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3 Feminización del trabajo en salud,
salud colectiva y pandemia

Roxana Longo, María Malena Lenta, Paula Tortosa
y Graciela Zaldúa

La preeminencia del modelo androcéntrico en lo que respecta a la definición e intervención en los procesos de salud/enfermedad/atención/cuidado, como también la comprensión de los malestares, las emociones y los vínculos entre lo privado y lo público, que específicamente han analizado sus consecuencias hacia las subjetividades y cuerpos feminizados, están marcados por miradas simplistas vinculadas al positivismo científico que se presenta en el campo de la salud dominado por la biomedicina. El diálogo de la salud colectiva con la epistemología y el quehacer feminista ha sido sustancial para problematizar y articular en el campo de la salud algunos conceptos: proceso de salud/enfermedad/atención/cuidado, relación trabajo-salud, cargas de trabajo y procesos de desgaste con las nociones de trabajo reproductivo, división sexual del trabajo, doble presencia, cuidados y sostenibilidad de la vida. El enfoque de salud colectiva basado en el género ha permitido ampliar la comprensión de los problemas sanitarios de las mujeres y de las personas con identidades no binarias y determinar posibles formas de abordarlos desde un enfoque de derechos humanos y equidad. Ha asumido que las desigualdades sociales basadas en el orden patriarcal de género producen un conjunto de injusticas relacionadas con la división del trabajo presente en nuestras sociedades que implican graves inequidades en salud. Esta situación coloca a determinados grupos de personas en desventaja, no solo económica, social y política, sino también en lo que se refiere a sus posibilidades de desarrollar y promover la salud (Meter y Evans, 2002).

La crítica feminista ha hecho un esfuerzo para desnaturalizar el análisis clásico de la reproducción y de la sexualidad, resaltando el carácter dinámico de los procesos reproductivos, así como el control social que se ejerce sobre ellos. Son importantes las utilidades para el estudio de la salud con un enfoque feminista, interdisciplinar, desnaturalizado, no dualista y crítico con los esquemas científicos occidentales (Esteban, 2006). En este sentido, se ha interpelado cómo el trabajo cuidado recae de manera desproporcionada sobre las mujeres en los sistemas de salud focalizando en las brechas de género que estructuran el mundo laboral en salud como efecto de la división sexual del trabajo. De hecho, un 73,2% de las personas empleadas en el sector de la salud son mujeres. Sin embargo, persiste la discriminación salarial, pues en este ámbito los ingresos laborales de las mujeres son un 23,7% inferiores a los de los hombres del mismo sector profesional (INDEC, 2021).

Las trabajadoras de la salud en su ejercicio cotidiano en el ámbito de la salud vivencian una serie de sobreexigencias vinculadas al contexto de precarización del sistema de salud, y también toda una serie de requerimientos vinculados con su estatus y quehacer profesional generizado. En el campo de la salud laboral es necesario insistir en la necesidad de incorporar la perspectiva de género y, con ella, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Desde hace tiempo existen numerosas investigaciones que muestran una clara interacción de estos trabajos con el empleo, que siguen generando desigualdades de género en salud (López Ruiz, 2018).

Particularmente, durante la primera etapa de la pandemia, las trabajadoras profesionales de las instituciones de cuidado –como es el caso de la salud– se vieron obligadas a desempeñar sus tareas muchas veces sin contar con las condiciones mínimas de seguridad y protección. A pesar de su desempeño, no siempre fueron aplaudidas en las ventanas, sino que con frecuencia sufrieron maltratos y estigmatizaciones como posibles contagiadoras del virus en los espacios abarrotados de los transportes públicos e, incluso, en sus barrios y comunidades (Guimarães e Hirata, 2021). Sin embargo, las mujeres han sido cruciales y estuvieron desde el primer momento en la primera línea de respuesta a la pandemia.

Las exigencias actuales y la intensidad del trabajo en salud demandan considerar la perspectiva de género para comprender las necesidades de las trabajadoras en lo que respecta a la organización laboral en salud (Lenta, Longo, Zaldúa y Veloso, 2021).

Se requiere un conjunto de iniciativas que envuelven el campo de las políticas públicas, la acción sindical y las estrategias colectivas e individuales para enfrentar la falta de reconocimiento de las desigualdades de género y la naturalización de las desigualdades, que atraviesan transversalmente al campo del trabajo (Aspiazu, 2016).

