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3 Infancias en situación de trabajo

Resistencias y emergencias de la Veleta y la Antena en el marco del neoliberalismo latinoamericano del siglo XXI

Blanca Julieta Alejandrina Barboza y Marina Soledad Estrada

Introducción

En este capítulo[1], analizamos la noción de infancia(s) como categoría sociológica especialmente su relación con las formas de subsistencia a través del trabajo. ¿Qué entendemos por infancia? ¿Desde qué perspectiva y con qué intereses se teoriza sobre esta(s)? Si abrimos paso a la profundización de la temática podemos reconocer que existen tantas formas de entenderla como interpretaciones teóricas se han realizado. Sin embargo, como sociólogas nos inquieta la infancia en tanto categoría sociológica y específicamente su vinculación con el trabajo.

La comprensión hegemónica que tenemos actualmente de infancia en el mundo capitalista contemporáneo es el modelo eurocéntrico-occidental-moderno. Que, aunque minoritaria, se ha impuesto a nivel global como única y legítima. Este modelo de infancia que hoy rige se fue imponiendo con el avance de la modernidad. De esta forma resulta impostergable el desmantelamiento de lo que Liebel (2000) llama buena infancia de corte burgués y supremacista blanco sostenido fundamentalmente sobre dos sistemas opresivos. Por un lado, el adultocentrismo (Alexagaias, 2014): construcción de una sociedad jerarquizada donde las personas adultas poseen el monopolio del poder. Por el otro, el paternalismo, ya sea tradicional o el moderno. (Liebel, 2007) En el primero, la infancia está completamente subordinada a la adultez, mientras que el segundo le concede a la niñez cierta capacidad de `autonomía`, pero con el `debido` seguimiento y control adulto.

Poner en evidencia la concepción occidental de infancia requirió de una ruptura epistemológica que nos hizo arribar a un posicionamiento teórico-epistemológico nutrido de una sociología crítica -latinoamericanista, decolonial y del enfoque relacional de la sociología de la infancia. De esta manera pudimos indagar sobre la especificidad de las infancias latinoamericanas. Para nuestra sorpresa comenzamos a incursionar por realidades que desconocíamos, pero existentes. Experiencias despreciadas, relegadas, mutiladas, oprimidas, explotadas y aun así resistentes. Nos acercamos a una organización mendocina de niñas, niños y adolescentes: La Veleta y La Antena de Ugarteche, Luján de Cuyo. Con ella descubrimos al Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (en adelante MOLACNATS) que surgió en 1997 y nuclea a distintas organizaciones de Niñas y Niños y Adolescentes Trabajadoras/es (en adelante NAT) de 9 países de la región (Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, Paraguay, Colombia, Ecuador y México)[2].

Hermanada con el MOLACNATS y al calor de su lucha, La Veleta y La Antena, surgió en 2010. Conocer su experiencia, y con ella la del movimiento latinoamericano, fue para nosotras una revelación. Por esto, el propósito medular de este artículo es recuperar las voces históricamente silenciadas de niñas, niños y adolescentes (en adelante NA) en situación de trabajo en tanto ‘sujeto colectivo’ organizado. Pretendemos de esta manera visibilizar la existencia concreta de una infancia otra. Con más de 20 años de organización y expansión en la región resulta impostergable el reconocimiento de NAT como sujetos en situación de trabajo.

El diseño metodológico utilizado para abordar el trabajo fue principalmente flexible, de tipo cualitativo. Si bien intentamos desarrollar algunas interpretaciones explicativas, realizamos una investigación de campo de tipo descriptivo, ya que el estado del arte sobre el tema es escaso y nos pareció necesario realizar una aproximación detallada y densa que sirviera de base a posteriores indagaciones. La perspectiva adoptada fue nutrida con fuentes de información primarias (entrevistas en profundidad grupales e individuales) y secundarias (análisis documental, sitios web oficiales de los distintos movimientos, y algunas fuentes de información estadística). A su vez acudimos a la observación participante y no participante. Pudimos llegar a informantes clave a partir de la técnica bola de nieve teniendo en consideración: género, edad y trayectoria en la organización pues en este caso la cuestión de infancia fue central a la hora de recuperar la voz de las y los sujetas-sujetos involucradas/os[3]. Además, complementamos nuestros datos con algunas técnicas de análisis estadísticos.

1. La infancia como fenómeno social y su tratamiento sociológico

Entender que la infancia y la adolescencia son construcciones socioculturales, disuelve la falacia de creer que existieron siempre. Es decir, varían en las diferentes etapas históricas, incluso en un mismo tiempo histórico hay formas distintas de vivir estas etapas de la vida en las culturas y zonas del planeta y en los sectores y clases sociales de una misma región (Piotti, 2019). El tratamiento sociológico de la temática se puede resumir en los siguientes enfoques teóricos: los clásicos de la sociología, los contemporáneos y las corrientes latinoamericanas.

1.1. La infancia desde el enfoque clásico de la sociología

El enfoque clásico interpreta a la infancia a partir de un desarrollo biológico, considerándola como etapa o situación pre-social, como preparación para la vida adulta en donde niñas/os se encuentran en permanente tránsito para ser integradas/os plenamente en la vida social futura (adulta). La infancia es tomada como objeto de estudio secundario o indirecto, mediada por instituciones como la familia y la escuela. (Durkheim, 1975)

Desde este enfoque, la/el niña/o internaliza pasivamente el proceso de socialización. La niñez es esencialmente pasiva y evaluada en términos evolutivos; entendida como fase de crecimiento para alcanzar el estado deseable -adultez-. La infancia, se constituye en un `ejército de reserva` para el futuro de la sociedad que, a partir del proceso de socialización, comienza a internalizar normas morales y roles sociales que velan por el mantenimiento del statu quo y que alcanzará plenitud -como seres sociales- cuando lleguen a la adultez. (Parsons, 1959) Estas exigencias normativas aseguran la reproducción de estereotipos generacionales, de género y de clase, entre otros.

Esta forma de entender ‘la infancia’ está ligada a cuatro perspectivas de abordaje enquistadas en representaciones socialmente aceptadas e instituidas. Una es la idea que las/os hijas/os son propiedad de las/os progenitoras/es de manera que su participación intrafamiliar está supeditada a criterios de obediencia y sumisión. Un segundo eje, los/las entiende como potencia, es decir, como futuro potencial que posterga la vida política, social y económica hasta la adultez. La tercera postura, la considera como riesgo o amenaza social y esto se debe no sólo a una criminalización de la pobreza, sino por lo que les sobra o sus potencialidades -espíritu crítico-. Finalmente, la infancia ha sido privatizada y relegada a la vida intrafamiliar con lo cual se les niega la participación política en el espacio público.

1.2. La infancia desde los estudios sociológicos contemporáneos

Los estudios sociológicos contemporáneos de infancia realizaron un gran aporte. Por primera vez se la concibe como un hecho eminentemente social y, de este modo, se constituye a la misma como un objeto en sociología (Pavez, 2012, p.90). A continuación, veremos cómo se incluye el tema en tres enfoques: estructuralista, constructivista y relacional.

