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1 Inmigración italiana
en la Argentina y liderazgo “étnico” desde una perspectiva histórica

El propósito de este capítulo es analizar determinados aspectos de la inmigración italiana en la Argentina a partir de la amplia producción historiográfica desarrollada sobre el tema. El estado de la cuestión sobre la evolución de la comunidad italiana en este país nos brindará el contexto necesario para comprender los diferentes procesos que abordaremos en los sucesivos capítulos de esta investigación.

Para cumplir este objetivo, hemos dividido el proceso de la inmigración italiana en la Argentina en dos grandes etapas o períodos, tomando como referencia el tratamiento académico que ha tenido el tema. El primero de los períodos abarca desde mediados del siglo xix hasta mediados de la década de 1940, mientras que el segundo comienza donde termina el anterior y se extiende hasta fines del siglo xx. Esto nos permitirá demostrar la gran producción historiográfica que ha tenido la etapa denominada como “inmigración masiva” y el período de entreguerras, y nos dará la posibilidad de comprender aquellos temas que han llevado a este campo de estudio a explorar diversas problemáticas de los inmigrantes italianos de la Argentina durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y las décadas posteriores.

Respecto a cada uno de estos períodos, realizaremos una descripción cuantitativa de la inmigración italiana a la Argentina y el contexto político en el que se produjo, lo que nos permitirá comprender las particularidades de cada proceso. Luego analizaremos las características generales del asociacionismo italiano, espacio que constituye uno de los ámbitos principales de nuestra investigación, y algunos procesos internos de la comunidad italiana. Por último, llevaremos a cabo una reseña general de la prensa italiana en la Argentina de cada período con el objetivo de introducir sus características más importantes y hacer referencia a las publicaciones más destacadas.

A continuación de estos dos primeros apartados, describiremos los principales aportes historiográficos realizados sobre el liderazgo “étnico” para el caso de los inmigrantes italianos en la Argentina. Esto nos ayudará a comprender cuáles son las posibilidades de abordaje que ofrecen los estudios migratorios sobre este tema, al tiempo que nos enfocará hacia el desarrollo de los interrogantes que nos planteamos en el presente trabajo. También incorporaremos diversas investigaciones que se han centrado en empresarios de la comunidad italiana en la Argentina y su relación con el asociacionismo. Esto resulta sumamente interesante, ya que muchos han consolidado su liderazgo a partir de una activa participación en el asociacionismo y el financiamiento de distintos emprendimientos.

1.1. La inmigración italiana en Argentina a fines del siglo xix y principios del xx

Durante la etapa de consolidación del Estado nación en la Argentina, a mediados del siglo xix, hubo consenso dentro de la elite política en torno a promover el arribo de inmigrantes europeos con el objetivo de poblar el territorio.[1] Sin embargo, los registros históricos dan cuenta de la presencia de inmigrantes italianos en el actual territorio sudamericano desde tiempos remotos, incluso antes de su independencia de los dominios españoles. Con el antecedente de estas primeras migraciones y considerando las posibilidades de desarrollo que presentaba el área rioplatense, no debe sorprender que la inmigración italiana constituyera una de las comunidades más importantes en el marco de la inmigración de masas de fines de siglo xix y principios del xx. En esta etapa, las principales características de los inmigrantes italianos fueron una gran diversidad de sus lugares de procedencia, una marcada tendencia a asentarse progresivamente en la actual región metropolitana de Buenos Aires y, en menor medida, en el litoral del país, la particularidad de que las familias fueran unidades de migración, ya sea de forma conjunta o a través de un proceso de reunificación, y una amplia diversificación social y ocupacional.[2]

Mientras que, hacia fines el siglo xix, en Argentina se estaba llevando adelante el proceso de conformación del Estado, en el que se esperaba que los inmigrantes desempeñaran un rol específico, en Italia tuvo lugar el Risorgimento.[3] La unión de los diferentes estados de la península abrió las puertas a la disputa en torno al régimen que debería adoptar la nación. Estos enfrentamientos entre monárquicos y republicanos se replicaron en las comunidades de italianos en el extranjero. Sin embargo, es preciso mencionar que el proceso de conformación del Reino de Italia produjo una gran cantidad de exiliados y emigrados políticos no solo republicanos, sino también anarquistas y socialistas, muchos de los cuales tuvieron un destacado papel en el desarrollo del movimiento obrero argentino.[4]

Ahora bien, para caracterizar a estos inmigrantes italianos a partir del lugar de procedencia, es posible mencionar que, al comienzo de este período, entre 1880 y 1884, el 23,4 % de los italianos que arribaron a la Argentina era de la región meridional e insular. Este porcentaje fue aumentando progresivamente, hasta alcanzar el 52,5 % entre 1925 y 1929. Podemos agregar que, entre 1880 y 1929, el 39 % de emigrantes italianos a cualquier destino provenía del sur de la península.[5]

Si bien en términos cuantitativos la inmigración italiana en los EE. UU. fue bastante mayor que en la Argentina, la comparación entre ambos procesos de la región de origen de los migrantes nos permite identificar algunas características sumamente relevantes. En primer lugar, debemos mencionar que los italianos del centro y norte de la península tuvieron una mayor inclinación por la Argentina como país de destino, mientras que los del sur prefirieron los EE. UU. Los inmigrantes del mezzogiorno –sur de Italia– representan el 80 % de la inmigración italiana en el país del norte, entre 1876 y 1930; mientras que, en el caso del país sudamericano, representan el 47 %. Esto imprimió características distintivas a cada comunidad migrante. En el país austral, los niveles de alfabetización de los inmigrantes italianos fueron mayores, y las diferencias entre los mercados laborales de ambos países incidieron en que los italianos de la Argentina tuvieran una mayor capacidad de ahorro que los de EE. UU., lo favoreció, en muchos casos, el ascenso social de los inmigrantes.[6]

Al analizar las regiones de procedencia, observamos que, de los más de dos millones ciento setenta mil italianos arribados a la Argentina entre 1876 y 1925, la región que más inmigrantes aportó fue Piamonte, con el 17 %, seguida por Calabria, con el 13 %, y Sicilia y Lombardía, con el 11 % cada una, como se pone de manifiesto en el siguiente gráfico.[7]

Gráfico n.º 1. Región de origen de los inmigrantes italianos de Argentina (1876-1925)

Fuente: elaboración propia a partir de la información brindada por Commissariato generale dell’emigrazione, Annuario Statistico dell’emigrazione italiana dal 1876 al 1925, con notizie sull’emigrazione negli anni 1869-1875, Roma: L’Universale, 1926, p. 150.

