Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

4 Las TIC en el cuidado y atención de la salud sexual

Representaciones sociales, opiniones y percepciones de profesionales de la salud

En este capítulo se presenta el análisis de los resultados. Esto es, la descripción e interpretación de las representaciones sociales, las opiniones y las percepciones de las profesionales de la salud sobre los cambios que introduce la incorporación de las TIC en los procesos de cuidado y atención de la salud sexual en la RMP. De esta forma, el análisis comprende los tres niveles de aproximación al tema establecidos en los objetivos específicos.

El capítulo se organiza en dos secciones: en la primera, se desarrolla el análisis de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth; en la segunda, se presenta las opiniones y percepciones de profesionales de la salud sobre los cambios ocasionados en la RMP a partir de la incorporación de las TIC en los procesos de cuidado y atención de la salud sexual, analizadas según diferentes ejes temáticos.

4.1 Representaciones sociales de la salud digital

La teoría de las representaciones sociales elaborada por Moscovici (1961) se inscribe en el campo de la psicología social dentro del paradigma teórico del construccionismo y, tal como indican Petracci y Kornblit (2004), se nutre de los aportes de la fenomenología (Schutz y Luckmann, 1973), la etnometodología (Cicourel, 1973) y el interaccionismo simbólico (Berger y Luckmann, 1968). A continuación, se presenta este enfoque analítico (que comprende desarrollos teóricos y metodológicos) y luego se profundiza en el análisis de las ideas, imágenes y significaciones de las profesionales de la salud entrevistadas sobre la eSalud/eHealth.

Teoría de las representaciones sociales

Moscovici (1961) elaboró la teoría de las representaciones sociales para entender cómo la teoría psicoanalítica era entendida y apropiada por parte de la sociedad francesa, es decir, cómo se constituía en una representación social. Partió del concepto de representaciones colectivas desarrollado por Durkheim (1898) a finales del s. XIX. A diferencia de estas últimas, las representaciones sociales no solo son reproductoras del conocimiento de la vida cotidiana (en el sentido de imponerse a las personas) sino que son productoras del mismo. Operan como pensamiento constituido, en tanto productos que reflejan formas de entender e interpretar el mundo, y como pensamiento constituyente, ya que hacen a la construcción de la realidad, por lo que pueden ser entendidas y estudiadas como productos y/o procesos (Petracci y Kornblit, 2004).

Las representaciones sociales son la representación simbólica de un objeto socialmente significativo (que reproducen y constituyen), son de carácter social al ser comunes a un grupo social determinado, se elaboran en los procesos de interacción y comunicación y se cristalizan en las prácticas sociales (Petracci y Kornblit, 2004). El sentido atribuido por los sujetos al mundo social a partir de sus representaciones sociales comprende además un aspecto práctico, en tanto, las representaciones sociales se cristalizan en prácticas sociales en un proceso en el que “[…] convergen aspectos psicológicos, conscientes e inconscientes, y el trasfondo cultural, histórico, político y social” (Petracci, 2011, p. 23). El estudio de las representaciones sociales permite una aproximación analítica a los sentidos que subyacen a las prácticas de los actores. En este caso, las prácticas de profesionales de la salud vinculadas a la incorporación de las TIC en los procesos de cuidado y atención de la salud sexual.

A partir de la teoría de las representaciones sociales elaborada por Moscovici (1961), Abric (1976) desarrolla una aproximación estructural que plantea la existencia de elementos de naturaleza disímil en una representación social organizados en torno a un núcleo central (Petracci y Kornblit, 2004). Abric (1976) diferencia así entre el contenido de una representación social y la organización jerárquica del mismo en torno a un núcleo central y uno periférico. De esta forma:

Este sistema central tiene dos funciones: generar el significado principal de la representación y determinar la organización de los otros elementos. […] El sistema periférico está compuesto por todos los otros elementos de la representación, los cuales son responsables de la movilidad, la flexibilidad y las diferencias entre los individuos (Petracci y Kornblit, 2005, p. 94).

Por último, el análisis de las representaciones sociales en el marco de espacios situados comprende, tal como plantea Jodelet (2008), sus tres esferas de pertenencia: la objetiva, la intersubjetiva, y la trans-subjetiva, ya que:

Su estudio permite acceder a los significados que los sujetos individuales o colectivos atribuyen a un objeto localizado en su entorno social y material, y examinar cómo tales significados están articulados a su sensibilidad, sus intereses, sus deseos y sus emociones, así como también al funcionamiento cognitivo (Jodelet, 2008, p. 52).

A continuación, se presenta el análisis de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth. El mismo recupera el punto de vista de los actores, profesionales de la salud, y se orienta en función de sus subjetividades, ya que “[…] las maneras en que los sujetos ven, piensan, conocen, sienten e interpretan su mundo de vida, su ser en el mundo, desempeñan un papel indiscutible en la orientación y la reorientación de las prácticas” (Jodelet, 2008, p. 50).

Las representaciones sociales de la eSalud/eHealth

Para conocer las representaciones sociales, la técnica empleada fue la asociación de palabras a un término inductor, en este caso: “eSalud/eHealth”. Se les consultó a las entrevistadas por las palabras asociadas al mismo (evocación), el significado atribuido a esas palabras (significación) y su importancia (jerarquización)[1]. En el análisis, que retoma estas tres dimensiones de relevamiento, predomina la interpretación de los significados de las palabras asociadas por sobre la cuantificación de la distribución de frecuencias en su evocación. El triple abordaje de las representaciones sociales que supone esta técnica permite dar cuenta de la estructura de las representaciones sociales, es decir, los elementos que conforman el núcleo central y periférico en torno a los cuales se cristalizan los sistemas de representación (Abric, 1994). Tal como señalan Petracci y Kornblit (2004) “El carácter espontáneo y la dimensión proyectiva de esta producción posibilita acceder más fácil y rápidamente a los elementos (latentes o no) que conforman el universo semántico del objeto estudiado” (p.95).

Desde este enfoque se busca recuperar el carácter espontáneo de la asociación de palabras. Es por eso que las preguntas referidas a las representaciones sociales se realizaron al comienzo de las entrevistas, de forma tal que las respuestas no se vieran influenciadas por los temas introducidos posteriormente. La intención fue indagar sobre las representaciones sociales de la eSalud/eHealth independientemente de cuán familiarizadas estuvieran las entrevistadas con el término y sin tener en cuenta las cuestiones específicas sobre las que se preguntaría luego durante la entrevista (como ser, por ejemplo, los cambios que introducen las TIC en la RMP).

Una primera lectura general de las respuestas permite observar que prima cierto desconocimiento del término eSalud/eHealth entre las entrevistadas. Sin embargo, todas pudieron hacer el ejercicio de asociar palabras al mismo e indicar el significado que les atribuían. De esta forma, a pesar de no estar familiarizadas con el término asociaron palabras pertinentes en relación con el fenómeno de la salud digital, que corresponden al ámbito de su experiencia como profesionales de la salud. Es decir, la salud digital era parte de la cotidianidad de su trabajo (incluso como un fenómeno inevitable e irreversible según algunas de ellas) aunque no formara parte de sus reflexiones (algunas no conocían el término o indicaron no estar informadas al respecto).

A partir del ejercicio de asociación propuesto, las entrevistadas mencionaron cada una 3 palabras (en promedio) asociadas al término inductor eSalud/eHealth, con una frecuencia de evocación dispersa, común en este tipo de investigaciones sobre representaciones sociales. Tal como se observa en la Tabla 2, disponible en el Anexo IV, las profesionales de la salud entrevistadas asocian numerosas palabras al término inductor con pocas menciones en total.

En el siguiente gráfico se observan las palabras más significativas entre las mencionadas por las entrevistadas[2], aquellas que componen el núcleo central de sus representaciones sociales:

Gráfico 1. Nube de palabras. Núcleo central de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth

Fuente: Elaboración propia.

Se puede observar que las palabras que integran el núcleo central de las representaciones sociales aluden a la definición del término eSalud/eHealth. Esto es, a la incorporación de tecnologías en el campo de la salud, entre las que se encuentra Internet, y a la disponibilidad de información que las mismas posibilitan. Es decir, el núcleo central reúne palabras que describen el fenómeno que comprende la salud digital en términos más o menos específicos que no tienen, a priori, una connotación negativa o positiva. Es por ello, y por la gran cantidad de palabras que integran el sistema periférico (las restantes 24 palabras evocadas, del total de 31), que se profundizó en la significación de las mismas.

Se partió de la tipología propuesta por Petracci y Elicabe (2021) en el análisis de las representaciones sociales de eHealth de médicos de las especialidades Clínica, General y Familiar del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que comprende: 1. Representación tecnológico informativa y enumerativa; 2. Representación tecnológico-valorativa con orientación positiva; y 3. Representación tecnológico-valorativa con orientación negativa. Tomando como base esta tipología, el análisis de los sentidos que las entrevistadas dan a los términos que asocian a la eSalud/eHealth permitió establecer criterios para la elaboración de dos tipos de representación social, con sus correspondientes subtipos: 1. Descriptiva (1.1 General y 1.2 Específica) y 2. Valorativa (2.1 Favorable y 2.2 Desfavorable). El análisis de cada uno de ellos y la significación que atribuyen las entrevistadas a los términos que reúnen se desarrolla a continuación.

1. Representación social de tipo descriptivo de la eSalud/eHealth

Este tipo de representación social comprende, a su vez, algunos de los términos que integran el núcleo central de las representaciones de la eSalud/eHealth. Tales como “Salud”, “Internet”, “Información” y “Página de Internet”, que definen en un sentido general la salud digital. Estos términos entran en relación con otros, ubicados en una posición periférica en la estructura de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth, con los que tienen en común el sentido atribuido por las entrevistadas, esto es, su carácter descriptivo.

1.1 Representación social descriptivo general de la eSalud/eHealth

En este grupo se encuentran los términos a partir de los cuales las entrevistadas ofrecen una idea general sobre lo que creen que es la eSalud/eHealth. Brindan así una definición del término más bien amplia, es decir, en la que pueden alojarse diferentes prácticas o facetas del fenómeno. Se trata de los siguientes términos: “Salud”, “Internet”, “Página de Internet”, “Información”; “Comunicación”, “Innovación” y “Computación”.

A partir de los significados atribuidos a términos como “Salud” e “Internet” las entrevistadas dejan entrever la falta de certeza que tienen a la hora de asociarlos con la eSalud/eHealth:

Lo que se me ocurre, porque no tengo idea, sería algo que tiene que ver con artículos relacionados a la salud o eventos relacionados a la salud, a lo científico. Información sobre salud (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC)[3].

Seguido de su aclaración, que opera como una forma de excusarse por no conocer la definición exacta del término, da cuenta de esa idea vaga con la que lo asocia. La misma comprende la información sobre temas de salud disponible online. Con mayor generalidad aún y menos palabras indican lo que quieren decir con el término “Salud” dos de las entrevistadas: “Internet más salud” (45, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado) y “Me suena a algo de salud” (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Al analizar el significado atribuido a los términos con los que las entrevistadas ofrecen una descripción general de la eSalud/eHealth, que abreva en su definición, se observa, por un lado, la aclaración sobre la falta de certezas y por otro la asociación de la eSalud/eHealth a la disponibilidad de información online. Sobre el primer punto, en las respuestas de las entrevistadas se combina la falta de seguridad (por no conocer con exactitud el término) con la voluntad de ofrecer una respuesta (aunque sea general y descriptiva) y la necesidad de aclarar esa falta de certezas (como si se esperara de su parte una respuesta “correcta”). El segundo punto, la disponibilidad de información sobre salud online, adquiere relevancia en el marco de la pregunta por los cambios que ésta introduce en la RMP, que forma parte del planteo del problema de investigación[4]. En este sentido, que aparezca espontáneamente la palabra “Información” entre las mencionadas por las entrevistadas, implica que la disponibilidad de información online sobre cuestiones médicas o de salud es un tema que las profesionales del campo de la salud sexual tienen presente cuando piensan en la eSalud/eHealth. Esto indica que se trata de una cuestión relevante desde su punto de vista, lo que justifica la posterior indagación y profundización en el tema.

1.2 Representación social descriptivo específica de la eSalud/eHealth

En este tipo de representación social se encuentran las palabras con las que las entrevistadas describen la eSalud/eHealth con mayor especificidad respecto de las tecnologías y prácticas que involucra. Se trata de los siguientes términos: “Web de consultas”, “Google de la medicina”, “Plataformas virtuales”, “Foros”, “Blogs”, “Redes sociales”, “Médicos en línea”, “Telemedicina”, “Herramientas”, “Aplicación”, “Celular”, “ E-mail” y “Datos”.

En cuanto al significado atribuido por las entrevistadas a estas palabras reaparece la asociación de la eSalud/eHealth con la disponibilidad y acceso a información en Internet. Sin embargo, al referirse a términos como “Web de consultas” las entrevistadas hacen referencia a sitios específicos (como Lactation, Cochrane y SciELO) y al referirse a “Plataformas virtuales” también (en este caso, Zoom[5]). En estos casos aluden a sus propias prácticas, es decir, aquellas que desarrollan en el marco de su actividad profesional, tales como consultar una web especializada con información sobre cuestiones médicas o utilizar una plataforma de videoconferencias para cursos de formación profesional. Es decir, no se trata de la información disponible en Internet para pacientes o usuarios sino del uso que ellas mismas hacen de este recurso.

