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Representaciones y prácticas en territorios urbanos segregados

Una mirada desde los pobladores de barrios de vivienda social en la ciudad de Córdoba (Argentina)

Ana Laura Elorza

Resumen

En la ciudad de Córdoba (Argentina)[1] durante el período 2003 al 2010 se desarrolló un programa habitacional, “Mi casa, mi vida”, de relocalización de la población de villas y asentamientos a nuevos barrios localizados en áreas de la periferia de la ciudad, lo cual ha generado profundos cambios en las prácticas cotidianas de la población y accesibilidad a oportunidades vinculadas a la localización en áreas de centralidad. En este sentido, en el presente artículo abordamos a través de un estudio de caso el análisis e interpretación de las experiencias metropolitanas de los pobladores de este barrio a modo de reconocer las representaciones y prácticas que desarrollan cotidianamente el territorio barrial y la ciudad (la carga simbólica del lugar donde residen, el acceso desigual al espacio urbano, los tiempos y los medios para desplazarse, etc.), como proceso que les posibilita aprehender la posición que ellos y los distintos grupos sociales ocupan en el espacio social y urbano.

Palabras clave

Segregación; representaciones; vivienda social.

Introducción

Al igual que la mayoría de las ciudades, la ciudad de Córdoba (Argentina), se ha caracterizado desde sus inicios por la desigual apropiación del espacio según la condición socioeconómica de los grupos sociales. A medida que la ciudad fue extendiéndose, en paralelo al crecimiento poblacional, la configuración de nuevas formas de estratificación social y el valor del suelo urbano, se complejiza el fenómeno de segregación residencial socioeconómico; sin embargo, se ha sostenido la tendencia de que la mayoría de la población de los sectores populares reside en zonas históricamente conformadas con menor oferta urbana, lo que se traduce en menores oportunidades para el desarrollo de actividades (laborales, educativas, culturales, etc.) y de acceso a servicios y equipamientos sociales (Elorza, 2016).

En los últimos años, este proceso de expulsión de los sectores populares hacia la periferia de la ciudad ha sido impulsado desde la política de vivienda social desarrollada por el gobierno de la provincia de Córdoba, con fundamentos de promover un mejoramiento de la calidad de vida de las familias residentes en villas. Sumado a esto, la denominación de estos conjuntos como “barrios-ciudades”, la disposición de su ingreso por medio de arcos que significan una ruptura con el tejido urbano, y la localización de equipamientos sociales (centro de salud, escuela, comisaria, etc.) a los que accede la población de estos barrios, constituyen factores problemáticos para reflexionar sobre el fenómeno de la segregación socio territorial y sus vinculaciones con los procesos de desigualdad social. En el presente artículo abordamos a través de un estudio de caso (barrio Ciudad de los Cuartetos) el análisis e interpretación de las experiencias metropolitanas de los pobladores de este barrio, a modo de reconocer las representaciones y prácticas que desarrollan cotidianamente el territorio barrial y la ciudad (la carga simbólica del lugar donde residen, el acceso desigual al espacio urbano, etc.), como proceso que les posibilita aprehender la posición que ellos y los distintos grupos sociales ocupan en el espacio social y urbano.

El abordaje metodológico de este trabajo ha sido de tipo cualitativo, realizamos entrevistas semiestructuradas a pobladores del barrio. A través de las entrevistas pudimos ir recuperando distintas formas narrativas que hablen sobre un lugar, lo cual nos acerca a la manera en que el sujeto imagina, representa ese lugar (de Alba, 2009) y desarrolla prácticas en relación a ellas.

Segregación residencial, experiencias y representaciones

Sabatini (2003) entiende a la segregación residencial como la aglomeración en el espacio de familias de una misma condición social, más allá de cómo se defina las diferencias sociales. Por lo tanto, consiste en una relación espacial: de proximidad territorial o de separación entre personas pertenecientes a un mismo grupo social. Esta localización geográfica se vincula con las modalidades diferenciadas en que estos grupos acceden a la ciudad y a los recursos urbanos, lo que evidencia procesos de desigualdad social que tienen su correlato en lo territorial (Di Virgilio y Perelman, 2014).

