“Mientras allí se muere en primavera,
Buenos Aires sigue anegándose,
duro y suave, en el otoño”.
(Rafael Alberti “Mientras Allí se Muere en Primavera”,
España Republicana, 1942)
La derrota del bando republicano en la Guerra Civil española provocó el asesinato, la persecución y el exilio de los españoles que habían tenido algún vínculo con el gobierno democrático de España. Quienes pudieron, cruzaron la frontera hacia Francia enfrentándose con duras condiciones de vida, y los que lograron exiliarse en América, se refugiaron en países como la Argentina, Cuba, Estados Unidos y en mayor medida en México, a la espera de que cayera la dictadura impuesta por Francisco Franco.
A partir de 1939 arribó a Buenos Aires un grupo de artistas comprometidos con el republicanismo español, que continuaron sus trabajos en nuestro país pero que, para el caso de algunos de ellos, viviendo la experiencia del exilio, generaron nuevas temáticas y expresiones vinculadas a la guerra, el destierro, la nostalgia y al anhelo de regresar a España.
Argentina se presentaba como un país conocido para muchos peninsulares españoles. El mercado editorial argentino ya era vigoroso desde principios de siglo XX, debido a que había un ámbito cultural dinámico que dio lugar a agrupaciones, revistas y proyectos literarios importantes. También aparecía un público lector cada vez más amplio y diversificado como consecuencia de una movilidad social ascendente.
En la década del treinta se puede reconocer una generación de españoles que ya participaba activamente en el mercado local. Además, en nuestro país existían varios grupos intelectuales, entre ellos el compuesto por Victoria Ocampo, Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges, entre otros, nucleados alrededor del Grupo Sur.
Entre los más prominentes que podemos citar, llegaron exiliados a la Argentina Rafael Alberti, María Teresa León, Clemente Cimorra, Francisco Ayala, Ramón Gómez de la Serna. Aquí, se encontraron con españoles que ya residían en Buenos Aires, como Guillermo de Torre, Amado Alonso, y con otras personalidades, como el dominicano Pedro Henríquez Ureña o el mexicano Alfonso Reyes, quienes cumplieron un rol importante en la construcción de los lazos de sociabilidad de los intelectuales durante principios del siglo XX. Anteriormente, Ayala, Gómez de la Serna y de Torre ya habían realizado viajes a nuestro país. También María Teresa León había estado en la Argentina durante 1928.
Como sostiene Emilia de Zuleta, a la Argentina “llegaban los exiliados a un territorio donde se había venido produciendo la más prodigiosa operación de mestizaje de los tiempos modernos, y como parte de ella, aquel ejército innumerable de españoles del pasado ya había dejado huellas en la tierra y, sobre todo, habían nutrido una fecunda intrahistoria de habla, valores, costumbres, sentimientos y actitudes” (Zuleta, 1999: 99).
El escritor Guillermo de Torre llegó al país en 1927. Fue uno de los fundadores del movimiento Ultraísta[1], al que más tarde Rafael Alberti adscribiría, y secretario de la revista Sur desde su fundación en 1931 hasta 1938. En 1927 arribó el filólogo Amado Alonso, que dirigió el Instituto de Filología de la UBA hasta 1947.
Uno de los arribos más importantes para esos años lo constituyó el de José Ortega y Gasset. En 1928 viajó por segunda vez a la Argentina y estableció una relación importante con Victoria Ocampo, que años más tarde fundó Sur. Ocampo contó en el número inicial de la revista (verano de 1931) que fue el español quien le sugirió el nombre de la publicación. La primera visita de Ortega a nuestro país había sido en 1916, acompañado por su padre, invitados por la Institución Cultural Española, constituida dos años antes. Volvió a la Argentina en 1939, pero ya distanciado de los grupos porteños.
En su segundo viaje, Ortega adquirió un pensamiento adaptado a los acontecimientos mundiales, con las nuevas concepciones filosóficas y literarias que surgían en ese período[2]. Esta visita fue apoyada por la Institución Cultural Española y por otras entidades, como la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y la exclusiva Sociedad de Amigos del Arte:
En presencia del Presidente Alvear y de su esposa, Regina Pacini, del embajador de España Ramiro de Maeztu, del embajador de Méjico, don Alfonso Reyes; de Avelino Gutiérrez y el Presidente de la Cultural Federico Iribarren y de las más salientes figuras de los círculos diplomáticos, intelectuales, periodísticos y sociales, Ortega inició su ciclo en Amigos del Arte con un ‘Preámbulo sobre qué es nuestra vida’. Consciente de que la Asociación que lo invitaba estaba relacionada con el Arte, con la vida misma en su totalidad, el tema era adecuado para las circunstancias y el entorno. (Campomar, 2009: 539)
Una de las preocupaciones intelectuales durante esos años estaba relacionada con el problema de la acción directa[3]. Ortega consideraba que el pensador no debía involucrarse en las discusiones políticas ya que entendía que se trataba de dos actividades opuestas. Cuando el mundo comenzó a dividirse entre los que apoyaron al fascismo y quienes optaron por el comunismo, Ortega terminó alejado de esa escena.
