El caso de la comunidad indígena Nasa del Cauca, en Bogotá, Colombia
Astrid Lorena Roncancio Alfaro
Resumen
El propósito de esta ponencia es evidenciar el resultado de una investigación que tiene como objetivo responder a un análisis sobre las implicaciones en las prácticas e identidades de la comunidad indígena Nasa luego de su proceso de desplazamiento desde el departamento de Cauca hacia la ciudad de Bogotá D.C. en el año 2017.
Para dar lugar a tal objetivo general, se buscó comprender el contexto que favoreció el desplazamiento de la comunidad indígena Nasa hacia la ciudad de Bogotá; cuáles son las transformaciones en las prácticas indígenas del pueblo Nasa perteneciente al Cabildo Nasa en Bogotá y cómo se configura la identidad en la comunidad indígena Nasa en contexto de ciudad.
Es importante resaltar cómo en el contexto colombiano la presencia de multinacionales en territorios rurales, la transversalización de múltiples actores armados legales e ilegales en los campos, la centralización de instituciones en lo urbano, etc., han posibilitado el ambiente propicio para que se intensifiquen procesos de desplazamiento masivos de lo rural hacia lo urbano, convirtiendo así a la ciudad en otro lugar posible de habitar para las comunidades indígenas.
El espacio rural ha sido pues aquel lugar escogido desde la misma comunidad indígena y desde muchas visiones académicas para pensarse la pervivencia de los pueblos indígenas, no obstante, cuando por razones forzadas o voluntarias estas mismas comunidades deciden habitar la ciudad, el panorama se complejiza.
En términos teóricos la ciudad es un espacio social que se produce, una composición social que supera la conceptualización cerrada y única del espacio como infraestructura física. De tal manera que la ciudad viene a ser mucho más: un lugar de construcción y reconstrucción de la vida social y cultural, un espacio que tiene la facultad de ser lugar de encuentro de la diversidad. Desde esta perspectiva sería posible repensar la ciudad como un lugar posible de habitar para las comunidades indígenas desde las prácticas e identidades propias. Ahora bien, si la ciudad como centro cosmopolita es lugar de encuentro de muchas culturas, es un lugar que está en constante debate, en continua reconceptualización, un lugar de múltiples luchas y resistencias sociales; en otras palabras, es un territorio en disputa permanente.
En Colombia y específicamente en Bogotá, diferente a la idea de encontrar una ciudad diversa y múltiple dada la riqueza social que existe como consecuencia de los múltiples proceso migratorios en el país, hoy se evidencia la materialización de un sistema social, económico y político único y hegemónico. La ciudad se ha establecido desde la invisibilización de sus formas sociales subversivas al sistema social dominante.
No obstante hoy emergen, en contraposición a esta realidad, múltiples formas de resistencias desde lo individual hasta movimientos sociales que buscan transformar la idea de una única forma de habitar la ciudad. Desde múltiples medios y desde diversos sujetos se ha buscado la reivindicación del derecho a la ciudad, el derecho de construir y habitar el espacio conforme a los deseos de sus habitantes. Es así como esta investigación se consolida desde un marco orientado teóricamente por David Harvey, Henry Lefebvre; Hannah Arendt; Pierre Bourdieu y desarrollada desde una metodología cualitativa, la cual es guiada desde los aportes de la comunidad indígena Nasa, quienes buscan nutrir la discusión sobre la realidad de lo indígena en la ciudad.
Palabras clave
Ciudad; indígenas nasa; desplazamiento; prácticas; identidad.
I. Introducción
El contexto en Colombia se ha cimentado desde la consolidación de realidades guiadas en gran medida por amplios procesos de desplazamiento interno en el país. Grandes oleadas de masas migratorias de lo rural hacia lo urbano y viceversa han modificado, diversificado y transformado las formas de habitar de los habitantes en los diferentes territorios del país.
La ciudad por su parte se constituye como el lugar con mayor recepción de población en el país, mayoritariamente proveniente de áreas rurales. Dado el encuentro de múltiples culturas en el espacio, el contexto supondría el enriquecimiento en tanto diversidad cultural en la ciudad. No obstante, una vez confrontada la realidad, es posible visibilizar la ausencia de lo múltiple, de la pluralidad de formas de ser, pensar y actuar.