A su vez, entre las palabras con las que las entrevistadas describen los usos y prácticas específicas de la salud digital, a partir de las tecnologías implicadas, emerge la dimensión comunicacional. De esta forma, términos como “Foros”, “Blogs”, “Redes sociales”, “Médicos en línea” y “Telemedicina” suponen un intercambio y una interacción con otros, tanto colegas como pacientes. Aluden además a formas contemporáneas de comunicación que tensionan la diferenciación tradicional entre emisor-receptor e invitan a repensar la distinción analítica entre la perspectiva instrumental de la comunicación y la perspectiva procesual de la misma (Cuberli et al., 2020; Lois, 2015; Waisbord, 2015). Este tipo de tecnologías y prácticas son vinculadas por las entrevistadas al futuro (más o menos próximo) y no tanto al presente de la atención en salud. Se trata de algo que las profesionales de la salud conocen, saben que existe e imaginan que se expandirá en el futuro:

Ahora se están empezando a hacer, por lo menos en el hospital, entrevistas médicas a través de cámara web, el nombre no me sale ahora… telemedicina! Me imagino una nueva área de la informática que involucre todo lo que sea con salud (35, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

En cuanto a las “Herramientas” que las entrevistadas vinculan a la eSalud/eHealth se encuentran las Apps de salud, mencionadas también a partir de los términos “Aplicación” y “Celular”:

Aplicaciones o algo de eso, como fuentes de información o como formas de resolver cosas de salud, tener acceso a cosas de salud (35, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

Finalmente, entre las palabras que integran este tipo de representación social se encuentra “Datos”. El significado atribuido a este término hace referencia a la posibilidad de que los pacientes accedan a información sobre salud disponible en bases de datos. Al respecto, no se precisa la procedencia de tales datos ni cuestiones vinculadas a la protección de los mismos, temas que se abordan luego durante las entrevistas.

2. Representación social de tipo valorativo de la eSalud/eHealth

Este tipo de representación social reúne aquellas palabras a partir de las cuales las entrevistadas asumen una postura tanto favorable como desfavorable y expresan lo que les resulta beneficioso de la salud digital así como lo que rechazan de la misma. Se trata de palabras que, de acuerdo con los significados atribuidos por las entrevistadas, tienen un anclaje en las experiencias y prácticas que desarrollan en el marco de su trabajo como profesionales de la salud. Algunas de ellas se encuentran, a su vez, en el núcleo central de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth. Tal es el caso de “Tecnología”, que las entrevistadas destacan con optimismo, y “Acceso” y “Control”, ambas utilizadas al asumir una postura crítica sobre los aspectos considerados desfavorables de la salud digital.

2.1 Representación social valorativo favorable de la eSalud/eHealth

Las palabras agrupadas en este tipo de representación social son: “Tecnología”, “Complemento”, “Interacción digital” y “Virtual”. La palabra “Tecnología”, que ocupa un lugar importante en el núcleo central de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth, excede el carácter descriptivo que podría tener, por ejemplo, en el marco de la definición de la salud digital. En cambio, es utilizada por parte de las profesionales de la salud entrevistadas para referirse favorablemente a su incorporación en el campo de la salud e incluso para hablar de ellas mismas como “personas tecnológicas”:

Me gusta todo lo que tiene que ver con la tecnología y la educación y la docencia, creo que son medios maravillosos si son bien utilizados, no solo por gente seria sino que la gente los utilice seriamente (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Yo soy muy tecnológica, me encanta la tecnología, en todos los sentidos me gusta. Yo sé que no reemplaza a esto que estamos haciendo nosotras que es el contacto humano, claramente, no lo va a reemplazar nunca. Pero, me parece que hay recursos hoy en día, de desplazamientos, de tiempos, de necesidades que vamos teniendo porque el mundo va cambiando, va mutando, necesitamos conectarnos y podemos vernos y podemos charlar por plataformas virtuales (57, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Ambas entrevistadas destacan los beneficios de la “Tecnología” en el campo de la salud en el ámbito educativo, es decir, su uso en actividades de formación profesional (que lleva el nombre de teleducación, elearning en inglés). En cambio, a partir de términos como “Interacción digital” o “virtual” aparecen los beneficios de las TIC para la comunicación con los pacientes (por ejemplo, para la recepción de estudios y su registro en la HCE):

Hoy por hoy casi todas las pacientes que vienen a mi consultorio me dicen ‘ahora doctora todo se hace vía online’. Me mandan los estudios por mail, entonces te dan los informes, las ecografías, todo se lo mandan por vía online. Y bueno, uno realmente eso lo puede usufructuar a su favor (57 años, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Por último, aparece una idea, que luego reaparece a lo largo de las entrevistas, que alude a la complementariedad de la salud digital respecto de modalidades tradicionales de atención de la salud. Esta se basa en la comparación entre presencialidad-virtualidad como par contrapuesto que se complementa:

Creo que es un buen recurso, sobre todo para entrevistas donde uno evalúa cuestiones que tienen que ver con el historial del paciente, o de la persona consultante, que no anulan en absoluto la entrevista personal, es un complemento (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Asimismo, se vislumbra la tensión entre la salud digital, con modalidades nuevas de atención como la teleasistencia, y la medicina tradicional. Esta tensión se desarrolla a lo largo de las entrevistas y se profundiza en el análisis presentado en la siguiente sección del capítulo.

2.2 Representación social valorativo desfavorable de la eSalud/eHealth

Este tipo de representación social comprende las palabras: “Acceso”, “Control”, “Falta de control”, “Desinformación”, “Sobre Información”, “Monitoreo” y “Evaluación”. Todas ellas son mencionadas por las entrevistadas al asumir una postura crítica frente a la incorporación de las TIC en salud.

Por un lado, se destacan aspectos desfavorables de la salud digital al indicar los peligros de la disponibilidad de información sobre salud online y el acceso por parte de los pacientes o usuarios:

[…] cuando las pacientes vienen y te dicen ‘yo leí en Internet’ cosa que es muy común ‘yo leí en Internet’ y por ahí son cosas voladas, estudios de investigación, es una sobre información que muchas veces obliga hasta al médico a tomar alguna conducta que no hubiera tomado. Esto es la medicina judicialmente preventiva, no preventiva. Terminan pidiendo estudios o haciendo cosas que no hubieran hecho (64, Médica Tocoginecóloga, consultorio privado/ Hospital Público).

Por otro lado, las entrevistadas advierten desde una postura crítica la desregulación de las prácticas de salud digital, que observan con preocupación. En este caso, no se trata de las desventajas propias de la incorporación de las TIC en el campo de la salud y los daños que podría ocasionar (como sucede con el acceso a información online), sino que señalan la “Falta de control”, “Monitoreo” y “Evaluación”. Es decir, la falta de intervención de factores o actores “externos” que podrían regular la salud digital:

Mueve mucho dinero todo esto, entonces, me parece que tiene que ser monitoreado para que en realidad se sostenga. Monitoreo y evaluación como una misma cosa. En el monitoreo estás justamente evaluando la calidad del servicio que se presta, los contenidos (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Esta falta de regulación a la que aluden las entrevistadas genera malestar e incertidumbre en relación con la salud digital. La idea que subyace, que por momentos se presenta como sospecha o desconfianza, es que a partir de las estrategias de incorporación de las TIC en salud se promueve un proceso mercantilización de la misma. Esto va en detrimento tanto de la calidad de la atención y el acceso en término de derechos, como de las condiciones laborales y médico-legales de los profesionales de la salud. Esta cuestión también es retomada en el análisis que se presenta en la siguiente sección del capítulo.

Las ideas que introducen (y los temas que omiten) las representaciones sociales de la eSalud/eHealth

A partir del análisis de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth se configuran dos tipos de representación cuya orientación es descriptiva, por un lado, y valorativa, por otro. Esto coincide con los hallazgos de una investigación realizada en el AMBA sobre las representaciones sociales de eHealth de médicos de las especialidades Clínica, General y Familiar (Petracci, 2021; Petracci y Cuberli, 2021; Petracci y Elicabe, 2021). La construcción de tipos de representación social tiene como objetivo volver inteligibles las ideas e imágenes asociadas a la salud digital a partir de una abundante producción de palabras. Se trata, por lo tanto, de una tipología analítica que no propone la existencia de tipos excluyentes entre sí. Sus límites, en cambio, son difusos, de modo que las mismas entrevistadas asocian a la eSalud/eHealth palabras correspondientes a más de un tipo de representación social (por ejemplo, términos descriptivos tanto generales como específicos).

Algunas de las ideas, imágenes y sentidos que emergen a partir de las representaciones sociales de la eSalud/eHealth reaparecen luego durante las entrevistas (sea porque estaban incluidas en la guía de pautas o porque las entrevistadas vuelven sobre los mismos temas). Tal es el caso de la complementariedad, por momentos conflictiva, a partir de la cual las entrevistadas piensan la contraposición entre presencialidad y virtualidad de la atención médica; la asociación entre salud digital y mercantilización de la salud; y la importancia atribuida a la información sobre salud disponible online. Estas cuestiones se retoman en el análisis presentado en la próxima sección de este capítulo en función de los cambios que introducen en la RMP y de sus especificidades en el campo de la salud y los derechos sexuales.

Por el contrario, hay cuestiones que adquieren relevancia a lo largo de las entrevistas y sin embargo no aparecen entre las representaciones sociales de la eSalud/eHealth. En este sentido, ninguna entrevistada menciona la HCE entre las palabras asociadas, no solo en lo que hace al núcleo central si no al total de las palabras mencionadas. Resulta llamativo porque se trata de un tipo de práctica ampliamente extendida entre las entrevistadas (lo cual se constata a lo largo de las entrevistas). De hecho, al explicar qué significan algunas de las palabras mencionadas hacen referencia al uso de esta herramienta. A pesar de que las entrevistadas conocen y usan la HCE, no la asocian espontáneamente con la eSalud/eHealth ya que esta les remite a ideas un poco más alejadas de su día a día como profesionales de la salud. Por último, las representaciones sociales de la eSalud/eHealth de las entrevistadas refieren a la salud en un sentido amplio, es decir, no hacen énfasis en cuestiones relacionadas exclusivamente con la salud y los derechos sexuales. A continuación, para el análisis de los cambios que introducen las TIC en el campo de la salud sexual y sus efectos sobre la RMP, se retoman estos y otros ejes temáticos.

4.2 Opiniones y percepciones de profesionales de la salud sobre los cambios ocasionados por la incorporación de las TIC en el campo de la salud sexual

En esta sección se presenta el análisis de las opiniones y percepciones de profesionales de la salud sobre los cambios ocasionados en la RMP a partir de la incorporación de las TIC en el campo de la salud y los derechos sexuales. Se trata de un análisis temático (Boyatzis, 1998) que retoma los ejes incluidos en la guía de pautas (ver Anexo I) y los introducidos por las profesionales de la salud entrevistadas (temas emergentes). Tal como plantea Kornblit (2007), el análisis temático e interpretativo:

[…] lleva a dotar de significados las inferencias acerca de las regularidades observadas, teniendo en cuenta las interpretaciones que los propios entrevistados hacen de sus vidas y la articulación con los contextos sociales e históricos en los que ellas se desenvuelven y con los marcos teóricos de los que se parte (p. 14).

El análisis permite advertir la centralidad que atribuyen las profesionales de la salud al cuidado y la escucha en la atención de la salud sexual y las dimensiones sensoriales involucradas en ella (la utilización de sentidos como el tacto y la vista para el diagnóstico médico). Asimismo, permite observar las especificidades de la salud digital en el campo de la salud y los derechos sexuales, la tensión que tiene lugar en torno a las categorías de autonomía y empoderamiento en relación con los diferentes modelos de atención y RMP, y las desigualdades, entre ellas de género, en el uso y apropiación de las TIC. El análisis de estos ejes temáticos se organiza en dos apartados: La escucha y el cuidado en la atención de la salud sexual y Los derechos sexuales y el clima de época. Ambos son desarrollados a continuación.

“Las pacientes”: el sujeto de las intervenciones de atención de la salud sexual

Una primera consideración, antes de comenzar la presentación del análisis de los ejes temáticos, se refiere al sujeto de la intervención en la atención de la salud sexual que se configura a partir del relato de las profesionales de la salud entrevistadas. En sus respuestas se advierte la feminización del campo de la salud y los derechos sexuales, no solo en términos laborales y profesionales a partir de la predominancia femenina, desarrollada al describir la conformación de la muestra (en el Capítulo 3), sino también en la configuración de un tipo de paciente específico: “las pacientes”.

En las respuestas de las entrevistadas predomina el uso del término en femenino para hablar sobre sus pacientes. Incluso, algunas profesionales de la salud se refieren a “las pibas” al enmarcar la atención de la salud sexual en un proceso de ampliación de derechos más general (“las pibas” son las que exigen el cumplimiento de la ley de ILE, el acceso a métodos anticonceptivos, etc.). Las entrevistadas también dicen “el paciente” o “los pacientes”, en general, para hablar de la medicina en un sentido amplio (al mencionar cuestiones vinculadas a la RMP y los modelos de atención de la salud). Sin embargo, cuando se trasladan al ámbito de su experiencia como profesionales del campo de la salud sexual, cuando narran situaciones concretas de atención, conversaciones y ejemplos de su práctica para sostener una postura u opinión, suelen utilizar el femenino.

