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2 La Fundación Ford y los centros académicos privados (CAPs) (1975-1981)

El surgimiento de una nueva red de centros académicos privados (en adelante: CAPs) en Argentina a partir de 1975 y el papel que jugaron durante la dictadura militar hasta los comienzos de la transición democrática es el objeto de estudio de este capítulo. Esta nueva red de CAPs es importante para nuestro análisis, por un lado, porque fue promovida y financiada en gran parte por la FF y, por el otro, porque estos centros pueden considerarse como los antecedentes de los think tanks que emergieron durante el retorno a la democracia (Pagano 2004, 160; Morales Martín y Algañaraz, 2016: 243). Seguimos focalizando nuestro análisis alrededor de los investigadores del CIAP, en este capítulo concentrándonos ahora en los dos centros que fundaron estos investigadores en 1975: El Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y el Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA).

El presente capítulo se divide en tres partes. En la primera parte, examinaremos la nueva red de CAPs que surgió en el país a partir de 1975, analizando las diferencias entre éstos y los que existían previamente, para poder clasificarlos y definir adecuadamente el papel que cumplieron el CEDES y el CISEA y cómo funcionaron como instituciones. Analizaremos la composición de los dos centros, la relación simbiótica e interdependiente que tuvieron, y cómo el funcionamiento y la composición de los centros se vieron afectados por el contexto autoritario abierto tras el golpe de Estado de 1976[1].

En el segundo apartado, analizaremos la postura de la FF en América Latina frente a las dictaduras institucionales de las Fuerzas Armadas que se habían instalado en toda la región, y el papel central que jugó la FF en el mantenimiento de una tupida red de CAPs latinoamericanos de la cual el CEDES y el CISEA formaron parte. Un eje importante de la segunda parte será el análisis de las estrategias de la FF en su apoyo a los nuevos centros opositores de los gobiernos militares, y cómo las políticas de los oficiales de la Fundación se distinguieron de las del gobierno estadounidense. En este contexto, analizaremos el interés que tuvieron los oficiales de la FF sobre el CEDES y el CISEA en particular, y por qué fueron importantes para la estrategia de la FF en el país y en la región.

En la última parte del capítulo, enfocamos nuestro análisis en el papel que jugaron el CEDES y el CISEA en el contexto político-social de la dictadura militar, analizando cómo funcionaron en términos de su financiación, y cómo eran las relaciones que mantuvieron con las otras organizaciones nacionales, regionales, e internacionales. Destaca aquí el análisis respecto a cómo fueron evaluados los centros por la FF y la comunidad académica internacional, y cómo los centros lograron aumentar su prestigio y legitimidad en la arena internacional a pesar del contexto político-social en el que operaban.

2.1. La nueva red de centros académicos privados (CAPs): el CEDES y el CISEA

A la hora de la fundación del CEDES y el CISEA en 1975, ya existía en el país un número relativo de CAPs en el ámbito de las ciencias sociales. Además de los centros asociados del Instituto Di Tella (fundado en 1958), el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) fue un CAP fundado en 1960 que jugó un papel importante en la consolidación de las ciencias sociales latinoamericanas, especialmente en el área de estudios económicos[2] (Brunner y Barrios, 1987: 128). En 1962, fueron creados otros CAPs pequeños que se especializaron en los estudios sociológicos, como es el caso de la Fundación Bariloche o el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), y en 1966 fue creado otro CAP, el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CISCO) (Bulcourf, 2003; Thompson, 1994).

El año 1975 fue importante, sin embargo, porque a partir de entonces comenzaron a proliferar CAPs nuevos en el país, aumentando de manera significativa[3]. Como señalan Morales Martín y Algañaraz (2016), la crisis histórica-estructural del sistema científico universitario de Argentina, como un producto de décadas de repetidas intervenciones militares, resultó ser uno de los factores explicativos fundamentales para la proliferación de estos centros académicos extrauniversitarios (p. 242).

La nueva red de CAPs que surgió a partir de 1975, de la cual el CEDES y el CISEA formaron parte, constituyó una “cultura de resistencia” a los corrientes anti-intelectuales experimentados en las universidades nacionales. Como señala Heredia (2012), estos centros surgieron como refugios transitorios a la espera de la normalización de las universidades (p. 310). Tenían una orientación científica, y buscaban crear y mantener espacios de autonomía por fuera de las universidades nacionales que no resultaba favorable para la realización de investigaciones independientes.

En el momento exacto de la fundación del CEDES y el CISEA el 1 de julio de 1975, el país se encontraba sumido en una profunda crisis económica, política y social, motivada en parte por la ausencia de Juan Domingo Perón, fallecido un año antes, y en medio de una escalada de violencia estatal y paraestatal que contextualizan los meses previos al golpe militar que se impondría en marzo del año siguiente.

Unos días antes de la fundación de los nuevos centros, el Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, había adoptado una profunda política de devaluación monetaria, y la reacción popular contundente contra este plan económico motivó la renuncia del Ministro de Bienestar, José López Rega, debilitando terminalmente al gobierno de Isabel Martínez de Perón[4].

A pesar de la crisis institucional universitaria y el contexto político-social turbulento, los investigadores de los CAPs estaban determinados a quedarse en Argentina. En este sentido, según Morales Martín (2016), la nueva red de CAPs fue parte de una estrategia por parte de los investigadores argentinos de evitar el brain drain (fuga de cerebros) en el país dado que muchos de los investigadores podrían haber obtenido trabajo en el exterior. Como señalan las palabras de Guillermo O’Donnell del CEDES: “Yo quería luchar allí́, desde dentro. Recibí varias ofertas formales y muchas más manifestaciones informales de interés de buenas universidades de Estados Unidos” (Morales Martín, 2016: 170-171).

Sin la posibilidad de entrar a la UBA – en aquel momento tomada por Montoneros[5] – el CEDES y el CISEA fueron fundados como centros académicos privados en julio de 1975. El primer director del CEDES fue Guillermo O’Donnell, y los miembros originales fueron Oscar Oszlak, Horacio Boneo y Marcelo Cavarozzi, aunque unos meses después una socióloga, Elizabeth Jelin[6], fue incorporada al plantel de investigadores. Por otro lado, Jorge F. Sábato fue el director del grupo del CISEA, con los otros miembros originales Néstor Lavergne, Dante Caputo y Jorge Roulet.

Es importante mencionar que al principio los investigadores del CISEA no estaban dispuestos a aceptar financiamiento de la FF, y prefirieron apoyarse a través de consultorías en varias agencias internacionales (Camou, 2007: 201). Sin embargo, después de un par de años, la situación económica los obligó a aceptar los fondos de la FF (entrevista Oscar Oszlak, 2019). Otra característica notable es la separación entre los investigadores del CEDES, quienes habían finalizado sus estudios de posgrado en los Estados Unidos, y los del CISEA, quienes habían realizado los estudios de posgrado en Francia[7].

Más allá de estas diferencias, el CEDES y el CISEA tuvieron una relación simbiótica e interdependiente desde el principio, dado que siguieron compartiendo la misma oficina y biblioteca durante los primeros años, entre otros recursos, y trabajaron de forma conjunta en varios proyectos e investigaciones. Aunque claramente dos grupos separados con sus propios proyectos y líneas de investigación, compartían la misma sala de reuniones y los investigadores de ambos centros interactuaban entre sí casi diariamente (entrevista Marcelo Cavarozzi, 2019). La misma percepción fue compartida por los oficiales de la FF, evidente en las palabras de un oficial de la FF Richard Dye, quien remarcó que “ambos grupos perciben sus papeles como complementarios, y seguirán compartiendo la misma oficina, biblioteca, y otros servicios, y colaborarán, como antes, en investigaciones, seminarios, y entrenamiento en proyectos de mutuo interés” (Dye, 1975).