Para el caso de las comunidades indígenas que se han desplazado, se evidencian serias afectaciones en las diferentes esferas de la vida cotidiana: la economía, los lazos familiares y comunales, la cultura misma, entre otros aspectos de la vida resultan transgredidos, dada la influencia del sistema económico, social, cultural, jurídico que impera como único sistema legítimo en la ciudad.
Además, para el caso de las comunidades indígenas, se han constituido imaginarios sociales que responden a modelos identitarios esencialistas. Es decir, identidades asignadas que reconocen la idea de la vida indígena en un contexto único rural: aislado, ancestral, agrícola, etc. Ahora bien, en el terreno práctico tales afirmaciones se llenan de contradicciones y cuestionamientos una vez las comunidades son desplazadas de sus territorios para habitar la ciudad. Emergen así cuestionamientos tales como: ¿es posible la continuación de la cultura indígena en un contexto de ciudad?; una vez sumergidos en lógicas económicas, sociales distintas, ¿cómo sobrevive lo indígena?; ¿qué formas de resistencias pueden presentar las comunidades indígenas en la ciudad?; entre otros tantos interrogantes.
Para el caso específico de las comunidades indígenas que habitan en el departamento del Cauca y de acuerdo con fuentes institucionales, el 12,2 % de esta población, es decir 30.357 indígenas han sufrido la expulsión de sus territorios por procesos violentos (RUV, 2016).
Tal situación representa la crisis de desplazamientos presente en el país desde la mirada particular de un departamento colombiano, y desde la perspectiva específica de las comunidades indígenas, realidad que constituye un problema de investigación contemporáneo necesario de reflexión.
En la búsqueda de dar voz a las comunidades indígenas sobre estos cuestionamientos y debatir alrededor de esta problemática, nace la investigación “Prácticas e identidades indígenas en contexto de ciudad: el caso de la comunidad indígena Nasa del Cauca, en Bogotá, Colombia” (Roncancio, 2017), trabajo finalizado y razón última del presente artículo, el cual tiene el objeto de visibilizar aquellas reflexiones que emergen en el recorrido de este ejercicio investigativo.
Como objetivo general de la investigación, se propuso analizar las implicaciones del proceso de desplazamiento de Cauca hacia la ciudad de Bogotá, en las prácticas e identidades de la comunidad indígena Nasa adscrita al cabildo Nasa de Bogotá para el año 2017. Y como objetivos específicos, se establecieron los siguientes: 1) determinar las características sociodemográficas de la comunidad indígena y especialmente del pueblo Nasa en Bogotá; 2) conocer el contexto que favoreció el desplazamiento de la comunidad indígena Nasa hacia la ciudad de Bogotá; 3) analizar las transformaciones en las prácticas indígenas del pueblo Nasa perteneciente al Cabildo Nasa en Bogotá; 4) conocer cómo se configura la identidad en la comunidad indígena Nasa en contexto de ciudad.
II. Marco teórico/marco conceptual
En este orden, para comprender cuáles son las transformaciones en las prácticas e identidades de las comunidades indígenas en contexto de ciudad, se establecieron categorías teóricas que orientan conceptualmente y desde una perspectiva general la realidad que transversaliza la vida de la comunidad indígena Nasa en Bogotá. Se definieron así, las categorías analíticas: desplazamiento, prácticas indígenas, identidad y ciudad.
Para comprender la categoría analítica de desplazamiento, se hace uso de los análisis realizados por Hannah Arent (1998) sobre los “apatridas” y las posteriores interpretaciones de Uribe de Hincapié (2000) sobre estos tratados conforme al contexto colombiano, además de los aportes de Lozano (2005) sobre el desarraigo.
Prácticas indígenas nace como categoría de análisis de acuerdo al constructo teórico de Pierre Bourdieu sobre la teoría de la acción y el sentido práctico. Bajo estos postulados es posible entender los diferentes elementos que condicionan la vida de los migrantes indígenas y que permiten o no la transformación de las formas de habitar en la ciudad.
