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Conclusiones

Esta investigación surgió en función del interés por comprender, a partir de los diferentes espacios de sociabilidad, como las asociaciones y los periódicos “étnicos”, los distintos modos en que el liderazgo fue ejercido por los grupos dirigentes de la comunidad italiana de la Argentina. Si bien la cuestión del liderazgo en los inmigrantes italianos de este país sudamericano ha sido abordada desde diversas perspectivas, aquellos trabajos tendieron a concentrarse en determinados ámbitos y por períodos de tiempo acotados. En el presente libro, se abordó este tema abarcando el período que se extiende desde fines del siglo xix hasta principios del siglo xxi. A partir del caso de FEDITALIA, pudimos acceder a un panorama macro, dado su carácter de nucleamiento de instituciones de base. Al mismo tiempo, hemos descendido en esta estructura asociativa para comprender los vínculos y las estrategias de los grupos dirigentes, haciendo especial énfasis en aquellos líderes italianos de la Ciudad de Buenos Aires.

Al comienzo hemos formulado tres hipótesis específicas que resulta necesario retomar y contrastar con las conclusiones a las que arribamos. Respecto a la primera hipótesis específica, referida a las identidades colectivas de los líderes del asociacionismo, hemos demostrado que, a comienzos del siglo xx, los dirigentes que se afirmaron al frente de las principales instituciones fueron portadores de una cierta concepción de “italianidad”. Conforme se consolidaba el Reino de Italia, la división entre monárquicos y republicanos, que había impedido el agrupamiento de todas las entidades en una misma estructura asociativa, fue perdiendo relevancia. Aquí desempeñaron un papel importante los representantes oficiales del gobierno de Italia en la Argentina, quienes articularon diversas estrategias para lograr esa unidad con los grupos dirigentes más afines a sus intereses.

Estos funcionarios brindaron su apoyo a distintos eventos que reforzaron la “italianidad” del grupo, como las dos ediciones de la Esposizione Industriale, Artística e Operaia Italiana realizadas en los años 1881 y 1886; y el Primo Congresso delle Società Italiane de 1891, analizado detalladamente en esta investigación. Si bien este congreso no logró su objetivo principal de conformar una institución que agrupara a todas las asociaciones italianas del país, demostró que los líderes del asociacionismo de Buenos Aires tenían un importante poder de convocatoria y que, a pesar de las diferencias ideológicas, se podían establecer acuerdos parciales respecto a determinados temas de interés común sobre la base del nacionalismo.

El auge nacionalista de principios del siglo xx y durante la Gran Guerra fue conducido por las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina con el propósito de unificar a los principales dirigentes comunitarios. La conformación de la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires en 1912 y la creación del Comitato Italiano di Guerra di Buenos Aires en 1915 fueron determinantes para comprobar la capacidad de articulación de los dirigentes del asociacionismo de la capital del país y permitieron que el resto de las instituciones italianas de la Argentina se incorporaran a la Federación para conformar FEDITALIA en el año 1918.

También hemos demostrado que aquellos dirigentes que habían decidido conducir asociaciones opositoras al Reino de Italia fueron perdiendo consenso en el grupo. Progresivamente, algunas de estas entidades adquirieron una posición moderada y se incorporaron a la estructura del asociacionismo. El caso de los sectores eclesiásticos es particular, ya que, a partir de la década de 1920, fueron dejando de ser relevantes aquellos aspectos identitarios de la “italianidad” que se contraponían a la Iglesia católica, como la celebración del xx Settembre. Esto permitió el acercamiento entre asociaciones religiosas y laicas.

De todas formas, esta unidad dirigencial se rompió con el ascenso del fascismo y con la división de la comunidad entre aquellos que se oponían y aquellos que apoyaban al régimen. Aquí hubo una redefinición de lo que significaba la “italianidad” para cada sector, lo que quedó en evidencia cuando analizamos lo que ocurrió en FEDITALIA, ya que, entre los años 1925 y 1954, hubo un marcado enfrentamiento entre ambos sectores y, al mismo tiempo, la propia Federación sufría una cooptación política: primero en función del régimen italiano y luego por parte de aquellos dirigentes que habían recibido apoyo del gobierno argentino.