La forma en que se produce la segregación es través del mercado inmobiliario, las jerarquías socioespaciales son producidas a través de las formas de producción del espacio habitado y por la segmentación de estos mercados (Duhau, 2013). Así, la configuración de los procesos de segregación en las ciudades resulta de las formas pasadas o actuales de la producción del espacio residencial, a través del mercado inmobiliario, el tipo de vivienda y las áreas en las que la misma estará localizada, de acuerdo con el nivel socioeconómico de los hogares (Duhau y Giglia, 2008).

Sin embargo, como proponen Carman, Neiva Viera y Segura (2013) la comprensión de la segregación implica reconocer no solo este proceso de desigual distribución espacial de bienes y servicios, sino también los límites sociales, imaginarios y calificaciones sociales sobre los que se basa este proceso.

Recuperamos a Bourdieu (1999) quien sostiene que el espacio social está inscripto en las estructuras espaciales a la vez que en las estructuras mentales, en los habitus de los agentes, por lo tanto, las grandes oposiciones sociales objetivadas en el espacio físico (para nuestro caso de estudio podemos referir a las oposiciones barrio/villa, centro/periferia, etc.), tienden a reproducirse en los espíritus y el lenguaje, en la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división, es decir, en tanto categorías de percepción y evaluación o de estructuras mentales, en otros términos en las representaciones sociales y en las prácticas que desarrollan los agentes.

En consonancia, Duhau y Giglia (2008) sostienen la hipótesis

… que existe un grado de correspondencia entre cada forma de producción del espacio urbano, su forma de organización, y las prácticas de apropiación y uso de este último, tanto en su dimensión de espacio local, como del metropolitano, usado e imaginado de diferentes formas. (p. 25)

Esto estaría dando cuenta que las experiencias urbanas de los pobladores de villas, de barrios de la periferia y de las áreas centrales, de los countries, son diferentes y desiguales, en relación a las posibilidades que les ofrece el espacio urbano como recursos para la reproducción cotidiana y la construcción de sentidos en relación a la ciudad.

En relación al objeto de este trabajo, que nos interesa cómo experimentan y qué prácticas desarrollan cotidianamente el territorio barrial y la ciudad (como proceso que les posibilita aprehender la posición que ellos y los distintos grupos sociales ocupan en el espacio social y urbano), por lo tanto recuperamos la categoría de experiencia metropolitana, que refiere a

… las prácticas y las representaciones que hacen posible significar y vivir la metrópoli por parte de sujetos que residen en diferentes tipos de espacio. El término experiencia alude a las muchas circunstancias de la vida cotidiana en la metrópoli y a las diversas relaciones posibles entre los sujetos y los lugares urbanos, a la variedad de usos y significados del espacio por parte de diferentes habitantes. (Duhau y Giglia, 2008, p. 21)

Este concepto permite una articulación entre las representaciones construidas por los sujetos y las prácticas sociales desarrolladas, ancladas en un territorio dado. A modo analítico podemos identificar dos regiones de la experiencia, donde se desarrollan prácticas y sentidos: el espacio local, entendido como el espacio en los alrededores de la vivienda (barrio, asentamiento, villas) puede caracterizarse por permitir o favorecer una multiplicidad de relaciones sociales, que pueden constituir un tejido relativamente denso y así fortalecer el sentido de pertenencia y el arraigo local; y el espacio metropolitano puede ser escenario de múltiples relaciones, cuya geografía responde a la lógica y a las estrategias de movilidad de los sujetos y a sus relaciones con la metrópoli (Duhau y Giglia, 2008).

Ambas regiones de la experiencia se refieren al “espacio vivido”, a partir del cual se articulan los sentidos del espacio con la disponibilidad de acceso y uso de los equipamientos funcionales (comercios, transporte, trabajo, servicios, etc.) a partir de los cuales los sujetos deben desplazarse por la ciudad.

Las experiencias metropolitanas de los pobladores de “Ciudad de los cuartetos-29 de Mayo”

La ciudad de Córdoba se ha caracterizado desde sus inicios por la desigual apropiación del espacio según la condición socioeconómica de los grupos sociales. Desde la década del cincuenta comienzan a configurarse como estrategia de producción de hábitat por parte de familias sin posibilidades de acceder vía el mercado formal de tierra y vivienda, localizadas en áreas centrales e intermedias de la ciudad que implicó mayores oportunidades para el desarrollo de actividades (laborales, educativas, culturales, etc.) y de acceso a servicios y equipamientos sociales (Elorza, 2017).