Unos meses después de la fundación del CEDES y el CISEA, en marzo de 1976, el gobierno militar tomó el control del país a través de un golpe de Estado, y la “cultura de resistencia” empezó a tomar una mayor significancia dentro del nuevo contexto autoritario. El infame régimen militar se caracterizó por la detención, tortura, y en muchos casos, la “desaparición” de cualquier individuo visto como un peligro político al nuevo modelo establecido por el régimen militar. Durante los años 1976-1983, hubo alrededor de 30.000 casos de detenidos-desaparecidos en el país[8]. Este contexto político-social trajo consigo consecuencias muy graves para los científicos sociales argentinos, quienes en muchos casos fueron amenazados, detenidos, exiliados o desaparecidos por los militares.

Las restricciones impuestas por el régimen militar tras el golpe de Estado de 1976 causaron cambios significativos en el funcionamiento de los centros académicos de ciencias sociales. Las respuestas de algunos otros CAPs al nuevo contexto político-social, como es el caso del ITDT, afectaron directamente al funcionamiento del CEDES y el CISEA.

El año después del golpe de Estado, el consejo directivo del ITDT tomó la decisión de dejar de ser la sede central del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y de terminar su relación con el Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR), dado que la relación con ambos fue percibida como un peligro político[9]. Además, el consejo le asignó a un ex-comandante del ejército, Virgilio Beltrán, el rol de director temporario del Instituto (Dye, 1981). Estos cambios formaron parte de una estrategia de supervivencia del Instituto frente al contexto político-social. Sin embargo, a pesar de otorgarle un cierto grado de seguridad y legitimidad frente al régimen militar, al mismo tiempo creó un clima de hostilidad e incertidumbre entre los científicos sociales asociados del ITDT, provocando la renuncia de muchos de ellos.

En respuesta a estas medidas, casi todos los investigadores del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se separaron formalmente del ITDT para seguir trabajando de forma independiente del Instituto, ahora bajo el nombre Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) (Manitzas, 1977). La salida de los investigadores de estos centros, junto con la salida del CIAP en 1974, causó que el ITDT condensara principalmente estudios económicos, que eran, generalmente, más aceptados por el régimen militar.

Estos cambios afectaron directamente el funcionamiento del CEDES y el CISEA dado que el CEUR fue incorporado al CEDES y el PEHESA al CISEA. La salida del ITDT de los investigadores de CEUR y PEHESA en 1977, como había sucedido con los académicos del CIAP en 1974, fue facilitada por la Fundación Ford. Una subvención de 50.000 dólares para el CEDES[10] y 25.000 dólares para el CISEA facilitó la incorporación de los investigadores al grupo ya consolidado y empezaron a trabajar todos juntos en el mismo edificio (Bell, 1977a; Manitzas, 1979b; entrevista Oscar Oszlak, 2019).

Es llamativo para nuestros propósitos que a través de esta nueva pequeña red de CAPs que se concretó a finales de 1977, la FF facilitó la reconstrucción de la misma red de centros asociados que había existido anteriormente bajo la dirección del ITDT, un modelo que los oficiales de la FF habían comparado con el modelo del think tank estadounidense, el Brookings Institute[11] (ver: Figura 1 y Figura 2). Como veremos en más detalle en el próximo capítulo, la FF y su partido político aliado, el Partido Demócrata, tuvieron mucho éxito político durante las décadas 1960-1970 con la instrumentalización del modelo utilizado por el Brookings, algo importante para nuestros propósitos dado que se puede observar el deseo por parte de los oficiales de la FF en replicar el mismo modelo en Argentina a través de los centros argentinos apoyados por la Fundación.

Fuente: elaboración propia

Los CAPs rápidamente se convirtieron en el ámbito donde comenzaría un nuevo modelo institucional para la producción de conocimiento en las ciencias sociales argentinas. Durante la dictadura, con las universidades nacionales tomadas por los militares y los programas de ciencias sociales eliminados, los CAPs constituyeron el único ámbito de investigación de las ciencias sociales (Brunner y Barrios 1987: 131-132).

Aparte de las diferencias en el enfoque principal entre los CAPs (político, económico, histórico, sociológico), según Heredia (2012) existían distinciones basadas en su orientación ideológica, su función política (centros de influencia versus centros de refugio), y sus soportes financieros (p. 310). Estas distinciones resultan útiles para poder caracterizar el papel y el funcionamiento del CEDES y el CISEA en relación con otros CAPs existentes durante este período.

Por un lado, identificamos algunos CAPs denominados por Heredia (2012) como “centros de influencia” que fueron centros especializados en los estudios económicos de signo neoliberal. Estos centros aceptaron trabajar con el gobierno militar, como es el caso del Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA), la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), y el instituto de la Fundación Mediterránea, el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL). Durante la dictadura militar, estos denominados “centros de influencia” produjeron estudios económicos que tuvieron la intención explícita de promover planes económicos del gobierno que favorecieron las empresas que los financiaban (Heredia, 2012: 303). Estos centros se enfocaban en los estudios económicos desde una ideología puramente neoliberal, y en gran parte no estaban interesados en la inclusión de investigadores de perspectivas ideológicas diferentes. Una oficial de la FF, Jane Barber Thery, declaró con respecto al CEMA que “no se extenderá más allá de esta perspectiva intelectual, ni intentará siquiera incluir al plantel miembros de otra perspectiva” (Thery, 1983a).

Además de compartir la misma perspectiva ideológica y una similar función política, estos CAPs también se diferenciaron de los otros por contar con sus propias fuentes de financiamiento interno (Heredia 2012: 304-305). En el caso del CEMA, la principal fuente financiera fue la Fundación PAIS, una organización compuesta de 15 empresarios argentinos, cuyo director era el suegro del director del CEMA, Pedro Pau (Thery, 1983a). IERAL, por su parte, fue financiado por el grupo de las 34 empresas cordobesas que componían la Fundación Mediterránea, y FIEL fue financiado por un grupo de 25 empresas argentinas (Heredia, 2012: 303).

Por otro lado, identificamos un tipo diferente de CAP, con orientaciones científicas y políticas democráticas, que surgieron como refugios transitorios a la espera de la normalización de las universidades, como es el caso del CEDES y el CISEA. Estos CAPs no solamente no aceptaron trabajar con el gobierno militar, sino que se plantearon una fuerte oposición a la dictadura y sus métodos violentos y antidemocráticos. Muchos intelectuales que habían dejado las universidades debido a la intervención militar se sumaron a los centros, ofreciendo una serie de seminarios y conferencias internos, lo que les atribuyó el mote de “universidades de catacumbas” (Vessuri, 1992: 357; Heredia, 2012: 307). A diferencia de los centros de influencia, el CEDES y el CISEA no contaron con sus fuentes propias de financiamiento interno, un hecho que les exigió recurrir al circuito internacional para obtener subsistir como instituciones.

En términos de su perspectiva ideológica, estos centros tuvieron una mayor pluralidad entre los investigadores, y es difícil detectar una coherencia ideológica entre los investigadores de estos centros. Heredia (2012) sostiene que se los puede caracterizar por compartir una perspectiva ideológica del “centro y centro-izquierda”, aunque tuvieran una orientación científica más que política, y sostuvieron un compromiso con el retorno a la democracia antes que compartir una perspectiva ideológica (pp. 312-313).

El CEDES y el CISEA también se distinguen de los otros CAPs argentinos por su enfoque central sobre los estudios políticos. Como mencionamos antes, los estudios económicos fueron, en mayor medida, más aceptados por el régimen militar que los estudios políticos. Como resultado de esto, la gran mayoría de los CAPs durante la dictadura militar se enfocaron en los estudios económicos y, en menor medida, en los estudios sociológicos. Según Bulcourf (2003), el CEDES y el CISEA se convirtieron en prácticamente los únicos ámbitos de trabajo para los científicos políticos durante la dictadura militar (pp. 16-17).