Durante ese período de casi treinta años, FEDITALIA estuvo conducida por líderes que adscribían al fascismo provocando el alejamiento de aquellas instituciones en las que los antifascistas tenían mayor consenso. En este escenario, hemos vuelto a poner en valor la importancia de las relaciones interpersonales y de las redes desarrolladas por los dirigentes para sostener su posición de liderazgo, lo que hemos destacado en nuestra segunda hipótesis específica. En el caso de los líderes que conducían FEDITALIA, hemos podido demostrar la importancia de estas relaciones, al detallar los vínculos entre estos dirigentes con funcionarios del régimen y con otras instituciones que apoyaban al fascismo.

En esta investigación quedó en evidencia que había muchas instituciones italianas en la Argentina que estaban ligadas a funcionarios del gobierno italiano. Otras, en cambio, estaban dirigidas por importantes empresarios que contaban con fuertes contactos con funcionarios de ambos países. Los dirigentes de FEDITALIA, encabezados por Arsenio Guidi Buffarini, establecieron sólidos vínculos con muchas de las instituciones tradicionales del asociacionismo italiano de Buenos Aires, entre las que debemos destacar la Sociedad de Beneficencia del Hospital Italiano, la Asociación Dante Alighieri y el Círculo Italiano. Más allá de las diferencias que había entre los dirigentes fascistas de la Argentina, este grupo contaba con el apoyo de los dueños de los periódicos locales que estaban orientados a la comunidad y que funcionaban como espacios de divulgación de sus ideas.

Los líderes del sector antifascista también establecieron alianzas y fortalecieron las relaciones interpersonales para consolidar su posición. La conformación de la Federación de Sociedades Democráticas de la República Argentina, en el año 1938, representó un intento de establecer una estructura paralela a la de FEDITALIA, aunque no logró sostenerse en el tiempo. Algunos dirigentes opositores al fascismo se alejaron de las asociaciones de base cooptadas por el régimen y decidieron conformar otras con similares propósitos, pero de carácter no fascista. Estos dirigentes estaban relacionados entre sí e incluso establecieron vínculos con otros sectores antifascistas en el extranjero. De todas formas, en este grupo también hubo marcadas diferencias y enfrentamientos internos.

La caída del régimen no significó la inmediata reunificación de la comunidad italiana en la Argentina, ya que, mientras que los dirigentes fascistas continuaron al frente de muchas instituciones, un sector dirigencial demandaba una profunda “desfascistización”. Muchos líderes fascistas permanecieron ejerciendo funciones representativas en el asociacionismo gracias a los vínculos establecidos con el gobierno argentino y a la no intervención de las autoridades italianas. Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, hubo una cercana relación entre los funcionarios argentinos y estos dirigentes fascistas en el país. Luego de la Segunda Guerra Mundial, también se incorporaron exiliados fascistas que fortalecieron el posicionamiento ideológico de estas instituciones durante las décadas de 1940 y 1950. Al analizar los primeros dos congresos de FEDITALIA, ha quedado expuesta la relación del presidente argentino con muchos de estos dirigentes. Asimismo, se ha podido comprobar la existencia de instituciones italianas conformadas para expresar su apoyo al gobierno argentino.

Sin embargo, hacia el final del gobierno de Perón, los dirigentes fascistas reconocieron que no podían unificar a la comunidad italiana de la Argentina y cedieron el control de algunas de las principales instituciones a un nuevo grupo dirigente. Así, se logró la “pacificación” del grupo gracias a la mediación de líderes antifascistas y fascistas que consiguieron apaciguar a los sectores extremos de cada sector y confluir en un mismo espacio.

Con la renovación dirigencial de FEDITALIA en la década de 1950, se produjo un proceso de redefinición de lo que representaba la “italianidad” en la comunidad italiana de la Argentina. Si, durante el período de entreguerras, el régimen utilizaba este término para valorar el grado de apoyo al fascismo, durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, se lo empleó para englobar a todos los italianos que reconocían a la República de Italia.