En el periodo 2003-2010 el gobierno de la provincia de Córdoba ejecuta una política habitacional con objeto de erradicar las villas[2] en riesgo ambiental. El resultado de esta política ha sido la erradicación de 70 villas a 39 nuevos barrios, en su mayoría localizados en áreas periféricas de la ciudad. Los nuevos conjuntos habitacionales responden a una misma tipología organizativa del territorio, con un “arco de entrada” al barrio, manzanas con viviendas uniformes (de 42 m2) y equipamiento social (escuelas, centro de salud, posta policial) idénticos para todos los casos y fueron denominados como “barrios-ciudades”. El barrio “Ciudad de los cuartetos”[3] es uno de los nuevos territorios construidos por esta política pública de vivienda social. Se encuentra localizado en la zona noreste de la ciudad, en un sector en el que las urbanizaciones residenciales están desarticuladas dentro de un contexto rural-industrial (Imagen 1), sin barrios colindantes.

En noviembre del año 2004 este barrio fue inaugurado, conformado por 418 viviendas y el equipamiento comunitario (escuelas, centro de salud, comisaria, comedor de ancianos, centro de cuidado infantil y espacios verdes). Al igual que el resto de los conjuntos habitacionales producidos por este programa, la entrada al barrio está demarcada por un arco en el que se expone su nombre (Imagen 2), lo cual representa una ruptura con el entorno, remarcando el ingreso al mismo.

Mapa + foto cap2

En este sentido, podemos caracterizarlo como un espacio segregado, configurado a través de un proceso de “segregación acallada”, el cual alude a una producción directa, aunque implícita, de situaciones de confinamiento; es decir, se presenta como una medida asistencial o una política de inclusión, cuyo efecto es la exclusión o el desplazamiento de sectores populares (Carman, Neiva Viera y Segura, 2013) hacia las áreas periféricas, de menor valor de suelo y calidad urbana de la ciudad.

Hace más de diez años que los pobladores de este barrio habitan este territorio, lo cual ha significado un proceso adaptación, prácticas y apropiación del espacio, nuevas configuraciones de experiencias metropolitanas en vinculación a la vida relación con la ciudad y en el barrio.

Experiencias en vinculación con el espacio metropolitano

Como desarrollamos en trabajos anteriores (Elorza, 2016; 2017) en el caso de estudio, la localización del barrio en la periferia es percibida por sus residentes como un espacio aislado, sin oportunidades. Los vecinos perciben claramente la desigual provisión, calidad y acceso a oportunidades en distintas áreas de la ciudad, cuestiones centrales en las practicas tendientes a la reproducción social cotidiana de las familias. Sin embargo, no solo la localización periférica del barrio es entendida como aislamiento, sino que es reforzado por su denominación de “barrio-ciudad” y la arquitectura del mismo, el cual irrumpe en una trama discontinua y sin barrios vecinos.

En los relatos obtenidos durante las entrevistas aparece la representación de la división entre el barrio y la ciudad, expresados en términos opuestos de adentro y afuera (Segura, 2006), como expresa una vecina, “… cualquier circunstancia te obliga a salir del barrio a buscar algún tipo de cosa, que es lo que no hay en el barrio, para la escuela hay que ir afuera, para la salud hay que ir afuera”, o un adolescente mejor hubiera sido que nos dejaran en el Liceo [por una de las villas de la cual provienen], porque estamos tirados acá adentro, no tenés salida para ningún lado…”.

Esta oposición entre adentro-afuera denota la percepción de las múltiples fronteras que configuran el territorio: geográfica (estar en la periferia), material-arquitectónico (el arco de ingreso al barrio), simbólica (la denominación del barrio-ciudad) y social. Estas fronteras modelan la vida social de estas familias, que se estructura y depende, en gran medida, de la movilización de (escasos) recursos y la elaboración de variadas estrategias para atravesar la frontera con la finalidad de acceder a bienes y servicios escasos o ausentes en el barrio necesarios para la reproducción de las condiciones de vida (Segura, 2006).

