baldes, juguetes, mamaderas.

PVC (Vinílicos o Cloruro de Polivinilo)

Productos químicos derivados del petróleo.

Utilizado en mangueras, caños y juguetes.

PBDE (Polietileno de baja densidad)

Productos químicos derivados del petróleo.

Se utiliza en la fabricación de guantes, bolsas y el denominado “film” que sirve como embalaje.

PP (Polipropileno)

Productos químicos derivados del petróleo.

Se fabrican sorbetes y envases de alimentos como yogures, quesos, juguetes, elementos de uso hogareño (perchas por ej.), vajilla.

PS (Poliestireno)

Productos químicos derivados del petróleo.

Es bastante abundante, en bandejas de productos alimentarios, aislantes para la construcción. Vajilla de un solo uso.

Existen dos tipos el poliestireno y el poliestireno expandido, este último es coloquialmente conocido como “telgopor”.

ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno)

Productos químicos derivados del petróleo.

Tiene una gran resistencia, se utiliza en carcazas de electrodomésticos; valijas, cascos, juguetes, en los interiores de los automóviles.

Vidrio

Mezcla de arenas con óxidos metálicos. Se divide según el color: trasparente, verde y ámbar. Estas diferencias permiten proteger diferentes productos contenidos en los envases.

Se utiliza para envases, utensilios de cocina, vajilla, y para la construcción.

Metales ferrosos

Principalmente del hierro, se pueden generar aleaciones con otros minerales, tienen propiedades magnéticas.

Latas de conservas, cadenas, clavos, herramientas.

Metales no ferrosos

Aleaciones de minerales que no cuentan con hierro en su composición. No poseen propiedades magnéticas. Tienen mayor maleabilidad que los ferrosos.

Latas de bebidas, latas de galletitas, aerosoles.
De uso más común cotidianamente: aluminio, cobre, bronce, latón y plomo.

En RAEE: también oro y plata.

En BAPU: plomo.

Multilaminados

Diferentes materiales que se funden en conjunto.

Alimentos, bebidas y productos de limpieza.

Fuente: elaboración propia.

2.1.2. Problemáticas ambientales asociadas a los plásticos

De todos los residuos que se generan en el país, la gran mayoría termina en sitios de disposición final, mientras que solo el 6 % de estos son efectivamente reciclados (Ministerio de Ambiente, 2022: 23).

A diferencia de otras corrientes de residuos analizadas en este libro, los materiales examinados en este capítulo son más bien heterogéneos en términos de su impacto ambiental negativo (cuadro 2). Dicho impacto es la resultante del tiempo de descomposición que estos materiales poseen, sumado al nivel riesgo que significa su exposición en el ambiente. Materiales como el vidrio, por ejemplo, representan un riesgo ambiental menor, pero su tiempo de degradado es mayor al de materiales como el papel y cartón. Los plásticos, por su parte, además de poseer un tiempo de degradación muy lento, presentan serios riesgos para la salud y el ambiente si no son tratados correctamente, ya que son altamente contaminantes y, actualmente, son una de las principales causas de contaminación de los océanos (López-Fernández y Franco-Mariscal, 2021). Los metales, tanto ferrosos como no ferrosos, comprenden en su producción la realización de actividades mineras que, en la mayoría de los casos, tienen un alto impacto ambiental negativo. Por otra parte, los largos tiempos que son necesarios para su descomposición hacen que su disposición final reduzca los tiempos de uso de rellenos sanitarios y, en el caso de los basurales a cielo abierto, la contaminación de los suelos. Algo similar ocurre con los multilaminados que, por su composición múltiple de materiales, tardan más de 1.000 años en degradarse, contaminando, también, los suelos.

Cuadro 2. Residuos reciclables: descomposición natural y reciclabilidad
MaterialDescomposición naturalReciclabilidad

Papel

6 meses.

Casi 100 %: se pierde algún porcentaje durante el proceso de triturado y centrifugado. Deben añadirse fibras vírgenes.

Cartón

1 año.

Casi 100 %: se pierde algún porcentaje durante el proceso de triturado y centrifugado. Deben añadirse fibras vírgenes.

PET (Tereftalato de Polietileno)

150 años.

100 %.

PEAD (Polietileno de alta densidad)

Más de 150 años.

100 %.

PVC (Vinílicos o Cloruro de Polivinilo)

Más de 1.000 años.

Resulta complejo. Existen 4 vías: mecánica, química, energética y por disolventes.

PEBD (Polietileno de baja densidad)

150 años.

100 %. Proceso más caro que el de otros materiales.

PP (Polipropileno)

Entre 150 y 1.000 años.

Factible, en su totalidad, pero no muy desarrollado.

PS (Poliestireno)

En promedio, dependiendo del producto, más de 1.000 años.

Es totalmente reciclable, pero no suele realizarse por los costos que conlleva.

ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno)

1.000 años.

Más complejo que otros plásticos. Hay 3 maneras:

mecánica, para recuperación de energía y reciclado termoquímico.

Vidrio

4.000 años.

100 % y sin límite.

Metales ferrosos

De 10 a 100 años.

100 %.

Metales no ferrosos

30 años (aluminio). Otros duran muchos siglos.

100 %.

Multilaminados

Tetra Brick: 30 años.
Doypack: 100 años.

Baja.

Fuente: elaboración propia a partir de diversas fuentes.

La recuperación de estos materiales, dada la variedad de elementos y los distintos procesos de reciclado, conlleva a que se generen cadenas productivas con diversos actores (recuperadores informales, cooperativas, incluso empresas privadas, organizaciones de la sociedad civil, acopiadores, empresas de reciclado y de gestión ambiental) con distintas necesidades e intereses, algunas veces convergentes y otras en puja. Además, ante esta diversidad de situaciones y actores, las políticas/programas/proyectos/acciones que se llevan a cabo para la recuperación de estos materiales deben tener en cuenta el territorio sobre el que se implementan, ya sea a escala local como regional e internacional.

2.2. Separación en origen y recolección diferenciada: experiencias, obstáculos y oportunidades

A pesar de los lineamientos internacionales, los legislativos y de políticas públicas, no existe un despliegue uniforme en los diferentes distritos urbanos del país relativo a un conjunto de criterios básicos para el manejo de residuos reciclables secos. A nivel nacional, la Ley N.º 25.916/03 –de presupuestos mínimos de protección ambiental para la gestión integral de los residuos– ha establecido un importante número de lineamientos generales reconociendo a la fracción aquí analizada como la de “reciclables secos”, y definiendo que esta requiere de circuitos especializados. Por otra parte, y referida esta corriente, la normativa señala la importancia de incorporar al denominado en el cuerpo de la ley “circuito informal” en los sistemas de recolección diferenciada (Sorroche, 2016). En casi todas las provincias, y en el marco de Ley nacional, se han desarrollado leyes más específicas, en general, sin variaciones sustantivas[11].

Al mismo tiempo, y en función de lo relativo a la recolección diferenciada, esta es una competencia municipal, y, por lo tanto, cada una de las entidades administrativas despliega distintas políticas según voluntades, presupuesto y características demográficas, entre otros motivos (Gutiérrez, 2020). Sin embargo, a pesar de este señalamiento, entre 2019 y 2023, se desarrollaron diferentes propuestas desde ámbitos nacionales. En este sentido, y en el marco del interés de este capítulo, encontramos el programa Argentina Recicla[12], que dependió de la (ex) Dirección Nacional de Economía Popular del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Esta propuesta tendió a incorporar a organizaciones de cartoneros a los sistemas de gestión municipales, entregando insumos, herramientas, maquinarías y rodados. Esta política potenció los circuitos de recolección diferenciada en diferentes localidades del país, destacándose, particularmente, el caso de Trelew (Chubut). Por otra parte, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible también desarrolló fuertes trabajos, principalmente, en lo relativo a la erradicación de Basurales a Cielo Abierto (BCA). Esto redundó en el establecimiento de plantas de clasificación y de rutas de recolección diferenciada llevadas adelante por quienes trabajaban informalmente en estos espacios clasificando lo descartado de las rutas de recolección tradicionales. Por otra parte, bajo la órbita de la anterior Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, se desplegó la Estrategia Nacional de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (ENGIRSU), creada en el 2005, que llevó adelante proyectos que fomentaban el reciclado y la recuperación de residuos urbanos (Sorroche, 2016). Asimismo, y en el contexto de la provincia de Buenos Aires, se creó, en 2022, el Ministerio de Ambiente provincial, absorbiendo las facultades del ex Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y lanzando el programa “Mi Provincia Recicla”, que, en líneas similares al Argentina Recicla, busca mejorar las condiciones de las organizaciones de cartoneros a través del reconocimiento y entrega de insumos y maquinarías y desarrollando modelos de recolección diferenciada, con programas destinados a la entrega de maquinaria y equipamiento a los municipios.

