Debates al interior del catolicismo (2009-2015)
Ana Laura Azparren, Analía Quintáns y Geraldina Dana
En Argentina, el uso, tráfico y producción de drogas se encuentran penalizados por la ley 23.737 de 1989. En el primer mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011) existieron algunas iniciativas del Poder Ejecutivo orientadas a despenalizar el consumo de drogas, aunque no prosperaron.[1] En paralelo a ellas, en agosto de 2009 la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) despenalizó por vía judicial la tenencia de drogas para uso personal, a través del fallo Arriola.[2] A partir de ese momento, la temática cobró un renovado interés en la agenda pública, y se presentaron varios proyectos de ley para despenalizar el uso de estupefacientes (Touzé et al., 2012).[3]
En este marco de debate sobre la despenalización del consumo de drogas, diversos actores católicos se pronunciaron públicamente sobre la cuestión, dando lugar a controversias dentro del catolicismo. En este capítulo analizamos los posicionamientos de dos grupos de sacerdotes que se han expresado públicamente sobre la temática, desde posturas contrapuestas y con argumentos diferenciales: el Equipo de Sacerdotes para la Pastoral de las Villas de Emergencia (conocidos popularmente como curas villeros), y el Grupo de Curas en la Opción Preferencial por los Pobres (curas OPP). Abarcamos el período que va desde agosto de 2009 –en vísperas del fallo Arriola de la CSJN– hasta septiembre de 2015 –cuando el debate sobre la despenalización del consumo de drogas pierde fuerza en la agenda pública, para dar paso a la “lucha contra el narcotráfico”–.
El análisis de los debates acerca de la despenalización del uso de drogas permite dar cuenta de la pluralidad de perspectivas y actores que componen el universo católico argentino, particularmente lo que se conoce como “opción preferencial por los pobres”. Esta constituye un principio central de la Teología de la Liberación, movimiento latinoamericano surgido en la década de 1960 tras el Concilio Vaticano II, la Encíclica Populorum Progressio y el Mensaje de los 18 Obispos del Tercer Mundo (Ameigeiras, 2013).[4]
La pobreza y las problemáticas que a ella se asocian han constituido una preocupación histórica de la Iglesia Católica (Catoggio, 2013). Los primeros sacerdotes en Argentina en identificarse con la “opción preferencial por los pobres” fueron los miembros del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM).[5] Dentro de este grupo, existieron algunos curas que entendieron que su opción consistía en vivir junto al pueblo pobre. Es por ello que desde los años sesenta distintos curas se asentaron en villas y barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. El presbítero Héctor Juan Botán fue el primer sacerdote porteño que residió en un asentamiento –la Villa 20 de Lugano–, en 1965. En el mismo año, Carlos Mugica empezó a concurrir a la Villa de Retiro, Jorge Vernazza y Rodolfo Ricciardelli se instalaron en el Bajo Flores, y Jorge Goñi en Villa Dorrego (Premat, 2010).
Tanto el grupo de curas OPP (surgidos en 1987), como los curas villeros (que comenzaron su trabajo en 1998) se identifican con el MSTM y con su “opción preferencial por los pobres”. Esto ha llevado a que los medios masivos de comunicación tiendan a confundirlos y a englobar a ambos grupos bajo el rótulo de “curas villeros”.[6] Sin embargo, como veremos a lo largo del capítulo, estos dos grupos presentan importantes diferencias entre sí.
Los debates surgidos entre los curas OPP y los curas villeros en relación con la despenalización del consumo de drogas nos permiten cuestionar la mirada homogénea que pretende proyectar la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) sobre este tema. Asimismo, estos debates dan cuenta de la existencia, dentro del catolicismo argentino, de actores que no sólo son diferentes entre sí, sino que también presentan un desigual peso político tanto al interior de la Iglesia Católica como en el espacio público.
En el primer apartado caracterizamos los dos grupos de sacerdotes bajo estudio a partir de los siguientes ejes de análisis: su tradición teológica, su pertenencia institucional y cantidad de miembros, su forma de organización, su definición política, sus recursos económicos, los sujetos que son objetivo de su accionar y su vínculo con Jorge Bergoglio.[7] A continuación, analizamos los posicionamientos de la jerarquía católica en los debates por la despenalización de drogas en Argentina, y las posturas y argumentos de los dos grupos de sacerdotes bajo estudio. Para concluir, sistematizamos la información en un cuadro resumen y elaboramos algunas reflexiones finales.
La estrategia metodológica es cualitativa, basada en la sistematización y análisis de las noticias relativas a la despenalización del consumo de drogas en dos diarios argentinos de alcance nacional: La Nación y Página 12,[8] así como de declaraciones y documentos de los dos grupos católicos donde se hace referencia al tema, publicados en sus páginas web y/o perfiles de Facebook. Asimismo, realizamos y analizamos seis entrevistas semi-estructuradas a informantes clave: un referente de los curas OPP, dos curas villeros, dos ex funcionarios del gobierno kirchnerista impulsores de distintos proyectos de ley para la despenalización del consumo de drogas, y una referente de una ONG con amplio trabajo en la temática.
“Distintos pero no distantes”: los grupos de sacerdotes bajo análisis
Curas villeros
Curas villeros es la denominación bajo la cual se conoce al Equipo de Sacerdotes para la Pastoral de las Villas de Emergencia, que inició su labor en 1998 a pedido del entonces arzobispo coadjutor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Jorge Mario Bergoglio. Fue el mismo Bergoglio quien el 7 de agosto de 2009 elevó a este equipo al rango de Vicaría Episcopal Arquidiocesana para la Pastoral de las Villas de Emergencia, y nombró al sacerdote padre “Pepe” Di Paola como vicario episcopal.[9]
Para el período estudiado, el Equipo tiene presencia en doce villas de la CABA: 21-24, 26 y Zavaleta, de Barracas; las villas 19 y 20, de Lugano; la villa 15, en Mataderos; la villa 1-11-14, del Bajo Flores; las villas 3 y 6, en Soldati; el barrio Rodrigo Bueno, en Costanera Sur; y las villas 31 y 31 bis, de Retiro. En la actualidad, el grupo está integrado por alrededor de 30 sacerdotes.
Los curas villeros adscriben a la Teología de la Liberación y, dentro de ella, se identifican con la corriente de la Teología del Pueblo,[10] cuyos representantes son Lucio Gera y Rafael Tello. Esta considera al pueblo como “sujeto histórico de la fe”. Como señala González:
(…) se trata de una perspectiva de la práctica pastoral y el sentido de ser católico en nuestro país, a la vez que una apreciación acerca del lugar de los pobres en la Iglesia [Católica], en donde se considera que no se valora suficientemente su religiosidad y peculiaridad y no se reconoce a la cultura popular de los pobres como verdaderamente evangelizadora (2002, citado en Ameigeiras, 2013: 201).
