Significaciones de la modernidad poética en Octavio Paz
Daniela Evangelina Chazarreta[1]
I.
Los acercamientos que ha realizado Octavio Paz (México, 1914-1998) hacia Rubén Darío han sido fundamentalmente dos: por una parte, “El caracol y la sirena”, inserto en Cuadrivio (1965), por otra, “Traducción y metáfora”, incluido en Los hijos del limo (1974).[2] Si bien la evaluación presente en este último ensayo es fundamentalmente sobre el modernismo hispanoamericano, la figura de Rubén Darío adquiere relieve como agente religador en tanto propicia lo que el poeta mexicano denomina la “metáfora”, es decir, la instancia de apropiación de la visión analógica heredada de los románticos y los simbolistas.[3]
El modernismo hispanoamericano significó también, según el escritor mexicano, la réplica de la independencia política en la búsqueda de una autonomía literaria. En la lectura de Paz es, por cierto, fundamental la inclusión del modernismo hispanoamericano en el devenir del contexto occidental de la historia literaria, locus en el que intenta otorgarle las significaciones pertinentes vinculadas a la poesía moderna sin subestimar el contexto latinoamericano de emergencia. Tradición sin rupturas, el modernismo hispanoamericano parece ser, a partir de este ensayo, una de las estéticas precursoras elegidas por la poética de Paz.
En 1968, Octavio Paz renuncia a su puesto de embajador de México en la India como respuesta a la matanza de Tlatelolco[4] ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas y llevada a cabo por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Antes de regresar definitivamente a México, pasa tres años como profesor invitado en universidades de Inglaterra y los Estados Unidos. En ese contexto dicta una serie de conferencias: “Charles Eliot Norton Lectures”, entre 1971 y 1972, en la Universidad de Harvard (como antes lo habían hecho T. S. Eliot, e. e. cummings, Igor Stravinsky, Jorge Guillén y Jorge Luis Borges) que darán lugar a Los hijos del limo.
II.
“Con cierta brutalidad el argentino Sarmiento, al visitar España en 1846, decía a los españoles: ‘ustedes no tienen hoy autores ni escritores ni cosa que lo valga… ustedes aquí y nosotros allá traducimos’” (Paz 1987: 118; la cursiva es del autor). Con estas palabras inicia “Traducción y metáfora”, quinto capítulo de Los hijos del limo, ensayo en el que la traducción se manifiesta a distintos niveles.[5] Por una parte, el modernismo hispanoamericano es una traducción del universo finisecular francés (traducción a su vez del romanticismo), pero, por otra, el texto de Paz “traduce” (acerca) el universo de la literatura latinoamericana a un auditorio / lectorado anglosajón. La traducción, principal, parece ser, pues, la inclusión de la literatura latinoamericana en el contexto de la poesía moderna, es decir, en un espectro integral de occidente.[6]
Es muy probable que Octavio Paz esté tomando posición en un contexto crítico hispanoamericano que involucra la definición, la decisión entre Martí y Darío como creador, como auténtico representante del modernismo, promovido, sobre todo, por la crítica de origen marxista. Conocidas son las concepciones de Juan Marinello (Cuba, 1898-1977),[7] por ejemplo, según lo sintetiza Luis Monguió en “De la problemática del modernismo: La Crítica y el ‘cosmopolitismo’”:
La ‘condición extranjeriza y absentista está en la entraña del modernismo, y tiene que ver con su razón de existencia’, que es la de no dejar oír, con sus místicas enervantes, la angustia del hombre americano. […]. Insiste mucho Marinello […] en poner frente a frente el activismo político de Martí y las reverencias ante monarcas, dictadores y potentados de Darío. (Monguió 1962: 81)
Paz toma esta posición y la refracta, matizando la actitud de Darío y reivindicándolo desde sus logros poéticos:
