María Belén Sopransi
En el contexto de pandemia de COVID-19 se constató a nivel mundial una tendencia creciente de búsqueda de pornografía en línea correlacionada con la situación de confinamiento y aislamiento (Zattoni et al., 2020). Los inicios tempranos del consumo de pornografía y el ocultamiento que acompaña su consumo, así como el impacto que esta tiene como pedagogía de la sexualidad desde la adolescencia, nos desafía a desplegar intervenciones comunitarias que permitan amortiguar las afectaciones y promuevan miradas críticas sobre la violencia de género presente en las producciones pornográficas.
Los procesos de reflexividad crítica, el análisis, la problematización de las prácticas y los dispositivos de exigibilidad de derechos que conforman la praxis de la psicología social comunitaria se conjugan con la educación sexual integral (ESI) –comprendida como dispositivo que se sostiene desde el paradigma de los derechos humanos y políticas de cuidado de los cuerpos, de las relaciones sexoafectivas y de los derechos– para abordar estas temáticas desde un enfoque preventivo y promocional de la salud.
Pornografía mainstream como pedagogía de la sexualidad
Lopes Louro sostiene que las pedagogías de la sexualidad y el género ponen en acción tecnologías de gobierno que se complementan con tecnologías de autodisciplinamiento que los/as sujetos/as ejercen sobre sí mismos/as: “En la constitución de mujeres y hombres, aunque no siempre en forma evidente y conciente, hay un investimiento continuado y productivo de los propios sujetos en la determinación de sus formas de ser o ‘modos de vivir’ su sexualidad y su género” (1999, p. 7). La pornografía funciona en este sentido en la adolescencia, independientemente del género de las personas.
La pornografía mainstream se caracteriza por ser de distribución masiva, de fácil acceso a través de internet, y constituye un negocio global que genera grandes ganancias. La cosificación de las mujeres y las disidencias sexogenéricas y la mercantilización de sus cuerpos son procesos presentes en ella. Atravesada por el neoliberalismo extractivista sobre los cuerpos, la pornografía mainstream se encuentra “enfocada a la consecución de la máxima exhibición y la máxima excitación” y remite a una concepción neoliberal del placer (Aguado, 2018, p. 48). La “pornificación de la cultura” ha dado nombre al proceso mediante el cual “varios elementos que eran propios de la pornografía se han introducido en la cultura no considerada pornográfica”; son ejemplos la extrema cosificación de las mujeres y la erotización de esta cosificación que se han normalizado en la sociedad, la banalización y la promoción del consumo masivo de pornografía asociándola al “buen sexo” (Torrado Martín-Palomino et al., 2021, p. 22).
La violencia simbólica y la sexual son intrínsecas a la pornografía mainstream, y se evidencian a través de prácticas sexuales que sostienen la jerarquía y desigualdad de géneros. La violencia sexual se invisibiliza y erotiza a la vez que se deslegitima la idea de consentimiento libre en las prácticas sexuales o se proponen formas de forzar el consentimiento a través de algún tipo de presión, coacción o chantaje (Torrado Martín-Palomino et al., 2021, p. 27). “Tras la erotización de la dominación han estado todas las instituciones del patriarcado” (Facio y Fries, 2005, p. 288). Así, la violencia y la dominación han sido asociadas con el placer; una erotización de la violencia que se transmite por el sistema de géneros a lo largo de la historia, que promueve para el varón la asociación de violencia y muerte con el placer y en la mujer promueve la asociación del dolor con el placer. Situaciones de violencia sexual explícitas hacia mujeres y disidencias sexogenéricas, como escenas de violaciones[1] o estrangulamientos, se exhiben en la pornografía como posibilidades sexualmente excitantes. En la investigación que llevaron a cabo Artazo y Bard Wigdor, las autoras arriban a la conclusión de que
… en el porno de mayor consumo, el sexo se asocia a transgredir la voluntad de las mujeres, desconocer y erotizar su dolor. Se insiste en el dominio sexual del varón cisgénero […] se entiende que la mujer puede gozar aun cuando llore de dolor, relativizando o haciendo del sufrimiento y la violación una fuente de placer masculino (2019, p. 348).
Como forma extrema de esta violencia sexual –aunque marginal– encontramos el caso de los videos que se denominan snuff –asesinatos de mujeres mientras se filma la violación–, que constituyen una forma de feminicidio para la comercialización de pornografía dura[2]. La presencia de los snuff dentro de la pornografía es la mayor evidencia de que su tema principal es el poder masculino en sí mismo, que aparece sexualizado “en el hecho de que el placer masculino sea más relevante que el dolor de las mujeres” (Torrado Martín-Palomino et al., 2021, p. 33) y sus vidas.