A diferencia de otras corrientes de la Teología de la Liberación desarrolladas en el resto de América Latina, que privilegian el análisis socioestructural y conciben al pueblo como clase social, la Teología del Pueblo privilegia el análisis histórico-cultural y considera como pueblo sólo a los trabajadores pobres (Cuda, 2013). Los curas villeros explican esta tradición teológica, en palabras de Gustavo Carrara –actual vicario episcopal de la Pastoral de las Villas de Emergencia– afirmando que:
(…) se basa en la sabiduría popular, no en categorías o diagnósticos que se imponen desde arriba. Se la puede pensar (…) como una hermenéutica del pueblo pobre, escaso de riqueza pero no de saber (La Nación, 09/05/2010).
Algunos ejemplos que brindan los propios curas villeros de cómo se relacionan con la sabiduría y religiosidad populares son las peregrinaciones a la Virgen de Luján, la bendición de hogares o la realización de actividades alusivas al Gauchito Gil[11] (La Nación, 09/05/2010).
Los curas villeros realizan un importante trabajo de asistencia social en estos barrios, a partir de la creación y gestión de comedores, merenderos, talleres de oficios, actividades de recreación para niños/as y jóvenes, grupos de exploradores, guarderías infantiles, radios y talleres de murga, entre otras actividades. Para su desarrollo, los curas villeros cuentan con el apoyo y trabajo de decenas de personas voluntarias, definidas por Prieto y Lotito como “militantes social-católicos” (2012: 47).
A partir de la emergencia de la pasta base/paco[12] y el aumento exponencial de su uso en territorios vulnerabilizados del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) durante los primeros años de la década de 2000 (Epele, 2010; Camarotti y Güelman, 2013), este Equipo ha focalizado su trabajo en la atención de esa problemática. Pese a que los curas villeros reconocen que el consumo de drogas no es patrimonio exclusivo de estos territorios ni de sus poblaciones, su preocupación se centra en estos, en tanto consideran que el consumo de paco “constituye una de las expresiones más terribles de la exclusión social” (Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia, 25/03/2009).
Dada la importancia que cobra la problemática del consumo de drogas en estos barrios, en 2008 los curas villeros inauguraron el primer Centro barrial del Hogar de Cristo, llamado San Alberto Hurtado, en la villa 21-24 de Barracas (Primc, 2013). Desde entonces, han desarrollado dispositivos de atención de los consumos de drogas en otros barrios vulnerabilizados del AMBA.[13]
A la fecha (diciembre de 2017), el Hogar de Cristo cuenta con una multiplicidad de dispositivos localizados en distintos barrios del AMBA: centros barriales, granjas de rehabilitación, hogares para personas en situación de calle, una casa para usuarios de pasta base/paco con enfermedades complejas, una para personas en conflicto con la ley y una para mujeres trans. Esta iniciativa desarrollada por los curas villeros cuenta con reconocimiento y financiamiento de distintas agencias estatales: la Secretaría de Políticas Integrales de Drogas (SEDRONAR),[14] los Ministerios de Salud y de Trabajo de la Nación, y el Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires. En relación con la SEDRONAR, el financiamiento se realiza directamente a los centros barriales del Hogar de Cristo, que fueron reconocidos durante la gestión del sacerdote Juan Carlos Molina[15] al frente de esta Secretaría como Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) (Resolución 266/14). Dicho financiamiento continúa durante el actual gobierno macrista, y ha recibido un nuevo impulso con la creación de una Escuela de Formación de CAAC (Resolución 17/17).
Por otra parte, los curas villeros entienden que “su compromiso con los pobres no exige definiciones políticas” (La Nación, 09/05/2010). El sacerdote Gustavo Carrara puntualiza:
Yo no sigo a Marx, (…) sino al Evangelio, y a la figura de Jesús: así se corporiza mi opción por los pobres. Mi compromiso con la pobreza es desde la religión, no desde la política. (…) Aquí no existe izquierda o derecha, existe querer tener agua, luz, vivir mejor (La Nación, 09/05/2010).
Su postura contraria al involucramiento político-partidario los distancia del MSTM de los años sesenta y setenta. Este Movimiento tenía como objetivo una transformación social profunda y, por ello, entendía que “el compromiso político hoy no es optativo, es obligatorio para los cristianos en el sentido amplio” (Mugica, [1973] 2012: 66). Los curas villeros retoman del MSTM la convicción de convivir y compartir experiencias cotidianas con los sectores populares, y se identifican con ellos por haber sido quienes iniciaron la tradición de instalar parroquias y vivir en las villas de Buenos Aires. Sin embargo, según los curas villeros, por cuestiones contextuales (“corren otros tiempos políticos”, La Nación, 09/05/2010) consideran al involucramiento político-partidario como algo ajeno a su tarea entre los pobres. Este corrimiento de lo político-partidario es en sí mismo un posicionamiento político, que les permite presentarse como un actor “neutral”, y recibir financiamiento para sus tareas de abordaje de los consumos de drogas de gobiernos de distintos colores partidarios.
A pesar de estos distanciamientos con el MSTM, la ligazón discursiva y simbólica con él responde a la búsqueda de legitimar su presencia en el mundo de los pobres, e inscribirse en una tradición más amplia dentro del catolicismo, que informe su accionar de una historicidad y un marco de sentido distintivos. Siguiendo a Hervieu-Léger (2005), Catoggio llama “linajes” a dichas tradiciones y las caracteriza como:
(…) generaciones más jóvenes de clérigos que, sin ser protagonistas históricos durante los años sesenta y setenta, se sienten hoy identificados con aquella experiencia y recurren al acervo de memoria de los “mártires” para reelaborar sus propias trayectorias como linajes, reposicionándose en el lugar de herederos del estatuto ejemplar de las víctimas (2013: 264).
En efecto, los curas villeros se posicionan como “herederos” del legado del MSTM: “Mugica es nuestro mártir” (padre “Pepe”, en La Nación, 12/05/2015). Para ello, presentan su trabajo de asistencia de los consumos de drogas como una continuación de la labor social desplegada por los curas de la década del setenta. Asimismo, la violencia sufrida por ese grupo de curas durante el terrorismo de Estado, cuando desaparecieron veintidós sacerdotes, es comparada por los curas villeros con las recientes amenazas sufridas por su compromiso con la temática de drogas.[16] En palabras del padre “Pepe”: “A mí también me pueden bajar de tres tiros en cualquier momento” (Premat, 2010: 14).
