Los gateros frente a las interpelaciones feministas
La institucionalización de la campaña anti-trata y la masificación de los feminismos, ponen en escena un conjunto de cuestiones que comienzan a ser debatidas por quienes pagan por sexo. Desde las más amplias referidas a qué es y qué hace el feminismo y cuál es el papel de los varones en él, a las más puntuales acerca de cómo funciona la “trata de mujeres” y cuál es la responsabilidad de los “clientes” frente a ella. En el capítulo anterior hemos visto varias de las interpelaciones hacia los “prostituyentes”, especialmente desde el feminismo radical abolicionista. En el marco de las tensiones que signan la relación entre varones/masculinidades y feminismos, en este capítulo abordaremos los discursos de los varones que pagan por sexo para conocer sus percepciones y actitudes frente a los diferentes debates que tienen lugar dentro del movimiento feminista, así como frente a las principales interpelaciones que reciben en tanto que “clientes de prostitución”.
Entre “feminazis” y “feministos”: rechazo, desconcierto y adhesión ante la irrupción de los feminismos
En los foros de clientes, los hilos en los que se discute sobre feminismo han ido creciendo en los últimos 10 años. El siguiente gráfico, aunque no agota la extensión del fenómeno, puede darnos una aproximación al crecimiento del feminismo como tema de discusión en los foros.
Gráfico 1. Frecuencia de menciones de “feminismo” en los foros (elaboración propia).
Esto podría ser el resultado de la reciente diseminación de las demandas feministas por todo el tejido social, lo que ha convertido algunos de sus reclamos y lenguajes en un código cultural (Illouz, 2014). Ahora bien, si resulta claro que uno de los resultados de este proceso ha sido que el feminismo ha comenzado a ser un tema de debate en estos foros, no es tan claro de qué formas es considerado. A continuación, intentaremos sintetizar algunas discusiones dispersas en distintos hilos, pero que resultan recurrentes y/o significativas por diversos motivos.
En primer lugar, el feminismo suele aparecer como un fenómeno proveniente del extranjero. Así se construye una suerte de geopolítica del feminismo donde existen países que irradian políticas feministas (generalmente Suecia, Estados Unidos, España o Francia) hacia países aliados o receptores de ellas, entre los que se encuentra Argentina.
Por supuesto colegas que atrás de este proyecto [de penalización] está el nuevo feminismo anti-hombre que es otra expresión de ideologismo cheto protagonizado por minas que no tienen la más puta idea de lo que es la vida real y se meten a “defender” a chicas que no necesitan que nadie las defienda. La “capitana en jefe” del proyecto es una norteamericana de mucho dinero que está promoviendo estos proyectos en todo el mundo (tram, Hilo “gateros en peligro”, Foro 2).
En este comentario se condensan una serie de reacciones que, como veremos, aparecen diseminadas en las opiniones de varios clientes: “feminismo anti-hombre”, “ideologismo cheto”, “no saben nada de la vida real” y “defienden a quienes no necesitan ser defendidas”. Estas caracterizaciones surgen en varios hilos, por ejemplo, cuando se discuten las políticas anti-trata. Éstas no han pasado desapercibidas para los varones que pagan por sexo, quienes frente al cierre de cabarets y otros espacios de homosocialidad y consumo de sexo comercial, intentan explicaciones para hacer inteligible este nuevo panorama:
NO van a blanquear ni autorizar nada porque estamos en manos de las dictatoriales conchudas feministas que han subordinado a TODOS los partidos políticos y reprimido la tradicional noche pecaminosa porteña para convertirla en un desierto saudita (Insular, Hilo “¿Por qué la prostitución no es trata de personas?”, Foro 2).
La implantación de estas políticas donde los actos del hombre heterosexual se convierten en delitos está apoyada por la ONU a través de las organizaciones que ellos financian […] ¿Cuál es el objetivo y el fin último? Se busca feminizar una sociedad hecha por el hombre heterosexual a su medida para ello se debe abolir la prostitución, jerarquizar a la mujer por sobre el hombre en la sociedad (como las hienas) (jose_tri, Hilo “¿Por qué la prostitución no es trata de personas?”, Foro 2).
