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2 Rafael Alberti en España Republicana durante 1941 y 1942

España Republicana: una publicación que adquirió una condición de sociabilidad para los exiliados

Después de finalizada la Guerra Civil, la prensa hispánica pro republicana de Buenos Aires continuaba difundiendo informaciones sobre lo que sucedía en España. Existían proyectos periodísticos transhemisféricos (Sánchez, 2020) como España Republicana, Galicia, Correo de Asturias, La Nueva España —surgido durante la Guerra Civil— y aparecieron otros impulsados por los recién llegados. Entre ellos, destacamos Pensamiento Español (1941-1942), el semanario Pueblo Español y, luego, las revistas de “la dominante española” (Zuleta, 1999: 73) De Mar a Mar, Correo Literario, Cabalgata y Realidad, como ámbitos de escritura y circulación entre España y Argentina.

También entre 1941 y 1942 surgían algunas empresas editoriales como Pleamar, fundada por Manuel Hurtado de Mendoza; Nova, promovida por Arturo Cuadrado y Luis Seoane; o Nuevo Romance, de Rafael Alberti, Francisco Ayala y Rafael Dieste, entre otras.

España Republicana era el órgano de prensa del Centro Republicano Español de Buenos Aires, la entidad que más directa y expresamente estuvo ligada a los valores republicanos. La publicación funcionó por suscripción y se editó en la ciudad entre 1918 y comienzos de los años ochenta, aunque hacia el final con escasa periodicidad. Como explicó María Teresa Pochat la denominación inicial del órgano de prensa era Nuevo Régimen, pero fue cambiada a los pocos meses. Si bien en algunas épocas fue un semanario, la periodicidad de la publicación fue variable y en algunas fases fue quincenal, en otras mensual, y fue decayendo en su periodicidad en los últimos años (Pochat, 2006: 3).

Para aquel momento, España Republicana atraía a un lector asociado a la colectividad hispánica en general y sus instituciones, y se generaban lazos de solidaridad entre los compatriotas. Se ofrecían empleos para los recién llegados y se publicitaban los “comercios leales” como bares, restaurantes y otros servicios que brindaban los españoles demócratas en el país. En fechas especiales, se difundían números extraordinarios para recordar los aniversarios de la Segunda República o la defensa de Madrid durante la guerra.

“Comercios Leales”, España Republicana, 12/03/1941, p. 26 y Número extraordinario por la Defensa de Madrid, España Republicana, 07/11/1942. Fuente: Biblioteca Galega de Bos Aires “Antonio Pérez-Prado”.

El Centro Republicano Español, surgido a principios del siglo XX, organizaba fiestas, eventos familiares y conferencias en su sede de la calle Bartolomé Mitre 950 y sirvió de ayuda para los refugiados españoles, a través de una importante red de instituciones. Con la llegada de los exiliados, se construyeron nuevas tramas asociativas de la inmigración española en la Argentina:

[…] España Republicana é tamén un depósito da oralidade propia dos ciclos de conferencias que tiveron frecuencia reforzada especialmente durante a inmediata posguerra nunha modalidade que en ocasións implicou alguna axuda económica para os desterrados. Estamos en condicións de afirmar, neste punto, que chegou a formarse unha importante rede que en Arxentina acolle a periódica participación de exiliados, fundamentalmente a través dos eventos político-culturais levados a cabo no PEAVA (Patronato Español de Ayuda a las Víctimas Antifascistas). (Sánchez, 2017: 206)

[Traducción del gallego por el autor de la tesis: España Republicana es también un depósito de la oralidad de los ciclos de conferencias que tuvieron una frecuencia intensificada sobre todo durante la inmediata posguerra en una modalidad que en ocasiones suponía alguna ayuda económica para los exiliados. Estamos en condiciones de afirmar, en este punto, que llegó a formarse una importante red que en Argentina acogió la participación periódica de exiliados, principalmente a través de los eventos políticos y culturales llevados a cabo en el PEAVA].

De acuerdo a la información obtenida del estudio de los ejemplares de España Republicana correspondientes al periodo analizado, advertimos que después de la Guerra Civil el Centro Republicano Español de Buenos Aires acentuó la ayuda y en 1940 se creó la sección solidaria denominada Fraternidad Española, a cargo de Manuel Blasco Garzón, en continuidad con la asistencia ya brindada durante el conflicto. También se prolongaron las actividades culturales del Ateneo Pi y Margall, surgido en agosto de 1930, cuyo presidente para 1941 era Luis Jiménez de Asúa, y en abril de ese mismo año nació el Patronato Hispano Argentino de Cultura (PHAC), el sello editorial del centro, que promovió la obra de los exiliados, bajo la dirección de Augusto Barcia.

Entre los desterrados que publicaban en España Republicana durante estos dos años podemos nombrar a Rafael Alberti, María Teresa León, Arturo Cuadrado, José Bergamín, Arturo Serrano Plaja, Francisco Ayala, Jacinto Grau, Ricardo Baeza, Alejandro Casona (seudónimo de Alejandro Rodríguez Álvarez), Manuel Villegas López, José Castillejo, Francisco Madrid, Juan Cuatrecasas, Clemente Cimorra, Manuel García Gerpe, Jiménez de Asúa y residentes como Guillermo de Torre o Eduardo Blanco Amor. También participaban antiguos miembros del gabinete republicano, como Manuel Serra Moret, Ángel Ossorio, Manuel Blasco Garzón, Indalecio Prieto, Augusto Barcia, Diego Martínez Barrio y José Prat, o representantes del democratismo español en la Argentina vinculados al Centro, como José Venegas o Tirso Lorenzo, ambos ex directores de España Republicana. Como afirmó María Teresa Pochat,

Las páginas del periódico constituyen una fuente de inestimable valor, tanto por el caudal de información que se transmite, como por la versatilidad de su enfoque para abarcar los más disímiles aspectos que atañen al desarrollo de la Guerra Civil. (Pochat, 2006: 200)

Algunos de los recién llegados se asociaron al Centro Republicano Español de Buenos Aires para poder vincularse a las redes de los españoles que se asentaban en nuestro país. Por ejemplo, Rafael Alberti se afilió el 14 de noviembre de 1940, unos meses después de su arribo a la Argentina como exiliado. Este vínculo le permitió publicar periódicamente en España Republicana y participar en las actividades intelectuales promovidas por las instituciones peninsulares. Los encuentros culturales generaban lazos de sociabilidad entre los españoles que residían en el país y los que llegaban por la guerra.

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Ficha de ingreso de Rafael Alberti al Centro Republicano Español de Buenos Aires. Fuente: Biblioteca Galega de Bos Aires “Antonio Pérez-Prado”.