El enfoque estructuralista de la sociología de la infancia analiza la posición de la niñez en la estructura de la sociedad. Parte de la premisa que la infancia es una categoría existente de modo permanente en la sociedad. De esta manera se piensa como un grupo social que está en constante interacción con otros grupos sociales. (Gaitán, 1999; Rodríguez, 2007) En este tipo de análisis, se enfatiza la dependencia económica de las/os niñas/os que no hace más que agudizar su condición de minoría respecto al poder adulto debido a que, en el marco del sistema capitalista, quienes disponen de dinero son también quienes disponen de un mecanismo de empoderamiento y la posibilidad de tomar decisiones. Por tanto, la situación de dependencia económica lleva a la niñez a una subordinación y paternalización permanente. En este contexto no es casualidad que las y los NAT representen una amenaza al estereotipo de niñez deseable de `buena infancia`.

Por su parte, el enfoque constructivista la concibe como una construcción social. La infancia está inscripta en una estructura que afecta la vida de niñas y niños, pero analiza su acción social como una capacidad de agencia, aunque dentro de marcos estructurales. Las y los niños son agentes que actúan y construyen su entorno, produciendo conocimientos y experiencias. La acción infantil tiene un sentido y se desarrolla de un modo distinto a la acción adulta, aunque ésta última es la única considerada legítima, y por esto, no se reconoce la praxis infantil, argumentándose la edad como el único criterio para definir competencias y capacidad de acción.

Por último, el enfoque relacional considera a la infancia como una generación con estatus y una posición de poder determinada, interpreta los procesos en que participan las niñas y los niños inmersos en relaciones generacionales de poder y negociación. (Pavez, 2012, p.97). De esta manera, la generación es un concepto clave para entender las relaciones entre niñas-niños-adultas y adultos. La infancia se define como un proceso relacional que se expresa a nivel de coexistencia de las relaciones sociales generacionales entre el colectivo infantil y las personas adultas. Para este enfoque la sociología debiera considerar el punto de vista de las/os niñas/os para entender cómo experimentan y entienden sus vidas y sus relaciones sociales. Se reconoce, entonces, que la experiencia de las/os niñas/os produce un conocimiento específico que debiera ser considerado para el reconocimiento de sus derechos.

Esta breve síntesis de posturas teóricas de las distintas formas de concebir la infancia nos empuja a la necesidad de repensarla sociológicamente desde nuevos parámetros. No alcanza con reconocerla como un fenómeno social y culturalmente construido. El desafío está en pensarlas y estudiarlas en el marco de las relaciones de poder que se dan tanto al interior del colectivo infantil, atravesado por otras cuestiones de género, clase y etnia como en el entramado de relaciones generacionales de poder -con las personas adultas y las instituciones adultistas.

1.3. Infancias otras: latinoamericanas, subalternas y organizadas

Si entendemos a las infancias y adolescencias en sus condiciones reales y concretas, como construcciones sociales, históricas y culturales, ¿qué particularidades presentan nuestras infancias regionales? ¿En qué se diferencian del modelo impuesto como hegemónico? En líneas generales podemos decir que la infancia encuentra a millones de NA latinoamericanas/os unidas/os, organizadas/os y en situación de trabajo.

Las organizaciones de NAT de Latinoamérica comienzan a ganar espacio con la formación de diversos movimientos sociales durante la década del 70. Gestando las primeras formas de economía de resistencia desde y por NAT. El primer movimiento nace en 1976 en Perú: MANTHOC (Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos). Su participación activa y militante, de características únicas a escala mundial, fue el movimiento vanguardista de NAT organizados y referente de nuevas organizaciones que se fueron gestando en la región abriendo espacios colectivos de resistencia y participación económica. Entrados los años 90, en el marco del VI Encuentro Nacional de NAT, el MANTHOC junto a otras 30 organizaciones a nivel nacional, decidieron crear un movimiento social más grande que incorporara a distintas organizaciones de infancias de las diversas regiones de dicho país.

En Brasil, a comienzos de 1980 se formó el Movimento Nacional do Meninhos y Meninhas de Rua (MNMMR). Poco a poco se fueron constituyendo en distintos países otras organizaciones de NAT hasta constituir finalmente el MOLACNATS en 1997 (Barboza y Estrada, 2018; Liebel, 2000; Piotti, 2019). Estas organizaciones se originan como resistencia a las formas más violentas de degradación del papel del Estado en el contexto de militarización de la región, de creciente represión, aumento de la desigualdad social y la pobreza. Su forma de participación fue y es colectiva, organizada y articulada con otros movimientos.

Ahora bien, ¿cómo fue posible que sostuvieran sus organizaciones y se expandieran geográfica y cuantitativamente? A fines de los 80, principios de los 90 emergió en Latinoamérica el Paradigma del Protagonismo Infantil (en adelante PI). En su corazón se gestó un capital simbólico antagónico en torno a una nueva representación de infancia movida por nuevas prácticas teóricas y políticas. EL PI tiene a sociólogas/os, politólogas/os y educadoras/es populares como sus principales difusores, intelectuales que trabajan con movimientos de NA principalmente en Nicaragua, Perú y Paraguay, mientras que las/os NAT son las/os ejecutoras/es prácticas/os. El PI intenta profundizar el Paradigma de Protección Integral[4] avanzando en otorgar y reconocer los derechos de ciudadanía social y política desde una nueva epistemología (Piotti, 2019). Se focaliza en el trabajo de infancias y adolescencias empobrecidas, pero no desde una mirada punitiva o criminalizadora; sino desde el reconocimiento de, por un lado, la capacidad de organización y actoría social protagónica y colectiva, históricamente negada a las/os `menores de edad`; por el otro, su condición real de sujetas/os en situación de trabajo. En esto último, exige su reconocimiento en tanto trabajadoras/es para la creación de condiciones dignas que las/os protejan en sus espacios de trabajo.

En suma, la lógica de este paradigma no se basa en un protagonismo individual, sino colectivo que se declara en contra de todo paternalismo adultista. El cuestionamiento al adultocentrismo se sostienen en reconocerlo como “sistema en el que se encuadra la lógica del adultismo. Es decir, es la construcción jerárquica mediante la cual, los y las adultos/as son el centro de la sociedad” (Alexagaias, 2014, p.7). Por el otro, discute al paternalismo, ya sea tradicional o el moderno. El primero subordina la infancia completamente a la adultez, según esta postura son los adultos quienes deciden qué se hace o deja de hacer con los niños; en tanto el paternalismo moderno le concede a la niñez la posibilidad de desarrollarse en un ámbito propio, pero únicamente con la protección, asistencia, seguimiento y control de los adultos (Liebel, 2007, p.116).

Desde este posicionamiento teórico-práctico las infancias organizadas intentan deconstruir las lógicas desiguales, pero instituidas, a partir de las cuales se rige la sociedad adultista en la que vivimos. Para ello sus organizaciones han tejido redes de integración e interacción a nivel provincial -o regional de acuerdo con el país-, nacional e internacional.

