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6 Producción de subjetividades
y medios sociodigitales

En lugar de ideología, prefiero hablar siempre de subjetivación, de producción de subjetividad.

   

Guattari y Rolnik, 2013

   

Se ve todo en redes… quién sos, dónde vivís, quiénes son tus amigos… ¡ay, sí!, se ve todo.

    

Estudiante, 16 años

La producción subjetiva en tensión

Una tensión puede ser entendida como una contradicción, pero también como una posibilidad. Es una tensión justamente porque no implica cierre ni totalidad, sino apertura a otros posibles. Es tensión porque se permite pensar y pensarse mientras ciertas lógicas del ser y del hacer se imponen como imperativos de la época. Imperativos que son una forma de gubernamentalidad mediática sin rostro que busca potenciar pasiones tristes desubjetivantes, proclives al consumo, mientras que, permiten ser una vidriera para mostrar otros posibles.

Dice Tiqqun: “Los nuevos conquistadores, que aquí llamaremos cibernéticos, no forman un partido organizado (lo que hubiera hecho más fácil la tarea), son una constelación difusa de agentes en movimiento, poseídos, cegados por la misma fábula” (Tiqqun, 2013, p. 27). ¿Cómo desentramar la lógica de las formas de saber que modelan las subjetividades? ¿Cómo escapar de la servidumbre propia de la fascinación mediática? Nos permitimos pensar la tensión como proceso de desplazamiento de la autoridad desde donde se piensa el mundo, los lugares comunes desde donde se construye la realidad, los vínculos, las normas hacia la problematización. Resulta complejo captar en una expresión el universo simbólico de lo que los/as jóvenes están expresando, sin embargo, hemos intentado encontrar en el discurrir aquellos imperativos a través de los cuales se va construyendo la tensión subjetiva.

Hemos identificado cinco tensiones para pensar las lógicas de producción subjetiva que están operando en los/as jóvenes entrevistados. Las tensiones no son interpretaciones dicotómicas que busquen dar cuenta de dos caracterizaciones estancas y caricaturescas. Son quizás, y, por el contrario, los territorios visibles desde donde se permite recrear una variedad de matices y de posibles líneas de fuga:

  1. Lo público, lo privado y lo íntimo;
  2. La saturación y el mandato de sociabilidad;
  3. El mandato viral y los cuidados de los/as otros/as;
  4. El cuerpo real y el cuerpo virtual;
  5. Consumidores y prosumidores.

Visibilizar las tensiones desde las que se interpelan los/as sujetos, ponerlos sobre la mesa, reconocerlos, discutirlos y visibilizar el discurso dominante puede ser el primer paso para desentramar los intersticios desde donde se juega la producción subjetiva de los/as estudiantes.

Primera tensión: lo público, lo privado y lo íntimo en los medios sociales

¿Qué tipos de contenidos se publican en los medios sociodigitales? Más allá de las estrategias de autopresentación que observamos en las imágenes, ¿qué entienden los/as jóvenes por público y privado? A partir de la proliferación del uso de los medios sociales, que permitieron mostrar escenas de la vida cotidiana, relatar lo que cada persona hace aquí y ahora, algunos autores comenzaron a estudiar los cambios en la concepción de intimidad. Sibilia (2007) describe la tendencia de los jóvenes a mostrar su intimidad en las redes sociales como “extimidad”. La autora explica que en la actualidad “existe un desplazamiento hacia la intimidad: una curiosidad creciente por aquellos ámbitos de la existencia que solían tildarse de manera inequívoca como privados” (2007, p. 41). Frente a esta mirada, Line (2016) plantea el concepto de “multimidad”; contrariamente a la idea de que los/as jóvenes publican todos los acontecimientos de sus vidas en las redes sociales, el autor propone que los vínculos con la intimidad no son espontáneos, sino que los/as usuarios despliegan ciertas estrategias de presentación en las redes para mostrar lo mejor de sí mismos. En este sentido, los/as usuarios/as deciden qué mostrar, cómo y a quién (Line, 2016).

En nuestra indagación, nos propusimos avanzar en las percepciones que los/as jóvenes del Gran Mendoza tienen acerca de lo público y lo privado:

–Y cuando publican en las redes, un video, un estado, ¿tienen en cuenta quiénes los pueden estar mirando?

Sí, porque yo tengo todo personalizado para que lo vean los que yo tengo como amigos, nomás.

–¿Y los demás?

Yo a veces, porque por ahí, cuando subís, te dice quiénes querés que lo vean, público o tus amigos, yo pongo que mis amigos.

Están los hackers.

Por ahí sí, mis amigos pueden compartirlo, se viraliza más… por eso tenés que tener cuidado qué amigos tenés.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EP)

En los tiempos marcados por el “ser-público”, ¿cuál es el límite percibido (si lo hubiera) en las performances de autopresentación en los medios sociodigitales? No hay respuestas unívocas, sin embargo, los testimonios de los/as jóvenes establecen ciertos límites en tres sentidos: la importancia de cuidar la intimidad del cuerpo, la mirada de los adultos referentes y la saturación de los espectadores. De este último punto, nos ocuparemos en un próximo apartado.

Respecto de la mirada de los adultos referentes, los testimonios refuerzan la hipótesis de que de la mayoría de los/as jóvenes cuidan su privacidad en los medios sociales, seleccionan la información que muestran sobre todo a los familiares, padres, hermanos o tíos. En algunos casos, reconocen tener perfiles diferentes para interactuar con los familiares, en donde “cuidan” las publicaciones. Algunos expresan que diversifican los perfiles porque se sienten controlados en los contenidos que comparten.

–Hay gente que es repesada, por así decirlo, estás con el amigo.

