Los trabajos sobre masculinidad y salud suelen insistir en una mirada relacional del género como forma de pensar en la salud (ver Sabo, 2005). Sin embargo, los varones que pagan por sexo rara vez han sido pensados en estos términos y tenidos en cuenta en la elaboración y despliegue de políticas públicas (Deering et al., 2013; Ward y Aral, 2006). En la regulación biopolítica –moral, simbólica y sanitaria– del mercado sexual desde el siglo XIX, sólo el cuerpo de la prostituta fue construido como una amenaza a través de acusaciones de inmoralidad, y de mecanismos de patologización y estigmatización (Morcillo, 2015). Si bien este marco se ha transformado actualmente, subsisten perspectivas donde resuena esta mirada higienista dificultando las posibilidades de comprender las problemáticas del mercado sexual y sus protagonistas. Además, revalidan las estrategias preventivas del “modelo epidemiológico conductual” del VIH/sida (Pecheny y Manzelli, 2002) y las visiones individualistas, voluntaristas y, finalmente, moralistas, de las complejas relaciones de los sujetos, el género y la salud. Una alternativa a este tipo de enfoques, supone analizar los sentidos y las prácticas de los sujetos considerando las posiciones y contextos sociales, para luego ensayar propuestas de salud informadas e integrales que no estigmaticen ni moralicen a su población objetivo. Un enfoque con estas características es todavía una cuenta pendiente en nuestra región y las únicas campañas que han considerado a los varones que pagan por sexo sin apelar a moralismos y estigmatizaciones, sino a la información y sensibilización, han sido, como hemos mencionado capítulos atrás, impulsadas por iniciativa de las propias trabajadoras sexuales.
Frente al cuidado, la masculinidad hegemónica supone la ponderación, por una parte, de nociones de coraje, riesgo, resistencia y potencia, más vinculadas al cuerpo como máquina, representación evidente en frases como “hasta que el cuerpo aguante” (De Keijzer, 1998: 6). La socialización sexual masculina suele estar caracterizada más por el biologicismo, el silencio, la vergüenza y el ansia de rendimiento, que por la importancia del deseo, el placer y la afectividad (De Keijzer, 2001). Además, si bien el ejercicio de la medicina como un saber/poder está ocupado por varones, el registro y el cuidado de la salud mental y física son considerados como propios de la feminidad, lo que suele limitar el acceso a la salud por parte de los varones (De Keijzer, 2001). Es por ello que la masculinidad hegemónica ha sido considerada como un “factor de riesgo” para la salud (OMS, 2018). Si bien el cuidado de la salud parece alejado de los sentidos de la masculinidad, diversas preocupaciones ligadas a la salud resultan ser temas relevantes para los varones que pagan por sexo (Horswill y Weitzer, 2016).
Aquí pensaremos el lugar de los foros como un espacio donde se co-producen adaptaciones de un guión sexual masculino heterosexual a partir del cual estos varones interpretan tanto sus papeles como sus experiencias en el mercado sexual. Haremos un uso flexible de la idea de “guiones sexuales” (Simon y Ganon, 2003), pues este concepto nos sirve para analizar cómo los individuos organizan su conducta sexual a partir de guiones donde se traman las relaciones y significados entre los niveles cultural, interpersonal e intrapsíquico. Las personas aprenden guiones en el contexto cultural del que forman parte (Wiederman, 2005), y los encuentros sexuales son actos sociales en los cuales “las audiencias implícitas y las audiencias explícitas están presentes y los juicios y puntos de vista de estas audiencias son considerados” (Simon y Gagnon, 2003: 492).
Para analizar los vínculos entre masculinidad, sexualidad, salud y enfermedad en los varones que pagan por sexo, realizamos búsquedas en hilos específicos sobre cuestiones de salud, en las secciones llamadas “Consultorio médico”, y a partir de la búsqueda de términos clave en hilos no específicos sobre el tema: salud, enfermedad, médico, disfunción eréctil, eyaculación precoz, viagra, HIV, sida, ETS, preservativo, y contagio. En buena parte de estos hilos, sobre todo en el “Consultorio médico”, se destacaba la presencia de usuarios que se identificaban como profesionales de la salud. Sin embargo, sus comentarios se mezclaban con las experiencias personales de otros foristas dando lugar a intensos debates.
Las ETS, riesgos, distancias sociales y protección
El guión sexual gatero, al tiempo que da sentido a las interacciones en el comercio sexual, se ve constantemente tensionado por los riesgos para la salud, poniendo de relieve distintos matices vinculados a la clase, la edad, la generación, la frecuencia del consumo y la familiaridad con la escort. Como decíamos, ambos foros tuvieron durante varios años una sección de “Consultorio médico”, uno de ellos atendido virtualmente por un médico clínico, lo que pone de relieve que la salud es un tema importante para los gateros. Tanto en esta sección como en otras (por ejemplo, en los “Consejos sobre salud sexual para escorts” publicados por uno de los administradores del Foro 2), se destaca que “el preservativo es imprescindible” para el sexo vaginal, anal y oral. Sin embargo, pese a los esfuerzos por establecer una serie de consensos sobre las prácticas necesarias para tener relaciones sexuales “seguras”, las tensiones entre salud y enfermedad, riesgo y placer, se encuentran presentes en multitud de hilos, muchas veces a través de consultas realizadas por quienes recién se inician en el consumo de sexo comercial:
¡Hola! Estoy por empezar a gatear, ya tengo elegido el gato en cuestión y reuní el valor para iniciar con todo, pero el tema de las ETS me tiene más que preocupado. No se cuales serian las medidas que tendría que tomar para ir tranquilo; si con ponerme forro para todo alcanza, por ejemplo. La mina que elegí hace pt sin [sexo oral sin protección], pero yo de cabeza voy a pedírselo con, y no voy a chupar chucha [vulva]. Por ahi lei que dar besos también puede producir enfermedades, estaría en riesgo también si soy el primer cliente del dia? desde ya, muchas gracias, le dan una mano a un principiante en el gaterio? […] ¿Y sobre chupar las tetas? ¿Debería preocuparme por algo ahí? (Barilar20, Hilo “Preguntas de un principiante”, Foro 2).