Otros viajes culturales que influenciaron la creación del proyecto cultural de Sur fueron los de Waldo Frank. El escritor norteamericano arribó a la Argentina durante la década del veinte y mantuvo encuentros con Victoria Ocampo, referenciados por la escritora en las primeras ediciones de la revista. Frank volvió a viajar al finalizar la Guerra Civil española, momento en que dictó conferencias a favor del republicanismo español.
Las tensiones políticas que separaron las aguas entre los pensadores de ese entonces estuvieron influenciadas por el ascenso del fascismo y por la creación de un nuevo entorno social que dotó al artista de una conciencia basada en una cultura crítica. A comienzos del siglo XX, ante el crecimiento de las masas y la participación de éstas en la vida cultural, también surgen las vanguardias y los nuevos lenguajes para las artes. Este nuevo escenario provocó “la toma de conciencia por parte de algunos artistas de que los nuevos lenguajes de la vanguardia podían servir, no solamente para enterrar la vieja sociedad, como pretendía Dadá, sino para la construcción de una nueva cultura de masas que contribuyese a transformar el mundo” (Fontana, 2017: 125).
Luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), esa conciencia estará más presente en los ambientes culturales argentinos, como sucedió durante la Reforma Universitaria de 1918. Sin embargo, los escenarios de sociabilidad comenzarán a constituirse principalmente en diarios, revistas o en los cafés[4].
Entre las figuras hispanoamericanas de esos años, destacamos algunos nombres, como los de Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, que comenzaron a tejer redes a partir de viajes y encuentros culturales. Reconstruir estas redes nos permitió reconocer algunas inserciones y alejamientos de los exiliados españoles en los escenarios de sociabilidad de la Argentina:
Tanto Pedro Henríquez Ureña como Alfonso Reyes fueron generadores de “redes”. La noción de red intelectual indica una forma de sociabilidad y una cadena de contactos e interacción entre artistas, gente de letras, editores y otros tipos de agentes culturales, ligados por convicciones ideológicas o estéticas compartidas. La red nos hace ver modos de comunicación y circulación de ideas entre individuos y grupos localizados en diferentes lugares. (Altamirano, 2010: 19)
Con respecto a las revistas culturales, éstas se presentaron como formaciones significativas para la vida intelectual. Organizaban debates y definían las posiciones bajo un orden de disputa por la pertenencia y la permanencia en las publicaciones. Desde esta perspectiva, como propone María Teresa Gramuglio (2010), intentamos examinar la revista Sur, y también la publicación periódica España Republicana, dos medios en los que el poeta español Rafael Alberti colaboró durante la primera etapa de su exilio en la Argentina.
Como explicó Santos Juliá (2004), Alberti formó parte del grupo de jóvenes que irrumpieron en la escena española entre los años de la caída de la dictadura y los primeros meses de la Segunda República[5] y que tomaron más protagonismo durante la Guerra Civil, con el fin de crear una nueva relación con la política. Para Alberti y otros artistas, la escritura se presentó como el espacio de expresión del pueblo español, lo que dio surgimiento a proyectos literarios como Octubre, El Mono Azul y Hora de España. Esta nueva relación se fundaba en la lucha contra el enemigo en común, que era el fascismo. En 1936, con la formación del Frente Popular, el pensamiento se extendió hacia una gran mayoría de escritores de izquierda:
Ahora todos se apuntaban a la misma causa, que era la defensa de la República y del pueblo ante el avance del fascismo en España. La identificación del intelectual con el pueblo, tan buscada desde los primeros años treinta, tiene ahora su primera expresión en el retorno a la concepción del intelectual como voz del pueblo. (Juliá, 2004: 17)
Entre los trabajos más destacados de Rafael Alberti se ubica una gran producción de libros de poemas y otras obras literarias. También se desempeñó como editor, traductor, escribió obras teatrales y publicó artículos en revistas y periódicos, los que en algunos casos llegó a dirigir.
En 1917, con 14 años, se trasladó a Madrid junto a su familia desde el Puerto de Santa María (Cádiz) y es en Madrid donde años más tarde conoció a la escritora, directora de teatro, actriz y traductora María Teresa León. Allí también se vinculó con los artistas de vanguardia. Colaboró para revistas europeas en un momento en el que se destacaban el cubismo y el futurismo. De esta manera, divulgó poemas en las revistas vinculadas a la Generación del 27 (Abril, 1990: 88), como la ultraísta Horizonte, que dirigía Pedro Garfias; Ultra, nacida en 1921 y encabezada por Guillermo de Torre y donde también había enviado algunos artículos Jorge Luis Borges; Alfar, dirigida por el uruguayo Julio Casal; Litoral, codirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre; y Carmen y Lola, ambas a cargo de Gerardo Diego. Una de las participaciones de Alberti más importantes de estos años fue en la Revista de Occidente, la publicación fundada y dirigida por Ortega y Gasset en 1923. También envió poemas a La Gaceta Literaria, la revista madrileña que circuló entre 1927 y 1932.
Se afilió al Partido Comunista en 1931[6] y dos años más tarde fundó, junto a María Teresa León, la revista revolucionaria Octubre, en la que colaboraron algunas figuras como Antonio Machado. Durante la Guerra Civil integró la dirección de Hora de España, que se editó en zona republicana desde febrero de 1937 hasta octubre de 1938 y con León también estuvo al frente de El Mono Azul, surgida de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Además, juntos organizaron las Guerrillas del Teatro, un grupo de actuación itinerante y voluntario que se adaptó a las circunstancias de guerra[7].