–Yo me sacaba foto con mis amigos y “¿quién es ese?” ponía mi mamá.

–Uh, siempre.

–Tengo todos bloqueados, todos mis familiares.

–Toda la familia bloqueada.

–Sí, tío, tía…

–Parientes lejanos.

–¡Sí!

–Hasta mi primo.

–Hasta los amigos de mi vieja.

(Entrevista Grupal con estudiantes. 5.° EA)

Los/as jóvenes transitan por una etapa en la que la mirada de los adultos referentes puede ser más restrictiva que la de un “público” integrado por personas desconocidas. La mirada del adulto representa el límite impuesto desde afuera a través de una sanción o un castigo.

No obstante, vale aclarar que las lógicas de vinculación en las que se desenvuelven están marcadas por la primacía de lo público, el imperativo de mostrar y mostrarse. “La sociedad de la exposición”, que es la sociedad capitalista, dice Han, otorga valor a lo que se muestra, “las cosas se revisten de valor solamente cuando son vistas” (2012, p. 26).

Sin embargo, los jóvenes deciden qué exponer –y qué no–; el sentido de lo público o lo privado, de lo que se muestra o no, difiere según comprometa o no aspectos de la intimidad de cada persona. Publicar escenas de la vida cotidiana no significa exponer la intimidad; intimidad y “políticas de privacidad” no necesariamente son términos afines en el lenguaje social.

–Y ustedes, ¿publican?

Sí, publicamos cuando nos peleamos, nos vamos a bañar, me ato los cordones… todo el tiempo.

Cuando te peleas con tu novio, cuando estas mal…

Es como que te desahogas así.

–¿Y por qué creen que tiene esa función así, de desahogarse como decís vos?

Mmm, ahí nomás te da por publicar.

No sé, será porque toda la gente lee lo que ponés, entonces como que te contienen, no sé. 

Puede ser, sentirse escuchado… entre comillas.

Son cosas que no podés hablar, bueno, hablarlas así personalmente.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EF)

Lo público aparece en el diálogo como la necesidad de estar siempre presente para las/os amigos, y que las/os amigos estén presentes para ellos a través de un “like” o de un comentario. Publicar tiene que ver con la fantasía de estar con otros/as a través de la pantalla, pero también con ser alguien, presentarse ante los demás, contar aspectos de la vida cotidiana, expresar los gustos, los sentimientos, los afectos; aquellos aspectos que identifican al sujeto pero que al mismo tiempo los vinculan con el grupo de pares, ya que presentarse ante los demás implica, sobre todo, cuidar la imagen frente al grupo de referencia. Si bien los medios sociales amplían el grupo de pares, tal como lo entendíamos tradicionalmente, como hemos dicho, el límite de lo publicable para estos jóvenes es la intimidad. Parece una obviedad, sin embargo, en tiempos marcados por el “ser público”, ¿qué significa para ellos la intimidad?

Me pasa esto y todo el mundo se enteró, “ehh, ¿estás bien?”. “¿Qué te pasó?”. Y yo digo “¿cómo te enteraste?”. “Porque subiste al WhatsApp un estado de un nenito llorando”. Entonces ahí la gente empieza preguntar, intenta indagar a cada momento y por lo único que lo hace es porque no tiene nada que hacer y quiere saber qué te pasa a vos. Porque no es preocupación, no es por saber lo que te pasa. Es porque subiste un estado de un nene con una carita llorando. Es así, eso es privacidad.

–¿Y qué diferencia hay con la intimidad?

La intimidad es algo de uno, algo que no lo podés estar contando y mostrando a todo el mundo.

(Entrevista grupal con estudiantes. 5.° EF)

La intimidad no involucra, para los jóvenes, salir de la lógica de la visibilidad, sino comprender que “no todo es publicable”. Tal es así como lo definen, lo que no puede ser contado o mostrado a todo el mundo, lo que se excluye de la razón que todo espectaculariza, aquello que se reserva para sí mismo/a. La viralización de videos íntimos aparece en este registro; encontramos en las entrevistas varios relatos en donde se presentan situaciones sexoafectivas cuya viralización lacera la intimidad y provoca vergüenza. Otra de las situaciones que se percibe en el plano de lo íntimo es el acceso a las contraseñas, las llaves de los antiguos diarios íntimos. Entre los relatos, llaman la atención los múltiples casos en donde las parejas intercambian contraseñas como garantía de confianza. Ahora bien, cuando no es posible acceder a la palabra mágica a través del consentimiento, la opción suele ser recurrir al “hackeo” que permita ingresar al mundo de la intimidad.

–Eso de hackear los perfiles lo puede hacer absolutamente cualquiera… mi novio no me quería pasar la contraseña, entonces yo agarré y se lo hackee… y ahí no más que se lo hackee me llegó la contraseña al celular.

¿Y cómo hiciste? 

Y me metí en YouTube y busqué “¿cómo hackear tanto”? 

Y te sale eso…

Che, está bueno, no sabía.

Si después querés, te paso el link.

Y después ahí nomás nos peleamos, ah no, mentira.

 (Entrevista grupal con estudiantes. 5.° EF)

Como hemos analizado, lo público, lo privado y lo íntimo aparecen como registros diferentes en las experiencias de los/as estudiantes. Las publicaciones en los medios sociales funcionan como una forma de mostrarse frente al grupo de pares y construir identidad esbozando a través de imágenes, estados y canciones un retrato de sí.

