Roberto Bisang (IIEP-FCE-UBA/CONICET)
Introducción
En las últimas décadas, la actividad agrícola argentina creció aceleradamente hasta alcanzar –en el año 2017– un récord histórico cercano a las 130 millones de toneladas (respecto de las 40,1 millones registrada a mediados de los años noventa); la superficie cultivable pasó de 19,7 millones de hectáreas (1994) a 35,7 millones de hectáreas (2018) (la frontera agrícola se expandió en casi un 80%). En paralelo, la brecha de productividad física respecto de las mejores economías agrarias mundiales –aproximada a partir de los rendimientos por hectárea– se achicó considerablemente para los cultivos anuales más representativos –soja, maíz y trigo–. Mejoras en las productividades físicas del agro y desarrollos “aguas abajo” en las capacidades de molienda rápidamente rebasaron las posibilidades de absorción del mercado interno y derivaron en crecientes flujos exportables y una fuerte presencia en las corrientes del comercio internacional (especialmente en soja y derivados, maíz, limones, maní, girasol y trigo) (Palmieri y Pierini, 2018). Recientes desarrollos en las ganaderías aviares, porcinas y bovinas reseñan trayectorias de similares dinamismos (Brieva y Costa, 2014; Cardin, 2016; CEPA, 2018; Lódola et al., 2018).
Diversos autores dan cuenta del cambio tecnológico como explicación básica del salto productivo de la actividad (Anlló et al., 2013; Trigo, 2011; Reca et al., 2010; Obschatko, 1988). Sin dejar de lado otros factores –la remozada demanda internacional de alimentos, el ingreso de los biocombustibles y la incipiente aparición de los biomateriales–, el objetivo del presente trabajo es pasar revista a las principales innovaciones implementadas en materia agraria (cultivos anuales) y pecuaria en la economía argentina como base de un proceso de cambio estructural de la actividad.
Las innovaciones abarcan dos planos: las tecnologías de procesos y de productos. En materia de tecnología de procesos, recientemente, el agro argentino ha evidenciado un proceso de innovaciones radicales a partir de la incorporación de una oleada de tecnologías que van desde el uso de nuevos métodos de labranza, uso de semillas modificadas genéticamente y sistemas de almacenamiento hasta el refinamiento de las formas de organización de la actividad pasando necesariamente por un aggiornamiento de las rutinas laborales.
Entendiendo por innovación a la aplicación comercialmente exitosa de un cambio tecnológico y/u organizacional que deviene en una mejora en la productividad, una reducción de costos y/o en una mayor flexibilidad en el mix de actividades cuya implementación reduce riesgos–casi exclusivo del ámbito privado–, se inscribe en dos extremos; por un lado, la posibilidad de acceso a nuevas tecnologías y, por otro, el juego de precios relativos (entre acceso a las tecnologías disponibles y productos finales) y las consecuentes tasas de ganancias que operan inductivamente para su adopción individual y difusión colectiva.
Bajo este paraguas conceptual, un primer tema se asocia con las diversas formas que adquiere –en las últimas décadas– la oferta de “insumos” para la implementación de tales innovaciones. Diversos trabajos dan cuenta de las múltiples opciones que tienen las empresas de producción agropecuaria en el armado de sus tecnologías iniciales y posteriores innovaciones; la complejidad de las operaciones agrarias y pecuarias, su constante variabilidad conducen a la necesidad –de la empresa agropecuaria– del ensamblado de distintas tecnologías en el montaje de sus operaciones cotidianas (Bisang, Anlló y Campi, 2015; CASAFE, 2010; Bolsa de Cereales de Buenos Aires, 2018); los “insumos” –sobre los cuales operan las innovaciones– recorren desde la recientemente sofisticada genética vegetal hasta las indicaciones de uso de las maquinarias y equipos. Sobre esa base cada productor/decisor agropecuario[1] “construye” –en función de sus particulares restricciones económicas, financieras y de recursos (humanos y naturales)– una particular función de producción que a lo largo del tiempo va mejorando vía innovaciones.
La “oferta” de mejoras que sustenta la innovación está conformada por una compleja red de proveedores, generalmente localizados en los aledaños de las zonas agropecuarias, que “bombean” al sistema una amplia variedad de posibles innovaciones (incluyendo su financiación). Desde esta mirada, se torna esencial dilucidar la estructura y comportamiento de esta red de oferentes, su localización y las formas de financiamiento que ofrecen especialmente a la hora de evaluar la masividad de la difusión de innovaciones específicas. La estructura de la red de oferentes de innovaciones es un determinante clave en el proceso de difusión.
Estas ofertas potenciales se tornan reales y convierten en innovaciones en la medida que sean adoptadas privadamente dada la rentabilidad que atrae/genera su aplicación. En otros términos, mientras que los fenómenos tecnológicos (con cierta autonomía de largo plazo) generan “insumos” para el cambio, las condiciones económicas (de corto plazo) sustentan su adopción concreta e impacto sobre la economía.
En materia de tecnología de productos, también la actividad evidencia un salto innovador; la idea de producción de cereales y ganado como base de la alimentación va mutando hacia un modelo de producción de biomasa destinada a alimentos (normales y diferenciados por su capacidad de probióticos y/o nutracéuticos), biocombustibles (de primera y segunda generación) e (incipientes) biomateriales.