Sin embargo, aunque cualquier estudio sobre el Estado y la administración pública implica un estudio con una dimensión política, el carácter institucional del CEDES y el CISEA no puede ser incluido exclusivamente dentro del marco de las ciencias políticas. Por lo contrario, ambos centros se enfocaban en los estudios sobre el Estado desde una perspectiva multidisciplinaria, estudiando la confluencia de los aspectos históricos, económicos, y sociológicos que involucra, así como las relaciones que se establecen entre estas dimensiones. El carácter multidisciplinario de los centros se acentuó con la incorporación de los investigadores del CEUR y PEHESA al grupo a finales de 1977, además de la incorporación de un núcleo de economistas al plantel del CEDES, Adolfo Canitrot, Roberto Frenkel y Guillermo Flichman, el mismo año (Puryear, 1978).

Como veremos en el siguiente apartado, los objetivos de los investigadores del CEDES y el CISEA también se alinearon con los de la Fundación Ford.

2.2. La estrategia de la FF frente al contexto autoritario

Es importante analizar la postura de la Fundación Ford frente al contexto autoritario en América Latina en contraste con la del gobierno estadounidense, y también analizar las estrategias que empleaba la Fundación en su apoyo de la comunidad académica latinoamericana que luchaba contra los sistemas represivos. La relevancia de este análisis se vincula con el hecho de que, si bien actualmente es conocido el rol que desempeñaron la CIA y el Departamento del Estado norteamericano en brindar asistencia técnica y financiera de la región en el nombre de la lucha contra el comunismo, no se puede afirmar lo mismo sobre la FF. Los oficiales de la FF actuaron con un cierto grado de autonomía frente a las demandas del régimen, y existió una brecha significativa entre las políticas del gobierno estadounidense y las de los oficiales del Programa Latinoamericano de la FF en este sentido[12]. Aunque ambos compartían una ideología anticomunista, los oficiales de la FF se comprometieron con el respeto a los derechos humanos y el retorno a la democracia, colocándose así en una postura marcadamente distante de la del gobierno estadounidense y su apoyo de las dictaduras militares latinoamericanas.

Como analizamos en el capítulo previo, los oficiales del Programa Latinoamericano de la FF formaron parte del establishment del Este. El establishment del Este a finales de la década de 1960 empezó a enfocarse más en la promoción de causas sociales progresistas, como la lucha contra la pobreza, la defensa de los derechos civiles de grupos minoritarios y la promoción de la igualdad de género (Dezalay y Garth 2003: 113). Internacionalmente, el establishment del Este empezó a enfocarse más en la defensa de los derechos humanos y la oposición de las dictaduras militares, más notable en sus acciones en el continente latinoamericano.

Como señalan Dezalay y Garth (2003), la Fundación Ford en la década de 1970 empezó a mostrarse como el oponente, e incluso el antídoto, del otro pilar panamericano, la CIA (p. 114). Por ejemplo, los oficiales de la FF habían apoyado el movimiento político de Salvador Allende en Chile a pesar de las advertencias de la CIA, y denunciaron públicamente el golpe de Estado chileno que en 1973 marcó el inicio de la violenta dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990). De manera similar, en Argentina los oficiales de la FF se opusieron públicamente al golpe de Estado de 1976, y convocaron a la comunidad internacional a defender los derechos humanos de los ciudadanos argentinos frente a las prácticas represivas del régimen.

A partir de 1969, la FF facilitó la creación de una tupida red de CAPs a lo largo del Cono Sur con el objetivo de apoyar un grupo de intelectuales seleccionados para continuar desempeñando tareas en su país de origen a pesar del contexto autoritario en el que se encontraban. El Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento (CEBRAP) fue el primer CAP latinoamericano que recibió financiamiento de la FF en 1969, lo que le permitió iniciar sus actividades académicas bajo el contexto autoritario. La fundación del CEBRAP sirvió como un modelo para los futuros centros en otros países latinoamericanos autoritarios, como recuerda Fernando Henrique Cardoso[13], el primer director del CEBRAP: “Fue un modelo para algunos de esos centros. Un modelo de resistencia intelectual contra los regímenes autoritarios” (Morales Martin y Algañaraz, 2016: 235). En Uruguay, la FF jugó un papel instrumental en la fundación del Centro de Investigaciones Económicas (CINVE) y el Centro de Informaciones y Estudios del Uruguay (CIESU) en 1975. El año siguiente se instalaría en Chile, a través del Centro de Investigaciones Económicas y de Planificación (CIEPLAN), con una subvención institucional de la FF[14] (Fox y Manitzas, 1980).

Como en los otros CAPs latinoamericanos, la FF jugó un papel central en la fundación del CEDES y el CISEA. En 1974, Kalman Silvert contactó a Guillermo O’Donnell para conversar sobre la creación de un espacio de investigación independiente del ITDT con financiación de la FF, y así́ dispuso el establecimiento de los nuevos centros. Otros oficiales de la FF como Abraham Lowenthal y Nita Manitzas también jugaron un papel decisivo en la fundación de los nuevos centros (Morales Martín y Algañaraz, 2016: 235).

El apoyo de la FF al CEDES y el CISEA frente el contexto autoritario de Argentina representó una apuesta por intentar comprender las causas del deterioro político en el país y generar modelos conceptuales para un futuro escenario democrático. El tema del Estado elegido por el CEDES y el CISEA en este sentido fue de suma importancia para los oficiales de la FF. Como analizamos en el capítulo previo, el objetivo del apoyo de los estudios políticos argentinos por parte de los oficiales de la FF fue, en realidad, una respuesta a su necesidad de entender la inestabilidad política crónica del país y establecer un consenso en torno a las democracias capitalistas.

Dentro de los estudios sobre la composición y el funcionamiento del Estado residió la potencial solución más prometedora para superar esta situación. Las palabras de Kalman Silvert sobre la fundación de los dos centros nos revelan la importancia de la selección del Estado como tema central desde el punto de vista de la FF:

La selección del Estado como el tema central de las investigaciones del CEDES también implica una historia en la cual estamos entramados. […] Después de un día y medio de discusión, tomamos la decisión unánime de que en algún lugar de la trama de fenómenos que llamamos “Estado”, “nación”, “participación”, “ciudadanía” y “gobierno” yacen las posibilidades más prometedoras para entender el desarrollo latinoamericano (Silvert, 1975).

El carácter multidisciplinario de los dos centros también se alineó con los objetivos los oficiales de la FF. Como vimos en el capítulo anterior, los oficiales de la FF atribuyeron los problemas económicos del país al estado “subdesarrollado” de las ciencias políticas, y la falta de una perspectiva multidisciplinaria por parte de los economistas apoyados por la FF fue una de las causas principales de esta situación, según su diagnóstico. Los estudios multidisciplinarios formaron una parte integral de la estrategia de la FF para entender la totalidad de las causas del deterioro político que atravesaba en el país, como indican las palabras de Nita Manitzas:

La interdependencia de las variables económicas, políticas, y sociales en la arena nacional debería ser reflejada en nuestro enfoque sobre las ciencias sociales. La economía, nutrida en aislamiento y sin el refuerzo de su disciplina hermana, se ve empobrecida. Especialmente en el llamado Tercer Mundo, la emergencia de una profesión económica que ignora las variables políticas y sociales y evita las cuestiones y los análisis estructurales puede, a la larga, ser contraproducente. En el mejor de los casos, proporcionará algunas respuestas parciales; en el peor, podría distorsionar el proceso de desarrollo de maneras no fáciles de corregir (Manitzas, 1971: 25).

El CEDES y el CISEA formaron parte de una estrategia general para América Latina. Es decir, entender mejor el contexto político argentino, en efecto, podría servir para orientar sus programas en los otros países latinoamericanos que se hallaban en situaciones similares. Como declaró Kalman Silvert sobre la fundación del CEDES y el CISEA: “Reticente a echar toda la culpa al ejército o los poderes extranjeros, el Comité deseaba, y sigue deseando, el desarrollo de una estrategia amplia y sofisticada para el fenómeno latinoamericano en general” (Silvert, 1975: 2).

Para los oficiales de la FF, los regímenes militares en América Latina no fueron simplemente el resultado de las luchas internas dentro del ejército nacional, ni fueron simplemente la personificación de los intereses económicos y políticos de la CIA y el Departamento del Estado norteamericano. Al contrario, los oficiales de la FF percibieron que la inestabilidad política crónica fue una manifestación de ciertas características y tendencias presentes en los sistemas políticos latinoamericanos, las cuales generaron una marcada polarización ideológica y las otras condiciones necesarias para el ascenso de los regímenes militares al poder.

