Siguiendo las propuestas de Pierre Hadot en ¿Qué es la filosofía antigua? (1998) y en Ejercicios espirituales y filosofía antigua (2006), puede pensarse que en la Antigüedad la actividad filosófica solía ser concebida como una práctica que, basada en diferentes ejercicios preparatorios aplicados sobre la propia interioridad del practicante, tenía como finalidad el acceso al saber. Centrándome en la figura de Sócrates, propongo en este trabajo elucidar algunos aspectos de su peculiar manera de entender la filosofía, en íntima conexión con las prácticas espirituales en las que se habría ejercitado.
La principal hipótesis de la que parto postula que Sócrates, además de intelectual, además de dialéctico, además de filósofo, era principalmente un epimeletés, es decir, un practicante de la espiritualidad, y un phrontistés, esto es, un meditador. En este sentido, existiría una diferencia y una complementación entre filosofía y espiritualidad, en tanto transformación del ‘sí mismo’ del practicante para acceder al saber; así, con Sócrates la idea de filosofía aparecería enmarcada dentro de la práctica de la espiritualidad. Apoyado en su condición de practicante consumado en la ejercitación espiritual, se habría también desempeñado como symbouleutés o consejero de vida.
Ciertos pasajes contenidos en los principales testimonios socráticos de los siglos V y IV a.C. informan que Sócrates habría desarrollado, paralelamente o incluso con preferencia a la actividad filosófica, la práctica de la espiritualidad, ejercitándose en las técnicas de control y concentración de la respiración y fomentando la práctica de al menos dos ejercicios espirituales: el epimeleîsthai tês psykhês/heautoû (preocuparse del alma/uno mismo) y el phrontízein ti (meditar en algo). Ejercicios cuyo objeto consiste en preparar el alma del practicante allanándole el camino en su búsqueda del saber, por lo que pueden ser vistos como una propedéutica a la actividad filosófica. Gracias a esta ejercitación, el practicante consumado deviene portador de una palabra viva y personal, cuya fuerza se manifiesta cuando actúa aconsejando a los demás (symbouleúein), actividad que también supone el desarrollo de la espiritualidad.
He seleccionado un corpus textual que consta de las siguientes obras producidas entre el último cuarto del siglo V a.C. y el primero del siglo IV a.C.: a) los denominados diálogos ‘socráticos’ de Platón (especialmente Apología, Laques y Alcibíades I, a los que se agregan Simposio y un pasaje puntual de Fedro), b) tres de los cuatro tratados ‘socráticos’ de Jenofonte (Memorables, Simposio y Apología) y c) Nubes del poeta cómico Aristófanes.[1]
Con datos extraídos del corpus, persigo como principal objetivo reconstruir, aunque sea parcialmente, la formas que ha adquirido el peculiar modo de vida desarrollado por Sócrates, así como su singular concepción de la filosofía, haciendo especial hincapié en la práctica de aquellos ejercicios preparatorios que utilizó en su perseverante búsqueda del saber. Espero así poder aportar argumentos a favor de la hipótesis y esclarecer en qué medida espiritualidad y filosofía eran prácticas emparentadas en la cultura griega clásica.
Este trabajo está dividido en cuatro capítulos. Los dos primeros capítulos son propedéuticos. En el capítulo primero (El problema de la historicidad de Sócrates) abordaré el controvertido problema de la legitimidad de los testimonios socráticos como fuentes para conocer la figura histórica de Sócrates, mientras que el capítulo segundo (La noción de ejercicio espiritual) lo voy a dedicar a clarificar la noción de ejercicio espiritual, tal y como era concebido y practicado en la Antigüedad. El capítulo tercero (Sócrates, practicante de la espiritualidad) es el capítulo nodal de este trabajo. Allí voy a estudiar la función preparatoria de la ejercitación espiritual socrática (La ejercitación espiritual como propedéutica en la búsqueda del saber), prestando especial atención a la modalidad que adopta con la práctica de la respiración (El ejercicio respiratorio), la práctica del cuidado de sí (El ejercicio del epimeleîsthai tês psykhês) y la práctica meditativa (El ejercicio del phrontízein ti), para pasar a tratar el tipo de discurso que surge de la práctica de la espiritualidad asociado al rol de Sócrates como consejero (Experiencia y expresión del lógos personal), abocándome finalmente a reflexionar acerca de la relación que se da entre la ejercitación espiritual socrática y la realidad política de su tiempo (La preocupación por la pólis). Tengo la esperanza de que la conexión conceptual y argumental entre las distintas secciones del capítulo tercero quede sugerida por la forma que adopta la exposición de las ideas. Por último, destino el capítulo cuarto a ofrecer algunas conclusiones generales, estilar una consideración crítica a la noción tradicional de ejercicio espiritual socrático y dejar planteados algunos problemas.
