En el transcurso del mes de agosto del año 2008, exactamente un año antes de obtener el título de licenciado en trabajo social, logré insertarme laboralmente en un programa de transferencia monetaria municipal denominado Envión[1], perteneciente al Municipio de Avellaneda[2]. El mismo estaba dirigido a adolescentes de entre 12 y 18 años que se encontraran en situación de vulnerabilidad social con el objetivo de ayudarlos a concluir sus estudios secundarios y de ofrecerles –a contraturno de la escuela– talleres de apoyo escolar, capacitación y oficios. La asistencia escolar y las actividades complementarias se constituían como las condiciones necesarias para que los adolescentes beneficiarios recibirían un estipendio mensual en forma de beca que ascendía a la suma de $150 (para la época, un valor aproximado a unos 49 dólares estadounidenses).
Durante el período en que realicé mis estudios de grado, las políticas sociales ocupaban un lugar central en los programas de las distintas asignaturas. Sin embargo, en ninguna de ellas el dinero era un tema importante. Las pocas veces que se hablaba de políticas sociales y dinero en las aulas de mi carrera, tenía que ver con la idea de un universo inmoral donde se encontraban punteros y clientes, es decir, sobre la existencia de ciertos mediadores políticos irrumpiendo e intermediando en los canales de provisión de bienes y servicios.
Al insertarme laboralmente en el Envión, descubrí que la emergencia del dinero en las políticas sociales sorprendía mis esquemas aprehendidos en el campo del trabajo social: sentía incertidumbre e incomodidad a la hora de relacionarme con las personas con las que debía trabajar. Pronto supe que no era el único que se sentía así. Los directivos de la subsecretaría de la cual dependía el programa se mostraban muy preocupados por borrar las huellas del dinero, al punto tal que insistían en evitar la utilización de la palabra “plan”: “No es un plan, es un programa”[3], afirmaban. Esta preocupación obedecía a ciertas representaciones negativas de los directivos sobre los planes sociales que transferían dinero a los beneficiarios. Esos mismos directivos aseguraban que el dinero que se transfería a los adolescentes debía ser pensado como “un medio para, y no un fin en sí mismo” y se esforzaban en instalar esa definición del dinero que ofrecía el programa porque la consideraban como “la mejor estrategia para que los adolescentes participen del programa”.
Paradójicamente, en todo un universo de agentes (trabajadores sociales, planificadores de política pública, políticos profesionales), mientras más se usaba el dinero en las políticas sociales, más se intentaba ocultarlo y silenciarlo.
Ese ocultamiento contrastaba con las conversaciones que solía escuchar durante mi tránsito por los barrios populares de Avellaneda: allí, todos hablaban del dinero del programa. Los adolescentes se referían al dinero del Envión como “una bocha de guita”, expresión que no aludía sólo a la cantidad, sino también a las prácticas de consumo que ese dinero habilitaría para ellos (ropas, zapatillas, celulares, salidas nocturnas, etc.). Los padres, en muchas oportunidades, se referían a ese dinero como “un sueldito”. Otros vecinos, al hablar de ese dinero, no podían evitar juzgar las prácticas de los adolescentes: “les dan plata a los vagos que no quieren ir a la escuela” o “les pagan para que se droguen y salgan a robar”.
Las formas de nombrar y silenciar el dinero ponían en crisis mis conocimientos profesionales y los espacios de intervención del trabajo social. Me resultaba sumamente complejo construir una interpretación que me ayudara a superar los propios obstáculos de mi formación como trabajador social para dilucidar lo que sucedía con ese dinero. Mientras más se pluralizaban los sentidos sociales del dinero, más se evidenciaba el desfasaje entre mis esquemas de trabajador social y esa realidad.
Siete años más tarde de mi recorrido por el programa Envión, me encontraba en la oficina del líder del Programa para la Educación, la Salud, la Protección Social, el Trabajo y la Pobreza del Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay para entrevistar a un destacado experto en políticas sociales de transferencia de dinero de la región latinoamericana, quizás, uno de los más relevantes en el surgimiento de dichas políticas en la República Argentina. “Es algo simple”, respondió el entrevistado cuando le pregunté sobre el dinero: “no hay una reflexión sistemática sobre el dinero: el dinero es un medio de cambio para adquirir bienes y servicios”.
Las palabras del entrevistado espolearon mi necesidad de indagar en una trama mucho más amplia de actores sociales, saberes y significados acerca del dinero transferido a partir de los programas sociales de transferencia monetaria (TM).