Grupo de Curas en la Opción Preferencial por los Pobres
El Grupo de Curas en la Opción Preferencial por los Pobres constituye un grupo que se identifica por su compromiso “junto a los pobres por su liberación”. El grupo está conformado por curas de todo el país y de diversas realidades pastorales: villas, campesinos, indígenas, barrios populares y asentamientos (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción Por los Pobres, 12/05/2014). El compromiso con los pobres es entendido como una obligación de todo sacerdote:
El título es muy confuso, sobre todo porque estamos hablando de una opción que no es opcional. Jesús en el Evangelio lo dice muy claro: “Vine a anunciar el Evangelio a los pobres”. (…) A mí me causa gracia que después nosotros tengamos que explicar por qué opción por los pobres, y no lo tienen que explicar los que no la hacen. Preguntales a los que hacen su opción por los ricos por qué no hacen su opción por los pobres (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
El grupo funciona como tal desde su primer encuentro nacional en 1987 en Florencio Varela y, al igual que los curas villeros, se reconoce como continuador del MSTM. Este grupo de sacerdotes también adscribe a la Teología de la Liberación, aunque no especifican adherir a ninguna corriente en particular de esta.
A septiembre de 2017, participan del grupo cerca de 200 sacerdotes pertenecientes a distintas diócesis del país.[17] Además de reunirse una vez por año, el grupo se mantiene comunicado a través de correos electrónicos, en los que comparten notas y pareceres sobre diferentes cuestiones de la realidad nacional e internacional. A diferencia de los curas villeros, los curas OPP no pertenecen a ninguna estructura jerárquica de la Iglesia Católica en tanto grupo. Ello les permite sostener posicionamientos propios, muchas veces en clara contraposición a los de la jerarquía católica, sin por eso dejar de pertenecer a esta Iglesia:
(…) nosotros nos tomamos la libertad de cuando creemos que tenemos que decir algo lo decimos, y si creemos que no tenemos que decir nada no decimos, y si tenemos que criticar al Papa lo hacemos, y si creemos que hay que felicitar al Papa lo felicitamos. En ese sentido nos sentimos lo suficientemente independientes. Y gente de la Iglesia, es decir, no sentimos que estemos al margen, pero tampoco ninguno [es] Obispo, eso sí (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
Si bien forman parte de la institucionalidad católica en tanto son sacerdotes, los curas OPP se han permitido, en algunos casos, disentir con su figura central, el papa. Uno de los temas en los que han tenido una postura contraria al mismo ha sido la despenalización del consumo de drogas.
Los curas OPP cuentan con página web y de Facebook, desde donde se manifiestan públicamente sobre distintas temáticas nacionales e internacionales, entre las que encontramos pronunciamientos sobre las elecciones nacionales primarias (agosto de 2011), el golpe de Estado al entonces presidente Fernando Lugo en Paraguay y la “complicidad” de la Iglesia Católica de ese país (julio de 2012), la celebración de los 30 años de la democracia argentina (agosto de 2013), la salud de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y las “injurias” de los medios (octubre de 2013), las elecciones legislativas y la “necesidad de votar por un proyecto de país” (octubre de 2013), la “lucha contra los fondos buitre” (junio de 2014), la “responsabilidad de la Iglesia Católica en la dictadura militar” (diciembre de 2014), la muerte del fiscal Alberto Nisman y las posteriores manifestaciones en contra del gobierno nacional (enero y febrero de 2015), la “utilización de la pobreza con fines electorales” (junio de 2015), el rol de la mujer en la Iglesia Católica (agosto de 2015), y las elecciones presidenciales nacionales (agosto de 2015), entre otras.
En el período bajo análisis (2009-2015), los pronunciamientos de este grupo sobre la temática de drogas son escasos, y se incrementan en 2014, con el objetivo de respaldar las posturas a favor de la descriminalización del uso de drogas del entonces titular de la SEDRONAR, el sacerdote Juan Carlos Molina.
En sus pronunciamientos públicos, se refleja una toma de posición a favor de varias medidas del gobierno de Fernández de Kirchner, y una fuerte crítica a aquellos sectores de la Iglesia Católica que se oponen a aquellas. Este vínculo cercano al kirchnerismo ha suscitado conflictos dentro del Grupo. Como afirma uno de sus referentes:
Decir neoliberalismo era obvio, íbamos a estar todos en contra. Ahora, decir kirchnerismo o no kirchnerismo provoca tensiones. Entonces vos vas a encontrar en el grupo en general hay muchos que son muy ultra k [kirchneristas], otros que son recontra anti k, algunos que son nada k pero reconocen, otros que son no k pero lo ven como [el] mal menor, otros que son k críticos, es decir, tenés todo el abanico por ahí. Aunque, para ser justos, hay algunos muy ultra anti k que sienten que el grupo está demasiado k, y entonces no están participando (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
Por otro lado, su vínculo con la figura del papa Francisco ha ido variando a lo largo de sus más de cuatro años de papado. En un primer momento, se mostraron críticos de su figura. Apenas fue ungido, en 2013, Eduardo de la Serna, referente de los curas OPP, afirmaba:
Bergoglio tiene aspectos muy negativos. En el tema derechos humanos, pesa sobre él la sombra de los dos jesuitas desaparecidos en la ESMA: hay firmes sospechas de que participó activamente en eso, tal como se detalló en notas periodísticas de Horacio Verbitsky (en Página 12). Esto no parece haberles importado a los cardenales. Tampoco vamos a esperar que Bergoglio aliente la Teología de la Liberación (Página 12, 14/03/2013).
Sin embargo, en 2015 afirmaron:
Nos sentimos alentados por las palabras y los gestos del Papa Francisco que nos invita a volver la mirada a Jesús, al Reino y a los pobres para construir una sociedad más justa desde los excluidos (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, 21/08/2015).
Al igual que los curas villeros, los curas OPP se reconocen herederos del sacerdote Carlos Mugica, pero estos últimos destacan su compromiso político. Los curas OPP alertan sobre el riesgo de presentar “un Mugica domesticado, lejos de la palabra profética, encarnada, política, lejos del conflicto social e incluso intra-eclesial, un Mugica que no molesta a nadie” (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción de los Pobres, 09/05/2014). En este sentido, cuestionan
(…) el modo de cura villero que es el cura villero de Bergoglio. Si querés, para decirlo en broma, es el cura villero del “Elefante Blanco”.[18] Es el cura que anda con cuellito desabrochado. Es decir, medio “rebeldón”, pero con cuellito. (…) yo creo que Mugica no tenía nada que ver con el cura del “Elefante Blanco” (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
En suma, se trata de dos grupos de sacerdotes con distintas visiones y con peso político y mediático desigual. En este sentido, una diferencia significativa son los recursos económicos que manejan. Mientras que los curas villeros obtienen financiamiento para la realización de sus actividades (principalmente para el abordaje de los consumos de drogas) de forma regular del gobierno nacional y del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sin importar el color partidario del oficialismo, los curas OPP solo acceden a fondos de los gobiernos municipales en tanto sacerdotes individuales, y no como organización ni por el hecho de ser miembros del grupo. Según afirman sus referentes, ambos grupos de sacerdotes reciben financiamiento de la Iglesia Católica a través de Cáritas.