Bueno muchachos pero tampoco la pavada, porque para eso usa un par de guantes para tocarla a la mina y ponete barbijo por las dudas también […] Profilaxis si. Paranoia no (Counter, Hilo “Preguntas de un principiante”, Foro 2).
El riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS), es una preocupación que expresan la mayoría de los novatos y genera una cantidad de dudas y consultas, sobre todo en relación a ciertas prácticas como el sexo oral. Aunque suelen estar más preocupados por contraer una ETS que por transmitirla. Esto no es raro ya que históricamente se ha construido una imagen de las prostitutas como fuente de contagio de enfermedades de transmisión sexual (Ward y Day, 1997; Morcillo, 2015). El comentario de un usuario en el hilo “Consultas médicas”, es ilustrativo de esta representación y sus tensiones:
Carajo….uno lee xp’s y te juro que, por distintos motivos, no quiere visitar nunca más a un gato… Por suerte esta sensación morirá rapidamente y volveré a babearme no bien vea la foto de una gatita con la almejita al aire… Pero…es indudable que cuando uno se coje a una de estas chicas de alguna manera se está acostando con muchaaaaaaa gente y eso es preocupante… Mejor la corto… no me quiero dar maquina, amo lo gatos y no deseo crearme un rollo más grande que el Luna Park (el iluminado, Hilo “Consultas médicas”, Foro 1).
Los gateros más experimentados terminan por asumir que toda actividad sexual conlleva un riesgo de contagio y aprenden a contentarse con minimizarlo utilizando preservativo, sobre todo en la penetración. El foro como espacio homosocial imprime formas particulares a las negociaciones entre el riesgo asumido y el placer deseado[2]. Según De Keijzer (2001), si la concepción del cuidado de la salud como algo del mundo de las mujeres, aleja a los varones heterosexuales del sistema de salud, es el grupo de pares el que funciona como la fuente de información preponderante sobre la temática. Así reproducen estereotipos de género que redundan en conductas de riesgo para la salud sexual y reproductiva. Vera Paiva sostiene que “el uso del preservativo confronta las nociones básicas de la virilidad masculina de que ser un hombre significa `naturalmente´ tener menos control sobre los impulsos sexuales y agresivos” (cit. De Keijzer, 2001: 4). Sin embargo, en el discurso de los usuarios de los foros la utilización del preservativo aparece normalizada para el momento del coito, no así para el sexo oral, donde se considera que las posibilidades de contagio son menores, o bien, se ponen en un segundo plano para maximizar el placer:
Yo chupo almejitas de las nenus y soy fanatico de los besos. Y NO DIGAN QUE EL 99 % NO PIDE EL PT SIN. LOCO PONGAMONOS LAS PILAS TODOS Y A CUIDARNOS: PT CON, NO CHUPAR, NO BESOS. Pasa que llego al pv [privado] y me olvidé lo de pt con, no besos y no almejear (AutosLocos, Hilo “Coger sin forro”, Foro 2).
Tincho2525 (citado en la presentación del libro), un joven que se define como primerizo a sus 18 años pero con ganas de ser “un maestro de las putas y del mundo gateril” abrió un hilo titulado “Que puede pasar si me hacen pete sin” (Foro 2), para consultar si el sexo oral sin preservativo suponía un gran riesgo para la salud, porque “no es algo muy cómodo de hablar” con un médico. Un usuario con más experiencia le respondió:
Con respecto a tu salud y a las de las chicas que visites, te recomiendo q las dudas las resuelvas con un profesional. Aca vas a encontrar mil teorias distintas (todas con la mejor intención) pero la posta la tienen los que estudiaron y saben. Lo que si todos vamos a coincidir y los medicos también, siempre cojer con forro (Fetén2, Hilo “Que puede pasar si me hacen pete sin”, Foro 2)
La normalización del uso de preservativo se hace evidente en las XP. En el capítulo 1 planteamos que, a lo largo de los años, tanto la reiteración de las XP como su reglamentación por parte de los moderadores de los foros, contribuyeron a un proceso de modelización de un relato con una estructura y frases similares. Así, es frecuente la narración del momento de la colocación del preservativo, que aparece con cierta jerga y como una situación estándar del encuentro sexual: “me calzó el pilotín” o “me puse el globito”, son frases naturalizadas en muchos de estos relatos. Podemos plantear que las XP contribuyen a los guiones sexuales (Simon y Gagnon, 2003), dando sentido a las experiencias de los foristas con las escorts. En lo que respecta a la salud, los guiones sexuales que se (re)producen en los foros colocan como preocupación central la prevención del contagio de ETS circunscripta al uso de preservativo, reduciendo la noción de cuidado a la profilaxis, la salud a su dimensión física y la salud sexual a lo genital.