Lo que se presupone sobre “las pacientes”, de acuerdo con el discurso de las entrevistadas, es que se trata de mujeres, cis, heterosexuales, en general jóvenes y en edad reproductiva. La diversidad suele atribuirse, por parte de las profesionales de la salud, a variables socioeconómicas de la población (principalmente en relación a aquella que atiende su salud en el subsector público). Sin embargo, algunas entrevistadas advierten la preponderancia de “las pacientes” como sujeto hegemónico de la intervención en salud sexual y reflexionan al respecto. Ahí es cuando aparecen lxs otrxs pacientes en un esfuerzo por visibilizar la diversidad en sus intervenciones. Aluden, en ese caso, a la importancia de que las mujeres lesbianas se hagan el Pap, las mujeres mayores se animen a consultar temas vinculados a su sexualidad, los varones adolescentes asistan a los centros de salud y participen activamente en el cuidado de su salud (en materia de anticoncepción y prevención de ITS) o a las barreras que enfrenta la población trans en el acceso a la salud. Todos esos otros sujetos aparecen como un desafío, como lo que falta o lo que habría que tener en cuenta para hacer más inclusiva la atención de la salud sexual y ampliar el acceso en términos de derechos:

Hablamos de mujeres, no de varones, pero para mí es inclusivo con el varón porque si no queda siempre relegado. […] Como para poder mejorar la llegada de la información a toda la comunidad, a la gente, a la población, a las mujeres, acá abarco a toda la población femenina, ¿no?. Femenina o el transgénero también, una población que va creciendo, va saliendo. Todavía hay pocos hospitales que están en esto. Y bueno, va a tener que ser, empezar a trabajarse sobre estadísticas de salud al respecto. Porque es una población que está en riesgo por muchas cosas […] es decir, hay mucho por trabajar ahí me parece (57, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

A los profesionales también me da la impresión de que nos cuesta verlo fuera de la patología, por lo general, siempre que abordamos la sexualidad es en el marco de alguna patología. Me parece que ahí también hay un montón para deconstruir. Cuesta un montón todavía pensar cómo abordar en las personas que, o sea, toda nuestra formación y el sistema de salud está pensado básicamente para las personas que son heterosexuales y cisgénero, ahí hay un montón para deconstruir. Lo que sucede es que muchas veces se asume la heterosexualidad, se asumen un montón de cosas, y eso hace que las personas se sientan asumidas por situaciones e identidades. Es todavía difícil (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Si bien esta cuestión es tematizada por algunas de las entrevistadas no predomina en sus respuestas un cuestionamiento al sujeto “las pacientes” como aquel al que se dirige la atención de la salud sexual en su práctica profesional. Su uso entremezclado, por momentos, con el término en masculino da cuenta de ello. De esta forma, el análisis presentado a continuación reproduce la alternancia entre el femenino y el masculino para referirse a los y las pacientes de la forma en que lo hacen las profesionales de la salud entrevistadas y reconstruir así su discurso.

La escucha y el cuidado en la atención de la salud sexual

Las profesionales de la salud entrevistadas destacan la escucha y el cuidado como características que definen la atención de la salud sexual y la RMP, al describir y posicionarse sobre los cambios que introduce la salud digital. Frente a estos cambios, en particular el acceso a información online y la teleasistencia, adquiere relevancia aquello que consideran “esencial” en la RMP y que, por lo tanto, no debería cambiar ya que la define como tal. Detallan, entonces, lo que consideran una buena RMP y una buena atención de la salud así como las dificultades y retos que enfrentan en la práctica, algunos de ellos vinculados a la incorporación de la TIC.

A continuación, la descripción y el análisis de los argumentos de las entrevistadas sobre la escucha y el cuidado en la atención de la salud sexual se organiza en tres subapartados. El primero, se centra en la disponibilidad de información online sobre salud y derechos sexuales, el acceso por parte de las pacientes, el lugar que ocupa en la consulta presencial y su influencia en la RMP. El segundo, desarrolla la contraposición que plantean las profesionales de la salud entre el carácter artesanal y personalizado de la práctica médica y lo estandarizado e impersonal de la tecnología. El tercero, presenta la importancia que las entrevistadas atribuyen al vínculo en la RMP y el valor de la confianza.

El acceso a información sobre salud y derechos sexuales online

Las profesionales de la salud entrevistadas indican que el acceso a información sobre salud online es una práctica muy extendida entre sus pacientes. La información, ya sea sobre síntomas, diagnósticos y tratamientos o sobre derechos sexuales, ingresa en las consultas presenciales a partir de lo que los pacientes mencionan a las profesionales de la salud. En respuesta, desarrollan diferentes estrategias que van desde el rechazo absoluto hasta la aceptación de esta práctica y su incorporación en la consulta pasando, por supuesto, por las posiciones intermedias. En este sentido, reconocen tanto los beneficios como las dificultades que implica el acceso por parte de los pacientes a información online sobre salud y derechos sexuales.

En general, cuando las entrevistadas plantean un rechazo explícito de esta práctica lo hacen a través de las palabras de otros colegas a los que, a diferencia de ellas, les molesta que los pacientes busquen información y los cuestionen:

Imagino que hay médicos a los que eso les debe chocar porque están muy acostumbrados a ese modelo hegemónico del médico que tiene siempre la razón y le dice al paciente lo que tiene que hacer, y que esa [que el paciente haya buscado en Internet] ya no se la bancan (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

De esta forma, se establece una diferencia entre los profesionales de la salud que conciben la atención desde un enfoque biomédico y aquellos que lo hacen desde uno integral –que incorpora aspectos biopsicosociales– (posición en la que suelen ubicarse las entrevistadas). Atribuyen esta diferencia a la formación propia de las diferentes especialidades (médicas y de otras profesiones) involucradas en los procesos de cuidado y atención de la salud. Indican que los primeros, los médicos tradicionales, son quienes ven amenazado su lugar de saber-poder cuando los pacientes acceden a información online:

Creo que hay algunas especialidades que son más hegemónicas, sobre todo las que son más quirúrgicas y las que se centran más en los hospitales, y hay otras especialidades que son más flexibles y que se prestan un poco a poder generar otros vínculos, en relación sobre todo a la información y a los derechos. […] Hay algo también que quizás tenga que ver, o sea yo soy médica generalista, y la medicina general empezó a problematizar un poco todo esto, pero bueno, somos pocos dentro de la profesión y no tenemos todavía mucha injerencia (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Entiendo que quizás en los profesionales médicos afecta más porque siempre los escucho quejarse, que dicen ‘lo leyó en Internet’ o porque ‘vienen con tal información o te dicen que tal medicación te va…’ o que les vienen con preguntas respecto de la enfermedad, sobre los efectos, o que les corrigen durante la consulta, todo eso a mí no me pasa. A mí no me pasa en general porque es otro tipo de vínculo (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

En la misma línea, una de las entrevistadas señala las diferencias entre la formación médica y la obstétrica (Licenciatura en Obstetricia), tanto en el enfoque de la salud como en la forma de concebir la atención y la RMP:

Lo que tiene mi carrera, separada de lo que es médico, yo soy Licenciada en Obstetricia, es que es muy distinta la relación que tenemos con la paciente, desde la carrera ya nosotros tenemos muchas materias relacionadas con la psicología […] Más desde que cambió el programa en el 2013, le fueron dando mucha más importancia a eso, a tener muchas más materias relacionadas con la salud y la psicología de la mujer (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

A su vez, hay entrevistadas que consideran que el acceso a información online es algo que excede sus incumbencias como profesionales de la salud. Es decir, se posicionan en contra de esta práctica a partir de su propia experiencia y no de la de otros colegas. Entienden que su función es brindar la información necesaria durante la consulta presencial y, en todo caso, corregir la información que pueda mencionar alguna paciente (si esta es errónea). Dichas profesionales de la salud desalientan esta práctica entre sus pacientes, les hacen saber que prefieren que no busquen ni mencionen en el encuentro con ellas información proveniente de Internet:

Dr Google lo usan todas, así vienen los problemas después también, porque la información de Internet no es buena, está muy sesgada. Yo creo que detrás de la información que circula hay dinero. No le creo a Dr. Google [risas]. ‘Dr. Google no está matriculado’, les digo, esa es mi respuesta (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

A mí no me interesa si leyeron algo porque no creo en nada de lo que buscan, la verdad no creo nada, porque no buscan en páginas médicas buscan cualquier cosa, yo no le doy ningún valor […] por mí que hagan lo que quieran, que busquen lo que quieran pero uno se maneja dentro de los protocolos médicos (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Otras profesionales de la salud tienen una postura ambivalente sobre esta práctica: prefieren alertar a sus pacientes sobre los riesgos de buscar en Internet y recomendarles precaución, sobre todo cuando se trata de alguna situación de salud que lo requiera especialmente, antes que rechazar por completo la posibilidad de que busquen.

En general, cuando hay algo que yo sé que es conflictivo si leen en Internet les digo ‘ni abras en Internet, te vas a encontrar todas porquerías, no es tu situación’. Pero no es tan fácil (64, Médica Tocoginecóloga, consultorio privado/ Hospital Público).

Si son temas de cosas normales, de dudas habituales del embarazo, quizás sí te puedo recomendar. Si hay un problema puntual es preferible que sea en este contexto [el consultorio] y no en una página (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Algunas entrevistadas, en cambio, adaptan la consulta en función de aquello que las personas “llevan”, aceptan y escuchan lo que tienen para decir. De esta forma, asumen esta práctica como parte del proceso de atención de la salud y buscan darle lugar dentro de la consulta médica. Para ello, utilizan con sus pacientes recursos digitales que consideran confiables (disponibles en redes sociales, Youtube, páginas web de sociedades científicas o del Ministerio de Salud de la Nación):

[…] me parece que está bueno que los médicos conozcamos y sepamos que existen éstas páginas, blogs, foros, lo que sea, y que podamos orientar ‘bueno fijate acá que la información que hay acá es bastante fidedigna y está bajada a un nivel de comprensión que para vos va a estar bueno si querés informarte, o si no contame de dónde lo estás leyendo y te digo qué opino yo como profesional’, pero como el orientar un poco también en la interpretación y en la búsqueda de la información por parte del otro (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Independientemente de la posición que asuman sobre el acceso a información online prima la idea de que la consulta presencial es el momento adecuado para brindar información a los pacientes. Esta es lo suficientemente personalizada y posibilita el intercambio necesario para aclarar las dudas y temores que pueden surgir:

La paciente quiere que la escuches y que le expliques. En general las pacientes consultan más por la angustia que por otra cosa (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En general intento tranquilizar, porque la mayoría de las veces es un nervio injustificado [el de las pacientes]. Y la mayoría de las veces se quedan súper tranquilas, como ‘ah bueno, listo’. Pero es más ese lado de tranquilizar (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

Frente al temor o la angustia que puede producir la información disponible online, las profesionales de la salud destacan la importancia de “traducir” la información a partir de su saber médico. Es decir, hay un reconocimiento de su parte de que algo de la información sobre salud a la que puede acceder cualquier persona pertenece al dominio médico y es, por lo tanto, inaprensible si no media una traducción o decodificación:

[…] en general la respuesta es pánico, ‘¿puedo ir a verte?’, como para traducir un poco lo que leyeron solas por su cuenta. Porque a parte en Internet uno siempre busca y aparece todo lo catastrófico. […] Es decodificar un poco lo que leen y darle el sentido en el contexto de ella como paciente, con toda su historia (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

La interpretación de la información se vuelve fundamental para comprender aquello que la misma indica en el contexto específico de cada paciente (su historia clínica y su contexto socioeconómico). Además, es lo que diferencia a los profesionales de la salud. Tal como indican algunas entrevistadas, su saber radica en disponer de los conocimientos necesarios para hacer una interpretación adecuada de aquella información a la que, a priori, cualquiera tendría acceso (más aún con Internet). Mientras que Google “te tira todo sin filtro” el saber médico (de los y las profesionales de la salud) se ajusta a cada paciente:

Y hoy en día es un teclado y una computadora y la información está a la mano de cualquier persona. Obviamente que la riqueza del experto o del que sabe qué sirve y qué no sirve, o cómo interpretar y cómo no interpretar la información que encontrás, es lo que hace que tu práctica sea buena o no tanto como profesional (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Se privilegia así no solo la consulta presencial como el momento adecuado para darle información a los pacientes sobre su salud, sino también, el lugar de los médicos como quienes deben hacerlo. De esta forma se legitima su lugar de saber- poder y se justifican sus intervenciones en la atención de la salud. Delegar el acceso a información en Internet es visto, por algunas entrevistadas, como una falta de responsabilidad de su parte, un correrse del lugar que les corresponde ocupar en su relación con las pacientes:

Para la paciente a veces es difícil discernir qué sirve o qué no, por eso creo que no reemplazaría a la consulta, ¡a parte me quedaría sin trabajo! […] Además siento como que no queda muy bien que yo le diga a la paciente ‘bueno, busca en Internet’ lo tendría que saber yo y poder explicarle y sacarle las dudas (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En este sentido, una de las entrevistadas considera que mientras el contenido de la información podría democratizarse, la gestión de la misma no, es patrimonio médico. A su vez, es la única entrevistada que, de forma explícita, indica que la asimetría en la RMP es no solo inevitable sino deseable. Siguiendo su planteo el lugar del médico se desvirtúa cuando se borra el límite entre el acceso a información y la gestión de la misma:

Hay también cierto desprestigio sobre el profesional de la salud, cierta descalificación que recae sobre el médico. Hay un gap entre la información y la gestión de la información, al contenido se puede acceder en Internet pero la gestión de la información siempre debe estar guiada por el médico (45, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

El acceso a información online sobre salud y derechos sexuales tiene lugar, a su vez, en lo que las profesionales entrevistadas caracterizan como un momento de cambio al interior del campo de la salud. El mismo involucra tanto a profesionales de la salud como a pacientes y tiene, por supuesto, efectos sobre la RMP. En ese sentido, existe la idea de que las relaciones dentro del sistema de salud están cambiando al modificarse la forma de concebir dichas relaciones:

Antes había una relación más asimétrica entre la persona que te atiende, o sea el profesional, y la persona que se atiende. Como que vos tenías, o los médicos, todo el poder y no se les cuestionaba, digamos. Ahora como hay acceso a Internet y a determinada información, muchas veces errónea, pero sí digamos, eso cambió la relación de atención (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

En esta línea se inscribe el planteo, desarrollado en el Capítulo 1, de que el acceso a información sobre salud online produce cambios en la RMP a partir de la configuración de un nuevo modelo de paciente, más informado y activo en el cuidado de su salud (Nwosu y Cox, 2000; Petracci et al., 2017; Tan y Goonawardene, 2017). Respecto de esta idea las opiniones de las entrevistadas son diversas y se sustentan sobre diferentes motivos. Algunas mantienen una postura crítica, entre ellas, una de las entrevistadas plantea en contraposición a esta idea:

[…] existe un nuevo modelo de paciente desinformado, desorientado y a la defensiva, desconfiado. No me pasa a mí, porque a mí cuando vienen y me plantean ‘che leí esto y vengo a verte porque me pasa tal cosa’ rompo enseguida en el momento. Pero sé que pasa, que vienen con toda la data y se ponen demandantes (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Otras, por el contrario, se posicionan a favor de este tipo de cambios en el campo de la salud. Sin embargo, una de las médicas entrevistadas identifica, en este sentido, resistencias por parte “los médicos” –en un sentido tradicional, vinculado al enfoque biomédico y al MMH– frente a estos cambios:

Hay algo que pasa con la medicina, sobre todo con los médicos y las médicas, que son poseedores de un saber que eso les da un poder, o nos da un poder, y que creo que hay un montón de resistencias ahí en el modelo de atención, en el modelo de salud que genera todavía hay mucha resistencia en esto de brindar información. Y que tiene que ver con esto de concentrar un saber que va a ser difícil… Quién posee el poder es lo que está en juego (38, Médica Generalista, Hospital Público).