Asimismo, algunos colaboradores del periódico también eran miembros de la Junta Ejecutiva del centro. Como se pudo advertir en las actas de ese período, los encuentros tenían una frecuencia semanal y allí se tomaban las decisiones administrativas que involucraban a la organización y al órgano de difusión, desde la asignación de nuevos socios hasta la coordinación de los eventos culturales.

Con respecto al enfoque político del Centro Republicano Español, se optó por una posición más de centro, cuya visión también se trasladó a las discusiones políticas que circularon durante estos años en el órgano de prensa. En este sentido: “Si bien el carácter republicano del CRE constituía un motivo aglutinante de adhesión para los recién llegados, su postura anticomunista desalentó la proximidad de aquellos exiliados afiliados o simpatizantes del PCE” (Fasano, 2013: 286). Sin embargo, esto no imposibilitó la vinculación de Alberti a las páginas del periódico.

Entre las actividades promovidas por el Centro Republicano Español de Buenos Aires junto a otras instituciones hispánicas que permitieron tejer nuevas redes entre los exiliados, destacamos el ciclo de doce conferencias sobre la “España de 1931”, que comenzó en septiembre de 1941. El primero en disertar fue Rafael Alberti, que dictó dos charlas: “El poeta de la España de 1931” y “El Romance de Fermín Galán y los Sublevados de Jaca”, publicadas luego como uno de los “Cuadernos de Cultura Española”, bajo la edición del PHAC[1].

Encontramos referencia a las conferencias albertianas en el ejemplar de España Republicana del 7 de febrero de 1942. Allí se destacó el “relato de extraordinaria belleza y de intensísima emoción del ambiente de España en 1931, en el círculo de los poetas, y de la obra poética realizada en torno a los problemas vitales que estremecían a la nación” (España Republicana, 1942a: 14). 

En relación con los artículos que se difundían en España Republicana entre 1941 y 1942, estos se proponían revelar la realidad que se vivía en Europa con la situación dramática de los refugiados en Francia. También denunciaban los acuerdos que hacía Franco con los nazis. Según el periódico, los agentes de la policía secreta del Reich, en complicidad con el gobierno francés, actuaban para deportar a los exiliados que se encontraban en Francia y los entregaban al gobierno español para ser encarcelados o fusilados. Por ejemplo, en la edición del 16 de agosto de 1941, un artículo se tituló “Vichy entrega los republicanos a Franco”.

Además, se advertía sobre el envío a Alemania de obreros españoles y republicanos encarcelados para el trabajo forzoso, como retribución de la ayuda brindada por Hitler durante la Guerra Civil. Algunos títulos de portada de 1941 que refieren a esta temática son: “Esto es lo que se Hace con España” (14 de junio); “El Sacrificio de España al Servicio de Hitler” (12 de julio); “Esclavos para Hitler” (1 de noviembre).

Un punto importante para destacar es que los colaboradores de España Republicana consideraban que el fascismo se había instalado en España por obra de Alemania y de Italia, y para combatirlo, había que unir a las naciones demócratas de todo el mundo. En este sentido, encontramos un comentario editorial sobre la Segunda Guerra Mundial en donde se creía que la derrota del Eje iba a devolverle la democracia a España: “Estamos plenamente convencidos de que para resolver el problema de España, o al menos para poder plantearlo en términos de solución, y para que el mundo sea habitable, es preciso comenzar por el aniquilamiento de las fuerzas nazi-fascistas” (España Republicana, 1941c: 1).

Por último, es necesario mencionar que la presencia femenina en las páginas del periódico estuvo limitada a algunas pocas menciones. Se destacaba la labor de la Comisión Femenina del Centro Republicano Español de Buenos Aires por la organización de peñas, festivales y otras celebraciones con el propósito de reunir fondos de ayuda para los refugiados españoles en Francia y en la Argentina. Sin embargo, salvo algunos contrapuntos, como el de la escritora María Teresa León, que envió varias notas durante estos dos años[2], las mujeres no estaban asociadas a las actividades intelectuales. En general, se las referenciaba como las “señoras de”, o en algunos casos se les asignaba el adjetivo de “simpáticas damas”.

En este contexto histórico y político que atravesaba España, Alberti envió una serie de artículos al órgano de difusión del Centro Republicano Español de Buenos Aires, cuyo estudio permitió reconocer y examinar algunas de las temáticas que se vienen desarrollando.

Rafael Alberti en España Republicana

El análisis de las intervenciones de Rafael Alberti para España Republicana durante 1941 y 1942[3], esto es en la primera etapa de su exilio en Argentina y durante un bienio de gran actividad para la publicación[4], nos permitieron reconstruir algunas zonas del pensamiento literario y político del escritor, a partir de sus referencias a la poesía popular y renacentista y a la mención de importantes figuras del republicanismo español.

Por un lado, los pocos textos en verso que aparecieron en España Republicana, ya que prevalecieron otras formas de escritura, le permitieron alzar una voz combativa que en Sur solo fue posible a través de un discurso matizado. Además, a diferencia de la revista argentina, en donde predominó la prosa y la referencia al “desterrado”, en España Republicana Alberti construyó la figura del “español errante”, en la idea del español que deambula por el mundo, siempre deseoso del retorno a la patria perdida y derrotada.

Encontramos participación de Alberti en otras colaboraciones del republicanismo español de la década del cuarenta, entre ellas destacamos De Mar a Mar. El semanario Galicia, órgano de la entonces Federación de Sociedades Gallegas, ya había publicado algunos artículos suyos, como “Odio a muerte”, del 6 de mayo de 1939 (Fasano, 2013: 231), y allí se comentó su obra de teatro “El Adefesio”. En Pensamiento Español —que surge en 1941— se anunció un comentario sobre un libro de Alberti en el número de septiembre de 1941, pero no figura en el ejemplar. A partir de 1945 y 1946, también colaboró en Correo Literario, dirigida por Lorenzo Varela, Arturo Cuadrado y Luis Seoane, y en la revista Cabalgata, entre otras.

Con respecto a la prensa gráfica argentina, envió notas para los periódicos Crítica, La Nación, La Voz del Interior (Córdoba), El Litoral (Santa Fe), y eran frecuentes sus menciones en La Hora, el órgano de prensa del Partido Comunista Argentino.