Con respecto al asociacionismo migratorio de este período, debemos mencionar que la característica de los “mazzinianos” en Argentina –denominación utilizada para referir a los republicanos que apoyaban las ideas de Giuseppe Mazzini acerca de una única república independiente y libre en la península– fue la capacidad para el desarrollo de asociaciones de carácter nacional dejando de lado las diferencias regionales en un primer momento. Esta vocación de conformar espacios de participación cultural, deportiva o mutual para toda la comunidad más allá de sus ideas políticas fue la principal razón de su éxito.[8]

Las diferencias entre la comunidad de origen y la comunidad de destino del inmigrante llevaron a estos individuos a reproducir distintos aspectos de su cultura, manifestando una idealización e incluso una resignificación de esta.[9] Una porción importante de estas asociaciones se constituyó como espacio de ayuda a través de las sociedades de socorros mutuos. En el caso italiano, se conformaron asociaciones de carácter nacional hacia mediados del siglo xix, pero, a partir de 1870, comenzaron a consolidarse las asociaciones con base en el regionalismo o campanilismo, marcando el crecimiento de esta comunidad y su diversificación en la Argentina.[10]

Según el censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1904, había ochenta y cinco asociaciones italianas que reunían cerca de cuarenta y ocho mil setecientos socios, mientras que las españolas eran diecinueve y contaban con un poco más de veinticinco mil afiliados. Muy por detrás estaban las asociaciones francesas, inglesas y alemanas, con doce asociaciones la primera y siete las otras dos. Entre las tres no superaban los siete mil quinientos socios.[11]

Respecto a la intervención de las italianas en estos espacios, debemos mencionar que, en 1904, solo representaban el 17 % de los asociados, casi ocho mil quinientas.[12] Diez años después, las asociaciones italianas reunían a más de veinte mil mujeres, aproximadamente el 12 % del total.[13] La participación de las inmigrantes italianas en estos espacios se dio a través de instituciones que asociaban a hombres y a mujeres, y a través de aquellas entidades que estaban compuestas exclusivamente por mujeres –creadas específicamente para este fin o como un desprendimiento de una asociación de hombres ya existente–. En 1914, las instituciones relevadas que asociaban únicamente a mujeres eran diez. La mayoría de estas cumplía funciones de beneficencia.[14]

Resulta interesante profundizar algunas cuestiones sobre el surgimiento de las asociaciones italianas conformadas para celebrar a los santos del lugar de origen. La importancia de estas figuras religiosas en la comunidad se debió a que la fiesta del santo patrono está vinculada con una antigua tradición arraigada a una fuerte identificación local. Este tipo de asociaciones tenía cierta autonomía ante la parroquia en cuanto a que organizaba y profesaba la celebración a un santo que remitía a su lugar de origen sin participación directa de la Iglesia. El rechazo de los inmigrantes italianos a “modernizar” este culto radicaba en el deseo de mantener intacto el símbolo y la encarnación de su propia identidad. Así, la fiesta del santo patrono contribuyó a reforzar una identidad construida a partir de las experiencias de los inmigrantes en el país de destino.[15]

Mientras que muchos inmigrantes italianos se vincularon a través de asociaciones propias, otros más cercanos a las ideas anarquistas y socialistas participaron activamente del movimiento obrero argentino. Debido a esto, el gobierno peninsular continuó vigilándolos, incluso luego del arribo al país sudamericano, sin importar si seguían o no participando en política. El asesinato del rey Umberto I, en 1900, tuvo como consecuencia el aumento de las expulsiones de disidentes y opositores por parte de Italia.[16] La exacerbación de la opinión pública y política respecto al rol de los inmigrantes en las organizaciones obreras, en especial en las anarquistas, tuvo como corolario la sanción de la Ley de Residencia en 1902, que permitía al gobierno argentino la expulsión de los inmigrantes a su país de origen.[17]

La importante migración de italianos hacia la Argentina cayó drásticamente hacia las primeras décadas del siglo xx debido al estallido de la Gran Guerra, al ascenso del fascismo y a la crisis económica de 1929. Ante el comienzo de la Primera Guerra Mundial, el fenómeno migratorio internacional se vio interrumpido para restablecerse hacia comienzos de la década de 1920. Sin embargo, en 1927 el régimen fascista impuso disposiciones restrictivas que dificultaban la posibilidad de emigrar de Italia. Una de ellas se refería a la obligatoriedad de contar con un certificado de empleo para dejar el país, lo que produjo una drástica disminución de migrantes al extranjero.[18]

Respecto a la relación entre estos inmigrantes y su país de origen, debemos mencionar que, para principios del siglo xx, los italianos en la Argentina fueron concebidos por el nacionalismo peninsular como una comunidad desconectada. Se pensaba que los emigrantes no mostraban interés ni compromiso con lo que ocurría en Italia. Sin embargo, las manifestaciones de apoyo de la comunidad italiana en la Argentina ante el estallido de la guerra con Libia en 1911 mostraron que esto distaba de ser cierto. En consecuencia, se produjo un cambio de perspectiva sobre los italianos en el extranjero, y, con el ascenso del fascismo, los emigrados pasaron a formar parte de la política imperial del régimen.[19]

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se multiplicaron las movilizaciones y actividades propagandísticas de las comunidades de inmigrantes de la Argentina. La posición neutral adoptada por el país sudamericano, condicionada por los intereses económicos establecidos con los países beligerantes, dio lugar a que los enfrentamientos entre “germanófilos” y “aliadófilos” fueran incrementándose al calor de los avatares la guerra. En el caso de la comunidad italiana, es preciso señalar que, en comparación con otras comunidades inmigrantes europeas en Argentina, el grado de movilización de los italianos fue menor y que, a diferencia de los franceses y británicos, la ayuda italiana se centró en la comunidad local a través de acciones puntuales como, por ejemplo, contribuciones a las familias de los combatientes.[20]

El tema de las deserciones cobró suma relevancia para las autoridades italianas de la época, ya que el nivel de retornos de los emigrados que estaban obligados a enlistarse fue bajo, alrededor del 25 %. Esto contrastó con el fuerte apoyo de las comunidades italianas en el extranjero al país de origen ante la incursión de Italia en la guerra, a través de manifestaciones y recaudación de fondos. De todas formas, Argentina fue el país de Sudamérica que más movilizados aportó, ya que, de los casi cincuenta y un mil retornados del subcontinente entre 1915 y 1918, cuarenta mil correspondieron al país austral.[21]

Desde la década de 1920, las diferencias entre fascistas y antifascistas atravesaron los diversos espacios de participación de la comunidad. En la Argentina esto abrió la puerta a varios proyectos del régimen fascista y de sus simpatizantes, como el desarrollo de negocios, los vínculos de funcionarios con los líderes de la comunidad en la Argentina, el establecimiento de colonias y el financiamiento de periódicos “étnicos”, entre otros.[22]

Algo sumamente interesante sobre lo que se debiera llevar adelante una investigación más exhaustiva es el desarrollo que tuvo el “nacionalismo antifascista” en la comunidad italiana de la Argentina. Eric Hobsbawm hace referencia a este concepto para describir el proceso que tuvo lugar desde la década de 1920 en ciertos países de Europa occidental –como Gran Bretaña o Francia– donde el fascismo no se impuso y el creciente enfrentamiento contra los regímenes totalitarios hizo posible el retorno de la combinación de las identidades nacionales con las de clase. Así, el nacionalismo volvió a estar presente en muchos movimientos de clase como había ocurrido durante el siglo xix.[23]

Del mismo modo, es posible pensar que, a los inmigrantes italianos de la Argentina, el nacionalismo antifascista les permitió reforzar determinadas identidades colectivas de una parte del grupo, al tiempo que los impulsó a emprender ciertas acciones públicas. En ese marco de profundo enfrentamiento con los líderes fascistas, este proceso dinamizó a la comunidad mediante la publicación de nuevos periódicos, el aumento de las actividades de las asociaciones y el incremento de los actos masivos.[24]