Sintetizando, las innovaciones sacuden a un sector (considerado como) tradicional no solo en materia de procesos productivos, sino también de productos finales. Estas actividades están basadas en suelos y climas muy diversos que evolucionan permanentemente –por su naturaleza biológica y las crecientes presiones productivas–, lo cual obliga a una constante readaptación productiva que abre las puertas a innovaciones permanentes; la tendencia se exacerba considerando la doble presencia de cambios disruptivos en la biotecnología y en la electrónica aplicada a estas actividades.
En función de los objetivos planteados inicialmente, el trabajo se articula de la siguiente manera: en la sección inicial, se pasa revista a las principales innovaciones ocurridas en el agro (con énfasis en los cultivos anuales) y se desdoblan las tecnologías de procesos de aquellas de productos; la siguiente sección –con igual criterio– se focaliza en las innovaciones ganaderas y se distinguen las de carne de las lecheras; a posteriori, se pasa revista a los modelos de difusión de estas tecnologías en relación a la estructura funcional de la actividad. El trabajo se cierra con las conclusiones de rigor.
Innovaciones en las producciones agrarias
Relacionadas con el proceso productivo
Diversos autores coinciden en señalar el reciente desarrollo y aplicación de paquetes tecnológicos completos radicalmente distintos a los vigentes previamente (Anlló et al., 2013; Reca et al., 2010; Bisang, 2003). Especialmente centrado en los cultivos anuales, el nuevo paquete técnico se basa en la siembra directa para implantar el uso las semillas diseñadas y/o seleccionadas con base en la moderna biotecnología y la intensificación en la aplicación de herbicidas, fertilizantes e insecticidas.
La tecnología de siembra directa permite –en una sola pasada– la implantación de los cultivos reduciendo drásticamente la cantidad de procesos respecto del modelo previo (basado en el tradicional arado, la rastra, la sembradora convencional y el rolo)[2] (Ekboir, 2003; Alapin, 2006). Datos recientes indican que para los principales cultivos anuales esta innovación explica el 91% de la superficie implantada (Nocelli Pac, 2018).
El siguiente cuadro da cuenta –para un cultivo emblemático como la soja– del impacto de esta tecnología en materia operativa y de las distintas fases que transitó hasta consolidarse.
Cuadro 1. Evolución de la tecnología de proceso, soja
| Modelo 1974 | Modelo 1986 | Modelo 2004 | |||
| Labor | Nro. de Pasadas | Labor | Nro. de Pasadas | Labor | Nro. de Pasadas |
| Arado rejas | 1 | Arado rejas | 0,5 | Aplicación de herbicidas | 2,1 |
| Rastra de dientes | 2 | Arado cinceles | 0,5 | Aplicación de insecticidas | 1 |
| Rastra de discos | 1 | Rastra discos | 3 | Siembra directa | 1 |
| Rolo | 1 | Rastra de dientes | 3 | Cosecha | 1 |
| Siembra | 1 | Rolo | 1 | ||
| Rastra rotativa | 1 | Escardillo | 2 | ||
| Escardillo | 2 | Aplicación de herbicidas | 1 | ||
| Aplicación de insecticidas | 1 | Siembra | 1 | ||
| Cosecha | 1 | Cosecha | 1 | ||
Nota: Se considera el uso de equipos y procesos realizados por una cincuentena de productores de la zona central agrícola argentina.
Fuente: Denoia et al., 2006.
El proceso se complementa con el uso de la semilla mejorada a partir de técnicas de la moderna biotecnología tolerante a herbicidas y resistente a determinados insectos.
A nivel microeconómico (y con los desvíos propios de distintas conformaciones agroecológicas), los impactos derivados de la aplicación del nuevo paquete tecnológico operan en varias direcciones: menores tiempos de implantación, reducción de costos variables, aumento de la escala mínima de explotación agrícola, simplicidad de manejo, mejora en la fertilidad de suelos, mejor uso de la humedad y captación de lluvias y menor erosión.
Otras innovaciones se verifican en los sistemas de cosecha y almacenamiento de granos.[3] El surgimiento del silo bolsa[4] (y sus equipos y servicios asociados)[5] significó un cambio radical en el almacenamiento. Esta tecnología permite: (i) ampliar la capacidad de almacenamiento en lugares próximos a los de la cosecha; (ii) redefinir el ciclo de ventas del productor (que actualmente fracciona según la necesidad); (iii) generar un mercado de proveedores de máquinas de embolsado; y (iv) habilitar la prestación de servicios de embolsado, clasificación, mantenimiento y desembolsado de granos. Su uso masivo –se almacena alrededor del 40% de la cosecha mediante esta tecnología– redujo los problemas de almacenamiento y logística de funcionamiento posteriores a la cosecha.
Este conjunto de innovaciones se implementó a lo largo de varias décadas con base en la interacción de empresas privadas y entes públicos hasta conformar un competitivo paquete tecnológico (aún en evolución hacia la denominada agricultura de precisión) (Bisang, 2007; Campi, 2012; Lachman y López, 2018; BID, 2018).
Cuadro 2. Evolución del las principales innovaciones agrarias
Elaboración propia con base en Bisang (2003)
Sintetizando, se trata de un modelo tecnológico, organizacional y productico completo que modifica el estado de la frontera técnica de producción y que involucra una serie de innovaciones (varias de las cuales se indican en el siguiente cuadro).