Alberti ya había colaborado para España Republicana durante la Guerra Civil. Distinguimos algunos envíos como “Los poetas del mundo defienden al pueblo español”, de 1937; “Madrid, capital de la Gloria”, de octubre de 1938; o “Defensa de Madrid”, de diciembre de 1938 (Pochat, 1990: 33). “El periódico anuncia la llegada de Alberti y María Teresa León y, a partir de ese momento, ambos serán colaboradores asiduos del mismo. «Toro de España» aparece en abril de ese año y en mayo se recomienda la poesía de Alberti en la sección «Libros para los leales»” (Pochat, 1990: 33). Además, encontramos otras noticias de su arribo a la Argentina. El periódico La Hora[5] se refirió a su llegada y la prensa uruguaya, en una nota firmada por Cipriano Vitureira para el órgano de difusión de la Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE) de ese país, publicó:

El autor de los Poemas de los Ángeles, el compañero de Federico, el animador constante del pueblo español, pasó por nuestro puerto acodado a la borda con su compañera, la ejemplar luchadora María Teresa León. Iba camino del Chile del Frente Popular. No se permitió el arribo al barco que permaneció alejado, pero A.I.A.P.E. estuvo presente en espíritu. (Vitureira, 1940: 4)

Tras su arribo a la Argentina se intensificó la presencia de Alberti en las páginas de España Republicana como escritor y conferencista, y a partir de 1941 comenzó a publicar su obra artística y literaria. Entre 1941 y 1942 publicó veinte notas en España Republicana, diez cada año, con una frecuencia variable, aunque predominó la colaboración mensual, y aparecieron tres comentarios sobre sus trabajos literarios, uno de ellos firmado por Eduardo Blanco Amor. La gran mayoría de estos artículos de Alberti son relatos y se publicaron bajo los derechos del Patronato Hispano Argentino de Cultura (PHAC), el sello editorial del Centro Republicano Español, lo que permite reconocer una vinculación entre la obra literaria de Alberti y la ayuda que brindaron las instituciones de los españoles en el país.

Listado de los artículos de Rafael Alberti en España Republicana entre 1941 y 1942:

  • “Cómo conocí a Federico García Lorca”, 24 de mayo de 1941
  • “Entre el Clavel y la Espada”, 28 de junio de 1941.
  • “Cómo conocí al poeta Juan Ramón Jiménez”, 12 de julio de 1941.
  • “Cómo Conocí a Fernando Villalón, Conde, Poeta y Ganadero”, 16 de agosto de 1941.
  • “Como conocí a Don Ramón del Valle Inclán”, 13 de septiembre de 1941.
  • “Como conocí a Antonio Machado”, 27 de septiembre de 1941.
  • “Cómo conocí a Pablo Picasso”, 18 de octubre de 1941.
  • “Como Conocí a André Gide”, 1 de noviembre de 1941.
  • “De río a río”, 8 de noviembre de 1941.
  • “Como Conocí a don Miguel Unamuno”, 6 de diciembre de 1941.
  • “Como conocí a Julio Herrera y Reissig”, 24 de enero de 1942.
  • “De los álamos en El Totoral”, 14 de marzo de 1942.
  • “Comentario sobre la República Española” (María Teresa León y Rafael Alberti), 18 abril de 1942.
  • “Con Pedro Soto de Rojas bajo los castañares”, 9 de mayo de 1942.
  • “Últimas noticias de Luis Aragón, escritor francés”, 30 de mayo de 1942.
  • “Mientras Allí se Muere en Primavera”, 13 de junio de 1942.
  • “Pedro Espinosa, Lengua Andaluza de Agua dulce”, 11 de julio de 1942.
  • “Un Manuscrito de José Bergamín”, 15 de agosto de 1942.
  • “Ríos de Églogas y Fábulas”. 12 de septiembre de 1942.
  • “El Agua que Más Vale”, 19 de diciembre de 1942.

Comentarios de 1941 y 1942 sobre la obra literaria de Alberti:

  • “Entre el Clavel y la Espada”. Comentario editorial, 28 de junio de 1941.
  • “Notas sobre el libro de Alberti”. Eduardo Blanco Amor, 23 de agosto de 1941.
  • “La arboleda perdida”. Comentario editorial, 13 de junio de 1942.

Entre las publicaciones de 1941 apareció la serie de artículos en donde Alberti contó cómo conoció a escritores, pintores y otros artistas vinculados al republicanismo español, que luego formarán parte de su libro Imagen primera de… (Buenos Aires, Losada, 1945)[6]. Recordó a Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Fernando Villalón, Ramón del Valle Inclán, Antonio Machado, Pablo Picasso, André Gide y Miguel de Unamuno. La serie se cerró en enero de 1942 con la mención al uruguayo Julio Herrera y Reissig. En estas semblanzas aparecieron referencias a su ciudad natal de El Puerto de Santa María, donde estudió en el colegio jesuita junto a Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón, y rememoró sus viajes a Rusia de cuando fue a formarse junto a los escritores comunistas. También hizo hincapié en los años de guerra, con constantes alusiones a la defensa de Madrid durante noviembre de 1936.

Por su parte, en el resto de los artículos de 1942 destacó a los poetas renacentistas como Pedro Espinosa y Pedro Soto de Rojas, a quienes ubicó junto a sus grandes maestros de la poesía como fueron Luis de Góngora, Garcilaso de la Vega y Fernán Pérez de Oliva. Alberti se propuso recuperar la escritura popular inspirada en los ríos y en otros paisajes, pero con un gesto que apuntaba a lo nuevo, y divulgó églogas y fábulas clásicas de tradición árabe-andaluza: “Poesía crujiente, chorreando zumos sensuales, ardiendo de alcoholes refinados” (Alberti, 1942c: 7), como describió en uno de estos artículos.

Los recuerdos, tanto a los poetas clásicos como a los protagonistas del republicanismo español, se le presentaron a Alberti como una estrategia de autoconstrucción con el fin de sostener su presencia en una publicación en donde coexistían diferentes artistas, figuras políticas y personalidades importantes de la tradición migratoria en la Argentina.

Entre los españoles que formaron parte del gabinete de la Segunda República y que publicaban en España Republicana, podemos nombrar a Ángel Ossorio, que fue gobernador y embajador de la República; Indalecio Prieto, ministro de Hacienda y diputado en varias oportunidades y luego presidente del PSOE (Partido Socialista Obrero Español); Diego Martínez Barrio, presidente de la República desde el exilio y vicepresidente del Partido Radical; Manuel Serra Moret, presidente del Parlamento de Cataluña; Augusto Barcia, ministro republicano; Mariano Gómez, presidente del Tribunal Supremo y rector de la Universidad de Valencia; José Prat, y Manuel Blasco Garzón, ministro y cónsul general, entre otros. En cuanto a José Venegas, que fue director de España Republicana, se conservan en su archivo personal algunas cartas manuscritas que se envió con Alberti. En una de las correspondencias de 1943, divulgada por María Teresa Pochat en el número inaugural de la revista Olivar[7], se puede ver que Alberti acompañó la correspondencia con la entrega del Romancero General de la Guerra Española, editado luego por el PHAC.

Durante estos dos años España Republicana irá anunciando algunos de los libros de Alberti, como Poesía —que reúne versos entre 1924 y 1939— (difundido en varias ediciones de 1941, entre ellas la del 8 de febrero, 16 de febrero, 26 de abril, 17 de mayo, 14 de junio y 21 de junio) y De un momento a otro (Buenos Aires, Editorial Bajel), un drama teatral recomendado en el número del 21 de noviembre de 1942 y que incluye una colección de poemas de 1938 y 1939.