La incorporación de las TIC tiene lugar en un escenario de cambios en el campo de la salud en el que se configuran nuevos modelos de atención y de RMP que, en línea con el planteo de Petracci et al. (2017), conviven entre sí no exentos de conflicto. En el marco de lo que algunas profesionales caracterizan como un “cambio de paradigma” la atención de la salud se reorienta en función del paciente y la comunicación y la escucha adquieren un lugar central:

Ha cambiado muchísimo la práctica y se escucha mucho más lo que los pacientes necesitan, por lo menos en la obstetricia, no sé en otras especialidades, supongo que debe ser un poco en todas (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Este “cambio de paradigma” según algunas entrevistas trasciende o excede la incorporación de las TIC en salud:

Un cambio grande como en toda la salud, de pasar a que el cuerpo no sea… o sea el MMH, que no sea solo ver el cuerpo y ver el órgano y qué es lo que le pasa sino interpretar toda la situación […] tratamos de ahondar más en qué la rodea a la mujer, en todo. […] como que siento que el cambio es nuestro más que relacionado con otra cosa. Lo siento más como que es un cambio que tenemos que hacer las personas más que relacionado con la tecnología, si no hubiera tecnología se podría hacer igual (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

En este contexto, sin embargo, se reconoce que las TIC tienen una impronta propia, producen transformaciones en el campo de la salud y su incorporación constituye un “punto de inflexión” según las entrevistadas:

La aparición y la introducción de la tecnología es un punto de inflexión importante, esto de que, no sé cuántos años tiene WA, el WA ha sido para mí un cambio muy importante. ¿Por qué? porque primero es un generador de ansiedad extrema, segundo la gente no tolera que no le conteste en el minuto, te mandan fotos, no sé, se desvirtuó completamente lo que es el acto médico con el WA (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

En su discurso, las profesionales de la salud trazan una línea divisoria entre un antes (en ocasiones idealizado) y un después (aún incierto) de la incorporación de las TIC en los procesos de cuidado y atención de la salud sexual. Consideran que se trata de un proceso en marcha que es irreversible independientemente de la posición que tengan al respecto y la actitud que asuman en consecuencia:

Son imparables, pensarlo en términos de positivo o negativo me parece que no suma. Es lo que es, forma parte de la evolución. Para hacer de eso algo positivo hay que manejar la información de forma que sea un win-win entre el paciente y el médico (45, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

En este sentido, algunas entrevistadas señalan que frente a lo inevitable del cambio lo es mejor es adaptarse y apropiarse de las tecnologías en función de sus intereses:

Yo creo que tenemos que amigarnos, lo mismo con las tecnologías en la docencia y cuando uno enseña, hay que encontrarle la parte beneficiosa, y hacer buen uso de los recursos que son un montón y están buenísimos, es cuestión de ser vivos y usarlos a nuestro favor (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

La estandarización de la tecnología frente a lo artesanal de la práctica médica

Al comparar el registro de la Historia Clínica en papel con su registro electrónico (la HCE) las profesionales de la salud aluden a la contraposición, que se extiende a otras prácticas de salud digital, entre la tecnología como aquello que responde a lo estandarizado y la medicina como una práctica artesanal (en tanto es personalizada a la medida de cada paciente y su situación). En esta contraposición, lo que podría ganarse en organización y agilización al interior de los sistemas de salud con la incorporación de la HCE, tiene como contrapartida para las entrevistadas la pérdida del contacto cara a cara con las pacientes. La pantalla se interpone, según ellas, en ese contacto:

No me gusta [la HCE] pero tuve que claudicar, no me gusta por dos cosas. Primero, porque no puedo mirar a la mujer mientras estoy escribiendo, me quita atención porque yo no tengo expertise ni pericia para escribir y mirarte, entonces, me quita ese tiempo de la mirada. Y segundo, porque no pertenezco a esa generación (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Ahora la nueva tecnología que tenemos en el Hospital es la HCE y está buena, pero te desconecta más de la paciente. Porque estás viendo cómo funciona la computadora, que no entendés, que se cae el sistema, y estás mirando la pantalla en vez de mirar a la paciente. Entonces, siento que en ese sentido te aleja más de la paciente (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

Esta contraposición entre lo artesanal de la práctica médica versus lo estandarizado de la tecnología reaparece en relación con otras prácticas de salud digital. Esto es, cuando las entrevistadas contraponen lo que ellas pueden ofrecer, como profesionales de la salud, a lo que ofrece Internet y/o las TIC. En este punto, vuelve a aparecer en el discurso de las entrevistadas la importancia de escuchar y transmitir tranquilidad como un elemento central de la atención de la salud que, según ellas, Internet no podría equiparar:

Es como artesanal, es ver qué tipo de paciente es. No todas las pacientes son iguales, no a todas las pacientes las podes tratar igual y eso es re importante. Hay pacientes que realmente tienen angustias o problemas psicológicos o psiquiátricos, o pacientes más desapegadas, y tu actitud tiene que cambiar con cada paciente para poder llegarle. Y eso medio que lo vas viendo. También muchas cosas que da la experiencia, que no es lo mismo una cosa en una paciente que en otra. […] me parece que eso también se escapa un poco a lo que es Internet o las tecnologías y que uno en la consulta las súper tiene en cuenta, o deberíamos al menos (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Entonces, no es solo la experiencia profesional y el saber biomédico (el conocimiento técnico) del profesional de la salud lo que hace a una buena atención. Las entrevistadas destacan las capacidades personales (la empatía, la calidez y la capacidad de escucha, entre otras) como aquello que marca la diferencia en relación con lo que ellas como profesionales de la salud pueden ofrecer. Las entrevistadas aluden de esta forma a lo que consideran irremplazable en la atención de la salud, lo que la define como tal, para dar cuenta de aquello de lo que, en contraposición, la tecnología carece:

Si vos vas consultas al médico también es para que el médico te atienda, te explique, creo que también tiene un montón de cosas artesanales que Internet no puede brindar, y eso también de la ansiedad y la angustia de las pacientes que ningún medio de tecnología te lo va a resolver, no te lo va a dar […] eso es lo que cambia, lo que nosotros le podemos dar diferente al paciente, y acompañarlo, aconsejarlo y ayudarlo. Son un montón de cosas que me parece que la tecnología no le puede dar (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Los médicos, nuestro principal eje de atención es el arte de curar, se pierde el arte de curar [con las TIC]. El arte de curar es aprender a usar tus cinco sentidos para hacer el diagnóstico, además de lo que aprendiste en la carrera, de lo académico, lo más importante en el diagnóstico médico es el bluetooth si querés llamarlo tecnológicamente, prendiste el bluetooth, ¿transferencia de datos hubo?, bárbaro, lo demás es todo complemento. […] Ese es el arte médico, es el médico viejo que te mira y te dice ‘vos tenés tal cosa’, viste que la gente dice ‘fui a ver a tal, me sacó la ficha’. Es así. Esto [la tecnología] no te lo da (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Si bien las profesionales de la salud entrevistadas responden consultas de pacientes vía WA o e-mail, como una forma (a veces inevitable) de complementar la atención presencial, no reconocen esa práctica como teleasistencia. No la nombran con este término a pesar de estar incluida dentro de la categoría de teleasistencia si tomamos, por ejemplo, la definición que brinda el MSAL. Éste, en el marco del Plan Nacional de Telesalud, define la teleasistencia como el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de problemáticas vinculadas a la salud mediante la utilización de TIC, ya sea a través de comunicación sincrónica o asincrónica y a partir del uso de distintos medios de comunicación (plataformas de telesalud, teléfono fijo/móvil, e-mail, redes sociales, etc.). Sin embargo, la teleasistencia les resulta ajena a las entrevistadas, se trata de algo nuevo sobre lo que han escuchado hablar pero no conocen en detalle:

Lo que sí había visto en un congreso, que me dieron un papelito de que podía dar prestación a una aplicación que hacen consultas, pero como a mí no me gusta mucho eso, prefiero el cara a cara no me… no sé cómo se llama (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Más allá de cuán familiarizadas estén con la teleasistencia y las prácticas que esta involucra, prevalece la idea que la presencialidad de los vínculos en la atención de la salud es irremplazable. Según las entrevistadas hay algo de la comunicación cara a cara en la dimensión gestual y corporal del lenguaje que no se replica en la virtualidad. En este sentido, la presencialidad hace posible una comunicación más rica, que involucra todas sus dimensiones:

La entrevista personal, vivencial, es irremplazable porque tiene un contenido, todos sabemos que los humanos somos más ricos en lenguaje gestual que hablado, entonces te estás perdiendo todo lo que tiene que ver con la expresividad del cuerpo (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

A su vez, las entrevistadas señalan que la telemedicina anula el uso de los sentidos en la atención de la salud, en detrimento de la misma. Consideran que la virtualidad pone en cuestión las dimensiones sensoriales involucradas en los procesos de cuidado y atención de la salud. En contraposición, Lupton y Maslen (2017) plantean que la telemedicina no prescinde del uso de los sentidos para el diagnóstico y la atención de la salud, sino que el mismo se reconfigura. Esto requiere el desarrollo de habilidades por parte tanto profesionales de la salud como de pacientes, que deben aprender a utilizar sus sentidos en el marco de nuevas formas de comunicación en las que la palabra adquiere un rol central. A su vez, habilita la pregunta por el tipo de comunicación virtual en la que piensan las entrevistadas cuando reflexionan sobre la teleasistencia, ya que sus limitaciones varían en función del medio de comunicación que se utilice. No es lo mismo comunicarse por e-mail, por WA, por teléfono o por videollamada. La última, por ejemplo, incluye las dimensiones corporales o gestuales de la comunicación, a la que aluden las entrevistadas, ya que se pueden apreciar a través de la imagen.

No sucede lo mismo con otras limitaciones que presenta la teleasistencia, que no se suplen con ningún medio de comunicación, como la imposibilidad de tocar a la otra persona, fundamental según las entrevistadas para la atención de la salud. Tal como indican las profesionales de la salud se impone “ver” y “tocar” a los pacientes para hacer un diagnóstico certero. La presencialidad es indispensable en este punto en el que los sentidos, lo que se ve, se siente y se toca del cuerpo de los pacientes juega un rol central en el diagnóstico:

Porque el diagnóstico no se hace solo en base a ítems… hay otros factores que los ves, los sentís, los tocás. Yo si te toco la piel me voy a dar cuenta qué temperatura tenés, o si te veo pálida o no, todas esas cosas no te las da en general la tecnología, y a mí, será que soy modelo `61, soy vieja, me parece que hay cosas de la RMP que no se pueden reemplazar, hay otras cosas que sí, pero no en la etapa diagnóstica o de escuchar a los pacientes (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Esta idea es compartida por una de las profesionales de la salud, Lic. en Trabajo Social, cuyas actividades (las consultas que atiende y los talleres que coordina) exceden el diagnóstico clínico (el chequeo físico) y sobre las cuales destaca en otros momentos de la entrevista la importancia del enfoque integral (biopsicosocial) de la salud. Sin embargo, para ella hay algo irremplazable de la presencialidad para la atención de la salud que se relaciona con esta dimensión sensorial:

Hay cuestiones que tienen que ver con lo presencial que son fundamentales en cuestiones clínicas, que tienen que ver con revisar, con ver síntomas, con intercambiar con el paciente (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

La consulta presencial, sobre todo para quienes se desempeñan en el subsector público, es vista además como una oportunidad que hay que aprovechar. El momento en que una persona está en contacto con el sistema de salud, si se tienen en cuenta las barreras que existen para acceder al mismo, es una oportunidad para atender su consulta e inquietudes y desplegar acciones de prevención y promoción de la salud.

