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Agradecimientos

En tiempos aciagos de ataques directos a la ciencia y a la educación pública, sostener sus espacios puede parecer una tarea sencillamente evidente, pero nunca lo es. Formar parte de estos espacios implica estar paulatinamente entablando arduos ejercicios de reflexión y de discusión colectiva. Trabajar en ellos requiere, siempre-ya, una reelaboración comunitaria. Una vuelta más para pensarlos y pensarnos a través de ellos. Porque fueron ellos los que habilitaron, desde el minuto cero, mi formación y la de tantxs otrxs colegas. Memorias, enseñanzas, momentos compartidos. Todo eso, que vive y vivirá en todos aquellos que tuvimos la inolvidable oportunidad de transitar sus pasillos, se lo debemos a estos espacios que corporifican las pasiones y las razones democráticas. Allí aprendí a (re)encontrarme con mis deseos y a construir, a través de ellos, un camino de aprendizaje que, aunque apunte su brújula hacia la recta final, afortunadamente nunca la alcance. Por eso, agradezco a la Universidad de Buenos Aires y al CONICET por haberme permitido llegar hasta acá, así como a los gobiernos nacional-populares que democratizaron ambas instituciones públicas para garantizar un acceso justo e igualitario.

Agradezco a la Maestría en Teoría Política y Social, a su director, Miguel Rossi, y su secretario académico, Ricardo Laleff Ilieff, así como a todo su plantel docente y a mis compañerxs de cursada por permitirme abordar con profundidad una vasta cantidad de problemas, preguntas, conceptos y textos que conciernen a diferentes áreas de esta disciplina tan apasionante como compleja.

Agradezco, también, al Instituto de Investigaciones Gino Germani por permitirme desarrollar, en sus cálidas oficinas, mis tareas como becario doctoral de CONICET. Quisiera agradecer especialmente al Centro de Documentación e Información y a Ignacio Mancini por su atención indispensable para el desarrollo de esta tesis. Ignacio es de esas personas que, aunque llueva o truene, está allí para poner su oído y conseguir, de alguna manera que no sé si algún día comprenderé, materiales en primera instancia inaccesibles.

En algún momento de la elaboración de esta tesis me encontraba, como dijo alguna vez el Dr. Freud, bailando en la cubierta del Titanic. Lo que alguna vez fue un proyecto de tesis pudo convertirse en una tesis finalizada sólo gracias al tenaz trabajo de mi directora y de mi codirector. Agradezco a mi directora, Gisela Catanzaro, por su pasión por la teoría y por su fuerza de pensamiento; por enseñarme que lo que parece simple probablemente sea más complejo; por mostrarme, consciente o inconscientemente, las costuras del pensamiento dialéctico; por su acompañamiento, atento y solidario en igual medida. Agradezco, también, su trabajo incansable por habilitar espacios democráticos para la interrogación y la discusión crítica. A mi codirector, Agustín Prestifilippo, quien, sin dudarlo ni un cuarto de segundo, aceptó, en un gesto de gran generosidad, acompañarme en un trabajo que ya había emprendido viaje. Le agradezco particularmente su trabajo puntilloso, fino como un bisturí, el cual me permitió hilvanar los problemas de esta tesis en un sendero que no abandone la pretensión de hacer justicia a la dificultad de los problemas tratados.

Asimismo, quisiera agradecer a dos personas que me acompañaron desde que era un joven apasionado sin los papeles ni las competencias académicas propicias para participar del mundo de la teoría política y social. Por un lado, agradezco a Luciano Nosetto, quien nos abrió las puertas a mí y a tantos otros con un espíritu democrático y una humildad por la cual muchísimos estaremos eternamente agradecidos. Por otro lado, quisiera agradecer a Cecilia Abdo Ferez, quien se empeñó en incluirme en diversos espacios de lectura, trabajo y enseñanza de la obra de G. W. F. Hegel, en los cuales aprendí a amar, tan ardua como inexplicablemente, a ese hueso tan duro de roer, el cual resulta igualmente interesante y necesario para pensar nuestra contemporaneidad.

Por otra parte, quisiera agradecer a mis compañerxs de la cátedra Catanzaro de “Teorías sobre la ideología” y lxs de la cátedra Várnagy-Abdo Ferez de “Teoría Política y Social II”, ambas de la carrera de Ciencia Política de la UBA. Escucharlxs y conversar con ellos ha suscitado reflexiones de gran relevancia para la elaboración de esta tesis. Del mismo modo, agradezco enormemente a mis compañerxs y amigxs de grupos de investigación. Diría que formar parte de grupos tan amigables debería ser condición sine qua non para la tarea un tanto solitaria de hacer una tesis: sólo allí esto que hacemos cobra verdadero sentido. A todxs ellxs, gracias.

A mi familia, las más profundas gracias. Gracias por su confianza para permitirme explorar senderos que se bifurcaban de la tradición que deslindaba la parcela familiar. Gracias a mi madre, Claudia González Deniselle, por mostrarme desde pequeño las virtudes del sistema científico y universitario argentino, por su cariño maternal y por su empuje inagotable. A mi padre, Alejandro de Nicola, por el apoyo incondicional frente a los obstáculos del mundo en general, por su afecto cotidiano y por todos los momentos de risa compartidos. A mis hermanos Federico, Lucas y Mateo, quienes fueron compinches fundamentales para aquellos momentos de aventuras y distensión. Agradezco también a mis tíos Mariano, Hernán, Fernando y Javier por su extendido afecto, amabilidad y generosidad para conmigo. Quisiera agradecer especialmente a mi abuelo Eduardo González Domínguez, cuya sabiduría, conocimiento aparentemente infinito y una biblioteca que me deslumbraba en cada visita, sembraron en mí, desde pequeño, el interés por la riqueza diversa del mundo que habitamos. Agradezco también especialmente a mi abuelo Alejandro Federico de Nicola, quien cultivó en mí una pasión por la experiencia humana, la historia y por la defensa del sistema científico y universitario argentino. Agradezco a mi abuela Leonor Deniselle por estar siempre presente en mí sin estarlo y a mi abuela Martha Sommerhalder por su afecto, los momentos divertidos vividos y por aquel imborrable jardín de dinosaurios pintados con tizas.

Agradezco a mis tres amigas peludas Kira, Nala y Kuma por acompañarme en las largas horas de lectura y de escritura, así como por hacer de mis días unos más alegres y singulares.

Finalmente, a Emilse Toninello por el sostén inquebrantable durante días y noches, pero sobre todo por su aliento en aquellos momentos en los que el vacío prometía irrumpir y obstruir cualquier rumbo que pudiera orientar al pensamiento. Por mantener conmigo extensas, arduas y apasionantes conversaciones y discusiones teóricas y políticas. Por su compromiso militante y sus convicciones férreas, pero sobre todo por enseñarme que los pensamientos más vívidos se forjan al calor de la compañía amorosa. A Emilse, gracias.



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