Por otra parte, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la nación estableció (Res. N.º 446), en 2020, la unificación de colores para la disposición de los residuos, siendo los “reciclables secos” los que deberán usar el color verde, y el resto, el color negro[13], para mejorar las condiciones de la recolección diferenciada de materiales, principalmente entre reciclables secos y la denominada “basura”, que contiene residuos mezclados. Asimismo, dentro del conjunto de reciclables secos, se definió que, cuando se establezca la separación en origen en una o más corrientes que la integran, se definirán los siguientes colores para los contenedores:

  • Amarillo: plásticos
  • Azul: papel y cartón
  • Blanco: vidrios
  • Gris: metales

Por otra parte, en el caso de la provincia de Buenos Aires, se destaca la normativa desarrollada en función de gestionar los residuos reciclables de los grandes generadores de residuos[14]. Sancionada en el 2013[15], y modificada en el 2020[16], esta normativa promueve la participación de cooperativas de cartoneros en el manejo de los residuos a través de la conformación de “Destinos Sustentables”, que permitan la certificación y trazabilidad de los residuos producidos por grandes generadores.

Asimismo, diversos municipios han desarrollado normativa propia, en la que la totalidad o parte de su contenido establecen pautas para la recolección diferenciada de reciclables secos (recuadro 1).

Recuadro 1. Ejemplos de normativas municipales pioneras que promueven la recolección diferenciada de reciclables secos

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) ha sido pionera en establecer normativa local vinculada a la recolección diferenciada. Se destaca la Ley N.º 992 del año 2002, que crea el Programa de Recuperadores Urbanos (PRU) que se orienta al registro e incorporación de cartoneros y la entrega de elementos de trabajo y seguridad.

En 2010, se sancionó la Ley N.º 1.854, también conocida como “Ley de Basura Cero”. Entre otras cuestiones, esta normativa busca la reducción de los residuos enviados a enterramiento de forma progresiva y el desarrollo de programas y propuestas para la recolección diferenciada y el reciclado. Modificada en 2019, dado que la ciudad no había cumplido con las metas propuestas y que, para 2020, estipulaba el fin del enterramiento de materiales reciclables o aprovechables, esta ley posibilitó el desarrollo de una licitación de recolección diferenciada que fue dada a 12 cooperativas de cartoneros, reconociendo su preexistencia y zonas de trabajo.

La Plata también cuenta con una Ordenanza de “basura cero” (N.º 10.661/09). La misma se orienta en la misma dirección que la normativa de la CABA. En este sentido, se establecieron rutas de recolección diferenciada cuyo recolectado es enviado a las cooperativas de cartoneros que operan en el distrito para su clasificación, acondicionamiento y venta.

En el AMBA, además, se distingue la experiencia de Lomas de Zamora. A través de la organización y movilización de las cooperativas que forman parte de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR), se ha logrado la sanción de varias ordenanzas. Estas proponen la creación de una Mesa Local de Gestión Sustentable donde las cooperativas articulan con funcionarios municipales y concejales para el desarrollo de rutas de recolección diferenciada y funcionamiento de un sistema, que incluye camiones y estaciones de reciclado (Ordenanza N.º 16.566/18). Por otra parte, y en el marco de ese espacio, se estableció un registro de cartoneros individuales y cooperativas (Decreto N.º 871/19). Finalmente, existe una Ordenanza (N.º 16.781) que crea el programa de separación en origen para todo el distrito. Esta norma, sin embargo, aún no fue implementada. Existe, también, una Ordenanza (N.º 16.161/17) en Lomas de Zamora que, inspirada en la normativa de OPDS, exige la separación y correcta segregación de los residuos por parte de los grandes generadores. En el caso de varios distritos, existen normativas de este último tipo, destacándose el caso de Quilmes (Ordenanza N.º 12.554/16), Almirante Brown (Ordenanza N.º 10.742/16), Rosario (Ordenanza N.º 9.463/15) y Santa Fe (N.º 11.917/12), estas últimas señalan que los grandes generadores deben hacerse cargo de los costos de su disposición.

En lo relativo a prohibiciones, y como un obstáculo al trabajo de recicladores informales, la casi totalidad de distritos han establecido ordenanzas vedando la Tracción a Sangre Animal (TAS). Sin embargo, no ha habido desarrollos de propuestas exitosas para la incorporación de la población que subsistía realizando una actividad sostenida por la TAS, a excepción de experiencias desarrolladas desde las organizaciones cartoneras, como veremos en el siguiente recuadro.

Existen distintas modalidades y actores involucrados en la recolección diferenciada de reciclables secos, que han sido adoptadas de manera complementaria o alternativa en distintos municipios (recuadro 2).

Recuadro 2. Casos de implementación de políticas de recolección diferenciada de reciclables secos en distintos municipios

En la CABA se ha establecido un servicio de recolección diferenciada que se opera a través de 12 cooperativas, que ganaron la licitación presentada por la Ciudad. En este sentido, más de 5.000 cartoneros recorren las calles de la ciudad recuperando materiales reciclables. Por este trabajo reciben un “incentivo” y, además, un plus por cada kilo recolectado, una vez que alcanzaron los 600 kg mensuales (al recolectar el kilo 601, reciben el pago por todo lo recolectado). El Gobierno de la Ciudad otorga camiones y micros para el transporte de residuos y personas. Por otra parte, entregó predios con maquinaria necesaria para la clasificación, acondicionamiento y acopio de materiales que luego son vendidos a la industria –denominados “centros verdes” o “centros de reciclado”–. Los diferentes puntos verdes fijos (en plazas) son operados por empleados del gobierno, que entregan los materiales a las cooperativas. En parte de la ciudad, se han instalado contenedores, y los reciclables captados a través de esta modalidad también son enviados a las cooperativas, en función de sus zonas de trabajo. Según entrevistas realizadas a encargados de los centros de reciclado, lo que ingresa tanto de los contendores como de los puntos verdes tienen niveles de rechazo mucho más alto que lo que proviene de los trabajadores cartoneros.

Por su parte, encontramos en el municipio de Lomas de Zamora un proceso de articulación entre las cooperativas de cartoneros y el gobierno municipal para recolectar los materiales de manera diferenciada. En este marco, se han desarrollado rutas de recolección puerta a puerta, respetando espacios de trabajos previos de las cooperativas. Esto fue acompañando desde las políticas con indumentaria y camiones para el traslado de los materiales. Actualmente, se encuentran registradas 12 cooperativas. Se ha instalado un nodo de procesamiento en la localidad homónima de Lomas de Zamora y se está terminando la fabricación de otro en Villa Fiorito, en un EcoPunto municipal. Por otra parte, también el Municipio instaló puntos verdes fijos en plazas del partido, que son operados por promotoras ambientales de las cooperativas y que reciben un incentivo por su atención y, además de recibir materiales, realizan tareas de promoción ambiental. En algunos casos también se han establecido “puntos de acopio transitorio” para llevar materiales desde los puntos verdes, previamente a cargarlos en los camiones. Frente a la prohibición de la TAS, algunas cooperativas se dieron la tarea de sumar a quienes desarrollaban la actividad de esa manera dejando el uso del carro a caballo para trabajar dentro de estos espacios organizativos (Sorroche, 2019).

En el partido de Avellaneda, se da una situación similar a la de Lomas de Zamora, pero la organización ocurrió tras la toma de una planta en desuso y, a posteriori, comenzaron a desarrollarse rutas de recolección diferenciada. A diferencia del caso de Lomas, la operación de los puntos verdes fijos está a cargo de la Municipalidad.

El caso de Vicente López es paradigmático. La Municipalidad realiza la recolección diferenciada, estableciendo días y circuitos para la recolección de materiales reciclables, y los materiales reciclados son enviados a las plantas sociales de la CEAMSE, ubicadas en el municipio de Gral. San Martín, sin lograr ningún tipo de inclusión de cooperativas o cartoneros del propio distrito. No hemos tenido acceso a los números de esta gestión, pero, basados en datos previamente obtenidos durante una experiencia del partido de Morón, que deriva residuos al mismo destino, los niveles de recupero son menores a los obtenidos en las otras experiencias (Sorroche, 2022), como lo han señalado cooperativistas que reciben estos materiales (entrevista a cooperativista planta social, abril de 2023).

Los agentes involucrados en la separación en origen incluyen a la ciudadanía, las diferentes agencias estatales –desde los municipios hasta sectores de la educación–, las empresas de recolección y las organizaciones de cartoneros. De esta manera, esto presenta un complejo proceso que no está exento de disputas, rispideces, avances y retrocesos (Sorroche, 2022), en la búsqueda de lograr un modelo de gestión de los materiales reciclables social y ambientalmente sostenible.

En función de comprender las oportunidades de la recolección diferenciada de reciclables secos, adquieren centralidad los cartoneros. En primer lugar, porque son los principales agentes recuperadores de residuos, mejorando los flujos de materiales desde y hacia la industria recicladora y, al mismo tiempo, quienes pugnan por el acompañamiento de las políticas en la puesta en funcionamiento de programas de recolección diferenciada. En segundo lugar, son actores que han generado propuestas de recuperación de materiales sin mercado, variando esto según el caso, como veremos más adelante. Es importante recordar que, en esta actividad, se encuentran trabajando tanto personas por cuenta propia como organizadas en cooperativas u otros tipos de asociaciones con diferentes grados de inclusión y de situaciones sociolaborales (Saidón y Sorroche, 2022).