Ballester Brage et al. (2019) realizan una revisión sobre investigaciones que toman como objeto el vínculo que les adolescentes y jóvenes establecen con la pornografía mainstream. Si bien la pornografía persigue el fin explícito de generar excitación sexual y placer en sus espectadores, les autores evidencian otro fenómeno que se da en quienes consumen actualmente pornografía mainstream: señalan que su consumo condiciona la formación del imaginario sexual y produce un efecto formativo y performativo, e influye en las relaciones sexuales consigo mismo y con otros. Se forma un habitus privado, diferente a la conformación de los habitus familiares o de clase, que marca una ruptura con las generaciones precedentes no formadas con el apoyo de internet como entorno de aprendizaje sexual, un habitus deshistorizado acerca de los argumentos sobre la sexualidad, reducido a experiencias observadas más que vividas, en especial para los varones.
Artazo y Bard Wigdor (2019, p. 329) retoman la idea de Marzano, quien plantea que la pornografía mainstream borra lo humano/a y arroja a las mujeres al lugar de instrumento, es decir, a una existencia para que otro haga con ella. Asimismo, develan –siguiendo a Rita Segato– que la pornografía también erotiza el racismo, que se expresa desde una mirada que cosifica sexualmente la “otredad salvaje” desde el punto de vista del varón occidental cisheterosexual, lo que da cuenta de la intersección de patriarcado, capitalismo y colonialismo como sistemas de dominación que se expresan en la pornografía (p. 353). Concluyen en que la pornografía es una pedagogía temprana de la sexualidad, que tiene impacto en la configuración de vínculos sexoafectivos, “los cuales se rigen por prácticas y representaciones aprendidas desde condicionamientos culturales e ideológicos, a través de las diferentes instituciones y productos culturales”. En la pornografía como pedagogía de la sexualidad es “donde se consume y aprende sexo heterocentrado y patriarcal, basado en el sometimiento, cosificación y anulación de las mujeres y corporalidades feminizadas como sujeto de derechos” (p. 354). Las autoras problematizan sobre la dimensión ideológica de la pornografía en relación con el placer que se busca en ella, y postulan que los sujetos “creen que buscan en la pornografía placer, pero en realidad es la pornografía misma la que construye qué vamos a considerar placer, cómo vamos a mirar nuestros cuerpos y nuestros deseos en relación con otros/as” (p. 355).
La violencia de género (especialmente la violencia sexual presente en la pornografía mainstream) y las evidencias de que la pornografía constituye una pedagogía de la sexualidad –para Artazo y Bard Wigdor (2019, p. 349) una pedagogía de la crueldad sexual– en el mundo contemporáneo son un signo de alerta para quienes promovemos la perspectiva de la ESI, desde donde debemos reconocer que es un tema en general silenciado, pero que es necesario abordar de un modo sistemático con les adolescentes.
Miradas críticas sobre la pornografía mainstream, violencia de género y ESI
Si bien evidenciamos el efecto performativo que puede tener la pornografía mainstream –nos remitimos a la idea de performatividad de género de Butler (2007)–, también reconocemos posibilidades de subvertir esta lógica. En este lugar nos posicionamos desde la ESI para problematizar lo que la pornografía mainstream reproduce.
Compartimos a continuación una reseña de la experiencia-taller cocoordinado con el prof. Gabi Díaz Villa, que respondió a una demanda estudiantil y tuvo lugar en una jornada de ESI del nivel medio de una escuela de la CABA en octubre de 2019. Nos propusimos trabajar con las ideas previas a partir de la vinculación que cada uno/a pudiera tener con la pornografía y evitar toda perspectiva moralizante o censurante sobre su consumo, ya que esto obturaría las posibilidades de participación[3].
El taller “Miradas sobre las feminidades y masculinidades desde el discurso pornográfico y su relación con la violencia de género” se realizó con dos grupos de adolescentes –de 35 y 45 participantes, en su mayoría mujeres, estudiantes del 2.° ciclo del nivel medio– y una duración de dos horas. Nuestros objetivos fueron: desarrollar una mirada crítica sobre el discurso pornográfico; identificar y desmitificar las ficciones presentes en el discurso pornográfico; visibilizar los mandatos, estereotipos e ideales de belleza por género en el discurso pornográfico y el encubrimiento de la violencia de género, y asociar el consentimiento, el respeto, la valoración del otro/a y el cuidado al ejercicio de relaciones erótico-afectivas libres de coacciones y violencias[4].
Momentos del taller
Luego de presentarnos, contextualizar la temática y los objetivos del taller, señalamos que todos/as nos encontramos con producciones relativas a la pornografía y en la actualidad la tecnología facilita este encuentro. Partimos de la base que todes en algún momento nos preguntamos qué es la pornografía.