Cuadro 3. Principales innovaciones del nuevo paquete agrícola
(cultivos anuales)
Actividad |
Innovación |
Resultado |
| Genética vegetal | Semillas transgénicas y mutagénicas Selección guiada en variedades Clonación |
Control de malezas/resistencias futuras Diferenciación de productos Mejora en productividad (física y monetaria) Mejora en rendimientos físicos/variabilidad Aumentos en productividad/variabilidad |
| Fertilizantes | Combinaciones Inoculantes Promotores de crecimiento |
Mejor fijación de NPK y otros/precisión Mejora de suelos (captura natural de N) Mejora uso de nutrientes |
| Herbicidas e insecticidas | Cambio hacia productos con menos toxicidad residual Biocontroladores Aplicaciones selectivas (dosis variables) |
Menores residuos Autorregulación de malezas Menor uso de herbicidas |
| Implantación | Siembra directa (tradicional) Siembra directa variable Inter-siembra |
Captura de carbono Ahorro de combustibles fósiles Mejora evapotranspiración Acorta el tiempo de labranza Mejora erosión Ahorro de mano de obra Adapta densidad/otros a especificidades de terreno Amplía frontera agraria |
| Servicios de cuidado de cultivos | Metodologías de control temprano de plagas Teledetección (drones y otros) |
Mejora en productividad Mejora precisión/tiempo de aplicaciones |
| Cosecha | Monitoreo de rendimientos Sistemas axiales Desparramadores de paja |
Menores desperdicios Uso de rastrojos Mejora en rendimientos Ahorro de costos de almacenamientos y transportes |
| Almacenamiento | Silos bolsas Chimangos Embolsadoras Bacterias de control |
Ahorro de costos de almacenamiento Reduce pérdidas de manipuleo Optimiza decisiones de venta |
| Prácticas culturales | Subcontratación masiva Agricultura de precisión Uso de registros de producción y otras herramientas |
Optimiza uso del capital Mejora la tecnología promedio Evita tiempos muertos Facilita difusión de tecnologías Ahorro de tiempo, ampliación frontera Mejora en productividad Adaptación de innovaciones a condiciones diferenciales de ambientes Mejora/eficientiza la gestión |
Elaboración propia.
Avances tecnológicos de similar impacto se verifican en similar lapso en los cultivos perennes y otrora de exclusiva localización “regional”. Se verifican modificaciones técnicas en las producciones de caña de azúcar (ahora transformadas en complejos sucro-etanoleros), los vinos, la olivicultura, las peras y manzanas y los cítricos y otros berries. La intensificación en el uso del riego, la ampliación de su cobertura, los procesos productivos (de poda y mantenimiento, fertilización, etcétera), las mejoras genéticas (por ejemplo, la tendencia al uso de micro-propagación de cultivos como forma generalizada de reproducción) y las mejoras en los sistemas de almacenamientos y conservación (por ejemplo, técnicas de atmósfera controladas, cámaras en frío, etcétera) derivan en la ampliación de zonas potenciales de producción hacia donde estas actividades encuentran su desarrollo (Alonso, 2016; COVIAR, 2019).
Relacionadas con el producto
Complementariamente, se adoptaron una serie de innovaciones referidas a los productos derivados de las actividades agrarias.
Un primer cambio sustantivo es la presencia de las producciones de bioenergía con base en granos, sus subproductos y/o desechos (fibras, purines, estiércol, etcétera). Se trata de las producciones de biodiésel (con base en aceite de soja, girasol y/o reciclados) para su mezcla con diésel carburífero; del etanol (derivado del alcohol proveniente de la caña de azúcar y/o del maíz) a ser mezclado con la nafta y el biogás en sus diversas rutas técnicas de origen (fermentación de desechos orgánicos, estiércol, purines, cama de pollo y otras variantes de segunda generación).
En esa dirección la legislación de cortes obligatorio vigente desempeña un rol central como inductor,[6] a la vez que las capacidades de refinación de aceites, fermentación de maíz y manufacturación de la caña de azúcar aportan las ofertas locales (provenientes del área agraria). Implica la adopción de innovaciones en las primeras etapas de manufacturación de productos previamente de estricto corte primario; en algunos casos las localizaciones de industrialización coinciden con las producciones primarias dado los elevados costos de transportes de las diversas biomasas empleadas como materias primas (Rozenberg et al., 2016).
Estudios recientes dan cuenta de la creciente importancia de las bioenergías en la generación de valor de las cadenas de la soja y del maíz; se estima que entre el 4 y 6% del valor agregado de dichas cadenas corresponde a los biocombustibles (Lódola et al., 2018).
Un segundo ámbito se verifica en las modificaciones en el tipo de granos y/o otros productos con rasgos específicos según destino; casos como los de los maíces (pisingallos, para silos, de ciclo tardío); los girasoles (para confitería; de alto contenido oleico); sorgos (con alto contenido de azúcar; para silos) y las leches bovinas con ácidos linoleicos conjugados (CLA) son ejemplos en los que los cambios provienen de innovaciones en la materia prima (producto) que permite a posteriori modificar diferenciadamente el bien final.
Finalmente, cabe destacar un incipiente movimiento tecno-productivo tendiente a agregar valor a los granos a partir de su extrusado –en campo y/o aledaños– para su posterior destino a los alimentos balanceados y/o autoproducción de biocombustibles (Bragachini, 2013).