Foucault, en La hermenéutica del origen de sí (2016), da cuenta de la importancia del relato en la producción de la subjetividad. Desde tiempos remotos, la humanidad se ha valido de diversas técnicas semióticas para producir “verdad sobre sí”; una de ellas es la confesión como verbalización de los pecados y teatralización, es decir, puesta en escena del sujeto en su condición de pecador. Esta instancia no carecía de un componente público y social. En este sentido, aun cuando podamos cuestionar las lógicas de conducción de la subjetividad que encontramos en los medios sociales, los dispositivos de la actualidad funcionan como un espacio de confesión para la construcción de un sí mismo/a que, al igual que los de antaño, implican a veces una renuncia del verdadero sujeto al sí mismo “publicable”.

Segunda tensión: saturación vs. mandato de sociabilidad

Algunos/as jóvenes pasan muchas horas frente a las pantallas, esto no es una novedad; en las entrevistas realizadas, reconocen (aunque irónicamente, que podrían estar 24 horas conectados). Como indicamos en el capítulo 2, las condiciones de conectividad de los/as estudiantes son intermitentes y dependen de la posibilidad de acceder a paquetes de datos o conexión por wifi. Sin embargo, nos interesa desarrollar algunos aspectos críticos que surgen de este análisis en relación con la comunicación entre pares. En los grupos de discusión, las/os jóvenes expresan que a veces se sienten saturados/as por la cantidad de mensajes que reciben, específicamente en los grupos de WhatsApp y en las notificaciones que llegan a través de las redes sociales. Debido a esta razón, suelen no leerlos o dejarlos pasar.

Te cansa, a veces te cansa tener muchos WhatsApp.

¿Por qué te cansa, Marcos?
–Te cansa ver mensajes todo el día, los borras o los bloqueas o no sé.

(Entrevista grupal con estudiantes. 1.° EF)

Lo mismo sucede con las redes sociales; los/as mismas estudiantes admiten que, a pesar de que las utilizan durante mucho tiempo al día, a veces suelen cansarse de las notificaciones y de los contenidos.

–¿Instagram, no? ¿Por qué, no te interesa

Ya es mucho, ya es una banda de cosas.

Es medio pesado.

¿Por qué es medio pesado?

Y porque a veces te cansa.

Sí, te cansa…

Yo a veces, yo he decidido cerrar el Facebook por lo menos, y es como que te libera. Aparte es como muchos problemas, todos están llenos de problemas y vos empezás a leer, así…

(Entrevista grupal. 3.° EF)

Nos referimos a este fenómeno como saturación de los estímulos mediáticos, tanto mensajes como contenidos. Sin embargo, a pesar de dicha saturación, la desconexión es momentánea, intermitente. Resulta interesante preguntarnos: ¿qué se libera cuando nos liberamos del dispositivo?

Berardi (2016) expresa que habitar entornos digitales expone a las/os sujetos a una serie de mutaciones tanto en la percepción como en la sensibilidad. La aceleración de la infósfera –tal como llama el autor a la esfera de signos intencionales que rodean al organismo sensible– puede generar en la mente humana saturación, cansancio e incluso depresión.

La saturación de los/as jóvenes se pone en tensión con el mandato de sociabilidad que exige pertenecer y estar comunicado con otras/os. Llamamos mandato social al fenómeno de aprehensión de las redes sociales en las prácticas de comunicación de los/as jóvenes, ordenada, tal vez, por el imperativo de la época. ¿Qué hace que estén en las redes a pesar de la saturación? Circula entre los/as jóvenes la idea de que, si no tienen cuenta en redes, por ejemplo, están “desconectados del mundo” o no se enteran de lo que sucede en la escuela o en el barrio.

El mandato de sociabilidad impone saber dónde están y qué están haciendo cada uno de los contactos, así como la necesidad de comunicar cada acción o pensamiento. Sibilia (2008) llama a este fenómeno “géneros confesionales de internet”, en los que los/as sujetos exponen a modo de relato aspectos de su intimidad.

La red siempre ofrece una alternativa a la saturación, expresada en la modulación de la participación de las redes sociales. Si observamos con atención, los/as sujetos van saltando de una a otra conforme opera y se potencia el mandato de sociabilidad. La desconexión absoluta nunca es una opción a pesar del cansancio o la saturación, sea porque la plataforma de exposición/comunicación va transformando su interfaz para ofrecer experiencias novedosas o porque ante el eventual agotamiento de una plataforma surgen otras que diversifican las posibilidades e incentivan la migración de usuarios/as.

Tercera tensión: mandato viral-cuidados
de los/as otros/as

Van Dijck (2016) explica que una de las características que hacen de Facebook una de las redes sociales más utilizadas es la posibilidad de compartir contenidos multimedia en los perfiles personales y entre usuarios registrados, lo que refleja los valores que sostienen los ejecutivos de Facebook. Podríamos decir que este “imperativo de compartir” (tal como lo llama la autora) es la base de la cultura de la conectividad que sustenta la lógica de los medios sociales.

En el vocabulario juvenil, cuando una imagen o video se comparte muchas veces y llega a gran cantidad de personas en poco tiempo, ese contenido se “viraliza” y se convierte en tema frecuente de conversación. Entre los/as estudiantes, suelen viralizarse distintos contenidos. Entre los contenidos que se viralizan con mayor frecuencia están los “memes”, que representan al lenguaje de la juventud por excelencia: una imagen considerada “graciosa”, adaptable a distintos contenidos, acompañada por frases que completan el sentido, que pueden ajustarse según el contexto. La cualidad particular de los memes, y el sentido de su rápida proliferación, se debe no solo a que su contenido tiene un efecto cómico, sino también a que en él se sienten identificados/as.

–¡Los memes son los que más se comparten!