En el análisis de la segregación socio territorial, no debemos suponer que los grupos sociales de menos ingresos únicamente se encuentran fijos en sus espacios de residencia. Como platea Segura (2012) los barrios en donde habitan los sectores populares no son espacios autosuficientes; por lo tanto, es central analizar las prácticas de movilidad para leer desigualdad social y urbana. Si bien los vecinos de este barrio residen en una de las áreas específicas de la ciudad homogéneamente pobre, y desde una perspectiva espacial, encontramos al barrio aislado del entorno urbano con ciertas barreras para la movilidad, no es un ámbito relativamente autosuficiente y sus habitantes no permanecen “encerrados” allí, sino que deben invertir mayores recursos económicos y de tiempo para movilizarse hacia la obtención de bienes, recursos y servicios.

Hannerz (1986) ha identificado distintos dominios urbanos que implican movilidad por parte de las personas en la ciudad, estos son: doméstico, aprovisionamiento, recreación, vecindad y tránsito (citado por Segura, 2012); en el caso analizado prevalece el aprovisionamiento como justificativo a las salidas del barrio, encontrando diferencias en estas prácticas en relación al género y a la edad. Los hombres, por lo general, salen a trabajar hacia otros espacios de la ciudad, en su mayoría en sectores de la ciudad con mayor mixtura social; y las mujeres son las encargadas de la educación, salud y el abastecimiento de bienes (alimentos, vestimenta, medicamentos, etc.).

Más allá que el barrio cuenta con un centro de salud y escuela primaria y secundaria, debido a la “mala calidad” o a la no prestación de esos servicios, las mujeres desarrollan distintas estrategias en busca de garantizar una buena atención medica y una educación de calidad para sus hijos, que la brindan “fuera” del barrio; como nos comenta una vecina sobre los niños que asisten a escuelas de otros barrios “… y está bien para que los chicos salgan de este mundo, que no crean que es esto nomás…” (Marta).

Si bien muchas de las prácticas de desplazamiento son instrumentales (ir a hacer compras, hacer trámites, ir al médico, etc.), en otros casos representan estrategias de inversión en el capital cultural y social de los hijos, en busca contrarrestar los efectos del aislamiento, que implica “quedarse” en el barrio.

Experiencias en el barrio: vivir en un “barrio ciudad”

Como mencionamos anteriormente, es espacio local es el espacio en los alrededores de la vivienda, en este caso, el barrio que puede caracterizarse por promover una multiplicidad de relaciones sociales, que pueden constituir un tejido relativamente denso y permitir construir un sentido de pertenencia y apropiación.

El barrio analizado ha sido construido a partir de una política habitacional, y al ser localizado en un área de la ciudad desarticulada del entorno urbano, además de las viviendas también se instaló el equipamiento necesario para el desenvolvimiento cotidiano de las familias en su reproducción social. En este sentido, el barrio cuenta con instituciones públicas como: centro de salud, guardería, escuela primaria y secundaria, comedor de ancianos y posta policial.

Podemos diferenciar las valoraciones y prácticas que desarrollan los vecinos sobre el acceso y calidad de los servicios de consumo colectivo, en este caso profundizamos sobre los servicios sociales de bienestar, dirigidos a establecer el nivel social mínimo de bienestar de la población (en términos de salud, educación, vivienda, etc.) (Jelin, 1984); en el que territorio barrial se constituye en un factor importante en las posibilidades de acceso de oportunidades y recursos.

En relación a la calidad de los servicios sociales de bienestar de educación, es valorada de manera diferente por los vecinos, en algunos casos es considerada buena y en otros, deficiente; dado que las mujeres identifican bajos logros educativos de los niños que asisten a la escuela del barrio: no saben leer, tienen dificultades para sumar y restar, hay muchos problemas de disciplina, entre otros. En los comentarios de los entrevistados se aprecia una valoración resignada sobre las oportunidades que tienen los niños que asisten a la escuela del barrio, “… y bueno y están los chicos que se tienen que morir acá, digo morir acá porque los padres no tienen recursos para mandarlos a otros colegios…” (Marta), entendiendo al barrio como un lugar de abandono y relegación, como plantea Bourdieu (1999).