Si se analiza la cantidad de instituciones activas en la década de 1940, se evidencia una disminución en la cantidad de asociaciones mutuales italianas. Esto se debió a una fuerte crisis generalizada que atravesó a todas estas instituciones en la Argentina a causa del déficit financiero sostenido que presentaban desde la década de 1920. Las sociedades de socorros mutuos alcanzaron los límites de sus posibilidades para sostener las prestaciones, y, a partir de mediados del siglo xx, el sistema de salud atravesó una profunda transformación que incluyó, por ejemplo, mayor presencia del Estado en la generación de servicios médicos.[25]

En el caso de los italianos, también influyó el hecho de que, con el arribo de nuevos migrantes luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, surgieron nuevas asociaciones debido a las diferencias que se percibían entre los ya emigrados y los nuevos inmigrantes,[26] aunque debemos mencionar que estas nuevas asociaciones se integraron al resto de la comunidad y que con el tiempo las diferencias entre ambas se diluyeron. Además, es posible pensar que la pérdida de importancia de las sociedades de socorros mutuos se haya debido al desarrollo de un sistema público de salud por parte del Estado argentino.[27]

Respecto a los periódicos “étnicos” italianos, debemos mencionar que en la Argentina tuvieron una gran influencia en la comunidad. Se estima que, entre 1856 y 1955, hubo trescientos sesenta títulos, de los cuales cincuenta y dos eran publicaciones diarias.[28] Luego de la consolidación del Estado italiano, en la década de 1880, terminó la etapa de los periódicos como órganos políticos, caracterizada por el apoyo o la oposición al régimen monárquico, y comenzó un período dominado por la cultura y la información. Como consecuencia de este cambio, y en el contexto de la “inmigración masiva”, la cantidad de tiradas diarias se multiplicó y surgieron diversas publicaciones. Desde fines del siglo xix y hasta la Primera Guerra Mundial, se destacó el periódico italiano más importante: La Patria degli Italiani (1876-1931). Fundado por Basilio Cittadini, el principal objetivo de esta publicación fue la formación de una consciencia nacional en sus lectores y la promoción de una identidad colectiva en la elite dirigente. A partir de 1890, La Patria degli Italiani entró en su “período de oro”, llegando a ser por varios años el tercer periódico de mayor tirada en la Argentina luego de La Nación y La Prensa.[29]

Posteriormente, durante el período de entreguerras, las publicaciones comenzaron a dividirse según su apoyo u oposición al fascismo. Los periódicos más relevantes fueron L’Italia del Popolo (1917), que era abiertamente antifascista, e Il Mattino d’Italia (1930-1944), la publicación más importante del régimen en el extranjero, fundada por Mario Appelius, quien lo dirigió al comienzo y a quien luego sucedió Michele Intaglietta. Durante este período los periódicos que apoyaban al gobierno italiano, al igual que en el resto del mundo, fueron utilizados como propaganda del régimen en la comunidad emigrada. Por su parte, L’Italia del Popolo, fundado por Folco Testena, era la única expresión con publicaciones diarias de la prensa italiana en el extranjero que no apoyó el régimen durante la década de 1920. En este contexto, estos dos periódicos entablaron fuertes debates que reflejaban la situación que atravesaba la comunidad italiana.[30]

1.2. El último ciclo de la inmigración italiana en el país sudamericano

Durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar el último ciclo de la inmigración italiana en la Argentina, que se extendió hasta principios de la década de 1960. Este ciclo se inició en el marco de una política migratoria emprendida por el gobierno peronista a partir de los lineamientos definidos en el Primer Plan Quinquenal, cuyos criterios migratorios aparecían vinculados a la necesidad de favorecer el desarrollo económico del país. Como señala Carolina Biernat, esta política se construyó a partir de “un cruce dinámico entre normas y prácticas” que estableció una política selectiva.[31] Dentro de este nuevo ciclo, italianos y españoles fueron los principales inmigrantes que arribaron a la Argentina.[32] De todas formas, lo ambicioso y optimista que resultó el Primer Plan Quinquenal contrastó con una realidad diferente: mientras que se esperaba el ingreso de cuatro millones de inmigrantes, apenas llegaron cerca de seiscientos diez mil, es decir, poco más del 15 % entre los años 1947 y 1951.[33]

El problema del desigual desarrollo que se estaba llevando adelante en Italia, a favor de un norte cada vez más rico y la migración de personas desde el sur, llevó al gobierno peninsular a promover la salida de trabajadores al extranjero. La emigración iba a cumplir las funciones de “drenar el exceso de oferta de mano de obra, garantizar el ingreso de divisas y descomprimir el conflicto social”.[34] Si bien, durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, la migración hacia otros países europeos resultó bastante complicada debido a las consecuencias del conflicto, conforme se desarrollaba el proceso de reconstrucción fue aumentando la demanda de mano de obra en el continente. Una característica de los italianos que decidieron migrar a cualquier destino entre 1946 y 1965 la constituye el hecho de que el 58 % provenía del sur del país, zona que albergaba al 37 % del total de la población.[35]

En el caso de los inmigrantes italianos que eligieron la Argentina durante este período, los años en los que se registra la mayor cantidad de arribos fueron los comprendidos entre 1946 y 1951. Esto se debió a que, a pesar de que Italia continuó siendo un país con un saldo migratorio negativo hasta la década de 1960, la inestable situación económica en la que se encontraba Argentina a comienzos de la década de 1950 fue una de las principales causas que provocó que los inmigrantes italianos eligieran otros lugares de destino.[36]

El acuerdo establecido en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial entre todos los sectores políticos de Italia que veían en la emigración de trabajadores una alternativa a los problemas laborales finalizó hacia principios de la década de 1960, con la eliminación del servicio de orientación y salvaguarda de los emigrantes. Se entendía que el pleno empleo en el norte y la migración interna alcanzarían para remediar las deficiencias del mercado laboral en el resto del país. Posteriormente, se desarrollaron distintas políticas destinadas a aquellos italianos que se encontraban en el extranjero o bien para quienes comenzaron a regresar a la península cuando la “crisis del petróleo” produjo un importante retorno de emigrados, principalmente los que se encontraban en otros países de Europa. A partir de esta época, Italia comenzó a tener un saldo positivo de migración con distintos países, y, para fines de 1970, el fenómeno migratorio hacia el exterior había disminuido notablemente.[37]

Entre 1946 y 1961, arribaron a la Argentina aproximadamente cuatrocientos ochenta y siete mil italianos. Tanto la Argentina como Italia aguardaban una expectativa mayor, ya que estos dos países habían firmado acuerdos bilaterales para los períodos 1947-1951 y 1952-1957 proyectando un flujo de quinientos mil inmigrantes en cada uno de estos períodos.[38] De todas formas, el último ciclo migratorio fue de gran importancia si consideramos que, al comienzo de él, la comunidad de italianos en Argentina era de setecientos ochenta y seis mil personas, según el censo de 1947, y, cerca del final de este ciclo, era, aproximadamente, de ochocientos setenta y ocho mil, según el censo de 1960. Del total de inmigrantes italianos arribados a la Argentina entre 1946 y 1965, el 76 % salieron del sur, mientras que el 11,7 % y el 12,3 % provenía del centro y norte de la península respectivamente, como se refleja en el siguiente gráfico.[39]

Gráfico n.º 2. Lugar de procedencia de los inmigrantes italianos arribados a la Argentina (1946 y 1965)

Fuente: elaboración propia a partir de la información brindada por Nascimbene, Mario (1995). Italianos hacia América: los flujos emigratorios regionales y provinciales peninsulares con destino al Nuevo Mundo (1876-1978). Buenos Aires: Centro de Estudios sobre Inmigración del Museo Roca, p. 21.