Son los que más me gustan y es como que decís algo gracioso y me mandás un meme y es como la gloria.
(Entrevista Grupal con estudiantes. 3.° EF)

Otros de los materiales que se viralizan fácilmente son las imágenes y videos de compañeros/as de la escuela o conocidos en situaciones íntimas o agresivas. La particularidad de estas imágenes es que comprometen la integridad física o sexual de sus protagonistas. En el caso de las mujeres, las imágenes suelen tener contenido sexual más o menos explícito, videos que muestras a las chicas teniendo relaciones sexuales o bien imágenes donde queda expuesta la intimidad del cuerpo.

Subieron fotos de una chica de la escuela, creo que la había pasado y una vez que la pasaste ya está. La cuestión es que terminó estando por todos lados acá en la escuela y todo el mundo sabía. (Entrevista grupal con estudiantes. 5.° EF)

Si bien en algunos casos los varones también protagonizan videos o imágenes, cuando se trata de contenido vinculado a la sexualidad la atención y el prejuicio están puestos sobre el rol femenino. Sin embargo, existen otros contenidos que llaman la atención y que según los/as jóvenes suelen viralizarse; por ejemplo, los videos que muestran peleas entre adolescentes a la salida de los boliches o de la escuela.

O sino algunas veces que, por ejemplo, una pelea después de la salida de un boliche, y tengo el video en tal lugar. (Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EF)

¿Cómo circulan las imágenes? ¿Cuáles son las motivaciones para compartirlas? En las entrevistas, algunos/as explican que se sienten incómodos con las imágenes, otros manifiestan que a veces les da pudor recibir estos contenidos. Sin embargo, la mayoría explica que, si bien entienden que la persona que lo protagoniza posiblemente se sienta avergonzada, les da igual, ya que se comenta durante un tiempo, pero luego se olvida. No obstante, marcan una diferencia notable si el/la protagonista es amigo/a:

–¿Qué hicieron con esa foto?

La borré.

¿Y qué piensan ustedes de eso? [la viralización de imágenes y videos].

Que es cochino, no sé.

No es gracioso, por ejemplo, si están en una pelea, no es gracioso… si están mis amigos, yo los separo.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EF)

Cuando les consultamos a los/as jóvenes respecto de las motivaciones para reenviar los videos, la mayoría explica que, si bien los miran, no los reenvían porque consideran que eso está mal. Sin embargo, quienes manifiestan disidencia con este punto expresan que, si conocen al protagonista y resulta ser “mala persona”, lo comparten igual.

–Capaz que se las pasó por privado la foto y él se las pasó a todos los amigos en mensajes…

¿Pero para ustedes está bien eso, está bien o está mal? [viralizar imágenes]

Depende, si es mala persona.

(Entrevista grupal con estudiantes. 1.° Escuela Agustín Álvarez)

Entendemos que, en este punto, la tensión opera entre el “mandato viral” que propone la cultura de la conectividad, como una operación de la subjetividad y el cuidado de sí y de los otros/as. No es lo mismo compartir un “meme” o un contenido producido por un youtuber que se considere gracioso que una foto o un video de una compañera/o en situaciones íntimas. El límite, en estos casos, debería ser el cuidado de otros/as. En muchos casos, los/as jóvenes entrevistados explican que cuando reciben contenidos que comprometen a amigos/as no los comparten o los eliminan. Sin embargo, reconocen que varias veces compartieron fotos o videos de chicos que conocen de la escuela o del barrio y con quienes el vínculo no es cercano. Esto nos indica que el cuidado, en estos casos, depende del vínculo de amistad.

Cuando se trata de videos en donde se expone la integridad sexual de alguna compañera, las chicas explican que, aunque genere cierto “morbo”, no suelen compartirlo por empatía.

Yo no lo compartiría porque sabés que la chica se sentiría mal.

Yo no lo compartiría porque si yo estuviera en su lugar me sentiría remal…

Sí, yo no tengo ni el más mínimo interés en compartirlo.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EAA)

Es evidente que algo les incomoda de esta práctica; surge en el discurrir de la conversación. Mientras cuentan algunas anécdotas, bajan la voz quizás por vergüenza o se ríen nerviosamente. Explican que la escuela ha intentado intervenir pero torpemente, a través de la prohibición, lo que termina generando mayor curiosidad. La curiosidad es un factor clave, todos/as quieren ver, aunque confiesan que no les gustaría que los vieran. ¿Quién es el culpable? Según ellos/as, a veces quienes envían los videos para hacer una broma o con intención de lastimar, sin embargo, en la mayoría de los relatos a quien primero se culpabiliza es a la víctima por tomarse las fotografías o dejarse filmar. En este punto nos queremos detener especialmente ya que entendemos que es en este razonamiento donde reside la mayor justificación respecto a la viralización de los videos en detrimento del cuidado de los otros/as.

–Directamente no la subiría.

Directamente no me la sacaría la foto. 

Eso quise decir, no me la sacaría. 

Una vez que ya te la sacaste y está en tu celular, alguien te lo saca y es un chiste haciendo un chiste y aparece por todos lados, y directamente no te la saqués a la foto.

(Entrevista grupal con estudiantes. 1.° EA)

Los/as jóvenes entienden que quienes son víctimas de la exposición de su intimidad son responsables de tal ultraje por el solo hecho de tomarse una foto o por compartirla con otra persona en una relación de privacidad, más conocidas como sexting. Es cierto que la curiosidad ejerce un peso importante a la hora de mirar y compartir las prácticas íntimas de otros/as. Pese a eso, lo más nos llama la atención es la responsabilidad puesta en la víctima, puesto que lo hacen “hacerse ver” o para “conseguir más seguidores”. Por lo general, esta mirada examinadora y cargada de prejuicios está puesta sobre las prácticas íntimas de mujeres.

En este sentido, cabe destacar la importancia del discurso de los adultos (incluyendo el de la escuela) que opera desde la prohibición, sin ofrecer demasiadas explicaciones.

