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2 Encauzar a los menores, vigilar a los jóvenes, ordenar a la comunidad

La Liga de Madres y Padres de Familia Católicos en Comodoro Rivadavia (1958-1963)

Luciana Lago

Resumen

Este trabajo presenta un estudio referido al accionar de la Liga de Madres y Padres de Familia católicos en Comodoro Rivadavia en el marco del boom petrolero acontecido entre 1958 y 1963. Esta asociación, conformada por matrimonios católicos salesianos pertenecientes a los sectores medios y altos, tenía entre sus principales fines la formación moral de los menores y los jóvenes en un contexto al que caracterizaban como amenazante de las normas de orden y la disciplina tradicional.

El objetivo se centra en indagar las acciones y los espacios de intervención de la Liga de Familia respecto a la formación de la niñez y la juventud comodorense y los modos en que operaron con la agencia estatal para regular usos, costumbres y consumos culturales a través de campañas de moralidad pública. Las fuentes utilizadas son la prensa periódica local ­–donde la liga contaba con espacios propios para difundir sus actividades y expresar sus posicionamientos–, expedientes municipales, actas y resoluciones de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia.

Las conclusiones dan cuenta de que la liga –en el periodo de 1958 a 1963– intentó procesar las dinámicas de modernización desde la reivindicación de un orden tradicional, basado en los principios católicos. De esta forma, los sectores católicos buscaron detentar una posición de hegemonía moral para intervenir en la regulación de la sociedad comodorense y en el control de la niñez y la juventud como sectores de riesgo.

Palabras claves

Juventud, moralidad, familia, salesianos, petróleo,

Abstract

This work presents a study referring to the actions of the League of Catholic Mothers and Fathers of Families in Comodoro Rivadavia in the framework of the oil boom that occurred between 1958 and 1963. This association, made up of Salesian Catholic couples belonging to the middle and upper sectors, had among its main objectives the moral education of minors and young people in a context they characterized as threatening to the norms of order and traditional discipline.

The goal of this article focuses on investigating the actions and intervention spaces of the Family League regarding the formation of children and young people in Comodoro Rivadavia and the ways in which they operated with the state agency to regulate uses, customs and cultural consumption through campaigns of public morality. The sources used are the local periodical press –where the League had its own spaces to disseminate its activities and express its positions–, municipal files, acts and resolutions of the Municipality of Comodoro Rivadavia.

The conclusions show that the League –in the period between 1958 and 1963– tried to process the dynamics of modernization from the claim of a traditional order, based on Catholic principles. In this way, the Catholic sectors sought to hold a position of moral hegemony to intervene in the regulation of Comodoro Rivadavia society and in the control of children and young people as sectors of risk.

Keywords

Youth, morality, family, salesians, oil.

Introducción

En este trabajo presento una primera aproximación del accionar de la Liga de Madres y Padres de Familia Católicos en Comodoro Rivadavia en el marco del boom petrolero acontecido entre 1958 y 1963. Esta organización nucleaba a matrimonios católicos –en especial vinculados a la comunidad salesiana y a la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF)– y tenía entre sus principales objetivos la formación moral de los menores y los jóvenes en un contexto al que caracterizaban como amenazante de las normas de orden y la disciplina tradicional.

La ciudad industrial y portuaria de Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, se distingue porque la industria petrolera extractivista configuró un tipo de matriz social que le imprimió modos particulares de vinculación social, ocupación del territorio, usos del tiempo, relaciones entre géneros, entre otros aspectos (Barrionuevo y Peters, 2016). Respecto al peso de la matriz petrolera en la ciudad, hay dos puntos a considerar: esta actividad fue fluctuante, se alternaron periodos alcistas y de crisis con base en los costos y los requerimientos internacionales del petróleo. Cada movimiento de subida o contracción económica provocaba dislocamientos en la estructura social; surgieron así cambios en el espacio urbano, se habilitaron nuevas posiciones sociales y se generaron nuevas modalidades de relaciones entre géneros (Baeza y Grimson, 2011).

Este trabajo se centra en el boom petrolero ocurrido entre 1958 y 1964[1], el cual repercutió en la ciudad generando un crecimiento demográfico y nuevos rasgos de modernización. En este sentido, entiendo que el boom petrolero se trató de un período crucial en la historia de la ciudad, en el cual se constituyeron varios de los mitos y debates que resuenan en cada expansión poblacional que atraviesa la ciudad y donde también se construyeron imágenes respecto a esta etapa como un momento de modernización. El incremento demográfico, asociado al aumento de la circulación de capitales, revolucionó las pautas sociales y económicas que caracterizaban hasta entonces a la comunidad de Comodoro Rivadavia, alteró las costumbres y los hábitos de consumo de la población, y por tanto generó una dinámica social más permeable. Sobre este período se construyó un imaginario que combinaba las imágenes de modernización con cierta liberalización de usos y costumbres que dieron lugar a discursos sobre la crisis moral que se estaba produciendo y se evidenciaba en la expansión de bares, whiskerías y prostíbulos, donde podía gastarse el “dinero fácil” que se obtenía a través del trabajo en el petróleo (Lago, 2018: 107). En este contexto, cobró peso la juventud como sector social que buscaba distinguirse desarrollando otras formas culturales ligadas al ocio y la vida nocturna, mostrando más autonomía (Marquez y Palma, 1991: 129).

Estos cambios motivaron en los grupos católicos establecidos el despliegue de distintas intervenciones públicas posicionándose como un sector privilegiado capaz de regular la vida social y ordenar a la comunidad comodorense[2]. Sobre estas bases, en este texto busco indagar las acciones y los espacios de intervención de la Liga de Familia, organismo que aglutinaba a matrimonios católicos vinculados principalmente a sectores medios y altos de la ciudad. Entre sus acciones se destacan, sobre todo, aquellas ligadas a la tutela de los menores, las representaciones sobre la niñez y juventud de los sectores populares, y los modos en que operaron con la agencia estatal para regular usos, costumbres y consumos culturales a través del impulso de campañas de moralidad pública. Utilizo como principales fuentes la prensa periódica local, en especial los diarios Chubut, Crónica y Rivadavia, donde la liga contaba con espacios propios para difundir sus actividades y expresar sus posicionamientos respecto a las problemáticas que afectaban a niños y jóvenes comodorenses, y el lugar de las familias para revertir la “corrupción moral”. También consulté expedientes municipales, actas y resoluciones de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia de inicios de la década del sesenta, fuentes interesantes para aproximarse a conocer el ritmo urbano en épocas del boom petrolero, y para registrar las conexiones entre el municipio y las organizaciones católicas ante el temor por la moralidad de la ciudad.