En el caso del CEDES y el CISEA, estudiar y entender mejor a los problemas que ha enfrentado el Estado argentino que causaron la inestabilidad política crónica en el país, podría proporcionar algunas soluciones a este dilema, al mismo tiempo que fortalecer un consenso sobre las instituciones democráticas y el desarrollo económico capitalista. Como señaló Nita Manitzas respecto al apoyo del CEDES y el CISEA dentro de la estrategia más amplia de la FF en el Cono Sur:

La justificación de estas dos acciones reflejó esencialmente la estrategia general de la Fundación para los programas en el Cono Sur contemporáneo: […] para apoyar la investigación competente, independiente, y creativa que podría servir para iluminar las causas del deterioro en el Cono Sur y explorar las opciones y modelos alternativos para el futuro. Los supuestos subyacentes a esta estrategia son que los regímenes militares actuales en Argentina, Chile y Uruguay no son eternos; que, de hecho, existen maneras más justas y efectivas de alcanzar el “desarrollo” en el mundo moderno; y que, mientras tanto, hay algunas enseñanzas importantes que aprender de la experiencia del Cono Sur (Manitzas, 1979a).

Como señala Manitzas al mencionar que los regímenes militares latinoamericanos “no son eternos” los oficiales de la FF reconocían el papel importante que jugaría el conocimiento producido por este grupo de investigadores durante una eventual transición democrática. Una parte integral de la estrategia empleada por oficiales de la FF, entonces, fue el mantenimiento de la comunidad de élites intelectuales políticas en el país, la emergencia de la cual habían facilitado durante la década pasada. La falta de una base institucional en donde sus becarios pudieran seguir trabajando en el país sobre estos temas fue el ímpetu para la creación de los nuevos centros que constituyeron la denominada “cultura de resistencia”.

El apoyo de la FF del CEDES y el CISEA ante el contexto autoritario representó el compromiso por parte de esta institución no solamente en fortalecer los estudios de las ciencias políticas argentinas, sino también la voluntad de apoyar un grupo de investigadores bien conocidos por los oficiales de la FF que los consideraban los más prometedores.

La determinación por parte de los intelectuales argentinos de quedarse en su país de origen a pesar de la situación político-social, y a pesar de contar con oportunidades más seguras y lucrativas de seguir trabajando en el exterior, se alineó con los objetivos de los oficiales de la FF, quienes también reconocieron esta realidad. Como indicó un oficial de la FF, Peter Cleaves, con respecto a los investigadores del CEDES:

La mayoría de los investigadores senior son altamente competitivos en el mercado internacional, y serían bienvenidos en los ambientes académicos creativos en el hemisferio norte. O’Donnell, Balán, Oszlak, y Canitrot tendrían pocas dificultades para duplicar o triplicar su salario en alguna institución extranjera (Cleaves, 1979).

Al mismo tiempo, mientras los oficiales de la FF estaban determinados en brindar su apoyo a los nuevos centros académicos argentinos, eran conscientes de la necesidad de facilitar la creación de una comunidad de intelectuales con legitimidad en el ámbito local, evitando la creación de centros que fueran vistos como simplemente vehículos que sirvieran para avanzar en los intereses de la Fundación que los financiaba. Estos objetivos que formaron parte de la nueva estrategia se pueden ver claramente en las palabras de Richard Dye:

Dadas nuestras primeras experiencias en Argentina, algunos principios han evolucionado. Los primeros programas de la Fundación resultaron ser excesivamente costosos, demasiado generosos (se pagaron los salarios), y crearon dependencias o “salas” de la Fundación. Desde entonces, las subvenciones se han limitado a los costos de viáticos y un mínimo de mantenimiento inicial (Dye, 1976).

La estrategia de la FF en su apoyo a los CAPs recién creados se reorientó, entonces, hacia el financiamiento “atado a proyectos” (Brunner y Barrios, 1987: 156). Es decir, en lugar de otorgar subvenciones institucionales como habían realizado durante las décadas previas, la FF empezó a otorgar subvenciones más pequeñas y directas, destinadas a la realización de un proyecto específico dentro de un período de tiempo establecido[15]. Esta nueva estrategia tuvo un beneficio dual. Por un lado, permitió que la FF pudiera seguir apoyando a los CAPs sin ser vista como la única organización financiadora de los centros. Por otro lado, permitió que la Fundación pudiera enfocarse en los temas y áreas de estudio que consideraba más urgentes y relevantes, pudiendo de este modo ejercer más control sobre los mismos sin encontrarse con las disputas institucionales como había pasado con el ITDT.

Con el mismo objetivo en mente, un eje importante de la estrategia de la FF durante la década de 1970 en su financiamiento de los nuevos centros argentinos fue la canalización de fondos a través de otras organizaciones internacionales y regionales más allá de las subvenciones otorgadas directamente a los CAPs. A principios de 1974, por ejemplo, la FF donó 1,5 millones de dólares al Social Science Research Council (SSRC). El SSRC tuvo una estrecha relación con la Ford, y varios miembros del SSRC, como Joseph Grunwald, Louis Goodman[16], y Albert Hirschman, fueron contratados por la FF como consultores y asesores técnicos en varios países latinoamericanos. La primera subvención de 1,5 millones de dólares de la FF al SSRC en 1974 implicó, según Adelman (2013), que “el SSRC ahora pudo dirigir fondos de la Fundación Ford directamente a los investigadores latinoamericanos” (p. 469).

En 1975, el mismo año en que fueron establecidos el CEDES y el CISEA, la FF desplegó un programa de becas a través de CLACSO para la financiación de proyectos de investigación en el Cono Sur, con una subvención inicial de 250.000 dólares en 1975, 215.000 dólares en 1977 y 150.000 dólares en 1979[17] (Bell, 1977b: 1). La canalización de fondos de la FF para los CAPs a través de organizaciones regionales como el CLACSO les dio un grado importante de legitimización en este sentido, como nos revelan los informes internos de la FF:

El hecho de que CLACSO haya tenido éxito en establecerse como un legítimo representante de los Centros de Investigación distribuidos en toda la región es un logro no despreciable […] Con esa legitimización, los recursos del Programa han servido tanto para apoyar proyectos de investigación individuales como para promover la institucionalización de vínculos internacionales entre cientistas sociales en América Latina (Goodman, 1979)[18].

Además de proporcionar un cierto grado de cobertura y legitimidad para las subvenciones provenientes de la FF, las contribuciones de la FF a CLACSO también fueron importantes para el funcionamiento de los centros. Louis Goodman fue contratado por la FF como un consultor técnico en 1979 para evaluar el programa de becas de la FF a CLACSO, y sostuvo en su evaluación que el programa había jugado un papel clave en el funcionamiento y, en algunos casos, en la fundación de los CAPs. Como señala Goodman, las becas constituyeron “una de las pocas claras y continuadas fuentes de apoyo para los centros de investigación”, y tuvieron “un efecto estabilizador que resulta crucial” (Goodman, 1979).

Sin embargo, aunque los fondos de CLACSO tuvieron un efecto estabilizador para los CAPs, las subvenciones fueron pequeñas, generalmente entre 2.000 y 4.000 dólares cada una[19], y dado que los centros no contaron con una fuente de financiamiento interno, fueron obligados a recurrir al mercado internacional. Tal sistema generó ciertos efectos observables en el tipo de trabajo que produjeron los centros y el rol que desempeñaron durante la dictadura militar, que analizaremos en el siguiente apartado.