Los líderes del grupo se adaptaron a esta nueva concepción, ya que permitía que tanto fascistas como antifascistas conservaran sus puestos de liderazgo. Al amparo de esta redefinición de la “italianidad”, la búsqueda de la “pacificación” en el interior de la comunidad por parte de los nuevos líderes no requería una purga ni mucho menos una discusión acerca del pasado reciente. Esto permitió que el fascismo continuara vigente en cierto sector de la comunidad, aunque con una decreciente exposición pública.

A partir de aquí, los dirigentes del asociacionismo fortalecieron su posición de intermediarios entre la comunidad italiana y las autoridades de Italia. Los líderes llevaron adelante una serie de reclamos políticos, previsionales y culturales que les permitieron fortalecer su ascendencia en el grupo. A medida que los inmigrantes italianos fueron obteniendo estos derechos, los dirigentes se fueron posicionando como los representantes naturales, a pesar de que la mayoría de los inmigrantes italianos de la Argentina no participaban en el asociacionismo.

La promoción de la cultura italiana a través de los periódicos comunitarios y las distintas instituciones italianas en el país, como el Istituto Italiano di Cultura, el Teatro Coliseo de Buenos Aires o las asociaciones Dante Alighieri en diferentes ciudades del país, fortaleció el sentido de pertenencia y la difusión de la cultura italiana. Al mismo tiempo, los periódicos italianos de la Argentina también desempeñaron un importante rol en esta divulgación, por lo que los líderes impulsaron y apoyaron estos emprendimientos culturales del gobierno peninsular que permitían el fortalecimiento de la identidad comunitaria. La manifestación de los distintos reclamos sobre la cultura italiana en la Argentina por parte de los dirigentes del asociacionismo puso en evidencia su participación activa en este proceso.

Sin embargo, los estereotipos sobre los italianos, arraigados a principios del siglo xx, fueron reemplazados, a partir de la década de 1960, por una nueva imagen en la que los inmigrantes eran representados en función de su capacidad de ascenso social. Luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, la recuperación económica de Italia produjo un cambio por parte de los inmigrantes italianos respecto a la imagen que tenían de su país de origen. Entendemos que es posible que la integración de Italia a Europa y su crecimiento económico hayan contribuido a esta revalorización cultural. En este nuevo imaginario, los empresarios italianos resultaron ser los máximos exponentes de la comunidad italiana al haber logrado cierto “éxito económico”.

Luego de la posguerra de la Segunda Guerra, FEDITALIA fue adquiriendo un posicionamiento central dentro de la estructura del asociacionismo italiano de la Argentina. A medida que se consolidaban nuevas asociaciones y federaciones, comenzaron a surgir, entre los grupos dirigentes, algunos enfrentamientos que pusieron en evidencia la necesidad de reorganizar la estructura del asociacionismo.

Aunque no fue sencillo de implementar, a principios de la década de 1970, FEDITALIA se transformó en una confederación y progresivamente fue nucleando al resto de las instituciones a través de las distintas federaciones. Este importante hito logrado al comienzo de la presidencia de Luigi Pallaro lo posicionó como el dirigente más importante del asociacionismo italiano de la Argentina durante el último tercio del siglo xx.

Los congresos de FEDITALIA habían surgido como instrumentos de sostenimiento y propaganda de los dirigentes que conducían la Federación durante la última etapa de intervención política. Sin embargo, luego de la renovación dirigencial, continuaron organizándose como una forma de legitimar las transformaciones y reformas estatutarias de la entidad. Al mismo tiempo, sirvieron para convocar a los dirigentes italianos del interior del país y para presentarse en igualdad de condiciones ante sus pares de Buenos Aires.

En paralelo a esta reorganización, los líderes comunitarios comenzaron a fortalecer los vínculos con funcionarios y representantes de los partidos políticos italianos, los que fueron teniendo una presencia cada vez más importante en la Argentina. Durante este período comenzó a emerger un nuevo enfrentamiento entre los dirigentes del asociacionismo, principalmente debido al posicionamiento político e ideológico de cada sector. A pesar de que, durante la década de 1970, estos grupos dirigenciales habían tenido una actitud diferente ante las violaciones de derechos humanos en la Argentina, con el estallido de la guerra de Malvinas y la recuperación democrática, pudieron establecer alianzas para emprender acciones concretas ante el gobierno italiano.