Al poner el foco en el accionar de la Liga de Familia para la formación y vigilancia moral de niños y jóvenes, y relacionarlos con los efectos sociales del primer boom petrolero, busco inscribir esta investigación en una línea de trabajo que recupera aportes de varios campos: la historia cultural, la historia de las juventudes y la historia social del catolicismo. En este punto, me propongo una mirada enfocada en la Liga de Familia, pero en clave relacional y sobre todo situada, atendiendo al particular contexto local en relación con el boom petrolero y a los cambios sociales que se produjeron, los cuales pueden ser vistos en términos de una modernización.

Por último, como en este trabajo busco conocer las formas en que los sectores católicos detentan una posición de hegemonía moral, desde la que intervienen en la regulación de la sociedad comodorense, tomo como caso un periodo particular –los primeros sesenta– en un contexto de movimientos de las estructuras comodorenses, que provocaron ciertos dislocamientos en la configuración social de la ciudad y en la regulación de niños, niñas y jóvenes. Es de esta forma como historizo y problematizo el accionar católico en la configuración social de las ciudades patagónicas, como una vía para complejizar los estudios religiosos desde una mirada relacional y en cruce con perspectivas que consideran el género, la clase y la edad como factores claves del accionar religioso.

Juventud y catolicismo en los sesenta

Desde hace algunos años, exploro una línea de trabajo centrada en la relación entre religión y juventudes, en especial indagando tensiones, contrastes y disputas entre distintas generaciones respecto a ciertos sentidos y significados sobre los modos de experimentar y practicar las creencias, tomando como caso de estudio las comunidades pentecostales en Comodoro Rivadavia (Lago, 2018). En este trabajo presento una mirada histórica que busca reconocer las construcciones sociales que se postulan sobre las juventudes y los modos en que las religiones intervienen en la regulación moral de las niñeces y las juventudes considerando particularmente los grupos católicos salesianos.

Desde la mirada histórica, es clave entender las edades como una construcción cultural y como una dimensión significativa y estructurante de las relaciones sociales. En torno a la edad de las personas, se constituyen subjetividades y distinciones, se naturalizan prácticas, formas de disciplina y asimetrías. En las visiones católicas sobre la niñez y la juventud, vemos claramente el procesamiento social de las edades (Criado, 2009), es decir, las formas mediante las cuales se construyen socialmente imaginarios, prescripciones, expectativas, valores y atributos para cada grupo de edad. Una de las principales características de la construcción social de las edades es su carácter adultocéntrico (Duarte, 2012). De modo resumido, el adultocentrismo

constituye una matriz sociocultural que ordena –naturalizando– lo adulto como lo potente, valioso y con capacidad de decisión y control sobre los demás, situando en el mismo movimiento en condición de inferioridad y subordinación a la niñez, juventud y vejez (Duarte, 2012: 120).

En este proceso se evidencian relaciones de dominio y de conflicto entre las distintas clases de edad, y además se suma el peso de lo católico para legitimarse como autoridad, brújula moral de la comunidad, pero sobre todo de los niños, las niñas y los jóvenes, a quienes se considera sujetos menores, factibles de ser modelados y encauzados.

Al referirse a la juventud, es importante considerar que se trata de una categoría que cobra significado cuando está situada en el mundo social; por ello es necesario que su estudio tenga un carácter relacional con la situación histórica y social en la que viven las y los sujetos. Al respecto, en los sesenta coinciden varios procesos sociales:

  • La emergencia de los medios de comunicación de masas, que permitieron la creación de una verdadera cultura juvenil internacional popular.
  • El nacimiento del teenage market, que ofrece por primera vez un espacio de consumo específicamente destinado a jóvenes (Manzano, 2018), donde estos son no solo consumidores, sino activos productores culturales en la gestación de proyectos musicales.
  • La crisis de la autoridad patriarcal que amplía las esferas de la libertad juvenil, lo que implicó una erosión de la moral puritana (Cosse, 2010).

La suma de estos procesos contribuyó a la diferenciación del mundo juvenil, tanto del mundo adulto como del mundo infantil, sedimentando sentidos sobre la condición juvenil e instaurando diacríticos distintivos. En la historiografía sobre la juventud en Argentina, los años sesenta han sido considerados como una etapa de renovación sociocultural, asociándose a los y las jóvenes en particular a la modernización (Casullo, 1999; Cosse, Felliti y Manzano, 2010). En este punto, Manzano (2018) propone no entender la modernización como un proceso evolutivo, homogeneizador y universal, sino pensar en las dinámicas de modernización sociocultural y cómo las juventudes fueron portadoras y agentes claves en este proceso. En este punto, es importante considerar las condiciones socioculturales en que se habitaba la categoría juvenil, entre las cuales se destacan la expansión del sistema educativo –con la ampliación de la educación secundaria y universitaria– y el desarrollo de bienes culturales marcadamente juveniles con foco en la música y las estéticas personales. En este punto, y en relación con el caso de estudio, es clave incorporar al análisis las condiciones materiales, el peso de la matriz petrolera y los sentidos sociales que circulaban respecto a los efectos del boom y su vinculación con la construcción de nuevas subjetividades. En particular, a partir de las oportunidades abiertas durante esta etapa, se destaca la visibilidad de los sectores juveniles y el desarrollo de nuevas prácticas culturales –sobre todo las relacionadas al consumo y la producción de música moderna, que sirvieron para modelar y evidenciar diferencias con otras generaciones–.

Respecto a la idea de modernización, resulta clave historizar brevemente el concepto, es decir, no darlo por sentado, como sostiene Manzano, sino atender específicamente a las dinámicas de modernización sociocultural (Manzano, 2018: 23). Para el caso que reviso, cobra peso atender a lo juvenil como un grupo social que se constituyó como símbolo y signo de lo moderno y novedoso en un marco de boom petrolero y dinámicas de modernización comodorense (op. cit.: 26). De este modo, atender a las dinámicas de modernización permite abordar los sentidos nativos y particulares de este término, considerando las maneras en que se debatieron los cambios sociales, las tensiones que emergieron y cómo se procesaron socialmente.

Siguiendo estos planteos, encontramos que la década de 1960 representa un punto de inflexión, en primer lugar, porque la llegada de compañías extranjeras norteamericanas contrasta claramente con el perfil de la empresa estatal YPF, que configuró una matriz según la cual el petróleo aglutinaba a una comunidad, una gran familia articulada bajo el ideal de “Dios, patria y familia”. Este boom petrolero también incidió en la representación de la ciudad como una tierra de oportunidades laborales, lo que atrajo grupos migratorios diversos, produciéndose a la vez un crecimiento de la cultura urbana, junto a la reconfiguración y el declive de los lazos sociales conservadores y los controles comunales[3].