2. Discursos en disputa: trabajo infantil vs. infancia trabajadora

Existe una controversia histórica respecto a las infancias y su vinculación con el trabajo que ha llevado a la polarización de dos posicionamientos discursivos respecto a NA en situación de trabajo. Para ello es importante poder advertir la diferencia cualitativa entre los conceptos trabajo infantil e infancias trabajadoras. Esto no es un asunto de menor importancia ya que el conjunto de determinaciones institucionales que las situaciones sociales de referencia proyectan sobre las interacciones lingüísticas y la producción discursiva son conceptualizadas como un mecanismo de mercado. Con lo cual, los mercados de la interacción no son mercados de intercambio entre valores iguales y soberanos, sino que son situaciones sociales desiguales, producidas en contextos sociohistóricos concretos, que llevan emparejados procesos de dominación y censura estructural de unos discursos sobre otros. El discurso lleva, entonces, la marca social –el poder y el valor- de la situación en que se ha producido, y es la estructura social del mercado lingüístico la que determina qué es lo que tiene más valor en el intercambio lingüístico, y los discursos son las jugadas prácticas con las que los sujetos intervienen en este mercado. (Alonso, 2004).

Por lo tanto, la relación desigual de fuerza simbólica entre trabajo infantil e infancias trabajadoras es el reflejo de las posiciones sociales igualmente desiguales en las que se produjeron. El primero forma parte del discurso dominante avalado por la Organización Internacional del Trabajo (en adelante OIT), Unicef y otros organismos internacionales y nacionales, que prohíbe el trabajo a ´menores de edad´ y afirma que es la mejor manera de protegerlas/os de la explotación laboral. El segundo, entra en este juego de poder-valor lingüístico de la mano de los movimientos de NAT de la región. Y, aunque es claro el proceso de dominación estructural al que están sometidas/os, colocan toda su práctica política en esta nueva conceptualización teórica y simbólica de infancias trabajadoras.

Debemos considerar que la infancia no existió siempre como etapa diferenciada de la vida, pero sí existió siempre el trabajo infantil y hoy, para la mayoría de la población mundial esto no ha cambiado, por lo tanto, esta dupla es inseparable, la niñez trabajadora necesita ser visibilizada y atendida (Piotti, 2019, p.39). En este sentido, es necesario desmenuzar la relación entre infancias y trabajo escuchando sus experiencias y razones, desde sus propias voces y representaciones. Walter, adolescente trabajador y representante del MOLACNATS en 2017 interpela tanto a la OIT como a todo el sector adulto de nuestras sociedades cuando afirma:

La cuarta conferencia de la OIT es exclusivamente sobre trabajo infantil. Nosotros invitamos a la gente a que vea un ejemplo muy claro del sistema adultocentrista que tenemos, y es que en el encuentro de la OIT va a haber todas personas adultas, ´niñólogos´ le decimos nosotros, expertos en infancia supuestamente y no va a haber ningún niño-niña ni adolescente trabajador contando por qué está trabajando.

Es preciso también, escuchar las voces protagonistas, de manera tal que podamos evidenciar datos, procesos singulares, historias de vida, que nos permitan concebir otra infancia posible, divergente. En los márgenes de aquel modelo eurocéntrico-burgués-moderno encontramos a las/os NAT que, organización mediante, buscan respuestas a las pobrezas masivas que azotan nuestra región, al diseño de una sociedad alternativa, de un proyecto de desarrollo humano, de un nuevo vínculo de coparticipación entre adultas/os-niñas/os y de un feminismo anti-adultista.

Uno de esos reclamos se hace presente cuando los movimientos de NAT repudian la concepción de trabajo de la OIT. El rechazo se concentra fundamentalmente en dos convenios. El Convenio 138 (1973) que determina una edad mínima para el inicio de la actividad productiva; y el Convenio 182, que fija las peores formas de trabajo infantil[5]. Argentina adhirió a los mismos en 1996 y 1999 respectivamente. Desde este punto de vista el trabajo infantil es aquel trabajo que los niños no deberían realizar porque son demasiado jóvenes para ello o, en el caso de que no lo sean, porque el trabajo es peligroso para ellos. (Organización Internacional del Trabajo).

El MOLACNATS, en tanto movimiento representante de las infancias y adolescencias trabajadoras, argumenta que estos dos convenios violan los derechos consagrados en el artículo 32 de la Convención de los Derechos del Niño (CDN en adelante) que no prohíbe el trabajo infantil, sino que obliga a los Estados a protegerles de toda forma de explotación[6]. Entienden que el artículo 138 vuelve ilegales a millones de NAT en todo el mundo, los invisibiliza y proscribe en tanto promueve que los Estados les repriman, persigan, criminalicen y discriminen ya que dirigen sus políticas a la erradicación del `trabajo infantil` en detrimento de su protección a partir de la comprensión y posterior regulación de sus diversas situaciones de trabajo.

Los movimientos de NAT construyen su subalternidad desde su organización en busca del reconocimiento social de su condición de trabajadores, espacios de trabajo dignos, y las condiciones de igualdad de derechos con las/os adultas/os, independientemente de su edad. En definitiva, la dignificación de las condiciones de vida y de trabajo. Entonces, el trabajo es entendido como un derecho no susceptible a la arbitrariedad, de lo que Pávez (2012) denomina, poder generacional. Por esto, quienes defienden esta postura no pretenden la abolición del trabajo infantil, ya que, desde esta perspectiva, el trabajo no es un problema en sí mismo; sino las condiciones en las que se desarrolla.

La Veleta y la Antena, junto con los movimientos de NAT, llevan adelante una batalla simbólica desde donde hablar de infancias trabajadoras permite la gestación de un nuevo sentido, de nuevas alternativas de representaciones de infancia, la construcción de una identidad social otra como infancias trabajadoras provenientes de sectores subalternos de la sociedad. Las infancias latinoamericanas organizadas hacen un aporte significativo en esta larga tarea de transformación simbólica, cultural e intelectual. En este sentido, visibilizar a las infancias en situación de trabajo es una necesidad insoslayable porque su realidad impregna todo nuestro territorio.

3. Niñas/os y adolescentes en situación de trabajo en Argentina y Mendoza

Antes de introducirnos de lleno en la experiencia de La Veleta y La Antena resulta necesario contextualizar el escenario socioeconómico de nuestro país, en general, y de Mendoza, en particular. Sin profundizar en un análisis estadístico-cuantitativo, traemos a modo de referencia algunos datos significativos en términos de pobreza.

En Argentina, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), en el segundo semestre de 2021 el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza fue de 27,9%; estos comprenden el 37,3% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 6,1% de hogares indigentes, que incluyen el 8,2% de las personas. Los indicadores mencionados registran una suba de la pobreza y la indigencia con respecto al primer semestre de 2019.

Ahora bien, si nos centramos específicamente en el grupo etario de 0-14, la situación de pobreza se agudiza, ya que es el bloque poblacional más pobre del país. Del 100% de esta población en Argentina, el 51, 4% está por debajo de la línea de pobreza -esta suma incluye a pobres indigentes y no indigentes.

En el Gran Mendoza, en el segundo semestre de 2021 el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza fue del 33,1%; estos comprenden el 44,6% de las personas (ambos indicadores por encima del promedio nacional). Dentro de este conjunto se distingue un 5,1% de hogares indigentes, que incluyen el 7,2% de las personas. Al igual que a nivel país, los índices registran un alza respecto al primer semestre de 2019.