Antes de su llegada al país, la obra de Alberti ya era valorada en los círculos locales. El suplemento literario de La Nación publicó poemas suyos a partir de 1928, junto a otros de García Lorca, Moreno Villa, Salinas y Guillén, y también envió algunos artículos a los medios argentinos sobre los viajes que realizó para estudiar el teatro europeo durante 1931 y 1934. “Emilia de Zuleta ha destacado la elogiosa crítica a la poesía albertiana publicada por Gerardo Diego en Criterio (1928) y Síntesis (1929), así como las reseñas de su obra que hacía Guillermo de Torre en Sur” (Pochat, 1990: 27).
Rafael Alberti llegó a la Argentina en marzo de 1940 y su presencia se extendió hasta 1963. Había partido desde Francia —donde permaneció exiliado diez meses— en febrero de ese mismo año con destino a Chile, pero finalmente se quedó junto a María Teresa León en Buenos Aires. Durante la primera etapa de su exilio en el país colaboró para la revista Sur y para otras publicaciones de la tradición migratoria española, entre las que nos detendremos en España Republicana, el órgano de prensa del Centro Republicano Español de Buenos Aires.
La labor cultural y literaria del poeta español en el destierro ha sido registrada en varias investigaciones que serán retomadas en este trabajo. Sin embargo, consideramos que aún queda por realizar un trabajo importante para los estudios sobre la diáspora y la prensa de publicación periódica, que es el de reconocer nuevas redes de contención para los desplazados, y analizar las trayectorias que trazaron, a partir del estudio de las colaboraciones divulgadas. Esto permitirá advertir nuevos ámbitos de escritura y circulación entre España y Argentina.
El período que toma esta investigación abarca entre 1940 y 1945 para el caso de Sur. En esta revista, Alberti publicó quince artículos, la mayoría poemas que más tarde agrupará en sus libros más importantes, como Entre el clavel y la espada (Buenos Aires, Losada, 1941), Pleamar (Buenos Aires, Losada, 1944) y A la pintura (Buenos Aires, Losada, 1948). También adelantó un capítulo de la primera parte de su autobiografía La arboleda perdida[8] (Ciudad de México, Séneca, 1942). Estas producciones también fueron reseñadas en Sur por escritores como Eduardo González Lanuza, Guillermo de Torre y César Fernández Moreno, quien comentó su selección de Églogas y fábulas castellanas (Pleamar, Buenos Aires, 1944).
La producción literaria de Rafael Alberti en esos años como desterrado además era comentada en la publicación periódica España Republicana, donde el poeta divulgó veinte artículos durante 1941 y 1942, diez durante cada año. En este caso, el análisis no se extiende hasta 1945 porque se considera al periodo 1941-1942 como un bienio de intensa actividad cultural para el Centro Republicano Español de Buenos Aires, para el propio Alberti y para la publicación, que obtuvo en dichos años un importante crecimiento en suscripción y venta.
De esta manera, en España Republicana se adelantaron fragmentos de Entre el clavel y la espada y fueron comentadas sus memorias autobiográficas. Asimismo, Alberti participó en las charlas y conferencias que organizaban las entidades republicanas, lo que le permitió vincularse a las redes de la comunidad hispánica en la Argentina.
Con respecto a las fuentes de archivo y al material hemerográfico, se accedió a los ejemplares de la revista Sur que se utilizaron para esta investigación a través del catálogo online de la Biblioteca Nacional Argentina y también de los fondos documentales de la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras de la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo, se consultó una selección de números correspondientes al periodo de la Guerra Civil española de los diarios argentinos más importantes de la época, como La Nación, La Prensa, Crítica, obtenidos de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Argentina. Además, la Biblioteca Nacional, por medio del Departamento de Archivos (Fondo Editorial Sarmiento) facilitó para este trabajo documentación periodística sobre Rafael Alberti.
Para confeccionar el corpus de artículos que Alberti publicó en Sur nos basamos en el Índice que editó la revista para el período 1931-1966. El volumen fue publicado junto al número 303-305 (nov. 1966-abr. 1967), y abarcó los primeros treinta y cinco años de circulación[9]. Este material se consultó en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de esa facultad. Dichos institutos fueron fuente de consulta bibliográfica para el análisis de Sur.
El material de España Republicana, producto de una investigación de archivo, se relevó de la Biblioteca Galega de Bos Aires “Antonio Pérez-Prado”, de la Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina, y de la Biblioteca Nacional Argentina. La Biblioteca Galega conserva algunos fondos que pertenecían al Centro Republicano Español de Buenos Aires, como las fichas de ingreso y diversos documentos. Otra parte del acervo cultural se halla en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca (CDMH). Gracias a los contactos establecidos con el centro documental se pudieron obtener los libros de actas del Centro Republicano para el período elegido. Asimismo, es importante destacar que un grupo de investigadoras e investigadores vinculados a la Universidad Nacional de La Plata continúa con un proyecto de digitalización de ejemplares de España Republicana, que se pueden consultar a través del sitio web https://transhemisferica.com.ar/.