Registrar los sentidos nativos sobre la modernización se entrecruza con las representaciones que circulaban sobre la juventud, y cómo diversos actores proyectaron sobre este grupo sus temores y expectativas en torno a los cambios que se estaban produciendo en las relaciones familiares, los vínculos de pareja, la moral sexual y el propio crecimiento urbano que estaba aconteciendo. A esto se le suma, para el caso patagónico, el cruce con posiciones de defensa de valores nacionales y nacionalistas, sintetizados en el lema ya mencionado de “Dios, patria y familia”. En este sentido, me interesa indagar en el accionar de la Liga de Familia en cuanto exponente del conservadurismo católico y, a la vez, parte de un sector hegemónico que se propone intervenir en el resguardo de la juventud.

Como se mencionó previamente, los años sesenta del siglo xx representan un punto de inflexión en la explotación del petróleo, a partir de los cambios en las políticas económicas entre 1958 y 1963. El boom petrolero significó una expansión urbana y demográfica que trajo una mayor heterogeneidad a la ciudad y generó preocupación entre los grupos católicos por la relajación de las costumbres y por la emergencia de espacios de sociabilidad nocturna que contrastaban con el perfil de la empresa YPF y su ideario de una comunidad entendida como una gran familia articulada bajo el ideal ya mencionado. En este contexto, se activó la Liga de Padres y Madres de Familia, una organización que reunía a matrimonios católicos, principalmente vinculados a la comunidad salesiana e ypefiana, en una cruzada moral contra el desborde producido en la ciudad.

En este trabajo busco conocer las formas en que los sectores católicos detentan una posición de hegemonía moral desde la que intervienen en la regulación de la sociedad comodorense. Tomo como caso un periodo particular –los primeros sesenta– en un contexto de movimientos de las estructuras comodorenses que provocaron ciertos dislocamientos en la configuración social de la ciudad y en la regulación de niñas, niños y jóvenes. De esta forma, busco historizar y problematizar el accionar católico en la configuración social de las ciudades patagónicas como una vía para complejizar los estudios religiosos desde una mirada relacional y en cruce con perspectivas que consideran el género, la clase y la edad como factores claves del accionar religioso.

La Liga de Familia de Comodoro Rivadavia en los sesenta

Abordar la relación entre niñez, juventud y religión nos lleva necesariamente a pensar su conexión con la familia como institución histórica y campo de conflicto y de disputas donde las distintas religiones y creencias buscan intervenir y desplegar su campo de influencia[4]. En una producción previa, como parte de las primeras exploraciones de la investigación que realicé en el marco de mi investigación doctoral, abordé la reacción evangélica ante el matrimonio igualitario en Argentina en 2010, registrando durante el trabajo de campo distintas acciones que formaban parte de una “cruzada cristiana” contra este por su carácter “antinatural”, “opuesto a los planes de Dios” y, principalmente, “corruptor” de la familia (Lago, 2011). En este conflicto, no solo los grupos evangélicos, sino también organizaciones católicas, se manifestaron en contra, con un claro posicionamiento patriarcal sobre la configuración de las familias[5].

En el caso que trato en este texto, me centro en la manera en que la organización católica Liga de Familia se abocó a la regulación de niños, jóvenes y la familia en el marco económico social específico del boom petrolero comodorense. El principal antecedente en el estudio sobre las Ligas Católicas de familia es la tesis de Vázquez Lorda (2013) referida al origen de esta institución y sus estrategias para la intervención y regulación de las familias, donde plantea que su creación en 1951 –junto a otras organizaciones laicas– es una reacción del episcopado argentino contra el peronismo por la intervención del Estado en “asuntos familiares”. Siguiendo a esta autora, las ligas como organizaciones católicas se sustentan sobre la idea de “la crisis de la familia”, lo que habilita su intervención en la sociedad. Para ello, despliegan un amplio abanico de actividades tendientes a proteger a la familia de la corrupción de las costumbres y reforzar el sentido de la potestad de los padres en la educación de los hijos por sobre el Estado[6]. Según la autora, también proyectaban acciones destinadas a fortalecer las bases materiales de la familia a través de impulsos para la construcción de viviendas sociales y el control de los presupuestos (2013).

La Liga de Familia es una organización nacional con filiales en distintas provincias. En el caso de Comodoro Rivadavia, no se produjo la distinción entre padres y madres, sino que se presentaban en conjunto. Esta filial se enfocó en los aspectos educativos y en la formación moral de la población, teniendo una activa participación en los debates sobre la educación libre o laica en 1955[7]. En este conflicto, Vicente y Carrizo (2017) identifican una red de asociaciones a las que denominan la “familia católica” (salesianos, el periódico católico El Pie, la Liga de Familia), todos activos agentes que impulsaron también la creación de la diócesis de Comodoro Rivadavia en 1957. En el período que estudio, el accionar de la Liga de Padres y Madres católicos parece estar más abocado a la cuestión social, es decir, a la atención de los menores y la niñez desvalida y a la vigilancia moral de la juventud, sobre todo de sus consumos culturales. Esta liga se presentaba como una asociación de “vecinos honorables con muchos años de radicación”, preocupados por la crisis del modelo familiar occidental sostenido en la complementariedad de funciones en los matrimonios. Se observa la apelación al criterio de los años de residencia como un delimitante del estatus social; esa condición de vecinos pioneros opera como un valor social que posiciona a este sector por sobre los “recién llegados”, a quienes es necesario dirigir.

Entre los propósitos de la liga, se postulaba “defender a la familia, a los hijos y enriquecer a los padres con elementos teóricos y prácticos” para que ejercieran “en la forma más completa sus funciones en la familia”. Una de las estrategias, que continuaba de la etapa anterior (1951-1955), era la presencia pública y la utilización de los medios de comunicación locales, sobre todo la prensa y la radio. A través de diferentes formatos, columnas de opinión a modo de charlas, se buscaba establecer una conexión con los lectores. En estos textos la narrativa se presentaba como una reflexión práctica, con orientaciones concretas para resolver situaciones cotidianas y así intervenir ante lo que consideraban una “crisis moral”. En una de sus columnas, se presentaban así:

Tenemos cada día nuevas pruebas de que somos una fuerza en nuestra patria, es necesario disponernos a aplicar esa fuerza en la búsqueda del bien, que se ve amenazado, sobre todo, en el orden de la moralidad. […]. han cambiado las condiciones de vida, las relaciones entre los miembros de la familia, las responsabilidades de la esposa y madres que trabaja, la forma de educar a los niños, el ambiente ya no es inmoral, es amoral dado que se desconocen leyes y normas morales[8].