Así mismo, la categoría identidad se construye en este marco analítico con base a las reflexiones guiadas desde el autor Zygmunt Bauman (2005). Finalmente la categoría de ciudad se establece con base a las reflexiones teóricas de Limonad & Monte-Mór (2012), Medina (1998) y Harvey (2013).
III. Metodología
Esta investigación fue llevada a cabo a partir desde una postura epistemológica comprensiva e interpretativa. El enfoque investigativo es cualitativo y el tipo de estudio fue descriptivo e interpretativo. Las técnicas de investigación empleadas fueron el análisis de contenido (fuentes primarias y secundarias), entrevista semiestructurada, observación participante, observación no participante y los diarios de campo.
El análisis de datos fue desarrollado fundamentalmente bajo la síntesis de la información recolectada en los diferentes espacios visitados en una matriz analítica, además de la transcripción completa de las entrevistas. Finalmente toda la información recolectada es codificada y analizada desde el software Atlas ti.
IV. Análisis y discusión de datos
En primer lugar cabe resaltar que el desplazamiento es entendido desde esta perspectiva investigativa como un concepto general referido al movimiento de los cuerpos por razones o bien voluntarias, o bien, forzadas.
En este sentido, el desplazamiento se divide en dos subcategorías analíticas: migración y desarraigo. Para el primer caso, da cuenta del proceso de desplazamiento que es producto de una decisión personal y no forzada; en otras palabras, es aquella persona que se desplaza voluntariamente con el fin de encontrar mejores condiciones sociales, culturales y/o económicas (ACNUR, 2015). La segunda subcategoría, el desarraigo, comprende aquel caso de desplazamiento interno o externo en un país, que implica la movilidad en el territorio, o bien de las prácticas culturales propias de una comunidad, por razones ajenas a la voluntad (Lozano, 2005).
En cuanto a la primera subcategoría de desplazamiento –la migración–, fue posible evidenciar desde el trabajo de campo realizado, como la comunidad indígena se moviliza con intereses individuales, los cuales emergen desde la voluntad y deseos propios.
Fundamentalmente la toma de esta decisión tiene que ver con aquellas conexiones familiares que se encuentran establecidas en la ciudad y se consolidan como un contacto de llegada, de recepción para quien se desplaza. Tal lazo de familiaridad o amistad permite una percepción de seguridad y tranquilidad la cual impulsa a la comunidad a desplazarse sin someterse a altos riesgos e incertidumbre sobre el lugar de vivienda, trabajo, educación, hasta afectaciones a nivel emocional con sentimientos como la soledad y frustración.
Ahora bien, siendo Colombia el segundo país con mayores índices de población desplazada en el mundo, se profundiza con mayor detenimiento la significación del desarraigo en este estudio. Desde la categoría principal de apátrida se comprenden las particularidades de tal desplazamiento forzado en el contexto del país.
La primera característica que se evidencia de la apátrida desde Arent (1998) es la “pérdida de hogar patriótico”, tal situación se refiere a la pérdida del hogar inmediato en el contexto colombiano; es decir, la ruptura y quiebre en las relaciones vecinales, comunitarias y también económicas (Uribe, 2000).
Así mismo, la comunidad Nasa refirió sobre dicho quiebre en las diferentes esferas de la vida de un comunero luego de los procesos de desplazamiento forzado hacia la ciudad: a nivel cultural se viven situaciones de discriminación y segregamiento; a nivel económico el desempleo emerge como constante, con empleabilidad en trabajos de poca cualificación; y a nivel comunal, la fractura social es evidente. La comunidad se encuentra por tanto revictimizada en la ciudad.
Ahora bien, desde la comunidad Nasa fue posible visibilizar la existencia de un referente histórico que esta situación de vulnerabilidad, y de pérdida de territorios y ruptura de su vida social, hace parte de una realidad habitada desde la denomina invasión española en territorios ancestrales. El desplazamiento se constituye como una figura histórica y repetitiva en la vida de los indígenas, no es pues un fenómeno moderno, ni actual. Por el contrario hace parte de un atavismo aún no superado, repetido hoy bajo un mismo marco de colonización-dominación.