Por último, gracias a la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España pudieron ser analizadas algunas revistas españolas que se tomaron en cuenta para este trabajo, como El Mono Azul y Hora de España, que circularon durante los primeros meses de la Guerra Civil y fueron codirigidas por Rafael Alberti.
Con relación a los objetivos de la investigación, nos centramos en reconstruir la producción literaria —catalogación, clasificación, análisis y comparación— de Rafael Alberti en Sur y en España Republicana en los años seleccionados. Por un lado, a partir del estudio de los artículos que divulgó en el medio español durante 1941 y 1942, logramos reponer nuevas zonas del pensamiento literario y político del poeta. El análisis de estas notas permitió reconocer las ideas que establecía Alberti para referirse al exilio, y registrar las disputas y los debates más trascendentes que promovía el periódico.
En este sentido, la noción de “república” según Alberti mereció un análisis detallado. El poeta fue protagonista de la escena artística durante los años republicanos, momento en que se afilió al comunismo y se vinculó a las asociaciones demócratas y a los escritores de izquierda. En relación con esto, se aspiró a reconstruir la concepción de “república” tomando como referencia sus escritos y ubicarlo en el debate generalizado que había circulado en la prensa de la Argentina durante los años de Guerra Civil.
Para el caso Sur, analizamos en profundidad los artículos que Alberti publicó durante 1940-1945 y además examinamos los ejemplares en los que colaboró. De igual forma, con el fin de describir la inserción del español también en el medio porteño, se estudiaron los índices y las temáticas principales de los setenta números del período —fue bimestral en mayo-junio de 1943 y en marzo-abril de 1944—.
Por un lado, nos interesó profundizar en la noción de “destierro”. Rafael Alberti se refirió constantemente a los largos años que vivió desterrado en América y en este sentido fue necesario reconocer cuáles eran las figuras que aquí construía el poeta para relatar el exilio. Asimismo, el escritor se encontraba en la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, cuestión que en el país causaba controversias dentro de la elite nacional. Entonces fue significativo estudiar la concepción del fascismo que aparece en sus textos.
Por último, fue preciso realizar una lectura diferencial de los textos que circularon en ambas publicaciones ya que esto nos permitió advertir las elecciones estéticas y políticas que hizo el poeta, y también las que se suscitaron en ambos medios.
Para el momento de la llegada de los exiliados españoles, el mercado editorial argentino era de los más importantes de Iberoamérica y el proceso de conformación de los principales sellos editoriales fue analizado por diferentes autoras y autores, fundamentales para nuestra investigación[10].
Durante los años de la creación de las primeras editoriales circulaba en nuestro país gran cantidad de revistas y productos literarios y con la llegada de los españoles fueron surgiendo otros más. Beatriz Sarlo llevó a cabo varias investigaciones al respecto. Entre sus publicaciones, se destaca Una modernidad periférica. Buenos Aires 1920 y 1930 (Buenos Aires, Nueva Visión, 1988), donde describió los proyectos culturales de la década. Junto a Carlos Altamirano publicó Ensayos Argentinos. De Sarmiento a la Vanguardia (Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983), y aquí le dedicó un capítulo a Sur, “La perspectiva americana en los primeros años de Sur”, incluido previamente en el dossier que la revista Punto de Vista, de la que Sarlo fue directora[11], le dedicó a Sur (abril-julio de 1983).
En el escrito, la autora se propuso estudiar la formación interna del grupo Sur con el análisis de artículos de doce números aparecidos entre enero de 1931 y enero de 1936. Sostuvo que en esos primeros cinco años Sur introdujo una “flexión elitista” (Sarlo, 1983: 10) en una zona de problemas que también interesaba a otros sectores del campo intelectual, como las traducciones, la cultura europea y la lengua extranjera. Entre estos debates se destacaba la cuestión del americanismo, central para Victoria Ocampo y el grupo inicial. Sarlo consideró que al no tener en cuenta la desigualdad entre América Latina y Estados Unidos, esta preocupación definió una ideología de clase. La importación norteamericana se transformó en un “voluntarismo cultural” (Sarlo, 1983: 10), que tomó la forma de traducción.
En esa misma edición de Punto de Vista, María Teresa Gramuglio publicó el artículo “Sur, constitución del grupo y proyecto cultural” y allí explicó que era necesario revisar la perspectiva que adscribía a la revista una concepción burguesa de la literatura o como portavoz de la oligarquía. Las diferencias y tensiones internas en Sur (que también se daban en los materiales) se manifestaron no solamente en las cuestiones referidas a la política, sino incluso en algunas elecciones y preferencias estéticas. Bajo este aspecto se analizó la inserción y el alejamiento de Rafael Alberti de Sur.
El tercer artículo que apareció en el dossier de Punto de Vista fue “Un acuerdo de orden ético”, de Jorge Warley, quien se refirió a la existencia de una serie de coincidencias intelectuales y éticas entre los integrantes nacionales y extranjeros de Sur.