Sin embargo, algunos usuarios relatan ocasiones donde transgreden este guión normalizador del uso del preservativo para la penetración. En esas ocasiones la mayor parte de los foristas son sumamente críticos: “No da, es como la ruleta rusa, no vale la pena jugar con tu vida de esa forma. Aparte con forro duras más!!!” (Maravillongo, Hilo “Coger sin forro”, Foro 2). Pocos usuarios relativizan la gravedad de esos incidentes apelando a la idea de un impulso sexual irrefrenable. Estas formas de justificación operan más frecuentemente cuando se refieren a relaciones con las “civiles”, en sintonía con la división de las mujeres entre “santas” y “putas”, que ha consolidado una visión negativa de la actividad sexual femenina no reproductiva y promiscua (Pheterson, 2000).
Asimismo, algunos estudios señalan que los clientes habituales son más propensos a la desprotección que los ocasionales, ya que la percepción del riesgo de contagio de una ETS disminuye cuando existe un grado de confianza mayor con la escort (Meneses Falcón y Rua Vieites, 2011). A la inversa, en un primer encuentro, muchos varones expresan desconfianza o rechazo cuando son las mujeres las que proponen no usar preservativo, e incluso cortan la relación o se niegan a entablarla.
Una flaca hermosa me dijo con forro o sin forro… me quedé pensando todo el polvo “estará enferma esta culiada? (Sergio, 38 años).
Lo peor de todo, es que quiso que la garche SIN FORRO, le dije que no, me vestí, le pagué solamente lo del masaje y me fui (Curuzú, Hilo sobre XP, Foro 2).
En otras ocasiones, los varones proponen no usar preservativo, para lograr cumplir con una performance vinculada al rendimiento y la potencia, en este caso, traducida en lograr y mantener la erección. Un entrevistado, de edad avanzada, mencionó que evitaba usar preservativo porque “no podía [tener una erección]”, aunque también lo reivindicaba como una forma de entablar una mayor intimidad en el encuentro:
Bueno, yo soy fuera del preservativo porque en mis tiempos no se usaba. Y tampoco lo uso, absolutamente nada. Sino no podés hacer el amor. Si vos hacés caso a lo que te dicen, no la podés ni tocar […] Tenés que ponerte el pito y ponérsela como si fuera un pedazo de carne, ¿me entendés? Y no es fácil tener relaciones así. Excepto que seas un pendejo de 16 años, que no tenés ni idea, que quieren ponérsela y nada más. Porque el sexo no es solamente eso. Hay un disfrute llevado alrededor de todo eso. Antes de la penetración, etcétera, etcétera. No lo uso, porque no puedo (Ismael, 72 años).
La edad y la generación son variables que también influyen en la protección o falta de ella. Aparece una marca generacional con la irrupción del SIDA y la difusión de información sobre las formas de prevención. Así como Ismael afirmaba que en “sus tiempos no se usaba”, otro entrevistado, Gastón, de 51 años, sostenía que a partir de la aparición del SIDA “empezó la mamada con forro”. A su vez, cuando hablábamos del uso del preservativo con uno de nuestros entrevistados, trazaba una distinción basada en la edad y la experiencia:
Cuando era más pendejo, por ahí te avasallaban y había algún juego previo, que después con la edad dije: “Ni en pedo, nunca más.” Siempre me lo he puesto. Pero al principio por ahí, en el jugueteo previo, pero era necesario. Y más hoy en día, conociendo los tipos de enfermedades. Uno lo hacía de boludo, porque conocía los riesgos, pero lo hacía de boludo, de pendejo (Lucio, 30 años).
Más allá de la información disponible sobre ETS para las nuevas generaciones, las primeras experiencias de sexo pago están atravesadas por problemas de erección o la falta de deseo sexual debido a los nervios, el miedo o la incomodidad. En este marco, el debut, que como ya hemos dicho, funciona como rito de masculinidad, deja poco espacio para ocuparse del cuidado de la salud.
Finalmente, no sólo la trayectoria de consumo, la familiaridad con la escort, la edad y la generación de los varones que pagan por sexo impactan en el uso de protección frente a las ETS. También operan criterios clasistas de clasificación que asocian higiene, lugar de trabajo e imagen con una mayor o menor probabilidad de portar y transmitir una ETS:
El tema es que en los Pvs [privados] no vas a encontrar higiene, partamos de ahí. Tanto el lugar: la habitación, la cama, las sábanas, el baño, etc siempre está sucio, lleno de agua, una toalla recontra usada por todos los que fueron al lugar. Y lo principal: las chicas de los PVs solo se pasan un bidetazo y listo!!! Trata de ir con minas “independientes”, es decir escorts que laburen solas. Estas se preocupan más por dejar una buena impresión, están más arregladas, son más higienicas y no te vas a ser tanto la cabeza. Todos al principio, tenemos cierto “miedito” cuando vas con una escort. Pero cuando le empezas a tomar el gusto y encontras una escort que te vuela la cabeza, te olvidas de todo y garchas como nunca. (Ted_Capo, Hilo “Consulta haber que opinan de las escort y las enfermedades”, Foro 2).