Innovaciones en la ganadería bovina
Ganado bovino para carne
Se trata de una actividad que a mediados del siglo pasado explicaba alrededor de los dos tercios de la producción agropecuaria sobre la base de un modelo de cría-invernada y engorde de base pastoril, sustentada en razas británicas y con genéticas reproductivas convencionales.
La actual ganadería introdujo mejoras en la genética y en los modelos de reproducción (inseminación, sexado de semen, estacionamiento de celos; todo lo cual mejora los tiempos de servicios y precisión reproductiva). Se destaca el impacto de la moderna biotecnología en los procesos de selección de reproductores. Argentina se cuenta entre los pocos países del mundo con capacidad de clonación de reproductores, a la vez que exhibe desarrollos en fertilización in vitro, implante de embriones y otras tecnologías reproductivas de avanzada (Robert et al., 2015).
A ello se suma el uso masivo de nuevas pasturas –gatton panic, bracchiarias en zonas cálidas, lotus en suelos salinos, etcétera– y suplementación con silos y granos.
Un hecho destacable –que incide sobre la relocalización productiva– es el peso creciente de las “nuevas” razas (respecto de las británicas y nominadas como Braford, Brangus, etcétera) que se adaptan a las regiones semiáridas.
Cuadro 4. Principales innovaciones en ganadería bovina para carne
| Actividad | Innovación | Resultado |
| Genética animal | Inseminación artificial Sexado de semen Trasplantes de embriones Clonación de reproductores Producción de reproductores (PCR, marcadores moleculares, DEP) Razas “sintéticas” |
Mejora tasa de parición Modelo de reposición de toro y vaq. Mejora proceso de selección de rodeo |
| Alimentación | Nuevas pasturas (buffer, bracchiarias, gramma rhodes, etcétera) Silos/bacterias Pastoreo selectivo Control de empaste Núcleos de nutrición Suplementación a corral |
Aumento relación producción/alimentos Calidad de carne (proteínas y otros sólidos) Estado corporal y vacas de refugo Mejora uso de forraje Reduce tasa de mortandad/mejora eficiencia |
| Sanidad | Vacunas (IBR y otras) Controles periódicos |
Menor mortandad Tasa de parición Capacidad de producción |
| Feed-lot | Sistema de alimentación controlada Uso de núcleos proteicos Mixers y otros implementos Balanzas electrónicas Chip de estado corporal Lagunas anaeróbicas |
Mejor tasa de conversión/estabiliza oferta Reducción de tiempos de engorde Producción de energía |
| Instalaciones | Mixer Balanzas Collares electrónicos Boyeros eléctricos Banderas y corrales circulares |
Mejora tasa de conversión |
| Manejo de rodeo | Control sanitario de toros Pesada rutinaria Uso de boyeros eléctricos Tacto Estacionamiento de celos Control sanitario de hembras Registros individuales de hacienda Uso de desparasitarios |
Mejora tasa de conversión |
Elaboración propia.
Otro cambio disruptivo es el desarrollo (masivo) del feed-lot en el engorde; este establecimiento ganadero se basa en la reconversión del ternero a monogásticos y su alimentación controlada y confinada en un modelo que reduce a la mitad el tiempo de engorde respecto al esquema pastoril tradicional. Su masivo desarrollo deviene además en una reconfiguración del flujo de terneros en un extremo y de novillo terminado en otros;[7] su localización –cercana a la fuente de aprovisionamiento de granos y alimentos balanceados– así como la elevada relación superficie/número de cabeza terminan por reconfigurar la localización de una actividad que se tiende complementaria (y no competitiva) con la superficie agrícola.
Ganado bovino para leche
Además de replicarse las tecnologías reproductivas y de alimentación de la ganadería de carne se suman mejoras de productividad asociadas con la adopción masiva de equipos mecánicos de ordeñe, instalaciones automáticas de alimentación, mantenimiento en circuito cerrado de la leche a baja temperatura y recirculación de aguas usadas y otros desechos (bio-digestores con base en fermentación de bosta) (FUNPEL, 2013).
Cuadro 5. Principales innovaciones en ganadería bovina para leche
Actividad |
Innovación |
Resultado |
| Genética animal | Inseminación artificial Sexado de semen Trasplantes de embriones Clonación de reproductores |
Mejora tasa de parición Modelo de reposición de hembras Mejora proceso de selección de rodeo |
| Alimentación | Silos/bacterias Pastoreo selectivo Control de empaste Núcleos de nutrición Alimentos balanceados |
Aumento relación producción/alimentos Calidad de leche (proteínas y otros sólidos) Estado corporal y vacas de refugo |
| Sanidad | Vacunas (IBR y otras) Controles periódicos |
Menor mortandad Tasa de parición Capacidad de producción Mejora la tasa de conversión |
| Manejo de rodeo | Uso de programas de información y seguimiento Trazabilidad de rodeo Manipulación de celos Estacionamiento de pariciones Tacto Estabulamiento (diversos tipos) Control de toros Uso de boyeros eléctricos Registros de preñez y pariciones Registros de producción (control lechero) Suplementación alimentaria |
Mejor tasa de conversión alimentos/leche Mejor calidad (contenidos) Mejor uso de pasturas Mejora tasa de procreo Control de alimentación Mejora sanidad/tasa de reproducción |
| Instalaciones tambo | Caminos y pisos consolidados Piso de cemento Aspersores y ventiladores Sombras artificiales Ordeñe mecanizado. bretes. fosa/espina de pescado. calesita. autoordeñe Equipo de frío Sistemas de auto energía Sala de leche Bomba estercolera Lagunas aeróbicas Instalaciones anaeróbicas |
Mejor calidad del producto Captura de fertilizantes Producción de energía para autoconsumo |
Elaboración propia.