Nuestra hipótesis específica establecía que los reclamos de estos líderes fueron definiendo las políticas emprendidas por el gobierno italiano para todos los ciudadanos residentes en el extranjero. A fin de analizar la relación entre esas demandas y las respuestas, sería necesario contrastarla con la de otras comunidades de emigrantes italianos y realizar un análisis incorporando otras fuentes que permitan exponer las discusiones parlamentarias o las fundamentaciones de las leyes respecto a este tema. Asimismo, sostenemos que existe una relación de concordancia entre muchos de los reclamos realizados por los dirigentes de los italianos en la Argentina y los derechos que el gobierno italiano fue otorgando progresivamente a los emigrados, lo que adquiere aún más relevancia si se tienen en cuenta los vínculos entre los líderes del asociacionismo y las distintas fuerzas políticas.

El análisis de las visitas de los presidentes italianos a la Argentina a comienzos de la década de 1960 ha puesto de relieve el respaldo otorgado por el gobierno italiano a la conducción de la comunidad encabezada por FEDITALIA, integrada por líderes de distintos posicionamientos ideológicos y con una fuerte injerencia de los empresarios. Estos encuentros permitieron demostrar la capacidad de los dirigentes para interpelar directamente al gobierno italiano.

Al mismo tiempo, quedó expuesta la voluntad del Estado italiano para construir canales de diálogo con las comunidades italianas a través de los dirigentes del asociacionismo. La organización de la Conferencia Nazionale dell’Emigrazione en los años 1975 y 1988 representa la máxima expresión de esta política, ya que convocó en Roma a los representantes de los italianos residentes en el extranjero para debatir acerca de las distintas problemáticas.

A pesar de los enfrentamientos entre los grupos dirigentes de la comunidad italiana de la Argentina, quedó demostrado que, durante el proceso de preparación de estos congresos, había espacio para las negociaciones y para la elaboración de propuestas comunes. En el caso de la edición de 1975, la etapa previa de debates, conducida durante dos años por FEDITALIA, puso en evidencia la vigencia del asociacionismo italiano en la Argentina en un período relativamente tardío del ciclo migratorio. Durante esta etapa, la Confederación adquirió una centralidad inusitada que se evidenció por su capacidad para organizar eventos con una importante respuesta a su convocatoria.

Un detalle sumamente interesante es que el período de mayor auge de FEDITALIA, cuando llegó a agrupar a la gran mayoría de las federaciones italianas del país, y en el que sus dirigentes se convirtieron en los principales interlocutores del grupo con representantes oficiales de Italia y la Argentina, tuvo lugar en una etapa tardía del fenómeno migratorio italiano en la Argentina. A partir de la lectura y el análisis de las fuentes, concluimos que los años de mayor actividad de la institución transcurrieron entre mediados de las décadas de 1960 y 1990.

Un aspecto interesante es que, a lo largo de esta investigación, ha quedado expuesto el rol preponderante que desarrollaron los periódicos italianos de la Argentina en la construcción del liderazgo en la comunidad. Todos los grupos dirigentes aquí analizados han contado con, al menos, una publicación que actuaba como órgano de divulgación de las ideas y los proyectos colectivos. También se ha podido comprobar que, al frente de estos periódicos, estaban los líderes que desempeñaban cargos dirigenciales en las asociaciones italianas, produciéndose así una sinergia entre estos dos ámbitos. Los representantes de los diarios y las asociaciones actuaron de forma coordinada al momento de visibilizar los reclamos comunes y de participar en congresos y en entrevistas ofrecidas por el gobierno italiano.

La tercera hipótesis específica que planteamos refería a que, ante el establecimiento del derecho al voto para los ciudadanos italianos en el extranjero, cambió el modo en que fue ejercido el liderazgo en la comunidad italiana de la Argentina, así como las relaciones entre los líderes y los espacios de sociabilidad. Respecto al derecho a la participación política, se ha demostrado que el derecho al voto para los emigrados fue uno de los principales reclamos de los líderes del asociacionismo. Luigi Pallaro se ha convertido en uno de los más destacados dirigentes que impulsaron esta demanda en distintos ámbitos de participación. Asimismo, los periódicos italianos de Buenos Aires realizaron un seguimiento permanente de este tema durante el último tercio del siglo xx.

