Son casi las 10:30 hs de una mañana del mes de abril del año 2015. Llevo unos diez minutos esperando a uno de los expertos más destacados en programas de TM de la República Argentina en un bar próximo a la estación de trenes del barrio de Chacarita, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Finalmente, el experto llega, se sienta y nos presentamos mientras pedimos un café para acompañar el encuentro. Luego de disculparse por la demora, el experto dice que “su vida es un caos”: “estuve unos días evaluando un programa en El Salvador. Aterricé ayer a la noche”. Imagino que se refiere al programa “Red Solidaria” de la República de El Salvador, aunque prefiero no profundizar en ese tema durante los primeros minutos de la entrevista.
Seguimos con la conversación, ahora adentrándonos en el tema que nos convoca. El experto esboza sus primeras apreciaciones sobre el dinero transferido a partir de los programas sociales:
Los economistas lo vemos desde un punto de vista más simple. Hace un tiempo estaba por dar una charla en una conferencia, me estaba poniendo un traje y mi hija de tres años me pregunta “¿De qué vas a hablar, papi?”. Le respondo: “Viste que a veces vemos gente en la calle, que no tiene plata, voy a hablar sobre la gente y qué se puede hacer”. Ella dice: “Ah, ya sé qué se puede hacer, darles plata”. La primera aproximación de los economistas es un poco la de mi hija: “Darles plata”. Ahí te diría que ni siquiera hay una reflexión sobre el tema, sino que es más bien ir y darles plata, en base a los trabajos e investigaciones de otra gente que dicen que es mejor dársela a las mujeres. (Entrevista a experto CEDLAS (a), 15 de abril de 2015)
Aquellas palabras me sumieron en un gran desconcierto. Tratándose de uno de los referentes más importantes en la temática, vinculado a uno de los centros de investigación de mayor influencia en Argentina en el campo actual de las políticas de entrega de dinero –el Centro de Estudio Distributivos, Legales y Sociales (CEDLAS) de la UNLP, consultor de organismos internacionales y regionales y demás atributos expertos–, esperaba una formulación más conceptual sobre las transferencias monetarias estatales.
Palabras como las de este entrevistado sirven como punto de partida para las reflexiones que queremos desarrollar a lo largo de este capítulo: en base a las apreciaciones de los principales expertos en TM de la República Argentina, nos adentraremos en el análisis de los significados expertos acerca del dinero transferido en los programas sociales. Exploraremos las narrativas de los expertos en políticas sociales como puerta de entrada a las concepciones que existen sobre el dinero transferido a partir de las TM, prestando atención a los conocimientos, las técnicas y los procedimientos que dichos actores emplean para diseñar un tipo de moneda especial o un dinero específico en la definición de las políticas sociales.
La nueva agenda de la sociología y la antropología económica será de suma utilidad para pensar las concepciones sobre el dinero provistas por los expertos en TM. Dentro de dicha área de estudios se prestará especial atención a las teorías de la performatividad en la economía de Michel Callon (Callon, 2009, 2007 y 1998) y a los sucesivos aportes y las sugerentes reformulaciones de autores contemporáneos basados en trabajos empíricos relacionados al carácter performativo del saber económico (McKenzie, Muniesa y Siu, 2007).
En sus trabajos, que se inscriben en una larga tradición pragmatista y en el campo del estudio de las ciencias, Michel Callon buscó dilucidar de forma explícita el carácter performativo de las ciencias económicas. Callon propone considerar a la economía no sólo como una forma de conocimiento que representa un estado de cosas existentes, sino como un conjunto de instrumentos y prácticas que contribuyen a la configuración del conjunto de la economía, de sus actores e instituciones (Callon, 1998). La idea que promueve este enfoque para el caso de la economía es que la disciplina en cuanto tal moldea y formatea la economía como cosa. En este sentido, Callon considera a la ciencia económica como un cuerpo amplio de disciplinas ensambladas que, más que contribuir a una mera observación de su objeto, se hace parte del mismo y contribuye a su configuración y reconfiguración de forma permanente (McKenzie, Muniesa y Siu, 2007: 4).
Teniendo en cuenta que la mayoría de los expertos en programas de TM provienen de un universo de formación en el campo de la economía y que el dinero ocupa un lugar central de la actividad laboral que realizan diariamente, debería ser posible combinar ambos enfoques: explorar las concepciones expertas acerca del dinero permite observar cómo los saberes expertos están performando constantemente el dinero transferido a partir de las políticas sociales. Movilizando distintos saberes económicos y dispositivos técnicos, los expertos vinculados a las TM contribuyen a la construcción de un tipo de dinero específico, ratificando el sentido económico del dinero en una moneda especial distribuida a partir de las nuevas tecnologías monetarias que representan los programas de TM.
En las siguientes páginas analizaremos los distintos elementos –o agenciamientos sociotécnicos (Callon, 2009)– que contribuyen a la construcción performativa del dinero condicionado. Indagaremos en las distintas narrativas movilizadas por los expertos, las nociones teóricas, los instrumentos técnicos o dispositivos que performan al dinero de las políticas sociales y contribuyen a la consolidación de un discurso acerca de las TM como la estrategia más eficaz y eficiente de “combate contra la pobreza”.
Dinero programado: los expertos y la performatividad del dinero de las políticas sociales
Días después de realizar la entrevista con el experto del CEDLAS, gracias a su generosidad para brindarme contactos, logré comunicarme vía correo electrónico con otro experto en programas de TM y miembro de la División de Desarrollo Social de la CEPAL con sede en Santiago de Chile. Entre la infinidad de publicaciones existentes vinculadas a las TM de la región de América Latina y El Caribe, sus trabajos en la CEPAL son una referencia ineludible. Los estudios, las evaluaciones o los informes que él mismo ha coordinado, dirigido o llevado adelante en carácter de autor y/o co-autor desde las agencias de desarrollo vinculadas a CEPAL forman parte de la mayoría de los documentos institucionales y/o programáticos referidos a las transferencias de dinero en nuestro país y a experiencias en otros países de la región.
Debido a la distancia, el experto en cuestión y yo acordamos comunicarnos a través de la aplicación de internet Skype. Durante la extensa conversación que mantuvimos, el experto miembro de la CEPAL describió el dinero transferido a partir de las TM de una manera análoga como lo había hecho uno de los directores del CEDLAS:
Yo me siento bastante cercano a la idea de que no seamos tan paternalistas, que decidamos qué tiene que hacer la gente, si le damos el voucher para ir a la escuela o solamente la tarjeta para comprar alimentos… Si no, como estamos en economías de mercado, ayudémosle por ahí y después la familia tomará las decisiones correctas para su desarrollo. (Entrevista a experto CEPAL, 13 de mayo de 2015)
Meses más tarde me encontraba en la oficina del líder del Programa para la Educación, la Salud, la Protección Social, el Trabajo y la Pobreza del Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay, un experto en TM con formación en economía. Mientras el experto hablaba por teléfono en el centro de su oficina en los pisos más elevados de las instalaciones del Banco Mundial en Argentina –“Torre Bouchard”– sobre la calle Bouchard al 500, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, yo recordaba la manera “simple” en que hablaban sobre el dinero los primeros entrevistados.
Quien me recibió en aquella oficina es un experto que no sólo posee conocimientos especializados y una expertise específica sobre temas referidos a la pobreza y a la protección social en Argentina, sino que fue uno de los expertos vinculados a los espacios de diálogo sobre políticas y mesas de trabajo desarrolladas en torno a la puesta en funcionamiento del primer programa de TM en Argentina: el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados en sus distintas etapas.