El esquema se completa con una tendencia a la concentración de la unidad promedio y el uso de tierras de terceros para ingresar a estas actividades. Todos estos desarrollos derivan en una mayor dotación de capital fijo en materia de instalaciones, mayor productividad y crecimiento de la carga de vaca por hectárea (liberando hectáreas agrícolas y/o ampliando tamaño con igual superficie). En ese juego de precios relativos, rentabilidades y nuevas tecnologías, se desarrollaron incipientes cuencas lácteas en zonas previamente consideradas marginales; en tales casos primero avanza la agricultura –con la moderna tecnología– y luego se torna conveniente el uso del grano en origen, una de cuyas salidas es la producción láctea (Albornoz et al., 2015).
Las fuentes de abastecimiento de las innovaciones
La oferta de “insumos” para innovaciones agrarias
Definidas las innovaciones como un conjunto aplicaciones técnicas y organizacionales que son implementadas por el decisor agropecuario capaces de mejorar la productividad previa de los factores y/o reducir el riesgo ampliando el mix de producción, cabe girar el análisis sobre las fuentes a abastecimiento de las tecnologías innovativas.
A diferencia de lo que ocurre en otras actividades, en el agro, buena parte de los insumos para las innovaciones provienen de empresas industriales y de servicios externos al decisor agropecuario; interesa entonces la estructura y dinámica de tales mercados abastecedores. Proveedores de semillas/viveros, fabricantes de equipos, oferentes de biocidas e insecticidas, y fertilizantes son algunos ejemplos de esta estructura específica de las innovaciones agrarias.
Como se ilustra sucintamente en el cuadro 5, existe –a nivel agrícola– una muy variada red de oferentes de insumos y servicios especializados que “abastecen” a los decisores agrarios. Inicialmente, el aprovisionamiento de semillas involucra unas 2500 empresas con un valor de facturación anual del orden de los 1000 millones de dólares (Lódola et al., 2018)[8]; a ello se suman una multiplicidad de fabricantes de maquinaria agrícola responsables de una facturación de poco más de 900 millones de dólares (INDEC, 2019); unos pocos proveedores de fertilizantes –con una facturación anual que ronda los 2200 millones de dólares– y una muy variada oferta de insecticidas y herbicidas. Varias de estas actividades son de neto corte industrial y como tales son dominadas por grandes empresas con la consecuente concentración de mercados en sus respectivas ofertas. La tendencia a la concentración tiene un capítulo especial en las recientes fusiones y adquisiciones a nivel internacional de estos proveedores.
Cuadro 6. La red de aprovisionamiento de innovaciones agrarias
Fuente: Bisang, Anlló y Campi (2015).
Otro bloque de proveedores de insumos sobre los cuales los decisores agropecuarios “elaboran” sus innovaciones se refiere al abastecimiento de conocimiento “desincorporado” referidos a las muy diversas tecnologías de proceso que sustentan las diversas combinaciones de producciones agrarias. Por un lado, se destacan los aportes de las instituciones públicas –INTA, Estación Experimental Obispo Colombres, unas cuarenta universidades con carreras agropecuarias y una muy variada gama de entidades privadas de corte tecnológico (AACREA, AAPRESID, MAIZAR, etcétera)–; en cada uno de los casos estas organizaciones desarrollan un tramado de relaciones por las que fluyen los nuevos conocimientos –de forma abierta y gratuita y/o confinada a un núcleo acotado de productores– (Bisang, Anlló, Campi, 2015).
Por otro lado, se verifica la existencia de una nutrida oferta de servicios agropecuarios en un arco de actividades que va de sofisticadas empresas de seguimiento de cultivos –vía drones e imágenes satelitales– a los más tradicionales proveedores de asesoramiento productivo, comercial y/o financiero.
Un esquema similar se verifica en la ganadería bovina, donde el epicentro inicial está dado por varios millares de cabañas proveedoras de reproductores (como tales o como base para los sistemas de inseminación artificial, trasplantes de embriones y, en unos pocos casos, clonación de ejemplares seleccionados).
Cuadro 7. La red de aprovisionamiento de innovaciones bovinas
Elaboración propia.
Un bloque de oferentes de innovaciones muy relevantes y de alta potencialidad se refiere al aprovisionamiento para la sanidad animal; en este caso se trata de una actividad donde conviven grandes empresas internacionales con otras de capital local largamente afianzadas; varias de estas últimas exhiben desarrollos de nuevos productos con calidad exportable (incluso con radicaciones productivas en el exterior).
Finalmente, tanto a nivel agrario como pecuario, cabe destacar el rol que desempeñan las especificidades de la demanda que a través de normas y/o requerimientos específicos de los productos demandados inducen el uso de determinadas prácticas tecnológicas.
Difusión reciente e impactos
A partir de la existencia de una red –tanto a nivel agrario como pecuario– de oferentes de insumos para las innovaciones, el paso siguiente es indagar acerca de su funcionamiento. El decisor agropecuario en materia de innovaciones enfrenta una serie de precios relativos de insumos y productos (como reflejo de los precios internacionales, las tasas de cambio, las concentraciones de mercados y otros temas), enfrenta riesgos propios de la actividad (especialmente los de corte climáticos) y debe decidir sobre actividades con distintas rentabilidades, duración del ciclo de producto y grados de flexibilidad a lo largo del proceso.