El lobby feminista y cierta boluprogresía, mete a la prostitución adentro (de la trata), porque queda feo decir “no quiero que el hombre garche”. Pura ingeniería social (ahoramismo, hilo “¿Por qué la prostitución no es trata de personas?”, Foro 2).
La expansión del feminismo, cuando es asociada a la lucha contra la trata, aparece para estos usuarios como una forma de criminalizar, controlar, cuestionar y someter la sexualidad del varón heterosexual. La lectura de esta intervención como una “ingeniería social”, hecha por “quienes no conocen el mercado sexual”, enlaza con posiciones que oscilan entre reacciones virulentas y defensivas en un contexto de transformación de las relaciones de género.
Un punto clave para comprender las interpretaciones de buena parte de los clientes es la identificación que realizan entre feminismo y abolicionismo. Aunque algunas veces mencionan distintas olas o expresiones feministas, en muy pocos casos lo asocian con una defensa de las trabajadoras sexuales y parecen no conocer un feminismo pro-sexo. Varios caracterizan a las militantes feministas como “feminazis”, aunque algunos expresan que esta es una nueva vertiente “extremista” del feminismo:
El feminismo de tercera generación u ola, en su versión soft se transformó en hembrismo y en su versión más retrógrada en nazi hembrismo (Doc prision, Hilo “Crítica XP MF”, Foro 2).
Yo que vos apunto para otro lado. Esas femibolches son una ruleta rusa. se levantan con los cables cruzados y cagaste fuego. también (no todas) dejan mucho que desear en cuanto a la higiene personal (Pato02, Hilo sobre trabajadora sexual feminista, Foro 1).
Si bien la idea de las mujeres feministas como “feminazis” no es nueva, como tampoco lo son las expresiones antifeministas, el anonimato que ofrece internet parece propiciar estas expresiones de odio (Engler, 2017). La idea de “feminazis”, como mujeres “lesbianas, peludas” y hostiles a los varones, construye una distancia inabordable, donde el sujeto del feminismo es radicalmente un “otro” que aparece como amenazador y/o desagradable:
Estas feministas están copando AMMAR, el sindicato de prostitutas argentinas y les meten ficha a las chicas tratando de hacer que todas vayan subiendo constantemente los precios de manera innegociable, a la vez que vayan retaceando servicios para tratar de sacarnos deliberadamente lo más posible (Suar, Hilo “Crítica XP MF”, Foro 2).
En este sentido la expansión del feminismo es interpretada como una invasión de un “otro” extranjero o extraño, con quien no se tiene ningún tipo de empatía posible. Así, las articulaciones entre las organizaciones de trabajadoras sexuales y algunos sectores del feminismo son leídas como una irrupción. De la misma manera, serán vistas las mujeres que comienzan a ofrecer servicios sexuales de forma autónoma utilizando redes sociales y que se autodenominan “putas feministas”:
Es una boludez; o sos feminista o puta; es una contradicción ser las 2 cosas (LocoporlosGatos, Hilo sobre trabajadora sexual feminista, Foro 1).
Se dice feminista y se vende por guita. Eso es justamente lo que las verdaderas feministas no toleran… (GastonN, Hilo “Crítica XP Tumblr”, Foro 2).
La mala atención comienza desde que queres contactarte e informarte, muchas desde el comienzo de la consulta te atienden sin ganas o como haciéndote un favor, si ese es el principio, mejor ni imaginar cómo podría seguir, como dice el colega, sin codigos, subidas al pony blanco, putas feministas radicales (Juano, Hilo sobre trabajadora sexual feminista, Foro 1).
