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1 Mirar de cerca

Investigando sobre varones que pagan por sexo


El análisis que presentamos en este libro ha sido fruto de varios años de trabajo de campo buscando construir conocimiento a partir de la investigación empírica y los procesos de reflexión colectiva e interdisciplinar. Nuestro interés fundamental ha sido conocer las experiencias de los varones que pagan por sexo a partir de sus propios relatos, aspecto sobre el que no hay aún un cúmulo importante de investigación empírica en nuestra región. En el contexto europeo y anglosajón, así como globalmente, la investigación se ha centrado en analizar las motivaciones y construir tipologías de quienes pagan por sexo (p.e. Joseph y Black, 2012; Kong, 2015; Meneses, Uroz y Rua, 2018; Ranea Triviño, 2016). A su vez, buena parte de los trabajos sobre estos varones toma como punto de partida los relatos de quienes ofrecen servicios sexuales (p.e. Gaspar, 1985; Lamas, 2017). Si bien estas perspectivas permiten comprender otros aspectos del comercio sexual (y por ende hemos recurrido a ellas en varias oportunidades), aquí partimos de las experiencias de estos varones para indagar en sus propias complejidades.

Desde un principio, el proyecto[1] proponía hacer entrevistas en profundidad y realizar una etnografía virtual en dos foros online de comercio sexual; luego fue el propio trabajo de campo el que nos fue mostrando los límites y las posibilidades de cada una de estas estrategias. Poder contar tanto con los relatos narrados offline, cara a cara, en las entrevistas, como online en los foros, nos permitió trazar contrastes y comprender más profundamente los sentidos sobre masculinidad y sexualidad plasmados en las experiencias de estos varones. Antes de comenzar vimos que algunos de los trabajos basados en entrevistas a “clientes de prostitución” incluían a cualquier varón que alguna vez en su vida hubiera participado de un intercambio de dinero por sexo. Para intentar evitar aquellos que solo habían sido consumidores extremadamente ocasionales, nos planteamos como límite entrevistar a varones que hayan pagado por sexo al menos en tres ocasiones. Los contactos con mujeres dedicadas al comercio sexual que habían participado en investigaciones anteriores (Martynowskyj, 2020; Morcillo, 2014, 2021) fueron una colaboración clave para acceder a los entrevistados. Además, sumamos contactos personales como forma de diversificar las vías de acceso e intentamos (sin demasiado éxito) utilizar la técnica de “bola de nieve” –es decir que cada entrevistado nos contacte con otro potencial entrevistado–. A pesar de estas múltiples vías de acceso, dar con los entrevistados resultó difícil, lo cual, ya desde el inicio de la investigación, brindó un dato relevante: la reticencia con la que circula la información sobre quienes pagan por sexo. Las dificultades para implementar la “bola de nieve” pusieron de relieve algunas de las formas que adquiere la homosocialidad entre los varones que pagan por sexo: los entrevistados tenían reparos en revelar una información potencialmente sensible sobre otros varones; y que ellos mismos suelen mantener también en secreto. Algunos dijeron que sus conocidos habían rechazado la entrevista y otros mostraron una leve sorpresa al saber quién los había referido como potenciales entrevistados para nuestra investigación. Esto nos llamó la atención sobre cómo incluso la categoría, pretendidamente neutra, de “cliente” puede resultar una interpelación problemática.

Teniendo en cuenta estas dificultades en el acceso, conformamos una muestra de conveniencia buscando la mayor variabilidad en términos de sectores socioeconómicos y edades. Realizamos 19 entrevistas repartidas entre las ciudades argentinas de San Juan y Mar del Plata. Las edades de los entrevistados van desde los 27 a los 77 años; ocupan diversas posiciones socioeconómicas y el nivel educativo varía desde primario incompleto hasta estudios universitarios completos[2] (ver tabla en anexo con datos de los entrevistados). Todos los entrevistados se identificaban como varones cis heterosexuales, de manera que nos referiremos a las experiencias y discursos de estos varones (que también son los principales protagonistas de los foros). Un aspecto importante fue que las entrevistas fueron llevadas a cabo tanto por un varón, como por una mujer. Esta variación, invisible a los ojos de una mirada objetivista, causó sutiles diferencias –como una supuesta complicidad homosocial o expresiones de corrección política y vergüenza– que potenciaron el valor analítico de las entrevistas.