La globalización del dinero vía transferencias monetarias
En los últimos veinte años se produjo una transformación notable en el campo de las políticas sociales a nivel global a partir del surgimiento de intervenciones estatales centradas en transferencias directas de dinero dirigidas a los sectores pobres[4]. Conocidas como transferencias monetarias (TM), estas políticas suplantaron la tradicional provisión de bienes y servicios por la entrega de dinero en efectivo, estableciendo, en ciertas ocasiones, condiciones o prerrequisitos en materia de nutrición, salud y educación[5].
Desde los inicios de los programas de TM, las agencias de desarrollo y los expertos vinculados al Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) participaron en distintas instancias de evaluación y difusión (Teichman, 2007). Desde 2006 en adelante, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) promovió la incorporación de las TM como la principal estrategia de “combate contra la pobreza” en la región y de redefinición en las formas de protección social no contributiva. Dicha propuesta alcanzó su máximo esplendor a partir de la consolidación de la noción de “Piso de protección social” impulsada por un consorcio de organismos nucleados en torno a la Organización de las Naciones Unidas (2011).
La proliferación de los programas de TM estuvo acompañada de una serie de debates entre saberes expertos de diferentes organismos nacionales, regionales e internacionales vinculados a las políticas sociales. Distintos trabajos (Sugiyama, 2011 y Lomelí, 2009) reconstruyeron las experiencias consideradas emblemáticas en materia de TM –Programa PROSPERA (México) y Bolsa Familia (Brasil)– y dieron cuenta de las múltiples estrategias globales de difusión movilizadas por actores expertos y diferentes organismos financieros internacionales.
La trayectoria de las TM promovió una serie de indagaciones programáticas donde predominan informes técnicos y de expertos vinculados a los organismos. Los debates que sostienen los expertos giran en torno a una amplia gama de conocimientos y saberes especializados sobre las políticas sociales de entrega de dinero. Puesto que la tarea de enumerar y describir tales intervenciones resultaría agobiante, me limito a consignar aquí algunos de sus ejes fundamentales, que consisten en reflexiones sobre los esquemas de los programas (Banco Mundial, 2015 y 2008), la redefinición de la noción de protección social y su relación con las TM (ONU, 2011 y CEPAL, 2006), las características y componentes centrales (Cecchini y Madariaga, 2011), las definiciones de las poblaciones destinarias (OIT, 2010), las condiciones de la entrega del dinero, monitoreos permanentes, evaluaciones de proceso, de impacto y efecto, etcétera (Banco Mundial, 2009).
Cuando uno se aproxima a la experiencia de la República Argentina, lo primero que hay que señalar es que el contexto de surgimiento de las TM es el escenario post-crisis económica, política, social e institucional del año 2001. De forma similar a otros países de la región de América Latina, la República Argentina instituye las entregas de dinero en un escenario social que presenta extrema pobreza y altos niveles de desocupación e indigencia a partir de una intervención masiva bajo la implementación del programa Jefes y Jefas de Hogar – Derecho Familiar de Inclusión Social a inicios del año 2002. En los años que siguieron a esta intervención, Argentina se convirtió en un laboratorio monetario, en el marco del cual diferentes expertos pertenecientes al campo de las políticas sociales sostendrían álgidos debates respecto de las entregas de dinero en efectivo como paradigma emergente de las TM.
De forma similar a la actividad experta en el ámbito internacional, la consolidación y la expansión de las TM en Argentina se sustentó sobre la presencia constante de redes de expertos que legitimaban las entregas de dinero como esquema de transformación en las políticas sociales. En la actualidad también se destacan una serie de informes técnicos/gubernamentales y trabajos académicos enfocados en medir los indicadores de impacto y efecto de los programas de TM. Prevalecen los informes en relación al impacto sobre los índices de pobreza e indigencia elaborados por distintos organismos públicos vinculados a la implementación de los programas (Salvia; 2015; ANSES, 2012), como así también sobre los niveles de ingreso y vulnerabilidad en los hogares receptores (Agis, Cañete y Panigo, 2010) y sobre las modificaciones en pautas y acceso a distintos bienes de consumo (Kliksberg y Novacovsky, 2015).
Pese a la emergencia mundial de una serie de políticas que destacan la inclusión social en el marco de una incesante intermediación de transferencias monetarias y a la multiplicidad de enfoques y debates expertos sobre los programas de TM, son pocos los trabajos que se han detenido en un análisis cualitativo e interpretativo sobre los significados y usos sociales del dinero transferido a partir de las políticas sociales. Los abordajes exhaustivamente técnicos desplegados por los expertos no han reparado en construir una sociología del dinero. Este libro tiene el objetivo de llenar ese vacío.
El dinero como perspectiva
En este libro estamos interesados en avanzar en una concepción que dé cuenta de la vida social del dinero transferido a partir de las TM estatales, lo cual implica desasirse de aquellas nociones “apriorísticas” que piensan al dinero como un objeto propio de relaciones mercantiles, impersonales y afectivamente neutras.