Si tenemos en cuenta estos índices de pobreza e indigencia resulta comprensible que una porción importante de NA se vea empujada a trabajar. Entre el 2016 y 2017, El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) de Argentina junto con el INDEC realizaron la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA). Fue la primera a nivel nacional y cubrió tanto las zonas urbanas como rurales. Esta encuesta consideró al trabajo infantil como el conjunto de actividades productivas desarrolladas por niñas/os de cinco a 15 años y adolescentes de 16 y 17 años, teniendo en consideración la ley 26390 de 2008 de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente, a partir de la cual, con 16 años, se puede trabajar con ciertas protecciones. En las actividades productivas incluyeron: a) actividad para el mercado: alcanzó a quienes realizaban alguna actividad para la generación de bienes o servicios orientados al mercado, sea remunerada o no, al menos una hora en la semana de referencia. Excluyó el trabajo voluntario; b) actividad para el autoconsumo: alcanzó a quienes realizaban alguna actividad de autoconsumo para el hogar al menos una hora en la semana de referencia. Incluyó actividades de construcción o arreglos de la vivienda propia, cultivo o cosecha de productos agrícolas o de huerta, el cuidado de animales, entre otras; y c) actividad doméstica intensiva: alcanzó a quienes efectuaban alguna tarea doméstica (limpieza, cocina, arreglos en la propia casa, cuidado de hermanos u otras personas que viven en el hogar) en la semana de referencia, con una dedicación horaria de 10 horas o más, para niñas/os de cinco a 15 años, y de 15 horas o más, para adolescentes de 16 y 17 años.

Los resultados de esta encuesta arrojaron que, en el país, el 10% de niñas/os de 5 a 15 años realizan al menos una actividad productiva. En las áreas rurales esta cifra casi se duplica: es del 19,8%. Esto se intensifica entre adolescentes de 16 y 17 años ya que el 31,9% realiza al menos una actividad productiva, mientras que en las áreas rurales lo hacen el 43,5%. Es notoria la intensificación del trabajo en NA de las áreas rurales.

Se puede destacar también que opera la lógica de división sexual del trabajo. Mientras los varones realizan actividades productivas vinculadas al desarrollo de actividades mercantiles y de autoconsumo, las mujeres participan mayoritariamente de las actividades domésticas. Esta lógica patriarcal es una constante en todas las regiones del país. Es decir que los patrones culturales de división sexual del trabajo atraviesan todos los grupos etarios de nuestras sociedades. Del mismo modo, la violencia económica del patriarcado se hace presente en la brecha de ingresos de varones respecto a las mujeres, que comienzan en la niñez y se profundizan en la adolescencia. Mientras que las niñas -tanto urbanas como rurales- ganan un salario medio 22% inferior al de sus pares varones, entre las adolescentes la brecha salarial se intensifica. El salario medio de una adolescente urbana es un 40% inferior al de los varones, mientras entre sus pares rurales la brecha alcanza al 58%. (INDEC, 2018)

La división urbano-rural, también está atravesada por cuestiones de género. En el ámbito rural, los varones se dedican principalmente al trabajo en negocios, talleres u oficinas y a la construcción y reparación de viviendas. Por su parte la mayoría de las mujeres realizan tareas de cuidado de niñas/os y personas mayores o enfermas, limpieza de casas y elaboración de comidas o productos para vender. En las zonas rurales, se dedican principalmente al cultivo o cosecha de productos para vender, el cuidado u ordeñe de animales, la construcción o reparación de otras viviendas y trabajo en negocios u oficinas, agregándose en las y los adolescentes la producción de ladrillos.

Estos datos nos facilitan un primer acercamiento a la realidad argentina de NA en situación de trabajo, así como una noción general del panorama nacional. No es menor, el hecho que es la primera encuesta a nivel nacional diseñada para medir exclusivamente el trabajo de NA y que, además, fue respondida por las y los protagonistas[7].

4. La Veleta y la Antena como sujeto colectivo organizado

La Veleta y La Antena es una organización de niñas/os y adolescentes trabajadoras/es y no trabajadoras/es y colaboradoras adultas. Se funda en 2010 de la mano de dos colaboradoras adultas[8]. Se localiza geográficamente en Ugarteche, Luján de Cuyo, Mendoza. A unos 40 kilómetros de distancia de la Ciudad de Mendoza. Si bien en términos estadísticos Ugarteche es considerada zona urbana, la actividad productiva que se presenta con más fuerza es el trabajo rural temporal vinculado a la cosecha, manipulación y almacenamiento o empaquetamiento de los productos agrícolas que puede o no comercializarse en la feria de la zona. Físicamente la organización se ubica dentro del predio del polideportivo de Ugarteche en un trole en desuso donado por el Ministerio de Transporte e intervenido artísticamente por ellas/os fundando, de esta manera, su sede de trabajo y de encuentro. Nombrado por ellas/os como Trole de Colores (Foto 1).

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Fuente: Toma fotográfica de las autoras.

La localización de La Veleta no es casual, ya que está próxima a la feria comercial, uno de los espacios donde trabajan. Sin embargo, el campo de acción de La Veleta se extiende a El Carrizal y Agrelo de Luján de Cuyo y a Palmira de San Martín.

El propósito de la organización se sintetiza en sus palabras:

Nuestro objetivo como organización de NAT es que nos traten como sujetos de derechos y que nos reconozcan como niñas, niños y adolescentes trabajadores. (La Veleta y La Antena, 2017)

Para esto, llevan adelante diversas actividades. Algunas de orden interno: formación, reflexión y debate, espacios de entretenimiento colectivo -campamento anual, biblioteca andante, actividades lúdicas y recreativas-. Otras de orden externo: participación en diversos espacios públicos -marchas, Encuentros Nacionales de Mujeres, Encuentros Provinciales de Niñas y Adolescentes, Encuentros y Foros Internacionales de NAT-, actividades con la academia – vínculos con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNCuyo y el Instituto de Formación de Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores- IFEJANT-, formación de centros de estudiantes en escuelas primarias y secundarias; vínculos y actividades coordinadas con otras organizaciones provinciales, nacionales e internacionales, entre otras actividades a partir de las cuales generan espacios de apropiación de saberes, de formación política y desarrollo de su espíritu crítico. Vale destacar que en todas estas actividades están construidas desde una perspectiva de género. Tanto al interior de La Veleta como a nivel Latinoamericano en el MOLACNATS, las niñas y adolescentes mujeres disputan espacios de poder con sus compañeros varones desde un feminismo altamente internalizado alzando su bandera de Nunca más sin nosotras. Solo a modo de ejemplo, las niñas de La Veleta disputaron su espacio en tanto niñas al interior del feminismo adultista en el marco del Encuentro Nacional de Mujeres del año 2017 en Chaco, por lo cual lograron que al año siguiente (2018) se abriera un taller pensado para niñas.