Todos los elementos antes mencionados lo obligan a desarrollar esquemas altamente flexibles de producción que obligan a innovar permanentemente en un esquema de soluciones de problemas que se modifican constantemente. Con este panorama, el decisor agropecuario se torna un innovador obligado bajo riesgo de desaparecer si no evidencia una conducta dinámica en este plano.
Operando en una red, se relaciona con otros actores de la cadena que enfrentan circunstancias similares; en el caso de los contratistas de servicios agropecuarios, su posibilidad de obtener contratos –además de los precios por sus servicios– depende de la calidad tecnológica de la maquinaria agrícola que emplea y de sus saberes operativos; operando con equipos que constantemente van mejorando la posibilidad de amortizarlos a corto plazo –entre 3 y 5 años– depende de su uso intensivo. Así, los contratistas de servicios agropecuarios, por la propia dinámica del negocio, se ven compelidos a amortizar y reemplazar sus equipos en lapsos acotados que les permitan capturar los cambios técnicos y continuar en el negocio. En el otro extremo, los oferentes de maquinaria introducen mejoras asociadas con el uso creciente de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a los equipos convencionales y son constantemente desafiados por nuevos desarrollos; presionan sobre los contratistas de servicios y los productores agropecuarios para colocar equipos más sofisticados y de mayor productividad (con el consecuente aumento en las escalas de inversión y en la sofisticación de su manejo).
Por su parte, la industria de la genética vegetal enfrenta –de la mano de la moderna biotecnología– saltos tecnológicos que implican grandes inmovilizaciones de capital especifico y altos riesgos –el desarrollo de una variedad vegetal o un fenotipo animal lleva varios años– que derivan en la necesidad de un flujo constante de ingresos.
Algo similar opera en la oferta de herbicidas e insecticidas, donde las escalas mínimas son elevadas, las producciones de flujo continuo y los períodos de amortización del capital es de largo plazo; de allí la fuerte presión sobre la necesidad de colocar constantemente nuevos “insumos” a disposición de los innovadores que deciden en terreno su aplicación. La dinámica económica y tecnológica ha ido llevando a que oferentes de herbicidas, insecticidas y genética vegetal comiencen a “consorciar” sus ofertas en el marco de cadenas de comercialización que siguen las rutas de expansión del modelo agrícola. Los centros de servicios son unas de las vías de difusión de estos paquetes tecnológicos a menudo consolidados con la financiación poscosecha.
Operativamente, el modelo de agricultura por contrato y el uso masivo de contratistas agropecuarios –que se desplazan constantemente a lo largo de la frontera cultivable– activan sistemas epidémicos de difusión; de esta manera, las diversas técnicas de cultivos, sus combinatorias y el conocimiento tácito de sus operaciones son transmitidos y testeados casi en muy corto plazo. De esta forma la velocidad de las innovaciones guarda cerrada relación con la conformación estructural de las innovaciones (Anlló, Bisang y Katz, 2015).
Cabe destacar la velocidad de difusión y adopción del nuevo paquete, ya que pone de relieve el rápido aprendizaje y potencial de reconversión de los diversos agentes de la red. Varios trabajos señalan la inédita velocidad que alcanzan los procesos de difusión en el agro argentino, ubicándolos entre los casos con registros históricos más dinámicos (Trigo, 2011). En todos los casos, los porcentajes de utilización de las nuevas técnicas para el desarrollo de una actividad determinada crecen a gran velocidad y en unos pocos años las nuevas técnicas reemplazan mayoritariamente a las anteriores.
Cuadro 8. Velocidad de difusión de las distintas tecnologías agrarias
Nota: GMO = semillas modificadas genéticamente.
Fuente: PRECOP-INTA (2012).
En el proceso, por ejemplo, el uso de la siembra directa, que había arrancado tímidamente en los años ochenta como respuesta a los problemas de erosión, crece aceleradamente a partir de mediados de los años noventa. Sin embargo, los casos de las semillas GMO y el uso de nuevos fitosanitarios han sido más dramáticos, ya que se expandieron a la totalidad del mercado en prácticamente menos de un lustro.
Distintos autores exponen diversos argumentos para explicar esta dinámica: (i) el proceso de endeudamiento previo de la actividad que generó la adopción de una tecnología ahorradora de costos (Bisang, 2003); (ii) un sistema de protección de los derechos de propiedad sobre los activos clave (semilla y glifosato) que favorecen el catching up; (iii) las azarosas condiciones del entorno macroeconómico; (iv) una tendencia de largo plazo al agotamiento de la frontera técnica de expansión (Campi, 2012); y (v) la presión sobre los recursos –erosión y otros– del modelo previo (AAPRESID, 2002).
En síntesis, la propia estructura de la red y las formas de funcionamiento del modelo en su conjunto conllevan la necesidad de una innovación constante a fin de dar respuesta a las demandas crecientes que enfrenta el sector tanto en términos de alimentos como de las creciente participación de los biocombustibles y los biomateriales.