Entre los obstáculos para instalar y promover la separación en origen y recolección diferenciada, se encuentran los casos en que la diagramación de las rutas y prácticas se realiza desde los organismos estatales y sin el reconocimiento de prácticas previas. A la vez, generalmente, no proponen la incorporación de cartoneros de los propios territorios en los sistemas de recolección diferenciada, o, cuando lo hacen, buscan la suplantación de las formas de trabajo desplegadas por esta población –principalmente orientadas a la erradicación de la TAS, sin alternativas efectivas y generadas y puestas a prueba con esta población–. Entre estos casos, resaltan, por ejemplo, los de la ciudad de Olavarría y La Plata, en donde la recolección quedó en manos de empresas privadas de transporte. Por otra parte, también obstaculizan la recolección diferenciada las políticas que proponen la puesta en marcha de plantas de recuperación, que reciben los residuos de forma indiscriminada o mezclada. Estos programas, además de representar magros niveles de recupero debido a la falta de una correcta segregación en origen, proponen la incorporación de una fracción nunca muy numerosa de recuperadores y a condiciones de trabajo poco dignas.

En el otro extremo, se encuentran políticas que se han iniciado desde las propias organizaciones cartoneras. En función de los requerimientos estatales, la forma cooperativa es la que más se encuentra desplegada entre esta población (Carenzo y Fernández Álvarez, 2011), aunque no es la única. Estas propuestas se han centrado, principalmente, en el desarrollo de rutas de recolección diferenciada desarrolladas por las cooperativas. De esta manera, se busca la mejora de las condiciones de trabajo y de reconocimiento por parte de los organismos estatales de esta actividad como un trabajo y, en algunos casos, incluso la demanda por el reconocimiento de la actividad como un servicio público. Estos sistemas de recolección diferenciada que se articulan con el trabajo de las organizaciones cartoneras han generado mayores niveles de recupero que los desarrollados por empresas privadas o por sistemas municipales sin incorporación de los cartoneros. Esto se debe, principalmente, al conocimiento de los puntos de mayor generación de residuos y a que, al depender de la cantidad recolectada para lograr sus ingresos, tienden a maximizar, y optimizar, los materiales recuperados.

Por otra parte, se observan algunas iniciativas privadas –vinculadas a fundaciones o empresas– que buscan recuperar algún material en particular. En este caso, destacan, por ejemplo, las propuestas de la fundación Garrahan, que recupera papel blanco y tapas de botellas y, en los últimos tiempos, las que se orientan a captar las denominadas “botellas de amor”. Estas últimas son botellas de PET vacías a las que se les incorporan otros plásticos de difícil recupero –film de envoltorios de alimentos y golosinas–, que son enviados a una fábrica que realiza mobiliario y maderas plásticas. Los envíos suelen acordarse con organizaciones de la sociedad civil (Rotary Club, por ejemplo) y, en algunos casos, también, por municipios.

En lo relativo a la población general argentina, según una encuesta (Ecoplas y Opinaia, 2022), el 64 % de los encuestados separan sus residuos reciclables secos. Sin embargo, de ese porcentaje, un 23 % reconoce que le falta información para una mejor realización de la actividad. Por otra parte, el 89 % considera que esta actividad debería ser obligatoria, señalando que el gobierno nacional (56 %) y los gobiernos municipales (51 %) deberían ser responsables de fomentarlo. En este sentido, encontramos la información como un obstáculo a subsanar, a través del desarrollo de capacitaciones y campañas que permitan aumentar la separación en origen y la recolección diferenciada.

Un factor que tiende a promover el recupero es la vigencia de programas de promotoras ambientales en los municipios (recuadro 3).

Recuadro 3. Las experiencias de programas de promotoras ambientales

En los últimos años, las organizaciones cartoneras desarrollaron programas de promoción ambiental coordinados y desarrollados por mujeres cartoneras. En estos, se desarrollan campañas de promoción; actividades en escuelas, clubes y otras instituciones; relevamientos de formas de separación; capacitación a vecinos; y atención de puntos verdes fijos. Actualmente existen programas de promotoras ambientales en CABA, Lomas de Zamora, Lanús, Avellaneda, Quilmes, La Plata, Ensenada, Escobar, Lincoln, Olavarría, Tandil, San Nicolás, Trelew, Santiago del Estero, entre otros lugares.

Estas experiencias han generado mayor adherencia de los vecinos a la segregación en origen y han permitido vincular al recuperador, encargado de circular por las calles, con el generador de residuos, facilitando la entrega de materiales y su correcta disposición.

En función de potenciar la experiencia, se desarrollan formaciones periódicas y, actualmente, el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires brinda herramientas e insumos para potenciar el trabajo que los diferentes cuerpos de promotoras ambientales despliegan en diferentes distritos.

Al mismo tiempo, y dada la falta de políticas centralizadas, en algunos casos, el principal obstáculo para la recolección de ciertos materiales reciclables es la falta de mercados o los bajos precios de algunos materiales frente a otros y que, dadas sus características, hacen preferible la recolección diferenciada, clasificación y recuperación de unos frente a otros, como daremos cuenta en el próximo apartado.

En lo relativo a la corriente del papel y el cartón, esta presenta obstáculos en la recolección. En particular, esta corriente se encuentra fuertemente atomizada –son de los materiales que más se recolectan de forma individual, dada la facilidad de clasificación y traslado– y, al mismo tiempo, esta se lleva a cabo de formas heterogéneas (a pie, en bicicletas, motos, autos, camionetas, camiones; rutas formalizadas y no; en organizaciones o forma individual). Por otra parte, no todos los distritos generan este material en la misma magnitud. La presencia de grandes centros comerciales o hipermercados hace que este material sea más abundante.

2.3. Qué pasa luego de la recolección diferenciada: experiencias, obstáculos y oportunidades para la valorización

En general, en los secos reciclables, como veremos, hay un gran problema común a todos los materiales, de cara a su potencial valorización, debido a la falta de responsabilidad que se atribuye a los productores respecto de los residuos que generan cuando acaba la vida útil de los bienes que introducen en los mercados. Por otra parte, es importante como problemática la gran cantidad de intermediarios que se encuentra en todas las cadenas. Los casos identificados de agregado de valor en cooperativas o las ventas directas a la industria dan cuenta del valor agregado que estos procesos permiten y, de esa manera, mejoran las condiciones de vida de quienes participan en los primeros eslabones de la cadena. Sin embargo, la existencia de intermediarios tiende a la concentración de los ingresos. Aun en casos de existencia de varios acopiadores, se observa una tendencia a cartelización de los precios y a acuerdos entre estos. De esta manera, acuerdan precios diferenciales de materiales para poder asegurar volúmenes de stocks. Así, si bien algunas veces los intermediarios acopiadores pueden ser útiles en las cadenas de recupero, insertando sitios de acopio y clasificación de materiales, ante déficit de actores e infraestructura para hacerlo en algunos territorios, la actividad de intermediarios podría obstruir el recupero, tal como ha ocurrido en diversos casos, incrementando los costos de hacerlo, y generar dinámicas que concentren el ingreso, más que distribuirlo, y que perjudiquen a grandes grupos de recuperadores.

A su vez, existen otras problemáticas que varían ampliamente según cada corriente de reciclables secos y, en algunos casos, entre diferentes materiales dentro de cada corriente. Los destinos de los materiales tienen diversas particularidades e, incluso, algunos ni siquiera suelen tener una cadena de valor o mercado para su posterior venta y se derivan a sitios de disposición final. En función de lo señalado, se realiza a continuación un análisis por corriente y, en los casos en que sea necesario, por materiales específicos contenidos en estas.

En el caso de los materiales que se analizan en este capítulo, debemos considerar las múltiples instancias que se van insertando en la generación de la cadena de valor, desde los recuperadores (tanto individuales como organizados), acopiadores de diversa envergadura (podríamos desarrollar un gradiente desde los de compra individual, hasta quienes van concentrando de forma diferencial cada uno de los materiales), hasta la pequeña, mediana y gran industria recicladora.

Todos estos ámbitos por los que atraviesan los reciclables secos no funcionan en todos los materiales de manera uniforme. En algunos casos, por ejemplo, la transformación de los materiales se realizará mediante pymes o, incluso, en algunos casos, por las propias cooperativas de cartoneros, como sucede con algunos plásticos. En otros, la necesidad de tecnología y maquinaria particular hará que sea la gran industria la encargada de la transformación y puesta en el mercado, tal es el caso de lo que ocurre generalmente con el papel, cartón y vidrio.

2.3.1. Papel y cartón

La cadena de valorización del papel y el cartón cuenta con un número importante de eslabones que va desde los recuperadores individuales hasta empresas multinacionales. En el medio se encuentran diferentes tipos de acopiadores que tienen diferentes capacidades de absorción de materiales y que van ensamblándose de forma piramidal (en donde acopiadores más pequeños algunas veces les venden a otros más grandes), hasta llegar a la gran industria.