Todas sus actividades contribuyen a la apropiación del territorio como espacio de lucha, resistencia y resignificación de nuevas relaciones sociales (Svampa, 2009). A fin de cuentas, los movimientos sociales latinoamericanos deben ser entendidos como movimientos socio-territoriales donde la apropiación del territorio no solo es material sino, sobre todo, simbólica. La territorialización de La Veleta es fundamental para fortalecer vínculos ya existentes con otros grupos, así como para crear nuevos; para la difusión pública de sus símbolos; para construir la posibilidad de ampliar la conciencia de su propia alteridad; para crear una visibilidad social que le permita difundir la existencia de una infancia otra con presencia política colectiva. Crean un círculo virtuoso entre saberes y formación que fortalece su participación política en la escena pública disputando espacios de resistencia, propia de los sectores subalternos de la sociedad. Dejando entrever el carácter plebeyo de las formas de participación sociopolítica de lo popular. Según Svampa (2009, p18):

En términos políticos-culturales lo plebeyo alude a un proceso de autoafirmación, que implica, por un lado, una reivindicación de lo popular, en cuanto ser negado y excluido; por el otro, una impugnación, de carácter iconoclasta y antielistista, en relación con la cultura dominante. Así, de manera general, cuando se habla de lo plebeyo en América Latina se hace referencia a ciertos rasgos culturales del mundo de los excluidos; pero cuando hablamos específicamente de la irrupción de lo plebeyo, estamos ligando esta dimensión cultural y simbólica a fuertes procesos de cambio social.

Al decir de López Maya (2008) la política de la calle es fundamental para llevar adelante una participación política que sea la herramienta de resistencia que les posibilite apropiarse del espacio público ya que es la modalidad histórica o recurrente a la cual apelan las/os excluidas/os colectivamente para expresar sus demandas.

A fin de cuenta, todas las actividades mencionadas anteriormente ponen al descubierto su condición plebeya, a saber: niñas/os -algunas/os migrantes- empobrecidas/os de los márgenes del conglomerado urbano mendocino en situación de trabajo. Asimismo la territorialización de su acción política desnuda la existencia de otro tipo de infancia: latinoamericana, organizada y trabajadora. El reto que llevan adelante como organización de NAT -y por añadidura toda la infancia trabajadora- es a) resignificar su capacidad transformadora de las relaciones generacionales de poder; b) visibilizar y fortalecer la posición política, económica y cultural de NA a fin de que sean reconocidas/os y respetadas/os por la sociedad toda; c) lograr condiciones de igualdad de derechos con las personas adultas; d) apelar a la dignidad de las condiciones de vida y de trabajo de NAT; e) buscar su reconocimiento como sujetas/os de derechos y actores sociales.

En el actual contexto de globalización, de efectos excluyentes en términos socioeconómicos -agudizados en las últimas décadas y particularmente en el contexto de pandemia del 2020-, resulta paradójico hablar de participación sobre todo si de niñas y niños se trata. Y es que la participación no encaja en este contexto de exclusión social y los, cada vez más ensanchados, cinturones periféricos de pobreza e indigencia de nuestra América Latina. ¿Será posible entonces hablar de una praxis participativa y emancipadora de NA cuando están sumergidas/os en condiciones de marginación socioeconómica y política? Aún más, ¿será posible hablar de tal praxis en el contexto de pandemia y de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y de Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) de 2020?

Como dijimos, la participación infantil se inscribe tanto en el paradigma conceptual del PI, como en las coordenadas de la exclusión y la pobreza, las mismas que componen el trasfondo de los escenarios en los que NA de sectores populares están llamadas/os a desarrollar su acción colectiva protagónica a través de su praxis política: su resistencia organizada. Resistencia a las relaciones generacionales de poder. La existencia concreta de estas infancias organizadas da cuenta de su disputa y resistencia a la relación generacional adultista del poder. Además, nos permite reconocer a la infancia en tanto fenómeno social y generacional con una posición de poder subordinada.

Es innegable que, mediante su organización, los movimientos de NAT ponen en acto toda su subjetividad, libertad y creatividad. Producen un espacio de coordinación colectiva a partir de una sinergia que combina la comunicación interactiva, procesos de subjetivación e interpelación política a través de diferentes actividades.

Teniendo en cuenta que los espacios desde los cuales construyen su identidad y subjetividad están atravesados por específicas condiciones sociales, económicas y culturales, es importante analizar qué tipos de trabajos realizan las/os NAT de La Veleta, cuáles son los trabajos posibles para estas infancias, qué otras variables atraviesan sus trabajos, cómo es percibido el trabajo en y desde sus realidades.

4.1. La Veleta y a Antena en situación de trabajo

Conocer la experiencia de La Veleta, nos permite aproximarnos al complejo escenario de exclusión y resistencia, de participación y emergencia. Su experiencia está teñida de controversias y contradicciones. Ya que es precisamente desde espacios segregados que construyen sus márgenes de maniobra, produciendo espacios de resistencia popular, donde las/os NAT alzan su voz y su subjetividad.

En lo que respecta al trabajo en sí, hasta la llegada de la pandemia de covid 19, las/os niñas/os de La Veleta lo ejercían fundamentalmente en tres espacios: en la feria comercial de la zona; en fincas o chacras aledañas, desempeñando trabajo rural y en servicio doméstico y de cuidado.

Desde la campaña internacional “Es hora de hablar-opiniones de los NNA sobre su trabajo[9], ellas/os participaron en la construcción de un documento que registró datos de la organización mendocina. Fue en 2017 y participaron 31 NA de La Veleta con el objetivo de comprender los beneficios, desafíos y riesgos del trabajo de NA experimentados por las/os protagonistas y para escuchar sus sugerencias de mejoras para su protección, desarrollo y bienestar. A partir de la información suministrada por esta campaña pudimos construir algunos datos significativos que nos permiten comprender con mayor profundidad sus situaciones de trabajo.

Por empezar las/os NAT de La Veleta realizan al menos un trabajo y algunas/os realizan hasta cuatro actividades laborales. En el siguiente cuadro podemos observar la cantidad de trabajos que realizan de acuerdo con su género. De 31 NAT que participaron de la campaña, 17 fueron mujeres (55%) y 14 varones (45%).

Fuente: Elaboración propia, 2020.

Podemos observar que todos los y las participantes realizan al menos un trabajo. Sin embargo, hay una tendencia a que los varones realicen en promedio dos. Se hizo especialmente foco en los tres sectores productivos y reproductivo mencionados anteriormente, aun cuando algunas/os realizan otras actividades laborales como construcción, textil, limpieza de autos, entre otros.

Algo importante a destacar son los tipos de trabajo que realizan según el sexo. Al respecto podemos dar cuenta de dos extremos. Por un lado, la feminización del trabajo doméstico. El 88,3% de las NA realizan al menos este trabajo. Por el otro, la masculinización del trabajo en construcción, incluido en la categoría otros, que sólo realizan los varones. Es decir, las/os NA no quedan exentas/os de la división y reproducción sexista del trabajo.

Fuente: Elaboración propia, 2020.

A continuación, revisamos las tareas que realizan las/os NAT de La Veleta y las características de estas en los distintos espacios de trabajo.

4.1.1. Trabajo feriante o de mercado

La feria de Ugarteche está ubicada en el ingreso a la localidad por la ruta provincial Nº 15 hacia el sur, actualmente distribuida en dos baldíos de la zona. Anteriormente se ubicaba sobre la ruta, la calle aledaña y un persa en dirección al sur. Este desplazamiento se debe a que en los últimos años la Municipalidad de Luján de Cuyo intervino para `organizar` y `regular` la dinámica feriante.