Varios foristas construyen una imagen de las mujeres que venden sexo que articula una percepción de clase con el cuidado de la salud. A partir de esta construcción parece ser posible “juzgar si una prostituta está sana por su aspecto, olor y comportamiento” (Regushevskaya y Tuormaa, 2014: 605). La distinción entre las “chicas de privados” y las “escorts independientes” permite a estos varones marcar una distancia social. Es esta distancia, usualmente en términos de clase, pero varias veces también racializada, la que habilita una relación de exterioridad y una construcción de otredad. Aquí emerge la mirada del otrx como enfermx y del enfermx como un otrx (Morcillo, 2015), recordándonos las perspectivas del higienismo para el cual “la salud, y la sanción de la enfermedad, asumieron un rol central en la solidificación de las posiciones de clase” (Crawford, 1994: 1352).
Los matices en la caracterización de las mujeres que hacen sexo comercial como más o menos riesgosas, se desdibujan cuando el contraste se plantea con las “civiles”, y entonces todas las mujeres que hacen sexo comercial aparecen como una potencial fuente de contagio. De modo que para los gateros el sexo comercial implica un riesgo de contraer una ETS, que no aparece como masculinizante sino como “el precio que hay que pagar” por participar de estas relaciones y que puede sortearse protegiéndose de las escorts “contagiosas” a través del uso de preservativo.
La masculinidad entre la performance y el placer sexual
Otros problemas debatidos asiduamente en los foros son aquellos que desde la medicina y la sexología se han caracterizado como “disfunciones”. Nos centramos en los tres asuntos más frecuentes: la disfunción eréctil, la eyaculación precoz y el uso de estimulantes sexuales. Como veremos, los tres temas aparecen constantemente ligados entre sí.
En el Foro 2, en el hilo “Problemas erección”, un usuario dice registrarse en el foro exclusivamente para “desahogarse” y consultar sobre su problema: “tengo 22 y hace exactamente un año no se me para”, algo que no puede hablar con nadie “en persona”. Nuevamente, aquí las identidades protegidas del foro habilitan a hablar de los problemas y ansiedades que atraviesan estos varones, para quienes la “impotencia” es una grave amenaza a su masculinidad. Este espacio homosocial también permite hablar sobre las “fallas” que emergen en sus encuentros sexuales fuera del comercio sexual. Otro forista de 25 años dice estar pasando por un momento de mucho estrés y se preocupa porque en dos encuentros con una chica que conoció “el amigo falló”:
Te duele en el orgullo y te inunda la verguenza… la cague una vez, la cague una segunda vez… , no me permitan cagarla una tercera vez… le quiero dar la garchada de su vida en agradecimiento por haber sido una verdadera mujer y comprender q eso pasa y no una chiruza q te puede hundir en la humillacion. Ergo llamo a la solidaridad… si me pueden decir donde puedo conseguir Viagra Chino […] a la espera de un salvavidas farmacologico para hacerle un bypass a mis nervios, […] prometo contar como me fue cuando logre voltear al fantasma inconciente q esta maquinando sin mi permiso las dos cabezas jaja. (Patadepalo, Hilo “Momento de mierda no se me paró”, Foro 1).
El relato de este usuario hace visible no sólo las dificultades para hablar de estos “problemas sexuales” y el rol del foro, sino también las complejidades que implica la reflexividad para buena parte de estos hombres. De acuerdo con Seidler (1995, 2006), los imperativos de racionalidad, independencia y autosuficiencia de la masculinidad privilegiada, favorecen la despersonalización de la experiencia que los hombres tienen de sí mismos. Aquí juega un rol importante lo que denominamos el paradigma de las “dos cabezas”, que como vimos antes, mediante una personificación del pene, habilita diferentes tipos de autoexplicaciones para los varones heterosexuales, a la vez que bloquea posibilidades de reflexividad. Así como bajo el mandato de racionalidad masculina las emociones son percibidas fuera del yo, la sexualidad también es percibida como si viniera de afuera, lo que deriva en una falta de control, reflexión y desresponsabilización que son autopercibidas como sinceras (Seidler, 1995). De hecho, en el relato anterior ya no sólo son dos cabezas las que entran en tensión, sino que aparece también un “fantasma inconsciente” que opera “sin permiso”. Todas estas entidades habitan en un sujeto cuya propia fragmentación funciona como forma de eludir el conflicto que la impotencia hace demasiado visible.
Un primer punto clave para comprender estos temas es entonces la forma que toma la concepción del cuerpo masculino entre muchos de estos varones. La exteriorización y personificación del pene, usualmente llamado “el amigo” entre los gateros, permite no sólo que aparezca como una parte desligada del resto del cuerpo, sino que adquiera su propia personalidad:
El amigo se emociona en el jugueteo previo y se pone a tiro. La niña ipso facto le coloca el pilotín y de a poco empieza a flaquear el tierno cabezón. Despues me pongo como loco para recuperarlo y es al ñudo. ¿Es problema del amigote o es problema mío y de mi cabeza de cotillón –la mía, no la del amigo– o será que estoy próximo a las cinco décadas y estoy “decadente”? (Cumbiero25, Hilo “Consultas Médicas”, Foro 1).
En las preguntas de este usuario frente a su problema vemos emerger una tensión entre las “dos cabezas”. Esta concepción que tiene vinculación con las prácticas sexuales, según Potts es
una compleja relación sinecdóquica entre el hombre y el pene, a través de la personificación del pene, las actitudes y comportamientos del yo-pene se representan como distintos y opuestos al autocontrol racional del hombre. Esto permite a los hombres individuales emplear al yo-pene como un descargo de responsabilidad, en carne y hueso, para prácticas heterosexuales más riesgosas y coerción heterosexual (Potts, 2001: 154).