La concepción del feminismo como un bloque homogéneo –que remite a los feminismos que constantemente buscan deslindar las posiciones “verdaderamente feministas”[2]– impide pensar que las trabajadoras sexuales puedan tener una posición feminista. Aunque algunos pocos intentan leer el “puta feminista” como una reapropiación de la injuria, para otros no tiene sentido, y la irrupción de ideologías y prácticas feministas en el terreno del comercio sexual supone un quiebre de fronteras para muchos de estos varones. Especialmente cuando ellos mismos son los participantes de encuentros con estas mujeres, generalmente jóvenes. El deseo frecuente de tener encuentros con mujeres jóvenes y en especial que tengan una escasa trayectoria en el mercado sexual (las “amateurs”) proyecta una fantasía de una relación sexoafectiva donde la otra participa, en alguna medida, también desde su deseo. Cuando esa otra es una “feminazi” que negocia las pautas del encuentro y quiebra las formas interaccionales que se consideran tradicionales del “gateo” –llegando hasta a politizar los temas de conversación– estalla una contradicción en la lógica de los “gateros”.
Muchas veces las reacciones ante la expansión del feminismo toman una forma similar a la que referimos como backlash o la asunción de posiciones masculinistas que, ante una supuesta amenaza, buscarían proteger sus privilegios (Flood, 2021). Aunque los foristas que sostienen consistentemente esta posición no representan una mayoría, las pocas veces que otros dicen apoyar las luchas feministas estos suelen ser tachados de “manginas” (término de la jerga masculinista angloparlante que une man con vagina) o como “feministos” (también empleado dentro de los feminismos para referirse despectivamente a los varones que adhieren a sus postulados). No obstante, cuando se trata de algún tema concreto las posiciones pueden ser mucho más coincidentes con algunas demandas del feminismo, por ejemplo, en el caso del aborto. Si bien hay opiniones tanto a favor como en contra de su legalización, en ambos foros la amplia mayoría se opone a que esta práctica siga siendo penada por ley.
Asimismo, una gran mayoría se muestra desconcertada frente a otros temas que plantea el feminismo actual, especialmente los alcances de la “violencia de género” y el rol de los varones en este fenómeno. Una característica interesante es que las identidades protegidas y la identificación como gateros reduce el rol de la corrección política en los debates en los foros; tal como indicaba un forista respondiendo a otro que sostenía un discurso moralizante: “acá todos estamos en el barro”. Esta característica habilita algunas lecturas situadas desde un “nosotros” que admite ser parte de un mundo que comparte –hasta cierto punto– la estigmatización de las “putas”. Desde allí pueden ser repensadas las formas en las que discurre la violencia o el maltrato entre las mujeres que hacen comercio sexual y los varones que demandan su servicio. En relación con el trato que algunos dan a las escorts en el foro, que los propios foristas denominaron como “misógino”, uno de los participantes con mayor experiencia planteaba:
Hay que entender que la escort, aun de mal servicio, juega en nuestro equipo, es una outsider del mundo femenino convencional, hace fácil algo que quieren que sea difícil. (ahoramismo, Hilo “Tono de misoginia e intimidad de las escorts”, Foro 2).
A su vez, cuando se relatan hechos de violencia verbal o física hacia alguna escort, la respuesta suele ser el repudio unánime. Los gateros identificados como violentos son ampliamente criticados e incluso los foros implementan sistemas para buscar segregarlos de la comunidad. Si bien algunos pocos foristas plantean la idea de la “frustración” como posible motor de la violencia, en estos casos no suele debatirse sobre los mecanismos que la activan. Así, al tiempo que se desmarcan de la violencia, su implicación en el asunto es mucho menos discutida.