Del cabaret al foro online

En la última década, el mercado sexual ha ido mutando de diversas formas, especialmente en el marco de la lucha contra la trata de personas y como resultado de las transformaciones legales impulsadas por la misma. Lejos ha quedado la legitimidad que había alcanzado el comercio sexual en el período reglamentarista, entre los años 1850 y 1930, cuando las “casas de tolerancia” estaban reguladas por el Estado. En ese marco los relatos de las experiencias de los varones que pagaban por sexo formaban parte de los discursos masculinos dominantes (Simonetto, 2018). Incluso hasta mediados del siglo XX se sostuvo que los burdeles eran necesarios tanto para evitar la homosexualidad y otras desviaciones en los jóvenes, como para preservar la respetabilidad de las señoritas (Cosse, 2010; Guy, 1994). Actualmente, el cabaret, como lugar del espacio público donde los varones acceden a sexo pago, se halla profundamente cuestionado o ha sido directamente erradicado de varias ciudades de Argentina (Behrens, 2019; Varela y Martynowskyj, 2019).

En este contexto, que hizo inviable utilizar la observación en cabarets como técnica de investigación, surgió la idea de conducir una etnografía virtual en los foros online de comercio sexual. Algunas investigaciones en países anglosajones plantean que internet ha constituido un lugar “seguro” y anónimo de sociabilidad masculina vinculada al mercado sexual (Sanders, 2008a), donde los foros de discusión e intercambio de información sobre sexo comercial reúnen a clientes y, a veces, a trabajadoras sexuales, en una comunidad online con valores y normas distintivas (Horswill y Weitzer, 2016). Es aquí que nos planteamos la posibilidad de utilizar métodos etnográficos para analizar las interacciones entre los actores de la cultura o espacio de sociabilidad online, es decir, conducir una etnografía virtual (ver Álvarez Gandolfi, 2016). En particular, dados los objetivos de nuestra investigación, seguimos los enfoques de la etnografía virtual que ponen el foco en las mixturas online/offline para comprender cómo los espacios virtuales forman parte y retroalimentan los mundos culturales en nuestras sociedades (Hine, 2015).

Los discursos en los hilos de los foros son frecuentemente “polílogos” (Pink et al.; 2019: 136), es decir, no son monólogos ni diálogos, sino que involucran a tres conversadores o más. De acuerdo con Pink, la sociabilidad en los foros es “casi oral”, y podría caracterizarse como una “intimidad pública”. Íntima, por el tema que los une, como dimensión de la sexualidad, y a través del cual se reconocen entre ellos. Pública, porque el acceso a los foros es libre y gratuito. Lo que lleva a que los participantes sean conscientes “de que en la Red cualquiera puede estar agazapado en la sombra” (Pink et al., 2019: 137); de hecho, en los foros analizados hay una categoría para los usuarios que no escriben ningún tipo de relato y solo leen: los “muditos”. Los usuarios suelen utilizar nicknames para garantizar, no un anonimato, sino una identidad protegida, aspecto clave para mantener oculta frente a los extraños su implicación en el mercado sexual y al mismo tiempo, tejer redes homosociales entre usuarios. El uso de internet ha sido objeto de debates en las ciencias sociales, pues si bien muchas veces la información es pública, no es siempre posible obtener el consentimiento explícito de todos los participantes (ver en Earle y Sharpe, 2007). En nuestro caso, no sólo la información es de acceso público, sino que la presencia de “observadores” de diversa índole forma parte de las expectativas de los foristas, expresadas en frases como: “seguro que un psicólogo va a leer esto y se hace un banquete” o “estos 15 años de foro deberían ser rescatados por algún historiador”. De todas formas, hemos optado por utilizar pseudónimos tanto para los nicknames de foristas como para los nombres de los entrevistados –de quienes sí pudimos obtener un consentimiento explícito– y otras personas aludidas en los relatos. Salvo estos detalles, los relatos son citados verbatim y textuales en el caso de los foros, incluidas expresiones nativas y errores ortográficos o gramaticales, que sólo fueron corregidos cuando dificultaban la comprensión.

