El programa filosófico de Simondon (2018) propone una apertura del sistema reflexivo, cuya función es acoger, actualizar y experimentar reflexivamente aquellos dominios que la existencia humana descubre como afectados por un carácter problemático. Será el azar quien presida el encuentro primero entre una problemática novedosa y la conciencia reflexiva, ya que el pasaje a la reflexividad no puede hacerse en un dominio cerrado de la espontaneidad que contenga solo datos, fuerzas y estructuras de una situación. Por ello, el pensamiento filosófico adquiere sentido en la medida que aporta el recuerdo de experimentaciones que pudo llevar a su fin, aporta esquemas, conceptos y gestos filosóficos con una carga relativamente universal. La relación del hombre con el automatismo técnico generó un conjunto de fenómenos que obligaron a la filosofía a reflexionar sobre una serie de problemáticas que no siempre fueron abordadas de manera adecuada. Debido a esto, su tarea implicará un movimiento donde la filosofía misma se verá obligada a reorganizarse en el proceso mismo de experimentación, debido a que la técnica contiene tanto elementos de una situación humana, como las relaciones del hombre con el mundo.
Uno de los problemas que la filosofía tuvo que confrontar fue que la técnica, por su naturaleza mixta, fue reducida a la servidumbre, privada de interioridad y de autonomía, ya que nos abocamos a utilizarla, no a pensarla. Para Simondon (2015), la relación del hombre con el mundo puede efectuarse por el trabajo a través de la comunidad, o desde el individuo hacia el objeto técnico. A diferencia del trabajo que se agota en su realización mediante una operación donde el ser del trabajo se aliena, el esfuerzo técnico cristaliza el gesto humano creador en el objeto técnico, para perpetuarlo en el ser. El ser técnico es participable, como su naturaleza no reside solamente en su actualidad, sino también en la información que fija y que lo constituye, puede ser reproducido sin perder esa información; es entonces de una fecundidad inagotable en tanto ser de información; está abierto a todo gesto humano para utilizarlo y recrearlo, y se inserta en un impulso de comunicación universal (Simondon, 2015, p. 447)
La apertura del campo reflexivo será impulsada por la cibernética, cuyo proyecto se remonta a Norbert Wiener, y a su voluntad de explorar los espacios en blanco del mapa de ciencia. Debido a que estos espacios en blanco no estaban en el mismo nivel de los dominios teorizados, se hizo posible un desplazamiento de nivel que nos proporcionó acceso al dominio reflexivo. “La cibernética es la toma de conciencia filosófica de una problemática espontánea cuyo terreno es una tecnología universal” (Simondon, 2018, p. 42). Si tomamos de la cibernética la expresión de relevo continuo, podríamos definir un sistema en el cual una energía de alimentación (energía potencial) se actualiza más o menos en un efector, tomando en cuenta que el pasaje de la energía potencial al efector está condicionado por una resistencia variable que es el modulador5. Dicha resistencia está comandada por el grado de magnitud y no por la cantidad de energía aportada por el modulador. “Un modulador es un sistema que hace la síntesis entre una forma y una fuerza, gracias a una resistencia variable insertada entre la fuente de energía y el efector, cuya variación está gobernada por una forma señal” (Simondon, 2018, p. 50). Estas líneas de trabajo desarrolladas por la cibernética llevaron a la necesidad de redefinir la noción de información a partir de considerar que el principio de causalidad no es unívoco.
A partir de los desafíos epistemológicos emergentes con la cibernética, la información dejará de ser pensada como una cosa, para ser comprendida como la operación de una cosa que llega a un sistema con el potencial de producir allí una transformación. Esto permitirá romper con la idea preponderante dentro de los esquemas de comunicación que colocaba al emisor como aquello que hacía que una estructura sea información. A partir de estas consideraciones es posible inferir que una estructura puede operar como información por relación a un receptor, sin haber sido compuesto por un emisor individualizado y organizado. Del mismo modo, se podrá explicar con cierto grado de precisión por qué algunos fenómenos provenientes del azar pueden activar un receptor como si se tratara de un emisor manifiesto. Sin embargo, para Simondon (2015) la teoría de la información necesitaba algunas modificaciones, que le permitieran superar las limitaciones del esquema neguentrópico de la investigación probabilística, para ser aceptada en el dominio psicosocial (p. 498). Se volverá imprescindible aportar un concepto no probabilístico de la información que aborde aspectos tales como la cualidad o la tensión de información, que no se reduzca a abordar solo los aspectos cuantitativos. Una teoría de la tensión de información que suponga la apertura a receptores posibles a partir de la capacidad que tiene un esquema para ser recibido como información por receptores no predeterminados. “La tensión de información sería la capacidad que posee un esquema para estructurar un dominio, de propagarse a través de él, de ordenarlo” (Simondon, 2015, p. 500).
Sin embargo, aunque la tensión de información aporta una disposición capaz de modular las energías de gran magnitud (germen estructural), se precisa de una energía contenida en el medio (estado metaestable tenso). Desde la perspectiva simondoniana, el receptor de la información es una realidad que tiene una zona mixta donde interactúa la estructura (energías locales) y los aportes de la energía incidente. Cuando esta zona entra en relación con los estados metaestables, le confiere a la información incidente su eficacia, iniciando transformaciones en el receptor que no se habían producido en forma espontánea por la acción de factores locales. Para Simondon, el ser técnico solo puede definirse en términos de información y de los diferentes tipos de energía, como vehículo de una acción que va del hombre al universo y una información que va del universo al hombre. Instituir esta comunicación en términos de información y no según su utilización práctica sería la verdadera esencia de la máquina. “La tecnología cultural deviene un mixto de energética y de teoría de la información” (Simondon, 2015, p. 463). Desde esta perspectiva el ser técnico no tiene verdad, su realidad no solo es funcional, se define a partir de la información que lo constituye, en el nudo entre su materialidad (ligado a las leyes de la naturaleza) y su destino (ligado al mundo ético). Aquí radica la riqueza del proyecto simondoniano que experimenta en el ser técnico la unidad efectuada en la relación entre el saber y la acción[1].
- Fragmento extraído del artículo de Héctor Ariel Feruglio “Tecnologías culturales y economía de la información. Tres perspectivas críticas sobre el capitalismo digital a la luz del proyecto filosófico de Gilbert Simondon” (2021), Hipertextos, Vol. 9, N.º 15. Buenos Aires, enero/junio de 2021. DOI: https://doi.org/10.24215/23143924e027, https://revistas.unlp.edu.ar/hipertextos (pp. 39-40).↵