Potts agrega también que esta personificación y disociación del pene –que expresa también la división mente/cuerpo– puede favorecer una sexualidad falocéntrica y dejar de lado otras zonas del cuerpo como fuentes de placer. En este marco, la erección aparece ligada a las nociones de lo saludable y normal, e irónicamente, como la “esencia de la sexualidad masculina” (Potts, 2000), pues es una esencia siempre temporaria y acechada por el fantasma de la “disfunción”. La desresponsabilización que habilita esta concepción de las “dos cabezas” colabora para que, tanto en el caso de los problemas de erección como en aquellos de la eyaculación precoz, las soluciones farmacológicas sean preferidas a las psicológicas.
Para comprender los discursos de estos varones también debemos situarnos históricamente. Si pensamos que la biopolítica del higienismo se ha entremezclado y dado paso a un capitalismo “farmacopornográfico”, como señala Preciado (2008), comprenderemos que el papel de los estimulantes resulta clave. En este marco “lo que define en realidad a la masculinidad farmacopornográfica no es la capacidad de erección masturbatoria, sino más bien la dificultad de mantener una erección, de ahí el ingente mercado de suplementos químicos y audiovisuales que vienen a suplementarla” (Preciado, 2008: 205). Tomando la propuesta de Preciado podemos pensar que el mercado sexual construye “subjetividades sildenafil”. En efecto, el uso de estimulantes sexuales es muy frecuentemente debatido en ambos foros, y la mayor parte de los debates giran en torno al uso del sildenafil –algunos también mencionan el tadalafilo, mientras otros compuestos, como el llamado “viagra chino” (huang he o li chang), o hierbas (cola de quirquincho) son mirados con mayor desconfianza–. Algunos de los puntos que se ponen en debate en relación al uso de sildenafil son el acceso, las dosis y los efectos secundarios, los riesgos o contraindicaciones, y los fines de esta droga.
Pedí Sildenafil 25mm (si es para el paso), sino el de 50mm (si la queres poner toda la noche a todas las buenas perras en una orgia magistral) […] decir Viagra es un quemo, sobre todo si hay viejas de mierda cerca ke se pueden llegar a asombrar y poner cara de “OOHHH hijo del demonio” o cosas asi.Se vende bajo receta o sea no te la venden de una. No vayas a farmacity o dr ahorro porke directamente no te la venden. andá a farmacias tranki (tranki 120 jaja) re under. ojo no soy experto en el tema farmaceutico ni ahi… solo un humilde muchacho que conoce de la noche porteña
y cosas del diablo
jaja (Nachosantelmo, Hilo “Viagra”, Foro 1).
A las complejidades habituales de la relación entre masculinidad y servicios de salud, las “disfunciones sexuales” suman la vergüenza como obstáculo para la consulta médica e incluso para comprar el medicamento sin receta. En los foros, además de recomendar “farmacias amigables” que venden sin receta, surgen comentarios en torno a la vergüenza, de ser visto como “impotente” –especialmente si quien atiende la farmacia es una mujer–, o aparecer como un “pervertido”.
Si bien muchos advierten los posibles efectos colaterales e insisten en la necesidad de consultar un médico antes, varios foristas hablan de un uso cuasi recreativo del sildenafil. Muchos de ellos, aun siendo conscientes de los riesgos, siguen tomando alguna variante de estimulante sexual. Un usuario de 42 años explica: “Quizás me dirán que no lo necesito todavía, pero dado que tengo problemas de ansiedad, prefiero jugarme a lo seguro y no quedar mal con la señorita con la que vaya” (Poeta sucio, Hilo “Quiénes son los gateros más viejos de edad”, Foro 2). A su vez, aunque una gran mayoría de los foristas advierte que tanto los problemas de la “impotencia” como de la eyaculación precoz tienen un origen psicológico, el sildenafil continúa apareciendo como una buena solución:
Yo estoy dudando, no sé si comprar, mis ultimas 2 performances fueron bastante flojas, a nivel de que mi amigo nunca llego a estar a full. Creo que es algo psicológico, pero es re molesto, se me solucionará con sildenafil? (Adrian 8, Hilo “Viagra”, Foro 1).
Algunos de los que ven como riesgoso el consumo de sildenafil proponen otras soluciones: “Una buena dieta (de hombre y saludable) y ejercicio DE HOMBRE!!! (pesas, aerobicos, etc) ayudan a tener una buena erección” (zzran, Hilo “Viagra”, Foro 1). Sin embargo, casi ningún forista propone hacer una consulta psicológica. Al contrario, muy pocos reconstruyen el escenario y el vínculo con su propio deseo sexual. Aquí un usuario señala las complejidades de pensar y experimentar el deseo como una “necesidad” y cómo esto afecta las posibilidades de obtener la preciada erección:
Es un tema mental en la mayoria de los casos, no es lo mismo entrar y garchar que un juego de seduccion con una mina que no le pagas, tambien uno se quiere asegurar el tiempo /dinero que aporta y entra con eso en la cabeza ( y como en el juego “el obligado pierde por necesitado”)
(Paragol, Hilo “Viagra”, Foro 1).
