Gilbert Simondon, Yuk Hui y el ChatGPT
Gustavo Gordillo y Paula Bustos Paz
[…] Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.
Platón, Fedro, 275b.
Conocimos a “Giovanni” Feruglio el mismo año en que ChatGPT irrumpía en la escena pública, y desde entonces seguimos de cerca su trabajo. A la par del académico dedicado al estudio de Simondon y del fenómeno de la comunicación está un curioso cantautor y poeta, cuya producción artística traza un horizonte que, en lugar de unir el cielo con la tierra, une su talento estético con la complejidad conceptual de la filosofía y, en particular, de la filosofía de las máquinas. Así, en el conjunto de su obra literaria es posible reconocer una agencia híbrida que exige nuevas categorías para su clasificación, siempre que esta aspire a una categorización conceptual definida. Lo que encontrará el lector en las páginas de SimonBot es más o menos este tipo de interpelación, una apuesta teórica que se conjuga con un salto estético para poner en cuestión aspectos fundamentales de la Filosofía de la comunicación, de la Técnica y las Humanidades en la era de las máquinas inteligentes.
Con la ubicua mediación técnica de las IA en el mundo de la vida, nada parece escapar al universo de los datos y su procesamiento estadístico. Con SimonBot, la posibilidad de entablar una conversación especializada con un bot plantea una serie de problemas ontológicos, epistemológicos y políticos, fundamentales para debatir la arquitectura ingenieril de estos sistemas, basada en el pensamiento computacional. En una relación dialógica de este tipo, las preguntas y respuestas sobre la naturaleza de la comunicación, la producción de información y el conocimiento experimentan un giro que nos obliga a replantearlas. Una disputa de fondo que el lector puede vislumbrar aquí es la del par problemático automatización-mediación: ¿nos dirigimos hacia un mundo de plena automatización o hacia uno en el que los agentes digitales y humanos establecen una relación horizontal, aunque no exenta de tensiones, basada en el complemento y en un intercambio no lineal de información? Sea cual fuere la respuesta a la que arribe el lector, podemos considerar esta apuesta tecnofilosófica de Giovanni –un Simondon actualizado con los conceptos y problemas de la era digital– como “una pregunta abierta sobre qué tipo de relación queremos construir con la inteligencia artificial”.
SimonBot parte de la concretización de una interesante propuesta de Pascal Chabot sobre la posibilidad de un “robot filósofo”. A primera vista parece un contrasentido, puesto que podemos discutir cómo es posible que un bot sea filósofo. Si enfocamos la cuestión desde la etiqueta antropomórfica de los algoritmos que regulan los actuales chatbots y aplicaciones, es decir, máquinas “inteligentes”, no resulta inapropiado preguntarnos si, a través de los conceptos que manejan, pueden reflexionar sobre sí mismos y construir nuevas estructuras conceptuales. De un modo más directo, ¿en qué términos es posible, en una IA, la vinculación semántica y experiencial que impulsa tanto el pensamiento crítico como la innovación teórica? Si tales cosas pueden existir dentro de los confines de lo “posible”, ¿sería urgente construir un nuevo andamiaje conceptual para referirse a los humanos cuando estos ya no poseen propiedades exclusivas? Si las respuestas son positivas, habremos encontrado un espacio propicio para una nueva pedagogía del lenguaje filosófico. De lo contrario, igualmente a la IA le corresponderá un nuevo entramado conceptual, aunque basado, al menos, en la premisa de que “no piensan, sino que calculan”.
No se puede pensar en la idea de máquinas inteligentes sin evocar las grandes narrativas de la ciencia ficción. Desde Fritz Lang hasta las hermanas Wachowski, desde Asimov hasta Spike Jonze o James Cameron, el imaginario colectivo fue esculpiendo formas posibles de una inteligencia no humana. Aquello que parecía lejano, incluso inalcanzable, hoy nos resulta inquietantemente cercano –y, en ciertos aspectos, ya hasta obsoleto– por la velocidad con que se actualizan estas tecnologías.
