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Prólogo

Ricardo A. Gutiérrez[1]

Este año se cumplen 20 años de la sanción de la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para la Gestión Integral de Residuos Domiciliarios (Ley N.º 25.916/04). Paralelamente, las provincias y numerosos municipios aprobaron nuevas normas que, con variaciones, también abogan por la gestión integral de los residuos sólidos urbanos. Distintas políticas y programas han sido desarrollados durante los últimos 20 años para dar aplicación a toda esa normativa en los tres niveles jurisdiccionales con competencia sobre los residuos: Nación, provincias y municipios. Como balance general después de 20 años, puede decirse que los logros alcanzados han sido parciales o escasos.

Dos grandes problemas han afectado la implementación de las políticas y los programas de gobierno en los tres niveles jurisdiccionales. Por un lado, muchas veces esas políticas y esos programas no fueron lo suficientemente ambiciosos, sea por el tenor de los instrumentos propuestos, sea por su alcance territorial. Por otro lado, las políticas y los programas de los tres niveles jurisdiccionales han sido presa de un problema que es endémico a las políticas públicas en general: la falta de continuidad en el tiempo. Más allá de la prioridad del tema en la agenda gubernamental, ambos problemas reconocen dos raíces: los cambios de gobierno en todas las jurisdicciones, que llevan a que el nuevo gobierno quiera, la mayoría de las veces, diferenciarse del gobierno anterior, y las limitaciones económicas que afectan no solo a las tres jurisdicciones (y muy especialmente a los gobiernos municipales), sino a todo el universo de actores involucrados en la gestión de residuos, incluidas las empresas de la más diversa índole y los llamados “recuperados urbanos”.

Si, a principios de siglo, se entendía que la gestión integral era el modelo y la solución que debían buscarse para resolver todos los problemas ambientales, sociales y económicos vinculados con la deficiente gestión de los residuos sólidos urbanos, es difícil afirmar hoy que estemos cerca de ese objetivo –sin desestimar algunos logros parciales o temporarios que deben ser tenidos en cuenta–. Máxime si consideramos que, en Argentina, el modelo de gestión integral de residuos sólidos urbanos implica (y está bien que así lo sea) la inclusión social de todas las personas que se dedican, de modo más o menos informal, a la recuperación de materiales reciclables como estrategia de subsistencia, convirtiéndose de hecho en los pioneros del reciclaje en la región. Puesto blanco sobre negro: cuando deberíamos estar concentrados en la discusión de cuáles serían los mejores métodos y sistemas para la recolección diferenciada con inclusión social y para la valorización de los materiales reciclables o recuperables, todavía no sabemos cómo resolver el problema más básico de la erradicación de basurales a cielo abierto.

Sin descuidar que la erradicación de basurales debe ser prioridad de cualquier gestión integral de residuos, este libro nos invita recordar que no debemos dejar que el árbol nos tape el bosque. Para ello nos propone un novedoso enfoque circular, integral e inclusivo centrado en la recolección, recuperación y valorización de residuos teniendo en cuenta las particularidades de las distintas corrientes de materiales (orgánicos y no orgánicos en sus diversas categorías), cada una de las cuales implica aspectos y desafíos ambientales, económicos y sociales específicos.

La novedad y la rigurosidad de la propuesta convierten a este libro en una lectura imprescindible para todas las personas interesadas en resolver el problema de la gestión de los residuos en Argentina, ofreciendo diagnósticos y herramientas que pueden ser aplicables en otros contextos.


  1. Investigador Principal del CONICET y profesor titular de la Escuela de Política y Gobierno, UNSAM.


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