–Igual, empezaron… porque vino el “prece” a hablarnos a nosotros al curso diciendo que no teníamos que viralizar ese video y que dejáramos de hablar de eso. Y yo no entendía lo que estaban hablando porque yo ni enterada. Y dice el “prece” “quién vio el video” y todos empezaron a decir “yo, yo, yo”. ¿Qué video están hablando? No tenía ni idea. (Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EA)

En lugar de partir de la explicación sobre la importancia de promover una cultura del cuidado de sí y de los/as otros/as, el discurso parte de la prohibición. Genera, en este caso, más interés y reactiva la curiosidad. El lugar de los adultos, en este caso la escuela, resulta fundamental para generar espacios de diálogo, reflexión y construcción de prácticas virtuales más responsables consigo mismos y con los otros/as. Resultará mucho más complejo si los/as educadores replican discursos de revictimización que anulan la perspectiva de género y promueven la desprotección de la integridad física y psicológica de los/as estudiantes.

Cuarta tensión: cuerpo real-cuerpo virtual. Sobre la percepción de sí

¿Qué lugar ocupa el cuerpo en las performances virtuales de los/as estudiantes? En cuanto a las publicaciones visibles en el perfil, ¿cómo se manifiesta esta percepción de sí mismos y de los demás? ¿De qué manera se percibe el propio cuerpo cuando este es objeto de edición, modificación, transformación?

Si analizáramos las imágenes que los/as jóvenes suben a los medios sociales, podríamos observar la centralidad que, a primera vista, se le otorga al cuerpo. Ya sea por intentar cubrirlo o por buscar mostrarlo, el cuerpo ocupa un lugar central en las interacciones virtuales de los jóvenes en un contexto que demanda mostrarse constantemente.

Esta exposición no carece de cuidados y estrategias que permitan visibilizar la corporalidad para que aparezca de la manera más agradable posible a los ojos del espectador. Se ponen en juego algunas destrezas de edición con programas como Photoshop o bien la utilización de filtros de mejoramiento de las selfies. ¿Qué piensan los/as estudiantes de las manipulaciones de las imágenes?

Casi todos/as reconocen que para que una foto pueda ser compartida es fundamental que los sujetos fotografiados luzcan bien. Para ello, suelen repetir la toma una y otra vez, probar distintas expresiones, cuidar la ropa, el ángulo, el encuadre. Es fundamental verificar la imagen antes de subirla a la red, tratar de agradar a partir de criterios de belleza que suelen ser homogéneos no solo en el grupo de pertenencia sino en la comunidad formada en la red.

–¿Cómo seleccionan las fotos que suben?

Si me veo bonito.

Si no me veo tan rara.

Si me veo bonito, la subo, si no no.

¿Qué sería verse bonito?

Si no se ve borrosa la foto.

Yo hay veces que me fijo hasta si un ojo se me ve más grande que el otro [todos se ríen].

En Facebook nada más, cuando ponés una nueva foto de perfil, si no no.

¿Y qué otra característica debe tener una selfie para ser compartida en las redes?

¡Salir bonito!

Y estar bien vestido.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EA)

     

Hay muchos problemas en las chicas también, con problemas de su cuerpo.

De su peso.

De su cuerpo. Y las mismas fotos también que hay en internet y esas cosas.

(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EF)

Estos criterios homogéneos de belleza del cuerpo (para agradar hay que ser flaco/a, linda/o, “fachero/a”, vestirse bien) surgen, quizás, de las imágenes que circulan en las redes sociales, provenientes de perfiles de instagrammers, cuyo trabajo en muchos casos es publicitar marcas de indumentaria o productos de belleza, entre otras. La estrategia comunicacional tiene mayor impacto puesto que se trata de jóvenes cuya popularidad proviene de la cantidad de seguidores. Esta premisa abre la posibilidad de que cualquier persona, siguiendo determinados criterios estéticos, logre el mismo grado de visibilidad en redes.

Con respecto a las ediciones de las fotos, los/as jóvenes reconocen que utilizan filtros de color o en blanco y negro para resaltar o disimular algunas características. Sin embargo, con respecto a las modificaciones sobre el cuerpo, la mirada es diferente. Algunos autores (Sibilia, 2008) afirman que los/as jóvenes, valiéndose de las herramientas digitales, construyen una imagen ideal de sí mismos, una ficcionalización del yo que, en algunos casos, difiere de la realidad palpable. A partir de la masificación del espectáculo en los medios de comunicación, señalada por Debord en 1967, toda época ha impulsado y sostenido un modelo idealizado e inalcanzable de belleza. Motivados por la lógica del consumo, por el bombardeo de imágenes en redes sociales, algunos/as jóvenes se esfuerzan por alcanzar este ideal que impone la época –un cuerpo voluptuoso pero esculpido en el caso de las chicas y musculoso y trabajado en el caso de los varones–. Sin embargo, hay ciertos pruritos en torno a la sobreedición del cuerpo, que pareciera no ser aceptada cuando se distancia demasiado de una imagen “real”.

–Encima hay algunas que hacen Photoshop en la fecha y en la cola, y es como que lo agrandan, pero te das cuenta a veces porque también se deforma el fondo y es como que sale así.

¡Qué vergüenza, dios mío!

Si lo vas a hacer, hacelo apenitas.

No tanto que se note.

Has visto vos la foto que se sacó la…

No, ¿quién?

La foto que se sacó la que venía de refuerzo, que se sacó una foto con manso Photoshop así; se le veía la cola así y atrás salía un árbol que también estaba doblado, ¡con la forma de la cola!

¡Noo!

¿En serio?