Tras unos minutos de entrevista, y luego de haber escuchado mis inquietudes sobre los significados del dinero transferido a partir de las políticas sociales, el experto compartió conmigo algunas reflexiones al respecto:
Entrevistado: En verdad uno no piensa en el dinero, lo transfiere. Me parece que estás pidiendo algo que este tipo de institución no hace. No hay una reflexión sobre el sentido del dinero como para tener impacto sobre un indicador. No hay un debate profundo, epistemológico sobre el dinero.
Martín: ¿Y entre los economistas hay debate?
Entrevistado: Me parece que no desde el frente antropológico que vos estás planteando. El dinero es un medio de cambio para adquirir bienes y servicios. Y, de hecho, el debate pone el dinero en esa cosa de que si la política la hacés entregando dinero o entregando bienes y servicios. O sea, de ahí puede surgir una punta de debate que puede servir en el sentido de si entrego el dinero y reconozco que el hogar está en condiciones de hacer sus elecciones de la mejor manera posible o tomo un rasgo más paternal y yo doy el servicio. (Entrevista a experto Banco Mundial, 22 de junio de 2015)
Nuevamente, para mi sorpresa, me ofrecían una definición del dinero que me parecía sencilla o, al menos, poco problemática. La concepción sobre el dinero que utilizaban los expertos me dejaba descolocado ante la multiplicidad de reflexiones sociales, morales y culturales que desde los esquemas aprehendidos de la sociología y la antropología económica me proponía explorar.
En los primeros días del mes de julio del año 2015 conseguí entrevistar a uno de los miembros del área de protección social del BID. Con formación de grado y posgrado en el campo económico, es un experto economista sénior de protección social por el BID para la República Argentina desde el año 2011. En los puestos que ocupó a lo largo de su trayectoria dentro del BID, forjó una gran expertise en programas de TM y estuvo próximo tanto a las distintas evaluaciones cualitativas y cuantitativas como a las posteriores transformaciones que sufrió el programa “emblema” mexicano: PROGRESA – Oportunidades. Mientras conversábamos en su oficina, compartió conmigo algunas de sus experiencias e interpretaciones sobre el dinero transferido a partir de las políticas sociales:
Los programas nacieron por razones muy distintas. En México, fue por la eliminación del subsidio a la tortilla que, en México, es como la carne acá (se refiere a la República Argentina). ‘Maya’ quiere decir ‘hombre de maíz’: algo que es fundamental para México. Decidieron eliminar el subsidio, imagínate lo que puede pasar si sube el precio de la tortilla. Entonces, dicen ‘vamos a eliminarlo, pero vamos a generar este programa (PROGRESA) que transfiere ingresos y que compensa esta caída y, además, les vamos a dar no solamente la transferencia, sino que vamos a verlo como una oportunidad para generar y demás… […]’ Al igual que otros colegas, para mí está bien entregar la transferencia de efectivo. Este debate de si el pescado o enseñar a pescar es un poco facilista porque, en vez de darles dinero o apoyar económicamente, ¿qué deberíamos hacer?, ¿cuál es la opción? Me dicen: ‘Mejorar la calidad de la educación, generar mejores empleos…’ ¿Cuándo? ¿Con qué herramientas? ¿Y la gente cuánto tiene que esperar para lograr acceder a esto? Y la evidencia no mostró que fuera tan fácil. (Entrevista a experto BID, 2 de julio de 2015)
Luego de casi un año de trabajo de campo y de haber realizado distintas entrevistas en profundidad a los expertos en transferencias monetarias, empezaba a encontrar ciertas similitudes en las apreciaciones de los expertos. En el mes de agosto de 2015 visité a otro experto miembro del directorio del Centro de Estudio Distributivos, Legales y Sociales (CEDLAS) de la UNLP. El entrevistado posee una formación en economía, al igual que la mayoría de mis informantes claves, y es un renombrado experto en temáticas sobre desigualdad y pobreza. En Argentina, es reconocido por sus destacados trabajos en torno a los supuestos desincentivos laborales que generan las políticas de entrega de dinero en nuestro país.
Durante nuestro encuentro en su oficina de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, se refirió de la siguiente manera al dinero transferido a partir de las políticas sociales:
En el campo económico prestamos poca atención a cómo presentar o cómo legitimar el dinero. En general, discutimos si es óptimo en términos sociales hacer eso y dejamos que los políticos se encarguen de venderlo (…) Recuerdo la propuesta de impuesto a la renta negativa de (Milton) Friedman. Hace mucho tiempo la propuesta de él era poner un impuesto a las ganancias negativo: el impuesto era del 10%, todos tenían que pagarlo, pero si tu ingreso estaba por debajo de determinado monto, vos, más que pagar, recibías. Es otra propuesta que va en el mismo sentido. Son ideas que están dando vueltas desde hace mucho tiempo y que rebotan. En América Latina habían tenido poco espacio y en los últimos 10 o 15 años, por distintas razones, han emergido. (Entrevista a experto CEDLAS (b), 13 de agosto de 2015)
Luego de un tiempo comencé a vincular estas concepciones del dinero entre los expertos de TM con algunas de las interpretaciones de la sociología económica. Me resistía a pensar que las transferencias de dinero que formaban parte de muchas de las intervenciones sociales estatales de nuestro país y habían representado el paradigma del “combate contra la pobreza” en la región durante los últimos quince años, fuesen vistas como algo tan simple que, hasta una niña de tres años, con deseos de ayudar a los pobres, podría haberlas ideado. También me sorprendía que los economistas pensaran que su función se limitaba a replicar estas ideas o a aplicarlas para compensar la quita de un subsidio
Como señalan distintos trabajos provenientes del campo de la economía “regulacionista” y de las “convenciones” (Orlean, 2007 y Theret, 2007), dentro de las concepciones de la economía moderna y la teoría económica clásica y neoclásica, el dinero se ha presentado siempre desde una visión instrumental y estandarizada como un elemento homogéneo y cualitativamente neutro. Desde esta perspectiva, la economía ha pensado a las sociedades modernas bajo el dominio de los mercados y, por ende, como un universo donde el dinero es un mero instrumento que facilita las formas de intercambio.
Siguiendo el trabajo de Jerome Blanc (2009), se pueden presentar de forma sintética las tres proposiciones que presenta la concepción clásica de la moneda:
- la naturaleza de la moneda: su irrupción en la economía de las sociedades modernas resuelve los límites del intercambio por medio del trueque a la vez que garantiza la expansión de los mercados,
- las funciones de la moneda: el ensamblaje de sus tres funciones –unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor– es la condición de posibilidad del intercambio entre actores económicos en el mercado,
- la validez de la moneda: en tanto elemento fungible y de equivalencia general, la moneda moderna permite acceder a los bienes y servicios disponibles en la economía.
A partir de estas tres proposiciones, es posible volver sobre las narrativas de los actores expertos y reinterpretar algunas de sus definiciones. Tal como lo expresaba uno de los entrevistados, se parte por “entender que estamos en economías de mercado”; en el marco de esa concepción, propia del universo de los saberes y las prácticas de expertise de los actores entrevistados, es posible hallar apreciaciones análogas a las que propone la concepción clásica de la moneda en la economía: “uno no piensa el dinero, lo transfiere”, pues se trata de un “medio de cambio”. Tampoco resulta casual que, próxima a las interpretaciones del campo económico sobre el dinero, emerja una caracterización del homo economicus: los actores en el ámbito del mercado toman decisiones racionales que tiene un fin instrumental y persiguen el objetivo de maximizar la ganancia al menor costo posible[1]. Traducido al lenguaje de los expertos en políticas sociales de TM, se trata de que los “hogares hagan las elecciones de la mejor manera posible” y “tomen las decisiones correctas para su desarrollo”.