En comparación con otros países europeos –Alemania Federal, Dinamarca, España y Portugal–, Italia postergó el otorgamiento de este derecho para los emigrados, ya que no lo concretó hasta principios del siglo xxi. En nuestra investigación ha quedado en evidencia que los periódicos italianos de Buenos Aires atribuyeron esto a la imposibilidad de establecer un acuerdo político entre las distintas fuerzas parlamentarias. Como respuesta a las demandas de los residentes en el extranjero, el gobierno italiano conformó los COMITES hacia fines de la década de 1980. Estos organismos de representación contaban con miembros elegidos por las diversas comunidades, por lo que estas elecciones se presentaron como la antesala del voto de los emigrados para las elecciones parlamentarias.

Los dirigentes del asociacionismo italiano en la Argentina, conducidos por FEDITALIA, aprovecharon los comicios de los COMITES para continuar con el reclamo por el derecho al voto. Durante estas primeras elecciones, los líderes de Buenos Aires reivindicaron su carácter institucional conformando listas que reflejaban su pertenencia al asociacionismo. La mayoría de los representantes elegidos provenían de estas asociaciones y contaban con el respaldo de sus instituciones. La participación de los partidos políticos italianos en la Argentina puso en evidencia la importancia de estos organismos. Al mismo tiempo, los magros resultados electorales alcanzados reflejaron una mayor capacidad de representación de los dirigentes comunitarios que los de estas fuerzas políticas.

La sanción del derecho al voto en el año 2001 fue la conclusión de un proceso –que llevó más de cuarenta años– encabezado y sostenido por los líderes del asociacionismo italiano de la Argentina. La participación de los dirigentes en las elecciones parlamentarias da cuenta de que se habían constituido como los principales representantes del grupo. La conformación de partidos políticos como desprendimientos de las asociaciones italianas fue un reflejo de la importancia de estas instituciones en la comunidad. Estas entidades lograron continuar en funcionamiento hacia principios del siglo xxi, aun cuando los flujos migratorios de italianos habían decaído hacia mediados de la década de 1950.

La supervivencia de estas asociaciones fue un tema sumamente importante para los líderes hacia fines del siglo pasado. Desde FEDITALIA se llevó a cabo un proceso de renovación de la comunidad al convocar a los hijos y nietos de los inmigrantes. Sin embargo, su implementación no fue sencilla debido a distintos factores. Nunca estuvo claro cómo debían adaptarse estas instituciones para convocar a los jóvenes italoargentinos. Tampoco se estableció un proceso de renovación dirigencial, por lo que muchas asociaciones continuaron siendo lideradas por los dirigentes de larga trayectoria, mientras se limitaba el rol de los jóvenes.

La organización de los congresos de los jóvenes italoargentinos de FEDITALIA tuvo lugar casi diez años después de haber sido propuestos. Estos eventos fueron importantes porque convocaron a una nueva generación de futuros líderes a discutir propuestas y establecer vínculos con otros pares. Entendemos que la realización anual de estos congresos en distintas ciudades del país pudo haber actuado como un incentivo para promover el acercamiento de los descendientes de italianos a participar en el asociacionismo.

Un lineamiento importante a tener en cuenta para comprender el éxito de estos congresos es entender que aprovecharon la participación de muchos descendientes de italianos que habían reconocido este aspecto de su identidad, a partir de las políticas implementadas por los gobiernos de las regiones italianas que otorgaban distintos beneficios a través de las asociaciones de carácter regional.

Sin embargo, resulta necesario mencionar que los congresos de los jóvenes italoargentinos organizados por FEDITALIA no sirvieron para promover una renovación dirigencial liderada por quienes ocupaban los cargos representativos más importantes. Durante el desarrollo de este tema, ha quedado demostrado que estos congresos estuvieron fuertemente limitados a la voluntad de los dirigentes más antiguos. No hemos podido comprobar que se hayan implementado propuestas de relevancia formuladas por los jóvenes.