Asimismo, en las páginas del periódico aparecieron las referencias a los dos trabajos más importantes de Alberti que se editaron aquellos años: Entre el clavel y la espada y la primera parte de su autobiografía La arboleda perdida. En la publicación se reseñaban las novedades editoriales de los españoles exiliados y se promocionaban los “libros leales”. Se afirmaba que “adquirir los libros de los intelectuales españoles en el destierro es cumplir obra de solidaridad y contribuir al sostenimiento de la cultura española” (España Republicana, 1942f: 11).

Con respecto a los fragmentos de su libro de poemas Entre el clavel y la espada, veremos que en Sur publicará “Sonetos corporales” y “De los álamos y los sauces”, mientras que en España Republicana se reprodujeron cinco partes de “Toro en el mar (Elegía sobre un mapa perdido)”, los únicos versos que divulgó en el periódico. Aquí, Alberti hizo alusión a España como una nación libre que fue atacada por fascistas: “De los montes vinieron jabalíes” (Alberti, 1941e:7). En este sentido, se refirió a los días que pasó escondido en las montañas de Ibiza para buscar refugio y escapar de la represión, ya que allí se encontraba el día del alzamiento militar. O su alusión a los muertos de la guerra, como se pudo advertir en el siguiente fragmento:

MIRA: en aquel país

ahora se puede navegar en sangre.

Un soplo de silencio y de vacío

puede de norte a sur, y sin dejar la tierra,

llevarte. (Alberti, 1941e: 6-7)

La nostalgia por la patria lejana, las flores del monte pisoteadas por el enemigo, y los caídos en el combate son algunas de las temáticas que aparecían en sus prosas. Macciuci explicó que estas ideas surgieron durante la etapa de la poesía del exilio: “El soldado muerto, la amante que llora su ausencia, los poetas desaparecidos o desterrados, España contemplada desde la otra orilla como emblemática piel de toro y, por último, la apertura a lo nuevo, al mundo americano, generoso y esperanzador” (Macciuci, 2002: 79).

En el poema antes referido, Alberti expresó que la Guerra Civil derramó “sangre ingenua de soldado” sobre “yerbas con sustancia de muertos”. Aquí, el toro apareció representando a España como una nación democrática que ardió tras la victoria fascista (“Y fuiste toro de fuego…”) y no pudo reponerse de la invasión enemiga. Como veremos más adelante, la figura del toro se transformó en uno de los elementos simbólicos que le permitió representar la tragedia española.

Escritura popular y republicana

La serie de relatos de “Cómo conocí a…”, como se anticipó a través de la enumeración de contenidos albertianos 1941-1942, se inició en España Republicana en mayo de 1941 y se extendió hasta enero de 1942. Comenzó con la mención a Federico García Lorca, una de las amistades más profundas que hizo Alberti. Al poeta granadino lo conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, creada por la Institución Libre de Enseñanza, a la que previamente habían asistido algunas figuras, como Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez. Para Alberti, sus primeros años en la capital fueron de aprendizaje y admiración, como expresó en el recuerdo a Lorca: “¡Época de entusiasmo, de apasionada reafirmación nacional de nuestra poesía, de recuperación, de entronque con su viejo y puro árbol sonoro!” (Alberti, 1941d: 7).

La saga de publicaciones continuó en julio de 1941 con una evocación al poeta Juan Ramón Jiménez, inspiración para los jóvenes de la generación de Alberti, y para ese entonces exiliado en América. En este relato, Alberti contó los encuentros que tuvo con Juan Ramón durante la década del veinte y se colocó él mismo en un lugar de preferencia frente a los otros artistas de su generación: “Como todos los poetas que íbamos apareciendo en aquellos años, la acogida que Juan Ramón me hizo fue, y quizás distinguiéndome con mayor preferencia que a los otros, alentadora, entusiasta, comunicándome una fe y seguridad que hasta entonces no había tenido” (Alberti, 1941f: 9). 

Las anécdotas con Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, y la decisión de incluir estos textos, nos permitieron advertir la construcción de una estrategia, por parte de Alberti, para sostener un discurso de reconocimiento frente a otros colaboradores de la publicación, un medio competitivo vinculado al colectivo republicano español.

Otro de los escritores valorados por Alberti era Fernando Villalón, “a pesar de su gran retraso en llegar a la poesía escrita” (Alberti, 1941g: 7). En este artículo recordó un viaje que realizaron juntos a su ciudad natal de El Puerto de Santa María, cuando visitaron el Colegio de Jesuitas de San Luis Gonzaga, donde ambos habían estudiado, y también Juan Ramón Jiménez. Si bien el poeta sevillano murió en 1930, un año antes de la proclamación de la Segunda República, Alberti colocó a Fernando Villalón como parte del grupo de escritores que defendieron la república y que después de la guerra tuvieron que huir: “De ese modo, y aun a pesar de que la muerte no le dejara tiempo para pulir del todo su voz, quedó incorporado a la generación nuestra, esa que ahora anda tirada, dispersa por el mundo” (Alberti, 1941g: 7).

El siguiente recuerdo al poeta y dramaturgo Ramón del Valle Inclán lo ubica en Roma, a fines de 1934. Alberti regresaba de Rusia luego de participar de encuentros con los escritores soviéticos en presencia de los intelectuales de izquierda. Desde Odessa se embarcó en el navío italiano Aventino, y tras pasar por las ciudades de Estambul, Atenas y Nápoles, desembarcó en Génova para trasladarse hacia la capital italiana, donde lo esperaba Valle Inclán: “Llegaba de Moscú, de asistir en viaje de invitado al Primer Congreso de Escritores Soviéticos trayendo de éstos para don Ramón un cariñoso saludo admirativo, fresco aún por el éxito de sus ‘Sonatas’ y su ‘Farsa de la reina castiza’, traducidas al ruso” (Alberti, 1941h: 7). Para 1934, el fascismo llevaba diez años en el poder y además ese año había estallado la Revolución de Asturias, que finalizó con la represión y el asesinato de obreros anarquistas. Ingresar a Italia con pasaporte comunista era peligroso, pero Valle Inclán era el director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma y facilitó su arribo. El dramaturgo murió en enero de 1936, seis meses antes del Golpe a la República, y Alberti también lo consideró una figura clave de aquellos que apoyaron el republicanismo en España.

El último artículo que publicó en 1941 hizo referencia al escritor francés André Gide, a quien conoció en Francia durante la década del treinta, en la casa del poeta Jules Supervielle. En ese entonces, Gide estaba identificado con el comunismo y había llegado a la casa de Supervielle junto a unos colegas rusos entre quienes se encontraba el ex príncipe e historiador ruso Dimitri Mirski, que Alberti volvió a cruzar en Rusia. “André Gide me pareció un hombre extraordinariamente fino y simpático. Estaba alegre, jovial, hablador. Entre los arriates del patio, improvisamos para él escenas teatrales, parodias de bailes españoles, disparates graciosos” (Alberti 1941k: 6).