La pandemia y la crisis de los cuidados

En el marco del contexto latinoamericano la pandemia ha evidenciado la brecha de desigualdades sociales, económicas y basadas en género y ha profundizado y potenciado lo que algunas autoras denominaron como “la crisis de los cuidados” (Batthyány y Sánchez, 2020).

Investigaciones recientes expresan los diversos impactos del COVID-19 en la vida de las mujeres cis y trans en países del Cono Sur (Bidaseca et al., 2021). Se destaca que ha sido una experiencia marcada por crisis, incertidumbres, violencias, cuidados y precarizaciones de la vida en las que se visibilizaron diversas opresiones basadas en géneros, razas, etnias y clase.

En un estudio recientemente realizado durante la cuarentena en la Argentina se destacan como situaciones de sobreexigencias a la conciliación entre el trabajo remunerado y los trabajos de cuidado (no remunerados) en los hogares de personas que están a cargo de la crianza de infancias y adolescencias en el contexto de pandemia (Passsarino y Trupa, 2020). En el marco de este estudio, que se basa en las experiencias de familias de clase media, se destaca la persistencia de las desigualdades basadas en género que ponen en tensión y generan diversas dificultades para que las mujeres cis puedan desarrollar sus trayectorias laborales remuneradas. Esto mismo señala la investigación de Serantes, Lenta, Riveros y Zaldúa (2021), quienes resaltan que, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el incremento de las demandas del cuidado infantil ligadas al apoyo escolar, la atención de salud y la contención emocional no estuvo acompañada de la democratización de la distribución de estas en las familias de sectores medio y medios-bajos, lo cual implicó un aumento en la demanda del cuidado en las mujeres juntamente con las exigencias de las cargas laborales remuneradas.

Otras investigaciones destacan reflexiones sobre el trabajo y subjetividad en el contexto de pandemia, como es el caso de Feuerwerker (2021), que analiza el caso de Brasil desde la perspectiva de las/es/os trabajadores del Sistema Único de Salud (SUS) del primer nivel de atención en San Pablo. Plantea una concepción de cuidado ampliada en salud que no se limita a los servicios de atención primaria, sino que intervienen múltiples actores sociales en los territorios. A su vez, releva los sentimientos y reacciones de los equipos frente a la pandemia y las estrategias micropolíticas que desplegaron diversos equipos. En ese sentido, en el contexto de necropolítica gubernamental de extrema derecha y los obstáculos que esto generaba para la atención en salud, se destaca la utilización por parte de lxs trabajadorxs de las redes sociales como un motor que permitió pasar de una “subjetividad subordinada, temerosa y obediente” (Feuerwerker, 2021, p.7) a un posicionamiento más cuestionador que genere otros movimientos hacia la acción.

Comunicación y salud

Ahora bien, contemplando lo enunciado desde la perspectiva en salud colectiva se propone abordar a la comunicación y salud como un campo transdisciplinar complejo que se encuentra en permanente transformación (Rodríguez Zoya, 2017). Diversos estudios aportan a este campo desde conceptualizaciones teóricas que superan la mera mirada instrumental y ponen el foco en el intercambio y construcción de las redes de conversaciones dentro de las organizaciones que se dan no en forma unidireccional, sino también en un intercambio vincular de construcción de narrativas compartidas en la producción de cuidado (Bruno, Demonte y Jair, 2016). En ese sentido se produce un espacio de intersección/intervención que no solo opera desde la carencia, sino también como motor en la búsqueda de bienestar y genera espacios cartográficos de actos en salud (Merhy y Onoko, 1997). Entonces, el foco no son los mensajes que se producen entre emisor y receptor, sino el vínculo que se genera en los espacios de encuentro, entre trabajadores/as, usuarios/as y efectores, entre necesidades, políticas sociales y la accesibilidad a derechos. La producción micropolítica del cuidado en salud se inscribe en la lógica del trabajo vivo que despliega en estos encuentros la autonomía, creación e invención que opera en flujos de diversas intensidades (Franco y Merhy, 2009). En estos flujos también se producen determinados tipos de relaciones de poder y distintos modos de circulación de afectos (De Sousa Campos, 2005).

En los últimos años ha habido grandes avances en las nuevas tecnologías de la información y comunicación (NTIC), que han atravesado en gran medida a todos los espacios sociales, y en lo que respecta al campo de la salud se destaca el concepto de eHealth que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS),

… en tanto uso económico y seguro de las NTIC en apoyo de los diferentes campos de la salud, incluyendo servicios de atención en salud, vigilancia epidemiológica, información y literatura sobre salud, así como de educación para la salud, investigación y conocimiento sobre esta área también (Schwarz, 2017, p. 89).