Esta corriente es, aún hoy, una de las que mayor desarrollo tiene en nuestro país en términos de los volúmenes de materiales que se rescatan y comercializan. Al mismo tiempo, en la mayoría de los barrios populares de los grandes centros urbanos de Argentina, se encuentran pequeños acopiadores que trabajan con papel y cartón y promueven encadenamientos. A la vez, la corriente no requiere tantos conocimientos como otras corrientes, como por ejemplo el plástico, para su recolección y venta. Esto explica por qué, durante la crisis de 2001, este material otorgó el nombre a quienes desarrollan actividades de recuperación de residuos: cartoneros y, de manera más adecuada y precisa, “cartoneras y cartoneros”. Tras el fin de la convertibilidad peso-dólar, en 2002, este fue uno de los materiales que más aumentó su valor, a la vez que este valor se mantuvo relativamente estable a lo largo del tiempo, lo que llevó a que se recupere en gran volumen y de manera sostenida (Schamber, 2008; Suárez, 2016). En el caso de trabajadores por cuenta propia, la clasificación suele realizarse en sus hogares y el material se vende, generalmente al tener cierto volumen, a algún acopiador (Lacabana, 2019). Mientras tanto, cuando los cartoneros se encuentran organizados, la tarea se realiza en predios que comparten para la clasificación, acopio y acondicionamiento.

El circuito de reciclado se integra luego con el material virgen, ya que es necesaria una mezcla para desarrollar nuevos productos. Así, la cadena de valor del recupero del papel y el cartón incluye, además de los actores vinculados al reciclado, al sector forestal, que brinda las denominadas “fibras primarias” que deben mezclarse con las secundarias, las cuales provienen de la recuperación y reciclado. Esto se debe a que, a diferencia de lo que comúnmente se cree, el cartón y el papel tienen entre cuatro y seis ciclos de reciclado antes que las fibras se vean totalmente degradadas (Aguilar Rivera, 2004), por lo que, frente a esta degradación que sufren las fibras, es necesaria esta mezcla para darle fortaleza al nuevo producto.

Del total del papel y cartón que se valoriza, el 33 % proviene del scrap industrial, es decir, de los recortes del proceso de producción, mientras que del posconsumo proviene el 67 % (Lacabana et al., 2015).

En el caso del scrap, en su mayoría, su recolección y acondicionamiento es desarrollado por empresas privadas. En los últimos años, algunas organizaciones de cartoneros han logrado acceder a estos materiales y entregarlos a la industria. Esto se ha potenciado en la provincia de Buenos Aires, tras las resoluciones del OPDS que se analizaron en el apartado 2.2.

Cuando el generador es domiciliario o comercial, a diferencia del scrap industrial, se encuentran materiales más heterogéneos, lo que exige el desarrollo de sistemas de clasificación y acondicionamiento más organizados, para su posterior envío a la industria. Esto hace que sea necesario el despliegue de mayor mano de obra para asegurar el retorno a los circuitos productivos de los materiales reciclables. Por lo tanto, la rentabilidad de este circuito es menor a la del desarrollado a través de la recuperación del scrap.

Por otra parte, en muchos casos, los volúmenes de material recolectado son inferiores en el posconsumo respecto del scrap, lo que deriva en que se canalice la venta a través de acopiadores, redundando, más aún, en la reducción de los precios. Así, esta cadena cuenta con una gran cantidad de “galponeros” o “acopiadores”, que generalmente suelen comprar papeles y cartones a granel, lo que hace que se pague un precio más bajo, para luego clasificarlos y acondicionarlos por su cuenta y venderlos a acopiadores más grandes o a la industria (Schamber, 2008). Al mismo tiempo, los déficits en la limpieza de los residuos o su mezcla con otros materiales también derivan en valores más bajos. Por otra parte, la calidad, condición y niveles de humedad del material pueden ser una fuente de controversias entre compradores y vendedores (Lacabana, 2019).

En los últimos años, políticas como las resoluciones del OPDS que promueve la captación de residuos de grandes generadores y la mejora en las rutas de recolección diferenciada han permitido que varias cooperativas puedan vender a la industria tanto de forma individual como en articulaciones con organizaciones de segundo grado que las nuclean, como la FACCyR (recuadro 4). Este circuito es el que ha promovido una vía para abandonar la informalidad económica y, consecuentemente, ha mejorado las condiciones de las cooperativas. A pesar de lo señalado, sin embargo, aún sigue siendo una relación asimétrica la que existe entre cartoneros y la industria recicladora, y puede suceder que los precios fluctúen a partir de decisiones adoptadas unilateralmente por parte de la industria.

Recuadro 4. Red de comercialización de la FACCyR

La FACCyR creó una organización de segundo grado que articula con las cooperativas que la integran, para lograr mayores niveles de acopio y, de esa manera, vender de forma directa a la industria.

Cada cooperativa registra la cantidad de papel y cartón recolectada por sus integrantes. Una vez que esta es enviada y vendida a la industria, cada integrante recibe en su propia cuenta bancaria el monto de lo recolectado a un precio mayor al que se obtendría por la venta a un acopiador, debido a la venta directa a la industria recicladora. Esta forma de comercialización permite, incluso, incorporar a cooperativas lejanas a los centros industriales, mejorando las condiciones de vida de estos trabajadores.

En lo relativo a su transformación, en el proceso de valorización del papel y el cartón, se quitan otros materiales que puedan contaminar la producción (químicos de la impresión, plásticos o metales). Posteriormente, se utiliza una maquinaria, similar a una licuadora, llamada hidropulper, que mecánicamente desarma las fibras (Aguilar Rivera, 2004). Luego de este proceso, se producen bobinas que son usadas en rebobinadoras y cortadoras, que permiten el desarrollo de cajas y separadores como también cartulinas y papeles -tanto para su uso como para la fabricación de papeles absorbentes- (Lacabana, 2019).

Las fibras secundarias (las que provienen del reciclado) se utilizan, de forma mayoritaria, para la producción de cartón corrugado. Según el uso que se haga luego con este cartón, es decir, en función de la resistencia necesaria, tendrá menor porcentaje de reciclado (Lacabana, 2019). Otro material que se desarrolla desde estas fibras es el papel absorbente, tanto para uso sanitario como de limpieza. Para la fabricación de este se suelen usar fibras ya degradadas, ya que no se recicla una vez utilizado. También proviene del reciclado el papel de diario. Los papeles blanqueados o las cartulinas, en cambio, utilizan mucha menor proporción de materiales reciclables, tanto por el color como la durabilidad que requieren.

Una de las grandes problemáticas que afectan a la cadena del papel y cartón es la gran participación de intermediarios, que influye de forma negativa definiendo menores valores que, en algunos casos, desincentivan la recolección de estos materiales[17]. Por otra parte, la distancia a los centros industriales lleva a que los costos logísticos hagan que el valor del material muchas veces no permita afrontar estos costos[18].

Otro obstáculo en el proceso de valorización del papel y el cartón se relaciona con el infrarreciclado (también conocido como downcycling[19]). En Argentina, los productos que se desarrollan a partir de materiales reciclados son de menor calidad que los que generaron los residuos. Principalmente, con el papel y cartón que se recicla, se produce papel higiénico y cartón orientado a embalajes. Los materiales de mayor calidad son importados y no producidos de forma local. Esto redunda en una falta de incentivos para generar mayor valor agregado a los productos reciclados y, por lo tanto, mayor precio y una rentabilidad tal que promueva el recupero en mayor medida.

Finalmente, y como hemos dicho, la poca cantidad de empresas dedicadas a la transformación lleva a que los precios se fijen de forma asimétrica como, también, los requerimientos de los materiales para su transformación. Esto lleva a establecer mayores límites a la rentabilidad de quienes recuperan, desincentivando aún más la recuperación.

2.3.2. Plástico

La corriente del plástico involucra a categorías de actores similares a la reseñada anteriormente. Sin embargo, en algunos plásticos, y como desarrollaremos a continuación para cada tipo, se encuentran pymes que procesan el residuo y generan nuevos productos. También existen diferentes niveles –es decir, capacidad de acopio y clasificación– y especializaciones de los acopiadores que, particularmente, desarrollan una selección más específica o los acondicionan en función de los requerimientos de la industria (Molina, 2018).

El sector reciclador ha crecido en los últimos años, principalmente post crisis 2001 (Picone y Seraffini, 2020), cuando el plástico comenzó a aumentar los niveles de recuperación, generando 52.000 puestos de trabajo (Ecoplas, 2020a). Su mayor concentración, con el 65 % del total, está en el AMBA (Ecoplas, 2020b).

Si bien, como en todas las corrientes, existe una gran asimetría en los valores en los diferentes puntos de la cadena, cada proceso que se incorpora en la recuperación del plástico aumenta significativamente su valor –en algunos casos aumentándolo hasta en un 150 %, según lo indicaron entrevistados de una cooperativa de Lomas de Zamora[20]–.

Como sucede con el cartón y el papel, los recuperadores individuales y los organizados deben acopiar un volumen suficiente para llegar a la industria y no depender de los intermediarios que pagan valores más bajos por los plásticos. Además, se hace necesaria una clasificación precisa de estos materiales, lo que, sin embargo, requiere tanto de espacio físico como de conocimientos particulares sobre cada material.

En función de estas cuestiones, se han desarrollado diferentes iniciativas que tienden a atender estas cuestiones. Como señalamos en el apartado anterior, la experiencia de comercialización de la FACCyR ha permitido la venta directa de PET. Otro ejemplo es el del procesamiento de Polipropileno para el desarrollo de bolsas de residuos en una de las cooperativas que integran esta organización, agregando valor a los materiales reciclables que maneja esta cooperativa y asegurando precios más altos (recuadro 6). Otras cooperativas han logrado procesos de lavado y secado y, también, molido y pelletizado, abasteciendo a empresas locales y agregando valor a los productos (Carenzo, 2014).