Qué vergüenza…

Posta, te juro, yo la tenía a la foto y la borré.
(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° A)

Pareciera, entonces, que el problema no es la edición, sino la vergüenza que puede generar que quien mira se dé cuenta de la manipulación. La ficcionalización como operación está instalada entre las/os jóvenes, siempre y cuando no difiera “tanto” de la realidad. El contraste entre cuerpo virtual y cuerpo real se materializa en las relaciones cotidianas, en la escuela, en el barrio, en la plaza, cuando cara a cara la realidad muestra otro rostro. La manipulación del cuerpo debe ser tan perfecta, milimétricamente cuidada para que no se note, para que sea lo más natural posible.

–¿Y eso les da vergüenza, decís vos?

Ay, sí, a mí sí me da vergüenza.

¿Por qué?

Sí, porque…

Se ve retrucho…

Después la ves en persona y es como “mmm”.

¡Es pariente de la madera!

Una tabla de planchar.

Bueno, no puedo decir nada porque yo estoy igual…

Pero vos no te hacés Photoshop.
(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° EA)

Entre las experiencias que compartieron las/os jóvenes, nos llamó la atención la reiteración con la que expresaron que aclaraban el color de su piel. Los estándares de belleza que circulan en las redes atentan contra las características del cuerpo que pueden o no ser modificables, como el peso, sino que también lo hacen con rasgos identitarios que difícilmente se puedan modificar si no es en el ámbito virtual.

No, yo por ahí la pongo porque sale muy oscura y la aclaro un poquito [se ríen] para verme más blanquita [bajando el tono de voz] y las recorto para que salgan cuadradas.
(Entrevista grupal con estudiantes. 3.° 2. EF)

Es urgente realizar un trabajo sistemático sobre la violencia que ejercen sobre los cuerpos los discursos sobre la belleza hegemónica que se reproducen una y otra vez en los medios sociodigitales. El cuerpo virtual intervenido con Photoshop está lejos de ser una irrealidad, una desmaterialización. Por el contrario, tal como sostenemos en el capítulo 2 de este trabajo, el cuerpo virtual, editado, se acerca a la imagen idealizada, fantaseada a partir de un estándar de normalización que opera como una pasión triste. En tanto pasión triste, coopta, atrapa la subjetividad y la aprisiona en el deseo de ser-otro o ser distinto. La servidumbre del cuerpo/modelo ha sido una forma de domesticación ejercida desde la publicidad y el marketing mucho antes de que se desarrollara el fenómeno de los medios sociales. La novedad que estos acarrean es la proliferación y reproducción de imágenes a través de dispositivos personales y en múltiples plataformas donde influencers e instagrammers venden un modo de ser (y verse) como un cuerpo-joven en las publicidades muchas veces encubiertas en los posteos. Todo el tiempo, en todas las plataformas. Las ediciones y los filtros constituyen justamente el filtro por medio del cual los/as jóvenes tamizan la inseguridad que les provoca la mirada del otro/a y de sí mismos/as atravesados por el discurso hegemónico de la belleza y la violencia simbólica a la que son sometidos/as. Todo pasa por el cuerpo, por eso no es virtual.

Quinta tensión: Consumidores-prosumidores. “Youtuber no se nace, se hace”

Hemos visto que, a partir del surgimiento de la web 2.0, una de las notas distintivas de los consumos culturales es la posibilidad de los/as usuarios/as constituirse en “prosumidores”. La arquitectura de los medios sociales fomenta la participación colectiva y permite crear y compartir contenidos a través de los perfiles personales. La posibilidad de participar, de ser sujetos activos y no meros consumidores, permite a los/las jóvenes subjetivar los espacios virtuales haciendo que ya no estén referidos solo a “los otros” sino también a “nosotros”. Gracias a esto,

… la comunicación se ensancha, se dispersa y se personaliza de acuerdo con los emisores, dando lugar a un mayor terreno para la expresión subjetiva y singular, condición en la que se amplía el poder de expresión de sujetos que de otra manera se verían reducidos al silencio (Urresti 2008, p. 55).

Al iniciar este trabajo, nos preguntamos qué habilidades ponen en juego los jóvenes a la hora de producir contenido. Sin embargo, al realizar el trabajo de campo e indagar en profundidad, notamos que la mayoría de los productos digitales de los/as jóvenes entrevistados/as se encuentran en el orden de las imágenes (selfies, fotos grupales), los videos de situaciones grupales espontáneas y los memes (con su variación, los momos), contenidos que no requieren elaboración previa, sino que son espontáneos e intentan retratar o describir un momento. La participación colectiva se circunscribe a subir fotos, editarlas, dejar comentarios o “likes” y compartir producciones que otros usuarios publicaron. Con excepción de los memes, que implican quizás una mayor elaboración a partir de un registro humorístico, las publicaciones de los/as estudiantes no requieren complejidad en su elaboración.

¿A qué nos referimos? Para crear un contenido digital, es necesario elegir un tema, elaborar un posible guion, filmar y editar el material. Si pensamos en un perfil activo, estos materiales deben tener periodicidad, orientarse a un público, etc. En el caso de Facebook, si se quisiera utilizar como página de difusión, tendrían que escribirse con cierta frecuencia breves textos que puedan ser publicados y compartidos. Si bien Instagram, como hemos destacado, se sostiene a partir de la publicación de imágenes, si observamos las cuentas de los/as jóvenes con mayor cantidad de seguidores, notaremos que las fotografías guardan criterios de composición, enfoque, edición, cuidado estético y, también con mayor frecuencia, la producción de “reels”. Frente a estas características, nos preguntamos: ¿realmente todos los/as usuarios/as de los medios sociodigitales son prosumidores? ¿Cuáles son las transformaciones en las formas de utilizar los medios digitales de estos/as jóvenes?