Algunas de estas lecturas invitan a reinterpretar aquella concepción “simple” del dinero que mencionamos más arriba. Como se señaló al inicio de este capítulo al hacer referencia a la noción de performatividad de Michel Callon (1998), en este trabajo se considera que las concepciones que los expertos en TM tienen sobre el dinero refieren a un ejercicio de performatividad. Es posible hallar, en las definiciones utilizadas por los entrevistados, una analogía con la caracterización de la noción de performatividad: las mismas refieren no sólo a una forma de conocimiento que se moviliza para representar un estado de elementos en torno a las políticas sociales, sino a un conjunto de instrumentos y prácticas que contribuyen a la configuración y al diseño de un dinero específico. Estas definiciones diseñadas por economistas arrastran y llevan consigo las premisas y suposiciones propias que porta el dinero en el campo económico y utilizan las cualidades generales del dinero para organizar el diseño de una moneda específica de las políticas sociales.
Tal como lo demuestra el trabajo de Viviana Zelizer donde la autora analiza la transformación en las formas de asistencia social monetaria en Estados Unidos entre fines del S XIX y principios del S XX (Zelizer, 2009), los saberes expertos –economistas, especialistas y técnicos– elaboran discursos sobre el dinero. En los casos que aquí se han citado, las concepciones que los expertos difunden forman parte del ejercicio de performatividad que la economía y los economistas pretenden realizar sobre el dinero que se transfiere a partir de las políticas sociales. Se trata, en definitiva, del diseño de una moneda específica. Consideradas desde la noción de “marcaje del dinero” proporcionada por Viviana Zelizer (2011 y 2009), las narrativas representan más que un vocablo particular, pues se constituyen como instancias de ritualización performativa que persiguen el objetivo de producir y diseñar al dinero de las TM. La performatividad refiere a una forma de marcaje que los saberes expertos realizan sobre el dinero y es obra de un universo de actores que performan, forman y le dan formato al dinero, mientras observan cómo funciona en las transferencias monetarias.
En las páginas siguientes se buscará reconstruir los rituales y los distintos elementos performativos a través de los cuales los saberes expertos prescriben y diseñan al dinero de las TM.
La performatividad del dinero en la construcción de un nuevo paradigma de políticas
Entrevistado: En la zona rural de México el programa tuvo un impacto increíble, en todos los sentidos. Las evaluaciones de impacto muy sólidas que se hicieron cubrieron al programa de un aura de éxito que nosotros vimos, casi te diría, como una bala de plata. Es mucho más eficiente, tiene resultados, es mucho más transparente. En algún momento hubo mucho entusiasmo por estos programas.
Martín: ¿Cuál es la metáfora de la bala de plata?
Entrevistado: Eso es de los gringos que usan “silver bullet” para matar al hombre lobo. Como la receta mágica. O sea, hubo mucho entusiasmo de que esos programas pudieran resolver este problema. (Entrevista a experto BID, 2 de julio de 2015)
Desde el año 2000 se observa una proliferación notable de las transferencias monetarias. Los organismos y las agencias de desarrollo como el BID –institución a la que pertenece el entrevistado cuyas palabras abren este apartado–, junto a diferentes instituciones internacionales, tuvieron una incidencia significativa en los procesos de difusión de las políticas. A poco menos de diez años del lanzamiento del PROGRESA-Oportunidades en México, la mayoría de los países de América Latina contaban con programas de entrega de dinero en efectivo y los expertos celebraban “la nueva oleada latinoamericana de políticas sociales” (Cecchini, 2011 y Sampini y Tornaroli, 2012).
Es imposible reseñar la cantidad de actividades de monitoreo, evaluaciones de impacto, así como de efectos o resultados que forman parte de los documentos de los organismos internacionales, o la serie de papers e informes confeccionados por los expertos en materia de TM. Conviene aclarar que algunos de los documentos elaborados han resultado de vital importancia en los procesos de expansión de los programas en nuestra región, documentales tales como, por citar un caso, una serie de publicaciones impulsadas por el Banco Mundial durante el transcurso de los años 2008 y 2009.
En este grupo de publicaciones sobresale el report sobre políticas sociales de TM difundido por el Banco Mundial bajo el título: “Conditional Cash Transfers. Reducing Present and future poverty” (Fiszbein y Schady, 2009) y elaborado por un conjunto de economistas considerados por dicho organismo como “especialistas en reducción de la pobreza”. El documento en cuestión introduce un conjunto de recomendaciones para los países respecto del diseño de las políticas de TM, entre las cuales se destacan las sugerencias sobre las formas de acceso y focalización de los beneficiarios, las nociones sobre la acumulación del capital humano y su relación con las condicionalidades, los aspectos a considerar sobre las ventajas de la titularidad femenina y las cuestiones de economía política, entre otros ítems referidos a las múltiples evaluaciones exitosas a las que fueron sometidos las distintas políticas monetarias[2].
Las TM han configurado un campo desde el cual es posible adoptar un enfoque transnacional de las políticas sociales (Balen y Leyton, 2015). En este sentido, conviene no perder de vista que, de forma simultánea a la aparición de las producciones y traducciones del Banco Mundial, en nuestro país se llevó a cabo la publicación del libro Los programas sociales en Argentina hacia el Bicentenario. Visiones y perspectivas (Banco Mundial, 2008). La compilación editada por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, institución perteneciente al Banco Mundial y con sede en la Argentina, reubica los debates internacionales en el ámbito local y mostraba el desenvolvimiento de los actores expertos de mayor influencia en nuestro país (véase: capítulo 1)[3].
El “entusiasmo” que evocaba el entrevistado, las “evaluaciones de impacto muy sólidas” que también forman parte de las publicaciones que se mencionan más arriba (Banco Mundial, 2009 y 2008) y las “balas de plata” para resolver los problemas de la pobreza y el desarrollo (Dugger, 2004) revelan otros ejercicios performativos que los expertos en políticas sociales producen de forma colectiva sobre el dinero de las políticas sociales. Así como en las páginas precedentes fueron consideradas las formulaciones verbales o narrativas que los actores expertos movilizan para performar el dinero de las TM, en los próximos apartados se intentará dar cuenta de un conjunto de operaciones materiales y no materiales (nociones, instrumentos, métodos, herramientas, fórmulas, etcétera) que contribuyen a la performatividad del dinero.
El capital humano y la ruptura de la pobreza intergeneracional
Una de las premisas centrales en el desarrollo de las TM es la noción de capital humano. Los expertos proponen pensar las transferencias monetarias como un beneficio que el Estado entrega a condición de que los hogares realicen inversiones, previamente especificadas, en el capital humano de los menores pertenecientes al hogar con el objetivo de quebrar la pobreza que se transfiere de una generación a la siguiente. Teniendo en cuenta esa noción como fundamental, se exige el cumplimiento de una serie de condiciones referidas a: 1) educación: controles de matrícula escolar y complementariedad educativa; y 2) salud: controles periódicos en instituciones públicas. Como se explicó en el capítulo 1, esta interpretación se sustenta sobre un consenso global entre las agencias de desarrollo y los expertos en TM, quienes interpretan a la pobreza como el resultado de la insuficiente dotación de dicho capital humano.