En este período, llevaron adelante lo que denominaron una “cruzada moral” en dos frentes. Primero, en lo público, donde su batalla era contra el avance de ciertos productos culturales y espacios de sociabilidad nocturna que, según esta mirada, representaban amenazas a los valores tradicionales. En este sentido, como veremos luego, interpelaban al Estado municipal por su incapacidad para controlar y regular estos espacios y productos orientados a la juventud. En otro plano, los mensajes estaban dirigidos en especial a las familias, los padres y las madres, con distintos consejos y exhortaciones sobre el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, operando así como “tutores morales” de la comunidad. En las columnas había un trato personal, con la idea de que se mantuviera una especie de conversación con los oyentes o lectores, con un tono reflexivo y crítico que muchas veces cerraba con la pregunta “¿No opina usted lo mismo?”.

Se observa que la liga como organización católica intentaba procesar las dinámicas de modernización desde la reivindicación de un orden tradicional, estando entre sus preocupaciones centrales las transformaciones de los vínculos y las relaciones afectivas. Es importante considerar que las religiones le dan a la familia una significación sagrada y, como plantea Tarducci (1999), en momentos en que los cambios sociales, económicos y políticos afectan a la familia, sienten que sus visiones del mundo están siendo socavadas y, por ende, también su posición social. Ante este aparente caos social dado por la falta o ausencia de valores, a la familia se le asigna un significado trascendente para la recomposición del tejido social. Así, esta sirve como un microcosmos de la sociedad, si ella está en crisis, el orden moral idealizado también lo estará. En los sesenta se vivenciaba una situación de amenaza cultural, por lo que la familia católica se cerró, configurándose como espacio afectivo denso y vigilante de la niñez y la juventud, llamando a padres y madres a responsabilizarse de la vida, la educación y el encauzamiento de sus hijos e hijas, pues entendía que en sus manos estaba la formación del futuro ciudadano normal y católico. Se desprende aquí que el campo de la moral pública es la forma de constituir un orden social y disciplinar a la comunidad comodorense en un contexto de tensión y dislocamiento de estructuras tradicionales.

¿Cómo se desplegaban estos mensajes y discursos? A continuación, se presentan unos primeros análisis sobre la posición de la liga en torno a tres tópicos. En primer lugar, una mirada respecto a los roles de género y las formas en que se buscaba estabilizar y reforzar las distinciones de género y sexualidad en los y las jóvenes. Luego se revisan sus intervenciones sobre la niñez y la juventud en este momento considerado de crisis moral. Por último, se abordan las interpelaciones que estos actores de la sociedad civil católica le realizaron al Estado para la regulación de los espacios y los productos culturales orientados a la juventud.

Mandatos y deberes según los roles de género

Dentro de estas dinámicas de modernización acontecidas en los sesenta, el campo de las relaciones de género es clave. Los cambios en los roles e imaginarios sobre lo femenino y lo masculino, la sociabilidad juvenil, las nuevas prácticas sociales y su impacto en la moral pública estuvieron en el centro de las preocupaciones de la Liga de Padres y Madres de Familia de Comodoro Rivadavia. En los años del boom (1958-1963), se encuentran un conjunto de columnas referidas a distintos temas y cuestiones domésticas o cotidianas. Así, por ejemplo, hay notas sobre las formas de mantener la felicidad en el matrimonio y organizar el presupuesto familiar para obtener ahorros, y consejos de crianza para el caso de los niños traviesos y para las jovencitas de la casa como parte de las competencias que le correspondían al ama de casa.

Los sesenta se identifican con la revolución sexual, la aparición de métodos de anticoncepción, nuevas formas de construcción de vínculos y parejas, entre otras novedades y rasgos de este período. Igualmente, se debe considerar que en Argentina el contexto político de autoritarismo impuso límites y a la vez se reforzó el control de la juventud, a la que se identificó como el principal agente de los movimientos contestatarios (Felliti, 2009). La década del sesenta implicó una transición del paradigma sexual, una revolución discreta, caracterizada por la flexibilización de las pautas de noviazgo y la liberalización de la sexualidad, aunque el centro patriarcal quedó intacto (Cosse, Felitti y Manzano, 2010). Al respecto, Manzano (2018) señala que quienes mejor encarnaron los efectos de la modernización fueron las jóvenes. Ellas impugnaron y desafiaron nociones arraigadas sobre la domesticidad y la autoridad patriarcal, sobre todo a través de sus prácticas y del aprovechamiento de las nuevas posibilidades que se les abrían en el campo educativo y en espacios de sociabilidad juvenil (Manzano, 2018: 389).

El auge económico que trajo el boom petrolero impactó en el crecimiento de la ciudad y en el desarrollo de una nueva cultura de la noche, con la aparición de boites –que reemplazaban los bailes de club– y de cabarets, donde, además de los shows musicales, se ejercía la prostitución, actividad arraigada en la historia de la ciudad (Infeld, 2009). Claramente, para la liga esta nueva cultura de la noche comodorense encarnaba una real amenaza. La liberación de ciertas costumbres y comportamientos en público también generaba críticas en clave de género, cuestionándose, por ejemplo, el aspecto de los y las jóvenes: el pelo largo en los varones, las prendas obscenas como las minifaldas y las demostraciones de afecto “sin pudor” en las plazas y los lugares públicos[9].

Observamos en el accionar de esta liga una voluntad de generar un nuevo orden ante el caos y desborde en que consideraban se encontraba la ciudad por el boom petrolero, instalando al catolicismo como principio rector de la sociedad. La familia cristiana se funda en la conyugalidad, con el sacramento del matrimonio y los hijos. En ella hay una complementariedad de funciones, donde la principal responsabilidad de la mujer está en el ámbito de lo doméstico, en la crianza y atención de los hijos y el esposo; por ello, si las mujeres están descuidando estas funciones, la familia como tal está siendo amenazada. En este ideal católico, la familia como célula base de la estructura social requería ser fortalecida para contrarrestar los males devenidos del boom económico, no solo en términos morales, sino también en la propia constitución de las familias y el trastocamiento de los roles tradicionales de género.