Tal como plantea Van Dijk (2016), es necesario desmitificar el rol activo de los usuarios en las plataformas digitales, puesto que

… la idea de que YouTube es un sitio dominado por la producción amateur rápidamente fue desbaratada. De la mano del explosivo crecimiento que la plataforma experimentó en 2007 llegó un inevitable aumento de la influencia de productores de contenido audiovisual profesionales (2017, p. 182).

Hoy, YouTube aloja a diversidad de creadores de contenidos, desde youtubers hasta nuevos medios de comunicación profesionalizados llamados streamers.

Los/as jóvenes que no producen contenidos –la mayoría– pasan la mayor parte del tiempo consumiendo los que otros/as realizan.

Bien, ¿y qué hacen cuando están conectados a internet?

Ver memes.

Ver memes, ¿y qué más?

Yo ver YouTube, me pongo a ver videos de lo que sea.

Yo también YouTube, sí. YouTube.

Es que encontrás cualquier cosa…

Sí.

Empezás buscando algo y bueno…

Ajá… empezás con un video de cocina y terminás en…

Bueno, ahí está, volvamos, ¿y cuántas horas pueden llegar a pasar mirando videos en YouTube o memes?

Una hora puedo estar, una hora y media, dos, tres, cuatro…

Depende del tiempo…

¡Todo el día!

Depende del tiempo que tenga.

(Entrevista en profundidad con estudiantes. 5.° EA)

El consumo de contenidos ocupa la mayor cantidad del tiempo que los/as estudiantes pasan en los medios sociales y se concreta en varios sentidos. Hay un consumo de tiempo, porque, según expresan, pasan muchas horas conectados/as, algunos “todo el día”, y un consumo de atención, puesto que esta constituye un bien preciado en el capitalismo de plataformas. Este punto es muy importante a la hora de repensar el entorno en el cual se forjan las subjetividades. Citton (2018) explica que vivimos en un “capitalismo de la atención” creado por los diversos medios de comunicación que se valen de una cierta “fascinación mediática”. Según este autor, existe un ecosistema de medios que disputan nuestra atención mientras que a la vez la condicionan. Afirma este autor que “la fascinación de los medios es el resultado de un ecosistema en el que todos estamos implicados con niveles diferentes y muy desiguales (pero no obstante interconectados) de participación, responsabilidad, actividad, explotación y lucro” (2018, p. 28).

Explicamos esto puesto que las implicancias desde el punto de vista de la educación son significativas si tenemos en cuenta que la atención es un recurso escaso. Otra de las características que plantea Citton es la “heteronomía de la atención”. Esto significa que los/as sujetos estamos expuestos a una diversidad de estímulos mediáticos que condicionan y orientan la atención. La viralización de contenidos podría ser un buen ejemplo de esto: se instala un tema a partir del imperativo de compartir –operación sobre la cual se construye la lógica de la conectividad–.

Consumo y reproductibilidad son dos características que podrían definir las operaciones que elaboran los/as jóvenes para habitar los entornos virtuales y que difieren mucho del ideal del “prosumidor”.

Claro, porque es como que publicás y publicás y compartís y no te percatás. Por ahí está mal no publicar esto porque podés molestar a tal o cual persona, pero también está mal publicar indiscriminadamente todo el día, como los estados de WhatsApp. Por ahí te metés en los estados de WhatsApp de alguien, hay una pibita a la mañana que pone 30 estados por minuto y ves todos los puntitos arriba que ya no se alcanzan a distinguir qué son. (Entrevista en profundidad a estudiantes. 5.° EF)

En este sentido, resulta interesante retomar los estudios sobre “pobreza digital” (Barrantes, 2007), que difiere del concepto de “brecha digital”. La pobreza digital, según esta perspectiva, puede entenderse en sentido amplio como “quien carece, sea por falta de acceso –consideración de oferta– o por falta de conocimiento de cómo se utiliza o sea por falta de ingresos –consideraciones de demanda–, de la información y comunicación permitidas por las tecnologías digitales” (2007, p. 5). Existen cuatro niveles para medir la pobreza digital, que van desde el acceso –brecha digital– al uso crítico del recurso, es decir, la posibilidad de interacción compleja y la creación de contenidos. Podemos observar a través de los testimonios que los/as jóvenes se limitan a publicar estados (es decir, expresar cómo se sienten, qué están haciendo, etc.), historias de Instagram o Facebook (que son instantáneas y se eliminan pasadas las 24 horas de su publicación), compartir memes o contenidos que les resulten graciosos y consumir contenidos generados por otros.

Sin desentender que las subjetividades pueden plegarse sobre sí mismas, desterritorializarse y potenciar otros posibles, nos interesa reconocer en las formas de habitar los entornos virtuales la marcada tendencia al consumo y la reproductibilidad que orientan hacia una actitud pasiva a los/as sujetos, puesto que estos se limitan, la mayor parte del tiempo, a recibir información y compartirla. Tal como explica Citton, las aplicaciones de redes sociales generan la sensación de que un pensamiento colectivo es original y propio, mientras que en realidad la atención mediada por los dispositivos es transindividual y heterónoma: “A través de un ‘yo’, siempre hay un ‘nosotros’ (pensamiento y sentimiento colectivo) que está prestando atención” (2018, p. 31). Nos interesa desmitificar el principio del “prosumidor”, porque no solo produce quien ha desarrollado las habilidades técnicas para manipular los dispositivos sino quien logra –además– generar las competencias lingüísticas, estéticas y narrativas de usarlas para crear contenidos en toda su complejidad productiva, al mismo tiempo que cuente con el deseo de ponerlas en funcionamiento en esta tarea; por esta razón, sostenemos que “Youtuber no se nace, se hace”.