Como mencionamos anteriormente, una de las estrategias desarrolladas por algunas familias, en busca de garantizar una educación de calidad y de inversión en el capital social, es la de enviar a sus hijos a instituciones educativas públicas o privadas localizadas en otros barrios. [4] 

Similar es la valoración que realizan sobre el servicio de salud brindado en el centro de atención primaria del barrio, si bien las limitaciones a las que refieren los entrevistados se podrían analizar en el marco de las políticas sociales de salud, ellos identifican estas deficiencias en el equipamiento sanitario y la atención medica, como lo apreciamos en las expresiones de las vecinas; “…acá es para primeros auxilios, es muy precario, muy precario, si te duele la garganta, si te duele el oído no porque no tienen el aparatito para verte…” (Graciela); “…el viernes mi hija llevó a la nena porque estaba con mucho vomito y el doctor no la quiso atender, nos tuvimos que ir al dispensario de otro barrio y nos atendieron en la guardia de diez, pero nosotros no pertenecemos allí, no tendríamos que haber ido, supuestamente acá también deben atender 24 horas pero no…” (Mariana).

Sumado a la mala prestación del servicio sanitario de atención primaria, se encuentran las dificultades ante emergencias, debido a que las ambulancias tampoco “entran” al barrio también por ser considerado una zona peligrosa, como dice Mariana “estamos en el lejano oeste, si llamas a una ambulancia no te entra porque dicen que es zona roja”, por lo que ante situaciones de emergencia deben apelar a la solidaridad de algún vecino con automóvil.

Otra dimensión de análisis en relación a las experiencias en el torno barrial es la construcción de ciertos sentidos de sociabilidad entre los vecinos, que permitirían construir sentidos y prácticas sobre la apropiación del territorio. En este sentido, cuando los mismos vecinos dan sus opiniones respecto a su propio territorio, son notables las fronteras que vuelven a remarcar entre “ellos” y los “otros”. Esta división responde no solo a una frontera geográfica, sino también simbólica, ligada a la identidad construida en las antiguas villas y a la conformación del nuevo barrio, que contribuye a la construcción de calificaciones negativas en su interior.

Al inicio del trabajo de campo, nos encontramos que las expresiones de los entrevistados daban cuenta de la coexistencia de dos barrios, uno 29 de Mayo y el otro, Ciudad de los Cuartetos; como nos remarcó Gustavo “…acá es 29 de Mayo y allá Ciudad de los Cuartetos, nada que ver con nosotros…”.

Ante nuestra imposibilidad de distinguirlos, le pedimos que nos señalaran la localización de cada uno de ellos. En su explicación, nos señalaban que 29 de Mayo es la parte de “adelante”, es decir, desde el arco de entrada hasta el espacio verde (en el que se encuentran las estatuas de los músicos de cuarteto), donde se relocalizaron las primeras familias, que provenían de la villa el Chateau y la Salada. Unos meses más tarde, fueron

trasladadas familias de la villa Parque Liceo 3.ª Sección, en el sector de “atrás”, con el que se finaliza el proyecto habitacional y se designa el nombre de Ciudad de los Cuartetos al barrio.

Sobre la conformación poblacional del barrio, Marta nos explica cuáles eran sus temores:

…era como una bolsa de gatos, porque traían un poco de una villa, otro poco de otra, pero nosotros del Chateau siempre nos mantuvimos muy unidos, allá la droga los chicos no la conocían, nunca nada, no pasaba nada, solo una vez un señor se quiso abusar de una hijita, eso fue lo peor que pasó en la villa, era una villa muy tranqui, con gente muy trabajadora, y después vinimos acá con treinta familias de Villa Urquiza, con cien de allá [refiriéndose a Parque Liceo 3.ª Sección], no sabés lo que fue la pelea entre vecinos, no sabés, era tristísimo…

A –¿Por qué motivos eran las peleas?