Durante 1942, el español divulgó otros diez artículos en España Republicana, con alusiones a la escritura popular. En enero publicó el último de la saga de “Cómo conocí a…”, una evocación al poeta uruguayo Julio Herrera y Reissig, fallecido en 1910. Para Alberti, el oriental guardaba una continuidad con la tradición de la escritura exploratoria, a la que el español suscribía y desarrolló detenidamente en esta publicación. Celebró la poesía castellana de Herrera y Reissig, y de otros poetas importantes como Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, influenciados por las églogas grecolatinas de otros autores de gran inspiración para Alberti, como Luis de Góngora o Garcilaso de la Vega: “En 1927, año que los poetas de España dedicamos a la celebración del tercer centenario de la muerte de don Luis de Góngora, el recuerdo del gran poeta uruguayo volvió a reavivarse en algunos de nosotros” (Alberti; 1942a: 6).

Alberti se consideró parte de una generación, entre quienes también estaban Federico García Lorca y Gerardo Diego, que recuperó la poesía lírica y popular de los escritores en lengua castellana. En esta línea, en mayo de 1942, envió otro artículo que recordaba al poeta español Pedro Soto de Rojas (1584-1658), discípulo de Góngora.

Es Pedro Soto de Rojas —como Medina Medinilla, Jáuregui, Espinosa, Bocángel, etc.— uno de esos poetas, injustamente considerados menores, que mi generación, militante incansable contra las cerrazones académicas y rutinarios juicios de los libros de texto, consiguió descarar de esa tierra de olvido o indiferencia, echada sobre ellos desde casi su muerte. (Alberti, 1942c:9)

Además de Soto de Rojas y de Herrera, en julio de ese año se refirió a “Pedro Espinosa, Lengua Andaluza de Agua dulce”. En este artículo mencionó nuevamente a Góngora y destacó las fábulas de Espinosa y de otros poetas bucólicos. “Se humedece el idioma, refrescándose de un enternecido verdor, que a Góngora llega a cuajársele en los cuarzos y piedras más destelladoras, y a Pedro Espinosa a deshacérsele en larga vena líquida, luminosamente reflejada de los tonos más cambiantes” (Alberti, 1942f: 7). Asimismo, explicó que la lengua poética de Espinosa estaba inspirada en las corrientes de agua dulce y los arroyos y en tradiciones arábigo-andaluzas de donde nacían las divinidades y se mezclaban con figuras de la mitología griega. “Desde la antigüedad greco-latina, por obra y gracia de los poetas, los ríos corren enamorados divinamente de las ninfas” (Alberti, 1942f: 7).

El agua y las deidades fluviales se presentaban como privilegiados lugares para la creación, y en esta línea de pensamiento literario, Alberti también publicó una serie de artículos. En uno de ellos, titulado “Ríos de Églogas y Fábulas”, del 12 de septiembre de 1942, realizó un recorrido por otros poetas bucólicos y la influencia que tuvieron en los ríos de España:

A la bucólica del Tajo pertenecen el Jarama, el Henares y el Manzanares. A la del Betis: el Darro y el Genil. A la del Tajo y a su red de afluentes, los poetas: Garcilaso, de la Torre, Figueroa, Cervantes, Lope de Vega, Medina Medinilla, Esquilache… a la del Betis y sus hijos; Herrera, Barahona de Soto, Pedro Espinosa, Soto de Rojas, Esquivel… y hasta el duque de Rivas. (Alberti, 1942i: 6)

Otra colaboración que iba en la línea de los paisajes populares era “De río a río”. Este artículo fue escrito originalmente en Moscú durante 1937 pero se publicó en España Republicana el 8 de noviembre de 1941, en la edición aniversario por la Defensa Republicana de Madrid. Se trataba de un diálogo entre dos ríos, el Manzanares de España y el Moscova de Rusia, con referencias a la Guerra Civil, ya que, según Alberti, el río español “crece, sube entre muertos, entre largas heridas, hasta llegar a ser tan grande como el nombre de la ciudad que ciñe su brazo acribillado” (Alberti, 1941l: 13).

La última nota que envió en 1942 fue “El Agua que Más Vale”, del 19 de diciembre de 1942, en donde la inspiración bucólica desemboca en los recuerdos de la guerra y el exilio. El camino de los ríos lo trasladó a la caída de Cataluña hacia el final de la contienda bélica, cuando el Ejército republicano y el pueblo español tuvieron que huir hacia Francia, comenzando así un largo y penoso destierro:

Y en verdad que así salimos de nuestra patria —quizá quinientos mil—; y que así, casi del mismo modo, salieron ellos de la suya —tal vez cuatrocientos mil—; con la muerte y la vida rota sobre los hombros, pero bañado todo nuestro ser de esa agua esperanzada, sonrosada, olorosa, el agua que más vale, según el viejo rabí castellano de Carrión. (Alberti, 1942j: 6-7)

El “español errante” y el deseo de volver a España

Además del análisis que venimos realizando de los textos que Alberti envió a España Republicana, asociados a una escritura popular y republicana, advertimos que el poeta construyó una figura recurrente: la del “español errante”[8]. Esta idea vinculada al exilio, Alberti la fue entrelazando con los recuerdos de cuatro españoles que asimismo sufrieron, de alguna manera, el destierro: Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pablo Picasso y Miguel de Unamuno.

El discurso del español errante, en constante movimiento, sin un lugar fijo de residencia, se completaba con el anhelo de regresar a la patria perdida, que para estos artistas se presentó como un “horizonte real o imaginario” (de Zuleta, 1999: 9): En este sentido, Alberti se dirigió a los “españoles errantes de ahora, en la prometida estrella del amanecer, en la tierra de retorno, siempre deseada (Alberti, 1942j: 6-7), como expresó en un artículo de 1942.

Asimismo, la noción del errante se asociaba a una confusión ya que los países de acogida de los desterrados tenían cambiadas las estaciones del año, y eran otros los árboles, los ríos y las flores, fuentes de inspiración para la poesía española de tradición popular. Este desconcierto por la nueva posición geográfica que apareció en los artículos para España Republicana también la expresó en algunos pasajes de su autobiografía: “Cuando vivía desterrado en el hemisferio austral, tenía cambiadas las estaciones. En mi pequeña casa —que llamé La arboleda perdida—, en los bosques de Castelar, sentía que el 21 de marzo entraba el otoño, el mismo que aquí señalaba el inicio de la primavera” (Alberti, [1987] 2003: 174). 