Asimismo, los curas villeros cuentan con mayor visibilización en los medios de comunicación y han sido objeto de mayor cantidad de trabajos periodísticos y académicos que los curas OPP. Esta falta de información sobre los curas OPP ha llevado a que muchas veces sean confundidos con los curas villeros. En virtud de ello, en oportunidades (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, 09/05/2014 y 12/05/2014) el grupo de curas OPP ha buscado diferenciarse públicamente de los curas villeros, afirmando que son “dos grupos distintos, de ninguna manera distantes”. Estas diferencias se reflejan en sus posicionamientos en el debate público sobre la despenalización del consumo de drogas.
Legitimación recíproca: los curas villeros y la jerarquía católica
El análisis de los debates sobre despenalización de drogas dentro del catolicismo no puede obviar los posicionamientos de su jerarquía: la CEA y Jorge Bergoglio (en sus roles de Arzobispo de Buenos Aires, de febrero de 1998 a marzo de 2013; presidente de la CEA, de 2005 a 2011; y papa, desde marzo de 2013). Estos actores representan la voz oficial de la Iglesia Católica, en tanto máximas autoridades de una institución vertical. Como afirma Esquivel:
Como institución compleja, la Iglesia es un ámbito social en el que no cesan de confrontarse discursos desiguales que compiten entre sí. No obstante, tratándose de una organización piramidal con un altísimo grado de institucionalización y burocratización, los procederes de los obispos, ubicados en la cúspide del sistema católico nacional, son determinantes en la reproducción de la estructura normativa “interna”, en la definición de las políticas eclesiásticas relacionadas con el “exterior” y en la formulación de las estrategias institucionales en su conjunto (2004: 19-20).
En este sentido, los posicionamientos contrarios a la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal de la jerarquía católica fueron definitorios en este período para frenar los avances legislativos en la materia.[19] Durante los gobiernos kirchneristas el debate sobre la despenalización del consumo de drogas cobró un renovado interés en la agenda pública (Cunial, 2016). Frente a ello, la jerarquía católica elaboró una serie de documentos en los que manifestó su postura contraria a cualquier intento de despenalización. En 2007 la CEA publicó un texto titulado “La droga, sinónimo de muerte”, en el que afirma que “la Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad” (CEA, 09/11/ 2007). En él también plantea que el Estado debe realizar una “lucha frontal contra el tráfico y el consumo”, afirmando así su postura contraria a cualquier intento de despenalización.
En 2009, en vísperas del fallo Arriola y después de que los curas villeros se pronunciaran en contra de la despenalización de drogas mediante un documento público (“La droga en las villas, despenalizada de hecho”, 25/03/2009), la CEA realizó una conferencia de prensa denominada “Drogadicción y Trabajo de la Iglesia Argentina”. En ella reafirmó su postura contraria a cualquier política que promueva la “despenalización, legalización y reducción del daño”.[20] En este contexto de debate público, el 20 de abril de 2009, el cura villero “Pepe” Di Paola denunció públicamente haber recibido amenazas de muerte por su trabajo en el abordaje de los consumos de drogas. En virtud de ello, este grupo de sacerdotes realizó una conferencia de prensa en el Arzobispado de Buenos Aires con el acompañamiento de la CEA, el entonces presidente de la CEA arzobispo Jorge Bergoglio y un centenar de sacerdotes católicos. En agosto de ese año, el Equipo de curas villeros fue elevado al rango de Vicaría Episcopal Arquidiocesana para la Pastoral de las Villas de Emergencia, adquiriendo un nuevo estatuto dentro de la institución católica.[21] Estos acontecimientos favorecieron una mayor visibilidad de los curas villeros, que desde entonces se convirtieron en un actor político relevante en los debates públicos sobre el consumo de drogas.
Los debates sobre la despenalización tuvieron un nuevo impulso en marzo de 2012, cuando el senador oficialista Aníbal Fernández presentó un proyecto integral para la despenalización del consumo y la reducción de penas al contrabando. Finalmente, el proyecto que llegó a debatirse en la Cámara de Diputados fue el consensuado por los bloques legislativos del Frente Para la Victoria –por entonces oficialismo–, Unión Cívica Radical y Frente Amplio Progresista. Ante esta coyuntura, desde la CEA elaboraron un nuevo documento, en el que citaban los pronunciamientos de los curas villeros, y volvían a manifestar su rechazo a la despenalización. Este documento fue publicado una semana después de que el padre “Pepe” escribiera una nota, titulada “La cuestión no es despenalizar” (La Nación, 28/05/2012). En dicho documento, el padre Pepe afirmaba que “ni la guerra contra las drogas ni la legalización de ellas responden o dan una solución, y menos, a los sectores más empobrecidos”.
El 7 de noviembre de 2013, en su 106º Asamblea Plenaria, la CEA publicó un documento titulado “El drama de la droga y el narcotráfico”, en el que alertó sobre el crecimiento del narcotráfico en el país, y lamentó que “el organismo del Estado dedicado a coordinar las políticas públicas en esta materia [SEDRONAR] lleve tantos meses sin tener su responsable designado”. Tres semanas después, el cura Juan Carlos Molina fue designado como titular de la SEDRONAR.[22] Frente a ello la CEA declaró públicamente que la designación de Molina era “a título personal, y no en representación de la Iglesia” (Página 12, 04/12/2013). Unos días más tarde, la CEA se reunió con los principales referentes de la oposición al gobierno nacional[23] con el objetivo de firmar un compromiso para combatir el narcotráfico y promover políticas públicas que reduzcan el consumo de drogas (Página 12, 20/12/2013). Asimismo, la CEA continuó elaborando documentos donde manifestó públicamente su preocupación por el avance del narcotráfico y el abuso de sustancias (Página 12, 11/03/2014; Página 12, 19/04/2014, Página 12, 09/05/2014).
Se observa así una coordinación de los discursos entre la CEA, Bergoglio y los curas villeros. Sus documentos y declaraciones se citan y se refuerzan mutuamente, utilizando sus legitimidades provenientes de distintas fuentes. Por un lado, la legitimidad de la CEA como la máxima instancia jerárquica de la Iglesia Católica en Argentina, y por el otro, la legitimidad de los curas villeros obtenida por su trabajo territorial y de asistencia de los consumos de drogas. En efecto, este grupo de curas se apoya en este trabajo para presentarse como “voz autorizada” en los debates públicos sobre la temática:
(…) como compartimos la vida en las Villas de la Ciudad y en algunas del Gran Buenos Aires, tenemos un recorrido hecho en el trabajo de prevención de adicciones, y del mismo modo acompañamos diariamente a personas en situación de sufrimiento social a causa de las drogas, y ante reiteradas consultas, nos parece conveniente hacer un aporte a la discusión del tema (Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, 01/09/2014).