2.3. El mercado de ideas y la consolidación de un circuito intelectual internacional

El rol fundamental que jugaron el CEDES y el CISEA durante la dictadura militar fue la profesionalización de los investigadores, proporcionándoles una plataforma institucional y una red importante de contactos regionales e internacionales (Brunner y Barrios, 1987: 131-132). Los dos centros desarrollaron un papel central en la producción de conocimiento dentro de las ciencias sociales a nivel regional e internacional como la sede central del Grupo de Estudios sobre el Estado de CLACSO, del cual Guillermo O’Donnell y Oscar Oszlak fueron los fundadores. El CEUR, ahora incorporado al CEDES, fue la sede central de la Comisión de Desarrollo Urbano y Regional de CLACSO, y varios miembros del CEDES y el CISEA ocuparon cargos importantes en varias de las Comisiones del organismo regional (entrevista Marcelo Cavarozzi, 2019).

CLACSO fue clave para el funcionamiento de los CAPs, actuando como un foro de intercambio y una plataforma de encuentros para los científicos sociales de la región, proporcionándoles mayor acceso al circuito regional (Brunner y Barrios, 1987: 132). Los vínculos con CLACSO facilitaron la realización de trabajos conjuntos entre los investigadores del CEDES y el CISEA y los CAPs de otros países latinoamericanos, consolidando su prestigio en la región como expertos en los estudios sobre el Estado y la administración pública.

Estas redes de cooperación académica internacional en las cuales el CEDES y el CISEA participaron formaron una parte integral de la estrategia de la FF y podría explicar, en gran medida, el compromiso de los oficiales de la FF a esta nueva red de centros argentinos. Como sostuvo una oficial de la FF, Nita Manitzas, “aunque nunca definimos el concepto, tenemos un interés constante sobre lo que denominamos ‘redes’” (Manitzas, 1976: 4-5). Según Manitzas, gracias a los fuertes lazos establecidos por estos centros con otros en los Estados Unidos y Europa – pero también al nivel regional como miembros importantes del CLACSO – estos centros constituyeron “vehículos no sólo para introducir a los argentinos en el tejido de las becas latinoamericanas, sino también para extender el alcance de la ciencia social latinoamericana a los colegas de otras regiones” (Manitzas, 1976: 4-5).

Los investigadores de ambos centros también compartieron una relación importante con el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). El IDES funcionó como una “organización paraguas” como un foro, punto de encuentro y lugar de enseñanza y difusión para los varios grupos de investigadores argentinos (Brunner y Barrios, 1987: 128): La revista académica publicada por el IDES, Desarrollo Económico, llegó a ser reconocida internacionalmente como una de las revistas académicas más importantes en el ámbito económico, no solamente el de Argentina sino de América Latina.

El presidente del IDES durante 1972-1983, Juan Sourrouille, de hecho, también había sido un becario de la FF en la Universidad de Cornell durante la década previa al mismo tiempo que los becarios del CIAP, y bajo su gestión a la cabeza del IDES, el Instituto colaboró con varios miembros de los otros CAPs argentinos financiados por la FF a lo largo de los años de la dictadura. De hecho, durante los años 1976-1982 Adolfo Canitrot del CEDES fue el director de Desarrollo Económico, y su cargo como director durante estos años facilitó la publicación de trabajos de los investigadores del CEDES y CISEA en casi cada edición de la revista.

La FF tuvo una estrecha relación con el IDES, y particularmente con la publicación de Desarrollo Económico. Los oficiales de la FF eran conscientes de la importancia de la revista en la región, y particularmente para los investigadores de los CAPs latinoamericanos apoyados por la Fundación. Durante 1979-1980, la FF donó alrededor de 50.000 dólares al Instituto para promover y desarrollar su programa de publicaciones en el exterior. De los 50.000 dólares, 25.000 de ellos fueron destinados para la compra de una máquina IBM Composer, con la cual permitió al Instituto agilizar la impresión y mejorar la presentación de la revista, y el resto de los fondos facilitó una extensa gira de promoción de la publicación en Europa y Estados Unidos del gerente del IDES, Getulio Steinbach (Muñoz-Nájar, 1981).

Dadas las restricciones impuestas por el gobierno militar sobre los estudios políticos y la participación en actos que podrían ser considerados subversivos, los miembros del CEDES y el CISEA tuvieron que aprender a trabajar dentro de los límites de la tolerancia del gobierno. El contexto autoritario entonces requirió el mantenimiento de un “bajo perfil” y una visibilidad reducida en el ámbito local durante este periodo (Brunner y Barrios, 1987: 152-153). Situaciones toleradas por el régimen un día y perseguidas al día siguiente, o temáticas censuradas por algunas agencias del gobierno, pero permitidas por otras, fueron creando un clima de incertidumbre en los investigadores argentinos. Como resultado, la diseminación de las publicaciones y la difusión de los resultados de los trabajos académicos producidos por CEDES y el CISEA tuvieron lugar en el exterior.

La necesidad de publicar en el exterior fue generada, por un lado, por el contexto político-social de la dictadura militar que resumíamos recién, pero también por los cambios de las estrategias de la FF. Como mencionamos en el apartado anterior, las estrategias de la FF fueron diseñadas para que los CAPs no llegaran a ser dependientes de la financiación de la FF, pero también para que los investigadores de los CAPs fueran obligados a participar en el circuito internacional para poder subsistir como instituciones.

Esta estrategia se revela en varios memorándums internos de la FF. En uno de ellos en particular, referido a las primeras subvenciones otorgadas al CEDES en 1976, Nita Manitzas menciona que el apoyo financiero había sido otorgado al centro “con el entendimiento de que la contribución de la Fundación será complementada ampliamente por la financiación proveniente de otras donantes”, y que “la subvención será programada a lo largo de tres años para darle al CEDES el tiempo y la oportunidad de localizar financiación sustancial de largo plazo en el circuito internacional” (Manitzas, 1976).

La escasa existencia de fondos durante este tiempo y la necesidad de hacer circular los trabajos en el ámbito internacional generó ciertos efectos observables en el funcionamiento del CEDES y el CISEA. Por ejemplo, implicó que los centros recién creados no estuvieran en condiciones de garantizar un numeroso plantel de investigadores durante los primeros años. Como resultado de ello, la inclusión como miembros de los centros y la participación en sus proyectos académicos se vio restringida habitualmente a los integrantes del núcleo fundador, los que habían establecido contactos internacionales (tanto con instituciones académicas como organizaciones filantrópicas) y contaban con condiciones favorables para la explotación de sus trabajos en el exterior (Brunner y Barrios, 1987: 156).

La participación como integrante de los centros requería la habilidad de conseguir financiamiento en el exterior, como recordaba Oscar Oszlak en una entrevista en 2007 con Antonio Camou: “Cada uno tenía que aprender el difícil arte de conseguir plata. Para ser investigador del CEDES había que aprender a conseguir plata” (Camou et. al., 2007: 203). Esta estrategia de cierre institucional, donde la participación en los proyectos del centro fue restringida al “anillo interior” en efecto cementó la legitimidad de los investigadores como parte de la élite intelectual política en el país, pero también excluyó a los investigadores argentinos no receptores de dichos fondos, quienes se vieron imposibilitados de continuar trabajando en el país (Brunner y Barrios, 1987: 156).

En una época signada por la necesidad de producir escritos para generar ingresos, a la hora de tener que vender los trabajos académicos en el circuito internacional los investigadores del CEDES y el CISEA tuvieron la ventaja enorme de haber establecido una multiplicidad de contactos personales y académicos con intelectuales importantes durante sus estudios de posgrado en el exterior (Neiburg y Plotkin, 2005: 157). Además, los títulos de posgrado obtenidos en las universidades más prestigiosas de EEUU y Europa les dieron un destacado grado de capital académico/social en el circuito internacional que, según Brunner y Barrios (1987), “podía entonces operar como ‘crédito’ para la obtención de apoyos” (p. 131). Los miembros de los centros tuvieron una ventaja sustancial frente a sus colegas argentinos no asociados a un centro, como nos revelan los informes internos de la FF:

Muchos, especialmente aquellos no afiliados con los Centros, expresaron su preocupación por la posibilidad de que la difusión de sus trabajos se limitara al manuscrito original y unas pocas copias en carbónico. En algunos casos las dificultades relacionadas con la publicación pueden mitigarse a través de la difusión de los resultados vía seminarios y reuniones, aun cuando ello es más fácil de obtener entre investigadores afiliados a Centros que entre aquellos no afiliados (Goodman, 1979).