Los modernistas dependían de aquello mismo que aborrecían y así oscilaban entre la rebelión y la abyección. Unos, como Martí, fueron incorruptibles y llegaron al sacrificio; otros, como el pobre Darío, escribieron odas y sonetos a tigres y caimanes con charreteras. Los presidentes latinoamericanos de fin de siglo: jeques sangrientos con una corte de poetas hambreados. Pero nosotros que hemos visto y oído a muchos poetas de Occidente cantar en francés y en español las hazañas de Stalin, podemos perdonarle a Darío que haya escrito unas cuantas estrofas en honor de Zelaya y Estrada Cabrera, sátrapas centroamericanos. (Paz 1987: 132)
Frente a esta disyuntiva, Paz considera que lo que el modernismo encarnó supera los reproches efectuados por la crítica marxista, pues significó una respuesta al positivismo con una función compensatoria “al vacío espiritual creado por la crítica positivista de la religión y de la metafísica” (Paz 1987: 130) lo que, por cierto, conlleva una crítica social muy consistente:
La conexión entre el positivismo y el modernismo es de orden histórico y psicológico. Se corre el riesgo de no entender en qué consiste esa relación si se olvida que el positivismo latinoamericano, más que un método científico, fue una ideología, una creencia. Su influencia sobre el desarrollo de la ciencia en nuestros países fue muchísimo menor que su imperio sobre las mentes y las sensibilidades de los grupos intelectuales. Nuestra crítica ha sido insensible a la dialéctica contradictoria que une al positivismo y al modernismo y de ahí que se empeñe en ver al segundo únicamente como una tendencia literaria y, sobre todo, como un estilo cosmopolita y más bien superficial. No, el modernismo fue un estado de espíritu. O más exactamente: por haber sido una respuesta de la imaginación y la sensibilidad al positivismo y a su visión helada de la realidad, por haber sido un estado del espíritu, pudo ser un auténtico movimiento poético. El único digno de este nombre entre los que se manifestaron en la lengua castellana durante el siglo XIX. Los superficiales han sido los críticos que no supieron leer en la ligereza y el cosmopolitismo de los poetas modernistas los signos (los estigmas) del desarraigo espiritual. (Paz 1987: 129)
Contraponiéndose a la disgregación o compartimentación de disciplinas propuesta por el positivismo (Gullón 1967), el modernismo, además, propone la cosmovisión analógica que lo enlaza (lo hermana) con todas las expresiones derivadas del romanticismo. Para Paz, la estética finisecular hispanoamericana significó la verdadera traducción (Jakobson 1981)[8] y la auténtica metáfora del romanticismo europeo:
El modernismo fue la respuesta al positivismo, la crítica de la sensibilidad y el corazón –también de los nervios– al empirismo y el cientificismo positivista. En este sentido su función histórica fue semejante a la de la reacción romántica en el alba del siglo XIX. El modernismo fue nuestro verdadero romanticismo y, como en el caso del simbolismo francés, su versión no fue una repetición, sino una metáfora: otro romanticismo. (Paz 1987: 128, destacado del autor)
En este contexto Darío, para Paz, representa el centro del modernismo, su agente religador, “de enlace, portavoz y animador del movimiento” (Paz 1987: 130-131). El que –enfatiza lo que a esta altura es cuestión superada por la crítica– da nombre a la estética hispanoamericana finisecular. Sin embargo, y sin negar este reconocimiento al nicaragüense, Paz menciona a Martí en dos instancias notables del ensayo; una de ellas en una de las citas antes referidas y, la otra, hacia el final del ensayo. El texto cierra nada más y nada menos que con el poema “Dos patrias” de Versos libres que forja tanto el compromiso estético como ético de Martí. Afianzando la perspectiva socio-esteticista en la que se ha comprometido, Paz subraya en Martí los logros poéticos que insertan también su producción dentro de una modernidad poética finisecular que perdura incluso en sus propias búsquedas.
III.
Hemos subrayado anteriormente que hay distintos niveles de traducción en el ensayo. En esta línea, por ejemplo, Paz insta una vez más en traducir qué es el modernismo poniéndolo en paralelo a la definición de “modernité” que realizara Baudelaire en “Le peintre de la vie moderne” (1863) (Paz 1987: 132), sorteando diferencias y algunas apropiaciones quizá pretenciosas.