De esta forma, la mirada de la Iglesia Católica en torno a la despenalización del consumo de drogas, pronunciada en el discurso de los curas villeros, se presenta como inapelable, en tanto son quienes tendrían mayor experiencia en la temática. Esta consonancia de posturas entre la jerarquía católica y los curas villeros también es advertida por una referente de una ONG con activa participación en el mencionado debate:
(…) Empiezan los documentos de la Conferencia Episcopal. Y empiezan en estas dos instancias que están muy articuladas: la del documento más de la estructura jerárquica, desde la Conferencia Episcopal, documentos muy fuertes, con contenido político fuerte y demás, y el tema de los curas villeros con la legitimidad que les da el trabajo… (Referente de ONG especializada en drogas, 07/07/2016).
De esta manera, los curas villeros utilizan su reconocimiento social para legitimar su posicionamiento contrario a la despenalización del consumo de drogas, fortaleciendo así las posturas de la jerarquía católica. Como desarrolla Santiago Cunial en este mismo libro, la Iglesia Católica se atribuye una “autoridad moral” sobre la cuestión del uso de drogas que la hace “propietaria” del problema. Este mutuo fortalecimiento resultó muy eficaz para frenar los intentos de avance legislativo en materia de despenalización de drogas en este período.
Debates sobre la despenalización del consumo de drogas
Los curas villeros y los curas OPP definen los consumos de drogas de manera diferencial. Los curas villeros los conceptualizan como una consecuencia de la exclusión social (Camarotti, Güelman y Azparren, 2017). Esta es definida en dos sentidos: como carencias materiales y como “enfermedades espirituales” asociadas a una “crisis de sentido de la vida” (Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, 2009). Al respecto, cabe destacar tres cuestiones fundamentales acerca de las concepciones en torno al consumo de drogas de este grupo de curas.
En primer lugar, si bien asumen que existe una ligazón entre pobreza y consumo de drogas, y hacen mención a la “deuda social” argentina, consideran que los consumos de drogas provienen de la “falta de un proyecto de vida” por parte de los jóvenes consumidores más que de tendencias estructurales que producen situaciones de vulnerabilidad sistemáticas. En esa línea, las soluciones que promueven buscan desarrollar en los consumidores un “plan de vida” individual que los aleje del consumo. Como afirma un cura villero:
El primer paso no es que se venga a recuperar [del consumo de drogas], sino que pueda salir de la calle. Encontrar un techo… encontrar una cama, un plato de comida. Salir de la soledad, encontrar una familia, y tener un horizonte, un sentido, un proyecto de vida, de alguna manera, que se le va armando desde acá (Referente del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, 30/09/2015).
En segundo lugar, los curas villeros entienden que “la droga esclaviza”, por lo que las personas con consumos problemáticos no estarían en condiciones de solicitar ayuda por sus propios medios. En virtud de dicha concepción, sostienen que son ellos quienes deben persuadir a las personas consumidoras para que concurran al tratamiento. En palabras de uno de los sacerdotes entrevistados:
Hacemos un trabajo en la calle… salimos a repartir el desayuno tres veces por semana, salimos a repartir la cena, tres veces por semana, y, articulamos con el [Hospital] Piñeiro y con el [Hospital] Muñiz en las Guardias, de pibes que caen de la calle. Sea por… por un tiro, una infección, un embarazo, un cumpleaños, un DNI, toda esa excusa… para nosotros, para hacer amistad con el chico. Sacarlo del anonimato, conocer su nombre, conocer su historia y generar un vínculo (Referente del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, 30/09/2015).
Por último, cuestionan las falencias de una burocracia estatal que actuaría sin tener en cuenta las realidades territoriales. Consideran que su experiencia en el trato cotidiano con habitantes de las villas y, en particular, con consumidores de drogas, les brinda una perspectiva más autorizada que la del funcionariado público para abordar los consumos de drogas. Al respecto, “Pepe” Di Paola escribe: “Junto a mis compañeros sacerdotes villeros tenemos una vida comprometida en esta causa que nos avala [para posicionarse sobre la despenalización]” (La Nación, 28/05/2012).
En este sentido, en su modalidad de intervención subyace la noción de subsidiariedad propia de la Doctrina Social de la Iglesia, según la cual el Estado debería prescindir de intervenir directamente, mientras los individuos y las comunidades de base puedan valerse por sus propios medios. Se busca, de esta forma, la transferencia de recursos económicos por parte del Estado a las organizaciones de la sociedad civil (principalmente a la Iglesia Católica), y la participación de estas en la ejecución de políticas públicas. En este sentido, Fortunato Mallimaci y Juan Cruz Esquivel (2014) afirman que el Estado argentino se caracteriza por una laicidad subsidiaria: en paralelo a la aprobación de nuevos derechos ciudadanos (principalmente en materia de género y sexualidad), continúa interpelando a la Iglesia Católica en la implementación de políticas públicas. Ello es particularmente importante en las políticas de asistencia de los consumos de drogas. En efecto, el Hogar de Cristo desarrollado por los curas villeros recibe un importante financiamiento de distintas agencias estatales, tanto de la Ciudad de Buenos Aires como del Estado nacional.
El grupo de curas OPP, a diferencia de los curas villeros, no tiene como eje de sus pronunciamientos públicos la temática de drogas. Las drogas son analizadas como una problemática más de la desigual distribución del ingreso, donde también sitúan a la violencia (familiar y social) y la desesperanza (Página 12, 20/08/2011). En un documento publicado en su página de Facebook el 12 de octubre de 2014, los curas OPP alertan sobre tres realidades que consideran que afectan a la población más vulnerable: los fondos buitre, la violencia institucional y las adicciones. Resulta interesante cómo este grupo analiza las adicciones en el marco de otras realidades sociales y económicas del país, y no como una problemática aislada. Por otro lado, su preocupación se centra también en los efectos negativos que tienen en la vida cotidiana de los hogares las drogas legales (alcohol y psicofármacos), por lo que proponen la regulación de su publicidad.
Los curas villeros consideran que la drogadicción se encuentra estrechamente vinculada a la delincuencia y la muerte violenta, no sólo por el narcotráfico sino también por las acciones de quienes consumen drogas. En este sentido, resaltan que “no hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte” (Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, 25/03/2009). El grupo de curas OPP hace hincapié en la estigmatización que sufren los jóvenes de los sectores más pobres que consumen drogas, tanto por los medios de comunicación como por buena parte de la sociedad.