1.° momento: construcción sociocultural del género
Nos propusimos reconocer los mensajes que forman parte de nuestra cultura, que incorporamos a lo largo de nuestras vidas y reproducimos acríticamente con repercusiones sobre nuestra autoestima y la de otros/as, a través de la significación que distintas personas jóvenes y niñas/os daban a la frase “correr como una niña”. Propusimos ver el video ¿Qué significa hacer algo #ComoNiña[5]?
2.° momento: pornografía mainstream como discurso, caracterización de los estereotipos y mandatos de género que reproduce
Compartimos una breve nota, “Postporno para principiantes: 5 preguntas para entender de qué se trata (y opinar con fundamento)”, del colectivo 100% Diversidad y Derechos[6]. Delimitamos colectivamente qué es el postporno[7], cuáles son sus principales críticas a la pornografía mainstream e invitamos a reconocer las características de los cuerpos que se presentan como capaces de provocar excitación sexual y las actitudes-comportamientos por género que se expresan en la pornografía mainstream.
Las características reconocidas en los cuerpos de las mujeres que se ven en la pornografía mainstream fueron: jóvenes, flacas, con pechos y nalgas grandes, rubias, operadas, sin estrías, de piel tersa, depiladas –vulva depilada que remite a la vulva infantil– y sus cuerpos están visualmente más expuestos que los de los varones. Sus actitudes fueron señaladas como principalmente sumisas y en algunas ocasiones infantilizadas, y los comportamientos de las mujeres en las producciones pornográficas se describieron en torno a dar placer al varón antes que satisfacer el propio placer. Las características reconocidas en los cuerpos de los varones fueron: blanco, bien dotado (pene grande), cuerpos musculosos, cis y en algunos casos depilados. Las actitudes señaladas como primordiales en los varones fueron dominante y violento, dentro de los comportamientos plantearon que es quien toma la iniciativa para guiar la escena sexual, manejando y/o sometiendo a la mujer y conservando el control durante toda la relación sexual. En la discusión se evidenció la desigualdad de género en el acceso al placer, es decir, cómo en la pornografía toda la escena se da alrededor de la obtención del placer masculino, donde las mujeres son presentadas como objeto sexual de la satisfacción masculina. Se debatió sobre las categorías de la pornografía, visibilizando aquellas que son formas explícitas de violencia sexual, como la categoría “violación” y el carácter racista que encubren otras categorías, como “latinas” y “morenas”, entre otras.
3.° momento: ¿cómo nos condicionan las ficciones de la pornografía mainstream?
Trabajamos sobre las expectativas, las fantasías y la seducción, y cómo se veían influenciadas por el discurso pornográfico a partir de un fragmento del video Why I stopped watching porn, de Ran Gavrieli[8].
Problematizamos la idea de hegemonía en relación con los estereotipos de belleza y las prácticas sexuales, así como la cisheternormatividad presente en la pornografía mainstream. Intercambiamos ideas acerca de la presión que genera lo que se ve en la pornografía sobre aquello que deberíamos hacer en una relación sexual para ser aceptados/as, cómo deberíamos vernos y actuar para ser aceptables en términos de gustar sexualmente. También sobre las consecuencias asociadas a creer que lo que se ve en la pornografía son relaciones sexuales reales, como por ejemplo desestimar el placer o el dolor femenino, pensar que lo común es que las mujeres eyaculen cuando tienen un orgasmo o que se intenten reproducir prácticas sexuales que se ven en las películas. Evidenciamos el carácter ficcional de la pornografía mainstream en torno a los cuerpos –especialmente la forma y el tamaño de los genitales–, la ausencia de seducción preliminar a la relación sexual –como besos y caricias previas y durante la relación sexual–, la penetración presente en todas las relaciones sexuales, el tiempo que dura el encuentro sexual y la erección peneana y la credibilidad de los orgasmos femeninos, entre otros.
4.° momento: ¿qué pasa en las relaciones sexuales reales y no está presente en la pornografía mainstream?
Planteamos esta pregunta y utilizamos como disparador para el intercambio imágenes de Nico Ilustraciones, de su libro Humor de camas deshechas de amor, en las que podemos ver situaciones cotidianas que se dan en las relaciones sexuales. Pudimos reconocer colectivamente la presencia de prácticas de cuidado –ponerse un preservativo–, consentimiento, diálogos, risas, besos, caricias, cuerpos que no responden a los estereotipos o ideales de belleza, distintas orientaciones sexuales, momentos de timidez, incomodidades del lugar en el que se tienen relaciones sexuales, dificultades para sacarse la ropa y sudor, entre otras situaciones.
Para cerrar retomamos y profundizamos en la idea de las prácticas sexuales consentidas, el poder decir “no” en cualquier momento de la relación sexual y el derecho a vivir una sexualidad libre de toda forma de coacción y violencia.
