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Introducción

El proceso por conspiración contra Martín de Álzaga y su ejecución el 6 de julio de 1812 fueron el punto culminante de una severa ola de terror en Buenos Aires. Los rumores sobre un movimiento contrarrevolucionario habían sido incesantes desde el comienzo de ese año y a fines de junio se produjo la primera denuncia concreta sobre una conspiración. Repasar y analizar las facetas judiciales, políticas y sociales del hecho, que tuvo importantes consecuencias históricas y que dividió familias y lealtades, permitirá identificar claves de una etapa decisiva para la conformación de una identidad patriótica americana en el Río de la Plata.

Este trabajo apunta a establecer que el juicio por la “conspiración de los españoles” fue, en tanto instancia superior de la radicalización de la Revolución de Mayo, un gran catalizador de la dinámica política que recortó por primera vez de modo explícito en prácticas y discursos un sujeto pueblo nativo separado del europeo peninsular, que tomaría definitivamente en sus manos el futuro del proceso iniciado en 1810. Hito destacado del big bang revolucionario iniciado dos años antes, contribuiría a fraguar paulatinamente un desarrollo identitario tanto a nivel de sectores plebeyos como de la élite política, expresado en buena medida en el carácter a la vez inédito y espectacular del mencionado episodio.

Un esclavo negro de nombre Ventura le relató a su ama, Doña Valentina Feijoó, que un grupo de peninsulares planeaba tomar el poder en la ciudad con apoyo de la armada realista apostada en Montevideo. Distintos testimonios[1] fueron colocando sucesivamente al frente de la asonada a Martín de Álzaga, uno de los vecinos más prominentes de la ciudad, su comerciante más rico, héroe de la Defensa en 1807 y, a esa altura, un repetido conspirador. El objetivo era desalojar del poder a los criollos que se habían encumbrado con la Revolución de Mayo de 1810. Las acusaciones de los numerosos testigos que desfilaron a lo largo del juicio incluyeron referencias confusas en cuanto a las lealtades políticas de los conjurados: para algunos se trataba de realistas borbónicos; para otros, de gente que planeaba entregarle el Río de la Plata al poder francés que había conquistado España. En cualquier caso, se suponía que Álzaga se reservaría la función de gobernador y que Gaspar de Vigodet –capitán general del Río de la Plata, español de origen francés para sumar más ambigüedades– quedaría al frente del antiguo virreinato[2].

El 4 de julio de 1812 el gobierno revolucionario –entonces en manos del Primer Triunvirato– puso en marcha una frenética ola de detenciones, juicios sumarios y ejecuciones. En total, hubo ciento veintiséis acusados, de los cuales treinta y tres fueron condenados a muerte, veintitrés a penas de prisión y once sufrieron destierro; nueve, en tanto, se vieron sometidos al pago de multas[3]. A esto hay que sumar una cantidad no determinada pero sin duda grande de personas, dada la dimensión adjudicada a la conspiración, que sufrieron arrestos temporarios, aunque no fueron sometidas a proceso. Se trata de números considerables si se tiene en cuenta que, según datos de 1810, la población masculina adulta de Buenos Aires era de 14.633 personas, de las cuales 2.167 habían nacido en España[4].

Llegar a las conclusiones anticipadas más arriba implicará recorrer un camino. Para iniciarlo, el capítulo 1 tratará la importancia del tema. Para eso, en primer término repasará el modo en que la “conspiración de los españoles” ha sido tratada por la historiografía argentina fundacional. En segundo lugar, mostrará el modo en que una serie de biógrafos tomó la figura de Martín de Álzaga y dio forma a retratos divergentes, demostración de su carácter polifacético y de su inserción en una etapa histórica extremadamente fluida y atrapante. Esos contrastes permitirán perfilar al personaje en la complejidad de una coyuntura de cambio radical, por lo que ese tramo irá algo más allá de los alcances de un simple estado de la cuestión. Tercero, pondrá la mira en la renovación de la disciplina en los años 1960 y 1970, la que, con la figura de Tulio Halperin Donghi como gran referencia, completó una reformulación profunda de la mirada sobre la etapa independentista que permitió iniciar abordajes novedosos. Cuarto, y también producto de la Renovación, expondrá el foco colocado más recientemente por una serie de investigadores en el rol de los sectores subalternos de la sociedad porteña antes y después del hito independentista para, finalmente, esbozar la oportunidad del nuevo ángulo que pretende desarrollar esta investigación.

El capítulo 2 presentará al personaje, Martín de Álzaga, en una semblanza política que, en permanente diálogo con los cambios del escenario local e internacional de la época, ayude a facilitar la comprensión de sus fines y de su acción en los episodios de 1812. Para eso se repasarán y analizarán aspectos relevantes de su arribo a Buenos Aires, las claves de su actividad comercial, su enriquecimiento y su empinamiento en la sociedad porteña de la época, su percepción de los episodios que rodearon la decadencia del orden colonial, su protagonismo político previo a mayo de 1810 y su inevitable –y fatal– conversión en un conspirador cuando los criollos de Buenos Aires comenzaron a tomar su destino en sus propias manos. Será el personaje trágico de una etapa de vertiginosa mutación que lo convertirá en una suerte de chivo expiatorio y en símbolo del surgimiento de un nuevo sujeto pueblo criollo diferenciado del peninsular.

En el capítulo 3 se avanzará en el análisis de la “conspiración de los españoles” a la luz del modelo del nico moral elaborado por el sociólogo sudafricano Stanley Cohen, objetivo que permitirá, se espera, examinar el proceso bajo una nueva luz. Eso será posible después de adaptar cuidadosamente sus herramientas al análisis de la conspiración del 12, algo imprescindible dado el carácter del caso tratado originalmente por el académico, bien diferente del de este trabajo. Una vez resueltos los problemas metodológicos, se aplicará cada una de las categorías de dicho marco teórico a los hechos que trata este trabajo, prestando especial atención a los factores identitarios que recorren esa coyuntura.

El capítulo 4 versará sobre el surgimiento del mencionado nuevo sujeto histórico criollo y establecerá, en función del caso estudiado, modos para tratar conceptos siempre delicados, como los de identidad y nación, para lo que se apelará a referencias contrastantes de particular riqueza. Se las comparará, se las examinará de modo crítico, se buscarán las respuestas que dejan sin brindar y, en diálogo con el caso aquí tratado, se comenzará a entrever una mirada alternativa que dé cuenta de sentimientos identitarios aún no totalmente conformados en esa coyuntura de cambio, pero ya perceptibles en la etapa que comenzó en mayo de 1810 y alcanzó en 1812 un punto de no retorno.

Finalmente, se presentarán las Conclusiones.


  1. La ortografía del texto presentará divergencias. Las citas de documentos y libros respetarán sus propias grafías, mientras que el texto propiamente dicho se regirá por las pautas actuales de la Real Academia Española. Así, por ejemplo, se observarán diferencias en la acentuación de los monosílabos y los pronombres demostrativos, de acuerdo con la antigüedad de los textos citados.
  2. Actas del proceso. En Adolfo P. Carranza, Archivo General de la República Argentina, tomos IX, X y XI, Buenos Aires, 1898.
  3. Gabriel Di Meglio, ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la Revolución de Mayo y el rosismo, Prometeo, Buenos Aires, 2006, pág. 149.
  4. Mariana Alicia Pérez, “Un grupo caído en desgracia: los españoles europeos de Buenos Aires durante la Revolución de Mayo”, Entrepasados. Revista de Historia, año XVIII, número 53, 2009, pág. 117.


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