La participación de los investigadores del CEDES y el CISEA en el circuito internacional y su estatus como parte de la élite intelectual política les dio un cierto grado de seguridad frente a las posibles amenazas del gobierno[20], pero también generó ciertos efectos en el tipo de trabajo académico que produjeron, dado que tuvieron que tomar en cuenta el público del exterior al que estuvieron dirigidos los trabajos, y tuvieron que elegir temas merecedores de inversión de las organizaciones internacionales. Tal sistema, que fue generado tanto por el contexto autoritario como por las estrategias de las fundaciones filantrópicas extranjeras, facilitó la participación de los investigadores argentinos en el mercado internacional de ideas[21].

Sin embargo, en tal mercado, el mérito o la relevancia de los estudios dependía del apoyo o no por parte de las instituciones financiadoras internacionales. Dezalay y Garth (2003) caracterizan a este mercado de ideas como un proceso de “la dolarización” de los nuevos saberes del Estado, donde el valor de las técnicas y los conocimientos especializados producidos en América Latina viene atado al poder de capacidad de compra que ellos tengan en el circuito internacional. Estos autores sostienen que un aspecto clave del trabajo producido por los centros latinoamericanos era su aceptación en las universidades y centros de estudio más reconocidos en Estados Unidos (p. 80).

Para algunos, esta estrategia de financiamiento proveniente del exterior puso en discusión la autonomía de los CAPs, dado que la aprobación o rechazo de los proyectos dependía en gran parte de las decisiones de los oficiales de las organizaciones internacionales. En efecto, aunque la decisión final con respecto a las orientaciones y delimitaciones de las agendas de los centros fue una decisión interna, los centros al mismo tiempo tuvieron que proponer proyectos que serían de interés para los oficiales de la FF y las otras organizaciones internacionales que serían merecedoras de su inversión. Como señalan Dezalay y Garth (2003):

La presencia de financiación internacional, incluyendo la de la Fundación Ford y la de diversas fundaciones interamericanas […] ayudaron a que estas instituciones generaran un margen de autonomía. Esta autonomía relativa, que requirió una cierta transformación en los enfoques de aquellos que habían iniciado siendo peronistas de izquierda, les permitió subsistir bajo el régimen militar (pp. 194-195).

Esto no implica sugerir que los centros carecían de la autonomía necesaria para formular sus propias orientaciones de los trabajos o que fueran totalmente dependientes de los intereses de las organizaciones internacionales. Por lo contrario, como señala Heredia (2012), los CAPs argentinos que participaron en el circuito internacional utilizaron una forma de “cartografía ideológica” de las agencias de financiación existentes para determinar un cierto alineamiento entre sus filiaciones y las de sus patrocinantes para obtener financiamiento donde existiera proyectos de mutuo interés (p. 313). Esta idea se ve reflejada en las palabras de Oscar Oszlak en su informe final para la FF para el año 1980:

Conocemos las prioridades [de la Fundación Ford] que se han fijado en materia de líneas y temas de investigación a promover. Varios de nuestros programas de trabajo se inscriben en algunas de esas líneas, de modo que esperamos continuar nuestros vínculos institucionales a través de esta modalidad de apoyo a proyectos de investigación mutuamente prioritarios (Oszlak, 1981).

Aunque las respuestas por parte de los CAPs a ciertas convocatorias fueron a veces percibidas por los investigadores argentinos como “concesiones formales” fueron al mismo tiempo necesarias para obtener financiamiento (Heredia, 2012: 321). En cualquier caso, la participación en este sistema implicó la necesidad de adaptarse a las normas vigentes en el circuito internacional, como recordó un intelectual argentino, Óscar Varsavsky (1994), sobre esta época:

No es de extrañar que la masa cada vez mayor de científicos esté absorbida por la preocupación de esa competencia de tipo empresarial que al menor desfallecimiento puede hacerle perder subsidios, contratos y prestigio, y se deje dominar por la necesidad de vender sus productos en un mercado cuyas normas es peligroso cuestionar (p. 119).

La FF en este sentido jugó un papel importante con respecto a las sugerencias y recomendaciones para las agendas de investigación de los centros, con el objetivo de que lograran competir en el mercado internacional. Como nos revelan los archivos internos de la Fundación, más allá de sus contribuciones financieras, los oficiales de la FF apoyaron a los centros “a través de medidas como proveer asistencia con contactos en el exterior, llevar gente para seminarios, mantener el flujo de revistas académicas, y asistencia bibliográfica y bibliotecaria” (Dye, 1976).

Los archivos internos de la FF nos revelan también que los oficiales de la Fundación estaban en contacto constante con los investigadores del CEDES y el CISEA, intercambiando propuestas de trabajo y posibles oportunidades de colaboración entre los centros y con la FF. Las visitas ocasionales de los oficiales de la FF a Buenos Aires y las evaluaciones formales periódicas patrocinadas por la Fundación también fueron importantes para que los oficiales de la FF pudieran evaluar el progreso de los receptores de las subvenciones e informarse sobre el contexto político-social del país. Estas evaluaciones son relevantes para nuestros propósitos también porque demuestran cómo la comunidad académica extranjera percibía el trabajo producido por los investigadores argentinos y cómo los evaluadores transmitieron una cierta imagen a los oficiales de la FF que les repercutió la confianza de seguir o no invirtiendo dinero en estos centros.

Estas evaluaciones formales, en consecuencia, les resultaron de gran utilidad a los oficiales de la FF guiándolos en la promoción de las futuras líneas de investigación, dado que los evaluadores seleccionados por la FF eran miembros de la misma comunidad académica/intelectual que los oficiales de la FF.

Según Dezalay y Garth (2003):

Las fundaciones tomaban la decisión de a quién financiar basada en una valoración realizada por pares externos, que en este caso se trataba de una pequeña red de profesionales e intelectuales inmersos en el mundo del activismo filantrópico que seleccionaba y evaluaba los diferentes proyectos (p. 212).

Por ejemplo, la primera evaluación externa para el CEDES patrocinada por la FF tuvo lugar en diciembre de 1978, y fue llevada a cabo por tres profesores universitarios de los países centrales: Richard Fagen (Universidad de Stanford), Adam Przewski (Universidad de Chicago) y Dudley Seers (Universidad de Sussex). El criterio de la evaluación consistía esencialmente en un análisis del número de trabajos producidos por el centro y la calidad de los mismos. Estos elementos, por su puesto, debieron ser considerados en el contexto político-social en el que se encontraba el centro, en tanto le impuso ciertas restricciones. En términos de la calidad de los trabajos, éstos fueron evaluados según su la aceptación de sus pares en el circuito internacional (tanto por los mismos evaluadores como por la frecuencia de apariciones en las revistas internacionales consideradas más importantes), y el número de veces que fueron citados los trabajos producidos por los otros investigadores en el circuito internacional (Fagen et. al., 1978).

Aunque el CEDES y el CISEA se vieron obligados a sostenerse en gran parte a través de su participación en el circuito internacional, Brunner y Barrios (1987) identifican una diferencia importante con respecto a la caracterización del papel que cumplieron estos centros durante la dictadura militar. Estos autores sostienen que mientras el CEDES marcaba su identidad en términos primordialmente “profesionalistas” y de “excelencia académica”, el CISEA se caracterizó por “la combinación de la búsqueda de competencia profesional con una orientación hacia el medio político” (p. 130). Esta idea de la separación de enfoques es también mencionada por el oficial de la FF, Richard Dye:

El plantel del CEDES hará énfasis en las investigaciones teóricas de largo plazo, que estudian las dimensiones sociales, económicas, y políticas de trasfondo del gobierno y de la burocracia en Argentina y en América Latina, mientras el grupo de Sábato llevará a cabo las funciones más tradicionales de administración y asistencia técnica que cumplía el CIAP (Dye, 1975).