A pesar de lo señalado, y según números de 2019, la recuperación de plásticos sigue siendo deficiente, en tanto se estima un 50 % de capacidad ociosa en la industria recicladora (Ecoplas, 2019). Dando cuenta de esta cuestión, el Instituto Argentino del Plástico estimó que, para ese mismo año, solo se recicló un 13 % (Carenzo et al., 2023).

Para 2022, se reciclaron 318.000 t de plástico, que representan el 27 % de los envases de posconsumo doméstico (Ecoplas, 2023). En lo relativo al reciclado, el PEAD y PEBD son los que mayor incidencia tienen (67%) frente al PET (16%) y al Polipropileno (12 %) (Picone y Serafini, 2019).

Al ser el petróleo la materia prima principal de los plásticos, y ya que, en el caso de ser vírgenes, son importados, el valor de los plásticos está sujeto a los vaivenes de la economía internacional y de la cotización del dólar. Estas características llevaron a que, tras la devaluación de 2002, se encarecieran las importaciones de materiales vírgenes y, entonces, se incrementara la recuperación de estos residuos. De esta forma, la industria recicladora pasó de la utilización de scrap industrial a comenzar a integrar y trabajar con los materiales provenientes de la recuperación posconsumo, llevando a incorporar controles de calidad específicos (Suárez, 2016).

A continuación, se examina qué ocurre específicamente con los procesos de valorización de las subcorrientes particulares de plásticos:

  • Plásticos PET

El Tereftalato de Polietileno o PET (imagen 1) es uno de los materiales que más ha aumentado su procesamiento en el país. Anteriormente, la mayor parte de lo recolectado era exportado a China, para la fabricación de fibras textiles. Recientemente, y tras cambios en el código alimentario, se ha permitido el uso de material recuperado en la fabricación de envases y varias empresas se encuentran trabajando este material.

Imagen 1. Botella elaborada a base de PET

Fuente: elaboración propia.

También se fabrican zunchos y diversas resinas químicas. De esta manera, se logró una reducción de las importaciones de material virgen que era necesario para la fabricación de nuevos productos a base de PET. También han surgido empresas que producen fibras textiles a través de las escamas del PET en el país.

Por otra parte, y vinculado al sector de los recuperadores, existe una planta, financiada por el Gobierno de CABA[21], y gestionada por una cooperativa, que lava y muele el PET para venderlo directamente a la industria. También, y desde el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se ha desarrollado un ladrillo a base de PET, que ha adquirido la licencia para emprendimientos privados y construcción de viviendas sociales (CONICET, 24 de enero de 2019).

Como se mencionó previamente, además, en los últimos años se ha popularizado lo que se ha dado en llamar “botellas de amor”. Estas son botellas elaboradas con PET rellenas de plásticos de un solo uso –principalmente los empaques flexibles que no se han incorporado a la cadena de valor– y gestionadas por entidades que los transforman en maderas plásticas y, luego, son entregados como mobiliario urbano o juegos infantiles a organizaciones sin fines de lucro o gobiernos locales. Esta situación ha llevado a diversos debates, sobre la base de que, si bien esta práctica es positiva en términos ambientales, en tanto se recuperan materiales que no se encuentran insertos en mercados que los demanden, estos continúan sin tener un valor de mercado, ya que la empresa no paga por los mismos. Según entrevistas realizadas a cooperativistas, en consecuencia, los recuperadores no obtienen rédito al recibir las botellas de amor y pierden la capacidad de recuperar un material de alto valor (el PET), disponer de espacio fijo para recuperar otros materiales por el que sí reciben un pago o, en el caso de recibirlas, el proceso de trabajo se complejiza al tener que sacar los materiales del interior de la botella (entrevista a cooperativista de Lomas de Zamora, octubre de 2023).

  • Plásticos PEAD

El Polietileno de alta densidad es uno de los materiales más presentes entre los residuos posconsumo (se utiliza para envases de productos químicos, tales como shampoos, en muebles plásticos, sillas y mesas de jardín, y en juguetes, entre otros). Tiene una gran circulación entre los acopiadores y, en muchos casos, es trabajado por pymes para la realización tanto de nuevos envases, como también de otros objetos como, por ejemplo, trofeos plásticos. En algunos casos, se ha logrado que cooperativas laven y muelan este material, mejorando sus precios de venta y vendiendo a quienes se encargan de producir nuevos productos.

  • Plásticos PEBD

El Polietileno de baja densidad se encuentra cada vez más en circulación. Se utiliza para embalajes de logística, principalmente –envolturas de pallets y de envases–. El material requiere, para lograr buenos precios de comercialización, que se limpie correctamente –sacarle la tierra, las etiquetas, que impiden el proceso de agrumado, necesario para la transformación en un insumo destinado a elaborar nuevos productos–. En el recuadro 5, se presenta el caso de una cooperativa que recupera PEBD.

Recuadro 5. Recuperación de PEBD por parte de una cooperativa
de Lomas de Zamora

La cooperativa Jóvenes en Progreso de Lomas de Zamora comenzó, en 2018, a trabajar con el PEBD. Al principio, clasificaban y lavaban los residuos de forma artesanal para su posterior venta. Al darse cuenta de la posibilidad de desarrollar un proceso de agrumado para agregar valor al material, decidieron, con ahorros propios, comprar una maquinaria destinada a tal fin: una recuperadora, una pelletizadora y una filmera. Este salto en la cadena de valor permitió aumentar los precios de venta en un 100 %.

De esta manera, la cooperativa desarrolló su propia línea de bolsas de residuos, con material 100 % recuperado. Al mismo tiempo, articulando con la FACCyR, logró comprar a mejor precio el material proveniente de 10 cooperativas de la provincia de Buenos Aires (incluyendo los territorios del partido de La Costa, Olavarría y Lincoln).

La cooperativa comenzó a vender lotes de bolsas a organismos gubernamentales de la provincia de Buenos Aires y a algunos municipios. El desarrollo de este proceso ha permitido aumentar la cantidad de trabajadores y, también, mejorar las condiciones de trabajo, aumentando los retiros monetarios de los cooperativistas.

Actualmente, y luego de un incendio, se encuentran reestructurando los galpones y las maquinarias, que se suman a otras nuevas para aumentar la capacidad de procesamiento.

Para mayor información sobre este caso, puede consultarse t.ly/VqIX_.

Imagen 2. Bolsas fabricadas por la cooperativa Jóvenes en Progreso

Fuente: Cooperativa Jóvenes en Progreso.

  • Plásticos PVC

El policloruro de vinilo se utiliza en caños, tarjetas de crédito, productos médicos, perfiles, aislaciones, juguetes y calzado. Se puede reciclar y utilizarse para nuevos caños, muebles de jardín o aislantes. Sin embargo, en nuestro país no es muy utilizado, por fuera de la fabricación de caños, por lo que no hay mucha circulación y, por lo tanto, reciclado, en tanto existen pocos compradores.

  • Plásticos PP

El Polipropileno tiene una fuerte circulación entre pequeñas empresas que inyectan estos materiales para la elaboración de elementos de uso cotidiano: palas para residuos, escobillones, mesas, sillas, etc. Algunas cooperativas se han especializado en la clasificación, acopio y acondicionamiento de estos residuos. Sin embargo, no se ha identificado ninguna experiencia de agregado de valor en este dentro de las cooperativas más allá de las empresas que recuperan y generan nuevos productos.

  • Plásticos PS

El Poliestireno pertenece al grupo de los termoplásticos. Es un material muy versátil, apto para una amplia gama de aplicaciones. Este tipo de plástico se puede clasificar en cuatro grupos:

    • Cristal (GPPS, por sus siglas en inglés, imagen 3): se caracteriza por ser transparente, rígido y frágil. Lo podemos encontrar en productos como reglas escolares, partes de refrigeradores, vasos y cubiertos descartables. Pertenece a las categorías de plásticos número 6.
Imagen 3. Cuchara elaborada a base de Poliestireno cristal

Fuente: elaboración propia.

    • De alto impacto o de choque (HIPS, por sus siglas en inglés, imagen 4): este tipo de Poliestireno incluye un componente que aumenta su resistencia, que le confiere opacidad y la propiedad de ser deformado sin romperse, es ideal para envases de productos lácteos (yogurt, dulce de leche, queso crema, etc.). El Poliestireno de alto impacto también es utilizado en la industria de aparatos eléctricos y electrónicos; y es similar tanto en su aspecto, como en su composición química al ABS (acrilonitrilo-butadieno-estireno), que es otro material usado con frecuencia para la fabricación de este tipo de productos. Para lograr estos materiales tal como los conocemos, se agregan aditivos y cargas minerales que deben tenerse en cuenta en la etapa de reciclaje (Vázquez, 2017). En este caso, por estar compuestos de mezclas, pertenece al grupo de plásticos identificados con el número 7, a diferencia de los demás tipos de Poliestireno mencionados, que hacen parte de la categoría identificada con el número 6.
Imagen 4. Cuchara y pote de producto lácteo elaborados a base de Poliestireno de alto impacto

Fuente: elaboración propia.