Conclusiones
En las últimas décadas, la producción agraria argentina transitó la adopción de una nutrida gama de innovaciones proveniente de dos vertientes complementarias: tecnología y forma de organización. En términos técnicos, se reemplazó la tecnología de proceso (pasaje del arado a la siembra directa, fumigación/fertilización intensiva, nuevo sistema de almacenaje en silo bolsa) y la tecnología de producto (la semilla se modifica mediante modernas técnicas de biología y la maquinaria agrícola responde al concepto de siembra directa). Similares conductas son verificables en las producciones bovinas de carne y leche, así como en otras ganaderías (especialmente la aviar y la porcina).
En términos de organización, los cambios giran en torno a la escisión de la propiedad de la tierra de quien la utiliza para producir y la subcontratación de la casi totalidad de las actividades (en reemplazo de la mano de obra propia del modelo integrado previo) mediada por un creciente usos de insumos industriales. Como resultado, se desarrolla una red de empresas de producción agropecuaria y se consolida un conjunto de proveedores de servicios agropecuarios que ofrecen insumos para la producción y otras actividades. Varía así el perfil del decisor en materia de innovaciones desde el pretérito productor agropecuario integrado verticalmente a una red de agentes económicos vinculados al negocio agropecuario.
Esta estructura productiva –en algunas regiones/zonas conforma un aceitado ecosistema de empresas– conlleva necesarios comportamientos innovadores. La innovación se materializa entre las decisiones de las empresas agropecuarias, los contratistas de servicios y tradicionales productores y la presión de los oferentes insumos para tales innovaciones (semilleros, oferentes de herbicidas, fertilizantes, insecticidas maquinas agrícolas y servicios especializados).
Los decisores en materia de innovación desarrollan sus actividades bajo la presión de riesgos propios de la producción (desde la siembra hasta la cosecha), más cambios en las condiciones económicas (precios relativos y otros desde la toma de decisiones hasta el cierre del ciclo) y financieras. De allí, la profusión en el uso de distintas herramientas de aseguramiento, planeamiento, financiación, entre otras, y la necesidad de innovaciones constantes en estos aspectos. Debido a que la agricultura es una actividad sujeta a cambios de condiciones naturales constantes, prefiere el desarrollo de empresas flexibles con una baja relación capital fijo/circulante, y su activo crítico son las innovaciones constantes y la red de conocimiento que la abastece de información para reducir riesgos en entornos cambiantes. El decisor es tomador de precios finales, soporta los riesgos climáticos, subcontrata buena parte de las actividades, con lo cual las herramientas críticas de manejo para asegurar su éxito comercial se centran en los aspectos tecnológicos.
El contratista de servicios agropecuarios, por su parte, accede a contratos en la medida que su maquinaria y conocimientos se adapten a los mejores estándares de productividad; desarrolla procesos de aprendizaje sobre la base de la operación cotidiana, la capacitación brindada por los vendedores de los equipos, las instrucciones de los oferentes de insumos, las organizaciones gremiales, etcétera. Su desplazamiento territorial –en búsqueda de hectáreas a trabajar– lo convierte en vector de difusión de innovaciones masivas.
De forma complementaria, los proveedores de insumos desarrollan su evolución a través de cambios menores y modificaciones en los procesos productivos que llevarán a cabo en laboratorios, que pueden ser de alta complejidad científica (como las semillas, los inoculantes, los promotores de crecimiento), y al momento de encargarse de procesos más cercanos a los desarrollos operativos (como la maquinaria agrícola). Asimismo, brindan servicios de alta complejidad en distintas áreas, asesorando sobre el diseño de pedidos asociados con las condiciones específicas de cada lote en particular (como paso previo a la venta de insumos consorciados). El peso de los costos fijos, la necesidad que imponen las elevadas escalas y el prolongado tiempo de maduración de los desarrollos tecnológicos estresa la conducta comercial por inducir el uso de nuevas tecnologías.
A partir de esta estructura, se conforma una red de innovaciones de interés compartido para decisores y proveedores que permite una reducción en los costos operativos y un mejor uso de los recursos a la vez que incrementa la productividad. Además tiene que dar respuesta a los constantes desafíos que implica una actividad de base biológica.