Las declaraciones de algunos de los entrevistados nos serán de utilidad para reflexionar sobre la noción de capital humano difundida en las estructuras programáticas de las transferencias monetarias:
Algunos programas alcanzan a generar dos años más de escolaridad, que no es poco, pero si estás hablando como la promesa que tuvieron muchos de estos programas de ser una herramienta de reducción de la pobreza intergeneracional, no es mucho. Sólo promueven la educación y la salud: no hay nada que hayamos podido confirmar en el largo plazo. (Entrevista a experto BID, 2 de julio de 2015)
Hoy en día vemos que todos los PTC tienen en común la transferencia monetaria y las condicionalidades. La idea original era matar dos pájaros de un tiro: pobreza, en el corto plazo, y la transferencia de ingreso y aumento del consumo, en el largo plazo. (Entrevista a experto CEPAL, 13 de mayo de 2015)
Este tipo de enunciados pueden ser pensados a partir de lo que, Carlos Barba Solano y Enrique Valencia Lomelí han denominado como las “ilusiones” o los “falsos espejismos” que se han construido en torno a las TM (Barba Solano y Valencia Lomelí, 2011; Valencia Lomelí, 2009 y 2008). En base a un análisis exhaustivo de distintas evaluaciones realizadas sobre los diferentes programas de TM de la región de América Latina, los autores han señalado que las transferencias han tenido un efecto notable en el descenso de la intensidad de la pobreza. Sin embargo, las mismas y constantes evaluaciones que han contribuido a legitimar a las TM y a convertirlas en un paradigma a seguir, han demostrado el desmoronamiento de las premisas centrales que sostienen a la noción de capital humano: a) las evaluaciones e investigaciones recientes muestran una débil incidencia en la pobreza en el corto plazo, b) las mejoras en la salud y en la alimentación no tienen una contrapartida directa en la educación, y c) las mejoras en el nivel educativo tampoco garantizaron una acumulación de capital sustancial para el desempeño en el mercado de trabajo (Barba Solano y Valencia Lomelí, 2011).
Pese a que los entrevistados son conscientes de esos “falsos espejismos”, la noción de capital humano sigue siendo ampliamente utilizada en las narrativas de los expertos y forma parte de los instructivos o esquemas programáticos de las iniciativas monetarias. Se trata de un ejercicio más de la performatividad que ensayan los expertos al importar conocimientos provenientes de las ciencias económicas. A pesar de que la noción de capital humano no contenga referencias empíricas comprobables, es una categoría que responde perfectamente a la dimensión performativa, puesto que constituye la realidad que ella describe.
En trabajos como el de Lena Lavinas (2013) y Nicolás Dallorso (2013) se ha llevado adelante una reconstrucción histórica de la noción económica del capital humano. Ambas indagaciones dan cuenta del origen de la noción dentro del campo de la teoría económica neoclásica de la mano de referentes como Richard Zeckhauser, Gary Becker y Alfred Schultz, representantes del monetarismo y de las teorías de las expectativas racionales del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago en Estados Unidos. La premisa del capital humano, aporte que le valió el Premio Nobel de Economía en el año 1992 a Gary Becker, sostiene que la inversión directa que los individuos realicen en ciertos aspectos –como, por ejemplo: la educación, el entrenamiento laboral, la salud y la nutrición– incidirá de forma directamente proporcional sobre sus competencias y su capital económico futuro (Becker, 2008).
De forma similar a las narrativas sobre el dinero que formaban parte de los discursos de los entrevistados, categorías como el capital humano resultan un elemento teórico que performa al dinero de las políticas sociales. Más allá de la falta de un sustento empírico para indicar los resultados o de la imposibilidad de demostrar que esa noción económica es aplicable a la realidad social, dentro de los saberes expertos el capital humano representa un conjunto de discursos lógicos basados en una serie de hipótesis que se presentan como irrefutables, independientemente de que eventualmente se confirmen o no. Siguiendo los hallazgos de Andrés Dapuez respecto del programa Oportunidades en México (Dapuez, 2013), la noción de inversión en el capital humano prescribe al dinero de dos maneras: por un lado, define al dinero como pequeños montos que viabilizan mejoras en el consumo y el bienestar de los pobres; por otro lado, diseña una moneda que proyecta la realización de las promesas de desarrollo que contienen las políticas hacia un futuro distante.
En vistas de lo expuesto, el capital humano sería una noción performativa que se encuentra ensamblada dentro de los conocimientos especializados de los saberes expertos en TM y constituye un elemento más de lo que Michel Callon denominó “agenciamientos sociotécnicos” (Callon, 2007). Los “agenciamientos sociotécnicos”, explica Callon, son “un conjunto de elementos –técnicos, teóricos, dispositivos, modelos, narrativas, hipótesis, etc.– que contribuyen al efecto performativo de las ciencias económicas (…) son aquellas herramientas materiales o inmateriales que se sitúan entre y dentro de las teorías o creencias, y circulan cómo ciertos criterios de verdad o al menos tienen una alta apariencia de verosimilitud”. (Callon, 2007: 328).
Las transferencias de dinero para “combatir la pobreza” han sido trasladadas de un país a otro a lo largo de todo el mundo, portando entre sus fundamentos principales una noción que presenta referencias empíricas ambiguas o incomprobables; sin embargo, el capital humano se ha transportado de un punto a otro del planeta diseñando el dinero de las políticas sociales. Aunque lo anterior parezca paradójico, esta situación revela otra dimensión del ejercicio performativo que realizan los saberes expertos: la tarea primordial de los expertos es explorar, redefinir o producir nuevas prácticas en torno a las políticas que permitan readecuar los agenciamientos socio técnicos sobre el diseño de los dineros en cada ámbito local específico.
Condicionalidades y legitimidades
En el apartado anterior se hizo hincapié en la noción de capital humano. Se señaló, por un lado, la centralidad que los especialistas le otorgan al denominado “quiebre intergeneracional de la pobreza en los hogares receptores” y, por otro lado, la instauración de condiciones que se concentren en “resultados finales”. En este sentido, los expertos comulgan con la teoría del capital humano cuando señalan que una correcta inversión en el capital de los niños pertenecientes a los hogares receptores asegurará una potencial acumulación de ganancias futuras que beneficiará a los hogares en cuanto obtener un mayor nivel de cualificación escolar y/o profesional de sus miembros.
Tal como señalan los expertos entrevistados, la noción de capital humano en las TM se ha transformado en una “promesa de reducción de la pobreza”, “una idea original” con pocos resultados comprobables. O, como sugiere un report del Banco Mundial, los “resultados finales” han tenido “efectos modestos” (Banco Mundial, 2009: 22). Pese al consenso que hay en esta caracterización, las nociones de condicionalidad juegan un rol fundamental en la construcción de discursos de legitimidad política y social de las transferencias monetarias, y los expertos la difunden ampliamente en el repertorio de aspectos programáticos.
En la literatura existente sobre las TM, los expertos han distinguido dos tipos de intervenciones, a saber: las que están asociadas a una “condicionalidad fuerte”, y, por otro lado, las que se asocian a “condicionalidades blandas” (Cecchini y Martínez, 2011). En el universo de las TM asociadas a “condicionalidades fuertes” se ubican los programas PROSPERA (México) y Familias en Acción (Colombia), los cuales establecen una relación directa entre la noción de transferencia monetaria y condición a partir del ejercicio de un control sistemático y punitivo sobre el cumplimiento de los efectos propuestos por los pagos realizados. Argentina forma parte, junto a Brasil, de los países que ejercen “condicionalidades blandas” sobre las TM. Según las acepciones expertas, el incumplimiento de dichas condicionalidades no suele ser considerado como sancionatorio y, en algunos casos, la verificación de dicho cumplimiento tiende a ser débil o inexistente. De la siguiente manera dan cuenta de estas concepciones dos de los expertos con mayor trayectoria en nuestro país:
El tema con el cumplimiento de condicionalidades es que tenés el modelo mexicano y el modelo brasileño. El mexicano es un tema muy de rational choice (elección racional): si vos no cumplís, como esto tiene que generar un cambio de comportamiento, yo te lo saco y te demuestro que tengo un poder punitivo. En Brasil, que tiene un enfoque más del derecho, el no cumplimiento de la condicionalidad activa al Estado nacional y al municipio para entender por qué no estás cumpliendo. Básicamente, Argentina eligió el modelo de Brasil acerca de transferir ingresos, pero nunca se implementó ningún tipo de control siquiera para el seguimiento de las familias. (Entrevista a experto CIPECC, 15 de julio de 2015)
Mi interpretación es que todo el tema de las condicionalidades era importante en lugares como México. El Progresa empieza en áreas rurales pobres de México, no es lo mismo que (el municipio de) La Matanza. Esas eran áreas rurales donde hay analfabetismo, es mucho más duro. Ahí era importante todo lo que eran las condicionalidades de salud y eso. Creo que, en contextos urbanos, en programas masivos, las condicionalidades son más una manera de vender mejor la transferencia, que no sea plata por nada, es una manera de vendérselo a los que están un poco por encima de los que la cobrarían. (Entrevista a experto CEDLAS (a), 15 de abril de 2015)
Como señala Maxime Molyneux (2006), los programas de TM fueron diseñados en torno a los principios que marcaron la agenda de los organismos internacionales durante la década del 90’: las nociones de participación, empoderamiento y corresponsabilidad. Las “condicionalidades” reúnen o sintetizan tales aspectos. Una serie de trabajos ha resaltado los efectos de estas políticas en tanto medidas que empujan a los sujetos a participar activamente en su desarrollo y a ser proveedores de su propio bienestar (Molyneux, 2008). También se las caracterizó como políticas que inducen o moldean los comportamientos de los pobres (Costa y Paiva, 2010), transforman cuestiones de derechos en medidas punitivas (Lo Vuolo, 2013) e incluso introducen una nueva focopolítica neoliberal con tecnologías para regular a las poblaciones pobres (Álvarez Leguizamón, 2011).