La segunda característica de la apátrida es la “pérdida de leyes”, traducido al contexto colombiano es aquella pérdida del monopolio legítimo de leyes y mandatos por parte del Estado en la totalidad del territorio nacional. Dado el abandono institucional en zonas rurales, se constituyó el contexto perfecto para la emergencia de nuevas leyes creadas por actores armados ilegales, quienes luchan por la hegemonía del poder territorial desde medios violentos (caso de paramilitares, Bacrim, y guerrillas) y hoy son la razón de muchos desplazamientos forzados en los territorios rurales, dada la inestabilidad de un lugar seguro para habitar (Uribe, 2000).
La comunidad Nasa evidenció, en efecto, cómo la ausencia estatal en Nación, ha posibilitado la territorialización de diferentes actores armados ilegales en territorios indígenas con fines de dominación de los recursos, rutas de comercio y de la mano de obra, etc. Si bien se evidencia la presencia de guerrillas, paramilitares, además de multinacionales y demás empresas han apropiado por falta de garantías estatales para las comunidades indígenas negándose la legalidad y legitimidad de mandatos en y del territorio indígena.
Finalmente la última característica que señala Arendt (1998) es la “pérdida de protección”, tal situación es manifiesta desde la ausencia estatal en la protección efectiva de los derechos humanos. En Colombia se ha configurado el espacio rural desde la ausencia institucional, tal violencia estructural es potencia de un producto hoy visible en los territorios. El abandono estatal y transversal en la vida de las comunidades rurales: economía, salud, educación, vivienda, trabajo, derecho a la paz, es pues esta otra razón que obliga hoy a los indígenas a desplazarse hacia espacios urbanos, lugares que antagónicamente a lo rural cuentan con mayor atención y protección de los derechos humanos.
Ahora bien, la ciudad no es propiamente un lugar de derechos efectivos, muchas veces quien sufre desarraigo desde lo rural no cuenta con su condición de víctima en la ciudad, situación que incrementa aquella pérdida de protección en todo territorio de la cual habla Arendt (1998).
En conclusión el desarraigo es un proceso de larga duración que no afecta en un momento y lugar determinado, por el contrario, extiende sus consecuencias en diferentes niveles y momentos en la vida del desplazado.
… es un proceso de rupturas complejas producidas en el ser y el hacer de personas, grupos y comunidades con miras a su subyugación o sometimiento. Dentro de esas rupturas se inscriben tanto los cambios de lugar como las servidumbres forzadas en los mismos lugares de residencia y trabajo tradicionales; tanto los cambios forzados en las prácticas de producción e intercambio económico, como en las visiones e imaginarios del cosmos; tanto los quiebres en las organizaciones familiares y sociales, como la negación de los derechos políticos. Desarraigo es una ruptura de canales vitales de carácter material y simbólico hecho con el fin de subyugar o desaparecer una población en una dinámica de conquista, y dominación. (Lozano, 2005, p. 285)
No obstante, desde Lozano (2005) se evidencia cómo luego del proceso de desarraigo, quienes son sobrevivientes tienen la facultad de construir nuevas formas de habitar. El desarraigo, si bien cuenta con consecuencias de larga duración en la vida personal y social de quienes la sufren, no constituye un patrón de vida permanente. Ser sobreviviente al desarraigo implica también la construcción de nuevas formas de habitar, de adaptación en el nuevo ambiente; implica dar vida a un nuevo brote de raíces en el lugar de llegada.
Tal situación de llegada representa retos de adaptación específicos para la comunidad indígena, definidos en primera instancia de acuerdo a la condición por la cual se da el desplazamiento, sea forzado o voluntario, ya que desde este primer momento se define la posición de los comuneros en el campo social de la ciudad.