Como consecuencia de la declaración de lealtad al rey por parte de la Embajada de Italia y los distintos consulados en el país, en 1943 la Argentina interrumpió las relaciones diplomáticas con la República de Saló. Sin embargo, durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, se produjo un restablecimiento progresivo de las relaciones entre los gobiernos de ambos países, que daría inicio al último ciclo migratorio. Por disposición de las autoridades, las distintas embajadas italianas en el mundo debieron trabajar con las comunidades de inmigrantes italianos para lograr “la adhesión o la adecuación al orden democrático” y reconducirlas hacia un sentimiento de “italianidad”.[40]

En la Argentina había quedado una comunidad italiana dividida entre fascistas y antifascistas, incluso más allá de la década de 1950. Esta situación se debía, en parte, a la sólida estructura que había logrado establecer el régimen en el país.[41] Un ejemplo de esto lo constituye el hecho de que los fascistas hayan retenido la conducción de FEDITALIA hasta principios de la década de 1950.[42] De todas formas, la comunidad italiana en Argentina había sido menos permeable a la influencia del régimen que la comunidad italiana en Brasil, donde había logrado penetrar en la mayoría de las asociaciones, los periódicos y las escuelas de la comunidad.[43]

El último ciclo migratorio aportó nuevos actores que generaron sus propios espacios de participación. Las nuevas asociaciones fueron de carácter social, deportivo, cultural o religioso y, a diferencia de lo ocurrido anteriormente, en su gran mayoría, se conformaron sobre la base regional o local con una representación meridional muy fuerte.[44] Esto produjo un cambio en la composición de sus miembros ya que, por el tipo de actividades que desarrollaron, representaban a los sectores medios en ascenso que encontraban en este ámbito un espacio de esparcimiento e interacción social.[45]

En gran medida, la prolongación en el tiempo de estas asociaciones fue posible gracias a la importancia que tuvieron para los distintos gobiernos regionales de Italia que sostenían estos espacios de representación de la comunidad en el extranjero a través de diversos mecanismos. Por tal motivo, contrastando estos datos con lo que ocurrió en el período anterior, es posible hablar de una mayor cantidad de asociaciones, pero con un número menor de asociados.[46]

Una particularidad de estas nuevas asociaciones en Buenos Aires se vincula con su ubicación geográfica en la ciudad y sus inmediaciones. Si bien este es un tema que aún carece de un desarrollo suficiente, emergen algunos indicadores que ponen de manifiesto que la zona suroeste de toda el Área Metropolitana de Buenos Aires fue un importante espacio de asentamiento de italianos, razón por la cual muchas de estas nuevas asociaciones se establecieron allí. Solo para tener en cuenta, en los partidos de Lomas de Zamora y Morón, de la provincia de Buenos Aires, se constituyeron Consulados Honorarios. Estos organismos tenían la función de organizar y realizar trámites en el Consulado General de Buenos Aires a través de un representante autorizado. Debido a la gran cantidad de trámites, los Consulados Honorarios obtuvieron, posteriormente, reconocimiento oficial adquiriendo el estatus de Agencia Consular y pasando a depender del gobierno italiano.

A pesar de que los flujos migratorios de italianos a la Argentina se habían interrumpido casi dos décadas atrás, a partir de 1970, se consolidó un nuevo marco legal que dinamizó particularmente a la comunidad italiana de este país. La situación política y social de las comunidades italianas en el extranjero cobró suma importancia para el Estado, lo que se reflejó en el reconocimiento de determinados derechos. Varias de las demandas realizadas por los italianos en el extranjero durante la primera Conferenza Nazionale dell’Emigrazione de 1975, realizada en Roma, como la instauración de una pensión y el financiamiento a diferentes espacios de participación, fueron reconocidas por el Estado italiano a lo largo de las últimas décadas del siglo xx. Estas acciones consolidaron una forma de relación indirecta entre el gobierno y la comunidad emigrada que tuvo lugar a través de los líderes de asociaciones y representantes de diferentes organismos. Esta modalidad dejó de lado a la población que no participaba activamente en estos espacios, al tiempo que legitimó las distintas prácticas de los grupos dirigentes. Se trataba de una forma de relacionarse con los emigrados que se extendió hasta la instauración del voto italiano para los residentes en el extranjero.[47]

Si nos enfocamos en las identidades de estos emigrantes, debemos destacar el estudio realizado por Francesca Mazzuzi sobre los inmigrantes de Cerdeña en la Argentina luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. La autora plantea que, con el financiamiento de la región a las distintas asociaciones a partir de la década de 1980, aumentó la participación de los inmigrantes en estos espacios. De este modo, surgieron nuevas asociaciones y se llevaron adelante congresos de esta comunidad, lo que dinamizó a la población sarda. La ayuda de la región para sostener diversas actividades turísticas o culturales fue determinante para reforzar sus identidades.[48]

Asimismo, el trabajo de Gastón Gil sobre la reinvención de la etnicidad, a partir de una lógica instrumentalista en los descendientes de inmigrantes italianos durante las últimas décadas del siglo xx, dio cuenta de que la esperable tendencia a la disminución de la participación en las asociaciones, debido a la contracción de la comunidad italiana, se vio revertida durante un período de tiempo determinado.[49]

Consideramos que, a pesar de las políticas llevadas adelante por el gobierno peninsular, la reivindicación de una identidad italiana en las segundas y terceras generaciones no presentaba un conflicto con la argentina. La identidad italoargentina se refuerza en la actualidad a través de los vínculos familiares y de las instituciones educativas que aún hoy perduran y que abarcan tanto la esfera privada como la pública, al tiempo que permiten consolidar vínculos profundos y de largo plazo.[50]

En la comunidad italiana de la Argentina, esto provocó una intensa participación del grupo, que se reflejó en el surgimiento de nuevas asociaciones y en la organización de eventos a pesar de que, como ya mencionamos, el flujo migratorio de italianos a la Argentina se había interrumpido hacía varios años. Este período es el que menos se ha estudiado. En el desarrollo de la presente investigación, pretendemos incorporarlo al campo de la inmigración italiana en la Argentina a partir del análisis de las transformaciones que atravesó el ejercicio del liderazgo durante aquellos años.