También se distinguen otros conceptos relacionados como mobileHealth, que comprende la utilización de dispositivos móviles o virtuales de asistencia, y TeleHealth, que hace referencia a la comunicación entre los servicios de salud y los/as usuarios/as cuando están en forma distante (Schwarz, 2017).

La incorporación de estas NTIC al campo de la salud pretendía, al menos desde el impulso de la OMS, la disminución de las brechas de desigualdades en relación con el acceso a la salud (Schwarz, 2017). Si bien se ha registrado un aumento de cobertura en algunas áreas alejadas que tradicionalmente han tenido grandes barreras geográficas para el acceso a los centros de salud, también se visibiliza el incremento de desigualdades, en tanto personas que no poseen o no manejan estas tecnologías quedarían excluidas.

Camino metodológico

En este capítulo presentamos reflexiones de un trabajo iniciado en 2018 con colectivos de trabajadoras del sector salud del sistema público de la CABA y continuado durante la pandemia del COVID-19 en 2021.

A partir de un proceso de IAP, coconstruimos un proceso crítico acerca de las transformaciones en la organización del trabajo, apelando a técnicas cualitativas junto con trabajadoras de ocho equipos de salud. Implementamos cuestionarios estructurados y grupos de discusión con foco en la elucidación del malestar laboral, la precarización del sector y la feminización del trabajo en salud. Estos procesos de producción de conocimiento constituyeron asimismo insumos para el ejercicio reflexivo y crítico de los equipos acerca de sus procesos de trabajo y propiciaron estrategias colectivas frente al malestar. En este contexto, el presente trabajo tiene el objetivo de analizar la complejidad de las afectaciones psicosociales de las trabajadoras del subsistema público de la CABA en el contexto de la pandemia en relación con la especificidad del trabajo de cuidado.

La pandemia y las transformaciones en el trabajo en salud

El escenario de la pandemia instaló cambios en la organización del trabajo en el sector salud e interpeló a los trabajos de cuidado tal como se venían desarrollando hasta el momento. El trabajo cotidiano se vio reconfigurado y cambió drásticamente las formas en las que se desarrollaba. En un primer momento, anterior a la posibilidad de la vacunación, las estrategias de prevención de los contagios debieron extremarse, aun con escasos elementos de higiene y bioseguridad. La mayoría de los equipos se dividieron en cohortes que realizaban múltiples tareas en relación con el COVID-19 que se superpusieron con otras prácticas.

Las cargas del trabajo de cuidado

Los aspectos sociotécnicos y organizacionales del proceso de trabajo configuran las condiciones y el medioambiente de trabajo. Neffa (2016) propone su estudio para comprender su relación con los procesos de desgaste laboral. Ahora bien, ¿qué ocurre cuándo se transforman de manera abrupta las condiciones y el medioambiente de trabajo? En el caso de la pandemia, su irrupción constituyó un evento que reconfiguró las lógicas de los espacios y de los tiempos al profundizar el borramiento de los límites entre los espacios y los tiempos de trabajo y no trabajo, no solo en el ámbito del trabajo remunerado, sino también en el del trabajo de cuidado no remunerado: “Me agoto, corro todo el día. Cuando termino de trabajar en el hospital, trato de hacer las compras para no tener que salir de mi casa y quedarme allí” (Clara_Hospital).

Desde la epidemiología crítica, el trabajo es comprendido como un proceso corporal en el que resultan determinantes las relaciones laborales; el proceso salud-enfermedad como herramienta analítica ubica lo social en el centro para explicar perfiles de morbi-mortalidad en los grupos sociales, y destaca su dimensión sociohistórica (Laurell, 1982, 1986). En el trabajo, la dinámica entre los aspectos destructivos de la salud en tensión con los protectivos se materializan en los cuerpos y en las subjetividades (Zaldúa, 2011).

Pero la sobrecarga no solo acontece a nivel global debido al conjunto de medidas sanitarias por cumplir en el espacio laboral y antes de ingresar al espacio doméstico (Noriega et al., 2000), también se produce por el incremento de las tareas que las trabajadoras de la salud deben desarrollan en el espacio doméstico, en función de la distribución sexual de las tareas de cuidado:

“Pero implicó esto que, a pesar de tener por ahí horarios específicos, a que fuera full time, con esto que la gente llegó hasta acá es porque hay que atenderla y hay que garantizar la atención, eso, con un equipo dividido en dos partes, con pocos profesionales trabajando, implicó obviamente una sobrecarga importante” (Ana_CeSAC).