El Centro de Historia Intelectual de la Universidad Nacional de Quilmes profundizó notoriamente los estudios sobre este campo y una parte de esa labor se vio reflejada en los dos tomos de la Historia de los intelectuales en América Latina, dirigidos por Carlos Altamirano. El segundo volumen, titulado Los avatares de la “ciudad letrada” en el siglo XX (Buenos Aires, Katz, 2010) dedicó varios capítulos referidos a la intelectualidad española y al mundo editorial. Entre ellos, podemos destacar nuevamente el trabajo de María Teresa Gramuglio: “Sur. Una minoría cosmopolita en la periferia occidental”. En este texto, la autora indagó sobre el ingreso de los escritores a la red de relaciones personales de Victoria Ocampo y reconoció algunas disposiciones comunes (en el sentido bourdieano) entre los integrantes del Grupo Sur, como por ejemplo la educación, para que esa trama de relaciones se cristalizara en un grupo cultural. Gramuglio sostuvo que sin Victoria Ocampo no hubiera existido Sur, pero el grupo tampoco hubiera aparecido sin la revista. “En otras palabras: fue Sur lo que dio nacimiento al grupo, y no a la inversa” (Gramuglio, 2010: 197). Según la autora, Sur no difundió manifestaciones de la cultura popular con el fin de mantener ciertos estándares. Reconoció un rechazo al populismo y a la masificación de la cultura y la creación de una “elite de escritores”, que no fue homogénea ya que “en el interior de la revista se recortaron figuras y subgrupos con diversas posiciones ideológicas y sobre todo estéticas que coexistieron en forma no siempre pacífica” (Gramuglio, 2010: 195).
Encontramos otros trabajos de María Teresa Gramuglio sobre la revista Sur. En el libro La cultura de un siglo: América Latina en sus revistas dirigido por Saúl Sosnowski (Buenos Aires, Alianza Editorial, 1999) publicó el capítulo “Hacia una antología de Sur. Materiales para el debate” y expuso algunas de las temáticas que preocuparon a Sur en los años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): la necesidad de establecer un puente con Europa y la importancia de conocer la cultura extranjera y difundir a los escritores argentinos en el exterior.
En la Argentina. el presidente Roberto Ortiz había promovido la política de neutralidad, y Ramón Castillo —vicepresidente, que asume la presidencia por la enfermedad y muerte de Ortiz— continuó en esa línea. Como Alberti publicó sus textos durante el desarrollo de la guerra europea, también tomamos en cuenta el libro de Nora Pasternac: Sur, una Revista en la Tormenta. Los años de formación 1931-1944 (Buenos Aires, Paradiso, 2002). Al iniciarse la guerra, las preferencias “franquistas” o “republicanas” se transformaron en “germanófilas” o “aliadófilas”, respectivamente. A partir de ese momento se instaló la política en Sur, y se declaró el apoyo al bando aliado, una postura mucho más clara que la exhibida durante la Guerra Civil española con el bando republicano[12].
En ese sentido, si bien nuestra investigación se centra en otro recorte temporal, es preciso mencionar el trabajo de Raquel Macciuci titulado “La Guerra civil española en la revista Sur” (2004)[13] y publicado en la revista Sociohistórica de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. La especialista estudió la representación de la Guerra civil española de 1936-1939 y el posicionamiento de la revista Sur durante el conflicto a partir de la lectura de los números aparecidos en esos años.
Encontramos otro artículo de N. Pasternac, “La revista Sur y el exilio literario español” (2003). En este texto, la autora explicó que algunos colaboradores de Sur se comprometieron con la acción directa —y en este grupo podemos ubicar al propio Alberti—, pero otros escritores intentaron mantenerse al margen de la política: “Aun así no fue una actitud común en la vida de los colaboradores de Sur, que sostuvieron con vehemencia la necesidad de mantenerse alejados de la política inmediata y partidaria, proyecto que trataron de llevar a la práctica sin conseguirlo totalmente siempre” (Pasternac, 2003: 6).
Tomando en cuenta las características de la investigación, es importante remarcar que el estudio de la prensa, y de la revista Sur en particular, se vinculó necesariamente con la experiencia del exilio de Alberti y de los españoles, y de manera más general, con las tramas asociativas de la inmigración española en Argentina. En este sentido, nos apoyamos en una serie de investigaciones precedentes que han aportado nuevos saberes sobre esta temática.
Dora Schwarzstein publicó en 2001 Entre Franco y Perón, donde analizó el proceso del exilio en Argentina reparando en la conformación de las identidades a partir de fuentes orales. Con esta metodología, la autora se preocupó por “la reconstrucción de las experiencias del conjunto de la comunidad de exiliados republicanos instalados en la Argentina”. (Schwarzstein, 2001: 13). El trabajo de Schwarzstein permitió reconocer un cambio de paradigma en los estudios del exilio para comenzar a comprenderlos desde marcos migratorios. La autora invitó a relacionar los procesos históricos entre sí y estudiar la vinculación entre los exiliados españoles y los españoles que habían emigrado previamente, a través de entidades culturales, redes de contención y otras experiencias:
El abordaje de los estudios migratorios ha experimentado una profunda transformación desde la década de 1960. Los nuevos enfoques han desplazado la vieja concepción del emigrante como un sujeto pasivo determinado por factores económicos, políticos o culturales por una visión que intenta priorizar las motivaciones y acciones de los propios protagonistas. (Schwarzstein, 2001: 16)
En 2010, Bárbara Ortuño Martínez publicó “El exilio y la emigración española de posguerra en Buenos Aires, 1936-1956”[14]. Esta investigación nos habilitó a registrar las principales instituciones de la colectividad española en Buenos Aires al momento de la llegada de los exiliados, y entre ellas destacamos la labor realizada por el Centro Republicano Español de Buenos Aires.