Los diferentes campos sociales establecidos en la ciudad, como lo dijo Bourdieu (1997), son campos de juego y lucha social en donde se debate la hegemonía y formas de producción social en el espacio. La comunidad Nasa que inicia un proceso de vida en la ciudad, inscribe su posición en el campo de juego de acuerdo a sus prácticas, ya sean estas como productores o como reproductores. Ser productor de prácticas en ciudad sería pues construir la vida cotidiana desde los deseos propios, de acuerdo a los intereses del ser y en las diferentes esferas de la vida. Por otro lado, ser reproductor de prácticas implica un alineamiento con las prácticas sociales, culturales y económicas establecidas en la ciudad y por tanto la supresión o eliminación los deseos propios sobre el territorio. Así, toda persona que se encuentre dentro del campo de juego es un agente con la capacidad de transformar las estructuras de la ciudad, o de ser seguidor de las mismas.
En la ciudad de Bogotá, impera como legítimo un único sistema político, social y económico; esto, producto de luchas históricas donde se ha hegemonizado el poder neoliberal, la democracia representativa, etc. Para la comunidad indígena Nasa, jugadores adscritos dentro del campo de juego y de batalla en la ciudad, una vez son desplazados definen su posición de subordinación o dominación de acuerdo a los diferentes capitales que posean (sociales, culturales, simbólicos, económicos) ya que desde la suma de estos se desprende el habitus de los comuneros; es decir, aquel principio estructurador y estructurante que da sentido a las prácticas del jugador en los diferentes contextos.
Desde la realidad práctica, una vez que la comunidad indígena Nasa se inserta en la ciudad se visibiliza un imaginario social que gira alrededor de la pérdida y fractura de las prácticas ancestrales de la comunidad una vez se desplazan. Prácticas sociopolíticas tales como el seguimiento a las autoridades espirituales, abuelos y abuelas; la directriz política administrativa del cabildo en los diferentes resguardos; la jurisdicción especial indígena, la guardia indígena, procesos sociales desde la minga. A nivel cultural se evidencia como en el departamento del Cauca, se encuentra la presencia del médico tradicional o tehuala; la tulpa como lugar de encuentro en las familias; el idioma Nasa Yuwe y la práctica de los tejidos. Y a nivel económico, la comunidad establece que sus formas de producción son determinadas por dos formas agrícolas. La primera en pequeña escala, llamado el tul; la segunda y a nivel macro se encuentra la roza, lugar de siembra en mayor escala, entre otras formas de habitar propias de las comunidades indígenas.
Ahora bien, dichas prácticas culturales, económicas y políticas propias de lo indígena en el territorio, evidencian imaginarios sociales únicos sobre la comunidad indígena. Un “deber ser” de la comunidad, que da cuenta de la esencialización de la vida de los comuneros Nasa, dado el lugar de prácticas únicas y lugares específicos para habitar como imperativo de la vida indígena.
No obstante es importante señalar, como en los territorios indígenas no se constituyen como territorios “puros” donde las únicas prácticas vigentes son las propiamente indígenas. Tal como en cualquier lugar que ha sido habitado por diferentes culturas, que ha sido objeto de diferentes procesos migratorios (caso de colonización española, presencia de negritudes, presencia de campesinos, etc.), evidencia diversidad a nivel territorial y en sus habitantes. Si bien la comunidad Nasa se identifica hoy como indígenas frente a otros grupos sociales, su realidad concreta no es comparable con la realidad de lo indígena en el siglo xv.
Obviamente la globalización nos llega a todos, porque muchos de los indígenas tenemos celulares, WhatsApp, Facebook, porque es normal, en el siglo en el que estamos la globalización ya lleva de todo. Uno compra ropa, cosas así diferentes a las que utiliza en el resguardo, pero eso no implica que su pensamiento se haya cambiado, el ser indígena y el ser Nasa no está en ser como me veo físicamente, sino en cómo soy desde el corazón. (Entrevista, Comunera 9: 17 de Marzo de 2017).
Así pues, la situación del indígena en la ciudad se complejiza en una escala mayor, pues no solo sus derechos básicos no son reconocidos, situación que sucede con gran proporción de desplazados forzados en Colombia, sino que también sus derechos específicos como comunidad indígena son negados dado el referente de lo indígena que habita solo en lo rural; el lugar para habitar en la ciudad no resulta válido.