Yo veo estas Instagramer ginecólogas que andan hablando de la copa menstrual, del tema de los orgasmos, del tema de los anticonceptivos. Pero bueno, qué pasa, por ejemplo hay una que dice ‘a ver hoy recibí tantas preguntas’ y da varias respuestas […] entonces ella le contesta ‘bueno, sí, pero tenés que consultar a tu ginecóloga’. Ella no le da toda la devolución, porque si no imaginate que eso genera factor de riesgo porque vos estás perdiendo la consulta y una explicación (57, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Entre las entrevistadas prima el consenso sobre los riesgos que implica responder ciertas consultas que llegan a través de WA o e-mail. Ante la duda, la respuesta de las profesionales de la salud suele ser indicarles a los pacientes que se acerquen a la guardia o al consultorio (dependiendo del subsistema en el que se atiendan) independientemente de lo complicado que pueda ser asistir de manera presencial para algunos de ellos:

[…] el problema es que para mí es un riesgo contestar, mi respuesta en general es ‘vení a la guardia, necesito que alguien te evalúe’, o ‘vení a verme a mí al consultorio’. Tipo, ‘me duele la panza’, pueden ser seis millones de cosas (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado)

En este sentido, una médica entrevistada se diferencia de sus colegas al destacar el contexto de atención como un elemento a tener en cuenta. Entiende que los pacientes se comuniquen por WA o e-mail ante las dificultades que se les presentan para acceder a una atención rápida y oportuna de forma presencial. En este sentido, interpreta esto como una expresión de las limitaciones o deficiencias del sistema de salud (en particular del subsector público) para responder a la demanda de los pacientes:

La sensación es que yo siempre trabajé en el ámbito de lo público entonces muchas veces ante dudas de su salud, y no es tan accesible ir a algún lugar como una guardia o algo que los atiendan más o menos rápido y descarten si es algo o no, hay como un exceso de demanda. Como ‘tengo esto ¿qué puedo hacer?’ y la verdad que por teléfono… tendría que verte, tocarte, hacer algo como para ver cuán grave es. […] entiendo que tal vez es por la necesidad de responder como a un malestar, a una demanda, y ellos no encuentran una respuesta rápida a eso porque no es accesible (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Además de las limitaciones de la teleasistencia, las profesionales de la salud destacan como algo desfavorable los cambios que introduce este tipo de atención en la RMP. Dichos cambios producen, a su vez, transformaciones en el lugar que ocupan los médicos en la relación, lo cual se vive con malestar por parte de algunas de las profesionales de la salud entrevistadas:

[…] de golpe pasa a ser ‘¿me decís si me toca hacerme el Pap?’, ‘No, o sea, esto era una conexión para resolver consultas pero no para que yo sea tu administrativa’ (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

Produce fastidio en los médicos. Hay médicos que directamente ponen ‘no hago consultas por WA’. O hay obstetras, por ejemplo, que no dan su celular y dan el de la partera, entonces la partera va filtrando todo eso, pero es por fastidio no es por… Porque los pacientes piensan que uno es el único que paciente que tiene, tenés mil pacientes y si a todos se les ocurre preguntar algo llega un momento que decís, bueno, trabajo o me pongo a contestar WA (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Entre las críticas a la teleasistencia las profesionales de la salud también señalan su desconfianza sobre la efectividad de la misma y sus sospechas sobre la mercantilización de la salud implicada en este tipo de prácticas:

Esto de la tecnología aplicada al sistema de salud tradicional creo que tiene una fuerte impronta de la cuestión médico legal. Y además me parece que se está dando un fenómeno particular, que yo lo estoy viendo en las redes sociales, que la gente utiliza el recurso de la consulta virtual como si fuera ir al supermercado, y se desvirtúa lo que representa la consulta, el acto médico (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

A su vez, se reconoce que ciertas modalidades de teleasistencia, como la comunicación por WA (muy extendida entre las entrevistadas), sobrepasan los límites que consideran necesarios no solo en la RMP y en la atención de la salud (su “encuadre” en la consulta presencial) sino en su propia actividad laboral (en cuanto a sus horarios de trabajo y responsabilidades):

El sistema se vuelve abusivo, las consultas no son remuneradas y se pierde un poco el foco, se vuelve difícil entender el límite, se vuelve necesario encuadrarse. Tuve que sacar la tilde azul del WA porque se angustian si no respondo[6]. […] Hay un uso de las plataformas por el que si no cumplís con las expectativas de inmediatez que suponen el paciente lo exige y eso genera que el médico sienta un trato ingrato (45, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

La incorporación de las TIC en el campo de la salud sexual despierta posiciones encontradas entre las profesionales de la salud entrevistadas. Prevalece, sin embargo, la valoración de la presencialidad y el quehacer médico en la atención de la salud por sobre lo estandarizado e impersonal de la tecnología. En esta línea, lo que está en juego para las entrevistadas es la importancia del vínculo en la RMP y el valor de la confianza, tal como se desarrolla a continuación.

La importancia del vínculo en la RMP y el valor de la confianza

El hecho de que los pacientes recurran a Internet para resolver cuestiones vinculadas al cuidado y atención de su salud es visto como un fracaso por parte de las profesionales de la salud entrevistadas. Si las pacientes buscan en Internet es porque no confían en ellas:

Si vos tenés una relación medio distante, que vos no le explicas nada, y ella ve en Internet que lo que tiene que hacer es así, así, y así, capaz que sí influye porque dice ‘ay mi obstetra es malísimo’. Pero si vos mantenés una buena relación y le vas informando, ‘mira, trata de no hacer tal cosa’, o le vas explicando todo lo que solicitas también, o por qué pedís o por qué no le haces, ella no tenga que recurrir a Internet para entender por qué lo va a hacer (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

En ese sentido, algunas profesionales de la salud entrevistadas consideran que la falta de confianza de las pacientes, que se expresa en su propensión a buscar en Internet información sobre salud y creer en lo que encuentran, afecta de manera negativa la RMP:

Confían más en lo que leen en Internet que en lo que dice el médico. […] quizás hay algunas que no van a venir porque leen en Internet ‘esto es normal, o esto no es normal’. O que vienen porque piensan que lo que tienen es una catástrofe y en realidad es una pavada. Afecta la relación (27, Residente de Tocoginecología, Centro de salud privado).

Al contrario, si las pacientes confían en ellas como profesionales de la salud no buscan, desestiman aquello que contradice lo que se les indicó en la consulta o bien utilizan el momento de la misma para contrastar la información a la que accedieron online. De esta forma, le dan más valor a la información que les brinda la profesional de la salud, en quien confían, que a la que buscan online:

[…] si tienen confianza y tenés una buena relación con la persona que tenés enfrente creo que le dan mucha importancia a lo que vos les digas, más allá de lo que hayan leído (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Incluso para aquellas profesionales de la salud que tienen una postura ambivalente, entre la aceptación y el rechazo a los cambios que introducen las TIC (en particular Internet), la confianza es aquello que estos cambios ponen en juego:

Los pacientes confían menos en la palabra del médico, googlean. Les indicas algo, leen el prospecto y te llaman a los dos minutos diciendo ‘pero mirá que el prospecto dice esto’. Hay una actitud más desafiante todo el tiempo. […] Creo que en los últimos años cambió eso, antes la palabra de una valía un poquito más, como la del docente, la palabra del docente era autorizada, ahora cuando habla el docente es nada (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

La confianza se configura como una pieza fundamental de lo que las profesionales de la salud consideran una buena RMP. Esta, a su vez, da lugar a una mejor atención de la salud. Por ejemplo, tal como indica una de las entrevistadas, tener una buena RMP (basada en la confianza) adquiere relevancia cuando ocurren situaciones inesperadas y se deben comunicar malas noticias:

Ante ciertas circunstancias cuesta mucho explicarles y es ahí donde la RMP tiene que ser buena, fluida. Porque si no tiende al choque y es muy difícil (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

Dado el valor que atribuyen a la confianza las entrevistadas apuestan a generar vínculos con sus pacientes que se basen en la misma, para lo cual es fundamental la escucha. A su vez, escuchar, según las entrevistadas, es requisito para ser escuchadas:

A mí me gusta ese momento de conversar y de poder hablar y sacarle todas las dudas, tenés que tener el tiempo y tenés que tener la paciencia, pero para mí es súper importante en el vínculo que generas con la paciente, y en que la paciente después pueda venir y tenga ganas de volver a otra consulta (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Entre las dificultades que existen en la práctica para escuchar a las pacientes el principal problema que indican las profesionales de la salud es la escasez de tiempo durante las consultas presenciales. Esta es una constante entre las entrevistadas, tanto aquellas que se desempeñan en el subsector público como las que lo hacen en el privado (de la seguridad social/ obras sociales) señalan que el tiempo que fija para la consulta la institución en la que trabajan es insuficiente. Tal como indican, esta falta de tiempo no les permite generar el vínculo que quisieran con las pacientes:

Es parte de cómo está organizado y es parte de que hay más pacientes y menos horarios. Y es el horario de consulta que te da el lugar en donde trabajás, muchos te dicen ‘bueno, tenés 15 minutos por paciente’ y la turnera es cada 15 minutos, entonces, o se te acumulan todos o los sacas así (27, Residente de Tocoginecología, Centro de salud privado).

Nos ponen turnos seguidos. Es como que por lo que yo veo del sistema ahora quieren que seamos más eficientes y más… en poco tiempo. Que no se puede, porque una consulta médica por lo menos media hora la necesitas, más ginecológica. Y en quince minutos ¿cuánto puedo saber de la paciente? nada. Hay veces que sí, si me venís a traer estudios sí, porque es mirar los estudios y ya está. Pero si tengo que mirarte, pedirte estudios y todo es más tiempo. Y más si es la primera vez, no se puede. Encima quedan pacientes esperando afuera y todo (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

La consulta presencial se reduce a la recepción y demanda de estudios complementarios en detrimento de la escucha y la RMP. El tiempo de la consulta tampoco es suficiente para incorporar nuevas cuestiones como el acceso a información online. No siempre es posible, entonces, hablar con las pacientes sobre sus riesgos y cómo evitarlos (dónde buscar, cómo, etc.):

Es que tenemos que hablar de tantas cosas en la consulta que sumar una más no sé, estamos muy apretados [risas]. Con suerte llegamos a hacer el Pap y charlar de lo que tenemos que charlar (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

De esta forma, mientras que la presencialidad constituye el ámbito privilegiado por las entrevistadas para brindar la información que requiere la paciente, escuchar sus inquietudes, calmar sus angustias, construir una buena RMP y brindar una buena atención de la salud sexual, el tiempo de la consulta se revela cada vez más insuficiente. Este es un problema que las entrevistadas no relacionan con la salud digital. Se trata, de hecho, de algo que la excede y frente a la cual el aporte que podría suponer la incorporación de las TIC resulta escaso. Las profesionales de la salud, por ejemplo, no hacen énfasis en la optimización del tiempo de consulta, el cual suele destacarse cuando se promueve la incorporación de las TIC en salud. En cambio, se centran, en términos comparativos, en lo que ellas como profesionales de la salud tienen para ofrecer frente a las carencias o limitaciones de la salud digital. Las TIC se presentan como un arma de doble filo (con más riesgos y limitaciones que beneficios) antes que como un aliado a incorporar en el campo de la salud.

Los derechos sexuales y el clima de época

En la noción de salud y derechos sexuales, tal como se definió en el Capítulo 1, confluyen procesos sociopolíticos y normativos (Petracci y Pecheny, 2009). La misma se configura a partir de la relación constitutiva entre salud y derechos que reconoce en la demanda por la legalización del aborto un punto nodal y paradigmático, que articulaba, al momento en que fueron realizadas las entrevistas, las luchas de movimientos de mujeres y feministas en torno a la salud y los derechos sexuales. Esta demanda se encontraba instalada en la agenda pública y política, luego del debate legislativo del año 2018 y en el marco del fenómeno conocido como marea verde. El sistema de salud y los y las profesionales de la salud fueron interpelados por este debate y el proceso de lucha que implicó. El aborto se instaló como un asunto de salud pública, se debatió sobre la responsabilidad de asegurar su acceso por parte del Estado y cobró relevancia la legislación vigente entonces que pemitía el aborto en tres causales (ILE) que debían respetarse en el sistema de salud.

En este contexto tienen lugar las respuestas de las entrevistadas. Al reflexionar sobre de los cambios que introducen las TIC: diferencian entre salud y derechos sexuales; definen y ponen en cuestión la noción de autonomía en relación con la de empoderamiento; y reflexionan sobre el lugar de Internet en el acceso a la ILE (y al aborto, en un sentido más amplio) así como en relación con el parto respetado (un tema emergente, introducido por las entrevistadas). A continuación, se desarrollan estas opiniones y argumentos en tres subapartados. El primero se centra en la diferenciación que establecen las entrevistadas entre la información sobre salud y sobre derechos sexuales. El segundo, retoma las reflexiones de las entrevistadas sobre el contexto sociopolítico en el que se inscriben los procesos de cuidado y atención de la salud sexual y las nociones de autonomía y empoderamiento. Por último, el tercero desarrolla las limitaciones que las profesionales de la salud reconocen en la implementación de estrategias de salud digital inclusivas y en clave de promoción de derechos, esto es, las brechas digitales en las que el género interacciona con variables socioeconómicas y da lugar a desigualdades en el acceso a las TIC.