Sobre la prensa italiana en la Argentina, debemos mencionar que, luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, se inició un nuevo período para estas publicaciones. La última oleada inmigratoria no se tradujo en un nuevo público para los periódicos existentes, sino que derivó en el surgimiento de nuevas publicaciones. Concluida la guerra, L’Italia del Popolo mantuvo su marcada postura antifascista y continuó con sus denuncias dirigidas al proceso de “desfascistización” de la comunidad. Esto lo alejó de los intereses de los lectores. Lo consideramos un hecho clave para entender el surgimiento y la consolidación de Il Corriere degli Italiani durante la siguiente etapa. Posteriormente se establecieron L’Eco D’Italia (1965-2012) y Tribuna Italiana (1977-2022) como los periódicos más importantes.[51]

Corriere degli Italiani surgió en el contexto de la política de superación de las divisiones que pretendía emprender el gobierno italiano a partir de 1947 tanto en Italia como en las comunidades en el extranjero. Su fundador y director hasta mediados de la década de 1960 fue Ettore Rossi. Al producirse su muerte, el periódico pasó a manos de Umberto Ortolani,[52] y su director, Marco Basti, fue el principal responsable de la última etapa del Corriere y quien, al cierre de esta publicación en 1977, fundó Tribuna Italiana.[53]

Por su parte, L’Eco D’Italia fue el periódico de referencia de un importante grupo editorial que contaba con distintas publicaciones, como los periódicos regionales, dirigidas a públicos más acotados dentro de la comunidad italiana. Su fundador, propietario y director hasta su muerte, Gaetano Cario, comenzó en la actividad periodística a mediados de 1960 en Uruguay y posteriormente se expandió a distintos países de Sudamérica.[54]

Hacia las primeras décadas del siglo xxi, los periódicos italianos en la Argentina comenzaron a atravesar una fuerte declinación. A pesar de esto, en 2003 se registraron ciento cuatro periódicos italianos, siendo este país austral el de mayor presencia de publicaciones italianas en el extranjero.[55] Muchos periódicos tradicionales incursionaron en Internet, como Tribuna Italiana y L’Eco D’Italia, manteniéndose –por un tiempo y de forma paralela– los periódicos impresos y los portales de noticias. Otros, en cambio, surgieron directamente en la virtualidad, tal es el caso de Italiani a Buenos Aires.

1.3. El liderazgo “étnico” en la comunidad italiana de la Argentina

En función de los objetivos de la presente investigación, consideramos que merecen una especial atención aquellos trabajos sobre el liderazgo enfocados en la inmigración italiana en este país sudamericano y en las redes personales que posibilitaron el ejercicio del poder de los dirigentes. Comenzaremos describiendo las características generales de los principales dirigentes en el asociacionismo y la prensa, para luego dar paso al estudio del liderazgo de los empresarios italianos en el país.

El análisis de las asociaciones mutuales más importantes de los italianos en la Argentina permitió evidenciar que, hacia fines del siglo xix y principios del xx, la gran mayoría de los dirigentes eran oriundos del norte de la península itálica. Respecto a la posición socioeconómica de estos dirigentes, podemos sostener que la mayoría pertenecía a los sectores medios y altos, integrados por profesionales, comerciantes e industriales. Además, mantenían fuertes lazos con otros dirigentes institucionales provenientes de asociaciones, periódicos y bancos, entre otros.[56]

Los conflictos de clase en el interior de las asociaciones estuvieron atravesados por el intento de ocultamiento por parte de sus líderes, pero en muchos casos estas asociaciones desempeñaron una alternativa moderada al movimiento obrero militante.[57] Es preciso señalar que las identidades “étnicas” y las identidades de clase podrían ser consideradas como antagónicas, si tenemos en cuenta que muchos de los líderes del asociacionismo eran potenciales empleadores de los asociados. Bajo esta premisa, la aspiración de ascenso social desempeñó un importante papel en los inmigrantes italianos, ya que ofrecía vías alternativas de integración en la sociedad argentina y un lugar diferenciado dentro de la propia comunidad.[58] Este análisis permitió determinar que el liderazgo estuvo centrado en personas de sectores acomodados o medios que habían logrado cierto progreso y estabilidad económica en Argentina.[59]

Asimismo, debemos tener en cuenta que una porción muy baja de los inmigrantes italianos de la Argentina participaba activamente de la vida asociativa. La mayor convocatoria a la que los socios respondían con su asistencia ocurría cuando tenían lugar los enfrentamientos entre grupos dirigentes que se dirimían en grandes eventos, asambleas relevantes o elecciones internas. En la gran mayoría de los casos, se terminó consolidando una elite dirigencial al frente de estas instituciones, compuesta por profesionales, empresarios y comerciantes de sectores medios y altos.[60]

Para comienzos de la década de 1870, el “éxito económico” de diversos empresarios italianos en la Argentina llevó a la conformación de redes interpersonales que tenían como propósito la diversificación de sus emprendimientos. Fue el caso del grupo Devoto, encabezado por Antonio Devoto y sus hermanos, Bartolomé, Tommaso y Gaetano. Además de contar con una red familiar ampliada para el mundo de los negocios, el grupo Devoto encabezó una trama más extensa con otros empresarios de origen italiano en torno al Banco de Italia y Río de la Plata.[61]

Durante este período se consolidó en la Argentina una importante cantidad de firmas dedicadas a la importación de artículos provenientes de Italia, reflejo del afianzamiento de un “mercado étnico”. Si bien la red empresarial italiana de Buenos Aires estaba atomizada, el origen geográfico de los empresarios que las conducían presentó una fuerte concentración. Estas firmas estaban dirigidas por inmigrantes italianos de sectores medios y altos, muchos de los cuales participaban activamente de la vida social de la comunidad.[62]

Respecto a las rivalidades en el interior de los sectores dirigentes, debemos mencionar que el primer gran enfrentamiento entre monárquicos y republicanos tuvo su expresión al calor del proceso de reunificación de Italia. En paralelo al surgimiento de las primeras asociaciones mutuales italianas en la Argentina, los dirigentes imprimieron una fuerte impronta política en las asociaciones que conducían. Esto dificultó, en un primer momento, su irrupción en la escena pública y el emprendimiento de proyectos comunes.[63] Hacia fines del siglo xx, y luego de una serie de transformaciones dirigenciales, las tensiones disminuyeron, de manera que permitieron la construcción de espacios de encuentro.[64]

Los estudios que se centraron en la prensa italiana en la Argentina también han permitido abordar un aspecto particular de los grupos dirigentes. Es preciso mencionar que muchos de los principales líderes de estos inmigrantes fueron propietarios de periódicos que tenían una importante penetración en la comunidad. En este contexto, los enfrentamientos personales, así como también las rivalidades políticas e ideológicas, se dirimieron a través de estas publicaciones. Es decir, estos medios actuaron como agentes de construcción y consolidación de poder en el interior de la comunidad.[65]

Para el análisis y la comprensión del liderazgo, también es posible incluir las investigaciones referidas a los grupos empresarios de inmigrantes. Esto se debe a que muchos de los líderes resultaron tener en la comunidad de pertenencia una importante influencia ya sea como empleadores o bien participando directa o indirectamente en la vida social de las comunidades. Una de las primeras investigadoras, y quien más ha contribuido a este campo, ha sido María Inés Barbero. A lo largo de su trayectoria, esta autora abordó las estrategias dirigenciales de capitales italianos en la Argentina, como Pirelli y la Compañía General de Fósforos, entre otras, detallando la organización interna, las redes personales desarrolladas, la vida dentro de las empresas y sus vínculos con el resto de la comunidad.[66]