Desde la década del 80’ en adelante se produjo una renovación en la agenda de investigaciones sobre el dinero, la cual puso en tela de juicio las narrativas que hablaban de un dinero universal y homogéneo y cuestionó ciertas definiciones modernas que pensaban al dinero como “equivalente general” (Marx, 1976), como “medio de todos los medios” (Simmel, 1996) o como “moneda de propósitos generales” (Polanyi, 2001). La literatura contemporánea que abordó distintos objetos de estudio y elaboró una narrativa centrada en la existencia de monedas múltiples proviene de disciplinas tan diversas como la economía e historia económica, la filosofía, la antropología y la sociología.
Dentro del campo de la economía y la historia económica, ciertos debates en torno al significado del dinero buscan trascender las definiciones clásicas establecidas por la economía ortodoxa y normativa, que determina al dinero solo por su capacidad de funcionar como unidad de cuenta, como medio de cambio y como reserva de valor. Los estudios recientes ligados a las escuelas económicas denominadas “regulacionistas” y de las “convenciones” (Aglietta y Orléan, 1998) han centrado sus preocupaciones en la correlación entre las crisis económicas y las dimensiones sociales, simbólicas y políticas de la moneda (Roig, 2016; Théret, 2007; Orléan, 2007).
Los estudios de la historia económica se han detenido en las operaciones de construcción y diferenciación del dinero privado y público en Francia (Lemesle, 2010), de prácticas económicas y morales en vendedores ambulantes del antiguo régimen (Fontaine, 2008), y de la utilización de técnicas pertenecientes al campo de la beneficencia para absorber el déficit público y financiar al Estado (Delalande, 2010). En el campo de la filosofía, los trabajos de investigación se inscribieron en la línea de interrogación del orden conceptual y genealógico sobre las prácticas de intercambio de mercado y la producción del significado social de la moneda (Cuillerai, 2004).
Desde mediados del siglo XX, la literatura antropológica y sociológica se ha empeñado en demostrar los usos múltiples del dinero y su carácter irreductible a una esfera social –el mercado– y un vínculo social –relaciones mercantiles– (Dalton, 1967; Bohannan, 1967; Bloch y Parry, 1989; Bloch, 1989; Zelizer, 2009 y 2011; Dodd, 1994; Guyer, 1994 y 2004; Weber y Dufy, 2009; Hart, 2004). Estos trabajos tuvieron la virtud de traspasar la división entre las denominadas sociedades “modernas” y “tradicionales” y observar que el dinero no tiende a disolver los lazos sociales, sino que incide en la construcción de nuevas formas de representación del mundo social y en las relaciones entre los actores sociales.
Tomaremos como referencia la perspectiva desarrollada por Viviana Zelizer (2011) sobre El significado social del dinero. Las indagaciones de Zelizer han confirmado la existencia de un mundo de saberes expertos, conformado por especialistas y técnicos vinculados al dinero que producen discursos jurídicos, económicos y políticos sobre su uso. Pero también, la autora ha demostrado los significados múltiples que el dinero posee en prácticas y transacciones específicas, que sólo pueden ser comprendidas a partir de una interpretación de los vínculos entre prácticas monetarias, relaciones sociales y universos culturales.
Zelizer propone superar las premisas de una supuesta división entre las ciencias económicas y sociales que desnaturaliza la oposición entre las circulaciones monetarias y las relaciones solidarias, afectivas o íntimas. Desde esta nueva concepción, el dinero no tiene una definición unívoca, sino que, por el contrario, “las personas introducen distinciones y diferenciaciones que sirven para crear y mantener significativamente diferentes grupos de relaciones sociales y que se corresponden con diferentes lazos sociales y sus significados” (Zelizer, 2009: 51). Esta perspectiva explica la existencia de monedas múltiples como el resultado de la interacción de cuatro elementos presentes en las transferencias monetarias: “las relaciones, las transacciones, los medios, y los límites” (Zelizer, 2009: 60). Desde este punto de vista, desafía las nociones que piensan al dinero sólo como medio de intercambio y objeto despersonalizado para demostrar que en diferentes escenas y contextos su uso tiene anclajes en dimensiones sociales y morales particulares (Weber, 2008).
En Latinoamérica, durante los últimos años, surgieron una serie de investigaciones de colegas del campo de la antropología y la sociología que han relevado los significados del dinero en el mundo popular[6]. Distintos trabajos mostraron cómo los sectores populares lidian con los significados sociales del dinero y las tensiones de los procesos de endeudamiento que atraviesan en sus prácticas económicas (Muller, 2009; Villarreal, 2009; Nelms, 2015). Otras indagaciones destacaron los procesos de financiarización del consumo cotidiano que deben afrontar los hogares más pobres para acceder a distintos bienes (Barrios, 2011 y Ossandon, 2011). Algunos trabajos se detuvieron en el análisis de los procesos de socialización que se dan a partir de los múltiples significados sociales que asume el dinero que forma parte del juego en los sectores populares (Figueiro, 2012; Rabossi, 2011; Da Matta y Soárez, 1999).