Lo que, sin dudas, contribuyó a acelerar la incipiente renovación dirigencial en el asociacionismo italiano de la Argentina fue la actualización del estatuto de FEDITALIA en 1995. Allí se establecía que, entre los representantes de las distintas federaciones en las asambleas de la Confederación, debía haber al menos una mujer y un joven, lo que se fue implementando progresivamente en muchas federaciones. Las asociaciones de base comenzaron a estar dirigidas por nuevos líderes italoargentinos que fueron impulsando sus propias motivaciones. Esto quedó en evidencia cuando se produjo una profunda división entre los dirigentes de la comunidad italiana de la Argentina luego de la primera elección parlamentaria del año 2006. Las características singulares de la circunscripción de América Meridional llevaron a que se impusiera en las elecciones parlamentarias un partido propio de los emigrados con una fuerte impronta del asociacionismo italiano de Argentina. El grupo conducido por Luigi Pallaro no pudo evitar el desprendimiento de Ricardo Merlo, quien en muy poco tiempo conformó un nuevo partido político de similares características. Si bien no fue una escisión estrictamente generacional, la ruptura entre estos dos dirigentes se puede comprender a partir de sus trayectorias.

La renovación dirigencial que pretendió llevar a cabo FEDITALIA nunca terminó de implementarse completamente y se fue demorando al ritmo de las elecciones parlamentarias. El histórico presidente Luigi Pallaro presidía la principal entidad de la comunidad y era el máximo referente del partido político de la comunidad italiana de la Argentina. Al mismo tiempo, presidía una importante entidad, la Cámara de Comercio Italiana en Buenos Aires, y formaba parte de otras, como la Sociedad de Beneficencia del Hospital Italiano y el Círculo Italiano. Al ser un destacado empresario, tenía la capacidad económica y los vínculos políticos necesarios para respaldar su posición de liderazgo.

Ricardo Merlo contaba con un capital político menos relevante, pero demostró tener una mayor capacidad para construir relaciones con otros líderes y representantes institucionales. Esto le permitió conformar una estructura capaz de superar a su antiguo mentor y prominente adversario político. A partir de este enfrentamiento, la comunidad estuvo fuertemente dividida. Pallaro continuó al frente de FEDITALIA durante casi diez años más, pero esta institución fue teniendo cada vez menor capacidad de injerencia en el grupo. Al mismo tiempo, Merlo fue consolidándose como el principal dirigente de la comunidad italiana de la Argentina a partir de su incorporación al Parlamento italiano, de la creciente trascendencia regional de la fuerza política que dirigía y de los vínculos establecidos con otros dirigentes.

Aun cuando el asociacionismo atravesaba un importante retroceso, la decisión de Pallaro de dejar la presidencia de FEDITALIA y dirigir su sucesión puso en evidencia la importancia de estas instituciones. El enfrentamiento entre dos sectores dirigenciales, que se expresaba principalmente en las elecciones parlamentarias italianas, atravesó la renovación dirigencial de la Confederación y reveló la incapacidad de los antiguos dirigentes para hacer frente a los nuevos.

A lo largo de la presente investigación, hemos expuesto la importancia de las asociaciones italianas de la Argentina durante todo el período de estudio no solo por la función social que han desempeñado –que fue cambiando de carácter y variando su trascendencia–, sino también por su capacidad para constituirse como espacios de poder de los dirigentes que las conducían. En este sentido, ha quedado demostrada nuestra hipótesis general que planteaba que estos ámbitos se constituyeron como lugares propicios para el desarrollo de diversos tipos de liderazgo.

Las necesidades materiales de la comunidad italiana de la Argentina impulsaron la conformación de estas entidades –a mediados del siglo xix– para cumplir fines concretos. Desde el comienzo fueron conducidas por líderes que las pusieron al servicio de motivaciones personales y colectivas más amplias. Estos dirigentes emprendieron alianzas estratégicas y vínculos interpersonales con otros líderes de asociaciones y de periódicos, posicionándose como representantes sectoriales. Esto les permitió interactuar con diplomáticos italianos en la Argentina y con funcionarios gubernamentales.

La conducción de estas asociaciones contribuyó a consolidar la posición de prestigio de los líderes en el interior del grupo, mientras que les brindaba una base de representatividad para interactuar en escenarios más amplios y utilizar esto en beneficio personal. No resulta extraño que, al frente de estas instituciones, se encontraran muchos de los más importantes empresarios de la comunidad italiana de la Argentina, lo que ha sido una constante desde mediados del siglo xix hasta fines del xx.

