Uno de mis rituales favoritos, cuando abro por primera vez un libro nuevo, es leer antes que todo la sección de los agradecimientos. Me encanta conocer la red humana y profesional que hizo posible que el autor o la autora pudiera llevar a cabo su investigación, y cuando entre los nombres mencionados aparecen los de algún colega o de personas cuyos textos fueron de inspiración para mí, esto me procura un íntimo sentimiento de cercanía, como si todos y todas fuéramos parte de un único circuito en el que las ideas fluyen y nos conectan los unos con las otras. Y en realidad es exactamente así como funciona: el legado intelectual de los y las demás nos permite avanzar en la construcción de nuevas miradas y, al mismo tiempo, la generosidad y el cariño de nuestros seres queridos nos permite dedicarnos a la elaboración de nuevos horizontes de pensamiento. Por lo tanto, no me queda otra cosa que empezar agradeciendo a todas aquellas personas que, de una u otra forma, contribuyeron en la realización de este libro.
Gracias al Dipartimento di Lingue, Letterature e Culture Straniere de la Università Roma Tre por haber financiado este libro. Gracias a Camilla Cattarulla, coordinadora del capítulo de la Università Roma Tre del proyecto Horizon 2020 MSCA-RISE (Marie Skłodowska-Curie Actions – Research and Innovation Staff Exchange) “Archivos en Transición: Memorias Colectivas y Usos Subalternos” (TRANS.ARCH) (GA 872299), financiado por la Unión Europea, que me dio la gran oportunidad de viajar a la Argentina para desarrollar mi trabajo de investigación de estos últimos años; gracias a los y las colegas del proyecto Trans.Arch de la Università Roma Tre, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Buenos Aires) y de la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe) por los intercambios y las miradas compartidas. Gracias a Emilia Perassi por sus recomendaciones bibliográficas, a Laura Scarabelli y Carolina Pizarro Cortés por acompañarme en distintos momentos de mi investigación en Chile. Gracias a Andrea Salmerón Sanginés y Minerva Valenzuela por sus generosas lecturas. Gracias a Irupé Vitali, Sandra Bonfanti, Tania Scaglione, Carolina Condito, Gianina Moisés Sosa, Eugenia Galazarte, Maia Ferro y Carla Cattaneo por todo lo que compartimos en Rosario y seguimos compartiendo a la distancia. Gracias a Sandra Contreras por recibirme en el Instituto de Estudios Críticos en Humanidades y darme acceso al fondo de las Bibliotecas de Literatura y de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Gracias a Analía Gaguin por abrirme las puertas de su taller y dejarme admirar de cerca los pañuelos de Dora Morgen Arte Colectivo; gracias a María Claro y a Adriana Chein del colectivo Bordando Luchas de Ayer y de Hoy por el testimonio de su militancia; gracias a Myriam Jawerbaum y Estela Halpert por recibirme en el Centro Argentino de Arte Textil (CAAT). Gracias a Anabella Valencia y todo el Teatro El Popular, Florencia Bendersky, Bosco Cayo, Mariela Kantor y Alejandra López Molina por su compromiso artístico, su amistad y sus lecturas. Gracias a Erika Andrea Silva Urbano, Pamela Carola Monasterio Muñoz y a todas las compañeras de la comunidad Memorarte Arpilleras Urbanas por los lazos que tejimos y seguimos tejiendo entre Roma y Santiago de Chile; gracias a Cecilia Martínez del colectivo Bordadoras por la Memoria de Valparaíso por compartir conmigo su testimonio y su lucha. Gracias a Graciela Batticuore por invitarme a dictar el seminario de doctorado “Bordar la herida: teatro y materialidades textiles contra la violencia de género” en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y a las estudiantes que participaron en las clases por todas sus aportaciones. Gracias a Flavia Damiano y a Catalina Yaryes por invitarme a su taller de arpilleras en Bracciano, pueblo en la provincia de Roma donde tomaron vida la mayoría de estas páginas. Gracias a Anabel Ares y Mauro Garbini, Sara Cavarero, Luigia De Crescenzo, por acompañarme durante todo el camino. Y, como siempre, gracias a mi marido Enrico y a mi familia: por todo.