Puesto que nuestra indagación se ocupa de los significados del dinero en los sectores populares, encuentro imprescindible revisar los trabajos de Ariel Wilkis (2017). El autor ha explorado con detenimiento una multiplicidad de prácticas económicas y significados del dinero en los sectores más postergados y logró demostrar las múltiples conexiones y significados que el dinero puede alcanzar entre actores supuestamente disímiles. Como señalan sus trabajos, se observa la emergencia de una nueva infraestructura monetaria (Wilkis, 2015) entre los sectores populares: en el mundo popular, el dinero circula en relaciones mercantiles, familiares, amorosas, lúdicas, políticas, religiosas, y ocupa un lugar central en la vida social de las personas. Esta nueva infraestructura monetaria no sólo problematiza la creencia equivocada de que los pobres se encuentran desmonetizados, sino que también hace evidente el hecho de que los múltiples significados sociales y morales que transporta el dinero entre y hacia los sectores populares aportan elementos claves para pensar las concepciones sobre el orden social (Wilkis, 2013).
En lo que respecta a los programas de TM en la región de América Latina, los trabajos de Andrés Dapuez (2013) y Talita Jabs Eger (2013) se enfocaron en la cuestión del dinero y las políticas sociales. Dapuez (2013) estudió el surgimiento del Programa PROSPERA – Oportunidades en México. En su trabajo, el autor reconstruye la intervención de expertos del BID en el diseño de las medidas gubernamentales y analiza las transformaciones sociales acontecidas en las comunidades rurales objeto de intervención del programa. Talita Jabs Eger (2013), por su parte, analizó los procesos de implementación del programa de TM Bolsa Familia en una localidad municipal en la República Federativa del Brasil y destacó los significados sociales que adquiere el dinero transferido al interior de los hogares.
Otros trabajos recientes llamaron la atención sobre los desafíos y las consecuencias políticas que conlleva la expansión de los programas TM como nuevo modelo de protección social vinculado al mercado y al consumo. James Ferguson (2015) abordó el análisis de las TM en Sudáfrica como ejemplo de políticas innovadoras que han generado nuevas formas de redistribución. Desde la perspectiva antropológica, Ferguson ha señalado una dinámica relevante: los programas de entrega de dinero –bajo sus más diversos enfoques– se han mutualizado con ciertas políticas estatales buscando delinear un nuevo tipo de redistribución de la riqueza. Lena Levinas (2017), por su parte, analizó la expansión de las TM en Brasil como políticas de acceso al consumo que descomprimieron el conflicto social proveniente de las pujas distributivas. Pese a la relevancia de estas indagaciones, conviene señalar que prestan poca atención a cómo el dinero existe realmente en la vida de las personas.
La perspectiva de investigación que guía este trabajo propone pensar al dinero de las TM como un producto social maleable (Zelizer, 2017): sus significados sociales y morales sólo pueden comenzar a interpretarse si se los comprende más allá de los dictámenes que promueven los laboratorios expertos en TM o de las definiciones programáticas estatales. Para alcanzar esa comprensión, se hace indispensable incorporar una mirada sobre la vida social que esta moneda específica adquiere en el universo de los barrios populares.
Expertos, agentes estatales, hogares titulares y sentidos públicos: las tramas de la producción social del dinero
Distintos trabajos académicos centrados en la expansión y difusión transnacional de los programas de TM han reconstruido la incidencia que los saberes expertos tienen en la proliferación de las políticas, al analizar el rol que cumplen los organismos internacionales en los procesos de evaluación y en la exportación de las intervenciones a otros países de la región (Sugiyama; 2011; Lomelí, 2008; Teichman, 2007).
En el caso de la República Argentina, durante los últimos años distintas investigaciones llamaron la atención sobre la relación entre expertos y políticas sociales, resaltando la influencia de estos saberes especializados en la definición de la nueva cuestión social y en las formas de abordaje de la pobreza (Grondona, 2014; Cortes y Kessler, 2013; Vommaro, 2010; Garcé y Uña, 2006). Junto a los trabajos que se circunscriben al estudio de las TM, estos abordajes se erigen como propuestas teórico/ metodológicas que resultan fundamentales para la indagación que aquí se propone.