Citar estas perspectivas es relevante en la medida que se constituyen sobre la base de trabajos de investigación de otras experiencias de TM de la región. Sin embargo, al aplicar estas miradas a la situación de las transferencias de Argentina en particular, se plantea una paradoja, puesto que nuestro país se ubica entre aquellos que proponen programas de TM con “condicionalidades blandas” y, además, muchos de los expertos entrevistados señalaron la inexistencia de medios de control sobre las condicionalidades programáticas. Se podría inferir, por lo tanto, que parte del establecimiento de las condicionalidades remite en la operación de trasladar algunas de las propiedades que los expertos le atribuyen de “forma natural” al dinero:
Si yo te doy plata, vos cambiás tu comportamiento. Si te doy mucha plata, vas a cambiar mucho tu comportamiento. Si te doy poquita, vas a cambiarlo poquito. Eso no vale la pena discutirlo. Va a pasar. Si yo le doy a cada señora diez mil dólares por cada niño todos los meses, va a tener un cambio de comportamiento muy importante. Y si le doy un peso, no se va a dar por enterada. Si le doy 400, 600, 800, va a cambiar algunas cosas. (Entrevista a experto Banco Mundial, 22 de junio de 2015)
En las palabras del entrevistado podemos apreciar la reaparición de algunos de los significados del dinero que los expertos sostenían en las primeras páginas de este capítulo: el dinero, nuevamente, es pensado como un elemento homogéneo que contiene significados unívocos. Desde los saberes expertos y las prácticas de expertise que los economistas movilizan a través de las entregas de dinero, las condicionalidades sólo pueden tener un sentido uniforme, que consiste en asumir que los agentes van a realizar cambios en sus comportamientos de acuerdo a la supuesta naturaleza de la moneda. La presencia del dinero supone para los expertos que los hogares pobres van a tener conductas y prácticas racionales y, asimismo, que van a considerar los montos transferidos como un elemento específico de cálculo entre costos y beneficios.
La titularidad femenina
En México se incrementó el consumo de calorías, de proteínas. Ese sistema de entregárselo a la mamá, que es la persona más altruista de la casa y más juiciosa, puede ser que sea por eso… pero empíricamente no se ha mostrado ese impacto. Es que suena bonito dárselo a las mujeres y a los niños. (Entrevista a experto BID, 2 de julio de 2015)
“Suena bonito” dice el entrevistado. Uno de los expertos en TM más destacados de nuestro país señalaría que “siempre es mejor políticamente una transferencia dirigida a las mujeres o a los niños”. En un pasaje de la entrevista a uno de los expertos del CEDLAS, éste explica que “lo que se suele hacer es más bien de darles plata, en base a los trabajos e investigaciones de otra gente que dice que es mejor dársela a las mujeres”. “La historia detrás de Oportunidades”, un trabajo publicado por el experto del BID Peter Bate, destaca que el legado de la titularidad femenina de los programas de TM radica en la perspectiva desplegada por uno de sus “arquitectos”, Gómez de León: “él creía que era posible fortalecer la posición social de la mujer, a los ojos de sus familias y de sus comunidades, si tenían sus propios ingresos, aunque provinieran de la asistencia pública” (Bate, 2004: 2).
Desde sus orígenes y hasta la actualidad, los programas de transferencias de dinero se estructuran a partir de la premisa de la titularidad femenina. Si se consultan los diferentes documentos de los organismos internacionales y los trabajos de los expertos, se puede constatar que esta noción se sostiene en una visión de las mujeres como las personas con las prácticas más altruistas en los hogares pobres y, por ende, como aquellas más dispuestas a realizar un uso correcto del dinero que garantice las inversiones en el capital humano de los niños/as en lo que refiere a aspectos de nutrición, salud y educación. A su vez, esta estrategia se ofrece como una posibilidad para abordar las desigualdades de género entre hombres y mujeres. (CEPAL; 2011, Banco Mundial, 2009).
Al igual que muchos de los elementos que pretenden tener un carácter performativo sobre el dinero transferido, la premisa de la titularidad femenina se propaga en los programas de TM a partir de la aparición de distintos hallazgos expertos que, en la mayoría de los casos, presentan evidencias controversiales o inespecíficas. Las experiencias pioneras en evaluaciones cualitativas sobre los programas Oportunidades y Bolsa Familia demostraron mejoras en los consumos nutricionales de los hogares o en el acceso a diferentes bienes, pero resultaron escasas las evidencias sobre el capital humano o la reducción de la desigualdad de género (Gonzalez de la Rocha y Escobar, 2002; Latapí y González de la Rocha, 2003; Campelo y Cortes, 2013). Incluso los análisis más críticos de los expertos admitieron la existencia de un foco de debate en torno a las condicionalidades al reconocer que los programas contienen aspectos familiaristas, patriarcales y paternalistas que anudan las transferencias de dinero a la naturalización de ciertas responsabilidades de género (Molyneux, 2009; Franzoni y Voorend, 2009; Adato, 2008).
Algunos de los aspectos que se acaban de mencionar, fueron abordados por las mujeres expertas en programas de TM y cuestión de género entrevistadas para este trabajo, acaso las más relevantes que hay en nuestro país. Las especialistas, investigadoras y miembras activas de institutos locales de expertise en TM vinculadas a los organismos internacionales bajo diferentes roles, coinciden con algunas de las cuestiones reseñadas por la bibliografía experta:
Hay estudios de género sobre los programas de transferencias, pero ningún estudio puede concluir que estos programas son buenos o malos para las mujeres. Creo que los programas son ambiguos, tienen virtudes, entre ellas transformar a las mujeres en sujetas de la intervención del estado. La transferencia monetaria, en contextos en los que la alternativa a ese recurso monetario es la nada, para muchas mujeres es la primera vez que pueden acceder a un ingreso monetario estable. […] Sin embargo, la autonomía de las mujeres también se pone en riesgo porque estos programas han reforzado la naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar. Es una corriente de maternalismo social en la política social. (Entrevista a experta CIEPP, 5 de agosto de 2015)
Hay que distinguir entre necesidades prácticas y estratégicas de género. No siempre lo que resuelve prácticamente una necesidad que viene fundada en la desigualdad de género es estratégico para cambiar el orden de género, porque vos necesitás derribar estereotipos de todo lo que un varón y una mujer pueden hacer en la sociedad y establecer pautas menos patriarcales de convivencia entre varones y mujeres. A veces, decir: ‘Porque las mujeres están a cargo del hogar son más responsables y me garantizan que la plata va a ser gastada en los niños, entonces se la voy a dar a los niños’, eso te soluciona una necesidad práctica, porque probablemente la mujer esté necesitando esa plata y la va a volcar ahí. Pero, en realidad, como Estado y normativamente, no estás dando una buena señal, porque reforzás la idea de que las mujeres tienen que tratar con la necesidad de cuidado. (Entrevista a experta UNICEF, 13 de julio de 2015)
Las palabras de las entrevistadas permiten confirmar que las transferencias de dinero centradas en las madres o mujeres responsables del hogar presentan una gran ambigüedad. Esta situación plantea una paradoja, ya que la titularidad femenina ocupa un lugar incuestionable en las estructuras programáticas de las políticas sociales de TM de toda la región, y se la considera una premisa que debe ser replicada en cada experiencia local. Pero esta paradoja sirve también para identificar aquello que se le atribuye al género femenino a través del dinero: la figura de la mujer encarna algunas de las cualidades que los propios economistas utilizan para performar el dinero.