Esto tiene como punto de partida la inscripción del discurso sobre el modelo identitario “antropológico indigenista” que evidencia características únicas de lo indígena
… se asumen como esenciales: un sujeto colectivo, una lengua común, una historia compartida, una relación especial casi simbiótica con un territorio, y que permiten una diferenciación prácticamente evidente a primera vista que cumpla con estas particularidades podrá ser considerado como indígena. (Quintero & Vargas, 2013, p. 13)
El Estado colombiano legítimo tal perspectiva teórica y desde allí se construyó el marco jurídico que cobija los derechos de los pueblos indígenas, derechos reducidos al cumplimiento de tales cánones infranqueables.
Una vez fuera de estos límites territoriales indígenas, las comunidades quedan desprotegidas de sus derechos y legitimidad de habitar diversos espacios como los urbanos desde la garantía de sus derechos étnicos. Por tanto, en la búsqueda de lograr un análisis que profundice esta problemática, se visibiliza que aquel indígena que es obligado a vivir en la ciudad o que vive en ella por su decisión, debe luchar contra todo un constructo discursivo y estructural que sitúa a su comunidad y a sus prácticas en el espacio rural como único lugar legítimo de habitar.
Se debe pues partir de una autosocioreflexión como evidencia Bourdieu (1997) para comprender la posición en que se encuentra lo indígena en Bogotá, y enfrentar así los procesos en los campos de juego de la ciudad con los diferentes capitales que se posean. La manera en que la comunidad y cada individuo manejen sus capitales y las oportunidades que se presenten en la ciudad, es un punto de fuga a un sistema social, económico, político y cultural único, no solo visto desde la perspectiva identitaria de lo indígena, sino de las formas únicas de habitar el espacio de la ciudad.
En este marco, la presencia de las comunidades indígenas en territorios diversos como la ciudad, crea una apertura a nuevas posibilidades de visibilizar las múltiples formas de vida y lugares posibles para habitar por las comunidades indígenas desde la garantía plena de sus derechos. En la ciudad de Bogotá, la comunidad Nasa ha buscado reivindicar sus derechos étnicos, desde la apropiación de los códigos y lenguaje de la ciudad, utilizados para visibilizar la realidad indígena no solo de quienes viven en contexto de Bogotá, sino la realidad de quienes habitan en la Cauca rural y urbana.
De esta manera, el habitus se constituye como aquellas construcciones estructurales en el ser, que tienen que ver con la historia inscrita en el cuerpo de cada sujeto, con las relaciones sociales que dan cuenta de una manera específica de comprender la realidad y por tanto actuar en consecuencia a esas reflexiones.
Enfrentarse a un contexto diferente, desencadena contradicciones frente a las prácticas aprendidas culturalmente a lo largo del tiempo, no obstante también abre posibilidades para desarrollar nuevas prácticas que reivindiquen su agencia en diversos espacios sociales y no solo en un territorio específico. (Roncancio, 2017, p. 31)
Es el caso de los procesos de territorialización de las formas organizativas indígenas en la ciudad, que pese a no ser válidas legalmente en un territorio distinto al circunscrito como territorio indígena, se hace legítimo desde la comunidad. Es visible la apropiación de espacios en la ciudad para dar lugar a reuniones con fines colectivos e intereses como organización, así se ha dado lugar al surgimiento del Cabildo Nasa de Bogotá, a la fuerza de su guardia indígena, además de la apertura a nuevos espacios como la Cátedra Nasa, clases de idioma Nasa-yuwe dictado por comuneros Nasa, clases de tejido indígena por parte de las mujeres en la ciudad; además de la visibilización de logros de las comunidades indígenas en espacios como la conmemoración del día de las lenguas Nativas; sumado a espacios artísticos como la exposición fotográfica “Raíces en cemento” y la exposición de arte “Panorama 5: subtextos y contextos entre conflictos”, entre otros tantos. Tales espacios se establecen en la ciudad como lugares de encuentro de la diversidad: son espacios interculturales que permiten un diálogo y enriquecimiento de los valores culturales de la nación por parte de quienes la integran, superando así aquel sesgo cultural que trata la multiplicidad desde exacerbación de las diferencias y no desde el enriquecimiento múltiple