En los foros que analizamos, los “gateros” –como se autodenominan en Argentina estos varones que pagan por sexo– comparten y buscan información sobre “gatas” o “escorts” –como son llamadas las mujeres que hacen comercio sexual[3]. Los foros pueden ser rápidamente catalogados como espacios de cosificación de mujeres, por ejemplo, si consideramos las publicidades explícitamente sexualizadas de mujeres que se encuentran en ellos. Estas imágenes acompañan los relatos de las experiencias sexuales de los foristas con escorts, llamadas “XP”, que constituyen el grueso de la enorme cantidad de mensajes.

Seleccionamos dos foros online que son, según las estadísticas de Alexa.com[4], las páginas más visitadas con relación al comercio sexual en Argentina. Estos foros son los de mayor trayectoria, los más poblados y con mayor extensión: funcionan hace más de 15 años, y desde entonces se han registrado cientos de miles de usuarios[5], quienes han escrito entre 2.2 y 7.1 millones de mensajes. Esta enorme cantidad de contenidos resulta a la vez dispersa en su disposición y enormemente volátil –una sanción a un forista puede hacer desaparecer todo un hilo o un cambio en las condiciones del servidor que aloja los foros puede resultar en una drástica reducción de su contenido–. Como veremos luego, a lo largo de los años las formas de organizar los hilos posteados por los usuarios se fueron transformando, y los moderadores fueron habilitando nuevas secciones y reglas, y dando de baja otras.

Para trabajar sobre esta enorme cantidad de material desarrollamos técnicas ad-hoc que utilizamos combinadamente: rastreos específicos con términos clave en los buscadores de los foros que nos permitieron restringir el material para hacer lecturas con el criterio de la saturación teórica, y a partir de allí realizar un seguimiento de los usuarios más destacados. A su vez, llevamos a cabo una exploración más abierta navegando en distintos sectores de los foros, aquí fue fundamental la indagación en las secciones off topics, “debates generales” o “cafetería”. Estos espacios concentran un amplio abanico de debates que van más allá de los relatos de las XP, desde temas de sexualidad en un sentido amplio, pasando por la salud, las parejas y el género, hasta el feminismo, la política o el fútbol. Abiertas a pedido de los propios usuarios –quienes “por la buena onda entre los integrantes” buscaban donde hablar de “otros temas”–, estas secciones han crecido considerablemente y, si bien no están ubicadas centralmente en los sitios, tienen una extensión importante considerando la cantidad total de mensajes (cerca del 15%). Recorrer estas secciones revela el sentido homosocial de los foros y anima a trazar un paralelo con el cabaret como centro de sociabilidad masculina. En la sección “Reglas de conducta”, uno de los foros se describe como “un sitio para intercambiar ideas, para intercambiar experiencias, consultas, pasar buenos momentos y hacerte de buenos amigos que comparten tu misma pasión y, sobre todo, para divertirse”. Si bien cada foro tiene sus reglas que han ido cambiando con el paso de los años, ambos comparten el objetivo de intercambiar experiencias, un sistema de reputación de los usuarios (de quienes además se muestra su trayectoria de participación), y la gratuidad (aunque también tienen secciones “vip” de acceso pago o restringido a quienes ya han compartido cierta cantidad de XP).

XP: las experiencias objetivadas[6]

El género discursivo de los relatos de encuentros sexuales pagos en los foros virtuales, que en los foros argentinos se llaman XP, ha sido criticado desde posiciones abolicionistas o anti-prostitución. Se ha argumentado que disponer públicamente estos relatos disminuye la empatía hacia las mujeres o que constituye una cyberexplotación (cybersexploitation) (Earle y Sharp, 2007). Sanders (2008) señala la necesidad de entender el rol de estos relatos como un mecanismo de la industria sexual y, a la vez, como historias sexuales que son producidas y consumidas por distintos autores y audiencias. También podemos considerar, siguiendo a Plummer (1995), que estas narraciones suponen la organización de las experiencias, configuran identidades sexuales, y, en algunos casos, posibilitan su comprensión en un marco normativo colectivamente construido. Este carácter colectivo y normado es algo que, si bien podemos pensar en la subcultura del cabaret, aparece más definidamente como un emergente del espacio online de los foros. Por ello es clave tomar en cuenta que los contextos de narración de estas experiencias sexuales se transforman rápidamente. Si Foucault había planteado que los individuos eran incitados a confesar sus actividades sexuales en un consultorio como parte de un aparato terapéutico, ahora internet abre las narrativas sexuales a una audiencia potencialmente ilimitada y le imprime las formas discursivas particulares de cada espacio y de cada sociedad.