Reflexiones finales
Esta experiencia ha sido un abordaje acotado de una temática compleja que ha tenido muy buena recepción en les adolescentes, ya que surgieron otros temas que relacionaron con lo que estábamos analizando, por ejemplo, la prostitución y su vínculo con la pornografía. Esta es otra temática a la que resultaría relevante aproximarse desde la perspectiva de la ESI, ya que algunas investigaciones establecen una relación fuerte entre consumo de pornografía e inicio de consumo de prostitución (Torrado Martín-Palomino et al., 2021; Artazo y Bard Wigdor, 2019; Ballester Brage et al., 2019; Alario Gavilán, 2018). Estos contenidos podrían abordarse en una secuencia que incluyera el reconocimiento y análisis de las prácticas sexuales riesgosas presentes en la pornografía mainstream, y que además se vinculara con las prácticas de cuidado en las redes, especialmente con relación al sexting, ya que hay una comprensión particular entre lo íntimo, lo privado y lo público en la tecnosociabilidad adolescente, que se ha visto exacerbada durante la pandemia. Podrían también incorporarse contenidos relativos a la prevención de grooming y de la difusión no consentida de imágenes o videos íntimos.
Para quienes promovemos la ESI queda abierto el desafío de seguir generando propuestas y recursos que nos permitan profundizar junto a los/as adolescentes las miradas críticas sobre la pornografía mainstream para amortiguar sus implicancias como pedagogía de la sexualidad.
- Desde una perspectiva interseccional, Segato (2003) analiza el mandato de la violación como imperativo y condición necesaria para la reproducción del género como estructura de relaciones jerarquizadas.↵
- Informe de Amnistía Internacional Robamos la vida de nuestras hermanas, 2004, citado por Artazo y Bard Wigdor (2019, p. 329).↵
- Exceptuamos la pornografía infantil; consensuamos no considerarla como objeto de análisis crítico dentro del taller, y acordamos que si surgía el tema se abordaría como una forma de abuso sexual hacia niñes y adolescentes que constituye un delito penal. El mismo límite planteamos para el snuff.↵
- Dentro de los contenidos de la ESI (Lineamientos curriculares para la ESI, 2008) seleccionamos los siguientes del segundo ciclo del nivel secundario: el reconocimiento y expresión de los deseos y necesidades propios y el respeto de los deseos y las necesidades de los/as otros/as, en el marco del respeto a los derechos humanos; la indagación, reflexión y análisis crítico en torno a la violencia sexual; la coerción hacia la “primera vez”; la presión de los grupos de pares y los medios de comunicación; la reflexión y análisis crítico en torno a la valoración de patrones hegemónicos de belleza y la relación con el consumo; el abordaje y análisis crítico de la masculinidad; la reflexión sobre las representaciones dominantes: fuerza, agresividad y violencia; la identificación de representaciones estereotipadas en la construcción de la masculinidad en los varones; la reflexión sobre las implicancias de la homofobia; el abordaje, análisis y comprensión de la masculinidad en otras culturas; la comprensión, valoración y reflexión en torno a las implicancias de la paternidad; el abordaje y análisis crítico de la femineidad; la reflexión sobre las representaciones dominantes: fragilidad y pasividad; la identificación de estereotipos en la construcción de la femineidad en las mujeres; el análisis crítico de la subvaloración de otras formas de ser mujer que no incluyan la maternidad; el abordaje, análisis y comprensión de la femineidad en otras culturas; y la reflexión y análisis crítico en torno a las implicancias del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación sobre el comportamiento individual y las relaciones interpersonales.↵
- Disponible en https://youtu.be/s82iF2ew-yk↵
- Disponible en https://100porciento.wordpress.com/2015/07/04/postporno-para-principiantes-5-preguntas-para-entender-de-que-se-trata-y-opinar-con-fundamento/↵
- Como discurso contrahegemónico recurrimos al postporno, reconocida como una pornografía alternativa, que cuestiona la pornografía mainstream. Aguado (2018: 44) señala que el porno no machista remite a una política visual del cuerpo ajena tanto a la mirada moralizante que lo oculta y a la mirada pornográfica que lo cosifica. Para Preciado (2009: 19) el arte y el posporno “son espacios de experimentación, de crítica y de investigación en los que se trabaja con la materialidad del signo, con la imagen y el sonido y con su capacidad de crear afectos, de producir placer e identidad. (…) el posporno, como el arte, se distancia de la pornografía tradicional al renunciar, en muchos casos, a los resortes masturbatorios de ésta. Ya no se busca tanto accionar el mecanismo de producción de placer como interrogarlo, cuestionarlo”.↵
- Disponible en https://bit.ly/3IGGPVI (utilizamos desde el minuto 1:33 al 5:33) y el video Porn Sex vs. Real Sex: The Differences Explained With Food, disponible en https://bit.ly/3o3LVUc↵