En la feria se desarrolla un tipo de trabajo que podemos denominar como ‘no clásico’ ya que presenta características, desde el punto de vista del proceso productivo respecto del trabajo clásico, como la presencia de producción inmaterial en la que no es posible separar producción, circulación y consumo (De la Garza Toledo, 2012, p.110). Esa producción inmaterial llevada a cabo a través de trabajos de servicio, se caracterizan por la manera comprimida en que se dan las fases de producción, circulación y consumo donde el producto no existe independientemente del productor y del consumidor. No sería posible sin la presencia del cliente en el acto mismo de la producción como en los casos de: peluquerías, comedores, entre otros. Los y las NAT trabajan en la comercialización de los productos y en la producción de los mismos. Realizan tareas de atención al público, manejo de dinero, venta ambulante de gelatinas, servicio de limpieza en baños, servicio de comedores, etc. En varios puestos se encuentran trabajando sin adultas/os, aunque muchas/os de sus familiares trabajan en otros puestos. Esta división tiene que ver con una estrategia de economía familiar, pues el conjunto de sus familias participa de este tipo de labores.

Fuente elaboración propia, 2020.

Del 100% de NA que participaron de la sistematización, casi el 52% realiza trabajo feriante; el 19% realiza únicamente este tipo de trabajo, mientras que el 81% realiza al menos un trabajo más. Por otra parte, el 56% son varones y el otro 44% son mujeres.

4.1.2. Trabajo rural

Se pueden distinguir dos subgrupos de acuerdo con el espacio geográfico y tipo de trabajo en dos formas de organización en torno al trabajo rural. Por un lado, las cuadrillas y, por el otro, las familias. Estas dos formas colectivas de gestión del trabajo son alternativas a los procesos de exclusión a los que el mercado formal de trabajo las/los arroja. La conformación de estos grupos no responde a objetivos comunes sino a la posibilidad de acceso a un medio para sobrevivir, es decir por necesidad. La flexibilidad, y la constante incertidumbre por la inestabilidad –del día a día- y la precariedad del trabajo rural son más severas en NAT menores de 16 años ya que no sólo padecen paupérrimas condiciones laborales, sino que además tienen que sortear obstáculos legales. Otra de las formas de trabajo que se presenta es en los galpones de ajo, que se encuentran más cercanos a los barrios de Ugarteche. Allí tienen mayor acceso las/los NAT siempre y cuando vayan acompañadas/os de padre o madre. Es un espacio donde van muchas mujeres ya que permiten ingresar con hijas/os pequeñas/os que de otra manera no tendrían dónde o con quién dejar.

Fuente: Elaboración propia, 2020.

De les 31 NAT participantes de la investigación de 2017, el 39% se dedicaban a este tipo de actividad. Del 100% de los que realizaban trabajo rural, 73% eran varones y el 27% mujeres. Las edades oscilaban entre los 9 y los 17 años. Además, el 50% realizaba un segundo trabajo; casi el 42% se dedicaba a dos actividades más; y un 8,3% realizaba cuatro trabajos en total. Este tipo de trabajo es remunerado cuando se trabaja para un tercero -patrón- y no remunerado cuando se trabaja en el marco de la economía familiar. En este último caso el pago se hace al grupo familiar y no a cada trabajador/a. Por otra parte, los varones de 16, 17 años reconocían dificultades para poder llevar de manera simultánea la escuela y el trabajo, ya que se encontraban en una edad productiva para el mercado. De esta manera, se verificó una inclinación al trabajo en detrimento de la escuela.

4.1.3. Trabajo doméstico y de cuidado

El trabajo reproductivo hace referencia al trabajo destinado a satisfacer las necesidades de la familia. Su desarrollo ha quedado históricamente circunscrito al marco privado, primordialmente a la esfera doméstica, razón por la que también se define como trabajo doméstico o familiar. Carrasquer (1997) define el trabajo reproductivo como el conjunto de actividades del hogar cuya cualidad principal es que se trata de un trabajo dirigido a garantizar la reproducción biológica, social e ideológica de la fuerza de trabajo. El hogar es el escenario por excelencia en donde se desarrolla, e incluye actividades de gestión, mantenimiento, cuidado, entre otros.

La valoración del trabajo reproductivo está subordinada, aunque de manera interdependiente, al trabajo productivo. Este último está social y económicamente reconocido como trabajo propiamente dicho. La subvaloración del primero y la sobrevaloración del segundo parte de la diferenciación entre el valor de uso -trabajo reproductivo- y el valor de cambio -trabajo productivo- que comanda el mercado del sistema capitalista.[10]

Además, este tipo de trabajo se caracteriza porque es realizado mayoritariamente por mujeres. Por mucho tiempo esto se ha justificado en una supuesta ´naturaleza femenina’ que dotaría a las mujeres de una virtud especial para las tareas hogareñas. El supuesto del innatismo biológico, que hoy en día ha sido sustituido por una explicación basada en diferencias de género, responsabiliza a las mujeres de las funciones reproductivas y a los hombres del trabajo productivo. Esta complementariedad de los sexos, dispuesta jerárquicamente, ha justificado la desigual posición de hombres y mujeres en la vida doméstica, civil y política, desvalorizando el trabajo reproductivo respecto del trabajo asalariado (Larrañaga 2004, p.3).

En un grupo focal compuesto por cinco NAT de nueve a 16 años se enumeraron algunos de los quehaceres que realizan: lavar platos, ordenar la cama, cuidar niños, regar plantas, levantar la mesa, alimentar a la mascota, limpiar, sacar la basura, lavar el auto, entre otros. Estas tareas son realizadas a diario y sin embargo las/os NAT no son remuneradas/os económicamente, configurándose, de este modo, en trabajo de reproducción doméstico. Este tipo de trabajo tiene más alta intensidad en tiempos de cosecha debido a que no existen jardines maternales o centros de cuidado públicos a donde llevar a las/os hijas/os de las/os trabajadoras/es. La legitimación de la feminización de este trabajo se vuelve un obstáculo para la desnaturalización de este tipo de actividades no remuneradas. Como también, la invisibilización de estos trabajos en relación con las NAT argumentando que ellas no trabajan sino que ayudan.[11]

Fuente: Elaboración propia, 2020.

De los 31 NAT, el 80,6% realiza este tipo de trabajo. Del 100% que realiza trabajo doméstico, el 60% son mujeres y el otro 40% varones. Un 37,5% realiza solo este trabajo y todas son mujeres. Otro 37,5% realizan éste y otro trabajo. Y un 25% realiza -con este- tres o cuatro trabajos en total.

Se puede ver de forma clara cómo la expulsión del circuito económico legítimo del capital coloca a estas infancias, en tanto pertenecientes a la población subalterna, en ciertos trabajos precarios -feria, trabajo rural, construcción, trabajo doméstico y de cuidado- en detrimento de otros. Realizan `otros` trabajos. Es decir, no asalariados, desarrollados en los círculos periféricos del capital. Las/os NAT forman parte de las estructuras económicas y productivas, pero desde los márgenes que produce el sistema económico capitalista neoliberal. Por lo tanto, reconocerles como trabajadoras/es no las/os exime de ser explotadas/os. No reconocer esto sería ignorar que el marco en el que desarrollan sus actividades productivas y/o reproductivas es el capitalismo, discusión que las/os NAT de La Veleta no logran dar. El velo de dignidad que depositan en el trabajo no les permite dar cuenta de que el capital las/os encasilla en nichos de trabajos marginales.