Por su parte, Laura Fasano divulgó en 2013 “Los exiliados republicanos en Buenos Aires: Labor política y cultural en el ámbito de la comunidad gallega: 1936-1955”[15], en donde profundizó sus estudios sobre los vínculos establecidos por un grupo de republicanos en la comunidad gallega de Buenos Aires, a través de la actual Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina y de otras entidades galaicas de carácter microterritorial. Gracias a ello, identificamos los principales proyectos periodísticos desplegados por los exiliados y analizamos la labor solidaria del asociacionismo español durante la Guerra Civil, y luego con la llegada del conjunto de los desterrados. Entre estos emprendimientos, destacamos Pueblo Español bajo la dirección de Lorenzo Varela, el semanario Galicia (órgano oficial de la FSG), las revistas Pensamiento Español y De Mar a Mar, y otras publicaciones periódicas hispanas ya existentes, como España Republicana, órgano de prensa del Centro Republicano Español de Buenos Aires.
Fasano desarrolló la trayectoria de algunos exiliados gallegos —de tradición o nacimiento— que permanecieron en el país, como Alfonso Rodríguez Castelao, Arturo Cuadrado, Luis Seoane, Lorenzo Varela, Manuel García Gerpe, o Rafael Dieste. Con respecto a Alberti, señaló que, además de España Republicana, publicó en algunos periódicos de la colectividad gallega, como Galicia, Pueblo Español y Pensamiento Español.
Un libro de referencia para esta tesis es Relaciones literarias entre España y la Argentina. El exilio literario de 1936, de Emilia de Zuleta, publicado en 1983 (Madrid, Ediciones Cultura Hispánica). La autora realizó una descripción de las intervenciones de los españoles en publicaciones y revistas, entre ellas Sur. Además de Alberti, Zuleta destacó las participaciones en Sur de Francisco Ayala, Guillermo de Torre, Ricardo Baeza, Ramón Gómez de la Serna, María de Maeztu, Rosa Chacel, José Ferrater Mora, entre otros intelectuales españoles.
En tanto, Paula Simón Porolli recogió testimonios de republicanos que estuvieron en los campos de concentración habilitados en el sur de Francia a principios de 1939. Publicó el libro La escritura de las alambradas. Exilio y memoria en los testimonios españoles sobre los campos de concentración franceses (Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2012) en donde resaltó los escritos de Manuel García Gerpe, protagonista del colectivo gallego en la Argentina, quien se estableció en Buenos Aires luego de pasar por los campos de concentración franceses, y publicó, entre otros medios, en España Republicana y Galicia.
El investigador Fernando Larraz[16] también analizó el exilio español en la Argentina. Encontramos el texto “Los exiliados y las colecciones editoriales en Argentina (1938-1954)”, que forma parte de El exilio republicano español en México y Argentina. Historia cultural, instituciones literarias, medios (Madrid, Iberoamericana, 2011, Andrea Pagni coord.). En su escrito, Larraz investigó la edad dorada de la edición argentina y el nacimiento de las colecciones editoriales, en particular de la cultura gallega en el país, como la editorial Emecé, promovida por el pintor Luis Seoane y el poeta Arturo Cuadrado, que había llegado a Buenos Aires a bordo del Massilia en noviembre de 1939. Asimismo, también reconoció otros proyectos editoriales importantes, entre ellos uno de Alberti: “Es necesario recordar otras colecciones literarias de gran importancia, lanzadas por Pleamar bajo la dirección editorial de Rafael Alberti. La política editorial no difería aquí demasiado de la de Losada, encargada de la distribución y principal accionista de Pleamar” (Larraz, 2011: 141). En este sello se destacaron algunas colecciones literarias, como “Mirto” (con selección de Alberti), “El Ceibo” y “La Encina”.
Entre los trabajos sobre Argentina del dossier El exilio republicano español en México y Argentina. Historia cultural, instituciones literarias, medios referido en el párrafo anterior, también aparecen otros artículos como “Los editores españoles y la traducción en la Argentina: desembarco en tierras fértiles” de Patricia Willson; “Intelectuales españoles en el campo cultural argentino: Francisco Ayala, de Sur a Realidad (1939-1950)” de Raquel Macciuci; “¿Un Meridiano que fue exilio?: presencia española en el campo cultural argentino (1938-1953)” de Alejandrina Falcón; y “¡No pasarán!: Formas de resistencia cultural de los artistas republicanos españoles exiliados en Buenos Aires”, de Diana Beatriz Wechsler.