M –Y porque algunos se drogaban o estaban borrachos, cosas que nosotros allá no vivíamos…

En estas expresiones se evidencia el doble proceso en la construcción de estas representaciones sociales de identificación y diferenciación, por un lado, la revalorización de los atributos de su grupo y por otro lado, cómo se trasladan los estigmas territoriales a los “otros” habitantes del barrio, depositarios de todas las cualidades negativas, en este caso identificándolos como drogadictos, borrachos, y delincuentes; sin mediar en el análisis las transformaciones y la incidencia de las redes de crimen organizado o circuitos económicos ilegales (narcotráfico, robos, etc.) que han tenido en los territorios populares un proceso creciente de marginalización producido por los procesos de segregación territorial en los últimos quince años.

Se reproduce a menor escala la delimitación de “zonas prohibidas”, lo cual repercute en sus respectivas prácticas, de evitamiento o de conflicto que en muchos casos derivan en situaciones de violencia, que hace más difícil la convivencia en un barrio aislado; como expresa Jesica:

…los de allá nos dicen “los de arriba” y los de acá le dicen “los de abajo” […] hemos tenido que soportar, hasta los dos años más o menos, que la gente se empezó a conocer, bastante cosas feas, hasta muertes, lo que pasa es que se calman los grandes pero le queda en resentimiento a los medianos, a los chicos, así, los de acá no pueden ir para allá, los de allá no pueden venir para acá, si yo tengo problema con una mujer de allá me van a mandar a las hermanas, a las cuñadas, es así por edad, es feo…

Estas “zonas prohibidas” al interior del barrio delimitan los sectores en que los vecinos no pueden circular, lo cual tiene implicancias centrales en el fenómeno de la segregación, ya que “la presencia y encuentros se reducen, la interacción disminuye, el desconocimiento mutuo crece, y los prejuicios y estigmas se constituyen en el principal mecanismo de aproximación al otro” (Saravi, 2008: 107).

Esto también ha tenido como resultado la imposibilidad de generar estrategias de acción colectiva, como plantea Graciela“no se puede hacer un centro vecinal porque empiezan que no vos sos de tal parte, vos de la otra parte del barrio, y empiezan que sos de allá abajo, no de allá arriba y así y no se hace nada, el barrio está dividido…”.

Las diferencias construidas repercuten en situaciones de desconfianza e imposibilita la conformación de nuevas redes sociales, siendo la sensación de inseguridad y replegamiento al espacio privado, el “adentro” de la casa, algunas de sus manifestaciones; esto tal vez se deba a que ya no es necesaria la acción colectiva en busca de resolver problemáticas ligadas al hábitat como en el antiguo territorio de las villas (cortes de luz, provisión de agua, etc.).

Reflexiones finales

En este trabajo intentamos aportar a la comprensión de los procesos de segregación socio territorial, entendiéndola no solo desde su manifestación geográfica, sino también desde los sentidos, fronteras y representaciones que se construyen socialmente como mecanismo de fundamento y sustento de las desigualdades sociales y territoriales. En especial, nos interesa dar cuenta del rol del Estado en los procesos de segregación acallada (Carman, Neiva y Segura, 2013) en los que se produce una expulsión de los sectores populares hacia la periferia de la ciudad, enmascarada de política asistencial.

El barrio “Ciudad de los Cuartetos-29 de Mayo”, producido por una política de vivienda social a través de la cual el Estado ha construido territorios homogéneos con una arquitectura diferenciada (por tipología, colores de las viviendas, espacios públicos y arcos de entrada al barrio con la denominación de “barrios-ciudades”) dirigida a los pobladores de las villas se constituye, como hemos analizado, en marcas simbólicas que reproducen y profundizan la diferenciación social entre los grupos sociales.

En este sentido, el análisis de las experiencias metropolitanas de los pobladores de este barrio permite articular las dos regiones de desenvolvimiento cotidiano, la barrial y la metropolitana, a partir de las cuales de manera interrelacionada se construyen modalidades, usos y significados de los lugares y las desiguales maneras de apropiación y disfrute de los recursos urbanos materiales y simbólicos de la ciudad. Los relatos de los entrevistados recuperados a lo largo de la ponencia dan cuenta de los numerosos problemas que deben sobrepasar para realizar las prácticas tendientes a la reproducción social cotidiana de las familias (localización, acceso a servicios, conflictos intrabarriales, etc.). En comparación con sus antiguos lugares de residencia (las villas y su entorno), les resulta más difícil desarrollar las estrategias de sobrevivencia en este territorio, convirtiéndose en un factor central de reproducción de las condiciones de pobreza y desigualdad.