Para considerar la densidad semántica presente en esta categoría, es fundamental, pues, tener en cuenta la noción de traducción vigente en un texto coétaneo a “Traducción y metáfora”: Traducción: literatura y literalidad (1971). Allí, el poeta establece que traducir es, en primer lugar, una operación literaria y que, además, la traducción es una función especializada de la literatura (Paz 1971: 6):
La traducción implica una transformación del original. Esa transformación no es ni puede ser sino literaria, porque todas las traducciones son operaciones que se sirven de los dos modos de expresión a que, según Roman Jakobson, se reducen todos los procedimientos literarios: la metonimia y la metáfora. El texto original jamás reaparece (sería imposible) en la otra lengua; no obstante, está presente siempre, porque la traducción, sin decirlo, lo menciona constantemente, o lo convierte en un objeto verbal que, aunque distinto, lo reproduce: metonimia o metáfora. Las dos, a diferencia de las traducciones explicativas y de las paráfrasis, son formas rigurosas y que no están reñidas con la exactitud: la primera es una descripción indirecta, y la segunda una ecuación verbal. (Paz 1971: 3)
Tomando como eje o texto original la cultura europea, Paz diseña la historiografía modernista en torno a ese centro, reconociendo en el modernismo la búsqueda de una autonomía literaria, pero teniendo como horizonte de comparación, casi siempre, el eje extranjero. Sin considerar la experiencia feroz de la modernidad que ha tenido José Martí en New York, por centrar el episodio estético en Darío, el modernismo hispanoamericano es otra experiencia derivada, otra traducción, otra metáfora o evocación:
La ambivalencia de los románticos y los simbolistas frente a la edad moderna reaparece en los modernistas hispanoamericanos. Su amor al lujo y al objeto inútil es una crítica al mundo en que les tocó vivir, pero esa crítica es también un homenaje. No obstante, hay una diferencia radical entre los europeos y los hispanoamericanos: cuando Baudelaire dice que el progreso es ‘una idea grotesca’ o cuando Rimbaud denuncia a la industria, sus experiencias del progreso y de la industria son reales, directas, mientras que las de los hispanoamericanos son derivadas. (Paz 1987: 132)
IV.
Para releer el ensayo es relevante, además, considerar la apreciación que hace Paz de la tradición como una sucesión de traducciones que, como toda traducción, intenta reponer con matices, un texto original. Si bien, por una parte, el modernismo hispanoamericano implica una instancia de inflexión fundamental hacia la autonomía literaria, por otra parte, también es parte de un movimiento universal de traslación constante en que se renueva la estética originaria. La lectura de Paz es, por cierto, una apuesta a la ubicación del modernismo hispanoamericano en un contexto más amplio con el cual, además, lo reivindica: la poesía moderna que emerge fundamentalmente en la Francia de fines del siglo XIX.
Como el José Martí de “Dos patrias”, Paz debe haber sentido en ese momento que también él –envuelto entre las ramificaciones consecuentes de la matanza de Tlatelolco que lo llevaron nuevamente fuera de su país– podía encontrar en la poesía la patria que siempre espera y consuela, tan anhelada por los modernistas hispanoamericanos.
Bibliografía
Fernández Retamar, Roberto (1970). “Modernismo, noventiocho, subdesarrollo” en Actas del III Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas celebrado en México D. F. del 26-31 de agosto 1968, México: Asociación Internacional de Hispanistas / El Colegio de México, 1970: pp. 345-353. Disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/obra/actas-del-iii-congreso-de-la-asociacion-internacional-de-hispanistas–celebrado-en-mexico-df-del-26-31-de-agosto-1968/
Gullón, Ricardo (1967). “Pitagorismo y modernismo”. Nuevo Mundo 7: 22-23.
Jakobson, Roman (1981). “En torno a los aspectos lingüísticos de la traducción [1959]” en Ensayos de lingüística general. Traducción de Josep Pujol. Barcelona: Seix Barral, pp. 67-72.
Marinello, Juan (1959). Sobre el modernismo. Polémica y definición. México: UNAM.
Monguió, Luis (1962). “De la problemática del modernismo: La Crítica y el ‘cosmopolitismo’”. Revista Iberoamericana 28 / 53: 75-86. Disponible en: https://doi.org/10.5195/reviberoamer.1962.2576
Paz, Octavio (1965). “El caracol y la sirena” en Cuadrivio. México: Joaquín Mortiz, pp. 11-65.
— (1971). Traducción: literatura y literalidad. Barcelona: Tusquets.