Uno de los españoles errantes según la consideración de Alberti era Juan Ramón Jiménez, quien luego de abandonar España se instaló en los Estados Unidos, desde donde colaboró para diferentes publicaciones argentinas, entre ellas la revista Sur. El recuerdo al poeta madrileño en Buenos Aires se le entremezcló con el de Antonio Machado, otro artista que tuvo que huir de la patria española para salvarse de la muerte. Tanto Jiménez como Machado habían defendido la democracia en España y la condición de republicanos los condujo hacia el exilio.

Ahora, aquí, en Buenos Aires, desde este balconcillo sobre el Río de la Plata, entre mis cardenales rojos y mis pobres macetas de geranios ennegrecidos, se me marcha el recuerdo aguas arriba, llevándome, a través de la vieja imagen del Juan Ramón madrileño, alerta en su azotea de madreselvas y campanillas, a la del Juan Ramón actual, sobreviviente por América del tremendo hundimiento español, hermano vivo de aquel pedazo de humana tierra ejemplar sacrificada, Antonio Machado, maestro como él, voz hermosa y errante de nuestra patria. (Alberti, 1941f: 9)

Otro de los personajes que apareció asociado al artista errante fue Pablo Picasso. Alberti lo conoció en 1931 durante uno de los viajes que realizó a París pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios con el fin de investigar el teatro francés y las nuevas vanguardias europeas. El pintor del Guernica ya residía en Francia, pero en los años del conflicto apoyó a la república. Dirigió el Museo del Prado[9] en la Guerra Civil y con la victoria del franquismo pasó a formar parte de la nómina de artistas que, aun desde otro país, fueron expulsados de España. “Nunca jamás un hombre, un español tan alejado de su patria, pudo sufrir desgarro más profundo en sus raíces” (Alberti, 1941j: 8).

La evocación a Picasso le permitió a Alberti contar la vida sacrificada que llevaban los exiliados, que no tenían un sitio fijo donde vivir y estaban sujetos a las bondades del país de destino, o bien a las gestiones políticas, para ser recibidos. De esta manera, le trasladó un agradecimiento: “[…] Vaya para ti, grande y generoso amigo, con mi protesta de español errante, mi doble admiración desesperada: a tu inmenso talento y a tu hombría, gloria los dos de nuestro pueblo pisoteado” (Alberti, 1941j: 8).

Miguel de Unamuno fue otro escritor que estuvo desterrado en París, pero durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En los años en que gobernó el dictador surgieron conflictos con los intelectuales de la época, entre quienes además estaban Fernando de los Ríos y Luis Jiménez de Asúa, y se llevaron a cabo protestas universitarias contra los planes de reforma y el cierre del Ateneo de Madrid. En este contexto, Unamuno fue destituido como catedrático de la Universidad de Salamanca en Madrid y expulsado a partir de abril de 1926. En recuerdo al poeta que murió a los pocos meses de que iniciara el conflicto, Alberti también describió las sensaciones de una espera casi insoportable por volver a su tierra, pero que fortalecía a los exiliados errantes, como él mismo se concebía:

Viejo y enloquecido don Miguel: ¡quién nos diera ahora, a pesar de tus dramáticas contradicciones, de tus infantiles y peligrosas veleidades, escuchar nuevamente tu palabra, cargada de explosivos y pólenes celestes, en medio de estos despiadados temblores que sacuden la tierra y en la zozobra de esta espera que hoy nos hace más duros y más fuertes a los españoles errantes. (Alberti, 1941m: 7)

Durante la primera etapa del exilio de Alberti en la Argentina, el deseo de regresar a España se expresaba constantemente en sus producciones literarias. Tras su arribo a Buenos Aires en 1940, pasó algunos meses escondido en la quinta cordobesa de su amigo Rodolfo Aráoz Alfaro, donde escribió varios artículos en tono nostálgico que se publicaron en España Republicana. En Villa del Totoral, el “viejo pueblecito de Córdoba que me tiene en mi espera de retorno a la patria perdida” (Alberti, 1942b: 6), Alberti anhelaba su patria y encontraba consuelo en los álamos cordobeses que llegaban hasta su morada. Allí también nació Aitana, hija de Alberti y León. Estos recuerdos lo transportaron a la alameda de la casa de Antonio Machado, en donde el sevillano pasaba largas y solitarias tardes. En este sentido, contó en un artículo de marzo de 1942 titulado “De los Álamos en El Totoral”, que la melancolía por Machado y por los recientes episodios de la guerra le generaron la necesidad de dejar su marca como exiliado en uno de los árboles: “Y para que al menos en el recuerdo de éste quede memoria de los pasos y sentimientos de un español errante, grabo, con mi cuchillo de monte en la corteza del tronco más erguido: ‘Alameda de Antonio Machado’” (Alberti, 1942b: 6).

Por otro lado, como decíamos anteriormente, durante esta etapa la añoranza de España y la ilusión por regresar también se advertía en los recuerdos referidos a su posición geográfica. Por ejemplo, en el mismo artículo sobre Machado, expresó ese desorden emocional: “Me desorienta todavía el cielo de este hemisferio austral cuando lo miro. Busco, nostálgico, constelaciones que no encuentro, que yo sé que no están; estrellas familiares, que se quedaron por el otro, esperándome” (Alberti, 1942b: 6).

Asimismo, esta confusión fue expresada detenidamente en otros artículos que envió a España Republicana. Por ejemplo, el 13 de junio de 1942 se publicó “Mientras Allí se Muere en Primavera”, una colaboración en la que el poeta expresó nuevamente un desconcierto. Desde el título del artículo se advierte el contraste entre las estaciones del año de España y la Argentina, lo que habilita un nuevo pensamiento nostálgico sobre la guerra: “Mientras allí se muere en primavera, Buenos Aires sigue anegándose, duro y suave, en el otoño” (Alberti, 1942e: 7).

El abril del hemisferio austral activó una mirada apenada de su patria, donde las flores que allí nacían durante primavera ya no serían fuente de inspiración de la escritura popular, sino que quedarían para las víctimas de la guerra:

¡Ay sí! Mientras acá, perdiéndose de sueño, cabecean las flores, yo sé muy bien que allí, con la primera amapola de los campos, brotan de las trincheras, de los cuerpos caídos, de los labios mojados de las heridas, todas esas minúsculas florecillas silvestres, gala de nuestro abril para la vida, hoy destinadas a los muertos. (Alberti, 1942e: 7)

“Mientras Allí se Muere en Primavera”, España Republicana, 13/06/1942, pp. 6-7. Fuente: Biblioteca Galega de Bos Aires “Antonio Pérez-Prado”.

El análisis de este artículo y de los otros que se describieron a lo largo del capítulo permitió advertir una insistente y necesaria referencia a los artistas españoles como desterrados, errantes, desplazados y desorientados. Además, estos exiliados expresaban un deseo constante por regresar a España y, para el caso de Alberti, su vuelta se concretó en 1977, dos años después de la muerte de Franco, y tras 37 años de la huida por la guerra[10].