Las redes sociales entre los inmigrantes no solo incidieron sobre la elección del lugar de destino, sino que además favorecieron la inserción laboral en la sociedad receptora de muchos trabajadores italianos. Esto resulta sumamente importante si tenemos en cuenta que los espacios de liderazgo en el interior de las asociaciones estaban relacionados con el poder económico y la pertenencia social.[67]

Del análisis de las empresas y los empresarios italianos durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, se desprende que una característica importante del último ciclo migratorio fue el arribo de técnicos y mano de obra especializada, coordinado por estas empresas, muchas de las cuales se instalaron en la Argentina con su personal, que, en su mayoría, venía acompañado por su familia.[68]

La trayectoria personal y el desarrollo empresarial de varios miembros de la comunidad italiana en la Argentina han constituido el principal interés de varias investigaciones. El estudio acerca de los líderes y las personalidades destacadas permitió comprender la conformación de redes personales, tanto en Argentina como en Italia, y sus vínculos con los organismos oficiales y espacios de representación.[69]

Sin embargo, es necesario mencionar que no se ha elaborado hasta el momento un estudio cuyo propósito sea desarrollar de forma integral los modos en que fueron ejercidos los liderazgos en este grupo para determinar sus particularidades dentro del asociacionismo italiano y contrastarlos entre sí, como proponemos en el presente trabajo. Las investigaciones realizadas en este campo de estudio permiten abordar períodos acotados y espacios reducidos. Falta profundizar acerca de cuáles fueron las motivaciones personales de estos líderes o, dicho de otro modo, por qué –a pesar del “éxito económico” y de los fuertes vínculos desarrollados tanto en la sociedad del país de origen, como en la de destino– se mantuvieron vinculados con la comunidad emigrada.

1.4. Consideraciones finales

La inmigración italiana a la Argentina tuvo una gran cantidad de producciones académicas y aún hoy constituye un objeto de análisis sumamente relevante dentro de los estudios migratorios. En general han predominado las investigaciones referidas al período de las migraciones de fines del siglo xix y principios del xx por sobre las transformaciones producidas con la última oleada inmigratoria. Por lo tanto, las investigaciones que estudian a esta comunidad en las décadas posteriores a la posguerra de la Segunda Guerra Mundial permiten ampliar nuestros conocimientos sobre este colectivo. Los trabajos de largo plazo son fundamentales para analizar tanto la especificidad de cada etapa, como los cambios y las continuidades de los diferentes procesos.

El asociacionismo italiano en la Argentina del período denominado “inmigración masiva” ha sido ampliamente estudiado. Por el contrario, y a pesar de que recientemente también se ha avanzado en el análisis de los cambios que atravesaron estas instituciones durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, no se ha profundizado acerca del rol que desempeñaron los dirigentes que las condujeron más allá la década de 1970.

Respecto a los periódicos italianos en la Argentina, las investigaciones de los últimos veinte años dan cuenta del peso que tuvieron estas publicaciones en cuanto a la cantidad y a su importancia en el grupo. Pese a que se han desarrollado análisis de caso de los periódicos más importantes, aún se hace necesario saber más acerca de determinados proyectos personales de dirigentes que se embarcaron en este rubro.

Por nuestra parte, debemos considerar que, en el caso de la comunidad italiana de la Argentina, los trabajos que contemplan con mayor importancia los períodos de estudio más recientes permiten la utilización de nuevos tipos de fuentes. Entre ellas, las fuentes orales o los periódicos “étnicos” digitales que enriquecen las investigaciones y una gran cantidad de publicaciones oficiales: informes consulares, censos periódicos, revistas y documentos reservados.

Durante el desarrollo de la presente investigación, hemos establecido contacto informal con diversos dirigentes comunitarios que nos han brindado acceso a algunas asociaciones italianas de Buenos Aires. En esos encuentros hemos constatado que existen archivos comunitarios de distintas instituciones que aún no han sido lo suficientemente estudiados. Muchas de las líneas de investigación sobre la comunidad italiana de la Argentina pueden retomarse a partir de la incorporación de estas fuentes e incluso expandirse a otros temas y períodos de estudio más recientes que todavía no han sido indagados. Asimismo, la recuperación de testimonios de antiguos dirigentes del grupo, que han prevalecido durante el último cuarto del siglo xx, resultaría de gran interés para ulteriores investigaciones.

Consideramos que el estudio del liderazgo en la comunidad italiana de la Argentina atraviesa diferentes espacios de sociabilidad de los inmigrantes, lo que permite entender y comparar la singularidad de cada uno de estos espacios desde una perspectiva específica. A partir de aquí, se abren diversas posibilidades para analizar el modo en que se establecieron las redes personales en el interior de la comunidad y las estructuras y los procesos que tuvieron lugar a lo largo del tiempo en la comunidad italiana en la Argentina.

Durante todo el período de estudio de esta investigación, FEDITALIA ha sido una de las principales instituciones de los inmigrantes italianos en la Argentina. Su estudio resulta sumamente interesante para poner de relieve todo lo que hemos desarrollado en este capítulo y para comenzar a responder a los distintos interrogantes que nos hemos planteado en esta investigación. Es posible pensar la trayectoria de esta institución como un reflejo de la comunidad en cuanto a los debates políticos e ideológicos, a los vínculos con los gobiernos de Argentina e Italia o bien al grado de participación en la sociedad argentina, entre otros.