    • Poliestireno Expandido (EPS, por sus siglas en inglés, imagen 5): se obtiene mediante la incorporación de un agente de expansión a pequeñas esferas de poliestireno, que por acción de este y de la temperatura incrementan su volumen al mismo tiempo que reducen su densidad (en Argentina conocido como “telgopor”). Gracias a su alta amortiguación de impactos, es muy utilizado como empaque protector de productos frágiles y en gran medida en la industria de la construcción, principalmente como aislante térmico y acústico.
Imagen 5. Pote de helado elaborado a base de Poliestireno expandido

Fuente: elaboración propia.

    • Poliestireno Extruido (XPS, según sus siglas en inglés, imagen 6), que es parecido al expandido (EPS), pero más compacto e impermeable, se presenta en formatos más rígidos, de diversos colores y menores espesores y es resistente al fuego, ya que evita la propagación de llamas en caso de incendio. Se lo utiliza para envases y bandejas para alimentos, ya que, debido a su carácter higiénico, no se pudre ni se descompone, lo que hace que sea una materia útil para conservar alimentos frescos.
Imagen 6. Bandeja elaborada a base de Poliestireno extruido

Fuente: elaboración propia.

Teniendo en cuenta que el poliestireno es un tipo de plástico muy utilizado en la industria alimenticia, uno de los principales problemas para su valorización es la falta de separación diferenciada y limpieza en origen, sumado a esto, en el caso de los residuos de productos elaborados con poliestireno de alto impacto, otro obstáculo presente es la mezcla de materiales (como por ejemplo los restos de aluminio de la tapa de los envases). En relación con los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) que, como se mencionó, también contienen este tipo de poliestireno, la mayor limitación es la identificación de los distintos tipos de plásticos que componen este tipo de productos.

En cuanto al poliestireno expandido, las principales limitaciones están relacionadas con: 1) el volumen de este material, que implica por un lado la necesidad de contar con espacios amplios y por otro que su manejo no sea fácil y que tenga un alto costo, 2) la falta de tecnologías (ejemplo: maquina densificadora) y espacios apropiados para el funcionamiento de estas, y 3) su bajo precio de mercado. Estas limitaciones provocan que este tipo de poliestireno en muchas ocasiones no sea recuperado y tenga como disposición final los basurales a cielo abierto y rellenos sanitarios. Sin embargo, en la actualidad existen algunas iniciativas para la recuperación del EPS (recuadro 6).

Recuadro 6. La transformación del EPS por parte de tres cooperativas

La cooperativa Reciclando Sueños de La Matanza, atendiendo a la problemática del poliestireno expandido, se dio a la tarea de desarrollar una forma de trabajar con este material.

De esta manera, en conjunto con investigadores de la Universidad Nacional de Quilmes, sistematizaron los desarrollos, y generaron maquinaria específica y procesos de trabajo para, de esa manera, lograr el recupero de los materiales. En general, trabajan con EPS provenientes de grandes generadores. Los materiales posconsumo (por ejemplo potes con restos de helados) suelen complejizar el trabajo de la organización y disminuir su rentabilidad.

Actualmente, este es uno de los pocos emprendimientos que trabajan con este material, volviéndolo al circuito para ser usado en muebles o en la construcción[22].

La cooperativa 26 de junio de Construcción, del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Tandil, entre otras cosas, recupera el EPS generado en los domicilios y recolectado en puntos limpios, y los convierte en placas para la construcción, que aportan especialmente en construcciones realizadas con materiales poco adecuados para el aislamiento técnico (imagen 7).

La cooperativa “Creando Conciencia” de Benavidez fabrica útiles escolares, broches, perchas, entre otros productos, a partir de EPS reciclado.

Los materiales con los que trabajan son provenientes en su gran mayoría de la separación de los vecinos de la zona. Para más información véase t.ly/l5H2k.

Imagen 7. Placas para la construcción elaboradas con residuos de telgopor de origen domiciliario

Fuente: elaboración propia.

  • Plásticos ABS, SAN, PC y otros

El Acrilonitrilo butadieno estireno (ABS) se utiliza en las carcasas de electrodomésticos, de computadoras y de la industria automotriz. Su reciclado está prohibido en Argentina para el uso de alimentos y de juguetes infantiles.

Actualmente, en algunos países (los Estados Unidos, por ejemplo), la normativa exige que un porcentaje de los productos contengan material reciclado. El porcentaje de reciclabilidad, sin embargo, es bajo dada la dificultad que presentan estos materiales para su separación (es complicada la distinción y existe deterioro en el proceso). Por lo tanto, estos problemas redundan en precios bajos y estándares de calidad bajos. El precio de las resinas vírgenes sigue haciendo conveniente su preponderancia frente al reciclado.

El Estireno acrilo nitrilo (SAN) se utiliza en la industria automotriz y en utensilios de un solo uso, por su gran durabilidad y resistencia. Si bien en algunos casos se usan en patios de comida o cadenas de comida rápida, no tiene una gran preeminencia en los residuos domiciliarios de Argentina y, si bien existen potenciales compradores, generalmente no hay recupero posconsumo de los mismos.

El policarbonato (PC) se maneja para la generación de placas que, entre otros usos, se elaboran para la construcción. Tiene una importante resistencia y transparencia, que permite el traspaso de la luz y, por esas razones, sus múltiples usos constructivos. Sin embargo, no tiene gran preeminencia en los residuos domiciliarios y no se han encontrado, en el país, industrias enfocadas a su recuperación.

  • Multilaminados y otros plásticos de difícil recuperación

Los multilaminados (conocidos como Doypack o Tetra Brick) presentan múltiples dificultades para su recuperación ya que, como su nombre lo indica, cuentan con diferentes láminas y estas están hechas de diferentes materiales. Existen, también, otros ejemplos de plásticos de difícil recuperación, por ejemplo, los utilizados en snacks. Si bien suele tratarse de PP, estos tienen una gran cantidad de pintura que dificulta en gran medida su recuperación. Según entrevistas realizadas a cooperativistas de La Matanza en 2021, estos residuos suelen encontrarse en alta proporción en el posconsumo, pero, sin embargo, no hay demanda ni mercado para ellos.

En términos de generales, la cadena de valor de los distintos tipos de plásticos presenta una serie de obstáculos y problemáticas que deben ser tenidos en cuenta a la hora de promover su valorización. La recolección diferenciada sigue contando con problemas, primero en alcance –no se logra cubrir amplios territorios, ni materiales dentro de un mismo territorio– y, por el otro, la existencia de materiales con escaso o nulo valor comercial.

Por otra parte, y como ya señalamos, al depender de un commodity como el petróleo, el valor del material virgen está supeditado a los vaivenes económicos, lo que tracciona al alza o baja el precio del material recuperado. Es decir, cuando aumenta el valor del petróleo, se elevan los precios de los materiales, sucediendo lo inverso al bajar. De esta manera, al bajar el precio del material virgen, se desincentiva el uso de material recuperado, lo que deja a la industria recicladora en una situación de presión sobre los precios y susceptible de efectos negativos sobre la rentabilidad (Picone y Seraffini, 2020). En el caso de las organizaciones de recuperadores, estas bajas en los precios llevan a que los esfuerzos de recuperación se orienten hacia otros materiales –papel y cartón principalmente– que suelen sostener sus valores.

Otro obstáculo para la valorización de los plásticos, nuevamente, son los altos niveles de intermediación que, como en las otras cadenas, se encuentran en esta corriente. Al respecto, la gran dispersión y heterogeneidad de las cooperativas disponibles en el país hace que sea difícil la obtención de los volúmenes requeridos por la industria recicladora. De esta manera, en muchos casos, siguen siendo los acopiadores quienes, a pesar de ofrecer menores precios, operan el mayor volumen de plásticos recuperados dada la cercanía a los hogares (López Sardi y Talarico Obón, 2016). En muchas ocasiones, los materiales pasan por dos galpones de intermediación antes de llegar a la industria recicladora, repercutiendo en valores extremadamente bajos para los primeros eslabones de la cadena.

Esto se suma a la problemática logística que presentan estos materiales, primero por su densidad baja, lo que lleva a que sean muy voluminosos, pero con poco peso. Incluso cuando son compactados, se traslada, en muchos casos, aire (Picone y Seraffini, 2019).

Hay un gran número de polímeros que no tienen mercado y, por lo tanto, su recolección y tratamiento no tiene ningún valor, por lo que son descartados y no recolectados de manera diferenciada, ni luego clasificados, ya que el trabajo que se coloca en ese sentido no es reconocido en términos monetarios.

Si bien existe normativa en torno a la identificación de los materiales[23], al no ser esto obligatorio, no todos los materiales cuentan con inscripciones que indiquen su categoría dentro de los plásticos e, incluso, en algunos casos se ha detectado que la matriz señala un plástico, pero el producto se ha realizado con otro.

Quienes trabajan con los plásticos en instancias industriales, como el caso de la cooperativa Jóvenes en Progreso, señalan que también la falta de limpieza de los plásticos provenientes del posconsumo, especialmente en el caso de envases, dificulta su procesamiento. Asimismo, la presencia de restos de pegamentos o pinturas lleva a que muchas industrias sean reticentes a incorporar algunos plásticos sin un amplio control del material que ingresa, ya que, además de derivar esto en la generación de materiales reciclados de baja calidad (y precio), también puede afectar a la maquinaría (Quispe et al., 2016).