Alberti y la República

Los debates sobre la República continuaban sucediendo en la prensa hispánica de la Argentina después de finalizada la guerra española y en esta sección nos detendremos en analizar las reflexiones que envió Rafael Alberti a España Republicana. La publicación difundía un número extraordinario en abril para conmemorar el aniversario de la Segunda República[11] y en él circulaba un gran caudal de opiniones de escritores, políticos y figuras ligadas al republicanismo, que nos permitieron reconstruir algunas de las polémicas que surgían.

Para analizar la concepción de “república” y “patria” que intentó promover Alberti en este medio, es necesario comenzar mencionando que durante el primer bienio republicano (1931-1933) el Partido Comunista de España, al que el poeta ya estaba afiliado, rechazaba la alianza republicano-socialista que existía en el gobierno de Manual Azaña por considerarla contrarrevolucionaria, y proponía en cambio un discurso de revolución proletaria y acción de base a partir de su política orgánica de “clase contra clase” (Juliá, 2004: 9).

Con la conformación del Frente Popular en enero de 1936, y ante el avance de la derecha monárquica en la escena política, el Partido Comunista Español rompió con esa idea y la causa de unión pasó a ser el antifascismo y la defensa de la República. La nueva política había puesto la creación al servicio del pueblo en una acción común que unía a la mayoría de los escritores de izquierda, y en ese nuevo contexto las palabras que aparecieron en el vocabulario de Rafael Alberti fueron “república”, “fascismo” o “libertad” (Juliá, 2004: 2), ideas que desde el exilio le permitieron desarrollar nuevos itinerarios y extender su obra en la Argentina.

El sábado 18 de abril de 1942 se publicó en España Republicana el número extraordinario con motivo del XI aniversario republicano, y allí encontramos un artículo de opinión firmado por Rafael Alberti y María Teresa León[12]. La pareja de escritores discutió sobre tres temas que planteaba el periódico y que preocupaban a los intelectuales vinculados al colectivo español de tradición democrática: los aciertos que había tenido la República antes del inicio de la contienda bélica, los errores cometidos en los años democráticos y, por último, pedían una reflexión sobre las acciones más urgentes a cumplir por la República apenas fuera reinstaurada. Esta última propuesta permite advertir el anhelo constante por regresar que tenían los españoles, al que nos referimos en párrafos anteriores.

Por un lado, destacaron la labor que realizó el Ministerio de Instrucción Pública en la enseñanza libre y en la formación de ciudadanos, que dio origen a experiencias culturales como las Misiones Pedagógicas o La Barraca. Durante la Guerra Civil, Alberti y León continuaron con acciones similares que les permitieron un acercamiento al pueblo a través de obras de teatro itinerante, y de revistas de estilo revolucionario. Además, la política de transmisión cultural que promovía el gobierno les había permitió acceder a una beca para estudiar el teatro de vanguardia en Europa y poder vincularse con algunas figuras importantes de pensamiento republicano.

Sin embargo, en sintonía con el pensamiento que propagaba el comunismo durante esos años, consideraron que la República Española de 1931 “tuvo aspiraciones tradicionales muy siglo XIX” (Alberti y León, 1942: 9) ya que, entre otros puntos, no había tomado en cuenta la voz del pueblo en su propuesta de gobierno, una acción fundamental para los artistas que se habían formado junto a los escritores de izquierda.

Además, reclamaron una “falta de visión política para desarmar a las derechas que minaban el régimen con la fuerza de su antiguo poder económico: la reforma agraria” (Alberti y León, 1942: 9). La Ley de Reforma Agraria de 1932 permitió el asentamiento de algunos cultivos, pero el programa fue muy resistido por algunos bloques de poder en España ya que, a diferencia de otras naciones de Europa, la tierra no estaba en manos de la nobleza o de la Iglesia, sino de una burguesía propietaria. El proceso de resistencia de pequeños y medianos productores agrícolas facilitó el ascenso de la derecha monárquica en el poder, debido a que defendió los intereses de estos sectores (Casanova; Gil Andrés, 2009: 103).

Por último, la ilusión por recuperar los derechos en España era un deseo común en estos artistas. Para el día de la restauración, Alberti y León pedían “unir las fuerzas dispersas de todos los españoles” (Alberti y León, 1942: 9) que se encontraban perdidos o desterrados en diferentes lugares del mundo, como parte de una comunidad que trascendía las fronteras nacionales.

Rafael Alberti también reveló parte de su pensamiento político sobre la patria española en otros artículos que envió a España Republicana. Por ejemplo, en “Un manuscrito de José Bergamín”, del 15 de agosto de 1942, recordó algunos episodios de la Guerra Civil y, retomando el escrito de Bergamín, celebró los actos de justicia que hizo un grupo de mujeres católicas contra quienes traicionaron a la República y colaboraron con los militares sublevados, “donde el dolor de una madre, ante sus niños asesinados, llega a convertirse en un inacabable lamento de desesperación” (Alberti, 1942h: 7). Asimismo, en otro artículo publicado el 30 de mayo de 1942 mencionó al escritor francés Louis Aragon —a quien conoció en Moscú, como contó en sus memorias[13]—, para recordar los días que pasó escondido en París en la casa de su amigo Pablo Neruda, y relató las sensaciones de angustia e incertidumbre que cargaban los exiliados: “Hundimos precipitadamente los fantasmas, encerrándolos de nuevo en las maletas y baúles que pudimos encontrar” (Alberti, 1942d: 7).

Por su parte, también pudimos reconstruir otras consideraciones de Alberti sobre la España republicana en las colaboraciones para la revista Sur, publicación que trataremos en detalle en el próximo capítulo. En la concepción de “república” que divulgó en esa revista argentina advertimos una nueva característica, fundada en un rechazo a la educación religiosa. Alberti defendía la formación laica y consideraba que las instituciones católicas habían apoyado la ideología fascista. En este sentido, es importante recordar que durante la Guerra Civil el gobierno republicano se había enfrentado al poder de la iglesia y de los católicos, que crecía con fuerza desde antes del golpe, con la agrupación de miles de clérigos y curas que luchaban contra los enemigos de Dios y de España.

El poeta ya había manifestado su posición sobre la educación católica en los artículos difundidos en las revistas revolucionarias durante la Guerra Civil, como Octubre, El Mono Azul y la valenciana Hora de España, en donde denunciaba a los curas que habían defendido el fascismo: “Alberti, como otros intelectuales, situó ese discurso en la tradición popular de lucha por la libertad y la independencia contra un enemigo identificado como invasor y traidor: curas, militares, banqueros, fascistas, al servicio de Alemania e Italia, nuevos invasores” (Juliá, 2004: 17).