Vemos así que en el rol materno de la mujer reside la estabilidad familiar, de ahí se derivan los reparos de la jerarquía eclesiástica hacia el trabajo femenino extradoméstico, en lo que es parte de una continuidad con la mirada del peronismo sobre los modelos de familia (Vásquez Lorda, 2013). Esto representa un ejemplo de las acciones que pretenden mantener a las mujeres en su “sitio” (Gayle, 1975: 7). En distintas columnas se presentan críticas a la esposa y madre que trabaja, para quienes parece que “la maternidad es un estorbo”[10] y no un rol valioso. Podemos ver en esta frase una tensión con el propio clima de época, donde la sexualidad femenina se expandía, por ejemplo, con la llamada “revolución de la píldora” anticonceptiva (Felliti, 2012), y las implicancias de las estrategias y políticas de anticoncepción entre las mujeres a propósito del despliegue de nuevas formas de organización familiar y una moral sexual más autónoma. Otro de los efectos de la modernización impactó en el esposo, en su rol de varón proveedor del hogar, quien, “reducido por el tecnicismo, solo tiene valor por la cantidad que puede producir”[11]. Aquí se criticaba el materialismo y la ambición desmedida como valores de una época que atentaban a la estabilidad de las familias. Esto, llevado al caso de Comodoro, una ciudad petrolera con ritmos y tiempos de trabajo que implican extendidas jornadas de trabajo, en un momento de boom económico y de múltiples espacios de sociabilidad nocturna, acentuaba un modelo de masculinidad con poca sensibilidad para los aspectos ligados a una vida cristiana. Fallar como padres en su rol de jefes de hogar también es causa de la desviación moral de los jóvenes:

Lo que los jóvenes no han encontrado en el ambiente familiar, donde no han visto al padre que sea un buen jefe de familia, donde han visto en cambio la claudicación de ese hombre porque no sabe llevar las riendas del hogar, todo eso lo va a buscar afuera […] lo podrá llevar al terreno del delito, el cine, las novelas, las revistas, los malos espectáculos y las malas compañías[12].

Como planteamos antes, desde esta mirada católica preconciliar y conservadora, las madres son las principales responsables de la crianza y el cuidado de los hijos. Se supone que su permanencia en el espacio del hogar debía ser una ventaja para tener una cercanía con los hijos y cumplir así su rol de esposas, madres y educadoras. Un ejemplo de esta educación lo observamos en una columna titulada “La educación de la voluntad en la adolescencia”, que, en un tono un tanto encriptado, refiere a los cambios corporales en el pasaje de la niñez a la adolescencia y a la importancia de ofrecer cierta educación sexual diferenciada entre hijos e hijas, y de “promover el valor del pudor, hermano del sentimiento religioso, como un freno al desvío de las pasiones”[13]. El siguiente extracto es claro al respecto:

A vosotras corresponderá en cuanto a vuestras hijas, al padre en cuanto a vuestros hijos –en cuanto parezca necesario– levantar cautelosa y delicadamente el velo de la verdad y dar respuesta prudente, justa y cristiana a sus inquietudes. Recibidas de vuestros labios de padres cristianos, en la hora oportuna y en la oportunidad medida, con todas las debidas cautelas, las revelaciones sobre las misteriosas y admirables leyes de la vida serán recibidas con reverencia e iluminaran sus almas con mucho menor peligro que se las llegasen a saber casualmente por turbios encuentros, conversaciones clandestinas, por compañeros que ya saben demasiado por vía de ocultas lecturas tanto más peligrosas y perniciosas, cuanto más el secreto inflama la imaginación y excita los sentidos[14].

Mientras que acontecía una época de cambios en materia del ejercicio de la sexualidad y se flexibilizaban las pautas afectivas, el discurso católico seguía sosteniendo posiciones conservadoras. Se observa aquí que la Iglesia católica en los sesenta del siglo xx era todavía un actor clave en los debates y las acciones para la educación sexual, sobre todo en la defensa de principios tradicionales tales como la castidad y el ejercicio de la sexualidad unida al amor y materializada en el seno matrimonial, en el que se respetaba el tradicional orden de género. Esta vigilancia interna sobre la sexualidad de los adolescentes y jóvenes de la familia se entrelaza con otro campo de acción de la liga vinculado al tutelaje de la niñez pobre y de la juventud peligrosa, como se desarrolla a continuación.

Miradas sobre la niñez y la juventud en riesgo

Una constante en las comunicaciones de la liga fueron las exhortaciones a los padres y las madres para el cuidado y la supervisión de sus hijos, niños, niñas y jóvenes, en un movimiento de resguardo de los valores tradicionales hacia dentro. Pero también desde la liga existía la preocupación por la tutela de los menores; bajo esta categoría se abarcaba a niños, niñas y jóvenes de los sectores populares, con familias que distaban del modelo del matrimonio católico de clase media y con arraigo en la ciudad.

Durante la etapa del boom, entre 1958 y 1963, se expandió la oferta de trabajo, lo que atrajo a miles de migrantes, sobre todo del sur de Chile, pobladores que no se correspondían con aquellos proyectados para la población original de la ciudad (Mármora, 1968). La dificultad en el acceso a las viviendas para estos migrantes produjo un proceso de urbanización espontánea en la zona sur de la ciudad, que dio lugar a asentamientos informales llamados localmente “barrios chilenos”, surgidos mediante las dinámicas de tomas de tierras y autopromoción de la vivienda (Vázquez, 2019). La existencia de estos barrios da cuenta de un proceso de construcción de “espacios diferenciados y diferenciantes, formas de segregación social y fronteras simbólicas en el espacio comodorense” (Baeza y Lago, 2015: 225). El boom petrolero fue una etapa de bonanza económica, pero también, para muchas familias migrantes, asentarse en la ciudad fue complejo por los altos costos de vida, lo que repercutió en una profundización y visibilización de la pobreza, rasgo que representó una novedad para la historia de la ciudad.