2.3.3. Vidrio

La corriente del vidrio es una de las más problemáticas si lo que se busca es la valorización de los materiales. Si bien se repiten actores de las cadenas anteriores, un obstáculo fundamental para el reciclado se encuentra en que la industria presenta un mercado oligopsónico (casi monopsónico), en donde encontramos una empresa (Cattorini Hnos.)[24] que domina a la cadena, comprando materiales a muy bajo precio, lo que lleva a que en Argentina se recupere solo el 0,6 % (Jurado y Schamber, 2020).

Las cooperativas señalan los bajos precios y los riesgos inherentes a su manejo (su fragilidad, junto a su capacidad de lesionar), como también la relación del volumen y peso de este material, como otras limitaciones para trabajar con el mismo. En Lomas de Zamora, la cooperativa Nuevo Rumbo intentó poner a funcionar un horno y recuperar vidrio. Sin embargo, los altos costos y los requerimientos de seguridad derivaron en el fracaso de la experiencia.

El bajo recupero del vidrio, también, se vincula con la falta de regulación sobre la extracción de arena. Limitar la explotación de este recurso permitiría estimular el uso de material reciclado (Jurado y Schamber, 2020).

Actualmente, la mayoría del vidrio recuperado se utiliza para la creación de nuevos envases. En algunos casos se ha visto la articulación entre cooperativas y pymes, en las que se elabora algún producto en particular a partir de vidrio recuperado. Los vidrios en buen estado aseguran mejores precios para los cooperativistas y también para las empresas, que ahorran reutilizando envases que de otra manera serían descartados, tales como frascos o botellas de vino (entrevista a cooperativista en Lomas de Zamora, 2020).

Como señalamos, el vidrio es un material con un alto potencial de reciclado, pero con un gran problema en lo relativo a la industria y a la falta de políticas, que dificultan o no incentivan su recuperación en mayores niveles. La propia dinámica de la corriente da cuenta de los obstáculos con los que nos enfrentamos para la recuperación y reciclado de este material. Claramente, nos encontramos ante una situación de bajo reciclado y con capacidades desaprovechadas.

Por otra parte, es de destacar que no existen tecnologías en el país para el reciclado de vidrios planos (los usados en ventanas por ejemplo).

Existe recupero de algunos envases de vidrios, por otra parte, a través de sistemas de consignación y depósito, conocidos también como sistemas de envases retornables. Sin embargo, la idiosincrasia por parte de ciertas empresas (en donde sobresalen las productoras de vino) acerca de la necesidad de diferenciarse en el mercado a través de la forma de sus envases no contribuye a impulsar un sistema más generalizado y eficaz de recupero de este tipo de envases.

2.3.4. Metales ferrosos

La cadena de valorización de metales ferrosos es de las de mayor tiempo funcionando en Argentina. Desde hace décadas que recolectores informales recuperan estos metales, que son vendidos a acopiadores, dando una integración de la cadena en forma vertical y piramidal. Las cooperativas suelen recuperar metales ferrosos y acopiarlos hasta tener un volumen suficiente y servir de “ahorro”, en tanto buscan venderlos, idealmente, cuando estos suben de precio, ya que no se ven degradados por el paso del tiempo.

Estos materiales suelen presentarse a quienes buscan recuperarlos de forma esporádica en la recolección domiciliaria, en muchos casos provenientes de obras o, incluso, a través de acuerdos con talleres o empresas metalúrgicas o mecánicas. Los acopiadores especializados en esta corriente son conocidos como “chatarreros”, pero también los “polirrubro” suelen comprar metales. Los “chatarreros” suelen contar con maquinaria que facilita su traslado a la industria. En muchos casos este eslabón “formaliza” la entrada de estos elementos a la cadena (Rodríguez, 2008).

Como operatoria, es usual que una empresa se encargue de concentrar los materiales provenientes de los intermediarios y los envíe a diferentes fábricas de un grupo empresario (Suárez, 2016). Generalmente, este sector logra acceder a chatarra no convencional proveniente de barcos o vehículos (Suárez, 2016). La mayor parte de estos materiales, finalmente, terminan en las acerías del norte de la provincia de Buenos Aires, en donde son fundidos y vueltos a la industria. El 70 % de la provisión de chatarra proviene de la recolección en la vía pública frente a un 30 % proveniente del scrap industrial (Rodríguez, 2008).

Sin embargo, pese a los circuitos de recuperación existentes, si bien existe capacidad instalada, la demanda no logra ser abastecida localmente (Ministerio de Hacienda de la Nación, 2017). Esto se debe a dos cuestiones: en parte, la rentabilidad para los recuperadores sigue siendo baja en relación con otros materiales (plásticos o celulósicos). Por otra parte, la necesidad de atravesar varias instancias de intermediarios hace que el valor pagado por el material en ciertos eslabones de la cadena dificulte la recuperación (Suárez, 2016). El acopio lento del material, en tanto este tiene poca incidencia en la generación y recolección domiciliaria, también se presenta como un obstáculo para su recuperación.

2.3.5. Metales no ferrosos

La corriente de metales no ferrosos, como vimos, cuenta con varios materiales diferentes, pero que, sin embargo, siguen los mismos circuitos. El aluminio es el que mayor preponderancia tiene entre los residuos posconsumo domiciliarios. Tiene un importante valor, y su uso en la industria alimenticia y en aerosoles hace que esté presente de manera frecuente en múltiples hogares y en otros generadores de residuos. El aluminio es fuertemente recuperado por las cooperativas y por trabajadores independientes. Diversos acopiadores lo funden y venden en lingotes, actualmente con una importante capacidad ociosa. Por otra parte, el aluminio es buscado ya que no necesita grandes tareas de acondicionamiento más que su separación. Por otra parte, muchas veces esta recolección se da en grandes eventos deportivos o culturales, a través del consumo de bebidas contenidas en envases elaborados con este material.

El bronce, el cobre y el acero inoxidable se encuentran menos presentes en los residuos domiciliarios y, en muchos casos, su obtención se vincula con acciones ilegales como el robo de placas, picaportes, y otros elementos, en el caso del bronce; y de cables (telefónicos o eléctricos), en el caso del cobre. Esto se da, principalmente, debido a los altos valores que, incluso en intermediarios pequeños, se obtienen por estos materiales.

El caso del plomo es paradigmático ya que, a pesar de ser considerado un residuo peligroso, circula a través del desarme informal de baterías de ácido plomo (una actividad altamente peligrosa para la salud) y cuenta con circuitos de compra. Existe una alta demanda de plomo, que se recupera en ámbitos formales e informales (véase capítulo 6 sobre BAPU al respecto). Se ha detectado plomo exportado a otros países de manera ilegal, además, debido a los precios convenientes, en términos relativos a los que se pagan en Argentina.

Entre los obstáculos que encontramos para la valorización de los metales no ferrosos, podemos señalar, nuevamente, el gran número de intermediarios, generando diferencias importantes de precio entre el residuo generado y el que ingresa a la industria. En este sentido, la FACCyR vende a una industria en Córdoba ya que, a pesar de la distancia, el precio es conveniente, en tanto logra evitar a los intermediarios.

Por otra parte, al provenir del posconsumo, en algunos casos, estos materiales (el aluminio, por ejemplo) vienen adheridos a residuos de otros materiales que dificultan su recuperación (véase al respecto capítulo 9, sobre medicamentos y sus envases).

2.4. Recomendaciones

En esta sección se desarrollan propuestas tanto de acciones como de políticas públicas, que se orienten a la corriente de reciclables secos en general, como también para algunos materiales en particular.

En primer lugar, y para todos los materiales aquí tratados, se hace necesario señalar la falta de legislación específica que permita crear o consolidar y afianzar las cadenas de valor descriptas. Principios como el de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) permitirían generar mecanismos financieros para acompañar la recolección diferenciada puerta a puerta que permita que la industria ocupe su capacidad ociosa. Al mismo tiempo, admitiría reforzar económicamente los magros presupuestos municipales para acompañar las propuestas que puedan surgir desde los espacios locales y equipar las plantas de clasificación y tratamiento. En este marco, la generación de normativa provincial y municipal puede, también, acompañar estos procesos de regulación y mejoramiento del trabajo de los cartoneros y los niveles de recolección diferenciada. Incluso, una REP podría contribuir a generar recursos estatales orientados a controlar los –muchas veces cuestionados– sistemas privados de gestión. Por otro lado, aunque en los últimos tiempos se ha modificado, es necesario ampliar la autorización al uso de materiales reciclables en nuevos productos.

Asimismo, es necesario ampliar la cobertura de los sistemas de recolección diferenciada, asegurando un acceso igualitario a este servicio, que permita recuperar mayores cantidades de residuos y, al mismo tiempo, generar más fuentes de trabajo.

A su vez, el infrarreciclado (downcycling) determina la generación de productos de menor calidad, lo que pondera el volumen frente a la calidad de los residuos. En este sentido, es necesario el despliegue y desarrollo de políticas de I+D que permitan mejorar los procesos productivos, derivando en suprarreciclaje (upcycling), generando productos de mayor valor y, por lo tanto, mayores incentivos a lo largo de la cadena.

Es necesario también el acompañamiento estatal del desarrollo de nuevas tecnologías, industrias y mercados para materiales que carecen de ellos (en el caso de algunos plásticos, esto es significativo). Esta carestía hace que cientos de toneladas sean descartadas, ya que carece de valor económico su recolección.