Otro tema relevante en la agenda feminista, que también inquieta a los clientes es la cuestión de la “trata de personas”. Más allá de la vergüenza e incomodidad general relacionada a la posición de cliente –socialmente cuestionada y políticamente incorrecta–, muchos varones que pagan por sexo se sienten especialmente interpelados por la campaña anti-trata. Esto se hizo notar en las reacciones de los entrevistados frente a las preguntas sobre la “trata”: cambios en el tono de voz, nerviosismo, gesticulación grandilocuente, enrojecimiento del rostro, interrupciones a el/la entrevistador/a y hasta golpes en la mesa. Si bien estas reacciones tomaban mayor dimensión cuando la entrevistadora era una mujer, algo de esa interpelación también se reflejaba en los debates de los foros que analizamos. Allí algunos hilos comienzan con preguntas como: “¿No se cansaron de escuchar de personas que dicen que por culpa de los consumidores se genera la trata?” o “¿¿Somos los colegas gateros responsables de toda la mafia que mató a Marita Verón[3]??, ¿no habría que buscar por otro lado? Me entró una duda moral, por eso lo tiro para debatir y sumar opiniones”. Las interpelaciones de la campaña anti-trata generan reacciones cargadas de ira entre quienes se sienten juzgados o atacados. Pero la problematización de la trata también abre al debate sobre ciertos aspectos de sus prácticas. Esto es visible en varios hilos donde los foristas instan a sus “colegas gateros” a denunciar posibles situaciones de “trata” o “explotación”, o en posteos donde los administradores comparten listas de “posibles señales de alarma e indicadores de trata de personas para ayudarlo a reconocer algunas de las señales del tráfico humano” y los números telefónicos oficiales para denunciar. En relación con este tema también encontramos varias expresiones de los clientes sobre la necesidad de regular el comercio sexual como forma de luchar contra la “trata de personas” y mejorar las condiciones laborales de las mujeres:
Yo creo que debería haber establecimientos que vendan prostitución, que sea parte de un mercado laboral y que estén identificados, regulados para que no haya trata…pero sin penalizar ni a la prostituta ni al cliente…y que los lugares ilegales que seguramente favorecen a la trata tengan que cerrar, que los allanen y que la gente que los maneje vaya presa (Mario, 37 años).
Cortar todo, así de cuajo…no…está bien, cortás con la trata, todo…pero hay un montón de minas que se dedican a eso y se quedan sin laburo…me parece que tendría que estar legal, pero con más control…que estén todas asentadas, tengan su planilla médica…que se sepa que no están secuestradas…porque ahora hay minas que andan en la calle y las meten en cana…me parece que se tendría que reglamentar y de paso cuidar a las chicas (Oscar, 31 años).
Las minas que se prostituyen lo hacen generalmente por no poder conseguir otro trabajo. Y ese es un problema social. Y si el estado legalizara la prostitución, podría sacarla de la marginalidad y mejorar mucho las condiciones de las chicas. (Agentesecreto, Hilo “Un mundo sin prostitución, qué?” Foro 1).
Sin embargo, en los últimos años el Estado lejos de plantearse la posibilidad de regular el comercio sexual, se encuentra más próximo a campañas de culpabilización y estigmatización e incluso a la penalización del cliente. Cuando preguntamos sobre la campaña “sin clientes no hay trata” uno de los entrevistados respondió:
Es como generalizar que todas en el rubro de la prostitución o de las trabajadoras sexuales están expuestas a la trata y no creo que sea así…pero sí que tendría que haber una concientización para el consumidor, de que sepa que está consumiendo […] es cierto que sin clientes no hay trata, eso es una gran verdad…. Pero clientes va a seguir habiendo, a mí me parece que es por una cuestión natural, del ser humano… Muchos joden, dicen que es el oficio más viejo del mundo y me parece que es cierto (León, 30 años).
La campaña, en general, les pareció poco práctica, pues la meta de hacer desaparecer la demanda de servicios sexuales aparecía como poco realista. Esto se ligaba a una representación de la sexualidad masculina como un instinto irrefrenable, anclado en un terreno biológico e inmodificable, que hace necesario el consumo de sexo comercial. En este sentido la interpelación estatal parece fallida, ya que no logra poner en cuestión una práctica que estos varones asumen como natural y las formas del deseo sexual permanecen incuestionadas.