… es posible tomar una mirada multicultural frente a la realidad, es decir reconocer las múltiples diferencias, pero desde una perspectiva social estática, y esencialista sobre sí, como los etnicismos radicalizados. O por el contrario situarse desde una perspectiva intercultural, que reconoce los múltiples conocimientos desde una perspectiva horizontal, de-construida en tanto discursos de poder: dominador y dominado; allí es posible un intercambio de saberes, sin la negación de la propia identidad. (Roncancio, 2017, p. 114)
Ahora bien, frente a esta situación emergen cuestionamientos sobre la identidad, finalmente cómo se construye una vez se está separado de algunas prácticas indígenas, además de la pérdida de relación con el territorio y la comunidad de nacimiento. Tal como evidencia Bauman (2005), es preciso comprender la identidad como una categoría que está en constante configuración y reconfiguración, no es pues una categoría cerrada y pura. Las diferentes circunstancias por las cuales cruza el agente, las diferentes estructuras que le son transversales, los diversos actores que transitan en el campo de juego, crea espacios de repensar el sentido de acciones, prácticas, da lugar a diversificar el pensamiento. “Las variaciones son constantes y transversales en la vida cotidiana, varían los elementos estructurantes de los campos, varían también las construcciones y las manifestaciones internas de cada agente sobre el espacio” (Roncancio, 2017, p. 35).
Desde este estudio fue posible visibilizar en primera medida la necesidad de deconstruir el imaginario sobre aquel único concepto de la identidad indígena esencializado hacia unas formas particulares de relacionarse con la sociedad. La identidad
… no representa pues una configuración única e inacabada, por el contrario, abre el espectro para la emergencia de tantas identidades como campos de lucha en definición se establezcan en la sociedad. Las identidades indígenas no se determinan entonces de acuerdo al factor étnico como determinante final, sino con las construcciones sociales que el sujeto apropia y desde las cuales se reconoce. (Roncancio, 2017, p. 114)
La actualización de esta categoría requiere dar voz a las formas educativas, organizativas, artísticas, individuales, etc., que se gestan en la actualidad y que emergen como respuesta a las necesidades que se presentan en la realidad contemporánea.
Es como que llega alguien y uno dice soy indígena y soy Nasa y todo el mundo dice “¿Cómo? ¡Ay yo pensé que todavía utilizaban taparrabo! Y ¿dónde está la pluma?”, uno dice: “Estamos en pleno siglo xxi y ¿usted está pensando en eso?”. (Entrevista, Comunera 8: 17 de Marzo de 2017). (Roncancio, 2017, p. 111)
Así, desde esta investigación se da lugar a un acercamiento sobre la configuración de las identidades indígenas desde dos connotaciones: la subjetiva y la colectiva, tales perspectivas hacen parte de un mismo constructo identitario analizadas desde miradas diferenciales.
En primer lugar, el aspecto subjetivo de la identidad, tiene que ver con el habitus construido individualmente, ya sea desde el territorio originario o desde la ciudad. Este da cuenta de las formas de interpretar la vida, del sentido teleológico que se imprimen a las acciones con los otros y con el entorno. Desde una perspectiva indígena, implica la consecuencia de las acciones y de los pensamientos de acuerdo a los mandatos filosóficos indígenas, la comprensión de todo como totalidad
… los comuneros tienen la responsabilidad de preservar los valores filosóficos que guían los preceptos indígenas desde una mirada individual y propia. Esto quiere decir que, en un contexto de ciudad, entendido como campo de lucha, se disputa también la legitimidad y la pervivencia de la lógica subjetiva y el fin teleológico de cada una de las acciones. (Roncancio, 2017, p. 115)
… cada ser indígena tiene ese grado de corresponsabilidad; ellos verán si sus prácticas las dejan perder, si solo los va impulsar el tema presupuestal o realmente van hacer reflejar el tema indígena y a sentirlo. Es muy diferente yo tener unos rasgos indígenas y no reconocerme ni sentir que soy indígena, entonces yo puedo tener todos los rasgos pero si yo no siento ser indígena no estoy en nada […] para poder sostener un poco lo que traemos de territorio, es seguir sintiendo ser indígena. (Entrevista, Comunera 7: 08 de Marzo de 2017). (Ibidem)
Tal aspecto subjetivo no implica la permanencia en el territorio indígena, mas sí las acciones guiadas por el pensamiento indígena “Usted se puede ir a la China, vivir con otra cultura, contemplar otras cosas, pero usted va seguir siendo un Nasa en la China, lo mismo cuando una migra a las urbanidades (Entrevista, Comunera 8: 17 de Marzo de 2017)” (Roncancio, 2017, p. 115).