— (1987) [1974]. “Traducción y metáfora” en Los hijos del limo. Barcelona: Seix Barral, pp. 117-143.
— (2003) [1956]. El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica.
- Profesora Adjunta a cargo de Literatura Latinoamericana II (Lenguas Modernas) e Investigadora del IDIHCS, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Investigadora del CONICET. ↵
- Hemos considerado los matices con los que Rubén Darío se diseña en este ensayo en la ponencia “‘El caracol y la sirena’: Rubén Darío y la modernidad poética en Octavio Paz” leída en el contexto del Congreso Internacional Rubén Darío: “La sutura de los mundos” celebrado en la ciudad de Buenos Aires entre los días 8 y 10 de marzo de 2016. Texto disponible en: https://untref.edu.ar/uploads/ARD%20La%20sutura%20de%20los%20mundos%20digital_interactivo.pdf ↵
- La concepción de metáfora e imagen atraviesa El arco y la lira; para Paz la primera de estas figuras es un hecho del lenguaje y participa de la imagen concebida como una categoría colectiva, cohesionadora y común a todas las artes, además de ser un exponente de su pensamiento analógico; reseñando la Poética de Aristóteles, Paz afirma: “Y más adelante agrega que el objeto propio de esta reproducción imitativa es la contemplación por semejanza o comparación: la metáfora es el principal instrumento de la poesía, ya que por medio de la imagen –que acerca y hace semejantes a los objetos distantes u opuestos– el poeta puede decir que esto sea parecido a aquello” (Paz 2003: 64).↵
- Ocurrida el 2 de octubre de 1968. Octavio Paz dedicaría mucha tinta a esta tragedia que, debido a su compromiso con el gobierno de Díaz Ordaz, lo estigmatizó a lo largo de su vida entre sus compatriotas. El texto más alusivo en esta línea es Postdata, de 1970. ↵
- Para la concepción de traducción en Paz puede considerarse su ensayo Traducción: literatura y literalidad (1971) que citamos posteriormente.↵
- De esta manera, por ejemplo, Paz explica la diferencia entre modernismo y modernism: “Aquí conviene hacer una pequeña aclaración: el modernismo hispanoamericano es, hasta cierto punto, un equivalente del Parnaso y del simbolismo francés, de modo que no tiene nada que ver con lo que en lengua inglesa se llama modernism. Este último designa a los movimientos literarios y artísticos que se inician en la segunda década del siglo XX; el modernism de los críticos norteamericanos e ingleses no es sino lo que en Francia y en los países hispánicos se llama vanguardia. Para evitar confusiones emplearé la palabra modernismo, en español, para referirme al movimiento hispanoamericano; cuando hable del movimiento poético angloamericano del siglo XX, usaré la palabra modernism, en inglés” (Paz 1987: 128).↵
- Asunto conocido es la lectura reivindicativa que realizan Roberto Fernández Retamar y Juan Marinello sobre José Martí, “el apóstol”. Ver, por ejemplo, de este último: Actualidad de Martí. Maestro de unidad (1942), José Martí, escritor americano: Martí y Modernismo (1961), Once ensayos martianos (1965) Poesía mayor de Martí (1973). Acerca de la postura de Marinello, Luis Monguió apunta: “en 1937, veía en el modernismo el resultado del instante en que América quería igualarse a Europa y superarla […] ¿Cómo hacerlo? Por la imitación y la posesión de las excelencias culturales de las metrópolis europeas. Consecuencia de ello fue que el modernista, ‘por americano y por hombre de su tiempo’ […] fuera un desarraigado, un intelectual cosmopolita” (Monguió 1962: 81). ↵
- Como se puede observar en una de las citas posteriores, la noción de traducción que utiliza Octavio Paz proviene de la categoría enarbolada por Roman Jakobson en “On linguistics aspects of traslation” de 1958, incluido luego en el libro que ha llegado a nosotros en español como Ensayos de lingüística general (1981). Si bien para el poeta mexicano la traducción es una práctica eminentemente literaria, guarda perfecta cohesión con su cosmovisión centrada en la noción de cambio y permanencia, contexto en el cual toda entidad se transmuta, se transforma constantemente. Esta idea atraviesa El arco y la lira y se puntualiza en los capítulos “La imagen” y “La otra orilla”.↵