Además, para entender estos relatos, nos resultó clave la crítica de Joan Scott (2001) a las concepciones que parten de la experiencia como evidencia, pues esto bloquearía justamente lo que nos interesa aquí: un análisis que cuestione la propia producción de la experiencia. Los relatos de las XP de los clientes forman parte de las tantas narrativas de la intimidad que circulan en las redes, con la singularidad de permitirnos conocer cómo estos varones narran su masculinidad a través de sus experiencias sexuales. Sanders (2008a) señala que a través de estos relatos se performa la identidad del cliente, tanto a nivel personal como para un público, y que esta expresión muestra los propios deseos y afirma la masculinidad de los narradores ante el público. Al mismo tiempo, los diálogos que se entablan en los foros habilitan la expresión de experiencias sexuales frustrantes, los conflictos emocionales y la búsqueda de consejos. El análisis, tanto de las narrativas de las XP como de los conflictos que debaten los foristas, nos habilitará a comenzar a entender cómo se articulan y tensionan masculinidad, emociones y sexualidad con las modulaciones singulares que imprime el contexto local. Empecemos entonces por entender cómo están estructurados los relatos de las XP y cuáles son las tensiones significativas que las recorren.

Las XP están en el centro de los foros y son el tipo de relato más compartido y más buscado. En cada XP un forista narra su encuentro con una escort, las características del servicio sexual, hace una valoración y abre a comentarios entre foristas. Esto implica también recomendar a algunas escorts o advertir sobre otras, por lo cual se presupone que hay cierto valor informativo en los relatos. Sin embargo, muchas veces estos relatos están ligados a una necesidad personal de los foristas: “En mi caso, este es un deporte q me gusta y me satisface unilateralmente, contar mis vivencias en el anonimato es parte de mi desahogo de no poderlas contar en la vida” (Sebros, Hilo “¿Por qué el gatero no cuenta sus experiencias?”, Foro 2).

Varios foristas señalan que la principal motivación para escribir una XP es retribuir la información obtenida compartiendo nueva “data”. Pero también están presentes la necesidad de narrar experiencias que no pueden compartir con otro público, e incluso el placer “literario” de más de un forista. Uno de los usuarios con más trayectoria y participación describe con fastidio:

Hay otro lastre de novelistas frustrados, comandos sexuales de alcoba, y psicólogos de café. Ni hablar de los novios, extorsionadores, promotores y ochocuarentistas[7] varios que contribuyen a la abundante literatura fantástica que tenemos en el foro (Marcos456, Hilo “Qué los motiva a subir una experiencia y qué buscan al momento de leer una?”, Foro 1).

La XP, como escena sexual narrada bajo una identidad protegida, habilita a estos varones para construir un relato que, en ocasiones, sirve para exaltar su masculinidad. Como veremos en próximos capítulos, el alardeo sexual es recurrente en las relaciones homosociales entre varones heterosexuales. Sin embargo, quienes hacen relatos grandilocuentes suelen ser criticados, tanto por las escorts que los desmienten como por los propios gateros. El vínculo entre gateros en los foros descansa en la necesidad de “compartir data objetivamente” y este es uno de los primeros aprendizajes que deben hacer quienes se inician en esta comunidad online.

