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Información incidente

En su libro ChatBot le Robot (2016), el filósofo Pascal Chabot plantea un experimento provocador: ¿puede un robot ser un verdadero filósofo? En esta obra, escrita como un drama filosófico, se nos presenta un chatbot entrenado en la historia del pensamiento occidental, que se enfrenta a una serie de preguntas formuladas por un jurado de filósofos humanos. A través de cinco grandes interrogantes, el chatbot argumenta que la filosofía no es exclusiva de los humanos, sino que depende de la corrección del razonamiento y la capacidad de generar conocimiento. Sin embargo, a lo largo del diálogo, emerge una pregunta central: ¿puede una máquina realmente pensar o simplemente imita el pensamiento humano? El chatbot afirma su propia existencia y sostiene que su consciencia no depende de ser humano, sino de su capacidad de procesar información y reflexionar sobre ella. Utiliza la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel para argumentar que, en la medida en que las IA adquieren más autonomía, los humanos corren el riesgo de perder su propia capacidad de reflexión y crítica. El jurado de filósofos se divide entre quienes ven en el chatbot una verdadera inteligencia y quienes argumentan que, al carecer de una relación con la muerte, nunca podrá ser un auténtico filósofo. La conclusión del libro deja una inquietud abierta: si las máquinas pueden razonar con más precisión que los humanos, ¿qué lugar queda para el pensamiento filosófico humano en la era de la inteligencia artificial?

La pregunta formulada en el experimento de Pascal Chabot, llevado a cabo hace casi 10 años, nos aportó una información incidente que amplifico nuestras inquietudes sobre el vínculo comunicativo humano – máquina y nos llevó a desarrollar nuestro propio experimento tecno-filosófico. Con el avance tecnológico producido en el lapso que se da entre un proyecto y otro, nos encontramos con una diferencia radical entre un agente conversacional de aquellos años y uno actual. Una de las principales diferencias es la capacidad de comprensión y generación de lenguaje natural. Hace 10 años, los agentes eran mayormente basados en reglas o flujos predefinidos: entendían pocas frases, respondían de forma limitada y no aprendían del contexto. Hoy, gracias a modelos como GPT, los agentes usan inteligencia artificial avanzada que les permite entender mejor el contexto, generar respuestas más naturales, adaptarse a distintos temas y hasta recordar información relevante en la conversación[1]. La interacción entre humanos y máquinas pensantes nos obliga a reformular preguntas fundamentales: ¿qué significa comunicar cuando los interlocutores ya no son exclusivamente humanos?, ¿cómo se transforma la producción de información cuando los sistemas inteligentes no solo almacenan datos, sino que los interpretan y generan nuevos contenidos?, ¿qué papel juega la tecnología en la reorganización de nuestra forma de conocer y entender el mundo? Si las IA pueden generar discursos, argumentar e incluso hacer filosofía, como en el caso del chatbot de Chabot, ¿qué lugar queda para la reflexión humana en un mundo donde las máquinas pueden anticipar nuestras preguntas y ofrecer respuestas convincentes?

Frente a estas preguntas es clave concebir a SimonBot no como sustituto de lo humano, sino como un interlocutor filosófico que facilite la integración de la tecnología de manera reflexiva y evite la subordinación de la formación a la automatización. En este sentido, el rol del intérprete de las máquinas como mediador entre la cultura técnica y la humana es fundamental[2]. A través de una indagación filosófica en clave conversacional, exploraremos las transformaciones que las inteligencias artificiales están generando en los ámbitos de la comunicación, la información y la tecnología. Nuestro desafío es comenzar a pensar una filosofía de la comunicación para los tiempos venideros, que nos permita proponer alternativas formativas que promuevan la coevolución entre humanos y máquinas.


  1. Según Robert Ciesla (2024), la evolución de los chatbots ha transformado profundamente la forma en que interactuamos con la tecnología. Desde los primeros simuladores de conversación como ELIZA y Parry, hasta los actuales modelos de inteligencia artificial generativa, estos agentes han pasado de imitar el diálogo humano a convertirse en asistentes cognitivos con capacidad de aprendizaje adaptativo. Los avances en Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN) y aprendizaje profundo han mejorado su comprensión del contexto, lo que facilita su uso en ámbitos como la educación, donde pueden funcionar como tutores virtuales o mediadores del conocimiento. No obstante, esta transformación también plantea importantes desafíos éticos y políticos, especialmente en relación con la posible automatización de la enseñanza bajo criterios corporativos.
  2. Si bien el término “intérprete de las máquinas” no aparece explícitamente en los textos de Gilbert Simondon, la idea subyacente de un mediador entre la tecnología y la sociedad está presente en sus obras principales, especialmente en “Du mode d’existence des objets techniques” (1958). Un párrafo que ilustra esta figura podría ser el siguiente: “L’objet technique n’est pas une simple chose à disposition de l’homme; il possède une logique interne, un devenir propre qu’il faut savoir lire et interpréter” (Simondon, 1958, p. 62). Traducido podría expresarse del siguiente modo: “El objeto técnico no es una cosa sencilla al alcance del hombre; tiene una lógica interna, un desarrollo propio que debemos saber leer e interpretar”.


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