Otro joven forista escribe buscando viagra preocupado por cierta baja en la “calidad” de sus erecciones, y, solo al pasar, comenta:
Supongo q podria ser psicologico, esto de pagar por alguien q esta obligada a darme sexo me juega en contra en la cabeza, si esa mina lo haria pq realmente quiere tener sexo conmigo seria distinto (andrespiu, Hilo “A los que probaron viagra”, Foro 1).
A partir de estos comentarios se puede poner de relieve una escena donde entran en juego masculinidad, placer sexual y capitalismo. Es cuando desaparece la seducción, que puede reafirmar la autoestima masculina, y la escena supone una lógica de productividad tiempo/dinero, que el deseo aparece atravesado por la demanda performática de rendimiento. Para algunos, esta situación puede ser problemática y disparar una consulta, pero entonces el foro, al mismo tiempo que propicia un espacio para el diálogo, abre también a las fuerzas homosociales que aquí alimentan la reproducción de modelos masculinos. Así, al mismo tiempo que para algunos el uso de sildenafil parece cuestionable –aunque más frecuentemente desde el punto de vista biomédico que desde una óptica del deseo–, para otros tantos conduce a una normalización de la disociación de su deseo que va de la mano con la concepción de las “dos cabezas”:
Yo tenía una relación con una dama que no era escort, duró doce años. Le gustaba discutir y buscar problemas justo al entrar al telo, después que se desahogaba, le pintaba el sexo a full, pero yo ya me había cansado con la previa elegida por ella. Entonces probé con media de 50 mg de sildenafil y listo, el amigo ya no pensaba, no tenía sentimientos, yo la quería matar a la mina y el se la quería coger, asi empecé. Cuando arranqué con el gateo, la uso a veces, pero no falla nunca, 50 mg una hora antes te garantiza la erección, después todo depende de la piel y lo demás. Pero últimamente siento que no tomarlo, es como tener a Messi en el banco y no ponerlo (Piroponga, Hilo “Alguno tomó viagra con una escorts”, Foro 1).
Otro de los problemas frecuentemente debatidos es el de la llamada eyaculación precoz. Algunos foristas plantean que ésta debe definirse por la falta de control sobre la eyaculación, otros señalan la necesidad de desestimar al porno como estándar de las prácticas sexuales, sin embargo para la mayoría termina decantando la idea de que hay un tiempo determinado que marca si una eyaculación es precoz o no. Esto se halla en correlación con la idea de que se debe satisfacer sexualmente a la mujer (con la penetración) con quien se tiene relaciones y esto requiere un tiempo mínimo, pero a la vez se tensa con la temporalidad delimitada y restringida por el dinero de los encuentros de comercio sexual. Así, la performance adecuada requiere no solo una penetración con una debida erección sino una extensión temporal. Mientras varios foristas interpretan la “eyaculación retardada” como una fortaleza o muestra de virilidad –aun cuando esto podría ir en desmedro del propio placer sexual– llevando a algunos a valorar el uso de preservativo para “durar más” como vimos más arriba, otros tantos envidian a los que logran “acabar solo con sexo oral”. En la temporalidad de la(s) eyaculación(es) emerge una lógica cuasi taylorista por “aprovechar” al máximo el tiempo del turno.
En un largo posteo titulado “Cómo superé yo la eyaculación precoz” (Foro 1), un usuario expone que los motivos de este problema incluyen tanto problemas psicológicos y de control del músculo pubocoxígeo como de desarrollo e inmadurez como hombre y afirma: “Un hombre en serio no eyacula precozmente” (NewGateris). Así, la capacidad de control de la propia eyaculación y de la erección se utilizan como formas de legitimación de la jerarquía entre masculinidades, al distinguir entre un “hombre en serio” y sus versiones devaluadas. Por su parte, en el mismo hilo, otro usuario plantea una solución a los problemas de la eyaculación precoz:
Aunque no lo crean algo que muchas veces anda bien con la EP es el Viagra. La cosa viene así, para parar la pija tenes que excitarte. Si te excitas mucho estas más cerca de la eyaculación ante cualquier estimulo adicional. Como el Viagra te para la pija con muy poca estimulación, vas tranquilo no necesitas poner mucha pasión para el coito y en consecuencia tenes mayor control sobre la eyaculación (Martín70, Hilo “Cómo superé yo la eyaculación precoz”, Foro 1).
Un punto importante a destacar aquí es que la solución propuesta supone lograr un coito “menos apasionado”. Vemos entonces claramente como el aspecto instrumental y performático de la sexualidad masculina sobrepasa la importancia del placer sexual. Esto también se puede notar en uno de los frecuentes consejos para evitar la eyaculación precoz: “pensar en algo feo”, como forma de eludir el placer, pero también de reproducir la distinción típicamente masculina entre racionalidad y corporalidad.
Asimismo, es posible encontrar en algunas discusiones la preocupación por no eyacular cuando se ha tenido un orgasmo. Nuevamente, más allá del placer hay una preocupación por culminar el acto con la eyaculación; de hecho, algunos foristas consultan si el viagra puede incrementar el volumen de la eyaculación. El semen suele estar ligado a las múltiples ansiedades sexuales de los varones cis-heterosexuales, pues se supone que si no se eyacula se produce una acumulación que puede ser dañina. Por otra parte, también aquí hay una personificación, pues los espermatozoides suelen ser llamados “los muchachos” en la jerga del foro. Potts (2001) plantea que esta personificación, común entre varones heterosexuales, se puede ligar a la representación de la eyaculación como la colonización final del cuerpo de la mujer. La importancia otorgada a la (caudalosa) eyaculación –a tiempo, ni antes ni después– como la expresión más visible de una performance exitosa –manifiesta también en la centralidad del cum-shot como escena cumbre del porno mainstream (Preciado, 2008)– pone de relieve una vez más la preeminencia del aspecto performático por sobre el placer sexual.