La diferenciación entre la información sobre salud y sobre derechos sexuales

En cuanto a la disponibilidad de información sobre salud online, las entrevistadas diferencian entre lo que consideran información estrictamente médica (sobre salud, síntomas, diagnósticos y tratamientos) y lo que es información sobre derechos sexuales. Sus apreciaciones varían de acuerdo al tipo de información en juego. Mientras que la disponibilidad de información médica online es percibida como un riesgo para la salud (frente a la imposibilidad de discernir entre las distintas fuentes de información y la angustia que se genera ante el peor panorama posible), la información relativa a derechos sexuales, en cambio, se relaciona con mayores grados de autonomía, lo que es valorado por parte de las entrevistadas como algo favorable (al menos propositivamente). Prima cierto acuerdo entre ellas sobre la importancia de que las pacientes conozcan sus derechos y se considera que Internet es un recurso valioso en ese sentido. Sin embargo, se sostiene que la información relativa a su salud debe proveerla el profesional al que se consulta:

Por más que está bueno que sepan sobre sus derechos, eso que te decía que leen sobre el Protocolo ILE que les da un montón de autonomía. Hay todo otro montón de cosas que lamentablemente no van a poder ser autónomas. En ‘yo me trato como quiero, leo si tengo infección urinaria y yo me trato’, muchas pacientes lo hacen y no está bueno (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Cuando se trata del acceso a información online sobre síntomas, diagnósticos y tratamientos, las entrevistadas consideran que esta práctica puede ser perjudicial al desinformar, asustar, anular la posibilidad de preguntar y generar angustia. Indican que, entonces, son dejadas de lado la palabra y la escucha consideradas, tal como se desarrolló previamente, piezas fundamentales en la atención de la salud:

Buscan muchísimo en Internet y vienen a la consulta con muchos miedos de cosas que leyeron, que algunas son verdad pero tal vez no tiene por qué suceder, no sé, justo leen lo más grave que les puede pasar y a veces vienen muy asustadas, muy preocupadas (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Además, la información sobre salud sexual disponible en Internet es, según las entrevistadas, muy variable en cuanto a su calidad. A eso se suma que las pacientes no siempre cuentan con las herramientas necesarias para identificar las fuentes confiables:

Internet es muy amplio, pueden leer cualquier cosa. Y uno por no tener el conocimiento, no es por menospreciar a la paciente que no tiene porqué saberlo, pero al no tener el conocimiento no sabe discernir qué es real y qué no. Es muy difícil para ellas y se asustan, piensan que es gravísimo y tal vez no es nada (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

También en las redes sociales puede circular información de calidad muy variable y, en algunos casos, difícil de diferenciar de la publicidad con la que se promociona y vende productos para el cuidado de la salud. Esto genera preocupación entre las profesionales de la salud entrevistadas:

A veces me quiero arrancar los pelos porque lees cosas y decís ‘esto no está bien’, tampoco voy a entrar en la disputa de empezar a retrucarle. Pero hay gente que tiene millones de seguidores y decís ‘ay pero esto no es correcto’. Yo creo que tiene un montón de ventajas, que hay un montón de gente que divulga información súper válida y correcta, pero a veces hay algunas cosas que no son correctas y las siguen un montón de personas y eso se multiplica (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

Pasó ahora con la famosa Catherine Fulop y su chip sexual, que la gente no termina de medir la dimensión que tienen esos posteos con un interés comercial, económico, que no lo ve la gente. Y hay mucha fake news, y hay mucho pago de publicidad que obnubila el raciocinio (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Todo esto supone un riesgo para los pacientes que, guiados por la información a la acceden online, pueden tomar decisiones que afecten su salud:

A veces hay personas que dejan de concurrir a los médicos o hacer cosas porque ya es como que cierran ‘bueno, tengo tales síntomas, seguro que esto’, como que es un arma de doble filo. Y a parte no todo lo que circula en Internet es adecuado. […] Me parece que hace falta más educación en relación al uso de la tecnología, pero me parece maravillosa […] habría que regular, habría que ver cómo se educa a las personas para que tengan acceso a Internet y que sea el acceso adecuado, el correcto, el que no viole sus derechos (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

En este sentido, predomina la idea de que las personas (población general, pacientes y usuarios del sistema de salud) deberían recibir educación para conocer dónde buscar información confiable sobre salud, poder identificar la información de buena calidad y saber diferenciarla de la publicidad. La tarea de aportar esas herramientas a los pacientes no es asumida como parte de sus responsabilidades en tanto médicas o profesionales de la salud. En general, se considera que las mismas corresponden al ámbito (un poco difuso, para algunas entrevistadas) de las “políticas públicas”.

Lo importante sería educar al paciente, o quizás tampoco no sé si lo deberíamos hacer nosotros… pero también debería haber una página que ellos sepan dónde buscar. O ponele, hacer cosas en la tele, en la radio, en carteles, en panfletos, para que la gente sepa dónde buscar (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

La regulación de la información que circula online sobre salud y derechos sexual es una demanda extendida entre las entrevistadas. Es por eso que, cuando pueden intervenir o influir sobre el acceso de sus pacientes a información online esta práctica les resulta menos riesgosa. Consideran que, en caso de que las pacientes accedan a información online, esta debería provenir de fuentes en las que ellas mismas confían. Idealmente, de alguna red social propia o del servicio de salud en que tienen lugar las consultas presenciales:

Se meten en cualquier parte, investigan en cualquier lado, entonces siempre acá [en el Hospital Público] o en el consultorio [privado] les doy lugares seguros. Les doy la página de SAGIJ[7], el Instagram, que tiene información fiel armada por profesionales idóneos. […] Yo creo que tienen que tener información dada por uno, como fuente básica de info, pero que después sí se puede apoyar en algo que puede sacar inclusive de Instagram (57, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

A mí me sirve mucho que ellas me sigan a mí, en mi Instagram. […] Porque yo prefiero que busquen información de alguien que más o menos se las filtra y no que entren y busquen cualquier cosa. Vos te metes en Google y encontrás cualquier cosa. Todas las que vienen con la información buscada en Internet, vienen catastróficas (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Al constituirse ellas mismas como fuente de acceso a información a través de nuevos medios de comunicación (Instagram, Facebook, etc.) o sugerir sitios que conocen y con los cuales “comulgan”, la consulta de información online deja de ser una consulta externa capaz de introducir nuevos temas o enfoques en la atención de la salud. Es decir, se configura como un acceso a información que no aporta algo nuevo, sino que extiende el alcance de la palabra médica por fuera del consultorio, para lo cual se vale de Internet y las redes sociales como medio de comunicación. Algo similar a lo que se señaló sobre las políticas públicas, que incorporan las TIC para la promoción y prevención de la salud sexual sin reformular o replantear las formas de concebir la comunicación (Capítulo 2).

De esta forma, prima el acuerdo entre las entrevistadas de que la información médica debe ser suministrada por un profesional de la salud. En cuanto a la información sobre derechos sexuales las posturas de las profesionales de la salud varían. Si bien algunas entrevistadas tienen opiniones ambivalentes (del tipo “a favor” y “en contra”) otras, en cambio, consideran que el acceso a información sobre derechos sexuales es un aspecto favorable del uso de las TIC en salud. Lo relacionan con una mayor autonomía por parte de las pacientes que resulta beneficiosa aunque represente desafíos en la práctica, tal como se desarrolla a continuación.

Autonomía y empoderamiento

Así como las entrevistadas identifican un cambio de paradigma en la atención de la salud y el modelo de RMP, en el que tiene lugar la incorporación de las TIC, también identifican un clima de época ligado a la masificación de las luchas feministas en los últimos años en la Argentina:

[…] creo que Internet contribuyó como todas las nuevas tecnologías a que todo ese movimiento de mujeres, que ahora es masivo, siga creciendo, siga promoviendo estos derechos. Y también en facilitar el acceso en algunos lugares en donde todavía no se garantiza. O sea, me imagino toda la campaña de ‘niñas no madres’ que sin Internet no podría haber sido posible, no nos hubiésemos enterado de lo que pasó en Tucumán[8]. Me imagino que hubiese sido todo más difícil todavía. Creo que estas nuevas tecnologías aceleran los tiempos (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Las categorías de empoderamiento y autonomía aparecen ligadas a ambos procesos de cambio, el del MMH y el clima de época marcado por las luchas de mujeres y feminismos (más ligado a la salud y los derechos sexuales). En este sentido, las profesionales de la salud entrevistadas señalan los matices de la situación:

Digamos, se empoderaron como se fue empoderando la población y como se fueron empoderando, te diría, las mujeres en general. Pero no me parece que sea específico de las pacientes (64, Médica Tocoginecóloga, consultorio privado/ Hospital Público).

En general tienen un poco más de registro de cuáles son sus derechos, se plantan distinto. […] no sé de dónde lo sacaron, no leyeron el Boletín Oficial, pero de algún lado… lo vieron en algún Instagram o algo (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

En este sentido, una de las médicas entrevistadas hace hincapié en los cambios ocurridos en los últimos quince años, en lo que hace al conocimiento de sus derechos por parte de las pacientes y su capacidad para exigirlos:

[…] Hace quince años era inimaginable que una piba de catorce años vaya a un centro de salud a pedir un método anticonceptivo y, sin embargo, eso ahora está como un poco más demandado. No quiere decir que en todos lados se lo den y que esté garantizado, pero sí las pibas saben que tienen derecho (38, Médica Generalista, Hospital Público).

A su vez, una de las médicas entrevistadas establece un vínculo entre tecnología y feminismo que define como “la revolución del momento”:

Esto de que el cuerpo de la mujer empiece a tomar un lugar equitativo al del hombre hace que se caigan un montón de cosas, entonces, la tecnología permite denunciar, hablar del abuso, hablar del acoso, hablar del aborto, que no se hablaba. El aborto era una mala palabra. Yo creo que ahí sirvió mucho. […] donde apareció una ventanita donde alguien pudo decir ‘che, me pasa esto’, boom, se viralizó, se multiplicó. Entonces, ahí surgieron todas las movidas (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

Otra de las profesionales de la salud entrevistadas considera que la disponibilidad de información online sobre salud y derechos sexuales podría favorecer el ejercicio de la autonomía por parte de las pacientes. Sin embargo, tiene dudas al respecto y las manifiesta en términos de contradicciones:

Está bueno que estén, que sepan… que tengan autonomía sobre su cuerpo sobre qué hacer, cómo preguntar y todo. Pero aún así me genera un poco de… estoy medio… es contradictorio. Porque me parece que hay que saber informar a la paciente en dónde buscar. […] Las pacientes que no están informadas vos, no es que digo que le podés decir cualquier cosa, pero es como, tienen al médico, como el modelo hegemónico de antes que ‘yo te voy a decir qué hacer’. Yo creo que también, ‘yo te voy a decir lo que yo sé que se hace con eso y vos de ahí hacés lo que vos quieras’. Pero bueno, yo te voy a indicar ‘tenés esto, te voy a indicar esto’, porque es lo que yo estudié diez años (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Finalmente, hay entrevistadas para quienes la incorporación de las TIC en el campo de la salud y los derechos sexuales no se relaciona con la autonomía de las pacientes:

Las páginas [de Internet] no te dan control ni autonomía, ni nada. No puede una página de Internet dar autonomía, o sea, porque básicamente es una página de Internet. Porque es algo hecho en general. Uno en salud tiene una atención personalizada y cada persona es distinta. Si fuéramos iguales sí sería perfecto porque las páginas que hablan en general servirían para todos, pero somos todos diferentes (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

En sus argumentos la entrevistada recupera la idea, abordada previamente en este capítulo, de que la tecnología responde a lo estandarizado y por lo tanto no podría, en este caso, favorecer la autonomía. Para esta última es necesaria, en cambio, una atención personalizada. Luego, vincula esta idea al empoderamiento que supone la disponibilidad de información (dada por un profesional durante la consulta) y las ideas encontradas que le genera: por un lado, el anhelo de una paciente más autónoma y empoderada y, por otro, la importancia que atribuye al rol del médico (del quien no puede ni debe prescindirse):

Vos podés tener autonomía, vos podés tener información, pero para algo están los profesionales, para algo existen. La información empodera, por decirlo así, y te ayuda a tener una parada totalmente distinta. […] Pero es para no sentirte tan en desventaja con la relación (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

La idea, más o menos extendida entre las entrevistadas, de que el acceso a información sobre derechos sexuales favorece la autonomía (independientemente de si las TIC influyen) y de que esta es deseable, convive con la idea de que cierto grado de dependencia en la RMP es inevitable. Esto da lugar a contradicciones en la postura de las profesionales de la salud entrevistadas, que algunas advierten como tales. Mientras que la autonomía opera como ideal, en la práctica no siempre es posible ni deseable:

Pero, ¿hasta dónde es buena la autonomía? la pauta de alarma… no sé cómo explicarte, no sé si de solo leerla decís ‘bueno, no si tengo esto, ésto y ésto tengo que ir a la guardia’ por ahí sí eh, por ahí estamos subestimando la capacidad de reconocer la alarma que tienen las personas, pero me parece que a veces puede ser un problema (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

Por más que esté bueno que sea autónomo en un montón de cosas en las que lamentablemente van a seguir dependiendo de nosotros, tal vez suena un poco feo, o suena un poco mal, pero es así (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En este sentido, las pacientes informadas que exigen una atención determinada (por ejemplo, un parto respetado) suponen, según una médica entrevistada, más trabajo (al tener que explicar lo que se hace y por qué se lo hace). Si bien comprende un aprendizaje implica a su vez un desafío:

Lleva más trabajo, hay pacientes, voy a decirlo honestamente, que son una paja[9], o sea, te llevan mucho más tiempo, tenés que explicarles. […] son pacientes mucho más difíciles, pero está bueno también, porque aprendes un montón […] tenés que ser muy cuidadosa en lo que haces y en lo que decís, para que no se malinterprete (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En la práctica se enfrentan dificultades frente al ejercicio de la autonomía. Los mismos atañen a las profesionales de la salud e interpelan a las pacientes. En cuanto a los retos que supone para las profesionales de la salud, las entrevistadas indican que deben manejar la molestia o el malestar que les genera que la autonomía se traduzca en una postura exigente o demandante por parte de las pacientes:

[…] cuanto más sepa de los derechos que me corresponden siempre va a ser mejor, para cualquier persona. Entonces si una persona viene conociendo sus derechos no te tenés que enojar, tenés que decir ‘bueno, qué bien’. Si viene y te los exige ya de una manera que no corresponde, porque no es este el ámbito donde se los podés garantizar, eso ya es otra cosa que a veces también pasa ¿viste? [risas] que te quieren tirar con algo porque no podes garantizar ese derecho porque no es lugar, no es la institución, o a veces es la institución pero no tenés el recurso y no podes hacer nada. Pero bueno, te puede llegar a enojar un poco (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

Está la que viene medio a desafiarte a contrastar lo que leyó con lo que vos le venís a decir, que por suerte son las menos. […] A mí depende, esto es como re íntimo, pero depende mucho el tono en el que me lo digas. Si me vienen patoteras es muy difícil que entre bien. […] cuando vienen con la verdad absoluta ‘¿para qué venís entonces?’, medio que es esa la respuesta, ‘¿querés que te diga y que te pida lo que vos querés? bueno, está bien, pero yo no soy un delivery de cosas’. Depende mucho de eso, de la actitud con la que venga (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

Sin embargo, las profesionales de la salud esperan (al menos idealmente) cierto grado de autonomía por parte de las pacientes que se enfrenta también con dificultades, en algunos casos, dadas por las posibilidades desiguales de ejercer dicha autonomía en función de los recursos de los que se dispone (tanto material como simbólicamente):

Se nota la diferencia entre las pacientes que están más… que quizás leyeron o están más fundamentadas en algo y las pacientes que quizás no entienden mucho qué está pasando y están totalmente dependiendo de vos. Y en el sentido del nivel económico también, lamentablemente, se nota (27, Residente de Tocoginecología, Centro de salud privado).