  1. En el trasfondo de las ideas de la elite gobernante, a mediados de siglo xix, primaba la necesidad de poblar el país para lograr el desarrollo productivo de la campaña desde una perspectiva económica. La clase dirigente de la época creía que sería la acción de las fuerzas del mercado, a partir del establecimiento de relaciones comerciales con Estados Unidos y Europa, la que llevaría adelante el proceso de inserción del país en la economía mundial. Sin embargo, los cambios sociales que acontecieron como consecuencia de las migraciones masivas luego de la batalla de Caseros, construido en el imaginario de la elite como un hito fundacional, resultaron ser de una enorme envergadura. Ver Halperín Donghi, Tulio (1982). Una nación para el desierto argentino. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
  2. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 27-64.
  3. La unidad de Italia fue un largo proceso promovido por diversos sectores de la política, la cultura y la sociedad –amparado en ideas nacionalistas y propias del Romanticismo– que se movilizaron por el renacer de la península a partir de una identidad común. En la historiografía se lo denomina como Risorgimento, y tiende a centralizarse en el estudio de este período de mediados del siglo xix en el que se consolidó una identidad nacional fundada en un pasado común que se remonta hasta los tiempos del Imperio romano y que permitió una organización social definida a partir de la consolidación de un Estado propio y la secularización.
  4. Ostuni, María Rosaria (1985). “Inmigración política italiana y movimiento obrero argentino. Un estudio a través de los documentos gubernamentales italianos (1879-1902)”. En Fernando Devoto y Gianfausto Rosoli (Eds.), La inmigración italiana en la Argentina (pp. 105-126). Buenos Aires: Biblos.
  5. Cacopardo, María Cristina y Moreno, José Luis (1985). “Características regionales, demográficas y ocupacionales de la inmigración italiana a la Argentina (1880-1930)”. En Fernando Devoto y Gianfausto Rosoli (Comps.), La inmigración italiana en la Argentina (pp. 63-85). Buenos Aires: Biblos, p. 66.
  6. Klein, Herbert (1981). “La integración de inmigrantes italianos en la Argentina y los Estados Unidos: Un análisis comparativo”. Desarrollo Económico, vol. 21, n.º 81, pp. 3-27.
  7. Commissariato generale dell’emigrazione, Annuario Statistico dell’emigrazione italiana dal 1876 al 1925, con notizie sull’emigrazione negli anni 1869-1875, Roma: L’Universale, 1926, p. 150.
  8. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 76-92.
  9. Desde el enfoque discursivo, la identificación es un proceso que se encuentra en permanente construcción. Las identidades son producidas en determinados contextos históricos e institucionales por medio de estrategias y prácticas discursivas específicas. Bajo esta perspectiva, el término “identidades” hace referencia a la cuestión de la propia identificación de los individuos, entendida como la actividad de articular la relación entre las personas y las prácticas discursivas. Esta relación, lejos de ser estable, se resignifica con el paso del tiempo. Ver Hall, Stuart (2003). “Introducción: ¿quién necesita ‘identidad’?”. En Stuart Hall y Paul du Gay (Comps.), Cuestiones de identidad cultural (pp. 14-16). Buenos Aires: Amorrortu.
  10. Baily, Samuel (1982). “Las sociedades…”, cit., pp. 487-494. Esta es una característica compartida con las asociaciones italianas de Brasil, en las que, hacia fines del siglo xix, predominaba lo nacional por sobre lo regional. En ambos países tuvo lugar un proceso diferente al de los Estados Unidos, donde las asociaciones de carácter local tuvieron una importancia destacada desde el comienzo del proceso. Ver Franzina, Emilio (2005). “Memoria familiar y región en las migraciones italianas a Brasil. Apuntes sobre el caso «Padano-Véneto» (1875-2005)”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 19, n.º 58, pp. 461-482, p. 464.
  11. Censo general de población, edificación, comercio e industrias de la ciudad de Buenos Aires de 1904. Buenos Aires: Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1906, p. 164.
  12. Censo general de población, edificación, comercio e industrias de la ciudad de Buenos Aires de 1904. Buenos Aires: Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1906, p. 164.
  13. Censo, C. N. (1916). Tercer Censo Nacional, 1914. Buenos Aires: Talleres Gráficos L. J. Rosso, Tomo X, pp. 306-307.
  14. Ibid., pp. 240-297.
  15. Bernasconi, Alicia (1990). “Cofradías religiosas…”, cit.
  16. Ostuni, María Rosaria (1985). “Inmigración…”, cit.
  17. Oved, Iaacov (1976). “El trasfondo histórico de la ley 4.144, de Residencia”. Desarrollo Económico, vol. 18, n.º 71, pp. 123-150.
  18. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 329.
  19. Gentile, Emilio (1986). Cit.
  20. Tato, María Inés (2011). “El llamado de la patria. Británicos e italianos residentes en la Argentina frente a la Primera Guerra Mundial”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 25, n.º 71, pp. 273-292.
  21. Franzina, Emilio (2018). “Migranti italiani e grande guerra”. Gramma, n.º 7. Disponible en p3.usal.edu.ar/index.php/gramma/article/view/4742, consultado el 31 de abril de 2022.
  22. Respecto a los vínculos entre el gobierno fascista y empresarios italianos en la Argentina para el desarrollo de negocios ver Scarzanella, Eugenia (2007). “El fascismo…”, cit. De los vínculos del fascismo con líderes de la comunidad italiana en la Argentina es preciso destacar a Arsenio Guidi Buffarini, presidente de FEDITALIA durante 1925 y 1943, ver Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 350-351. Sobre la implementación de colonias en la Argentina es posible citar el proyecto que no llegó a concretarse en Tierra del Fuego ver Bertagna, Federica (2007a). La inmigración…, cit.; o el de la colonia de Villa Regina que fue estudiado por Sergi, Pantaleone (2012b). “Un modelo…”, cit. Respecto al financiamiento de periódicos italianos en la Argentina como medios de propaganda por parte del régimen fascista, ver Sergi, Pantaleone (2012a) Patria…, cit., p. 57.
  23. Hobsbawm, Eric (1991). Naciones y nacionalismo desde 1780. Barcelona: Crítica, pp. 154-157.
  24. Leiva, María Luján (1983). “Il movimento antifascista italiano in Argentina (1922-1945)”, Bruno Bezza (Ed.), Gli italiani fuori dall’Italia. Gli emigranti italiani nei movimenti operai dei paesi di adozione (pp. 549-582). Milán: Quaderni di Affari Sociali Internazionali; Fanesi, Pietro (1994). El exilio antifascista en la Argentina (vol. 1 y 2). Buenos Aires: Centro editor de América Latina; Grillo, María Victoria (2002). “El antifascismo italiano en Francia y Argentina: Reorganización política y prensa (1920 – 1930)”. En Judith Casali De Babot y María Victoria Grillo (Comps.) Fascismo y antifascismo en Europa y Argentina (pp. 73-98). Tucumán: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán; ídem (2004). “Alternativas posibles…”, cit.
    Huernos, Marcelo (2017). “Las redes americanas del antifascismo italiano. Italia Libre y la Mazzini Society (1940-1942)”. En XVI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Mar del Plata, Universidad Nacional de Mar del Plata.
  25. La crisis económica que afrontaron las sociedades de socorros mutuos se debió a tres factores principales: la sostenida inflación que atravesó la economía argentina; la tecnificación de la ciencia médica, que demandó mayores inversiones; y el aumento de consultas que realizaron los afiliados, en parte por el cambio cultural y también debido a que “originariamente un buen número de socios no utilizaban los recursos de la asociación para solventar sus gastos de atención médica: más bien los consideraba una contribución en apoyo a sus connacionales menos afortunados. A medida que avanza el siglo xx se registra un cambio en esa percepción social”. Belmartino, Susana (2005). La atención médica argentina en el siglo xx. Instituciones y procesos. Buenos Aires: Siglo xxi Editores, pp. 72-81.