En este contexto, desde la liga, si bien no se problematizaba la pobreza, es decir, no se consideraban las causas de estas desigualdades sociales, sí se proyectaba que era necesaria la intervención en esa población de niños y jóvenes carentes, para asistirlos, encauzarlos e impedir que avanzase lo que ellos consideraban parte de la degradación moral que estaba aconteciendo. En sus comunicaciones y columnas de opinión pública, es claro cómo se proyectaban las representaciones sobre la niñez y juventud de los sectores populares. En particular, en algunas notas se referían al “problema del menor”, personificado en los niños que trabajaban como lustrabotas y canillitas por su contacto con el mundo adulto y la nocturnidad, lo cual desde su mirada era la base para su desviación. Se observa una asociación casi directa entre la pobreza y la delincuencia como destino de estos niños y jóvenes. En este sentido, solicitaban la intervención estatal en la vida familiar de los sectores populares en un doble sentido: por un lado, a través de instituciones de rehabilitación, que diesen cuenta de la necesidad de que los menores contasen con un régimen judicial especial y distinto de los adultos; por el otro lado, trataron de intervenir en la educación moral, ya que, mediante el encauzamiento de los menores, se introducirían los valores cristianos en la esfera privada, y así se extendería su influencia a las familias. Vemos aquí cómo se produjo una suerte de conexión entre la noción cristiana de la piedad asistencial y la necesidad urgente de orden y control social, en especial construyendo la noción de la niñez en peligro y de una juventud peligrosa.

Sobre la juventud como etapa de la vida, se encuentran distintos imaginarios. Por un lado, se los nominaba como un grupo de riesgo, sobre el que se debía profundizar la vigilancia moral. A su vez, desde su mirada nacionalista, se postuló a los jóvenes como un reservorio de la patria, una reserva física, masculina, clave para asegurar la soberanía sobre estos territorios. Este punto, llevado a las particularidades de la región patagónica, abre interrogantes respecto a la forma especial en que se articula el discurso católico con el nacionalismo patagónico, y la proyección de los jóvenes como un grupo clave para la defensa de la patria. Al respecto, desde la liga planteaban:

Estamos frente a una ola de rebelión de gran parte de la juventud, frente a las normas primarias de orden y disciplina llevan a la Liga a realizar activas campañas para que surjan soluciones que permitan a la sociedad, a la familia y a la escuela cumplir con el sagrado deber de educar una niñez y una juventud que sea gloria para su Dios, su Patria y Hogar[15].

Si los jóvenes eran “garantía de futuro”, también estaban los otros jóvenes, a los que se postulaba como “jóvenes rebeldes”, en particular por su conexión con el campo cultural y la influencia que este ejercía en ellos, y los productos y consumos orientados específicamente a este sector. A nivel local, por ejemplo, se produjo la emergencia de las primeras bandas juveniles de rock, o la nueva cultura de la noche” que se mencionó previamente, que habilitaba diferentes espacios para la sociabilidad y el despliegue de distintas prácticas culturales. Desde la liga, al referirse al clima social de esta época, planteaban:

Hay que impedir que la inmoralidad siga corrompiendo a la juventud y demoliendo los cimientos espirituales de nuestra patria. El mal cine, la mala literatura, los malos espectáculos han ido descarriando e incitando a rebelarse a los jóvenes contra las normas morales y valores aceptados por la sociedad[16].

De nuevo se solicitó la colaboración de las familias para acompañar esta campaña moral:

[Se insta a la madre que] vele por su salud moral [del joven] como lo hace con la salud física. Vigile sus lecturas y paseos. Con ello habrá contribuido a levantar una muralla entre la delincuencia juvenil y su hogar. La incomprensión y el abandono conducen a la vagancia y a la delincuencia[17].

En este punto, es interesante observar cómo, desde esta perspectiva, defender la moral pública implica construir un orden social y disciplinar a los sectores subalternos. Así, restringir y vigilar los espacios de sociabilidad juvenil e impedir su contacto con los “otros”, los pobres, las prostitutas, requiere profundizar su control y observancia. En este contexto se multiplican las razzias policiales en los cabarets, y son comunes las peleas y detenciones, tanto de clientes como de las jóvenes coperas que trabajaban en estos espacios.

Un punto para continuar explorando es el tono nacionalista de las comunicaciones de la Liga de Familia de Comodoro Rivadavia. Eran constantes las menciones a la patria, a la nación y a su condición de católicos como “una fuerza en nuestra patria”. Fuerza que se mostraba activa y con capacidad de intervenir en los asuntos públicos desde una posición privilegiada donde confluían su clase y su prestigio social como vecinos honorables. Vemos entonces que la acción religiosa se postulaba como un aporte a la nación y a la región patagónica. Pero, en paralelo, se percibe en sus comunicados una sensación de fragilidad de la identidad nacional ante la potencia de lo extranjero, de allí el valor que tenía el resguardo de la juventud y las expectativas que se proyectaban sobre este grupo en términos de defensa de la soberanía y el fortalecimiento de los sentidos patrióticos en el territorio patagónico.

Demandas al Estado para sanear la moral comodorense

El último punto que me interesa desarrollar se refiere a las demandas que la Liga de Familia hizo a las autoridades del municipio de Comodoro Rivadavia, y cómo en estas interpelaciones se ponía en juego una estrategia que les permitía legitimarse a la vez que posicionarse como una “brújula moral” de la comunidad. Como plantea Simonetto (2016), la idea de moral pública implica un sentido de orden público que se asienta desde el control de las expresiones de sexualidad, enlazándose en su construcción discursos legales, religiosos e higienistas. En el caso de la liga comodorense, se observa que su accionar se postulaba como una campaña de saneamiento moral de la sociedad, para lo que requería profundizar el control de las prácticas sociales. La disputa se produjo particularmente en el campo de la cultura, de los bienes culturales modernos orientados a la juventud –tanto en su contenido como en las prácticas que habilitaban–, pues planteaban que venían a afectar a la moral católica, que desde su postura era la que debía regular la vida social.

La búsqueda de una dirección cultural y moral de la población comodorense se expresó con la institucionalización de estas preocupaciones al crearse una Comisión de Moralidad en 1960, integrada por representantes de la liga, médicos y políticos de renombre local. En la ordenanza de creación de esta comisión, se expresó un diagnóstico sobre la situación de la ciudad en el marco del boom petrolero:

Junto al desborde incontenible de su progreso económico y demográfico pareciera ver acrecentada un panorama moral e intelectual de dudosas medias tintas, donde algunos libros, revistas, espectáculos y exhibiciones cinematográficas amenazan a la población y muy en especial a la juventud, con las consecuencias degradantes que implican las aberraciones en los gustos y la perversión de ideas desde ya inaceptables en la limpia escala de valores inmanentes de la tradicionalmente culta sociedad comodorense[18].

La liga, y su apelación constante a la defensa de la moral pública, instaló una dicotomía entre “nosotros” y “ellos” como principio generador de lazos sociales. “Nosotros”, los vecinos honorables, católicos comprometidos con la región. “Ellos”, los arribistas, los corruptores de la juventud, los amorales. En su apelación a la sociedad tradicional, vemos cómo los atributos de moralidad también se asociaban a valores y principios de las clases medias arraigadas y comprometidas con la región.