Como señala Dye, el trabajo de CEDES se caracterizaba por las investigaciones teóricas de largo plazo, enfocadas en los aspectos sociales, económicos, y políticos del funcionamiento del Estado. En términos de la “excelencia académica” a la que refieren Brunner y Barrios, el CEDES desde el principio tuvo un fuerte énfasis en la necesidad de publicar los trabajos en el circuito internacional. Esta estrategia sirvió tanto para aumentar su visibilidad en la comunidad académica internacional como para subsistir financieramente como institución (Morales Martín y Algañaraz, 2016: 236).

En sus primeros tres años como institución, el CEDES publicó 22 artículos y 5 libros[22]. En 1978, la serie de revistas del centro, Estudios CEDES, ya contaba con 25 artículos, y 10 de ellos ya habían sido publicados en 13 revistas académicas internacionales (Fagen et. al., 1978). Los trabajos de los investigadores del CEDES fueron publicados en revistas académicas internacionales importantes de la época como Studies in Comparative International Development, Latin American Perspectives y Latin American Research Review, y casi todas las ediciones de Desarrollo Económico contaron con un artículo escrito por un investigador del CEDES (Fox y Manitzas, 1980: 35).

Gracias a sus contactos internacionales y su reconocimiento como una institución de “excelencia académica” por sus pares en el exterior, a finales de la década de 1970 los investigadores del CEDES fueron invitados a servir como profesores visitantes en las universidades más prestigiosas de EEUU y Europa. Marcelo Cavarozzi pasó una gran parte de 1979-1981 como profesor visitante en la Universidad de Tufts y después en Yale gracias a una subvención de la Fundación Tinker (CEDES, 1979). Guillermo Flichman, por su parte, se fue del país para enseñar en Francia y trabajó con el OCDE durante 1979-1980 con una beca de la Fundación Guggenheim. Elizabeth Jelin y Jorge Balán fueron profesores visitantes por un año en la Universidad de Texas durante 1980-1981 (CEDES, 1981). Guillermo O’Donnell, por su parte, fue profesor visitante en las universidades de California-Berkeley, Michigan y Princeton, además de trabajar por un tiempo en el SSRC (Morales Martín y Algañaraz, 2016: 239).

Estas experiencias fueron importantes para mantener los contactos personales y profesionales con la comunidad académica internacional. Al mismo tiempo, el hecho de que fueran seleccionados por sus pares en el exterior para participar como profesores visitantes en estas universidades prestigiosas, demuestra la visibilidad y legitimidad internacional que habían logrado estos investigadores argentinos durante los primeros años de la dictadura en este sistema de consagración que otorga prestigio y reconocimiento.

Por otro lado, como señalan Brunner y Barrios (1987), el CISEA se caracterizó por la combinación de una búsqueda de competencia profesional con una orientación hacia el medio político (p. 130). La labor del CISEA se caracterizó por su asistencia técnica a los organismos regionales e internacionales durante la dictadura militar, donde ocuparon varios cargos importantes. Dante Caputo, por ejemplo, ocupó varios cargos como un consultor para la OEA en Ecuador durante 1975-1976 y para un programa de la ONU, la United Nations Conference on Trade and Development (UNCTD), en Perú durante los años 1977-1979 (OEA, 2019). Jorge Roulet fue consultor para la OEA y fue director de proyectos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Perú durante los años 1977-1979[23]. El cargo como director del programa le facilitó a Roulet incorporar a los otros investigadores del CISEA a los varios proyectos del PNUD. Casi todos los investigadores del CISEA, de hecho, pasaron tiempo en Perú trabajando para organizaciones internacionales como la PNUD, la OEA, la ONU y la FF.

De lo anterior no pretendemos sugerir que los investigadores del CISEA solamente ocuparan cargos en las organizaciones internacionales o no fueran importantes productores de conocimiento. Los contratos de consultaría solos no les resultaron suficientes para subsistir como institución, y como el CEDES, se vieron obligados a vender sus trabajos en el exterior. Como los investigadores del CEDES, los investigadores del CISEA también tuvieron una estrecha relación con Desarrollo Económico, y publicaron varios artículos en esta revista académica importante a lo largo de los años de la dictadura militar. Además, Jorge Roulet y Jorge Sábato formaron parte del plantel periodístico de la revista Propuesta y Control, una revista académica fundada y dirigida por un miembro importante del partido político de la Unión Cívica Radical (UCR), Raúl Alfonsín[24] (Wild, 2017: 7).

La participación de los investigadores del CEDES y el CISEA en las redes académicas internacionales como profesores visitantes u ocupando cargos importantes en los organismos regionales e internacionales les facilitó desempeñar otra importante función durante la dictadura militar. Debido al estado débil de las instituciones públicas durante este tiempo, el CEDES y el CISEA ocuparon un papel similar a las estatales como representantes de la Argentina en el exterior. Dezalay y Garth (2003) describen el papel que cumplieron estos centros de la manera siguiente:

En cuanto a los otros actores que se encontraban en el área gris alrededor del Estado, su continuidad en dicha esfera les permitió ejecutar muchas funciones “similares a las estatales”, debido a la ausencia de instituciones públicas sólidas. Lograron facilitar un intercambio legítimo de discursos e información entre el ámbito de los negocios y el del Estado, basados en un aprendizaje sofisticado en materia de economía y sociología. Asimismo, llegaron a actuar en representación de los intereses de la Argentina en foros internacionales que llegarían a ser cada vez más importantes en temas relacionados con el Estado y la economía (pp. 194-195).

Debido en gran parte a su participación en las redes internacionales, el CEDES y el CISEA lograron consolidar su prestigio y legitimidad en el circuito internacional como importantes productores de conocimiento y especialistas en los saberes del Estado. El aumento del prestigio y el reconocimiento de sus pares en el exterior, estimuló la aparición de una pluralidad de instituciones internacionales financiadoras, entre ellas la Swedish Agency for Research Cooperation (SAREC) de Suecia y el International Development Research Centre (IDRC) de Canadá. En efecto, los oficiales de la FF fueron exitosos en su intento de facilitar la formación de CAPs con un amplio grado de autonomía, que no dependiesen exclusivamente de los fondos de la FF. Como indican los reportes presupuestarios del CEDES preparados para la FF, las contribuciones provenientes de la Fundación en el año 1979 al centro no excedieron 30% del total[25] de los fondos ingresados[26].

A pesar del reconocimiento de sus pares en el exterior, el contexto político-social de la dictadura militar los obligó a mantener un nivel de notoriedad reducido. Los seminarios y conferencias de los centros tuvieron una orientación endogámica, eran cerradas al público, y no se difundían los resultados en el ámbito local. Tampoco pudieron participar en los debates públicos sobre los asuntos del gobierno o efectuar recomendaciones sobre políticas públicas, ya que se arriesgaban a ser marcados como subversivos.

Como demuestran los archivos internos de la FF, desde 1976 los oficiales de la FF estaban conscientes de la necesidad de largo plazo de reincorporar a los investigadores de los CAPs al sistema político y educativo nacional:

Un par de cosas resultaron problemáticas, en particular la polarización y el problema de más largo alcance de la reintegración de élites, disidentes, o terceras fuerzas en las burocracias educativas y gubernamentales. Estuvo de acuerdo sobre la importancia de los centros académicos independientes como un mecanismo para mantener los estándares intelectuales, pero […] ciertamente en algún momento deberían ser reintegrados a la infraestructura nacional (Dye, 1976: 3).

Como analizamos en el apartado previo, los oficiales de la FF eran conscientes de que el trabajo producido por los académicos argentinos en el CEDES y el CISEA durante la dictadura militar jugaría un papel instrumental en la generación de propuestas políticas y económicas durante la eventual transición democrática. Como afirmó Nita Manitzas al respecto, “la agenda de investigación del CEDES no era simplemente un ejercicio académico” (Manitzas, 1979a). Los oficiales de la FF eran conscientes de que tal transición requeriría especialistas en los saberes del Estado, y la profesionalización del CEDES y el CISEA durante la dictadura militar les facilitó desarrollarse como expertos en tales temas desde la perspectiva de la comunidad internacional y la de los oficiales de la FF.

