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10 La pandemia en el hospital

La pandemia del COVID-19 puso en tensión el sistema y obligó a dar un esbozo de respuesta ante lo que se presentó de manera inesperada en la vida de todos. En un momento en el que la ciencia aparentemente tenía todas las respuestas y negaba cualquier tipo de fisura en sus investigaciones exhaustivas y permanentes, lo real demostró, una vez más, que no había certezas. Allí donde la ciencia nos había hecho creer que podíamos dominar nuestros cuerpos, el virus de lo desconocido penetró por todos lados, y hubo que ser creativos ante lo que nos interpelaba. El hospital tuvo que dar respuesta a nuevas presentaciones clínicas que mostraban que lo puesto en marcha hasta ese momento ya no era del todo eficaz. Y fue a partir de esta orientación que se pensaron los dispositivos asistenciales.

En el departamento de Cuidados en las Urgencias se abrió una línea de atención telefónica para adultos y otra para el dispositivo de niños, niñas y adolescentes, en las cuales se recibieron consultas relacionadas con el contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio. La línea telefónica fue atendida por equipos interdisciplinarios que contuvieron situaciones de padecimiento subjetivo en respuesta a la dificultad de acceso presencial a los distintos servicios locales de atención en salud mental. Se llevaron a cabo evaluaciones, se brindó orientación, contención y seguimiento, indicando la asistencia presencial por la guardia en el caso de que se evaluara su pertinencia. Uno de los objetivos de esta acción innovadora fue promover el derecho de la población a estar informada y a conocer cómo funcionan los servicios del hospital, garantizando la accesibilidad al tratamiento.

Asimismo, se implementaron estrategias de comunicación interna junto a la Dirección y al Comité de Emergencia para extremar los cuidados sanitarios dentro de la institución, en los dispositivos extramuros y en las visitas domiciliarias que se realizaron para el seguimiento de pacientes. Se gestionaron piezas audiovisuales, gráficas y notas que comunicaban los protocolos vigentes y el uso correcto de los equipos de protección personal para prevenir contagios. Particularmente, se puso atención en el cuidado de los trabajadores por un lado y en dar respuesta a la ciudadanía. La situación implicaba tener un protocolo por la mañana y otro por la tarde, y repensar con los representantes de los trabajadores constantemente esos protocolos. Hubo que ser capaces de construir eso y de sostener el cuidado en una situación en la que nadie sabía a qué nos estábamos enfrentando ni cómo se hacía. Hubo que trabajar en red con los hospitales, con los paradores en los que se hacinaba gente para sacarla de la calle.

Fue una tarea inmensa dar una respuesta de cuidado en ese contexto. Muchas personas que no podían salir de su casa quedaban sin tratamiento, y asimismo muchos efectores de salud discontinuaron los tratamientos. Frente a esto, se constituyó un comité de emergencia y se dispuso una guardia telefónica interdisciplinaria en un inicio, y psicológica y psiquiátrica después. Lo clave fue que sortear estos emergentes que provocaban miedo implicó generar espacios en los que fuera posible hablar de ese miedo. Y a la par entender el miedo de los trabajadores a atender, a salir, a sostener prestaciones. El cuidado fue una prioridad con todos los equipos de protección.

En este contexto se retomaron cuestiones planteadas en el plan estratégico, como la necesidad clínica de hacer internaciones e intervenciones domiciliarias. Se cuidó mucho a los pacientes que estaban internados porque, tomando en cuenta que quienes llegan al hospital están en su mayoría inmunodeprimidos por el consumo, no podíamos permitir que se enfermaran. Se abordó cada aspecto con mucha seriedad. Se les ofreció internación a pacientes que dormían a la intemperie, y a los que no querían ser internados se les abrieron espacios de alojamiento porque en esas circunstancias sanitarias no podían estar en la calle. Esto generó dignidad y cuidado. El contexto de pandemia, sin duda, reforzó una política que ya estaba en marcha con la transformación del hospital: el cuidado como prioridad indeclinable, tanto de los usuarios como de los trabajadores.



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