Seguimos la definición de Vommaro y Morresi (2011) quienes refieren a los saberes expertos no sólo como actores portadores de conocimientos, sino como campos de expertise: “hacemos entonces referencia a las formas de intervención en el campo del poder y de la producción de bienes materiales y simbólicos que remiten a un saber técnicamente fundado, ligado a una disciplina científica o a un campo profesional.” […] “La conformación de un dominio de expertise supone la construcción de legitimidad del discurso experto, de los instrumentos técnicos movilizados y de los expertos como portadores de esos discursos y esos saberes” (Morresi y Vommaro, 2011: 13-14).
Consideramos a los saberes expertos en programas de TM como un conjunto de conocimientos que se ensamblan bajo diferentes formas de intervención social donde convergen saberes especializados, procesos técnicos, dispositivos diferenciados y narrativas sobre el mundo social para dotar de significado al dinero transferido a partir de las políticas sociales. En consonancia con la teoría de la performatividad de las ciencias económicas proporcionada por los trabajos de Michel Callon (1998), las concepciones expertas sobre del dinero demuestran cómo los expertos están performando constantemente el dinero transferido a partir de las políticas sociales.
Sin embargo, la sociología del dinero que proponemos en este trabajo nos lleva más allá de los saberes expertos en TM. Lejos de apegarnos a los teoremas expertos, indagaremos sobre la vida social del dinero en los barrios populares. A partir de un abordaje etnográfico centrado en un programa de TM municipal denominado Envión, prestaremos especial atención a las tramas de sentidos que envuelven a las TM en los verdaderos universos locales en que se conectan actores locales estatales, adolescentes y hogares titulares.
Nos interesa, también, investigar los procesos de reinterpretación y transformación de las TM desde la perspectiva propuesta por los estudios de Stategraphy (Social Analysis, 2014). Este enfoque propone una nueva interpretación sobre los programas contemporáneos de provisión del bienestar (welfare service) a partir del análisis del rol que juegan los actores locales estatales en los procesos y en las prácticas de implementación de dichas intervenciones (Dubois, 2014)[7].
El enfoque sigue la perspectiva iniciada por los trabajos que han indagado sobre el rol de los street-level bureaucrats (Lipsky, 1980). Se trata de un conjunto de estudios etnográficos que prestaron atención a las transformaciones recientes en el campo de las políticas del bienestar a partir del análisis de los desplazamientos que se producen desde los niveles de planificación de las políticas hasta el plano más concreto de su aplicación práctica (Olwig, 2011; Dubois, 2010; Eckert, 2009). Estos estudios han demostrado las virtudes de la etnografía para explorar la multiplicidad de negociaciones, juicios y evaluaciones que se suceden en los espacios de interacción entre actores locales estatales y los sujetos a quienes se destinan las políticas públicas (Thelen, Vetters y Keebet, 2014)[8].
Estos aportes resultan de suma utilidad para aproximarnos a los procesos de gestión e implementación vinculados al programa municipal Envión dirigido a jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Analizaremos, por un lado, el rol de los agentes locales estatales –trabajadores sociales– como traductores de los saberes expertos que pretenden abonar a la lógica performativa sobre el dinero de las TM y, por otro lado, cómo los adolescentes y los hogares titulares cuestionan y/o negocian el significado del dinero proveniente de las TM estatales.
Pese a que los saberes expertos intervienen constantemente sobre el dinero de las TM a través de múltiples ejercicios performativos, la aproximación a los procesos de implementación del programa de TM Envión devela que la performatividad experta sobre el dinero resulta inconclusa: la vida social del dinero en los barrios populares expone una heterogeneidad de significados sociales y morales. El trabajo de campo etnográfico desplegado a partir del programa Envión nos permite explorar el enraizamiento del dinero estatal en los hogares titulares de TM y demostrar otra instancia de producción social del dinero, a partir del análisis de la expansión de los programas de TM y el arraigo de estas nuevas tecnologías monetarias en la vida cotidiana de las familias titulares.
La propuesta de producción social del dinero que sostiene este trabajo implica trascender el circuito de las políticas sociales para comprender que los significados del dinero se encuentran envestidos por un conjunto de juicios y evaluaciones morales de carácter público que acompañan a las TM estatales.
Trascenderemos el circuito de las políticas sociales para demostrar que las definiciones y los significados sobre el dinero de las TM estatales también se encuentran intervenidos por los debates que diferentes grupos sociales realizan en la escena pública: el dinero proveniente de las TM adquiere una dimensión pública porque se convierte en un dinero que permite entrelazar, articular y diferenciar opiniones, a la vez que organiza puntos de vista sobre los pobres y la pobreza y genera dinámicas colectivas de diferenciación y juicios de valor.
Algunas pautas metodológicas
Este libro sintetiza un camino de investigación de diez años y se compone de diferentes instancias de trabajo de campo. Esta investigación implicó la integración del trabajo de campo etnográfico con la reconstrucción sociológica, por lo que reúne la utilización de distintas técnicas cualitativas de recolección de datos.