Las cargas del trabajo en el espacio público de salud se incrementaron en función de los protocolos de protección que establecen nuevas tareas, por el aumento de las demandas urgentes y por los tipos de tareas que realizan las trabajadoras implícitamente asignadas a ellas por su condición de género: orden y aseo de las zonas comunes del equipo de salud y mayores implicaciones en prácticas de acompañamiento o sostenimiento de las personas (usuarias y profesionales) en condiciones críticas de salud ante la pandemia. En adición a ello, las tareas de cuidado en el espacio familiar también han crecido ante la restricción al acceso a redes formales e informales de cuidado y recreación, especialmente de hijos e hijas (escuela, familiares y trabajadoras del servicio doméstico, entre otras). Ante ello, la responsabilidad de garantizar estas tareas se vuelve sobre las mujeres. En este marco, aumentó también el desgaste laboral en cuanto pérdida de capacidades psicosociales, pero también físicas (producto del trabajo), lo que incide negativamente en el proceso de salud-enfermedad de las trabajadoras.

Las tecnologías y el borramiento de las fronteras del trabajo

Las NTIC cooptaron todos los espacios de la vida social durante la pandemia. Fueron un gran instrumento para poder sostener diversas actividades como el trabajo, las clases de los distintos niveles educativos, cumpleaños y otras actividades sociales. También funcionaron para poder garantizar la accesibilidad a los efectores de salud. Muchas de estas NTIC ya se utilizaban previamente, pero se instituyeron como práctica cotidiana en los servicios de salud:

“Se terminó de desarrollar lo de las redes electrónicas, las redes que utilizan las personas, muchas veces utilizamos nuestros propios celulares, el tema del WhatsApp que aporta no solo información de donde acceder porque las vías de teléfono y las vías de comunicación y atención de llamado telefónico que a veces suele ser un tanto complicado, entonces la vía por WhatsApp resultó más sencilla y en el marco de la pandemia incluso nos pasábamos mandando fotitos de recetas acerca de la asignación de un turno para que las mujeres pudieran transitar, por ejemplo de provincia a capital” (Camila_CeSAC).

Entonces, al mismo tiempo que permitieron generar mayor accesibilidad a la salud de muchas personas usuarias, también generaron una sobrecarga de tareas para las trabajadoras de la salud, quienes manifestaban tener jornadas laborales extendidas: “Tengo dos hijos, una nena de cinco y un nene de seis, a veces se me hace difícil. Ellos son pequeños y mamá llega de trabajar y sigue con el teléfono, con el trabajo” (Alba_Hospital).

Como expresan varias trabajadoras, a partir de la utilización de las NTIC con sus propios dispositivos implicó un límite muy difuso en las fronteras entre el trabajo y la vida privada. Estas estrategias comunicativas permitieron poder sostener actos en salud y estas formas se consolidaron como práctica cotidiana:

“Así que esta fue una estrategia, después recientemente el año pasado pudimos adquirir un celular para el centro de salud y esas comunicaciones por WhatsApp las hacemos desde ese celular y podemos prescindir de la línea personal, pero bueno, algunas veces seguimos usándolo” (Celeste_CeSAC).

En ese sentido es destacable que los/as trabajadores/as están permanentemente expuestos/as a desarrollos de nuevas tecnologías y técnicas, diferentes lugares de trabajo y cambios sociales u organizativos que inciden en su cotidianeidad (Gil-Monte, 2012). La metamorfosis del tiempo y del espacio se hizo más visible con la incorporación de nuevas NTIC, que desdibujan los límites entre el trabajo y el no trabajo. Esto se torna más complejo en las modalidades de trabajo inmaterial (Lazzarato, 2001) y trabajo afectivo (Hardt, 1999) como el trabajo en salud, que exige una implicación profunda, afectiva y cognitiva en el vínculo con la población usuaria (Tardif, 2014).