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- A lo largo del trabajo, nos referiremos al “decisor agropecuario” en materia de innovaciones a aquel que, independientemente de su forma de acceso a los medios de producción, toma bajo su riesgo la decisión de invertir y producir (sea en producción y/o en activos fijos). En el caso argentino, la agricultura se basa crecientemente en un modelo de organización en el que: i) se separa la propiedad de la tierra de su uso, vía arrendamiento de los propietarios a empresas de producción agropecuaria (EPA); ii) las empresas de producción agropecuaria tercerizan parte relevante de las actividades a favor de los contratistas de servicios agropecuarios a la vez que adquieren una variedad de insumos industriales. En esta remozada estructura, a nivel local, alrededor de dos tercios de la superficie cultivada se desarrolla en terrenos alquilados, mientras que el resto corre por cuenta de productores tradicionales con tierras propias (Anlló et al., 2013; Reca et al., 2010); complementariamente, un porcentaje similar –en promedio para una decena de actividades que conforman un ciclo de cosecha– corresponde a las actividades desarrolladas por los contratistas de servicios (MINAGRI, 2014). En otro orden, excluidos los alquileres, dos tercios de los costos corresponden a insumos industriales de uso específico (Calzada y Corina, 2015). A partir de esta estructura productiva, se identifican tres perfiles de agentes económicos que son los responsables de decidir e instrumentar las innovaciones: las empresas agrícolas tradicionales, las empresas de producción agropecuarias y los contratistas de servicios. ↵
- El proceso comienza con la fumigación y, entre cinco y siete días después (cuando el herbicida hizo efecto), continúa con la siembra; la sembradora directa –en una sola pasada– abre un surco, deposita la semilla, adiciona fertilizantes y otros promotores y “sella” el surco, evitando, de esta manera, roturar la tierra (lo cual destruye materia viva y ocasiona pérdida del –fundamental– recurso hídrico). Se reporta que con el modelo de labranza convencional, desde la siembra a la cosecha se empleaban 3,58 horas de trabajo; con un modelo intermedio de “labranza vertical”, ello se reduce a 2,63 horas, mientras que con el modelo actual de SD/fumigación, ello se reduce a 0,75 horas (MINAGRI, 2014). Referido estrictamente a la siembra, con el modelo tradicional (arado), se cultivaban 0,279 ha por hora, mientras que con el esquema de SD, se implantan 1,333 ha por hora. ↵
- Originalmente, la cosecha era realizada por máquinas trilladoras y lo recolectado se almacenaba en bolsas de arpillera (lo que derivaba en tareas de recolección y estibaje); a posteriori, los galpones (en la chacra) o los silos fijos (en manos de los corredores de cereales, exportadores o cooperativas) eran el ámbito de almacenamiento.↵
- Consiste en una manga de polietileno (de cierto espesor) de un diámetro que oscila entre 1,4 y 2,2 metros, en la que se puede almacenar el grano durante un tiempo limitado. Originalmente desarrollado en Estados Unidos para almacenar alimentos para ganado, en Argentina comenzó a adoptarse a inicios de los años noventa para almacenar forrajes. Unos pocos años después, dichos “envases” fueron readaptados para almacenar granos.↵
- A través de una máquina desarrollada en Argentina (una especie de embutidora, adosada a un tractor) se deposita el grano en los silos bolsas cerrándolos herméticamente (lo que reduce la descomposición provocada por la eliminación o consumo interno del aire en forma paulatina). ↵
- “A partir de 2001 se retomó el interés por su promoción de los bio-combustibles, estableciéndose el Plan de Competitividad para los Biocombustibles. El decreto 1.396/2001 dictado en uso de atribuciones extraordinarias otorgadas por Ley 25.414 al Poder Ejecutivo, otorgó al biodiesel por diez años la exclusión del objeto del Impuesto a los Combustibles. En 2003, la ley 25.745 –que modificó la ley 23.966 de Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Gas Natural–, ratificó la exclusión del objeto de este impuesto para el biodiesel por diez años y para el bio-etanol sin plazo. En el caso que los mismos se incorporen en mezclas con combustibles fósiles –gasoil y nafta respectivamente– el Impuesto a los Combustibles sólo alcanza a la porción de estos últimos combustibles incorporados en la mezcla. En el 2004, el Senado de la Nación dio media sanción a un proyecto de ley de promoción de los biocombustibles. Pero es recién a partir del año 2006, cuando se sanciona la ley 26.093 que establece que en un plazo de cuatro años el gasoil consumido internamente deberá tener un corte mínimo mandatorio de un 5% de biodiesel (también se fija un corte de 5% de bioetanol en las naftas), que los biocombustibles penetran con fuerza en el mercado local. Para el caso del biodiesel, se anticipaba un mayor volumen destinado al mercado interno debido a la importancia del gasoil dentro de los consumos totales del transporte del país para ese año (50% frente a 35% en las naftas y 15% para el GNC –Balance energético 2010, Secretaría de Energía–). El establecimiento de este corte obligatorio les permitiría a las empresas asegurarse un cupo para la producción hacia el mercado interno. Durante el año 2010, dicho cupo fue ampliado al 7% (Resolución 554/2010), para seguir incrementándose hasta llegar al 10% en el año 2014. Los beneficios promocionales que impulsaron el mercado interno se encuentran definidos por la citada ley 26.093, que alcanza a proyectos de industrias radicadas en el país que se dediquen exclusivamente a la producción de biocombustibles destinados al mercado interno, con habilitación exclusiva para producción de biocombustibles” (Torroba, Anlló y Bisang, 2015). ↵
- El sistema largamente desarrollado en Estados Unidos desde los años sesenta se instrumentó localmente a medida que crecía –desde mediados de los años noventa– la producción de granos (especialmente maíz) y la masiva industrialización de la soja (uno de cuyos subproductos es esencial en la dieta alimentaria de los bovinos confinados); recibió un impulso masivo con la instrumentación de subsidios al maíz de fines de los años 2000 (SENASA, 2008; Robert et al., 2009).↵
- Se estima que, en su conjunto, la actividad semillera (fiscalizada) tiene una facturación que ronda los 950/1000 millones de dólares anuales. De ese total, unos 500 millones corresponden a maíz (un cultivo alógamo y sujeto a hibridaciones, del cual alrededor del 80% son semillas genéticamente modificadas (GM), poco más de 200 millones de dólares a soja (98%, semillas GM) y 55 a trigo (autógamas y, como tales, pasibles de segundas reproducciones sin mayores pérdidas de atributos con los consiguientes problemas de derechos de propiedad intelectual). Otros cultivos de menor porte, como el girasol, el sorgo, la cebada, el centeno y las semillas forrajeras, completan el panorama.↵