Sobre Patricia Willson, además del texto mencionado, es necesario destacar su libro La constelación del Sur. Traductores y traducciones en la literatura del siglo XX (Buenos Aires, Siglo XXI, 2004). La autora analizó la experiencia de traductores con una relevante presencia en la literatura argentina, como Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y José Bianco, y este trabajo lo pudimos vincular con la faceta traductora de Alberti, ya que el poeta tradujo para la revista una obra de teatro francesa y un poema del escritor francés Paul Valéry. La hipótesis de Willson, en continuidad con los planteos de Gramuglio que mencionamos anteriormente, permite pensar otra manera de comprender el funcionamiento del grupo: “Si se acepta la hipótesis de la traducción como una de las ‘prácticas especializadas’ del grupo Sur, práctica que lo distingue de otros grupos y mediante la cual establece relaciones con el exterior, queda afectada al menos parcialmente la tesis del elitismo del grupo” (Willson, 2004: 244).
En tanto, en el texto de Macciuci sobre Francisco Ayala y Sur se analizaron las redes previas establecidas en torno a la revista argentina y los vínculos del escritor español a partir de las reseñas que divulgó. Según los datos que recolectó la especialista, Ayala, que al igual que Alberti formó parte del grupo de la Revista de Occidente de Ortega y Gasset, llegó a la Argentina en octubre de 1939 y al mes siguiente comenzó a colaborar en la publicación. En este sentido, la autora destacó la extraña convivencia de autores de ideologías diferentes en Sur, como fue el caso de Ayala y Alberti, y sostuvo que esto fue posible, entre otras cosas, debido al pasado que compartían en la revista de Ortega y Gasset. Por su parte, gracias a su libro Final de plata amargo: de la vanguardia al exilio. Ramón Gómez de la Serna, Francisco Ayala, Rafael Alberti (La Plata, Al Margen, 2006) logramos reconstruir algunas zonas del pensamiento literario del poeta gaditano para trabajarlas en vinculación con los artículos que divulgó durante los años en los que se basa nuestra investigación.
En esta misma línea ubicamos los trabajos de Mariela Sánchez, quien tiene numerosas publicaciones sobre la memoria de la Guerra Civil española y el franquismo y también ha desarrollado estudios sobre representaciones literarias, publicaciones periódicas y obras de mujeres en contextos de guerra y desplazamientos. Destacamos Mala herencia la que nos ha tocado. Oralidad y narrativa en la literatura sobre la Guerra Civil y el franquismo (Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 2018) y otros textos que nos permitieron continuar con el análisis de publicaciones peninsulares, como España Republicana.
En tanto, es importante reconocer que México fue el país que más exiliados recibió, por encima de la Argentina, Estados Unidos o Cuba. Debido a la importancia que tuvieron los escritores españoles en el mercado editorial mexicano, tomamos en consideración los aspectos principales de la producción de libros de ese país[17].
Por último, la historia de España y de los intelectuales durante la Guerra Civil se analizó teniendo en cuenta algunos trabajos del historiador español Santos Juliá que nos permitieron investigar la labor de Alberti, su relación con el comunismo, y reconstruir su concepción de “república” y “patria”. Sobre el poeta escribió “Rafael Alberti: Un intelectual en política”[18] (2004) y previamente “La aparición de ‘los intelectuales’ en España” (1998)[19].
Afirmó este autor:
Los intelectuales comunistas, en sus diferentes formas de afiliados o compañeros de viaje, añaden a su condición intelectual un elemento nuevo, sentirse parte de un movimiento mundial, por encima de fronteras nacionales, que dispone de organizaciones con recursos para acoger a los viajeros, hospedarlos dignamente, organizar veladas, extender su obra. (Juliá, 2004: 7)
En este sentido, la posición de escritor vinculado a la política que adquirió Alberti en los años republicanos, y principalmente durante la Guerra Civil española, nos habilitó a estudiar los contactos que generó para ingresar a la Argentina, y analizar su inserción como artista en los círculos literarios porteños.
- El ultraísmo fue un movimiento de vanguardia literaria iniciado en España después de la Primera Guerra Mundial, y que se extendió a la Argentina durante la década del veinte. La poesía ultraísta se refugiaba en la interioridad del poeta y requería una emoción por parte del autor. En Argentina, la revista Martín Fierro nucleó a poetas ultraístas, aunque, por ejemplo, Borges renunciaría más tarde a esa vanguardia.↵
- Para un análisis en profundidad de la estancia del español en la Argentina, ver “Ortega y Gasset en la curva histórica de la Institución Cultural Española” (2009), de Marta Campomar. La autora repone los debates que surgieron con la llegada de Ortega al país, en un contexto europeo de desmoralización e incertidumbre debido a la posguerra mundial y por los acontecimientos que años más tarde darían origen a la crisis financiera de los años 30. En los círculos literarios argentinos se consideraban las discusiones en física, historia, biología, el arte y la cultura contemporánea, que pretendían modernizar lo literario, y también interesaban las disputas sobre el tema del intelectual y la acción directa que traía Ortega.↵