También la utilización de las NTIC permitió poder dar cuenta de algunos obstáculos con respecto al ejercicio de derechos que se encontraban presentes dentro de las mismas instituciones de salud y por diversos motivos se habían encontrado ocultos:

“Bueno, puedo contar que en el CESAC hay una sola persona que está en contra de la IVE [interrupción voluntaria del embarazo] y sigue en contra de la IVE, y esto de las tecnologías nos permite cacharla, porque ahora anotamos los turnos en un Drive. Entonces, a ese Drive yo tengo acceso desde mi casa, desde cualquier lado en mi teléfono, puedo ver cuántos turnos tengo para mañana, y resulta que veía que por ahí para mañana tenía turnos libres, pero que habían puesto una IVE para otro día, entonces, ¿cómo puede ser que, si hay turnos libres para mañana, por qué me ponen la IVE para el viernes?, entonces preguntando y preguntando resulta que –sí–, que sucedía eso, que la administrativa quedó muy en evidencia” (Amanda_CeSAC).

En síntesis, la utilización de las NTIC instaló un campo de posibilidades de atención y también de otras problemáticas complejas que es necesario atender. La iniciativa que tuvieron diversos equipos de efectores de salud implicó repensar algunas lógicas en relación con las sobrecargas de trabajo, como así también con otras situaciones, como la disponibilidad permanente de los equipos por las diversas demandas o la privacidad de los datos, en particular al utilizar plataformas que no fueron diseñadas para ese fin.

Estrategias colectivas: el trabajo en red

Las trasformaciones que operaron en la organización del trabajo producto de la pandemia implicaron repensar los actos de salud, las prácticas de cuidado y el rol de los equipos de salud; dicha situación produjo una fuerte carga emocional en las trabajadoras. Sin embargo, uno de los aspectos salutíferos para las trabajadoras de la salud fue el despliegue del trabajo en red, que apuntó a una práctica colectiva frente a la imposición de discursos sanitarios que trató de instalar la responsabilidad estrictamente individual para los/as trabajadoras de la salud:

“… trabajamos en red y hace bastante tiempo, y eso facilitó muchísimo la tarea” (Carmen_CeSAC).
“… esta cuestión también había permitido que todo el equipo de salud que no fuera parte del equipo de salud sexual tuviera también más en cuenta el trabajo que se hacía, porque a partir de la pandemia se instaló como un nuevo paso, que es el triage. Se iban rotando los compañeros y había que tener la información global de todo lo que pasaba en el centro de salud. Se empezó a ver como mayor información sobre cómo eran los circuitos de acceso” (Florencia_CeSAC).

El trabajo en red que implicó socializar la información y comunicación también permitió el reconocimiento del trabajo realizado por los equipos y la oportunidad de propiciar instancias de aprendizaje mutuo. Estas redes construidas desde una ética del cuidado, que implica un compromiso social y político con la tarea, habilitaron la posibilidad de diseñar acciones más asertivas y creativas.

Según los resultados obtenidos se destaca la agencia de las trabajadoras en los distintos territorios que “interrogados por la incertidumbre, movilizados por el encuentro con usuarios sorprendentemente activos y que en forma colectiva ejercitaron su autogobierno para producir vida” (Feuerwerker, 2021, p.11). Aun así, quedan pendientes varios desafíos a la hora de poder garantizar el acceso a derechos.

Conclusiones

La pandemia ha precipitado la urgencia de abordar el cuidado como asunto central de las políticas públicas sanitarias y laborales, en las que se problematicen las lógicas de discriminación e inequidades de género que operan tanto en el espacio público como privado, en el trabajo productivo y reproductivo producto de la división sexual patriarcal del trabajo. Interpelar al modelo biomédico hegemónico y androcéntrico continúa siendo un campo fecundo en la salud colectiva.

Una serie de exigencias recaen en la vida cotidiana y laboral de las trabajadoras de la salud que incide en sus propios procesos de salud y en sus trayectorias laborales.

La severidad de las problemáticas abordadas, el deterioro de las condiciones sanitarias de la población asistida, el aumento de la demanda, las dificultades relacionadas con la obtención y articulación de recursos, las condiciones de trabajo actuales, las discrepancias entre las expectativas sanitarias y la realidad, la complejidad del trabajo en equipo, la incertidumbre y la alteración del tiempo y el espacio, entre otros, son aspectos del trabajo que afectan a quienes trabajan en el sector de la salud. Desarrollar estrategias de cuidado y autocuidados de los equipos es uno de los desafíos presentes. En este sentido, en la presente investigación la reflexión conjunta permitió visualizar las situaciones problemáticas y fortalecer estrategias de afrontamiento que apunten a optimizar la salud de los colectivos laborales feminizados. El cuidado del equipo y el reconocimiento del otro/a y el trabajo en red son algunas de las potentes estrategias colectivas de cuidados.



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