Esta Comisión de Moralidad que se constituyó dependía de la Dirección Municipal de Cultura, y su función era establecer, según sus artículos iniciales, los controles necesarios de los “espectáculos públicos, publicaciones, afiches y volantes, dibujos, imágenes de cualquier naturaleza” que resultasen “inmorales”, control que se suponía redundaría en “la elevación moral y cultural de los sectores menos favorecidas”[19]. Sus primeras disposiciones se centraron en la regulación social y sexual del espacio público, por ejemplo, con la prohibición de la exhibición de rasgos eróticos en la cartelería comercial, de la utilización de nombres en inglés en las denominaciones de los bares y de la presencia de menores de dieciocho años en los establecimientos nocturnos, y con las sugerencias de acompañar a las “señoritas” en sus salidas, para, como se mencionó previamente, vigilar sus consumos culturales y círculos sociales.

Mientras que en el periodo florecía un mercado de bienes específicos para la juventud, con distintos modelos estéticos –desde el rock and roll, asociado a la rebeldía y la ruptura de las convenciones tradicionales, también emergía la llamada “nueva ola” del Club del Clan (Manzano, 2018)–, en el caso particular del Comodoro Rivadavia de boom petrolero se encuentran nuevas formas de estar en el espacio público, donde el desarrollo comercial de la ciudad habilitaba nuevos circuitos y zonas ocupadas por jóvenes. Estos contaban con espacios de sociabilidad modernos, y se vivenciaba el pasaje de una comunidad más tradicional a una ciudad con un ritmo más urbano y actualizado a las tendencias del momento.

Uno de los efectos del boom económico fue la llegada de las empresas norteamericanas y la capacidad de consumo de sus trabajadores, lo que fue interpretado localmente como una “yanquilización” de la ciudad, sobre todo en el plano cultural, donde se tornaron referentes de los jóvenes, tal como se refleja en estas citas:

Antes de ellos, los norteamericanos, Comodoro era una dulce aldea, donde el saco y la corbata eran obligatorios para salir a la calle, donde las solteras no salían después de las ocho de la noche, donde un prostíbulo alcanzaba para tranquilizar la conciencia de los hombres bien pensantes. Con los norteamericanos desaparecieron las corbatas, la ciudad se llenó de prostitutas, whiskerías y de piringundines, de dólares y de aventureros.[20]

Los yanquis además de copar la actividad petrolera se ponen de moda. La gente empezó a imitarlos, primero con la ropa, los blue jeans hicieron su propio boom […] de los cigarrillos Saratoga pasaron a fumar toscano y de la ginebra y el vinito […] al whisky. También hubo imitación en la música, y se formaron las primeras bandas de rock para tocar en los cabarets[21].

En este marco, se fue definiendo una “cultura de la noche” local vinculada a ciertas dinámicas, itinerarios y recorridos destinados a la sociabilidad juvenil y adulta (Margulis, 1994: 13). Dentro de esa cultura de la noche, convivían los salones o clubes de baile, un conjunto de bares y cines, y, en un sector especial, los cabarets, donde estaba otra figura de resguardo, las prostitutas. Al respecto, como han señalado otros estudios, la presencia de prostitutas y las casas de tolerancia forma parte de la historia de la ciudad, donde se alternaron momentos de legalización con otros de prohibición (Infeld, 2009). En la regulación municipal, se inscribía una división clara entre lo integrable y lo segregable, entre las mujeres decentes –a quienes debía protegerse– y las prostitutas, a quienes se debía vigilar para mantener el orden público.

Los cambios y las adaptaciones de la cultura urbana claramente contrastaban con el pasado más tradicional de la ciudad, y representaban una amenaza para los sectores católicos conservadores. Por ello, se insistía en que la vigilancia de las madres, la apelación al autocontrol y los exámenes de conciencia de los y las jóvenes no era suficiente, que se requería emprender acciones previas de control y censura, postulando así que las autoridades debían “decidirse a poner un dique” que contuviera “esta propagación de miserias morales” que iba “destruyendo el espíritu sano, fuerte y digno” de la juventud[22].

Respecto a los responsables de la circulación de ciertos bienes culturales para la juventud, desde la liga se referían a ellos como los “traficantes de inmoralidad”, para el caso de quienes vendían material pornográfico y habilitaban espacios nocturnos donde circulaba “literatura ponzoñosa”, películas pornográficas y bares de espectáculos públicos, teatrales o cinematográficos. El problema con estos traficantes de inmoralidad era, según ellos, el siguiente:

[…] no pueden tener en sus manos el porvenir de la juventud, que es lo más noble y lo más rico del tesoro de la patria […] debemos hacer algo para que el mal no cunda, para que la marca apátrida no siga subiendo y adentrándose en nuestros hogares, en nuestras costumbres en la mente y corazón de nuestra juventud[23].

Sería interesante continuar la indagación de las tareas llevadas adelante por esta comisión, y las formas en que en este período en particular se expresaron estas tensiones entre tradicionalismo católico y modernización cultural. De lo planteado hasta aquí, se desprende que la producción cultural moderna era considerada un factor de degradación de la juventud, y que sobre este grupo se construyeron imaginarios que los ligan al riesgo y peligro, el cual no solo los afecta a ellos, sino también al futuro de las sociedades patagónicas. Estas amenazas provenían de afuera, de los comerciantes inescrupulosos que promovían el consumo de estos bienes, de los extranjeros yanquis y de la propia debilidad de la moral comodorense, lo que era usado por la liga como un argumento para legitimarse públicamente como actores imprescindibles para ordenar y sanear a la población.

Conclusiones

En este texto intento aportar a comprender la hegemonía simbólica que buscan consolidar los grupos católicos de Comodoro Rivadavia para la regulación de las vidas de niños y jóvenes, dando cuenta de sus estrategias para afianzar su injerencia en la configuración social de la ciudad en el periodo 1958-1963. Es mi interés indagar en este periodo y contexto particular como una etapa clave para la emergencia y el despliegue cultural de las juventudes, en cruce con las propias particularidades de esta ciudad patagónica con una importante matriz económico-social petrolera. Un primer punto para discutir es que los sesenta parecieran no ser tan modernos como se suele postular, pues en el periodo se generaron ciertas dislocaciones en la estructura social de la ciudad y algunas variaciones en el enfoque de los católicos respecto a la educación y asistencia de los niños y jóvenes. Se trata de una etapa que suele ser pensada en términos de modernización y actualización del catolicismo, aunque el análisis propuesto aquí permite reconocer distintas estrategias de intervención, y con variado alcance, en la regulación moral de la niñez y la juventud.