En virtud de lo expuesto es posible afirmar que las supuestas prácticas altruistas de las mujeres, tan a menudo citadas por los expertos y organismos, no hacen otra cosa que fundirse con las condiciones de producción y de diseño del dinero que los expertos quieren propagar. En ese sentido, la figura de las mujeres, siempre asociadas a prácticas altruistas, representa un elemento más que performa y aporta al sentido instrumental que los expertos trasladan al dinero de las TM: por sus supuestas cualidades innatas, la mujer parece ser el actor más racional en relación al uso del dinero y quien asegura las inversiones más adecuadas en los niños, maximizando los beneficios y los costos de oportunidad y dentro de un marco que considere las elecciones más adecuadas para el desarrollo del hogar.
En resumidas cuentas, para los expertos resulta mucho más provechoso seguir abonando y reproduciendo cierta mirada sobre la cuestión de género que perturbar la dimensión económica performativa para producir un dinero con condiciones.
Tecnologías y sistemas de información
La oleada latinoamericana, o los programas genuinamente latinoamericanos, han formado una nueva generación de políticas sociales. Efectivamente, hubo grandes cambios para la política social, estos programas incorporaron la tecnología y eso permitió que se generara también una cultura de la profesionalización. Esto ha tenido cosas buenas, hoy hay equipos de expertos jóvenes, preparados, dinámicos. Se ha profesionalizado el campo de la política social. (Entrevista a expertos CEPAL, 13 de mayo de 2015)
Una cuestión planteada por la mayoría de los expertos entrevistados es la incorporación de la tecnología y sus diferentes herramientas en torno a la nueva configuración de las políticas de entrega de dinero. Los expertos más relevantes en términos de programas TM de nuestro país se han referido a éstas como “políticas tecnológicamente innovadoras”, “resultado de la implementación de tecnologías eficientes” o “maquinarias tecnológicas inmensas”, según el caso.
Los expertos resaltan el rol preponderante de la tecnología y los sistemas de información como los aspectos innovadores que han desarrollado las políticas de entrega de dinero en efectivo: “Algo como la AUH en Argentina fue posible gracias a toda la fuente inagotable de información y datos que representan las bases de ANSES”, explica uno de los expertos entrevistados para este trabajo. La incorporación de la tecnología a los mecanismos de las políticas sociales que comprenden a las TM ha llevado a la gran mayoría de los entrevistados a calificar a estas iniciativas como la “nueva generación de políticas sociales”.
La gran cantidad de bibliografía circulante sobre programas de TM concluye que la presencia de sistemas de información y herramientas tecnológicas adecuadas ha sido una de las virtudes de estas políticas y el motivo por el cual se han convertido en la “nueva generación de políticas sociales”. Según los expertos, en el marco de las políticas de entrega de dinero se han desarrollado las mejores formas de focalización y selección de los beneficiarios a través de la utilización de distintos métodos, entre los que sobresalen recortes por poblaciones objetivo o localización geográfica, la selección de hogares pobres o indigentes, formas de auto-focalización e, incluso, la combinación de distintos métodos (Banco Mundial, 2009).
Las tecnologías aplicadas en las TM han fortalecido nociones como “eficacia” y “eficiencia” o “costo” y “oportunidad”. En este sentido, la incorporación de las distintas herramientas tecnologicas ha permitido desplazar las viejas lógicas políticas tan preocupantes para los expertos –el denominado “clientelismo”– e incorporar criterios nuevos considerados “objetivos”. Los expertos se han pronunciado a favor de la incorporación de tecnologías diversas tanto para garantizar la efectiva asignación de los recursos y la claridad de los procesos de implementación de las políticas, como para facilitar el control de las condicionalidades y su poder punitivo y favorecer la intersectorialidad de los programas, así como la transparencia y la confiabilidad de las intervenciones para con los grupos no receptores. El seguimiento, el monitoreo y la evaluación permanente han sido también logros celebrados por los expertos gracias a los procesos tecnológicos impulsados por las TM.
En la “noción de nueva generación de políticas sociales” se inscribe otra serie de elementos que organizan la performatividad sobre el dinero. Siguiendo el trabajo de Vincent Gayon y Benjamin Lemoine (Gayon y Lemoine, 2010) sobre el dinero público en Francia, se observa que la instrumentación de una política da forma a los fondos públicos. Según los autores, los indicadores de referencia, los sistemas de información y de previsión, las aplicaciones estadísticas o las formas de clasificación y selección “pueden contribuir de forma directa a la producción del dinero público, la legitimidad de sus usos y el público al que se dirigen” (Gayon y Lemoine, 2010: 5).
La tecnología al servicio de los procesos de los programas sociales de entrega de dinero permite confeccionar un tipo de dinero que represente las cualidades que los aspectos tecnológicos le aportan: un dinero dirigido a las “poblaciones adecuadas”, bajo criterios supuestamente “objetivos” de asignación y que redunda, por lo tanto, en entregas de efectivo “eficaces” y “eficientes”. Los andamiajes tecnológicos y los sistemas de información diseñan un dinero a partir del cual se puede tener un control permanente de las condicionalidades y medir el alcance de los objetivos propuestos.
Las tecnologías que se encuentran ensambladas en los procesos de diseño e implementación de las TM están contribuyendo de forma permanente a la configuración y la reconfiguración del dinero transferido. Al igual que la serie de elementos performativos que hemos descrito hasta el momento, los instrumentos tecnológicos han incorporado a estas políticas ciertos criterios considerados como irrefutables dentro del universo de los saberes expertos, a la vez que han permitido legitimar la producción experta del dinero.