El trabajo de campo etnográfico que da lugar a una parte de la investigación tuvo lugar en un barrio de la localidad de Sarandí, perteneciente al partido de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires. El municipio de Avellaneda es la primera localidad lindante con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y está compuesta por siete localidades: Avellaneda Centro, Dock Sud, Gerli, Piñeyro, Sarandí, Villa Domínico y Wilde. Según el último censo realizado en el año 2010, la población total del partido asciende a unas 342.700 personas aproximadamente (INDEC, 2010).
Villa Asunción se encuentra al sur de la localidad de Sarandí, lindante con la localidad de Gerli y con el municipio vecino de Lanús. El barrio se encuentra casi en su totalidad atravesado por el Canal Sarandí, el cual, partiendo desde una zona de reserva natural municipal en la rivera del Río de la Plata, recorre gran parte de la localidad intubado para reencontrarse con el cielo abierto sólo en la traza correspondiente a la extensión de Villa Asunción. Esta particularidad, sumada a la radicación de algunas curtiembres, fábricas de plásticos y productos alimenticios en las proximidades del barrio que vuelcan ilegalmente sus residuos al canal, incide considerablemente en los altos niveles de contaminación ambiental[9].
Villa Asunción podría ser vista como un territorio de relegación social y urbana (Wacquant, 2007) que se encuentra en pleno proceso de transformación. Durante los últimos 30 años estuvo atravesada por distintos procesos de urbanización que, tuvieron como resultado, la reubicación de los vecinos expuestos a la mayor contaminación ambiental hacia un nuevo barrio de viviendas sociales. Este último, denominado Santo Domingo en alusión al nombre de un Canal próximo a la zona, se encuentra a sólo diez cuadras de Villa Asunción, lindante con la reconocida Villa Sapito, perteneciente, esta última, al partido vecino de Lanús.
Durante el período en que realicé el trabajo de campo etnográfico, entre fines del año 2008 y el año 2011, las transformaciones del espacio urbano se siguieron sucediendo. Las acciones de los procesos de urbanización se reflejaron en la repavimentación y apertura de calles, la construcción de un jardín maternal y un polideportivo, el mejoramiento de la iluminación y de las condiciones de las viviendas y la reubicación de instituciones sanitarias y educativas. Sin embargo, hasta la actualidad, el Canal Sarandí continúa sin ser intubado, acumulando los desechos de las industrias aledañas y propagando la contaminación ambiental
Como señalamos al inicio de la introducción, el ingreso al trabajo de campo en octubre de 2008 estuvo garantizado por las múltiples actividades ligadas a mi desempeño profesional. Rápidamente, desde el rol de técnico territorial, pude entablar una estrecha relación con los adolescentes titulares de programas de TM y sus grupos familiares. Asimismo, fui aproximándome a espacios asociados a la gestión municipal, donde cada instancia de exposición resultaba un ritual de pasaje en el camino hacia la construcción de un vocero autorizado para el programa Envión. La emergencia de otros programas de TM reforzó mi posición dentro del campo y consolidó mis inquietudes. Sin embargo, durante el mes de marzo del año 2010 me desvincularía del programa Envión por cuestiones referidas a formas de contratación con la dependencia municipal del programa. Esta situación me obligó a desvincularme de Villa Asunción por un período aproximado de ocho meses.
Retorné al trabajo de campo hacia fines del año 2010 para realizar un trabajo sistemático de aproximadamente diez meses. Al regresar a Villa Asunción me vi obligado a mostrarme totalmente desvinculado del programa y de las relaciones técnicas y políticas que me habían unido al mismo. Los conocimientos adquiridos en mi formación inicial de posgrado –como estudiante de una maestría en antropología social– y el recorrido iniciado como becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) fueron herramientas fundamentales para la concreción de un distanciamiento que facilitó la construcción de mi rol de etnógrafo-investigador. Mi pasaje al trabajo de campo etnográfico se convirtió en la condición de posibilidad para observar el funcionamiento de los programas de TM y los sentidos plurales que adquiría el dinero lejos de los marcos preestablecidos por el programa Envión.
Dichos recorridos forjaron la aparición de un punto de vista particular donde predominó la reconstrucción etnográfica y desde el cual pude combinar actividades propias de mi quehacer profesional con aquellas actividades circunstanciales como seguir a las personas. Los métodos y técnicas propias de la etnografía –me refiero a la observación participante, la entrevista antropológica y la producción de notas de campo (Guber, 1991)– se alternaron con una diversidad de situaciones o acontecimientos imprevistos.