Conclusiones parciales del capítulo: de la producción a la reproducción de la subjetividad

Un posible cambio en el orden de las cosas implica, sin ir más lejos, una mutación de las subjetividades hacia agenciamientos colectivos que tiendan a la singularización, es decir, hacia modos de vida basados en la resistencia al orden establecido, a la producción de formas originales y singulares de la subjetividad. No sostenemos una mirada tecnofóbica de los medios sociodigitales, sino que buscamos generar un espacio de reflexión sobre los modos productivos y reproductivos de una subjetividad, que, a partir de la lógica de las plataformas de marketing (Snircek, 2018), cuyo principal objetivo es extraer datos de las/os usuarios, se construye en torno a la vergüenza sobre el cuerpo, el descuido de los otros/as, la reproductibilidad del pensamiento y, sobre todo, el consumo.

Tales mutaciones de la subjetividad no funcionan sólo en el registro de las ideologías, sino en el propio corazón de los individuos, en su manera de percibir el mundo, de articularse con el tejido urbano, con los procesos maquínicos de trabajo y con el orden social que soporta estas fuerzas productivas (Guattari y Rolnik, 2013, p. 39).

Nos arriesgamos un poco más allá del planteo de Guattari y Rolnik y decimos que las subjetividades tienden a ser reproducidas, como si se tratase de una creación en masa, un modelo unificado, un molde que se va modificando sutilmente en función de la moda o del nuevo video viral. Lazzarato (2017) explica que la constitución del público “es la forma que mejor expresa la plasticidad y la indiferencia de la subjetividad” (2001, p. 99), ya que va creando un lenguaje unificado al que él llama “codificación normativa de la atención” o, más sencillamente, “monolingüismo”. Este monolingüismo –o única lengua– se puede observar en las formas de comunicar en las plataformas, en las ediciones y retoques digitales sobre el cuerpo, en los consumos que realizan y, sobre todo, en la escasa producción de contenidos que se sustituye por la operación de “compartir”. Estas formas de ser y hacer impuestas por la subjetividad capitalista no remplazan, dice Lazaratto, a las de las sociedades disciplinarias, sino que se superponen y las intensifican, capturan la multiplicidad y la reducen a la monolengua.

Sin embargo, en el diálogo con las/os estudiantes, observamos ciertas tensiones que se muestran como incipientes formas de problematizar los mandatos naturalizados e impuestos por la monolengua. Los jóvenes reconocen que los amigos/virtuales no necesariamente son amigos/as, sino que para ello es necesario vincularse a través de una conversación, de la intimidad y de la cotidianeidad. Que no todo es publicable, puesto que existen diferencias significativas entre lo público, lo privado y lo que pertenece al ámbito de la intimidad. Que, a pesar de que la principal condición para publicar una foto sea “salir bien”, reconocen que no se sienten cómodos/as con la exagerada edición de los cuerpos. Que el cuidado de sí y de los otros/as, aunque con ciertas dubitaciones al respecto, resulta importante sobre todo cuando se trata de amigos/as.

En un dispositivo como la escuela, que reconocemos híbrido, en donde las lógicas de la disciplina y el control tienden a superponerse, los discursos de los jóvenes aparecen, del mismo modo, en un ir y venir entre la exposición y el cuidado de sí, la viralización y el cuidado de los/as otros/as, matizados de manera que tal que lo que se torna complejo encontrar, si esto fuera posible, son las síntesis superadoras.

Retomamos en este sentido la reflexión de Lazzarato sobre la constitución del público, puesto que resulta elocuente como modo subjetivo potenciado en la actualidad. Retoma la reflexión de Gabriel Tarde (1989) para explicar que “el grupo social del futuro no es ni la masa, ni la clase, ni la población, sino el público (o más bien, los públicos)” (2017, p. 97). Por público, se entiende el público de los medios como actor social, como una masa dispersa en el tiempo y en el espacio cuyas subjetividades se mantienen unidas a partir de los sentidos que se comparten en las tecnologías de la velocidad que llama “medios de acción a distancia”. Ahora bien, nos encontramos frente a un tipo subjetivo diferente, el público, que se complejiza debido a la diversificación de los medios (televisión, radio, internet, medios sociales) y a la personalización (modulación algorítmica de la vida) lo cual aparece como un desafío aún mayor en cuanto a la posibilidad de comprenderlo.

Hemos llegado hasta aquí para encontrar el núcleo del problema que intentamos presentar en el marco de los dispositivos híbridos: a la subjetividad pedagógica-estatal se le superpone el público, como forma subjetiva que emana de la razón mediática. Corea y Lewkowicz (2001) nos hablaban de un “pasaje” de una subjetividad estatal (agotada, desfondada) a una subjetividad mediática que emerge como fluidez, opinión, actualidad. En este sentido, observamos que, al decir de Foucault en los cursos de 1976, no hay una transformación de una subjetividad sobre otra, sino una superposición que se manifiesta en la problematización de los mandatos impuestos por la lógica mediática.

No podríamos afirmar, sin embargo, que las tensiones que presentan los estudiantes en el discurrir de las conversaciones provengan exclusivamente de reflexiones que hayan tenido lugar en el ámbito escolar con una clara direccionalidad pedagógica, o que ellos/as mismos/as lo identifiquen como parte de un proceso pedagógico en todos los casos, pero sí podemos reconocer en la presencia de estas tensiones un espacio productivo para la operación pedagógica. No se trata, entonces, de sustituir una subjetividad por otra, sino de habitar la tensión de preguntas y diálogos que tiendan a superar la monolengua.



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