En abril de 1940 la revista Sur adelantó la primera parte de sus memorias La arboleda perdida, que comenzó a escribir durante la guerra y cuyo primer tomo se publicaría en 1942. En este avance para Sur recordó con desagrado la educación religiosa que recibió en las instituciones educativas de su infancia. Asistió al Colegio de las Carmelitas, escuela de Doña Concha, una maestra “fea, severa y antipática”, como la calificó en este artículo, y también estudió en el Colegio San Luis Gonzaga de la Compañía de Jesús, pero fue expulsado antes de finalizar el cuarto año del bachillerato.

Reveló que sufrió una rígida educación también inculcada por sus tíos, a quienes consideró “católicos maniáticos” (Alberti, 1940b: 24). Para Alberti, el clero era “reaccionario” y “salvaje” y la patria española debía liberarse del pensamiento religioso:

[…] quiero consignar una vez más en mi obra la repugnancia que siento por este último espíritu católico español, reaccionario, salvaje, que nos entenebreció desde niños los azules del cielo, echándonos cien capas de ceniza, bajo cuya negrura se han asfixiado tantas inteligencias verdaderas. (Alberti, 1940b: 35)

O como explicitó Guillermo de Torre en la crítica que más tarde hizo sobre el libro en Sur, “cómo una opresiva educación religiosa engendra la repugnancia si no la fobia clerical” (de Torre, 1942: 111).

Por otro lado, en este fragmento de memorias Alberti también recordó algunas figuras de su infancia, a las que vinculó con fechas importantes para la República, como fue la ofensiva en Madrid de noviembre de 1936, cuando las milicias populares del V Regimiento defendieron la ciudad capital, o la noche en la que cayó Barcelona durante enero de 1939. En estas añoranzas, hizo referencia a Federico, el arrumbador gaditano de su pueblo; a Paca Moy, la sirvienta que lo cuidaba de niño; y a su tío Vicente, el hermano de su abuelo materno. Estos personajes fueron de inspiración para la escritura popular y la poesía teatral lírica o dramática que más tarde adoptó Alberti.

Con respecto a su tío Vicente, Alberti entrelazó algunos diálogos que tuvo con él con los recuerdos a los bombardeos durante la guerra, y al clima cruel que azotaba a Madrid durante los días de defensa, como también sucedió la noche del 26 enero de 1939 con la definitiva derrota de Barcelona:

¿Te tapas los oídos? Es tu sobrino quien te grita. Desde Madrid. ¿No bajas? ¿Vas acaso camino de Cádiz, de Sevilla, o de Burgos? (Esta noche ha caído Barcelona) ¿Te alejas? ¡No me quieres ni ver! ¡Te avergüenzas de mí, tío! ¡Mi pobre tío! ¡Adiós! Voltaire y Zola me comprenden. (Alberti, 1940b: 34)

En el siguiente capítulo, abordaremos un análisis del resto de los artículos que Rafael Alberti envió a la revista Sur.


  1. El Patronato también editó las otras conferencias: “Una misión pedagógica-social en Sanabria”, de Alejandro Casona; “La política de no intervención”, de Augusto Barcia; “Centenario de Emilio Zola”, de Ricardo Baeza; “Gloria y Pasión de Antonio Machado”, de Manuel Blasco Garzón; “Abril de 1931 en Valencia (Historia de dos días)”, de Mariano Gómez; “Unamuno y la España de su tiempo”, de Jacinto Grau; “Anécdotas de las Constituyentes”, de Luis Jiménez de Asúa; “Las últimas veinticuatro horas de Francisco Layret”, de Francisco Madrid; “La guerra de España y los católicos”, de Ángel Ossorio; “La reconstrucción económica de España”, de Manuel Serra Moret y “Las elecciones del Frente Popular”, de José Venegas.
  2. Ver “María Teresa León en España Republicana: La mujer, los escritores, la guerra. Una lectura a partir de sus artículos de 1941 y1942”, disponible en bit.ly/3q6Ft2Q (Funes, 2020).
  3. Alberti continuó publicando en los años subsiguientes. Por ejemplo, en 1943 envió siete artículos: “El Agua y la Métrica Ítalo-Española”, “Una égloga y tres paisajes”, “Cuando Machado Dejó Madrid”, “Un Corazón al Desnudo”, “Galdós, Historiador del Futuro”, “’Numancia’, tragedia de Miguel de Cervantes, en tierra americana”, “El General Riego, Amigo de América”.
  4. Durante estos dos años se produce un importante crecimiento en suscripción, publicidad y venta en el periódico: “En el año 41 nuestras cifras registran un aumento del DIECIOCHO POR CIENTO con relación a las del 40 y del CIEN POR CIENTO en relación a las de 1937” (España Republicana, 1942b: 8). Para 1943, algunos periódicos pro republicanos sufrieron censuras por las presiones ejercidas por el gobierno de Franco. Además, 1943 fue un año de inestabilidad política en la Argentina y en junio sucedería el Golpe militar que derrocaría al presidente Castillo.
  5. “Rafael Alberti y María Teresa León, símbolos de la Democracia, están de paso en Buenos Aires” (La Hora, 3 de marzo de 1940). Referencia obtenida del libro de Enrique Llopis.
  6. Además de los artistas que aparecieron en España Republicana durante los años analizados, en este libro incluyó a otros como Salvador Rueda, Miguel Hernández, Máximo Gorki, Manuel de Falla, Azorín, Ortega y Gasset y Almotamid, así como el artículo “Ríos de Églogas y Fábulas”.
  7. Olivar, revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.
  8. Esta noción tiene su origen en el sintagma del “judío errante”, antigua figura que recorrió la literatura y el arte popular.
  9. El Museo del Prado fue bombardeado durante la guerra y las obras de importante valor cultural debieron ser evacuadas por el gobierno republicano desde Madrid a Valencia. El salvataje de las obras de arte lo explicitó, por ejemplo, María Teresa León en La historia tiene la palabra. Noticia sobre el salvamento del tesoro artístico de España, en 1944 (Buenos Aires, PHAC, Cuadernos de Cultura Española).
  10. Alberti, junto a su familia, abandonó la Argentina en 1963 y se instaló en Roma, a la espera de que cayera la dictadura franquista.
  11. Recordemos que fue proclamada el 14 de abril de 1931.
  12. En esa edición también aparecieron las opiniones Guillermo de Torre, Alejandro Casona, Francisco Madrid, Clemente Cimorra, Francisco Ayala, Arturo Serrano Plaja, Manuel García Gerpe, Tirso Lorenzo, Manuel Serra Moret, Augusto Barcia, Manuel Blasco Garzón, Ángel Ossorio, José Venegas, entre otros.
  13. “Cuando yo conocí a Louis Aragon aquella gélida noche moscovita, era ya el comunista apasionado, arbitrario, colérico, casi terrible, separado hacía tiempo de casi todos sus amigos, los valientes iniciadores del movimiento superrealista capitaneado por André Breton” (Alberti, [1987] 2003: 129).


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