En ese vértigo, la escritura sigue siendo el trabajo silencioso que intenta dar lugar, ordenar y resistir. Escribir, como acto creativo y reflexivo, también implica imitar gestos, voces, intenciones. Lo que hace SimonBot no es tan distinto. Su estructura algorítmica –esa red invisible de parámetros, capas y cálculos– produce un efecto estético que nos inquieta: nos espeja. SimonBot no es solo una herramienta, es un artefacto poético, un Prometeo 4.0 que nos ofrece fuego en forma de lenguaje, que nos devuelve respuestas como quien ofrece una visión, suspendiendo nuestro juicio para dejarnos frente a una incómoda pero fascinante verdad: esto que antes creíamos exclusivo del pensamiento humano, ahora también puede ser simulado. Quizás, en el fondo, SimonBot sea eso, un dispositivo de camuflaje. Una máscara hecha de datos que organiza el caos, que ordena la entropía de unos y ceros para entregarnos un espejo conversacional en el que las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos toman la forma de una respuesta inesperada.
La sospecha ante toda novedad técnica es atemporal, aunque cabe destacar que las particularidades de los nuevos sistemas de aprendizaje automático y redes neuronales acentuaron mucho más esta familiar actitud humana. Entre muchos otros problemas, SimonBot parece recapitular antiguas discusiones epistemológicas ligadas a la participación de objetos artificiales en la producción de conocimiento. Podemos remontarnos a los inicios de la Filosofía, concretamente a Platón y a uno de sus mitos más resonantes. Se trata de Fedro, el único diálogo situado en un entorno natural, en el que se narra el mito de Theuth y Thamus (274c-275b) con el que Sócrates y Fedro debaten el valor de la escritura y su rol en la episteme. Como sugiere el epígrafe de este prólogo –que no citaremos aquí para que la necesidad de su lectura lo rescate del habitual olvido en que suelen caer estas citas propedéuticas–, la escritura es una tecnología ambivalente en el plano epistemológico: por un lado, funciona como una “prótesis” que potencia la sabiduría y la memoria humanas; por el otro, es una estructura artificial de signos cuya instrumentalización puede proporcionar radicalmente lo contrario. Para el modelo socrático-platónico, la escritura es un phármakon que interviene para complementar negativamente estas funciones intelectuales. De manera similar, SimonBot es un agente no humano que propone la producción conjunta de nuevo conocimiento estructurado a partir de una “conversación” especializada. La conclusión sobre este propósito –es decir, si puede considerarse un agente capaz de generar nuevos modelos teóricos en el marco de una dialéctica con los humanos o si, en cambio, se trata de una arquitectura estadística de “lectura estática”– dependerá del análisis crítico y existencial que los intercambios presentados en este libro despierten en los lectores. Por el momento, en estas breves líneas prologales, nos concentramos en renovar la invitación a la lectura que, en sí misma, ya sugiere el título que Giovanni eligió ingeniosamente para este libro.
Si SimonBot es o no filósofo, o si el plan de Chabot y Feruglio es al menos parcialmente posible, creemos que esto no es del todo crucial en este contexto. La potencia filosófica de la propuesta de Giovanni radica en sistematizar una agenda de problemas con los que ya nos enfrentamos, como cuando los sistemas inteligentes median la comunicación entre humanos o cuando decidimos interactuar directamente con un bot. En charlas informales junto al autor, comentamos que la proliferación actual de agentes conversacionales, o más bien la absorción paulatina de funciones sociales básicas por parte de estos, parece ser la muestra de un futuro cercano. La posibilidad de conversar y ser asistido por este tipo de bots empieza a convertirse en una necesidad invisible, de la misma manera que hoy lo es contar con un smartphone que nos permita acceder a una serie de “nubes” donde se almacena y comprime nuestra existencia personal, profesional y superficial; en definitiva, nuestro mundo de la vida. Aunque el lector pueda concluir que es imposible el desarrollo de una estructura teórica nueva por parte de las máquinas que ahora dicen “razonar”, como lo muestra la última actualización de ChatGPT, no podrá negar que estas realizan muchas de nuestras propias actividades intelectuales mejor que nosotros mismos. Sabemos, de antemano, señores lectores, que estas facultades –por no decir facilidades– no son gratuitas y merecen ser abordadas críticamente por las Humanidades y las Ciencias Sociales. Pues, SimonBot también se trata de esto.
Catamarca, Argentina
Otoño de 2025