En septiembre de 2014, las declaraciones del entonces titular de la SEDRONAR, Juan Carlos Molina, acerca de la necesidad de despenalizar el consumo de drogas (Página 12, 28/09/2014) hicieron visibles las diferencias entre ambos grupos de curas sobre la cuestión. En efecto, a raíz del debate suscitado, el grupo de curas OPP se pronunció por primera vez públicamente acerca de tal despenalización, manifestando su desacuerdo con los curas villeros, en tanto entendían que:
El tema es urgente y este sí es momento de debate: ¿Si no cuándo? La SEDRONAR viene pidiéndolo desde febrero sin resultados. Es evidente que, en estas condiciones, el único criminal es la víctima (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción de los Pobres, 01/10/2014).
A diferencia de los curas villeros, que defienden la legislación vigente, el grupo OPP afirma estar “a favor de medidas culturales y preventivas más que punitivas”, con el objetivo de no criminalizar al adicto, que “es esencialmente una víctima” (Página de Facebook Grupo de Curas en la Opción de los Pobres, 12/10/2014). En palabras de un referente del Grupo OPP:
Despenalizar quiere decir que el pibe que se paquea no es el gran culpable de la sociedad. (…) la despenalización le quita la nota policial al pibe del barrio, y permite ponerla en otro lado (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
Mientras que en 2009 Bergoglio retomaba el documento de los curas villeros para fundamentar sus posicionamientos, en 2014 son los curas villeros quienes retoman al ahora papa para legitimar su postura en el debate por la despenalización del consumo de drogas, en palabras del padre “Pepe” Di Paola: “No estoy de acuerdo con la despenalización y el Papa tampoco” (Infovaticana, 02/10/2014). Esta estrategia fue fuertemente cuestionada por los curas OPP, quienes afirmaron que:
(…) el Papa Francisco puede opinar si quiere sobre el tema por sus propios medios. Será una opinión calificada, pero una más entre las muchas voces que debemos escuchar para encontrar caminos de protección del pobre, de lucha por la vida y de criminalizar a los verdaderos criminales (Grupo de Curas OPP, 01/10/2014).
Los curas OPP se pronunciaron públicamente sobre el asunto con el objetivo de mostrar miradas católicas alternativas, entendiendo que era necesario debatir la cuestión en profundidad y con mayor pluralismo. Asimismo, su pronunciamiento buscó respaldar al titular de la SEDRONAR y sacerdote católico Juan Carlos Molina, no sólo por su postura a favor de la despenalización del consumo, sino también por ser parte del trabajo realizado por el gobierno nacional en una renovación en el abordaje de la cuestión de las drogas:
Yo creo que con Molina –Molina es el emergente, porque yo creo que esto es una decisión de Cristina [Fernández de Kirchner]–, cambia el paradigma… por ejemplo la SEDRONAR no se ocupa de las tareas de policía. Eso me parece fascinante. (…) Me parece que en ese sentido la SEDRONAR ha dado pasos notables. Yo he visto el CEPLA de Varela, ayer estuve en el CET, están puestos a todo trapo (Referente del Grupo de Curas OPP, 09/10/2015).
Interpretamos que este posicionamiento favorable a la despenalización se encuentra más vinculado a su cercanía al gobierno de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que al interés particular de este grupo de curas en la temática. El apoyo público de un grupo de sacerdotes a Juan Carlos Molina en este punto es especialmente relevante ya que las críticas a los dichos del Secretario habían provenido principalmente de la jerarquía católica.
En paralelo a la renuncia de Molina como titular de la SEDRONAR, en mayo de 2015, concluyeron los debates entre los curas villeros y el grupo de sacerdotes OPP en relación con la despenalización del consumo de drogas. Desde entonces, los curas villeros continuaron con su trabajo de asistencia a esta problemática en el marco del Programa Hogar de Cristo. En el debate público, la despenalización del consumo de drogas dejó paso a otro eje que monopolizó la cuestión: la “lucha contra el narcotráfico”.
Recapitulación y conclusiones
En este capítulo analizamos los posicionamientos de dos grupos de sacerdotes católicos en el debate sobre la despenalización del consumo de drogas en Argentina, entre 2009 y 2015. Ambos son públicamente reconocidos por su compromiso con los sectores más desfavorecidos de la sociedad, así como por su “opción preferencial por los pobres”, por lo que muchas veces son confundidos en la opinión pública como si se tratara del mismo grupo.
A lo largo del capítulo analizamos sus diferencias, que exponemos a continuación en un cuadro que las sintetiza.
Cuadro 1: Diferencias entre el Equipo de Sacerdotes para la Pastoral de las Villas de Emergencia (curas villeros) y el Grupo de Curas en la Opción Preferencial por los Pobres (curas OPP)
| DIMENSIONES | CURAS VILLEROS | CURAS OPP |
| Radio de acción | Ciudad Autónoma de Buenos Aires | Argentina |
| Año de conformación | 1998 | 1987 |
| Cantidad de miembros | Alrededor de 30 sacerdotes | Más de 200 sacerdotes |
| Sujetos de su accionar | Población de las villas de la CABA | Pobres y excluidos |
| Recursos económicos | Cáritas. SEDRONAR. Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires. Ministerios de Salud, de Trabajo y de Desarrollo Social de la Nación. | Cáritas y gobiernos provinciales. |
| Adscripción teológica | Teología de la Liberación. Corriente: Teología del Pueblo. | Teología de la Liberación. No especifican ninguna corriente en particular. |
| Relación con la jerarquía católica | Forman parte de la Vicaría para la Pastoral de las Villas de emergencia, de la Arquidiócesis de Buenos Aires. | No forman parte de ninguna estructura jerárquica de la ICR en tanto grupo. |
| Vínculo con Bergoglio/ Francisco | Fueron armados como Equipo de sacerdotes y elevados al rango de Vicaría por Bergoglio. Mantienen estrechos vínculos con él (hoy Francisco). | Críticos de Bergoglio en su rol de Arzobispo de Buenos Aires. Reconocen ciertos avances en su rol como papa Francisco. Le dan importancia como voz autorizada, pero entienden que no es la única. |
| Compromiso político | Entienden que su compromiso con los pobres no exige definiciones políticas. Articulan con gobiernos de distintas pertenencias partidarias y orientaciones políticas. | Entienden que el compromiso político forma parte de su opción por los pobres.Toman posición a favor de algunas políticas del kirchnerismo. |
| Posicionamiento sobre despenalización del consumo de drogas | En contra de su despenalización. Consideran que la droga estaría “despenalizada de hecho” en las villas. | A favor de que se debata. Proponen medidas preventivas más que punitivas. |
Las marcadas diferencias en los orígenes, composición, tradición teológica y tipo de compromiso político de los dos grupos de curas permiten comprender sus respectivos posicionamientos en los debates sobre la despenalización del consumo de drogas. Mientras que la preocupación central de los curas villeros está puesta en la problemática del consumo de drogas y –en consonancia y articulación con la CEA y Bergoglio– se manifiestan en contra de su despenalización, los curas OPP solo se pronuncian públicamente sobre la temática cuando desde dichos sectores eclesiales se cuestiona la gestión del sacerdote Juan Carlos Molina en la SEDRONAR, en el marco de un gobierno kirchnerista al que han apoyado en otras medidas. Las diferencias entre ambos grupos también permiten explicar el desigual peso que han tenido sus posicionamientos en el desarrollo de estos debates. Mientras que las posturas de los curas villeros fueron publicadas en distintos medios de comunicación (La Nación, Página 12, Infovaticana), las de los curas OPP solo fueron cubiertas por el diario Página 12.