En varias ocasiones, ser capaz de llevar a cabo la performance masculina heterosexual no se liga tanto al propio placer como a la mirada del otro masculino. En el Foro 1, un usuario abre un hilo cuyo título mismo denota la internalización de la mirada de un otro que juzga como fallida su actividad sexual: “Tardar en eyacular… trauma. A mi sólo me pasa?”. La consulta plantea:
Este es un tema muy íntimo pero cierto. Como no se sabe quien soy puedo expresarme libremente. Gracias foro! Es un tema al que nunca recurri a un médico para consultarle. Desde los 24 años que me cuesta horrores acabar. No se porque me pasa, si es un problema por el que me tendría que preocupar. Si soy el único que le pasa . la verdad nunca me informe sobre el tema Es frustrante estar con una pareja o compañía femenina y te reproche “no acabas? No te gusto? Estoy haciendo algo mal?” Y no… Vos la pasas bien y por momento Tenes sensaciones pero después nada… Se baja y a empezar de nuevo . será un problema orgánico? Será que no me calientan lo suficiente . no creó. […] Alguien sabe la solución? El porque me pasa esto??? Soy el único ? Tendría que preocuparme? (Palmerito, Hilo “Tardar en eyacular… trauma. A mi sólo me pasa?, Foro 1).
Al final del hilo, tras varios comentarios que señalan que puede ser algo psicológico, un usuario responde “posiblemente te gusten los hombres”, poniendo de manifiesto que, efectivamente, y aun cuando el anonimato favorezca la libre expresión, la mirada del otro masculino puede ser aquella de la masculinidad hegemónica, jerárquica y homofóbica. En el hilo “Dificultad para acabar” (Foro 1) se plantea un tema similar y allí los foristas debaten sobre las posibilidades y los efectos no deseados de controlar el ritmo de sus erecciones/eyaculaciones. El usuario Mutt-200 propone un “programa de autoconocimiento” que incluye ver pornografía como forma de identificar las fantasías y así luego controlar los tiempos y la excitación. Frente a esta detallada propuesta otro responde: “Maestro, me dejaste con la boca abierta… de admiración jajaja
Qué autoconocimiento y que dominio de la situación… No es facil el descontrol y el control simultáneamente jaja
” (Gustasexo17). Cuando se trata de optimizar la performance en la relación tiempo/dinero las técnicas van en desmedro del placer: “una tecnica que uso es el primero hecharmelo medio sin disfrutar mucho con la menor piel posible!!!!” (Pedrocome, Hilo “Como hago para echarme más de un polvo en una hora”, Foro 1). Se hace visible cómo el contexto homosocial del foro constituye un marco discursivo que expresa las presiones para ejecutar una performance que en el turno de una hora debería: sostener desde el inicio una firme erección y eyacular con abundante caudal la mayor cantidad de veces posibles:
Muchachos estoy cerca de los 45 nunca tuve problemas para darle a la matraca, pero últimamente quisiera disminuir el tiempo refractario y aumentar el tiempo pre eyaculación, sobre todo en el primer polvo y poder llevar a un segundo como antes sin tanto esfuerzo. Para poder ortearlas [sexo anal] bien a las nenas como a ellas les gusta, el tema es que el puto de mi médico clínico, no me quiere recetar la pastillita azul. Así que recurro a ustedes ya que fuí a dos farmacias y no me vendieron me pidieron la receta. […] Aclaro cuando voy a coger me gusta tomarme un buen champagne a veces llevo dos, las nenas entonadas cogen mejor. jejeje Y yo también. Bueno espero que alguno me pueda dar una mano. Un saludo pirata. (Gran Juan, Hilo “Viagra donde comprar sin receta? sirve?”, Foro 1).
En esta consulta queda claro cómo el uso de sildenafil excede cualquier tipo de necesidad de salud y se liga al deseo de llevar a cabo una performance e incluso aparece cierto placer en desafiar los consejos médicos y exponerse al riesgo como forma de reforzar su masculinidad buscando la complicidad homosocial. Cuando algunos foristas le critican desobedecer a su médico y le advierten sobre los riesgos de mezclar sildenafil con alcohol y especulan con su muerte por un infarto cardíaco, el usuario Gran Juan responde: “Sigo vivo, culeando y enviagrado. Y chupeteando con las chicas. A la muerte se la enfrenta con valentía y después se le invita una copa”.
En este capítulo hemos visto que en los foros de varones que pagan por sexo se comparten informaciones, pero también dudas e inquietudes vinculadas a la salud sexual, que son tan frecuentes que llevaron a disponer de una suerte de consultorios médicos virtuales, y a ofrecer consejos sobre salud sexual para clientes y escorts. Los espacios que habilitan los foros pueden interpretarse como una contraparte de las dificultades que tienen tanto los varones para acceder a los sistemas de salud, como los sistemas de salud para considerar a los varones que pagan por sexo como una población objetivo e interpelarlos sin estigmatizar ni moralizar sus prácticas. Sin embargo, el espacio de los foros encuentra también sus limitaciones. En parte debido a su funcionamiento –a través de conversaciones de múltiples participantes, o “polílogos”–, las dudas y consultas consiguen expresarse y debatirse más que resolverse, y la tensión entre el riesgo y el placer suele mantenerse en las pugnas de legitimidad que tienen lugar entre la diversidad de experiencias de los gateros y el saber médico.