La “evaluación” como consigna
Estas políticas sociales tienen la virtud de estar diseñadas para ser evaluadas, fue una de las afirmaciones más habituales entre la mayoría de los expertos que entrevistamos. La idea de que los programas de TM son pasibles de ser evaluados también se encuentra presente en una infinidad de documentos institucionales y guarda relación con la trayectoria del programa PROGRESA/ Oportunidades de México: “la política social más evaluada del mundo” (Villatoro, 2005)[4]. De la siguiente manera hablan algunos de los expertos entrevistados sobre la posibilidad que tienen las TM de ser evaluadas:
Este es un tema al que el banco (BID) le presta mucha atención: un programa de transferencias no pasa a ser financiado si no está pensada la evaluación desde antes. Por supuesto que en todos los países la realidad es bien distinta (…) En México, tras la experiencia de PROGRESA, la cosa ya permeó y es gracias a la existencia del Consejo Nacional de Evaluación de Política Social que se han generado diez años de cultura de la evaluación. (Entrevista experto BID, 2 de julio de 2015)
Los PTC (programas de transferencias condicionadas) tienen la ventaja de que te permiten mostrar resultados, son programas que han incorporado la evaluación desde sus diseños (…) México ha sido el gran ejemplo con el PROGRESA. Cuando se lanzó el programa, los niveles de corrupción eran muy elevados y, entre otras cosas, había que defender el programa mostrando resultados. Entonces, se hicieron evaluaciones externas, de impacto, sobre consumos, más bien se trató de hacer disponibles los datos y que los expertos pudiéramos intervenir. (Entrevista a experto CEPAL, 13 de mayo de 2015)
Las palabras de los entrevistados confirman la idea que la evaluación es uno de los aspectos fundamentales de las TM, ya que permite mostrar resultados con diferentes instrumentos que den cuenta del impacto y los efectos en términos de pobreza, indigencia, escolaridad, consumo, nutrición, etcétera. En segundo lugar, estas apreciaciones revelan que la evaluación se constituye como un momento de constatación de los resultados de las transferencias de dinero y, por lo tanto, de objetivación de los efectos que ese dinero puede producir sobre la realidad social.
En este sentido, los trabajos del sociólogo e historiador Alain Desrosieres (2011) que señalan la influencia de la cuantificación y la estadística en la construcción del mundo social, permiten trazar una analogía respecto de los efectos de las evaluaciones en las TM: las formas estadísticas y/o cuantitativas vinculadas a las evaluaciones de los programas ensamblan distintos elementos que performan al dinero transferido[5]. Todos los indicadores de pobreza o indigencia, índices de desigualdad, las aproximaciones cualitativas, los efectos sobre la escolaridad o la nutrición, los modelos econométricos y demás formas evaluativas, se anudan en las TM para producir y reproducir constantemente al dinero. Al mostrar resultados a través de las evaluaciones los expertos diseñan y rediseñan al dinero de forma constante.
Se puede pensar a las evaluaciones como instancias a través de las cuales los expertos desarrollan nuevos instrumentos performativos, no sólo utilizándolas como un medio para constatar sus propias definiciones sobre el dinero, sino, también, construyendo a partir de ellas verdaderos laboratorios monetarios para rediseñar el dinero (Foli, Béland y Fenwick, 2017). Los conceptos vertidos por uno de los principales expertos de TM de nuestro país sobre este aspecto son, cuanto menos, provocativos:
En Argentina todavía no pudimos exprimir a pleno la potencialidad de la evaluación de estas políticas porque no hay una tradición en evaluación. (…) Se han desaprovechado y son tan grandes que se pueden prestar a la experimentación. Por ejemplo, qué pasa si te doy un subsidio y te pongo una condicionalidad más: que la madre vaya a reuniones mensuales sobre sexualidad responsable. O lo que sea, o te duplico el subsidio y te doy un incentivo para que hagas tal cosa en salud. No sé, millones de cosas se pueden pensar para ir mejorando esto… si tiene impacto, ¿qué hace la gente con la plata? ¿cómo hacer para que el impacto sea más grande?, ¿se lo damos a la mujer, la mitad a ella y la mitad al esposo? Hay muchas cosas que uno puede experimentar para mejorar el impacto de esta política. (Entrevista a experto CEDLAS (b), 13 de agosto de 2015)
En el mismo sentido en que el experto especialista perteneciente a la CEPAL se refería al hecho de que los expertos cuenten con los datos para “poder intervenir”, éste entrevistado hace referencia a otro elemento performativo utilizado por los expertos en TM: las diferentes evaluaciones, según él, son oportunidades para “experimentar”. De hecho, para la totalidad de los expertos que entrevistamos a lo largo de nuestro trabajo de campo, la escasa tradición evaluativa sobre las políticas sociales de TM de nuestro país encuentra su punto más vulnerable en la imposibilidad de realizar “experimentos”. Se hace evidente, a la luz de esta comunión de criterios, que los expertos están mucho más preocupados por acceder a instancias que les permitan reproducir sus prácticas de expertise y performatividad sobre el dinero que por el hecho de conocer el verdadero impacto de las políticas de entrega de dinero.
Desde la perspectiva de los estudios de la performatividad, trabajos como los de Francesco Guala (2007), Fabián Muniesa y Michel Callon (2007) le han prestado atención a la noción de economía experimental. Es pertinente detenerse en los aportes de estos autores cuando interpretan la experimentación dentro de las ciencias económicas como una instancia de constatación de los procesos económicos y de institucionalización de nuevas alternativas: la economía experimental pone a la ciencia económica “a trabajar”, introduce elementos para generar determinados comportamientos, analiza resultados e intenta replicarlos en otros escenarios o, incluso, utiliza la información recabada para realizar predicciones (Guala, 2007: 129-130).
Fabian Muniesa y Michel Callon (2007) se han referido a la economía experimental como un momento performativo que ensambla la realidad de forma particular porque se trata de una instancia de acción y reflexión: los experimentos no sólo están fabricando un orden para observar, sino que también están construyendo una realidad a partir de aquello que observan. Si bien los autores señalan que la experimentación puede tener formas diversas, sus indagaciones hacen foco sobre tres criterios que se suelen aplicar en estas operaciones: 1) los sitios en que se desarrollan las prácticas de experimentación, 2) la naturaleza de la manipulación que se realiza de los objetos que forman parte del experimento, y 3) las formas de demostración que rigen el método experimental (Muniesa y Callon, 2007: 163-164).
Cuando el entrevistado hace referencia a la noción de “experimentación”, se refiere explícitamente a la posibilidad de experimentar sobre las formas del dinero, sobre las condiciones para la entrega del efectivo y sobre los comportamientos de las personas, o lo que Muniesa y Callon (2007: 178) denominan como la performatividad de la experimentación en la escala real. Con la excusa de la “experimentación”, los expertos conciben la realidad como un verdadero laboratorio económico monetario donde se pueden introducir determinadas condiciones –significados del dinero, condicionalidades, posibles titulares, predicción y/o proyección de sus comportamientos, montos, etcétera– con el objetivo de modificar el dinero, estabilizarlo o producirlo de alguna manera específica para que genere determinados comportamientos para, así, diseñarlo y rediseñarlo constantemente.
En resumidas cuentas, tanto las evaluaciones como los experimentos a los que se refieren los expertos buscan performar al dinero: son instancias a través de las cuales los expertos observan cómo funciona el dinero, reafirman las representaciones que tienen sobre la moneda desde el campo económico e intervienen sobre el mismo para diseñarlo o transformarlo. Las evaluaciones y los posibles experimentos se encuentran ensamblados en la construcción de la performatividad del dinero: sirven para constatar supuestos, demostrar resultados y explorar diferentes formas de aplicación de las políticas de entrega de dinero.
“Solo hay que darles dinero a los pobres”
Entre muchos de los expertos entrevistados para este trabajo se repite una frase: “sólo hay que darles dinero a los pobres”. Esta expresión proviene de un libro escrito por reconocidos especialistas en TM a nivel global. El libro se titula Just give money to the poors y sus autores son Joseph Hanlon, Armando Barrientos y David Hulme (2010).
El libro Just give money to the poors representa, quizás, el mayor ejemplo del ejercicio performativo sobre el dinero de las transferencias monetarias. Retomando la visión más instrumental del dinero desarrollada desde el campo económico, los autores señalan que el problema de la pobreza es una situación que se genera a partir de la ausencia de “pequeños montos de dinero”. Los autores sostienen que con una transferencia de “monto medio” los hogares pobres reciben más de dos dólares por día, suma que los ubica por arriba de la línea de pobreza estandarizada por los organismos internacionales (Hanlon, Barrientos y Hulme, 2010: 2-3).