4.1.4. Autopercepción del trabajo

Para indagar los motivos por los cuales trabajan y la percepción de este, realizamos varias entrevistas a NAT de La Veleta y La Antena. Al respecto podemos rescatar diversas respuestas, muchas veces vinculadas, tornando compleja la escisión analítica.

Algunas dejan entrever que trabajan por una cuestión de necesidad, para contribuir a la economía familiar: “(…) porque los ayudo a mis papás a recibir algún recurso en la economía” (Yamila, 14 años, 2017). Marcela cuenta que empezó a trabajar desde los siete años con su familia en trabajo rural, luego a los 15 empezó a trabajar también en la feria. En su narración se evidencia cómo ha naturalizado el trabajo como una actividad más de la vida cotidiana:

Yo el trabajo siempre lo veía como algo normal [reflexiona sobre cuando era niña y adolescente], cotidiano, que lo hacía con mi mamá, mi papá. Tampoco era un esfuerzo o un sacrificio. Como que yo lo veía común, ya lo había naturalizado esa parte yo (Marcela, 25 años, ex niña trabajadora, 2016).

Otra percepción respecto al trabajo es como espacio de formación y encuentro colectivo:

Yo me acuerdo que yo tenía… ¿Cuánto? Diecisiete años. Y ahí fue que yo sola, como que quería trabajar de otra cosa, me fui a buscar un trabajo por Corralitos. Y ahí fue también que yo ahí me encontré con otra chica que tenía la misma edad que yo. Habían varios que teníamos casi la misma edad y fuimos ahí como… A ver, además de otras personas, te van enseñando también a ser persona de alguna manera. Te van enseñando otras cosas que capaz que en tu casa vos no lo ves o en la escuela tampoco (Sofía, 27 años, ex niña trabajadora 2017).

Algunas/os, no alcanzan a ver que lo que subyace a esa `libertad` para disponer de sus ´ingresos´, es el círculo del consumo capitalista:

Bueno, yo empecé a… tuve mi primer trabajo a los catorce años […] En el verano hay una fábrica de ajo que vas y pelás ajos, acá en Ugarteche. Bueno fui una temporada y no pagaban nada el cajón de ajo. Pagaban $3 (tres pesos). Y bueno tenía que pelar ajos […] me ponía contenta porque bueno, tenía mi plata y me podía comprar lo que yo quisiera o tener mis cosas (Soledad, 24 años, ex niña trabajadora, 2017).

El trabajo que perciben como una instancia de `emancipación` en realidad es reproductor de desigualdades. Reproduce desigualdad de etnia, porque el trabajo rural utiliza mano de obra migrante -varias/os de ellas/os son trabajadora/es golondrinas cuyo origen provienen del norte argentino o de Bolivia-. Desigualdad de clase, porque les ubica en trabajos específicos: no asalariados, mal remunerados o no remunerados, en condiciones paupérrimas. Es decir, trabajos que `corresponden` a las clases empobrecidas, son trabajos claseados. Reproductor de desigualdad de género, las mujeres trabajan de manera casi exclusiva en el servicio doméstico y de cuidado. Todas estas reproducciones se enmarcan en el adultocentrismo, es decir que, no solo sufren las desigualdades de clase, de etnia y de género, sino que además por su condición de niñas/os están oprimidas/os por la relación generacional de poder.

La Veleta y La Antena redactó un comunicado dirigido a la OIT en el marco de la IV Conferencia Mundial sobre la Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil llevada a cabo en Buenos Aires, 2017:

Exigimos la participación de niñas, niños y adolescentes dentro de los espacios de la OIT, ya que se está hablando de la erradicación del trabajo infantil y la voz protagonista y autora no está presente, no solo lo vemos como la privación de derechos de la participación, sino que también como el no reconocimiento a las organizaciones de niñas, niños y adolescentes trabajadores. Esta exclusión nos indigna y seguiremos trabajando. Seguiremos luchando […]

Si bien, como organización, realizan un cuestionamiento y crítica al trabajo en lo que respecta a una noción de infancia ampliada, es decir, más allá del ámbito familiar; poner la cuestión de NA en el espacio público y cuestionar algunas condiciones específicas del trabajo, tienen una mirada salvífica del mismo. Esa crítica no se centra en el punto nodal del trabajo, es decir, su dinámica estructural capitalista, que reproduce su condición social marginada.

Es de suma importancia aclarar que al no haber podido regresar al territorio no contamos con información respecto a cómo impactó la crisis socioeconómica y sanitaria postpandemia a la organización en términos de su situación de trabajo y participación en territorio. Sin embargo, han readaptado su forma de participación en redes sociales a fin de seguir vinculadas/os en tanto sujeto colectivo. Nuevamente, obligadas/os por el contexto de pandemia, sus estrategias de participación y comunicación viraron en torno al espacio virtual. De esta manera crearon instancias lúdicas, recreativas, como también formativas y de acceso a información y luchas políticas colectivas desde sus canales en redes sociales (Facebook e Instagram). En sus palabras:

En 2020 el trabajo de nuestra organización social como muchas tareas en contexto de emergencia sanitaria tuvieron su espacio en la virtualidad, el acceso a la tecnología pasó a ser una necesidad para la continuidad educativa y así como nos trasladamos a ese escenario virtual -tanto como al escenario privado y doméstico-, las violencias aparecieron allí. Durante 2020 desplegamos más acciones con las escuelas, escuelas que cuidan como acto pedagógico (Testimonio extraído de su cuenta de Facebook, diciembre 2020).

Inmediatamente terminado el ASPO, se dispusieron a regresar a los encuentros presenciales colectivos con los recaudos de distancia y otros cuidados propios del contexto.

Cierre: entre los márgenes del capitalismo y la resistencia colectiva

A partir del recorrido realizado, nos aproximamos a la recuperación de las voces de las y los NAT de La Veleta y La Antena. Desde sus orígenes la organización fue construyendo su identidad en torno al trabajo y a la participación materializada en diversos espacios. Sus objetivos, sus formas de participación política, sus redes de vínculos con otros espacios y movimientos de NAT y su forma organización fueron y son los escenarios que les permiten construir una distintiva subjetividad política. Todos estos procesos edificados desde el Paradigma del Protagonismo Infantil proponen una alternativa respecto a la relación adulta/o-niña/o y al ejercicio de ciudadanía en tanto sujetas/os sociopolíticas/os desde el pedido de reconocimiento como niñas/os, trabajadoras/es y desde un feminismo antiadultista.

A pesar de todas las características anteriormente mencionadas, aspiran a un trabajo digno muchas veces naturalizado como bueno por sí, en tanto no cuestionan sus condiciones estructurales de explotación. Esto se debe a que sus motivos para trabajar están teñidos por el deseo de integración sociocultural. Y es que en nuestras sociedades los sectores pauperizados padecen el desplazamiento desde, la integración al trabajo como fuerza laboral, a la del consumo. Entonces, si bien realizan una `valoración crítica` del trabajo está más cerca de una visión `salvífica` o `redentora` del mismo que de un análisis crítico. La organización descarga sobre el trabajo, y las condiciones en las que se da, la condición de dignidad, más allá de su naturaleza: la integración a un sistema desigual que produce lugares sociales y trabajos indignos para las clases sociales subalternas. El trabajo pensado en relación con la pertenencia étnica y de clase es una de las cuentas pendientes del movimiento local en su derrotero internacional.