  26. Bernasconi, Alicia (1993). “Le associazioni…”, cit.
  27. Devoto, Fernando (1985). “Participación…”, cit., p. 164.
  28. Sergi, Pantaleone (2015). “Más inmigrantes…”, cit.
  29. Bertagna, Federica (2009). La stampa…, cit., Sergi, Pantaleone (2012a). Patria…, cit. En Brasil ocurrió algo similar, ya que el periódico más importante, Fanfulla (1893), se posicionó, para mediados de la década de 1930, como la segunda publicación paulista, por detrás de O Estado de San Paulo. Ver Trento, Angelo (2009). “Il ‘Fanfulla’ di San Paolo e la stampa italiana in Brasile dal nazionalismo al fascismo”. Anais do V Seminário da Imigração Italiana em Minas Gerais, Disponible en www.ponteentreculturas.com.br/revista/fanfulla.pdf, consultado el 23 de febrero de 2022. Por su parte, la comunidad italiana de Uruguay contaba con el periódico Italia al Plata (1886) como la publicación más destacada de aquel período. Ver Sergi, Pantaleone (2014). Storia della stampa italiana in Uruguay. Montevideo: Fondazione Italia nelle Americhe.
  30. Cattarulla, Camila (2007). “¿Qué…”, cit.; Bengino, Vanni (2007). “La marcha…” cit.; Bertagna, Federica (2008). L’Italia…, cit., ídem (2009). La stampa…, cit.
  31. Biernat, Carolina (2007). ¿Buenos o útiles? La política inmigratoria del peronismo. Buenos Aires: Biblos, p. 85.
  32. Barbero, María Inés y Cacopardo, María Cristina (1991). “La inmigración europea a la Argentina en la segunda posguerra: viejos mitos y nuevas condiciones”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, vol. 6, n.º 19, pp. 291-321, p. 305.
  33. Devoto, Fernando (2003). Historia de la…, cit., pp. 398-402.
  34. Cócaro Patricio y De Cristóforis, Nadia (2010). “Riprendere le vie del mondo: coyuntura económica y emigración en la Italia de posguerra (1945-1960)”. En Mariano Rodríguez Otero y Nadia Andrea De Cristóforis (Comps.), Un Mundo dos guerras (1939-1991) (pp. 135-155). Buenos Aires: Imago Mundi, p. 147.
  35. Ibid., p. 148.
  36. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 383 y 384.
  37. Sori, Ercole (2004). “La política de emigración en Italia (1860-1973)”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 18, n.º 53, pp. 7-42.
  38. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 383.
  39. Nascimbene, Mario (1995). Italianos hacia América: los flujos emigratorios regionales y provinciales peninsulares con destino al Nuevo Mundo (1876-1978). Buenos Aires: Centro de estudios sobre inmigración del Museo Roca, p. 21.
  40. Bertagna, Federica (2007a). La inmigración, cit., p. 169.
  41. Ibid., p. 171.
  42. Capuzzi, Lucia (2006). Cit., p. 300.
  43. Bertonha, João Fabio (1999). “Fascismo…”, cit.
  44. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 421.
  45. Favero, Bettina (2013). La última…, cit., pp. 10-11.
  46. Ibid., pp. 191-194.
  47. Maggio, Ángel (2017b). “La Conferenza Nazionale dell’Emigrazione y los inmigrantes italianos en Argentina”. Odisea. Revista de Estudios Migratorios, n.º 4, pp. 257-284. Disponible en publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/odisea/article/view/2500/2104.
  48. Mazzuzi, Francesca (2016). “Migrazioni regionali: spunti e riflessioni da uno studio sulla comunità sarda nel secondo dopoguerra”. Rivista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, año 17, n.º 1, pp. 153-189.
  49. Gil, Gastón Julián (2007). “Las identidades regionales italianas en la Argentina y la reinvención de la etnicidad”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 21, n.º 63, pp. 299-330.
  50. Como sostiene Valentina Torricelli: “Está presente una herencia italiana que no puede borrarse de la memoria familiar ni de las prácticas cotidianas y que influye en la interpretación actual de la propia identidad; al mismo tiempo, los elementos italianos no definen una identidad étnica con confines delimitados y que no comunican con el entorno argentino, sino que, al contrario, la pertenencia a la sociedad argentina es plena y firme”. Ver Torricelli, Valentina (2015). “Dinámicas de la identidad ítalo-argentina en el Buenos Aires del siglo xxi”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 29, n.º 78-79, pp. 59-77.
  51. Bertagna, Federica (2008). L’Italia…, cit.
  52. De Ortolani podemos decir brevemente que, además de presidir la Federazione Mondiale della Stampa Italiana all’Estero (FMSIE) y de estar ligado a la Democracia Cristiana (DC), fue la mano derecha de Licio Gelli en la logia masónica Propaganda Due (P2). Ligado a la actividad editorial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el correr del tiempo, Ortolani también se adentró en el mundo financiero. Su actividad política lo llevó a Sudamérica, donde se dio a la tarea de comprar periódicos italianos en diversos países como La Hora de Italia de Uruguay, Giornale d’Italia de Brasil, además del Corriere degli Italiani en la Argentina. Bertagna, Federcica (2009). La stampa…, cit., pp. 81-82.
  53. Bertagna, Federica (2008). L’Italia…, cit., p. 83.
  54. Maggio, Ángel (2017a). “Identidades italianas y espacios de representación en Buenos Aires: el surgimiento del periódico L’Eco D’Italia (1965-1975)” (Tesis de Licenciatura no publicada). Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
  55. Bertagna, Federica (2008). L’Italia…, cit., p. 87.
  56. Baily, Samuel (1982). “Las sociedades…”, cit., p. 508.
  57. Gandolfo, Romolo (1992). “Las sociedades…”, cit., p. 323.
  58. Míguez, Eduardo (1992). Cit., pp. 354-357.
  59. Devoto, Fernando (1985). “Participación…”, cit., pp. 155-159.
  60. Devoto, Fernando y Fernández, Alejandro (1990). “Mutualismo étnico, liderazgo y participación política. Algunas hipótesis de trabajo”. En Diego Armus (Comp.), Mundo urbano y cultura popular. Estudios de Historia Social Argentina (pp. 130-152). Buenos Aires: Sudamericana, pp. 141-143.
  61. Barbero, María Inés (2009). “Estrategias de empresarios italianos en Argentina. El Grupo Devoto”. Anuario del CEEED, n.º 1, pp. 11-43.
  62. Grossutti, Javier (2018). “La red de empresas italianas en Buenos Aires a principios del siglo xx”. En Alcides Beretta Curi (Comp.), Artesanos de dos mundos: diálogos y problemas de investigación (pp. 67-88), Montevideo: Universidad de la República de Uruguay. Disponible en bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/handle/123456789/50370, consultado el 30 de noviembre de 2021, pp. 75-83.
  63. Cibotti, Ema (1987). “Mutualismo y política. Los italianos en Buenos Aires: Unione e Benevolenza entre 1858 y 1865. Un estudio de caso”. Boletín del Departamento de Historia – UNCOMA, 8, pp. 5-45; Sábato, Hilda y Cibotti, Ema (1990). “Hacer política en Buenos Aires: los italianos en la escena pública porteña, 1860-1880”. Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. E. Ravignani, n.º 2, pp. 7-46.
  64. Devoto, Fernando (1989b). “La Primera…”, cit.
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  67. Barbero, María Inés y Felder, Susana (1995). “Los obreros italianos de la Pirelli Argentina (1920-1930)”. En Fernando Devoto y Eduardo Míguez (Comps.), Asociacionismo, trabajo e identidad étnica: los italianos en América Latina en una perspectiva comparada (pp. 189-203). Buenos Aires: CEMLA.
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  69. Favero, Bettina (2002). “Los empresarios…”, cit.; Scarzanella, Eugenia (2007). “El fascismo…”, cit.; Smolensky, Eleonora (2013). Colonizadores colonizados. Los italianos porteños. Buenos Aires: Biblos; Scarzanella, Eugenia (2016). Abril. Un editor italiano en Buenos Aires, de Perón a Videla. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.; Maggio, Ángel (2017a). “Identidades…”, cit.


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