Por otro lado, el aspecto colectivo de la identidad implica el desarrollo de acciones afirmativas que permitan la construcción de una organización indígena. Significa tener accionar de manera concreta y activa que permita la creación, desarrollo o fortalecimiento de los procesos comunitarios en los diferentes espacios donde se establezcan las comunidades indígenas.
Otra perspectiva identitaria que se establece en las comunidades, tiene que ver con los procesos de aculturamiento
la pérdida total o parcial de lo identitario como resultado del choque cultural, y de una relación social entre dominador y dominado; es materializado desde la colonialidad del ser, del saber y del poder, y hace parte de un proceso hegemónico que busca la dominación y homogenización de un poder específico en lo social. (Roncancio, 2017, p. 117)
Finalmente cada individuo actúa de acuerdo a la forma en que ha interiorizado el habitus indígena en sus prácticas de vida. Cada cual tiene la facultad de ser reproductor de formas hegemónicas de habitar o ser constructor de nueva maneras, democráticas, incluyentes, interculturales, en los diversos espacios en que se encuentre.
V. Conclusiones
Para comprender la realidad de las comunidades indígenas que habitan la ciudad, se hace necesario desacralizar el concepto ahistórico que comprende la vida indígena como una realidad inamovible luego del periodo de colonización española. La identidad indígena es un concepto enteramente complejo, nutrido de diversas raíces. Hoy consolidado como un proceso de creación, transformación, reestructuración constante.
Es preciso en consecuencia comprender que los territorios indígenas en Cauca no se construyen como espacios inscritos bajo una única cultura y forma de producción. Contrario a esto, existen diferentes territorios –tanto cuerpos como suelos– traspasados por la historia misma que ha transitado sobre ellos.
Es por esto imprescindible establecer que las comunidades indígenas no han habitado un único lugar, el rural, como arbitrariamente han sido ubicadas muchas veces por la academia, la sociedad y por el Estado. Si bien es cierto, tal discurso ha limitado no solo los espacios en los cuales los derechos indígenas son válidos, sino que a su vez ha restringido el derecho de construcción de la identidad desde la libertad de los sujetos.
Ahora bien, no se desconoce que los espacios en la ciudad se encuentran en gran medida acaparados por formas de producción capitalistas, no obstante la presencia de la comunidades indígenas representa un posible punto de fuga para crear nuevos saltos cualitativos que permitan la estructuración de espacios desde la construcción colectiva y no desde la imposición de un grupo específico de la sociedad.
Así, o bien la presencia de lo indígena en la ciudad puede permitir la colonización de las formas de ser y/o hacer que determina el modelo económico y político imperante, o por el contrario puede constituirse como otra fuerza en búsqueda de la democratización del espacio y de las formas de producción. Habitar la ciudad desde los deseos e intenciones propios, da lugar a procesos sociales renovados en diferentes ámbitos como el jurídico, cultural, económico, social; en otras palabras, la posibilidad de habitar ciudades diversas (Harvey, 2013).
Bibliografía
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Bauman, Z. (2005). Identidad. Buenos Aires: Losada.
Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas sobre la teoría de la acción. Barcelona: Anagrama.
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Roncancio, A. (2017). Prácticas e identidades indígenas en contexto de ciudad: el caso de la comunidad indígena Nasa de Cauca, en Bogotá, Colombia. Recuperado de https://bit.ly/2Wwl8zn.
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