Estos avances en la comprensión del fenómeno estudiado representan también nuevas líneas de abordaje que debemos seguir profundizando, en especial, el estudio relativo a cómo los sentidos y representaciones que los pobladores producen sobre sus territorios pueden significar disputas en la producción de los estigmas y significados que se van construyendo en relación a los lugares y los sujetos de la ciudad (Elorza, 2017); y como aporte para el diseño de las políticas sociales habitacionales que incorporen las dimensiones simbólicas de la producción territorial.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre (1999). La Miseria del Mundo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Carman, Neiva y Segura (2013). Introducción. Antropología, diferencia y segregación urbana. En Carman, Neiva y Segura (coords.), Segregación y diferencia en la ciudad. Quito: FLACSO, Sede Ecuador: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda.

De Alba, M. (2009). Representaciones sociales y el estudio del territorio: aportaciones desde el campo de la psicología social. Recuperado el 10 de enero de 2013, de https://bit.ly/2i0FsGD.

Di Virgilio, M. M.; Perelman, M. (2014). Ciudades Latinoamericanas. La producción social de las desigualdades urbanas. En: Di Virgilio, M. M.; Perelman, M. Ciudades latinoamericanas: desigualdad, segregación y tolerancia, pp. 8-19. Buenos Aires: CLACSO.

Duhau, Emilio (2013). La división social del espacio metropolitano. Una propuesta de análisis [en línea]. Nueva Sociedad, 243, pp. 79-91, enero-febrero 2013 [10 de octubre 2014]. Disponible en: https://bit.ly/2MrgW46.

Duhau, E. y Giglia, A. (2008). Las reglas del desorden: habitar la metrópoli. México: Siglo XXI Editores, Universidad Autónoma Metropolitana.

Elorza, Ana Laura (2017). Segregación residencial y estigmatización territorial: representaciones y prácticas de los habitantes de territorios segregados. Ponencia presentada en Conferencia Internacional Marginalidad urbana y efectos institucionales. Santiago de Chile, 11, 12 y 13 de octubre de 2017. Universidad Pontificia de Chile.

—- (2016). Segregación residencial socioeconómica y la política pública de vivienda social. El caso de la ciudad de Córdoba (Argentina). Revista Cuaderno urbano, N.º 20, pp. 71-94.

Jelin, Elizabeth (1984). Familia y Unidad Doméstica: mundo público y vida privada. Buenos Aires: CEDES.

Sabatini, F. (2003). La segregación social del espacio en las ciudades de América Latina. Recuperado el 11 de enero de 2008, de https://bit.ly/2JUNnFL.

Saravi, G. (2008). Mundos aislados: segregación urbana y desigualdad en la ciudad de Mexico. Eure, XXXIV (103), pp. 93-110.

Segura, R. (2006). Segregación residencial, fronteras urbanas y movilidad territorial. Un acercamiento etnográfico. Cuadernos del IDES, 9.

—- (2012). Elementos para una crítica de la noción de segregación residencial socio-económica: desigualdades, desplazamientos e interacciones en la periferia de La Plata. Revista Quid 16, 2, pp. 106-132.


  1. La ciudad de Córdoba (capital de la provincia de Córdoba) es reconocida como la segunda ciudad con mayor cantidad de habitantes de Argentina, después de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y registra, según el Censo Nacional de 2010, 1.315.423 personas.
  2. Hacemos referencia a asentamientos informales que se comenzaron a producir en Argentina a partir de la década de 1940 debido a los procesos migratorios del campo a la ciudad en el marco de la política económica de industrialización por la sustitución de importaciones; término análogo a favelas en Brasil, campamentos en Chile o colonias en México.
  3. Según datos del último censo poblacional, del año 2010, en este barrio residían 2.204 habitantes.
  4.  Esta estrategia ha tenido como resultado una disminución de la matricula de niños que asisten a la Escuela Provincial Primaria Dr. Tagle, ubicada en el interior del barrio, según lo informado en una entrevista por la directora de dicha institución Alejandra Bueno.


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