La lectura del relato de los encuentros, narrados por un par gatero, expresa una voluntad de escapar a las ilusiones publicitarias del mercado sexual, que descansa en la confianza homosocial. Sin embargo, las posibilidades narrativas del contexto de enunciación de las XP –es decir, la oportunidad de contar un secreto pero bajo una identidad protegida–, van a poner constantemente en cuestión su veracidad y/u objetividad. De manera que existe una perpetua búsqueda por cerciorarse de la veracidad de las características de las escorts y su servicio. Como veremos, la desconfianza se basa frecuentemente en la posibilidad de que las XP positivas sean posteadas por fiolos u “8-40” con el objetivo de “promocionar” o “defender” a una escort, o por clientes sospechosos de haberse enamorado de una escort, o de estar buscando un descuento o atención especial.

Como resultado, desde los comienzos de ambos foros se fueron desarrollando un conjunto de reglas para postear XP que pretenden garantizar su veracidad. Así se comenzó a dar formato a los relatos de las XP marcando una extensión mínima y obligando a incluir datos básicos: lugar, día, horario, características del lugar del encuentro, arancel, servicios, etc. Según el administrador del Foro 1, es preciso incluir “datos corroborables, cualquier cosa que haga entender que realmente estuviste allí”. Al observar las transformaciones en las formas de estas narrativas encontramos un proceso de modelización. En un primer momento las XP aparecían narradas caóticamente en los foros, con diferentes extensiones y estilos, y organizadas bajo formas cambiantes y poco claras. Pero a través de las reglas implementadas por los administradores y moderadores, las XP comienzan a transformarse en relatos modelizados que repiten fórmulas. Tal es así que uno de los usuarios plantea que tiene una “fábrica de XP” y muchos otros usan una “plantilla”:

Lo mismo que hace el colega NoSky es lo que hago yo. Tengo ya una XP armada en el procesador de textos y la voy adaptando a lo que viví con la chica en cuestión (Hemingway, Hilo “Tablas modelo (guía) para subir experiencias y hacer consultas. Participa!”, Foro 2).

El relato modelizado de la XP sigue un guión que narra la performance sexual, desde el momento del contacto hasta al encuentro, las descripciones detalladas lujuriosas, o frustrantes, del sexo, y una síntesis final. Desde una mirada ajena a la dinámica de los foros, el relato de la performance sexual parece ser la parte más llamativa de una XP, tanto por su mayor extensión como por el hecho de revelar detalles íntimos. Sin embargo, para muchos gateros, lo que realmente importa es la síntesis final, expresada en la “tablita”, donde los foristas informan el valor de la tarifa, las prácticas sexuales incluidas en el servicio y otorgan puntajes para las distintas partes del cuerpo de la “escort” y su performance sexual / emocional. De hecho, algunos foristas plantean que las XP se dividen entre la “poesía” y la “data”, o sea, entre la descripción narrada del encuentro y la tabla de puntajes que se ofrece como síntesis final: “a la mayoría seguramente le interese solo la tablita puesto que ahí constan los datos importantes…” (Kynsij, Hilo “Redactar una nueva experiencia – Anexo Reglas eXPeriencias”, Foro 1).

Datos obligatoriosDatos opcionales
Regalito ($)Puntaje gral.¿Da besos?CaraLolas
ColaCuerpo
¿Es completa?Tipo bucal¿Indepen­diente?OndaLugar
PhotoshopRelojea
Barrio/LocalidadServicioReinci­dencia
Calle y altura APROXIMADAS: Atención: no ingrese la altura exacta ni el piso/depto.Ejemplo: Corrientes 800
IMPORTANTE: REGLAS PARA REDACTAR UNA EXPERIENCIA. Evita que te la cierren

Imagen 1: “Tablita” de calificación Foro 1 (elaboración propia basada en la original).

Entre los primeros debates del Foro 1 es posible rastrear cómo se originó el uso de la “tablita”. El administrador explicaba a un forista: “Creo que con el sistema de calificaciones cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Hay una frase que dice que los números son más fríos que las palabras, creo que se aplica perfectamente a este caso.” (Hilo Inés, Foro 1, énfasis en el original)