Participar de y observar las actividades cotidianas de los adolescentes y sus grupos familiares me permitió acceder a un universo particular a partir del cual pude indagar sobre sus relaciones personales y las formas de percibir y evaluar el dinero proveniente de los programas de TM. Así, por un lado, realicé entrevistas de admisión, visitas domiciliarias, informes socio-ambientales y judiciales, denuncias penales, participé en viajes de egresados, organicé peñas barriales y llevé a cabo otra innumerable cantidad de tareas ligadas a mi desempeño profesional. Por otro lado, compartí infinidad de almuerzos y rondas de mate, me volví confidente de los problemas familiares más íntimos, fui mediador en eventuales peleas domésticas, acompañé a los adolescentes y a sus padres a inscribirse en programas de TM, los ayudé en la reparación o construcción de sus viviendas, invité una cerveza, los acompañé a realizar las compras, o simplemente me dejé llevar.
Vincularme con las distintas autoridades municipales y destacarme en el ejercicio profesional resultaron ser otras de las virtudes del trabajo de campo. Esta circulación me ofreció la oportunidad de participar en actividades organizadas por el intendente municipal y mentor del programa Envión, también en almuerzos de difusión y promoción del programa con los principales agentes de financiamiento. Tuve, asimismo, la posibilidad de capacitar a funcionarios provinciales en lo concerniente a programas de TM e instruir a técnicos de distintas localidades acerca de la ejecución del programa Envión. Todas estas tareas resultaron cruciales para aproximarme a una dimensión poco explorada en el campo de las políticas sociales y desarrollar una expertise particular respecto de las transferencias monetarias y el uso social del dinero.
Durante los años siguientes me aboqué al ejercicio de la reconstrucción sociológica. Recurriendo al análisis de documentos correspondientes a organismos internacionales (BM, BID, FMI), regionales (CEPAL, OEA, MERCOSUR) y locales (ANSES, MDS, etc.), reconstruí de forma minuciosa la historia reciente de las políticas sociales de TM. Este trabajo implicó la aproximación a infinidad de documentos programáticos, informes de monitoreo, evaluación de impacto, papers de organismos internacionales y agencias de financiamiento, talleres de expertos y demás. Abordar el proceso de surgimiento de los programas de TM a nivel global y regional resultó crucial para reconocer las particularidades del caso argentino, prestando atención a la intervención de los saberes expertos (funcionarios de organismos internacionales, regionales y estatales, especialistas en políticas sociales, expertos del tercer sector –ONG’s/ fundaciones– etc.) en la formulación de las políticas.
A lo largo del año 2015 e inicios de 2016 trabajé con expertos en políticas sociales de TM. Esa experiencia me permitió complementar el análisis sobre los programas de TM y los significados del dinero con registros y análisis de entrevistas realizadas a distintos agentes expertos que, por sus trayectorias y gracias a que ocupan múltiples posiciones en el campo de expertise de las políticas sociales de TM, participaron activamente en la consolidación de los programas de entrega de dinero en nuestro país. Entre nuestros entrevistados se destacan académicos especialistas en políticas sociales de la República Argentina, expertos que se desempeñan como funcionarios de organismos internacionales y regionales y expertos del ámbito local con incidencia en organismos estatales vinculados a los programas de TM de Argentina (funcionarios, asesores, evaluadores, etcétera.). Nuestros más de 15 informantes claves fueron seleccionados estratégicamente según sus credenciales expertas en TM, sus trayectorias personales e institucionales y sus posiciones de jerarquía en el campo de las políticas sociales.
Estructura del libro
El trabajo se organizará de la siguiente manera. En el capítulo I nos adentraremos en las experiencias de los programas de TM en la República Argentina. Al igual que el resto de los países de América Latina, la República Argentina se constituye como un verdadero laboratorio monetario: en nuestro país, los programas de TM surgen y se consolidan a partir de la intervención y el ensamblaje de distintos actores y saberes expertos en políticas sociales, los cuales participan en los procesos de importación de los denominados “programas emblemas”. A partir del análisis documental centrado en organismos locales en materia de TM, y de entrevistas realizadas a los principales expertos en políticas de entrega de dinero, reconstruiremos la experiencia de los programas de TM en la República Argentina.
Los contenidos del capítulo II proponen traspasar las definiciones de las instituciones estatales o las propuestas en los documentos programáticos sobre las TM, para propiciar una aproximación al universo concreto de los actores y saberes expertos en programas de TM de la República Argentina. A partir del material recabado en entrevistas realizadas a informantes claves en la materia, analizaremos las concepciones sobre el dinero que circulan entre los expertos en políticas sociales de TM.