Hay pacientes que son, que pueden ser más autónomos, y vos también incluso confías más en que esas pacientes sigan una conducta, sigan un tratamiento, porque están más informadas y hay pacientes que no. Hay pacientes que no saben leer ni escribir, entonces es como… (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En este contexto, algunas entrevistadas destacan que la autonomía puede promoverse desde el propio sistema de salud y que constituye, en ese sentido, un desafío a futuro en el cual hay que trabajar:

La mayoría son pacientes que, es triste pero es así, con tal de que vos le digas ‘bueno mamá, va a estar todo bien’ va a estar todo bien. Cuando después en la sala vamos y hablamos y estamos en el trabajo de parto tratamos de hacerlas activas y decir ‘bueno, a ver, sos vos la protagonista’ como que tratamos de hacerlo pero bueno, son pacientes que tienen otra realidad que es completamente distinta capaz que a la que vivimos (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

Me parece que todavía falta mucho. A mí me parece maravilloso que vengan las personas a demandar sus derechos y a tener información en la que uno puede dialogar y negociar cosas. Pero me parece que todavía hay muchas personas que no están en ese lugar, hay que seguir, hay que trabajar mucho (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Entre las distintas profesionales de la salud entrevistadas se pueden identificar diferentes formas de concebir la autonomía: una ligada a la toma de decisiones, en la que influye el modelo de decisiones compartidas centrado en el paciente; otra ligada al enfoque de derechos; y un tercera que se configura a partir de la relación que establecen algunas entrevistadas entre información- autonomía- responsabilidad.

La concepción de la autonomía basada en el modelo de decisiones compartidas se propone, tal como plantean las entrevistadas:

El paciente está mucho más informado, es mucho más autónomo… es mucho más fuerte el modelo de decisiones compartidas que una medicina tan patriarcal como era antes, donde el médico tenía la palabra santa y los demás tenían que hacer lo que el médico decía. Hoy en día los pacientes te cuestionan más (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

El objetivo que se tiene que lograr con el paciente es la decisión compartida (45, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

Por otra parte, la autonomía es definida desde un enfoque de derechos por una médica entrevistada que destaca las especificidades del trabajo en atención de la salud sexual con adolescentes:

Creo que está bueno que ellas puedan conocer sus derechos, uno se los explica, les dice que hay leyes, que tienen autonomía, que no tienen que venir acompañadas, que este es un espacio privado, de confidencialidad. […] porque se hace hincapié sobre la autonomía que tiene el adolescente, que ya a partir de los trece años se va fomentando todo eso. Y me parece que hay que darle información para que vaya creciendo justamente en esa autonomía (57, Médica Tocoginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

La autonomía concebida a partir de la relación información- autonomía- responsabilidad se basa en el planteo de que al disponer de la información necesaria los pacientes pueden tomar decisiones sobre su salud y asumir una mayor responsabilidad en el proceso de cuidado y atención de la misma. La responsabilidad se configura entonces como la contracara de la autonomía:

Yo creo que está bueno que las personas conozcan sus derechos y tengan conocimiento de muchas cosas, porque eso también las posiciona en un lugar de poder decidir, en esto de la información que una pueda brindar como profesional. La información que ellos manejen, si es buena, también sirve para poder crear un diálogo más de par y poder llegar a apropiarse también de la responsabilidad de la salud, que no quede solamente en los profesionales (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Por último, dos temas adquieren centralidad en el marco de la atención de la salud sexual en términos de derechos y en relación con el clima de época: 1. el aborto (sobre el que se pregunta en la entrevista, aunque varias entrevistadas introducen el tema espontáneamente); 2. el parto respetado (un tema emergente de las entrevistas, no incluido en la guía de pautas).

1. Aborto

El aborto, en tanto demanda histórica de los movimientos de mujeres y feministas, se encontraba instalado en la agenda pública y política al momento de las entrevistas. El interés por el tema y la pregunta por los cambios que introducen las TIC en relación con el acceso al mismo en el contexto argentino de entonces (antes de la sanción de la Ley 27.610 de Acceso a la IVE en diciembre del 2020) se encuentra en la base del planteo del problema de investigación que da lugar a esta tesis. Se trata de un tema, por lo tanto, sobre el que se consultó a las entrevistadas. Sin embargo, varias profesionales de la salud lo introdujeron en la entrevista de forma espontánea, es decir, antes de ser consultadas al respecto:

Todo lo de la marea verde y eso puso sobre la mesa un montón de temas que por ahí antes no se hablaban. Y que las más jóvenes son las que se empaparon de todo esto. Yo te aseguro que si vos hablabas con una adolescente hace cinco años sobre cuáles eran las causales de ILE ninguna las sabía y hoy en día yo creo que las pibas las saben (35, Médica Ginecóloga, Centro de salud privado).

A veces vienen mujeres con un discurso que se nota que han indagado, que saben cuáles son sus derechos y que vienen, por ejemplo, con el tema de ILE vienen sabiendo que se los tienen que hacer (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Algunas entrevistadas introducen este tema para destacar aspectos favorables del acceso a información sobre salud y derechos sexuales online:

Las pacientes a través de Internet saben cómo hacerlo ahora que es medicamentoso, porque antes era solo quirúrgico y ahí estaban más fritas. Existe la información, saben cómo hacerlo, empiezan a buscar un poco y saben dónde conseguir el Misoprostol. […] La verdad que eso sí que es algo realmente bueno. La única cuestión es que bueno, mientras no cambie la legislación están como muy solas en eso (64, Médica Tocoginecóloga, consultorio privado/ Hospital Público).

Otras médicas entrevistadas se centran en la ILE y destacan que la disponibilidad de información online favorece el acceso a la misma y el contacto con centros de salud y/o profesionales de la salud que garantizan este derecho:

Hay muchas páginas, hay bastante buena información en Internet sobre ILE y creo que Internet les da una mano importante a las mujeres que están en esa situación (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

De esta forma, las profesionales de la salud entrevistadas identifican que el clima de época, que registran como un cambio de los últimos años, se traslada a lo que demandan las pacientes en los servicios de salud (sus consultas y exigencias). Algunas entrevistadas observan que las mismas cuentan con más conocimiento sobre el derecho a la ILE y una actitud “empoderada” a la hora de hacerlo valer. Internet se configura en este escenario como un medio de comunicación que dadas su características (masividad, anonimato, bajo costo) adquiere un rol central:

En esta última época con tanto auge del feminismo y del aborto legal y demás, las mujeres están mucho más empoderadas y de hecho saben mucho más sobre sus derechos, depende de la paciente, ¿no?, claro, pero como que saben un montón, y leen un montón, y eso es lo que da Internet (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Internet jugó un papel y juega un papel esencial, te diría. Cuando empecé a investigar sobre Misoprostol en el año 2003, yo conocí el Misoprostol por mis pacientes acá en el hospital […] Uno aprendió con la gente. Hoy ya la gente sabe, se orienta, pregunta, busca, dice ‘hay un 0800 al que puedo llamar’, es otra cosa (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ Consultorio privado).

Otras entrevistadas, en cambio, mencionan espontáneamente el tema del aborto para ejemplificar los riesgos del acceso a información online:

Mismo muchas pacientes con el tema del aborto que compran o leen en páginas web, en foros, cómo tienen que hacer un tratamiento o dónde pueden conseguir las pastillas. Y muchas veces lo hacen mal, le cobran las pastillas carísimas… Como que tratamos, en ese aspecto al menos de la tecnología, de desterrarla un poco. Porque, al menos yo, creo que esa es la parte no favorable del uso de tecnologías en el paciente (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

Sin embargo, una de las entrevistadas que asume un postura crítica en relación con el acceso a información online sobre aborto, luego introduce algunos matices a su respuesta e indica que entiende que las pacientes busquen información por otros medios (entre ellos Internet) dadas las barreras que existen en el acceso al mismo a través del sistema de salud:

Como que piensan que Internet es más confidencial y que las va a juzgar menos que si se acercan a un hospital. La realidad igual es que puede ser que vaya a un hospital y la juzguen porque no en todos los hospitales están todos los médicos a favor, eso también es real. Entonces capaz que va al centro de salud tal y la tratan mal. Hay un montón de lugares que pueden ir y acercarse pero evidentemente tiene más peso Internet. Hay un montón de mujeres que no vienen o vienen tarde por miedo a qué les van a decir, o no te dicen si ellas en su casa hicieron algo por miedo a qué les van a decir (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

Frente a los riesgos que puede implicar el acceso online a información incorrecta, otra médica entrevistada vuelve sobre la posibilidad de recomendar sitios seguros que brinden información confiable:

Muchas veces, ante la desesperación, entran a ver cosas que a veces no están buenas, porque hay mucha desinformación también en esos lugares. Y como que terminas recomendando ‘bueno no, entra al Ministerio a este Protocolo, entra a la OMS’, terminás recomendando algunas cosas. O la Colectiva Feminista, que sabés que la información que tienen es segura. Como que decís ‘bueno, entrá acá, tratá de no buscar otras cosas porque es mala esa información’ (38, Médica Generalista, Hospital Público).

Otra de las entrevistadas incluye entre los riesgos que supone el acceso a información sobre aborto la difusión en Internet de discursos propios de grupos autodenominados “provida”, contrarios al derecho al aborto, que promueven el miedo y la culpa. Esto puede ser un obstáculo en el ejercicio de sus derechos para quien cursa un embarazo y accede a Internet en busca de información sobre su interrupción:

Lo que pasa es que también tenés todo un material que va en contra de lo que considero los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres digamos, también existe eso (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

Por último, una de las entrevistadas resalta la objetividad que considera que deberían tener los profesionales de la salud, en contraposición a la información disponible online. Sus argumentos se sustentan en un enfoque biomédico que atribuye al médico la palabra autorizada en nombre del conocimiento científico, considerado objetivo. En este sentido, le preocupa que la “polarización” del tema se traslade al sistema de salud:

Es lo mismo que lo demás, depende de qué página abras está la te va a decir que el aborto es lo peor del mundo y la que te va a decir que el aborto es lo mejor del mundo, vas a tener las dos campanas abiertas. ¿Por qué? porque tenemos esas dos corrientes importantes, como no está ningún marco legal ubicado hoy en día en tiempo y espacio y está todo en discusión, están en auge ambas campanas y ambas tienen lugar en Internet para ubicarse. Inclusive en el ámbito médico también tenés lo mismo, depende qué consultorio abrís si está pintado de verde o de celeste vas a tener una campana. Y es malo eso por el hecho de que vos tenés que ser objetivo y dar información correcta, no dar tu perspectiva, podés pensar lo que quieras pero en cuestiones como esta tenés que ser un poco más objetivo (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

2. Parto respetado

El tema del parto respetado es introducido por las profesionales de la salud durante las entrevistas (sin estar incluido en la guía de pautas) y ocupa un lugar relevante en el entrecruzamiento entre salud y derechos para aquellas entrevistadas que se desempeñan en servicios de obstetricia. Las mismas, reconocen que entre los derechos que las pacientes reclaman frente al sistema de salud, en el marco del clima de época, se encuentra el parto respetado:

Particularmente en lo que es obstetricia hay mucho movimiento con respecto a lo que es la ley de parto respetado, violencia obstétrica, parto sin intervención y demás. De esto sí, hay un montón de información por todos lados. Y lo buscan activamente también las mujeres, hay algunas que no, pero la gran mayoría te diría que sí. De hecho los grupos en redes sociales tienen que ver con mujeres que buscan ese perfil de obstetra o de lugar para atención del nacimiento de su bebé (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

En el año 2004 se sancionó la Ley 25.929 de Parto Humanizado[10], a la que se refiere la médica entrevistada. La misma establece los derechos de los padres y la persona recién nacida, entre los que se encuentran los derechos de las personas embarazadas a: ser informadas sobre las intervenciones que pudieran tener lugar durante el embarazo, trabajo de parto, parto y posparto; ser tratadas con respeto, de modo individual y personalizado; y estar acompañadas durante el trabajo de parto, el parto y el posparto por alguien de su confianza.