De esta forma, se observa que pese a ser menos y trabajar solo en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, los curas villeros presentan una mayor influencia política y exposición mediática, más acceso a recursos económicos y un explícito apoyo de la jerarquía católica, en comparación con los curas OPP.
Asimismo, el análisis del período trabajado nos permite ver cómo el concepto de subsidiariedad no sólo informa la acción de los sectores religiosos sino también la de la dirigencia política. En este sentido, la designación del sacerdote Juan Carlos Molina al frente de la SEDRONAR y su decisión de financiar a los centros barriales de los curas villeros, dan cuenta de cómo la laicidad subsidiaria del Estado argentino se vuelve particularmente evidente en el abordaje de los consumos de drogas. Las organizaciones religiosas (tanto católicas como evangélicas) tienen una larga trayectoria en este terreno, que cuenta con un amplio reconocimiento social y, en muchos casos, con un importante financiamiento estatal, lo que les permite implementar políticas públicas en la materia (Jones y Cunial, 2017).
Como analizamos a lo largo del capítulo, la legitimidad lograda por los curas villeros en virtud de este trabajo es retomada por la jerarquía católica como una forma de fortalecer sus propios posicionamientos en contra de la despenalización. La postura de la jerarquía es presentada por distintos actores (curas villeros, CEA y Bergoglio/Francisco) que detentan legitimidades provenientes de distintas fuentes. De este modo, se intenta proyectar una mirada homogénea de la Iglesia Católica –que como mostramos en este trabajo no es tal–, para sentar una posición unificada contraria a la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. Ello obstaculizó los debates legislativos en esta materia durante el período analizado, como explica Santiago Cunial en este mismo libro.
En suma, dentro de la tradición inaugurada en Argentina por el MSTM, ambos grupos retoman distintos aspectos. La “opción preferencial por los pobres” adquiere aquí dos acepciones diferentes. Por un lado, la propia de los curas villeros, que entienden que esta opción implica residir en territorios vulnerabilizados (particularmente las villas de la Ciudad de Buenos Aires) y trabajar junto a sus habitantes en mejorar sus condiciones de vida. Ponen en acto una opción por los pobres que es, a la vez, práctica y social, caracterizada por el trabajo territorial y una presencia activa en los barrios vulnerabilizados. Por otro lado, la de los curas OPP, que definen esta opción como obligatoria para todo sacerdote, y cuya militancia en tanto grupo está asociada con pronunciamientos públicos orientados a denunciar violencias e injusticias que tienen a los pobres como principal objeto. Ellos presentan una opción por los pobres más de corte teórico y político, basada en la publicación de sus posicionamientos.
La coexistencia de ambos grupos da cuenta de que no existe una única forma de “hacer Iglesia”, sino que dentro del catolicismo de la opción por los pobres convive una pluralidad de perspectivas divergentes. Dicha pluralidad fue particularmente evidente en los debates suscitados por la despenalización del consumo de drogas en Argentina.
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- Se trata principalmente de dos iniciativas. La primera es la exposición del entonces ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, en la 51ª Sesión Extraordinaria sobre Consumo de Drogas y Narcotráfico de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), realizada en Viena en marzo de 2008, donde propuso reformar la legislación que persigue penalmente a las personas usuarias de estupefacientes e incluirlas en un sistema de salud. La finalidad de aquella nueva política era la de terminar con “un sistema que atrapa al consumidor y lo criminaliza sin darle siquiera el derecho a la salud” (La Nación, 11/03/2008). En segundo lugar, el mismo Aníbal Fernández nombró en ese año una Comisión de notables, integrada por jueces, fiscales y sociólogos/as, para trabajar en un anteproyecto de ley que evitase criminalizar a las personas consumidoras. ↵
- El fallo Arriola despenalizó de hecho la tenencia de drogas para consumo personal. La sentencia de la CSJN fue el 25 de agosto de 2009, y declaró la inconstitucionalidad del párrafo dos del artículo 14 de la ley 23.737 de estupefacientes, por ser incompatible con el principio de reserva contenido en el artículo 19 de la Constitución Nacional, que protege las acciones privadas que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública ni perjudiquen a un tercero.↵
- El proyecto que tuvo mayor repercusión mediática fue el ingresado por el senador Aníbal Fernández, del Frente para la Victoria, el 29 de marzo de 2012.↵
- El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue promovido por el papa Juan XXIII con el fin de realizar una renovación de la Iglesia Católica. La encíclica Populorum Progressio (progreso de los pueblos), elaborada por el papa Pablo VI en 1967 (sucesor de Juan XXIII tras su fallecimiento) constituyó un llamamiento a la “acción concreta en favor del desarrollo integral del hombre y del desarrollo solidario de la humanidad”. Apoyándose en ambas iniciativas papales, el 15 de agosto de 1967 un grupo de 18 obispos latinoamericanos dio a conocer un documento en el que plantearon la necesidad de una mayor inserción y acción de la Iglesia Católica en el pueblo pobre. En el referido documento los obispos se pronunciaron “a favor de los pueblos pobres y por los pobres de los pueblos” (Mensaje de los 18 Obispos del Tercer Mundo). En este clima de renovación eclesial, en 1971 el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez publicó Teología de la Liberación. Perspectivas, donde se plantea por primera vez y de forma explícita la comprensión global de la Teología de la Liberación (Scannone, 1987).↵
- El MSTM estuvo vigente desde 1967 hasta 1976, y a él adhirieron 524 sacerdotes de distintas partes del país (Martín, 1992: 29).↵
- Ver por ejemplo en las notas “Que nadie más permita dividir al pueblo de Dios” (Página 12, 11/05/2014) y “Duras críticas de curas villeros al gobierno de Macri” (diario Río Negro, 25/04/2016). En el primer caso, se engloba a ambos grupos bajo el nombre de curas villeros; en el segundo, se atribuye a estos acciones desarrolladas por el grupo de curas OPP.↵
- Jorge Bergoglio fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969 y consagrado obispo titular el 20 de mayo de 1992. El 28 de febrero de 1998 tomó el cargo de Arzobispo de Buenos Aires, sucediendo a Antonio Quarracino. Fue presidente de la CEA de 2005 a 2011. El 13 de marzo de 2013 fue ungido papa, luego de la renuncia de Benedicto XVI, adoptando el nombre de Francisco.↵