El ejemplo más claro del rol desempeñado por los empresarios italianos en el asociacionismo es la propia FEDITALIA. Solo para tener en cuenta, tres personas ostentaron el título de presidente honorario: Vittorio Valdani, Agostino Rocca y Luigi Pallaro, todos ellos importantes empresarios. Valdani ha tenido injerencia en la institución desde las sombras, seleccionando dirigentes acordes a sus intereses. Rocca, por su parte, ha sido un importante benefactor de la comunidad, y ha rechazado en más de una oportunidad el ejercicio directo del cargo. Luigi Pallaro fue el presidente que más años se ha desempeñado en el cargo mientras ejercía casi de forma simultánea la presidencia de la Cámara de Comercio Italiana en la República Argentina.

Los casos de Rocca y Pallaro nos permiten suponer que muchos de estos líderes se han abocado a la participación asociativa para contribuir con la comunidad desde una perspectiva altruista, ya que de esta forma se presentaban ante el grupo. Pero, si consideramos el caso de Pallaro y el de muchos otros líderes de las décadas de 1980 y 1990, también podemos inferir que en el horizonte había un interés particular por la participación política en Italia a partir del reclamo por el derecho al voto para los ciudadanos en el extranjero.

El asociacionismo italiano permitió a los dirigentes más importantes trascender el espacio limitado de estas entidades y construir lazos con funcionarios y autoridades de Italia y Argentina. Durante las primeras elecciones en las que participaron los ciudadanos italianos residentes en el extranjero, los principales representantes políticos del grupo provenían del ámbito asociativo e incluso, en un período tardío de este proceso, se disputaron la conducción de estas entidades para contar con mayor legitimidad. Muchos dirigentes de estas asociaciones tuvieron participación en los partidos políticos argentinos, lo que podría evidenciar que la representación de un colectivo inmigratorio constituyó un capital político para estos líderes.

Una primera línea de investigación que se desprende de la presente indagación se relaciona con las motivaciones que tuvieron los dirigentes de las asociaciones de base que no trascendieron a la comunidad. Aquí se podría profundizar acerca del interés que tenían los líderes en participar y conducir estas entidades brindando su tiempo, experiencia y capital personal al servicio comunitario. Siguiendo esta perspectiva sería posible analizar las identidades colectivas de los inmigrantes italianos que participaron del asociacionismo en diferentes períodos. También sería interesante comprender cómo era la relación de estos pequeños y medianos dirigentes con los grandes líderes y empresarios, desde la perspectiva de los primeros. En nuestra investigación hemos identificado que, para afrontar distintos procesos, los líderes más importantes debían negociar y construir consenso con los pequeños y medianos dirigentes. Saber cómo estos concebían esas negociaciones nos permitiría una mejor comprensión del ejercicio del liderazgo.

Una segunda línea de indagación que se deriva de este trabajo se vincula con la permanencia de líderes y asociaciones fascistas en la Argentina durante la década de 1960 y su relación con otros ámbitos de la sociedad receptora, como funcionarios de gobierno, fuerzas políticas de Italia y Argentina, Fuerzas Armadas y otras organizaciones sociales. También sería importante investigar la capacidad de convocatoria que tenían estas asociaciones fascistas, hasta qué tiempo continuaron siendo relevantes y qué rol desempeñaron durante el contexto de creciente represión en la Argentina –teniendo en cuenta los sólidos vínculos entre miembros de los gobiernos de ambos países durante las décadas de 1970 y 1980–.

Estas dos líneas de investigación que se desprenden permitirían tener una mayor comprensión acerca de los liderazgos en las asociaciones de base y los vínculos que estos dirigentes mantuvieron con otros actores sociales. El desarrollo de los liderazgos a gran escala en el asociacionismo italiano aquí abordado plantea el interrogante acerca de cómo se manifestaba a niveles inferiores. La decisión metodológica de extender el período de estudio hasta el pasado reciente asumida en este trabajo pone de manifiesto la necesidad de continuar indagando acerca de las motivaciones que tuvieron los líderes italianos e italoargentinos para desempeñar cargos dirigenciales hacia fines del siglo xx y principios del xxi.



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