En el capítulo III exploraremos la vida social del dinero transferido a partir de los programas de TM. Desde una perspectiva etnográfica centrada en los procesos de implementación de una intervención gubernamental de escala municipal –el Programa Envión–, analizaremos los significados del dinero entre los actores locales estatales y los titulares y hogares receptores de TM. Al analizar algunos eventos significativos que se dan en los procesos de implementación del programa Envión, podremos observar los significados plurales que el dinero de las TM adquiere en la vida social de los barrios populares.
A lo largo del capítulo IV profundizaremos las exploraciones sobre el dinero en los hogares titulares de TM desplegando una perspectiva centrada en observar los efectos cualitativos de la expansión de las políticas de redistribución monetaria estatal. Sostenemos que la expansión de los programas de TM generó una serie de transformaciones en la organización doméstica de los hogares pertenecientes a los sectores populares y redefinió las relaciones de poder al interior de las familias.
En el capítulo V nos aventuramos al abandono del circuito del dinero en el ámbito de las políticas sociales para vislumbrar los significados sociales y morales de las TM en la esfera pública. Proponemos la noción de dinero público para mirar los significados plurales de las TM. Esta construcción implica considerar que, en la escena pública, el dinero de origen estatal habilita un conjunto de juicios y evaluaciones morales sobre los pobres y la pobreza.
Para finalizar, en las conclusiones, retomaremos los distintos abordajes que cada uno de los capítulos aporta sobre las TM para volver a integrarlos y reinterpretar nuestra mirada sobre la producción social del dinero.
- Con vistas a conservar la identidad y la confidencialidad de las personas que me otorgaron su confianza y se brindaron hacia la investigación, reemplazaré las identidades personales y las referencias sobre el territorio donde se desarrolló el trabajo etnográfico a partir del uso de nombres ficticios. Para el caso de las referencias institucionales al programa Envión mantendré las denominaciones reales, pues entiendo que nos ayudarán a contextualizar y comprender a la intervención estatal en cuestión con mayor especificidad.↵
- El municipio de Avellaneda es la primera localidad lindante con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.↵
- Usaré comillas y cursivas para identificar las palabras de los entrevistados y las categorías nativas que son objeto de reflexión etnográfica. Las palabras sólo entrecomilladas señalarán citas documentales o bibliográficas textuales.↵
- Seguimos la definición de Luciano Andrenacci y Daniela Soldano (2005), quienes se refieren a las políticas sociales como las intervenciones estatales sobre la producción y reproducción de la fuerza de trabajo, así como sobre la producción y reproducción del orden social. Para el caso argentino, los autores detallan tres tipos de clasificaciones: 1) las políticas de seguro vinculadas a los sistemas de jubilación, minusválidos, enfermos, etc. 2) las políticas de carácter universal; entre otras, las relacionadas con la educación y la salud y, 3) aquellas destinadas a las poblaciones sin cobertura de las políticas universales: las políticas de asistencia.↵
- La vasta bibliografía sobre la temática se refiere a las políticas de entrega de dinero bajo distintas acepciones. Utilizaremos la denominación genérica de “transferencias monetarias” para poder contemplar una pluralidad de dineros distribuidos a partir de la intervención de programas sociales estatales y políticas públicas. Lejos de las distinciones programáticas, nuestro interés consiste en indagar en los significados sociales que adquiere el dinero de las políticas sociales, más allá de las denominaciones específicas. ↵
- Debemos la recuperación de la perspectiva sobre el dinero en América Latina a los trabajos desarrollados por Federico Neiburg (2008 y 2005), Mariana Luzzi (2008 y 2005), Ariel Wilkis (2013), Alexander Roig (2007), José Osandón (2012) y Magdalena Villarreal (2010), entre otros.↵
- Lejos de adoptar las posiciones teóricas que conciben al Estado como un ente jerárquico gobernado desde el centro, la perspectiva de Stategraphy entiende al mismo como una formación política polifórmica y en constante cambio, creado y experimentado a través de múltiples modalidades de relaciones. En el marco de una perspectiva relacional, postulan analizar al estado como una formación política en constante cambio, que se encuentra conformando y siendo continuamente reformulado a partir de relaciones e interacciones sociales en las cuales participan actores que tienen un acceso desigual a los recursos materiales, sociales, regulatorios y simbólicos.↵
- Considerando referencias bibliográficas más próximas, debemos mencionar el estudio etnográfico de Luisina Perelmiter (2016). Centrado en el desempeño de ciertos sectores medios de la burocracia estatal del Ministerio de Desarrollo Social de la República Argentina durante el período 2003-2009, el trabajo etnográfico indaga sobre el rol de los agentes estatales –trabajadores sociales– en la gestión e implementación de las políticas sociales territoriales. ↵
- Para una etnografía sobre la contaminación ambiental en el distrito de Avellaneda, se puede consultar el trabajo de Javier Auyero y Débora Swistun (2008) Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental. Buenos Aires: Paidós. ↵