Por su parte, la presencia de intermediarios que obstaculicen el recupero o lo desincentiven lleva a la necesidad de estudiar específicamente cada caso, en donde la dirección de las acciones podría tender a apoyar acopiadores en los territorios en donde no existen grupos de recuperadores clasificando materiales y, en cambio, desincentivar acopiadores que tienden a desalentar el recupero sumando meramente eslabones de intermediación entre recuperadores y la venta de materiales a la industria.

En vinculación con el punto anterior, además, se pueden generar vinculaciones entre las experiencias de recolección diferenciada y quienes generen nuevos procesos y productos. Esto permitirá no solo obtener materiales según las necesidades de los nuevos procesos, sino también mejorar los valores de venta de los materiales. Esto requerirá el desarrollo de criterios de calidad y, por lo tanto, nuevas metodologías de clasificación.

Por otra parte, deberían desarrollarse medidas fiscales y legales que incentiven el uso de materiales reciclables en todos los niveles industriales. Esto propenderá a aumentar la cantidad de materiales requeridos y, por lo tanto, serviría como aliciente para el incremento de la oferta. Al mismo tiempo, admitirá el ahorro en divisas en tanto se reduciría el uso de material virgen importado en ciertas corrientes, además del concomitante impacto ambiental positivo.

Estos señalamientos podrían ser complementados con el desarrollo de estrategias de comercialización colectiva que permitan asegurar los flujos de residuos hacia la industria. Esto adquiere mayor importancia en cadenas que no se encuentran con tanta frecuencia, asegurando tener cierto volumen constante, particularmente, en los plásticos, lo que propendería a la dinamización de la verticalización de los procesos desarrollados por las cooperativas.

En el caso del papel y cartón en particular, es necesario desarrollar políticas de proteccionismo de la industria del reciclado. La apertura indiscriminada de importaciones ante bajas de los precios internacionales deriva en una baja generalizada del valor del material recuperado, lo que opera de forma negativa en la recolección y recolección del mismo.

En lo relativo al plástico, es preciso desarrollar nuevos diseños que sean más fácilmente reciclables. Otra opción posible es el desarrollo de tecnología que permita el procesamiento y recuperación de estos materiales, especialmente de aquellos que son escasamente comercializados. Resulta de interés, asimismo, generar precios sostén del material reciclable desde el nivel de las políticas nacionales, en función de que exista una demanda significativa y estable en la utilización de plásticos recuperados por parte de la industria recicladora, en función de la competencia que estos enfrentan con la importación de plásticos vírgenes, ante las variaciones de los precios internacionales y de la divisa.

El vidrio, por su parte, presenta –como ya hemos señalado– problemas relativos a la existencia de un comprador que concentra la mayoría del mercado. Esto lleva a menores niveles de reciclado, lo que redunda en un fuerte impacto ambiental. Además de la mencionada normativa REP, es necesario incentivar la recuperación de este material, lo que podría darse a través de incentivos fiscales. Otra opción es promover los circuitos de reutilización de los envases de vidrio a través de incentivos a los consumidores. Al mismo tiempo, se pueden impulsar políticas para el desarrollo de pequeñas y medianas industrias recicladoras del vidrio, tal como sucede con algunos plásticos. En el caso del vidrio, además, es importante dar cuenta de que es un material en el que pueden mejorarse y ampliarse los sistemas de devolución y retorno.

Para los metales, es necesario establecer mejores circuitos logísticos o generar, en sintonía con la industria, espacios de entrega y acopio intermedios y buscar las condiciones para mejorar los precios que se pagan al primer eslabón, de manera de incentivar el recupero y mejorar las condiciones de los recuperadores. Esto, articulado con un sistema logístico, permitiría asegurar un flujo continuo hacia la industria, asegurando los niveles de producción y el abastecimiento de materiales para el desarrollo de nuevos productos. Al mismo tiempo, es relevante desarrollar diseños que utilicen un solo material para facilitar la clasificación como la transformación.

Agradecimientos

A los proyectos PICT 2019-03110 “Análisis Comparativo de alternativas de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos considerando criterios Financieros, Ambientales y de Justicia Social” (directora: Dra. Mariana Saidón. Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martín), y el proyecto PICT 2019-01426 “Modelos de co-gestión de los residuos reciclables en la provincia de Buenos Aires. Aportes tecno-cognitivos derivados del análisis de experiencias de Gestión Integral de RSU con Inclusión Social” (director: Santiago Sorroche Centro de Innovación de los Trabajadores, Universidad Metropolitana de los Trabajadores). A Ana B. Stevanato y Sebastián Carenzo por información de corrientes de materiales en escritos inéditos y publicados. A Marcos Volpin por la información suministrada sobre materiales plásticos. A Javier Godoy por información sobre diferentes eslabones de las cadenas del reciclado.

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  1. Colaboraron en la sistematización y aportes de contenidos: Eduardo Verón (Área de Ambiente y Política [AAP], Escuela de Política y Gobierno [EPyG], Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas [LICH] Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas [CONICET], Universidad Nacional de San Martín [UNSAM]. Correo electrónico: everon@unsam.edu.ar) y Franco Cicerone (Área de Ambiente y Política [AAP], Escuela de Política y Gobierno [EPyG], Universidad Nacional de San Martín [UNSAM]. Correo electrónico: fscicerone@gmail.com).
  2. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA), Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET); Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), Universidad de Buenos Aires (UBA); Facultad de Ciencias Sociales (FACSO), Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Integrante del programa “Antropología en Colabor”. Correo electrónico: sorroche.santiago@gmail.com.com.
  3. Licenciada de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Correo electrónico: marcelaacosta_19@hotmail.com.
  4. Según el último estudio disponible, 2016, por ejemplo, el 32,59 % de los residuos del AMBA se encontraba dentro de la corriente de residuos reciclables secos (CEAMSE, 2016).
  5. De la totalidad de los plásticos, entonces, un 28 % es recuperado, un 40 % es dispuesto en rellenos sanitarios, y un 32 % escapa a los sistemas de gestión de residuos, contaminando ambientes terrestres y marinos (Ellen MacArthur Foundation, 2016; UNPlastify, 2023).
  6. Disponible en bit.ly/3wNhjNM.
  7. Disponible en bit.ly/43itcYv.
  8. Disponible en bit.ly/49OUesU.
  9. Véase capítulo 4 al respecto.
  10. Véase capítulo 6 al respecto.
  11. Las provincias que han desarrollado leyes relativas a la gestión de residuos son: Buenos Aires: N.º 13.592/06; Catamarca: N.º 5.681/20; Chaco: N.º 7.034/12; Chubut: N.º XI 50/10; Córdoba: N.º 9.088/03; Corrientes: N.º 6.411/17; Entre Rios: N.º 10.311/14; Jujuy: N.º 5.954/16; Misiones: N.º 4.274/06; Neuquén: N.º 2.648/09; Río Negro: N.º 5.491/20; San Juan N.º 1.114/14; San Luis: N.º IX-873/13; Santa Cruz: N.º 2.829/05; Santa Fe: N.º 13.055/09; Tucumán: N.º 8.177/09. Mención aparte merece la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que se desarrollará más adelante. Formosa, Mendoza y Santiago del Estero tienen normativa anterior a la sanción de la ley nacional. Por otra parte, Salta se encuentra desarrollando la normativa. Tierra del Fuego no cuenta con normativa específica.
  12. Argentina Recicla es un programa de desarrollo sostenible que promueve la inclusión social y laboral de los recuperadores urbanos. A través de la Guía GIIRSU, impulsa en todo el país sistemas de gestión de residuos basados en la cogestión de las cooperativas de recuperadores urbanos y los gobiernos municipales.
  13. Disponible en bit.ly/3T8tpbK.
  14. Según la normativa provincial, los grandes generadores de residuos son comercios o industrias que generan más de 1.000 kg mensuales de residuos, al mismo tiempo incluye a los barrios privados y countries.
  15. Resoluciones OPDS 135, 136 y 137 del 2013.
  16. Resolución 317/2020.
  17. El problema de la baja de precios para quienes recuperan materiales debido a la intermediación se repite en todas las corrientes, lo que lleva a que quienes recuperan evalúen cuál material recolectar en cada momento particular, en función de los precios relativos.
  18. Algunas cooperativas han logrado el uso del ferrocarril para el traslado de los materiales, disminuyendo de forma significativa los costos logísticos y logrando que sea rentable su venta.
  19. El infrarreciclado se vincula con situaciones de recupero de materiales que, al reciclarse, no pueden volver a tener un nivel de calidad como la previa y, por lo tanto, se desarrollan productos de menor calidad.
  20. Suárez (2016) indica que el PET y el PP pueden llegar a un aumento del 120 % y el PEAD, el PEBD y el PS lo hacen, en promedio, en un 75 %.
  21. Véase shorter.me/eiNI-.
  22. Para más información sobre PS, puede verse Carenzo y Mazzino (2022) y bit.ly/3TvIMMV.
  23. Véase Diagrama 1.
  24. Cattorini cuenta con tres plantas localizadas en Quilmes (AMBA), y las provincias de San Juan y Mendoza (Gullota, 2017).


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