Al mismo tiempo, en una posición que muestra tanto las tensiones y la desorientación como el influjo de la corrección política, algunos de estos varones reconocen que las campañas, los medios de comunicación y las interacciones en las redes pueden ser efectivas para hacerlos reflexionar en torno del consumo de sexo comercial. Una perspectiva más matizada que la asumida por las campañas abolicionistas permitiría mostrar la variedad de posicionamientos de los clientes frente a este asunto. Por ejemplo, algunos estudios plantean que los clientes que se involucran emocionalmente con las mujeres que hacen sexo comercial, tienen mayor probabilidad de colaborar en la detección y rescate de víctimas del tráfico sexual (Meneses, Uroz y Rua, 2018).
Con respecto a las políticas de cierre de “privados”[4] y cabarets, varios de nuestros entrevistados y de los foristas las consideran igualmente poco prácticas y proponen en cambio la reglamentación del mercado sexual como la política más eficiente para combatir la trata y mejorar las condiciones laborales:
Como también está la parte trabajadora (las chicas que laburan por voluntad propia) tenés la otra parte, la mafia y demás que hace que sea un negocio bastante grande. Bueno un poco más claro, obvio que si vas a un antro de mierda donde ves a las chicas drogadas y hechas mierda ahí si estarías contribuyendo a la parte fea (Shaitek, Hilo “¿Por qué la prostitución no es trata de personas?”, Foro 2).
A diferencia de lo que indicaría la concepción de los clientes como misóginos y sistemáticos perpetradores de violencia, las condiciones precarias en que funciona buena parte del mercado sexual no son bien vistas por éstos. Al contrario, la erotización de los encuentros depende, para muchos, de las posibilidades de sostener un buen clima en el intercambio y favorecer la fantasía del placer compartido:
Es lamentable que algunos tipos se creen que por pagar a una chica tiene el derecho de tratarla como su “esclava sexual”. Llegan a insultarla, tratarla mal y también obligarla a hacer algo que no quiere, pensando que están en su derecho de hacerlo porque “pagaron” para eso y no es así. Estas actitudes lo único que hacen es empeorar el servicio de las chicas, que se vuelven más desconfiadas y a la defensiva. De mi parte, a mí me gusta siempre tratar bien a las chicas, desde el whatsapp hasta el final del encuentro. ¡Así recibís una mejor actitud y servicio por parte de ella… Incluso con beneficios!! (Alejo15, Hilo “Cliente misógino”, Foro1).
Creo que a la Escort (a todas las mujeres, pero haciendo referencia en particular al encuentro Escort-Cliente) siempre hay que tratarla bien y con respeto, sin importar por donde uno la penetre. Hacer acciones como las que describe Jessica donde la Escort no la pasa bien y queda luego dolorida o lastimada no me generan placer alguno. Disfruto mucho los encuentros cuando los dos lo estamos pasando bien y entonces coger se hace mucho más placentero cuando la Escort está cómoda y me excita más cuando siento que ella también está enganchada. Si no es así, entonces se hace todo como muy forzado y no siento el mismo placer (Samu81, Hilo “XP orteros”, Foro 1).
Aquí vemos nuevamente cómo emerge la cuestión del deseo sexual y su compleja relación con la violencia y el respeto. ¿Es posible o deseable en Argentina, y desde una perspectiva feminista, buscar favorecer encuentros de comercio sexual signados por el respeto, como parecen demandar algunas de las organizaciones de trabajadoras sexuales? Si bien responder esta pregunta excede el objetivo de este capítulo, resulta evidente la dificultad que representan los modelos apriorísticos, monolíticos y reificantes a la hora de pensar la complejidad de los diferentes estratos del mercado sexual, las alteraciones en las dinámicas relacionales atravesadas por el género y los distintos factores que intervienen para favorecer o inhibir las formas de violencia en estos vínculos.