Me resta decir que las fuentes griegas que cito a lo largo del trabajo irán en su lengua original acompañadas de su correspondiente traducción, pero que en el cuerpo del texto, siempre que recurra a términos o expresiones en griego, estos serán transliterados, siguiendo el criterio que indico a continuación:
a) las vocales largas eta (η) y omega (ω) se transliterarán con la correspondiente letra del alfabeto latino y subrayado bajo (e, o), mientras que la ypsilon (υ) será transliterada con la y griega (y), excepto cuando forme diptongo (por ejemplo, συμβουλευτής: symbouleutés).
b) las consonantes aspiradas teta (θ), fi (φ) y ji (χ) serán transliteradas con th, ph, kh, respectivamente (por ejemplo, θυμός: thymós, φρήν: phrén, χάος: kháos).
c) las consonantes dobles xi (ξ) y psi (ψ) serán transliteradas con ks y ps, respectivamente (por ejemplo, εξέτασις: eksétasis, ψυχή: psykhé).
d) los fenómenos denominados agma (gama delante de otra consonante gutural) se transliterarán de acuerdo con la pronunciación (por ejemplo, ἔλεγχος: élenkhos).
e) el espíritu áspero se indicará con una hache inicial (por ejemplo, ἑαυτόν: heautón).
f) las restantes vocales y consonantes serán transliteradas con la correspondiente letra del alfabeto latino (alpha: a, beta: b, gama: g, etc.).
- Los diálogos tempranos de Platón, las obras ‘socráticas’ de Jenofonte y Nubes de Aristófanes no agotan el espectro de testimonios acerca de Sócrates en los siglos V y IV a.C. Del corpus testimonial seleccionado para este trabajo han quedado afuera los testimonios de los llamados ‘socráticos menores’ (Antístenes, Euclides, Aristipo, Esquines, Fedón, cf. Kahn 1996:31-56; véase al respecto la monumental edición de los fragmentos de Sócrates y de los ‘socráticos menores’ realizada por Giannantoni 1990). Debido a su escasísimo número, su carácter fragmentario y su irrelevancia testimonial, también han sido dejadas de lado las menciones que de Sócrates hacen otros comediógrafos, como es el caso de Amipsias (cf. fr. 9, 39-40, 165), Éupolis (cf. fr. 352, 361), Cratino (cf. fr. 202), Calias (cf. fr. 12) y Teléclides (cf. fr. 40). Por su parte, el testimonio de Aristóteles, a causa de su insuficiencia informativa e inexactitud histórica, tampoco forma parte del corpus (cf. Cherniss 1953). En cuanto al texto conservado de Nubes, hay que decir, en rigor, que se trata de Nubes II, de la que se afirma que o bien circuló sólo como texto, y por lo tanto no fue representada (cf. Rosen 1997), o bien, además de circular como texto, la obra fue representada en los festivales campestres (cf. Fabrini 1975, Cavallero 2007-2008:453); de cualquier manera, debe ser diferenciado del texto de Nubes I, representada en 423 a.C. en las Grandes Dionisias y que obtuvo el tercer puesto, detrás de Kónnos de Amipsias, y de Pytíne de Cratino, obra que ganó el certamen.↵