En torno a estas estrategias y su alcance, resulta clave reconocer el foco puesto en la configuración familiar católica y los modos en que se busca reforzar roles de género tradicionales ante lo que se percibe como una crisis de valores. En este marco, es importante continuar la indagación sobre las acciones desplegadas en el ámbito de la censura cultural, y las vinculaciones con las instancias estatales a nivel municipal y con la Comisión de Moralidad. También es relevante desarrollar las percepciones sobre la producción cultural como un factor de degradación de la juventud y la construcción de nociones de riesgo y peligro de las juventudes patagónicas.

Por último, considero significativo resaltar los modos en que la Iglesia católica se presenta como un actor civilizador y nacionalizador para el territorio patagónico, punto sobre el que es necesario profundizar en análisis en términos críticos, en este caso, para reconocer sus estrategias de moralización de la población y regulación de la niñez y la juventud comodorense. Se trataba de encauzar, vigilar y ordenar la sociedad en un contexto de modernización cultural y boom petrolero.

Bibliografía referida

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  1. Este boom o periodo de mayor alza se produjo entre 1958 y 1963, debido al cambio en la política petrolera llevado adelante por el presidente Arturo Frondizi a partir de la aprobación de la ley de hidrocarburos y un nuevo estatuto orgánico de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que favorecían la instalación de empresas extranjeras a través de contratos para la explotación petrolera. En estas circunstancias la llegada de capitales norteamericanos amplió la demanda de mano de obra, lo que fomentó el crecimiento demográfico y atrajo en especial a migrantes del sur de Chile. Esto se reflejó en un marcado incremento poblacional intercensal, pasando de 22.317 habitantes contabilizados en el Censo Nacional de 1947 a 56.777 habitantes según el Censo Nacional de 1960 (Baeza y Lago, 2015: 210).
  2. En este punto, es de considerar que la comunidad salesiana contó con una extendida presencia en la ciudad, enfocada en la formación técnica de jóvenes para cubrir la demanda de trabajadores especializados para el trabajo petrolero que requería especialmente la empresa estatal YPF. Los salesianos intervinieron en la configuración social comodorense en especial en la formación de la niñez y la juventud con enfoques diferenciados por clases sociales (Lago, 2021).
  3. En una columna del diario El Chubut de 1963, titulada “El delito y el crimen en Comodoro Rivadavia”, el editorialista daba cuenta de los efectos no deseados de ese boom que había convertido a la ciudad en “meca de los dólares”. Decía: “El enorme, incontenible incremento industrial, ávido de empleos y mano de obra, hizo que de todas partes, sin orden y sin ningún control, Comodoro se viera invadida por gentes de todas las categorías, desde el trabajador, al buscador de fortunas ilícitas, de seudos obreros y, lo que más preocupa, de gente del hampa, siempre decidida para el delito y el crimen. Las consecuencias de este confuso, incontrolado, extraordinariamente polifacético crecimiento demográfico de la ciudad, explica sin necesidad de comentarios el auge ‘in crescendo’ de la inmoralidad, del vicio y del delito bajo todas sus formas”. El Chubut, 10 de noviembre de 1963. Hemeroteca de la Biblioteca Municipal de Comodoro Rivadavia.
  4. Para una caracterización general sobre el estado del arte de la producción académica sobre la relación familia y catolicismo en Argentina, puede consultarse el trabajo de Sáenz Valenzuela (2020). También es interesante considerar el peso de la socialización religiosa en la transmisión religiosa como proceso que genera cambios y continuidades en las creencias, para lo que se pueden consultar los trabajos de Hervieu-Léger (2004) y Giménez Béliveau y Mosqueira (2011).
  5. Al respecto, como señalara Tarducci (1999), es necesario sumar la perspectiva de género al estudio de las religiones y comprender que la visión conservadora respecto a la crisis de las familias incide en una mayor vigilancia sobre las mujeres.
  6. Esta postura se reactualiza hoy ante la obligatoriedad de la educación sexual integral (ESI) y la reacción suscitada desde grupos religiosos conservadores, plasmada en el lema “Con mis hijos no te metas”, cuestión que abre el campo para estudiar los reclamos de sectores que se oponen al avance de derechos, y nos lleva a rediscutir el laicismo en la sociedad argentina. Así mismo, es importante comprender que los conflictos en este campo y las reacciones conservadoras son constitutivos del vínculo entre sociedad, Estado, grupos y política en Argentina.
  7. En la última etapa del primer peronismo –1955–, se produjo un conflicto entre la Iglesia católica y el gobierno referido al carácter laico de la educación y la monopolización en la administración de esta llevada a cabo por el Estado. Los sectores católicos proponían la educación libre, es decir, que cada familia pudiera libremente elegir si deseaba la formación religiosa de sus hijos y que no fuera obligatoria la educación laica, una de las bases del sistema educativo público desde la sanción de la ley 1.420 en 1884. Para profundizar en las causas de este conflicto, puede consultarse el trabajo de Bianchi (1992).
  8. Columna “La Semana de la Familia”, El Rivadavia, 20 de octubre de 1960. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  9. “De padre a padre”, El Rivadavia, p. 3, 28 de agosto de 1960. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  10. El Rivadavia, 5 de mayo de 1962. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  11. “La defensa de la familia”, El Chubut, 22 de octubre de 1962. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  12. “De padre a padre”, El Rivadavia, 20 de agosto de 1960. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  13. El Rivadavia, 20 de octubre de 1961. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  14. “La educación de la voluntad en la adolescencia”, El Rivadavia, 28 de octubre de 1963. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  15. “El problema de la juventud”, El Chubut, 7 de julio de 1960. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  16. “Comunicado de la Liga de Padres y Madres de Familia”, El Chubut, 20 de noviembre de 1961. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  17. “Llamado a los padres de familia”, El Rivadavia, 8 de septiembre de 1961. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  18. “Creación de la Comisión de Moralidad”, Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Resolución 100/60. Archivo Histórico.
  19. Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Resolución 182/60. Archivo Histórico.
  20. Revista Confirmado, noviembre de 1963, sin página. Hemeroteca Municipal, Comodoro Rivadavia.
  21. Crónicas del Centenario (2001). Publicación por el aniversario de Crónica, pp. 358-359.
  22. “Comunicado de la Liga de Padres y Madres de Familia”, El Chubut, 7 de noviembre de 1961. Archivo Biblioteca Colegio Dean Funes, Comodoro Rivadavia.
  23. Loc. cit.


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