En este capítulo hemos intentado comprender qué tipos de interpelación producen los feminismos hacia los varones que pagan por sexo y hemos analizado cómo ellos reciben (o no) esta interpelación. Desde su perspectiva, la expansión del feminismo resulta ineludible. Sin embargo, sus tensiones, transformaciones y pluralidad no emergen en sus relatos. “El feminismo” aparece mayormente representado como un bloque más o menos homogéneo o, en el mejor de los casos, como monopolizado por una deriva “extremista”. Esta lectura se conjuga con una atribución de extranjería donde el feminismo y sus demandas aparecen como una “invasión” que proviene de otros países, o de un otro radicalmente distinto: “la feminazi”. No parecen ser visibles para los varones que pagan por sexo aquellas líneas del feminismo que no piensan que la sexualidad, especialmente la heterosexual, sea necesariamente y a priori un espacio de dominación masculina, que no son estrictamente separatistas y que piensan que existen espacios y funciones para los varones en los proyectos emancipatorios feministas, y más puntualmente aquellas vertientes que no conciben al comercio sexual como intrínsecamente ligado a la violencia de género.
Cuando se trata de demandas puntuales de los feminismos, los posicionamientos son más abiertos, especialmente en los foros donde las identidades protegidas parecen correr el velo de la “corrección política”. Aunque algunos sostienen consistentemente posiciones anti-feministas (y se posicionan, por ejemplo, como anti-aborto), otros plantean (tímidamente) cierta afinidad o incertidumbre frente a estos reclamos. Si la cuestión del feminismo –como posición ideológica o conjunto más abstracto de demandas– resulta para estos varones, en general, algo ajeno o difícil de ligar con sus posicionamientos como sujetos, parecen sentirse más interpelados cuando se habla de “trata de personas”, legalización del comercio sexual o violencia de género. Al mismo tiempo, los diversos cuestionamientos que los feminismos producen sobre las concepciones de sexualidad, y especialmente sobre la mirada sociopolítica de la producción del deseo sexual masculino, se hacen invisibles bajo el manto de la naturalización de la “necesidad sexual”.
Frente a este panorama emergen una serie de preguntas que queremos dejar planteadas. Por una parte, nos preguntamos: ¿cuáles son los modos de circulación de los discursos feministas? Hemos visto que la identificación de ciertas políticas públicas como “feministas” contribuye a construir una imagen del feminismo, pero resulta importante comprender –especialmente en el actual contexto de expansión de los feminismos– bajo qué otros medios llegan a los varones que pagan por sexo las “ideas feministas”. Creemos que el posicionamiento de ajenidad respecto de estas ideas obstaculiza la posibilidad de generar procesos reflexivos sobre el consumo y el deseo sexual que partan de un proceso de interpelación e introspección (más que de una persecución moralizada que solo parece producir rechazo o corrección política).
- Este capítulo ha sido reelaborado a partir de Morcillo, Martynowskyj y de Stéfano Barbero (2018).↵
- En este sentido MacKinnon sostiene que “se ha pensado ampliamente que el feminismo comprende tendencias de feminismo liberal, radical o socialista. Pero, así como el feminismo socialista ha sido considerado con frecuencia equivalente al marxismo aplicado a las mujeres, el feminismo liberal equivaldría al liberalismo aplicado a las mujeres. El feminismo radical es el feminismo -feminismo puro-” (cit. Smart 2016: 639-640).↵
- María de los Ángeles “Marita” Verón fue secuestrada en abril de 2002 en Tucumán. Desde entonces, su madre, Susana Trimarco, lleva adelante una intensa búsqueda con la certeza de que su hija fue secuestrada para su explotación sexual, basada en los testimonios de varixs testigos que apuntaron a una red de prostíbulos riojanos con cobertura política local. En 2007, creó la Fundación María de los Ángeles con el objetivo de rescatar víctimas de “trata de personas”. En 2008, se emitió por televisión, en horario central, la telenovela Vidas Robadas que trazaba paralelismos con su caso y que diseminó la preocupación por la “trata” por toda la sociedad.↵
- Así se denomina en el ambiente a los departamentos donde una o más mujeres ofrecen servicios sexuales, en general con algún tipo de arreglo económico con un/a tercero/a. Suelen publicitarse por diversas vías (a veces con folletería en la vía pública, y más comúnmente con anuncios encubiertos en la prensa o en páginas web). No están directamente abiertos al público, sino que hace falta concertar una cita telefónicamente o tener alguna referencia para contactarse.↵