Hanlon, Barrientos y Hulme aseguran que las TM han generado una “verdadera revolución silenciosa”: “una suma garantizada de ingresos habilita a los pobres a transformar sus propias vidas” […] “mucha gente está atrapada en la pobreza porque no cuenta con una pequeña suma de dinero para comprar las cosas que ellos saben que necesitan, como sus medicinas o los libros escolares o comida o fertilizantes. Ellos están en un agujero del cual no saben cómo encontrar la salida; las transferencias de dinero les proveen una escalera” (Hanlon, Barrientos y Hulme, 2010: 4)
Las transferencias se justifican partiendo de la base de que los dineros en las manos de los pobres están bien utilizados: ellos reconocen mejor que cualquier Estado cuáles son sus necesidades. Respecto de los usos, los autores aseguran que las inversiones son razonables aunque muchas veces no se adapten a comportamientos racionales, es decir, son razonables a la luz de las condiciones de vida que tienen los pobres. Las transferencias no sólo los impulsan a “abandonar la trampa de la pobreza” a través de la puesta en movimiento de “sus propios proyectos de desarrollo” (emprendimientos, trabajos domésticos, capacitación, etc.) sino que también generan un “espiral virtuoso del desarrollo” en la medida que las comunidades pobres se retroalimentan de la circulación que generan estos dineros.
En diez breves capítulos, Just Give Money to the Poor describe las entregas de dinero como el nuevo paradigma que está transformando el modelo neoliberal asignando un gran rol al Estado y entregando dinero a un gran número de personas” (Hanlon, Barrientos y Hulme, 2010: 25). En el libro, los autores incluyen gran parte de los elementos performativos que venimos describiendo en este trabajo. Las nociones de inversión en el capital humano, las controversias sobre la utilización de las condicionalidades, la confusa premisa sobre la titularidad femenina, los sistemas de información y las diversas tecnologías, así como las diferentes evaluaciones y experimentaciones se encuentran reseñadas y justificadas a partir del análisis de una infinidad de documentos institucionales y de los dichos de expertos en TM de diferentes partes del mundo.
El ejercicio performativo sobre el dinero presente en Just Give Money to the Poor se consolida en el capítulo de cierre del libro, donde los autores aseguran que las transferencias en efectivo trabajan sobre cinco principios; el dinero es sinónimo de que las transferencias son “justas”, “seguras”, “prácticas”, “proveen ingresos a los hogares y garantizan el desarrollo” y son “populares” puesto que son aceptadas entre los diferentes grupos sociales. Las argumentaciones de los autores sobre estos “cinco principios” también están presentes en nuestros expertos entrevistados: el dinero es “libertad de elección” en el mercado, “es seguridad” y “es certeza” (Hanlon, Barrientos y Hulme, 2010: 173-179).
La frase “sólo hay que darles dinero a los pobres” es utilizada por los expertos entrevistados en tanto que en ella se condensan las ideas performativas que los expertos promueven para contribuir a la construcción de un tipo de moneda específica: un dinero que arrastra las premisas y suposiciones propias que ese mismo dinero porta en el campo económico, y que luego se trasladan al diseño programático de las políticas sociales. El diseño de éste dinero se realiza a través de ejercicios performativos que facilitan su programación permanente: los expertos observan cómo funcionan las políticas de TM para formar, performar y dar forma al dinero.
En un trabajo etnográfico centrado en el análisis de las actividades laborales de jugadores de póquer, sacerdotes y agentes financieros, Kevin Delaney (2012) se detiene en un fenómeno que es oportuno citar aquí. Según Delaney, “diferentes tipos de trabajos producen distinciones culturales en torno a las interpretaciones sobre el dinero, y el tipo de trabajo que las personas realizan organizan una concepción sobre el dinero” (Delaney, 2012: 5). Siguiendo tal conceptualización, y en analogía con la noción de performatividad que estructura nuestro argumento, el autor desarrolla la noción de “cultura monetaria” para hacer referencia a las estructuras económicas de algunos tipos particulares de trabajo que producen y reproducen una cultura monetaria específica que, al mismo tiempo, da forma y reforma a las estructuras de trabajo y a los individuos que realizan esos trabajos. (Delaney, 2012: 13-14).
El autor sostiene que cada universo laboral crea una cultura monetaria propia en base a un trabajo cognitivo y emocional que: a) produce distintas miradas sobre el dinero, b) elabora distintas retóricas o vocabularios específicos, y c) promueve todo un trabajo específico de socialización y transmisión (rituales de producción y reproducción) de esa mirada del dinero dentro del universo de expertos. Lo que postula Delaney es una cultura monetaria particular que, por medio de una serie de valores y creencias sobre el dinero que se expresan, asimismo, mediante símbolos, cogniciones, sistemas de creencias y narraciones, se extiende a través de diferentes espacios de trabajo (Delaney, 2012: 205-2014).
A partir de la lectura de Delaney, es posible volver a pensar las afirmaciones de los expertos entrevistados: el ejercicio performativo desplegado por los saberes expertos persigue el objetivo de desarrollar una cultura monetaria propia en torno a las políticas de entrega de dinero. Los saberes expertos, al movilizar los diferentes elementos performativos que reseñamos en este capítulo, diseñan y programan un dinero que devela la interconexión que existe entre las estructuras económicas de sus trabajos y las concepciones sobre el dinero presentes en sus prácticas de expertise en torno a las políticas de transferencia monetaria.
Como los jugadores de póquer o los agentes financieros estudiados por Delaney, los expertos en transferencias monetarias producen una mirada económica sobre el dinero. Al elaborar retóricas específicas y poner en juego múltiples ejercicios performativos, los expertos promueven los rituales de producción y reproducción necesarios para organizar una concepción sobre el dinero. Diseñando, evaluando o experimentado con las transferencias monetarias, los expertos producen y reproducen una cultura monetaria específica que, a la vez, actúa dando forma y performando a las interpretaciones que la economía y los economistas tienen sobre el dinero.
Sin embargo, los sentidos plurales del dinero de las TM desbordan la performatividad propuesta por los saberes expertos. Conviene reflexionar sobre este aspecto indagando en la multiplicidad de significados que produce el dinero en la vida social; a ello me abocaré en los siguientes capítulos.
- Para una crítica desde la sociología económica que considera las variaciones de la sociología francesa y la teoría de la acción respecto del homo economicus, consultar: Lorenc Valcarce (2014). ↵
- La versión en inglés se puede consultar en el siguiente link: https://bit.ly/32iaXEQ. Para la consulta del documento en su versión en español: https://bit.ly/3fuC9Uy.↵
- Para una consulta del documento que propone la relocalización de los saberes expertos en el ámbito de la República Argentina: https://bit.ly/2Wj8ciM.↵
- Como ya lo han señalado los trabajos de Agudo Sanchíz (2009) y Andrés Dapuez (2013) en que se analiza la experiencia del PROGRESA/ Oportunidades, los monitoreos y las evaluaciones sistemáticas de las TM, además de analizar resultados de impacto y efecto de las políticas, han contribuido a desarrollar reformulaciones sobre las intervenciones monetarias y en los esquemas de exportación de las políticas hacia otros puntos geográficos.↵
- La noción desplegada por Alain Desrosieres entiende a la estadística como el conjunto formado por la conformación, el registro y los algoritmos de análisis de datos cuantitativos, bajo la forma de series, índices, modelos econométricos y muchas otras herramientas hoy disponibles en los bancos de datos y en los “paquetes” informáticos (Desrosieres, 2011: 78). Sería muy difícil dar cuenta de todas las instancias de cuantificación de los procesos de las políticas de TM puesto que son múltiples y globales. Sin embargo, arrojamos la hipótesis de que todos aquellos procesos convergen en una producción sistemática de conocimientos estadísticos que performan al dinero de las TM, diseñándolo. ↵