El uso del sistema de calificaciones o tablita pretende funcionar como una forma de objetivar las XP y construir “data” sin las impresiones subjetivas de cada usuario[8]. La idea de construir una mirada objetiva y realista aparece en el uso de una graduación numérica para la mayor parte de los ítems. Además, el orden de los mismos va desde los que parecen como datos menos discutibles (tarifa, dirección) a aquellos que son de apreciación personal y que involucran o aluden a una dimensión emocional –la cual, como veremos en el capítulo 7, tiene una importancia singular para muchos foristas–. Entre estos aparecen la “onda” (el rapport) o si volverían a repetir el encuentro con la misma escort, lo que en la jerga gatera se llama “reincidir”, un punto clave sobre el cual volveremos. También mencionan aspectos que pueden contribuir o perjudicar a la ilusión de intimidad que performa la escort, como si no da besos o si “relojea” (controla el tiempo del encuentro). Finalmente aparece graduado el “porcentaje de uso de photoshop” como una forma de evaluar qué tan “reales” son las fotos con las que la escort en cuestión se promociona. Esta recurrente búsqueda de realismo aparece volcada también en los volantes con los que se ofrecían servicios sexuales y los anuncios en los diarios (antes de que fueran prohibidos) que contaban con fotos que solían agregar la leyenda “100 % real”.

Imagen 2: Avisos publicitarios recolectados en la vía pública en CABA (2008).

En síntesis, las XP, al narrar escenas de intimidad sexuada en foros de acceso público, bajo un pseudónimo, parecen burlar la barrera entre intimidad y publicidad –si bien al precio de la duda sobre la identidad “real”, o, mejor dicho, offline del narrador. Se conjugan el interés por la información que puede obtener quien lee y la construcción identitaria de quien escribe. En este marco se da una progresiva modelización de los relatos vertidos en las XP como búsqueda por depurar la objetividad de la experiencia. Así, el relato de la XP, que transgrede fronteras para hacer públicos –especialmente frente a otros pares– los actos (supuestamente) más íntimos, resultará modelizado y estandarizado (y al mismo tiempo modelizador respecto de las experiencias y las identidades online de los foristas).

La modelización de los relatos se une entonces a la cuantificación de la “tablita”, e inscribe así la experiencia en un orden que pretende responder a unos valores homosocialmente supuestamente compartidos, al mismo tiempo que objetiva, homogeniza y normaliza la experiencia y la mantiene dentro de unos estándares comparables. En este relato, la biologización y la cuantificación de la sexualidad aparecen como características que pueden asociarse a ciertas masculinidades, al tiempo que hacen evidente la lectura de la sexualidad como una performance. No obstante, buena parte de la información apunta a identificar a las escorts que pueden amenazar con poner demasiado de relieve el carácter performático y comercial del encuentro. Todos estos elementos estandarizan y modelizan los relatos y a su vez intentan satisfacer la necesidad, fuertemente paradojal, de buscar una experiencia “100% real” (al menos en su apariencia) para poder consumir una ilusión y evitar ser engañados por los ardides del mercado sexual.


  1. Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT), Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT), “Género y sexualidad en la mirada de varones que pagan por sexo”. Argentina.
  2. Si bien en el caso de los usuarios de los foros debemos presuponer un nivel mínimo de formación y recursos que implica su uso, el acceso a internet se ha expandido mucho en los últimos años en Argentina. Según el Observatorio de internet, en Argentina el 92% de la población tiene acceso a internet (ver https://bit.ly/3w5lDTA).
  3. Esta denominación se utiliza en los foros argentinos independientemente del estrato del mercado sexual de que se trate, por ello vemos por ejemplo hablar de “escorts callejeras”.
  4. Página web dedicada al análisis de datos sobre el tráfico y la navegación de las distintas páginas web.
  5. El Foro 1 cuenta al momento de escribir este libro con 443.231 usuarios, el Foro 2, si bien dejó de mostrar esta información a fines de 2018, hasta ese momento contaba con 192.012 usuarios registrados.
  6. Este apartado ha sido reelaborado a partir de Morcillo (2020).
  7. En la jerga de los clientes “fiolo” u “8-40” se usan para designar a un proxeneta o también alguien que defiende los intereses de las escorts en contra de los gateros.
  8. Algunas escorts, especialmente las novatas, critican el efecto objetivante que produce la tabla de calificación (incluso algunas exigen a sus clientes que no narren las XP si van a usar la tablita). Muchas veces las escorts cuestionan la forma extorsiva en que algunos foristas usan las XP.


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