A pesar de que las profesionales de la salud indican que suele hacerse todo lo posible por respetar los derechos establecidos por esta ley, las exigencias por parte de las pacientes dan lugar a posturas ambivalentes de su parte y argumentaciones del tipo “sí, pero”:

Yo estoy de acuerdo con un montón de cuestiones del respeto, la intervención mínima y demás, pero hay algunascosas que me hacen ruido de las que se hablan en esos grupos [en redes sociales virtuales]. Después hay que generar mucho vínculo y mucha confianza para que la otra persona también diga ‘bueno, está bien, no me estás queriendo vender algo que no está bueno porque te conviene a vos, sino que estamos tratando de consensuar entre las dos lo mejor para todos’ (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Mismo [que con el aborto] con el parto respetado también lo vemos mucho ‘yo quiero parto respetado, no quiero que me pongan nada’ y bueno le explicas que obviamente se va a respetar y todo y le explicas hasta qué límite, pero saben un montón y saben las técnicas. Porque también yo si una paciente no sabe le puedo decir cualquier cosa ‘te pongo la vía porque sí’ y estas pacientes sí saben y te dicen ‘no quiero vía, no quiero nada’ (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

A su vez, tal como indican las entrevistadas, las posibilidades de brindar una atención que se ajuste a los parámetros de los que se considera un parto respetado están sujetas tanto a las características de la población (qué exige) como a lo que se ofrece desde cada servicio de salud (en la medida en que se garantice o no el acceso a derechos):

Mientras se respete, las pacientes en general no tienen problema. Piden que el padre esté en la cesárea, que el padre esté en el parto, nosotras tratamos de respetarlo siempre, pero bueno también no siempre depende de nosotras, las residentes, sino que depende del médico interno. Y no todos son gente joven, hay gente que ya tiene sus mañas, que no quiere tal vez que el padre esté en la cesárea y fin (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En maternidad algunas pacientes incluso no quieren venir al médico, no quieren saber nada, no buscan Internet, no vienen al médico, no siguen las consultas, pero por miedo a que… muchos las retan, hay muchos hospitales maltratadores. Nosotros no, entra el familiar, jamás las atamos, si quieren parir paradas paren paradas, si quieren parir acostadas, en una silla, en donde quieran, la que me tengo que arreglar soy yo. […] Incluso vienen muchas pacientes con su plan de parto, quiero esto, quiero lo otro. A mí me gusta, está bueno, me parece interesante. […] También, por ejemplo, nosotros en el hospital somos uno de los hospitales que hace partos respetados, que hace interrupciones del embarazo, entonces quizás por eso estamos un poco más abiertos en ese sentido (27, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

En síntesis, la autonomía (ligada o no al empoderamiento) opera como ideal en materia de salud y derechos sexuales, sin embargo, en la práctica presenta dificultades que las entrevistadas expresan como contradicciones. Entre estas dificultades se encuentra la forma en que las entrevistadas conciben la atención de la salud, su propio lugar como profesionales de la salud y sus responsabilidades, así como la negociación que se dirime en su interior y con las pacientes entre autonomía y dependencia. También se destacan dificultades vinculadas a las desigualdades socioeconómicas que se presentan entre las pacientes y sus contextos, que posibilitan diferentes grados de autonomía y apropiación de derechos. Las entrevistadas hacen hincapié en este punto y lo destacan como un obstáculo no solo en términos de autonomía sino también en relación con el acceso a la salud digital y las limitaciones que consideran que en la práctica enfrenta la incorporación de las TIC en el campo de la salud. A continuación, se presenta el análisis de esta cuestión desde un enfoque de género.

Las brechas digitales de género: barreras en el acceso a la salud digital

El género como categoría analítica permite vislumbrar las brechas digitales que generan desigualdades en el acceso a la salud digital. Tal como las define Castaño (2010) las brechas digitales de género se expresan bajo tres modalidades: la primera, se refiere al acceso material a las TIC (la conectividad y el acceso a los dispositivos necesarios); la segunda, comprende el uso que las personas hacen de las TIC en términos de inclusión digital; y la tercera, alude a la participación en el diseño, producción y gestión de este tipo de tecnologías. La pregunta por los cambios que introduce la incorporación de las TIC en el campo de la salud sexual problematiza el segundo tipo de brechas digitales de género, de acuerdo con la definición de Castaño (2010), ya que apunta a dilucidar los efectos desiguales del uso y apropiación de las TIC en el acceso a la salud digital. En este sentido, Natansohn (2013) destaca la dimensión subjetiva de las brechas digitales de género:

Esto se comprende mejor cuando indagamos, por ejemplo, cómo las personas se relacionan con los aparatos técnicos que los rodean, cómo construyen sus imaginarios tecnológicos y los vínculos (de afecto, indiferencia, odio, miedo, interés, pasión) que establecen con ellos a lo largo de su vida y su educación, cómo entran en contacto con ellos, ya sea a través de la educación o del trabajo y cuáles son las motivaciones de las personas para optar (o no) por carreras tecnológicas (p. 16).

De esta forma, las desigualdades de género atraviesan los modos de relacionarse con las TIC y las posibilidades de valerse de sus beneficios, por ejemplo, en el campo de la salud. Las entrevistadas advierten en su práctica como profesionales de la salud las desigualdades en el acceso, uso y apropiación de las TIC en las que el género opera de modo interseccional y articulado con factores socioeconómicos y generacionales:

La paciente del hospital [público] cambia veinte veces por año el número de celular, vos tenés anotado en la historia clínica un número de celular y cuando la querés llamar ya lo cambió. La paciente de consultorio particular o prepago o lo que fuera, tiene como más estable, más estable el trabajo, más estable el celular, tenés una manera de comunicarte que con el resto no (58, Médica Ginecóloga, Hospital Público/ consultorio privado).

Esto se presenta para las profesionales de la salud como una limitación de la salud digital y un obstáculo para su implementación. En este sentido, indican que algunas pacientes no tienen a su disposición dispositivos tales como celular y/o computadora, utilizan los de otros miembros de la familia (pareja o hijos), con la falta de privacidad que eso supone, y no siempre cuentan con las habilidades requeridas para su uso:

Nosotras tenemos muchas pacientes que no, que el celular no tiene para aplicaciones o no tienen la lucidez para hacerlo, suena medio mal pero pasa, o son grandes. Muchas no tienen celular, usan el de la pareja, entonces bueno, ahí como que limita un poco el uso de la tecnología. […] A veces mismo, para comunicarte, para llamarlas para que vengan a operarse resulta muy difícil porque no te atienden, o el celular que dejaron es del vecino o es el número de la pareja, y uno tiene que ser muy cuidadoso en lo que dice también porque tampoco podes decir cualquier cosa (28, Residente de Tocoginecología, Hospital Público).

[…] la población con la que yo trabajo no tiene acceso a una computadora y para tener acceso tienen que pagar, tiene que ir a cyber o tiene que conseguir alguien que tenga o le tiene que pedir al hijo. Pero no todo se puede hacer con la computadora del hijo porque se la dio la escuela y porque a parte la madre no quiere que vea (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

Ante el avance de las TIC, que se presenta como irreversible, las entrevistadas señalan con preocupación la existencia de brechas digitales. En este sentido, una de las profesionales de la salud entrevistadas advierte sobre lo problemático que puede resultar la exclusión del ámbito tecnológico (por falta de acceso y/o habilidades de uso):

[…] es como que todo está mediado por Internet, es muy difícil quedar afuera. Y si quedas afuera no encajas en muchos circuitos, en muchos ámbitos. Si los jóvenes se quedan afuera es complejo (51, Lic. en Trabajo Social, CeSAC).

A su vez, en torno a las TIC se reconfiguran, tal como plantea Sabanes Plou (2013), viejas prácticas de dominación (como la violencia contra las mujeres) en nuevos escenarios. De esta forma, la violencia de género se ejerce a través de las TIC y se apoya, en algunos casos, en las brechas digitales de género por las cuales se posee desiguales posibilidades de ejercer control y autonomía en relación con el uso de este tipo de tecnologías. Las profesionales de la salud entrevistadas hacen referencia a esto al narrar experiencias negativas sobre la incorporación de las TIC en la atención de la salud:

Le di el teléfono a una paciente, porque estaba con un problema de hipertensión y demás, estaba muy preocupada, yo nunca doy el teléfono, contadas con los dedos, ehh bueno se lo di. Y resulta que ella estaba atravesando una situación familiar un poco compleja, se estaba separando de la pareja, tenían otro hijo en común además de este bebé, ella me lo había comentado esto. Y me empezaron a llamar de un número desconocido, era la pareja de esta chica, que no se estaban viendo y me amenazaba con que si yo no le contaba cómo estaba evolucionando este embarazo a él.. y yo digo ‘primero no sé quién sos, no puedo saber si efectivamente sos la pareja, mi paciente es tu mujer no vos y hay un secreto profesional de por medio que si ella no quiere que vos estés en la consulta por algo es’. Y bueno nada, tuve ahí como todo un tema, le dije ‘te voy a denunciar a la Policía’ no sé, fue lo primero que se me ocurrió. Pero la verdad es que después de eso lo pienso mucho cada vez que le tengo que dar el teléfono a alguien (38, Médica Obstetra, Centro de salud privado).

Otra de las entrevistadas hace referencia a una situación similar, que tiene en común la violencia de género, en función de la cual modificó también su actitud frente al uso del teléfono celular como medio de comunicación con las pacientes:

Como proyecto de fin de residencia el año pasado unos compañeros armaron un taller de adolescentes y armamos un grupo de WA, pero después nos terminó trayendo problemas. Hubo un problema con una paciente que sufría violencia por parte de la pareja y como que la ayudamos a la mujer a que se salga, a tratar de conectarla con el servicio social y qué sé yo. Pero después la pareja consiguió nuestro número de teléfono y como que se armó mucho lío y ahí nos suspendieron todo. […] Después de esto que pasó, que tuvieron que ir a denunciar y que fue bastante importante, nos dijeron que basta, que no tenemos que dar nada [vías de contacto como el número de teléfono] (26, Residente de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

De esta forma, las entrevistadas destacan las brechas digitales, en las que el género interactúa con otros marcadores de desigualdad, para referirse a las pacientes (en particular a aquellas que atienden su salud en el subsector público). Destacan estas desigualdades en tanto limitaciones u obstáculos para la incorporación de las TIC en el campo de la salud, así como en relación con las prioridades que, según algunas entrevistadas, debieran regir las intervenciones en salud. En este sentido, una de las médicas entrevistadas señala que habría otras cuestiones que atender antes que promover la salud digital:

Si uno lo piensa a nivel poblacional Argentina no sé si es por dónde va la cosa ahora hoy en día. En mi medio sí pero porque todas las pacientes tienen un teléfono, entran a la consulta con el teléfono en la mano. Entonces eso depende de la población (35, Médica Tocoginecóloga, Centro de salud privado).

En cambio, no se identifican cuestiones relativas a las brechas digitales de género cuando las entrevistadas se refieren a ellas mismas en relación con el uso y apropiación de las TIC para su incorporación en los procesos de cuidado y atención de la salud sexual. Al señalar sus propias limitaciones el principal factor al que aluden las entrevistadas es el generacional, que suelen mencionar en relación con el proceso de incorporación de la HCE:

Tenés que aclarar en algún lugar que estás entrevistando a una señora mayor que no creció con la tecnología y entonces nosotros tuvimos bastante resistencia a la incorporación de las HCE, por esta cuestión legal de no tener el documento escrito (61, Médica Ginecóloga, consultorio privado).

A nosotros no nos costó nada porque estábamos como más inmersos en la computadora, imagínate las personas grandes. Cuando vos hacías consultorio con alguna de las médicas que son más grandes, ay no por favor ¡era un suplicio!, porque era… llegaba un momento que terminabas diciendo ‘dejá yo lo hago y te voy enseñando entre paciente y paciente’, así entrenamos a una, entre paciente y paciente. […] después la podés entrevistar a [nombre de una colega], te va a decir ‘fue lo peor que me pasó en la vida’. Ahora está regia, ya no sabe cómo hacía antes, pero fue un año muy intenso (27, Jefa de Residentes de Obstetricia/ Lic., Hospital Público).

Sin embargo, a pesar de que algunas entrevistadas indican que su edad implica una forma de relacionarse con las TIC más distante, al no tener incorporado su uso como las generaciones nativas digitales, sus opiniones y percepciones sobre la salud digital son similares a las de las entrevistadas más jóvenes. Las limitaciones que identifican en la incorporación de las TIC, por ejemplo, no se diferencian en función de su edad. Independiente de ésta, prima la incertidumbre que provoca la salud digital al no contar con un marco regulatorio claro (que establezca sus responsabilidades médico-legales) y el malestar que ello produce. A continuación, se retoman éste y los principales ejes temáticos desarrollados a lo largo del análisis para el planteo de las conclusiones y reflexiones finales.


  1. A partir de las preguntas: “Si te digo eSalud/ eHealth ¿qué palabra/ palabras se te ocurren?”; “Dijiste [palabra mencionada] ¿Qué significa para vos en relación con la eSalud/ eHealth?”; y “¿Cuál de todas las palabras es más importante para vos en relación a la eSalud/ eHealth?” (Ver Anexo I).
  2. Fueron definidas como las más significativas a partir de su frecuencia de evocación y su jerarquización por parte de las entrevistadas.
  3. Se indican entre paréntesis los siguientes datos referidos a las entrevistadas: edad (años), profesión/ especialidad y lugar de trabajo (en el caso de trabajar en dos o más lugares se respeta el orden de importancia atribuido por las entrevistadas).
  4. Cuestión que comprende uno de los objetivos específicos de la investigación (ver Capítulo 3).
  5. Su uso se encontraba poco extendido en el momento en que fueron realizadas las entrevistas (previo a la pandemia de COVID-19). Por lo tanto, la entrevistada dedicó varios minutos a explicar su funcionamiento y describir la utilización de esta plataforma en el marco de su actividad profesional.
  6. Cuando habla de la tilde azul se refiere a una opción que ofrece WA por la cual quien envía un mensaje puede saber si el receptor lo vio (independientemente de si le respondió).
  7. SAGIJ es la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil.
  8. La entrevistada se refiere al caso de una niña de 11 años que el año 2019 en Tucumán (Argentina) fue obligada a continuar con un embarazo que era producto de una violación, negándosele el acceso a la ILE, que le correspondía según la ley vigente. Los movimientos de mujeres y feministas, así como organismos de DDHH, se movilizaron en denuncia, a través de la campaña “Niñas, no madres” con fuerte presencia en las redes sociales (Instagram y Twitter). En esta nota periodística del momento, escrita por Mariana Carbajal, se narraba lo sucedido (https://bit.ly/3jmiAC2).
  9. La expresión (utilizada en la Argentina) “una paja” se usa para referirse a una situación (en este caso, la atención de algunas pacientes) que produce pereza, cansancio o desmotivación (en este caso, por la mayor demanda de trabajo que supone).
  10. Disponible en: https://bit.ly/3nlXXHm


Deja un comentario