A partir de la década de 1980, el contexto político-social se iría transformando gradualmente en Argentina, y el debilitamiento de la dictadura militar y las nuevas posibilidades de retorno del sistema democrático, comenzó a cambiar la función que desempeñaban estos centros, lo que estudiaremos en el próximo capítulo.


  1. El golpe de Estado de 1976 depuso a la presidenta de la nación, Isabel Martínez de Perón, y marcó el inicio de la última dictadura militar argentina autodenominado como el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). El golpe fue liderado por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Massera, y el brigadier general Orlando Ramón Agosti.
  2. La importancia del IDES en las ciencias sociales argentinas y la estrecha relación que existió entre los investigadores del CEDES y el CISEA con el IDES será analizada luego en el capítulo.
  3. Según Uña (2006), entre 1975 y 1983 el número de CAPs en Argentina se duplicó de 6 a 12 (p. 185).
  4. María Estela Martínez de Perón (conocida popularmente como “Isabel”) fue la 42ª presidente de Argentina (1974-1976) y la primera mujer presidenta de la nación, quien asumió control del país tras la muerte de su marido, Juan Domingo Perón, el 1 de julio 1974. Su presidencia fue marcada por un giro a la derecha del peronismo, y el caso más emblemático de lo cual fue la creación de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), un grupo paramilitar de extrema derecha que fue responsable por la desaparición y muerte de alrededor de 700 estudiantes, intelectuales, y políticos de izquierda.
  5. Montoneros fue una organización política-militar marxista que surgió durante las décadas de 1960 y 1970. Aunque originalmente autodenominado peronista, durante el año 1974 se aisló del movimiento peronista y fue declarado ilegal por el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón en septiembre de 1975. La creación del AAA fue en gran parte una respuesta por parte del gobierno para combatir los grupos armados de los sectores de la izquierda del movimiento peronista, principalmente Montoneros.
  6. Elizabeth Jelin es una socióloga argentina que había realizado sus estudios doctorales en la Universidad de Texas. Fue la directora del CEDES durante 1978-1980.
  7. Excepto en el caso de Dante Caputo, quien había estudiado en la Universidad de Tufts en Estados Unidos antes de seguir con los estudios doctorales en Francia.
  8. En diciembre de 1983, el recién elegido presidente democrático, Raúl Alfonsín, convocó la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) cuyo objetivo principal fue la investigación de los casos de personas desaparecidas durante la dictadura militar. Tras meses de investigación, entrevistas y testimonios, el informe final de la Comisión dejó en evidencia la existencia de por lo menos 30.000 casos de detenidos-desaparecidos durante este período.
  9. Antes del deterioro de la relación entre el ITDT y CEUR en 1977, un becario chileno de CLACSO que participaba en un programa del CEUR había sido detenido por los militares y unos días después la oficina del CEUR sufrió de un ataque de ametralladora (Manitzas, 1977).
  10. La FF también le otorgó otra subvención de 100.000 dólares al CEUR a través del CEDES en 1979.
  11. La estrecha relación que existió entre la Fundación Ford y el Brookings Institute, y la importancia de esta relación para nuestros propósitos, será analizado en el próximo capítulo.
  12. Especialmente durante las presidencias de Richard Nixon (1969-1974) y Gerald Ford (1974-1977), quienes formaron parte del establishment conservador, el polo opuesto del establishment del Este.
  13. Cardoso es un intelectual brasileño que jugó un papel central en el desarrollo de la teoría de la dependencia tras la publicación del libro que escribió junto con Enzo Faletto en 1969, Dependencia y desarrollo en América Latina. Después de desempeñarse como investigador en el CEBRAP, fue elegido el 34º presidente de Brasil, un cargo que ocupó durante 1995-2002. Fue el primer presidente en la historia brasileña para ganar un segundo mandato presidencial.
  14. Es importante mencionar que la red de CAPs latinoamericanos apoyada por la FF durante este tiempo se extendió mucho más allá de los centros que destacamos aquí. La Fundación mantuvo operaciones similares en otros países latinoamericanos como La Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (FEDESARROLLO) en Colombia, El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en Perú y la Fundación Getulio Vargas en Brasil, entre muchos otros.
  15. Sin embargo, la FF le otorgó una subvención institucional de 38.000 dólares al CEDES en 1975.
  16. Louis Goodman fue un miembro importante del establishment del Este, y tuvo una estrecha relación con la Fundación Ford. Además de ser un consultor contratado varias veces por la Fundación en América Latina, también operaba dentro de las mismas redes intelectuales y académicos promovidos y facilitados por los oficiales de la FF. Graduado de Dartmouth, Goodman fue profesor universitario y decano del Programa de Estudios Internacionales en la American University. Entre 1974 y 1978, fue el director del Programa Latinoamericano del Social Science Research Council (SSRC), y trabajó como el director del Woodrow Wilson Center entre 1982 y 1986. Además, Goodman era profesor en la Universidad de Yale al mismo tiempo que Marcelo Cavarozzi (entrevista Marcelo Cavarozzi, 2019).
  17. La subvención fue destinada a Argentina, Chile, y Uruguay. Argentina recibió 32% de las subvenciones, mientras Chile y Uruguay recibieron 45% y 23% respectivamente (Bell, 1977b: 2).
  18. Como una nota interesante, este reporte oficial de Louis Goodman para la Fundación Ford fue traducido al español por Horacio Boneo y Francisco Delich.
  19. Entre las becas de la FF al CLACSO se encuentran becas de 1.500 dólares a Elizabeth Jelin y 3.850 dólares a Jorge Sábato en 1978 (Delich, 1978), y 5.500 al PEHESA y 5.000 al CEUR en 1979 (Ansaldi, 1979).
  20. Sin embargo, por los menos dos investigadores del CEDES (Guillermo O’Donnell y Oscar Landí) tuvieron que escaparse del país tras recibir amenazas del gobierno militar. Al mismo tiempo, sin embargo, demuestra la importancia de la relación que mantuvieron los investigadores argentinos con la FF dado que les facilitó su salida del país, como el caso de O’Donnell quien se fue a Brasil para trabajar en otro CAP apoyado por la FF, el Centro Brasileño de Análisis y Planeación (CEBRAP).
  21. La noción del “mercado de ideas” refiere al sistema internacional en el cual los cientistas sociales latinoamericanos circulan sus trabajos en el circuito internacional y participan en los foros y debates regionales/internacionales con el fin de generar aportes financieros y técnicos de los varios organismos internacionales financiadoras y aumentar la visibilidad del centro participante (ver: Brunner y Barrios, 1987: 206-211).
  22. Entre algunos de los trabajos destacados se encuentran: “Estado y Políticas Estatales en América Latina: Hacia una estrategia de investigación” por Oscar Oszlak y Guillermo O’Donnell; “El orden económico internacional y la crisis argentina. Factores internacionales en la evolución económica de la década del 70” comandado por Adolfo Canitrot y Roberto Frenkel; y “Sindicatos y políticas en Argentina después de 1955” por Marcelo Cavarozzi.
  23. En 1979, el PNUD otorgó una subvención de 13.000 dólares al CEDES.
  24. Alfonsín había sido el candidato presidencial en las primarias de la UCR en 1973, pero fue vencido por Ricardo Balbín. La estrecha relación que existió entre Alfonsín y los investigadores del CEDES y el CISEA durante la transición democrática se retomará en el próximo capítulo.
  25. 90.000 dólares del total de 296.000 dólares presupuestados para el año 1979 vinieron de la FF (CEDES, 1979).
  26. Sin embargo, es importante mencionar que en este número están incluidas solamente las subvenciones de la FF que fueron otorgadas directamente al CEDES. Es decir, no están incluidos los fondos otorgados al CEDES que fueron destinados para el CEUR o para CLACSO, ni las contribuciones provenientes del SSRC (aunque la FF fue una de las fuentes principales de financiamiento del SSRC).


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