- Como se dijo en la cita anterior, esta inquietud circuló en los espacios intelectuales locales. No obstante, el origen del concepto de intelectual lo podemos ubicar en Francia en la década de 1890, tras el affaire de Alfred Dreyfus, capitán del ejército francés de origen judío acusado de traición y encarcelado injustamente. Se trató de un “momento fundacional” (Traverso, 2014) porque puso en cuestión las nociones de república, justicia, derechos humanos y porque estuvo marcado por el antisemitismo. En España, la primera generación apareció con el grupo de 1898, entre quienes se encontraban Ramiro de Maeztu y Miguel de Unamuno.↵
- En América Latina el núcleo intelectual era reducido en el siglo XIX. El Ateneo de Buenos Aires, fundado recién hacia fines del siglo, concentraba a una elite literaria local y el escenario se comenzará a consolidar en el país a partir de la segunda década del siglo XX, con el desarrollo de la cultura de masas y la aparición de la literatura de folletín y el teatro.↵
- La Segunda República Española se proclamó el 14 de abril de 1931 y su finalización es un tema de debate en la historiografía. Si bien se puede considerar a 1939 como el año de culminación luego de la derrota republicana en la Guerra Civil, también es necesario mencionar que aún después del inicio de la dictadura franquista hubo diversas autoridades de la República en el exilio. Además, durante los tres años que duró la guerra tampoco es preciso considerar que desenvolvió un clima de república y democracia.↵
- bit.ly/3Od7JcjFecha de consulta: junio de 2020.↵
- La participación de Alberti en estas revistas es mencionada en sus memorias La arboleda perdida. Segunda parte (2003).↵
- Alberti publicó su autobiografía en tres tomos. El primero abarca los años entre 1902 y 1931 y fue publicado en 1942. Este primer volumen narra las vivencias de Alberti desde su nacimiento hasta la proclamación de la Segunda República Española y consta de dos libros: 1902-1917, y luego hasta 1931.↵
- La bibliografía se completó en el no. 364-371 (ene. 1989-dic. 1992), con la indización de los artículos editados desde 1967 hasta 1992.↵
- Leandro de Sagastizábal publicó La edición de libros en Argentina (Buenos Aires, Eudeba, 1995), mientras que luego editó y coordinó con Fernando Esteves Fros El mundo de la edición de libros (Buenos Aires, Paidós, 2002). Por otra parte, uno de los estudios más importantes pertenece a José Luis de Diego cuya última edición ampliada es de 2014: Editores y políticas editoriales en Argentina, 1880-2010 (Buenos Aires, FCE, de Diego Dir.) En uno de los capítulos del libro, de Diego analizó la “época de oro” de la industria editorial argentina (1939-1945), con el surgimiento de los principales sellos editoriales. En tanto, desde la perspectiva de la sociología de la edición podemos mencionar Una Historia del Libro Judío: La Cultura Judía Argentina a través de sus Editores, Libreros, Traductores, Imprentas y Bibliotecas (2014) de Alejandro Dujovne, en el cual reconstruyó el universo del libro judío en Buenos Aires. Sin embargo, uno de los estudios que relevó la producción de los españoles en la Argentina y su participación en revistas es Relaciones literarias entre España y la Argentina (1983) de Emilia de Zuleta, y es menester reconocer su carácter pionero en materia de estudios transatlánticos, sobre todo en torno a las editoriales. Por último, es preciso mencionar un trabajo más actual: Editores y política. Entre el mercado latinoamericano de libros y el primer peronismo (1938-1955) (Buenos Aires, Tren en Movimiento, 2018) de Alejandra Giuliani.↵
- El Consejo de Dirección de Punto de Vista en ese entonces estaba compuesto por B. Sarlo, C. Altamirano, María Teresa Gramuglio, Hugo Vezzetti e Hilda Sabato. ↵
- En 1937 se produjo un momento de tensión entre el escritor español José Bergamín (defensor de la causa republicana) y Victoria Ocampo, tras la divulgación de una conferencia de Gregorio Marañón, periodista de tendencia franquista. La discusión se puede ver en las cartas que se enviaron Ocampo y Bergamín y que se publicaron en Sur (mayo de 1937).↵
- Este artículo se encuentra disponible en “Memoria Académica”, el repositorio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata. ↵
- Tesis doctoral disponible en el Repositorio Institucional de la Universidad de Alicante: bit.ly/4763TKD. Fecha de consulta: septiembre de 2021.↵
- Tesis doctoral disponible en Repositorio de FFyL-UBA: bit.ly/43JIDHB. Fecha de consulta: septiembre de 2021.↵
- Al igual que Simón Porolli, Larraz es miembro del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL-CEFID) de la Universidad Autónoma de Barcelona, grupo fundado y dirigido por Manuel Aznar Soler hasta 2021. Actualmente el GEXEL lo dirige José-Ramón Lopéz García.↵
- Entre los especialistas en los estudios del exilio en México destacamos a Javier Garciadiego, autor de El Fondo, La Casa y la introducción del pensamiento moderno en México (Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2016); Dolores Pla Brugat, autora de estudios como Els exiliats catalans. Un estudio de la emigración republicana española en México (Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Orfeó Català de México, 1999); Clara Lida, compiladora y autora de libros como Caleidoscopio del exilio: actores, memoria, identidades (Ciudad de México, El Colegio de México, 2009); Inmigración y exilio. Reflexiones sobre el caso español (Ciudad de México, Siglo XXI: El Colegio de México, 1997); Una inmigración privilegiada. Comerciantes, empresarios y profesionales españoles en México en los siglos XIX y XX (comp.) (Madrid, Alianza Editorial, 1994), entre otros.↵
- Publicado en Gonzalo Santonja, ed., El color de la poesía (Rafael Alberti en su siglo).↵
- Artículo difundido en Claves de razón práctica, núm. 86, 1998.↵