- La selección de dichos periódicos obedece a dos razones. Por un lado, ambos son de alcance nacional. Por el otro, poseen líneas editoriales divergentes: mientras que La Nación ha sido crítico de los gobiernos kirchneristas, Página 12 generalmente ha destacado sus logros. En cuanto a la temática de este capítulo, Página 12 les otorga a los curas OPP un lugar preferencial en sus notas, mientras que La Nación publicita más las intervenciones de los curas villeros. ↵
- El padre José María “Pepe” Di Paola es un referente de los curas villeros, y fue el primer sacerdote en abordar la cuestión del consumo de drogas en la villa 21-24. El padre “Pepe” fue nombrado párroco de la Capilla Virgen de Caacupé de la mencionada villa en marzo de 1997. ↵
- Siguiendo la clasificación realizada por Scannone (1987), dentro de la Teología de la Liberación pueden distinguirse cuatro corrientes: la Teología de la Liberación desde la praxis pastoral, la Teología de la Liberación desde la praxis revolucionaria, la Teología de la Liberación desde la praxis histórica, y la Teología de la Liberación desde la praxis cultural, también llamada Teología del Pueblo o Teología de la Cultura.↵
- “Gauchito Gil” es el nombre que recibe un santo popular argentino inspirando en el mito de Antonio Mamerto Gil Núñez, un gaucho desertor en la guerra civil entre unitarios y federales (1814-1880), por ese motivo condenado a muerte. Antes de morir, realizó predicciones a su ejecutor, que luego se cumplieron. Debido a esto, el sargento inició un santuario en su honor en el mismo sitio donde el gaucho había sido asesinado (Mercedes, provincia de Corrientes). Este santuario recibe cientos de miles de personas peregrinas cada año, especialmente el 8 de enero, aniversario de la muerte de Gil. La jerarquía católica sostuvo en varias oportunidades que Gil no cumplía con los requerimientos pedidos por la Santa Sede para ser considerado un santo de dicha institución. Sin embargo, los curas villeros participan de la peregrinación anual en su homenaje, organizan misas en su memoria y nombraron “Gauchito Gil” a uno de los centros barriales del Hogar de Cristo. ↵
- “Paco” es el término comúnmente utilizado para hacer referencia a la Pasta Base de Cocaína, una sustancia conformada por sulfato de cocaína y otros alcaloides e impurezas (querosén, alcohol metílico y ácido sulfúrico), que se obtiene en la fase intermedia del proceso de transformación de la hoja de coca en clorhidrato de cocaína (Touzé, 2006: 87). Se trata de una sustancia muy adictiva, y su uso prolongado o intensivo provoca en las personas usuarias un fuerte deterioro neurológico e intelectual, alteraciones pulmonares y cardíacas, pérdida de peso y estado de abandono personal (OAD/SEDRONAR, 2012). ↵
- Para profundizar sobre el Hogar de Cristo como dispositivo terapéutico para el tratamiento del consumo problemático de drogas, véase Azparren (2017). ↵
- La SEDRONAR es el organismo responsable de coordinar las políticas nacionales de lucha contra las adicciones. Fue creada en 1989 por el entonces presidente Carlos Menem, bajo el nombre de Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico. A partir de la asunción de Roberto Moro como secretario general en diciembre de 2015, la SEDRONAR pasó a llamarse Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas.↵
- El sacerdote Juan Carlos Molina fue nombrado como titular de la SEDRONAR en noviembre de 2013, y renunció al cargo en mayo de 2015. ↵
- El 20 de abril de 2009 el padre “Pepe” Di Paola afirmó haber recibido amenazas en la villa 21-24, en virtud de lo cual el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia realizó una conferencia de prensa junto al entonces arzobispo Bergoglio (La Nación, 23/04/2009).↵
- El mayor número de participantes de este grupo en relación con los curas villeros puede explicarse también por la menor intensidad de participación que supone esta membresía.↵
- Elefante blanco es una película argentina estrenada en 2012. Según una nota de Página 12 (11/05/2014), el asesor eclesiástico de la película fue Gustavo Carrara, miembro de los curas villeros y actual Vicario Episcopal para la Pastoral de las Villas de Emergencia. La película muestra el trabajo de dos curas y una trabajadora social en una villa de la CABA, abocados principalmente a abordar la problemática del consumo de drogas. Según la referida nota, en la película “los habitantes del barrio son vistos como una masa amorfa, sin rasgos que los distingan salvo el consumo de drogas. No participan de organizaciones sociales ni políticas (…). Lo único que hacen los curas además de impartir los sacramentos es llevar a los chicos de la villa a un centro de rehabilitación” (Página 12, 11/05/2014).↵
- El rol de la Iglesia Católica en el rechazo a las iniciativas de despenalización del consumo de drogas es analizado en profundidad en el capítulo de Santiago Cunial en este libro.↵
- La “reducción de daños” es un modelo de abordaje de los consumos de drogas, que parte de reconocer la imposibilidad de evitar el uso de sustancias y del derecho del sujeto a continuar con dicha práctica. Este modelo busca minimizar el daño que el consumo de drogas produce en la persona consumidora o en otros. Surge a fines del siglo XX como una estrategia para prevenir la propagación del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) en usuarios de drogas inyectables (Menéndez, 2012), y promueve la adopción de prácticas de consumo seguras (a través de la provisión de jeringas esterilizadas, por ejemplo), y la sustitución de determinadas sustancias por otras menos nocivas para la salud. ↵
- La Vicaría cubre la temática de “villas” en toda la jurisdicción de la arquidiócesis de Buenos Aires, y tiene el mismo estatus que las vicarías de Juventud, de Niños y de Educación.↵
- Consideramos que la designación de Molina al frente de la SEDRONAR estuvo vinculada a distintas cuestiones. Primero, como respuesta a la CEA, que reclamó públicamente al gobierno nacional por la falta de políticas en materia de drogas. El gobierno no solamente nombra un titular para la acéfala SEDRONAR, sino que además se trata de un sacerdote católico. Segundo, Juan Carlos Molina era el presidente de la Fundación Valdocco, una organización no gubernamental que trabaja con niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad, y mantenía un estrecho vínculo tanto político como personal con la familia Kirchner desde que Néstor Kirchner ocupó el cargo de gobernador en la provincia de Santa Cruz (1991-2003).↵
- El documento de la Iglesia fue suscripto por el jefe de gobierno y entonces candidato a presidente del PRO, Mauricio Macri; el líder del Frente Renovador, Sergio Massa; el referente del Frente Amplio Progresista, Hermes Binner; el titular del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, Ernesto Sanz; el dirigente del Frente Amplio UNEN, Pino Solanas y la conductora de Generación para un Encuentro Nacional, Margarita Stolbizer.↵