Los foristas con más experiencia transmiten a los novatos formas de negociar los riesgos para su salud sexual, si bien en muchas ocasiones hay perspectivas en pugna. En el guión sexual gatero que se construye en los foros, el cuidado se reduce a una dimensión física, mayormente genital y asociada al uso de preservativo, en línea con el imaginario del cuerpo como máquina, desvinculado de las emociones y los afectos, y con el orden de género hegemónico que caracteriza el cuidado como femenino. Entonces, si bien la preocupación por la salud es un tema relevante, este aparece principalmente en clave de protección, como lo expresa la firma de uno de los foristas “Lo importante no es ponerla, sino sacarla sana y a tiempo”. Ellos no parecen concebirse a sí mismos como portadores de ETS, las cuales son atribuidas únicamente a las escorts, históricamente construidas por los discursos higienistas como fuentes de contagio. Marcadores de clase, como la higiene, el aspecto físico y la estética del lugar de trabajo, las dividen entre más y menos peligrosas en términos de transmisión de enfermedades. Pero estos matices desaparecen cuando se contempla la demarcación entre “civiles” y escorts –que no hace otra cosa que replicar la división entre santas y putas–, donde estas últimas aparecen siempre como un “otro enfermizo” que los pone en riesgo.
Al analizar los debates sobre las disfunciones sexuales y el uso de drogas como sildenafil, emerge un guión que estructura la performance sexual vinculándola al rendimiento masculino y construye las experiencias y las concepciones de estos varones eclipsando, no sólo las nociones de salud, sino también el placer sexual. Entre las preocupaciones de quienes consultan y los comentarios de quienes responden, aparece frecuentemente la consideración de que estos problemas –relacionados tanto a las erecciones como a las eyaculaciones– sean de orden psicológico. Sin embargo, el diálogo bifurcado entre las “dos cabezas” no facilita la relectura de las ansiedades en clave reflexiva. El sildenafil o el tadalafilo aparecen como una respuesta más a mano y más efectiva para lograr una performance “adecuada”. Ésta parece demandar una erección perenne, pero con un grado preciso de excitación para evitar tanto una eyaculación precoz como demasiado tardía. Ajustarse al guión performático que emerge en los debates de estos varones demanda un férreo control sobre mente y cuerpo, llegando incluso a un programa de auscultación y domesticación del deseo para construir una masculinidad potente y eficaz. Por ello no sorprende que estas drogas aparezcan como la mejor solución –y la más rápida– más allá del riesgo, o, justamente, dado que la exposición al riesgo, en ocasiones, multiplica la apuesta por la masculinidad. Las drogas que se nombran son especialmente aquellas que la industria farmacéutica ha popularizado y que circulan más allá de cualquier control médico, mostrando que la farmacologización toma el relevo de la medicalización en este asunto.
Conocer las especificidades de la relación entre salud y género en los varones que pagan por sexo puede ser un insumo a la hora de construirlos como una población específica a la que dirigir políticas de salud. Ello implica no sólo pensarlos desde la compleja relación entre masculinidades y salud, sino también conocer las particularidades de los sentidos que se ponen en juego en el mercado sexual. De esta forma, sumando las perspectivas sobre salud de quienes hacen comercio sexual, podría pensarse un abordaje que construya una mirada relacional, abandonando definitivamente las concepciones individualistas y estigmatizantes que han centrado el problema sanitario en las prostitutas. Queda abierto el interrogante sobre la medida en que el estado puede abordar este problema sin reificar posiciones y producir, nuevamente, un sujeto a controlar. Por ahora las intervenciones estatales han estado más ligadas al control policial o con el objetivo de lograr que los clientes abandonen la práctica de pagar por sexo, como vimos en el capítulo 3. Sin embargo, no se han tenido en cuenta las propias motivaciones y significados que estos varones ponen en juego a la hora de pensar en abandonar el sexo comercial. Este es el foco en nuestro siguiente y último capítulo.
- Este capítulo ha sido reelaborado a partir de Morcillo, Martynowskyj y de Stéfano Barbero (2020c).↵
- Si bien en la historia de ambos foros son las ETS las que han preocupado sistemáticamente a los gateros, la pandemia de COVID-19 nos mostró mecanismos similares. No nos hemos ocupado en profundidad de todas las discusiones que la pandemia y las restricciones de la cuarentena originaron (en parte porque al momento de escribir este texto la pandemia y los debates aún se encuentran en desarrollo), pero sí resulta evidente un proceso que replica las posiciones de los gateros frente a otras enfermedades. Si bien en un primer momento primó la cautela y muchos foristas declaraban acatar la cuarentena y dejar de tener encuentros sexuales con escorts, prontamente los diálogos entre gateros en el espacio homosocial del foro plantearon formas de negociar el riesgo y mecanismos de “excepción” que justificaban los encuentros con escorts.↵






y cosas del diablo
jaja (Nachosantelmo, Hilo “Viagra”, Foro 1).
(Paragol, Hilo “Viagra”, Foro 1).