Como contrapartida debemos resaltar la existencia de un grupo de niñas y adolescentes que encontraron en La Veleta un espacio desde donde cuestionar al patriarcado y desafiarlo, tomando como herramienta al feminismo. Logran reconocer a partir de sus vivencias cotidianas la opresión y violencia patriarcal e incluso introdujeron la discusión del feminismo al interior de sus organizaciones -La Veleta y el MOLACNATS. En este sentido, la crítica al patriarcado se dirige al corazón mismo del sistema.

La Veleta está por ello enredada en una aporía. Por un lado, son parte de la población rural empobrecida, de mayoría migrante, étnicamente discriminada por excelencia. Debido a ello están expuestas/os a la exclusión, la opresión y la indefensión excluyente e indesligable de las desigualdades institucionalizadas por la globalización de factura neoliberal. Esto se refleja en situaciones de emergencia que les conduce a generar procesos de resistencia, de sobrevivencia por fuera de la órbita normalizada del capital: el trabajo asalariado. Esos otros trabajos que realizan se constituyen en nichos que resisten al capitalismo, pero al mismo tiempo son formas de subsistencia que paulatinamente son absorbidas por el capital.

Su situación es paradojal. La expulsión del capital a la que están sometidas/os las/os condujo de manera forzada a organizarse. Es decir, forman parte de los procesos de emergencia y resistencia que se constituyen en los márgenes del capitalismo, justamente dando lugar a estrategias de sobrevivencia por fuera de este. Su organización colectiva La Veleta y La Antena ha sido y es la condición de posibilidad para que, desde su pertenencia a los sectores subalternos de la sociedad, hoy las/los veamos como agentes de transformación social, como ese Sujeto colectivo infantil que desarrollan diversas alternativas de resistencia. Su fuerza organizada transforma su subalternidad en esa infancia otra existente y concreta. En este sentido, el aspecto importante a destacar es que, si bien la organización se edificó sobre la piedra angular del trabajo, el corazón de su identidad, la subjetivación política se alza a partir de la organización. Desde allí generan un proceso de praxis y reflexión colectiva intra e interorganizacional que produce conciencia colectiva. Y es esto lo que les da fuerza y capacidad de irrumpir en el espacio público, de construir espacios de participación común, de salir de la esfera individual dando lugar a ese Sujeto colectivo-Veleta, que funda lazos de solidaridad y empatía.

Así, las/los sujetas/os subalternas/os, marginadas/os y excluidas/os, producto del capitalismo voraz y del adultocentrismo intransigente, lograron constituirse en sujeto político colectivo rompiendo, de esta manera, con el negacionismo histórico en que se las/os oculta por ser menores de edad y parte de los sectores populares de nuestra sociedad. La ruptura con este silenciamiento de las infancias fue posible gracias a la fuerza de la voz colectiva. Por esto no podemos como cientistas sociales hacer oídos sordos a sus reclamos sostenidos durante más de 10 años de organización: “Sí al trabajo digno y no a la explotación” y “Nunca más sin nosotras”. Buscamos dejar de reproducir esta invisibilización histórica: las/os niñas/os y adolescentes también son sujetas/os en situación de trabajo en Mendoza y en Latinoamérica, existen y resisten. Y por ello, para ellas/ellos está nuestro aporte.

Referencias bibliográficas

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Fuentes consultadas

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  1. Este trabajo parte de la investigación realizada para nuestra tesis de grado. Barboza, A. & Estrada, M. (2018). El grito silenciado de las infancias latinoamericanas. La experiencia de las niñas, los niños y adolescentes trabajadores organizados de La Veleta y La Antena, Mendoza, Argentina. (Tesis de grado). Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.
  2. Unión Nacional de Niños/as y Adolescentes Trabajadores/as de Bolivia (UNATSBO), la Coordinación Nacional de Niños/as y Adolescentes Trabajadores/as de Paraguay (CONNATs), el Movimiento Nacional de Niños Niñas y Adolescentes Trabajadoras/es Organizados del Perú (MNNATSOP), la Coordinación Regional de Niñas/os y Adolescentes Trabajadores/as de Venezuela (CORENATs), Ecuador Virtudes (ECUAV) y Fortalezas de Niños/as y Adolescentes Trabajadoras/es de Ecuador (FNATs), la Organización Nacional de Niños/as y Adolescentes Trabajadores/as de Colombia (ONATSCOL), Melel Xojobal desde México, La Veleta y la Antena (Mendoza), y La Asamblea Rebelde y La Miguelito Pepe (Buenos Aires) de Argentina y Protagoniza de Chile.
  3. Para citar fragmentos de estas entrevistas en el cuerpo del artículo usamos nombres ficticios a fin de resguardar sus identidades.
  4. Esta doctrina considera que las/os niñas/os y adolescentes no sólo deben ser protegidas/os en sus necesidades básicas, sino que les otorga el derecho a la opinión y a la asociación para participar en la sociedad, donde ambas deben ser tenidas en cuenta por las/os adultas/os Declara como objetivo máximo el Interés superior del Niño, entendiendo por éste la prioridad de todos los derechos que consagra la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.
  5. Este convenio le otorga a cada Estado la tarea de realizar una lista de los trabajos considerados peligrosos, castigar a quienes sometan a niñas/os a este tipo de actividades laborales y la obligación de proteger a las/os niñas/os que se encuentren en esas condiciones liberándoles de esa situación.
  6. Art. 32. Los Estados Parte reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.
  7. Sobre este tema en especial relación con el trabajo vitivinícola ver en esta compilación el artículo de Bárbara Altschuler y sobre jóvenes en el secano mendocino el aporte de Carla Rosales.
  8. Trabajadoras Sociales mendocinas que se formaron en la perspectiva del PI en la provincia de Córdoba de la mano de Lidia Piotti, en Perú (Instituto de Formación de Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores -IFEJANT) y con otros referentes intelectuales del paradigma como Manfred Liebel, Alejandro Cussianovich, Giangi Schibotto, entre otros. En 2010 deciden promover procesos de organización de niñas/os y adolescentes de Ugarteche y luego colaborar en los mismos desde el PI.
  9. Campaña realizada por agencias centradas en la infancia -Kindernothilfe, Save the Children, Terre des hommes y otras- para contribuir a que las voces de les NAT sean escuchadas y consideradas en 25 países de distintas partes del mundo.
  10. Parafraseando a Larrañaga (2004), la perspectiva mercantil, que concede valor únicamente a las mercancías susceptibles de aportar valor de cambio, despoja de relevancia social al trabajo reproductivo, relegándolo a lo doméstico, no cuantificable como beneficio económico. La óptica del capital ha asimilado trabajo con empleo y ha impuesto una visión sesgada y reducida de la actividad económica. Así, el trabajo equivale a lo funcional, lo instrumental, lo productivo y constituye un poderoso medio de normalización social y principal referente para construir nuestra cotidianidad.
  11. Cabe aclarar que esto también sucede en sectores urbanos. Sin embargo, lo que aquí emerge es la relevancia de la actividad en la estructuración de la vida de los grupos familiares.


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