Este libro es producto de mi tesis doctoral. Culminarla implicó todo un desafío, porque en el país y en el mundo se estaba transitando una situación complicada debido a la pandemia causada por el COVID-19 y, la incertidumbre de la enfermedad nos avizoraba un futuro incierto y concretamente limitado. Luego se crearon las vacunas, pero, para eso la tesis estaba terminada y entregada. Esa reciente experiencia me re-posicionó en una mirada que conlleva a re-valorar la vida. Agradezco a la Universidad de Buenos Aires, porque allí encontré un espacio propio, un sentido que me ayudo a transitar la vida familiar-social, política y académica. Estudiar para mí significó un cable a tierra, pero sobre todo, una oportunidad para poder pensar esta sociedad y pensarme en ella. Por ello, agradezco la existencia de la educación pública, porque sin ella no hubiera sido posible torcer mi biografía y reconfigurar mi historia familiar, social, política y hasta económica. Para ser un poco más justa, tengo que decir que mi biografía se viene reconfigurando desde antes de mi nacimiento, en especial a partir de los años cincuenta que es cuando logran materializarse muchas políticas públicas que ampliaron los derechos de personas que hasta ese momento eran consideradas ciudadanas de segunda clase: me refiero a los trabajadores y las trabajadoras, en especial a mi abuelo Carmen Salvatierra. Recuerdo que de niña, una vez por mes, me vestía con mi mejor ropa para acompañarlo a cobrar su jubilación y ese día para mí y para él era una fiesta. En especial, porque siempre parábamos en un bar de estación de tren y disfrutábamos de un licuado y un sándwich. En el trayecto, me contaba historias que al crecer entendí que eran parte de su biografía. Una que me viene a la mente hoy es que decía que cuando asume el primer gobierno de Perón el conoció el dinero. Siempre trabajó en el Ingenio de Bella Vista, Tucumán, y hasta ese momento nunca le habían pagado con plata (billetes, monedas) y que ese reconocimiento fue una alegría que nunca iba a olvidar. Me contaba que cuando le empezaron a pagar con dinero, podía darle una moneda a su hija, mi madre, para que se compre dulce y queso. Así es como Romelia con su amiga Chabela se sentaban a comer algo dulce… delicioso. Ese simple y dulce acto, mi madre y Chabela también lo cuentan cuando tienen oportunidad. Para ellas, que vivían un contexto de poca abundancia, son recuerdos de momentos felices. Por eso, cuando no se vive bajo ciertas condiciones sociales y laborales, resulta difícil comprender que los derechos dignifican y hasta generan cierta felicidad que quedan en la memoria colectiva. No obstante, con los años la vida política y social en Argentina se puso difícil. Fue entonces que tuvieron que migrar de Tucumán hacia Buenos Aires. Luego de eso, dos décadas después sin ese contexto de cañas de azúcar y de ingenios, nací. Fue en medio de la construcción de otra historia, no menos complicada, pero en otra época. Así fue, como crecí entre tías, abuela sustituta, primas y, cuando fue posible, con mi madre y un padre que me regaló la vida, Pérez. Y acá me detengo en otra gran persona pero sobre todo un gran trabajador, mi padre de la vida. Me mostró que a él también el trabajo lo dignificaba, pero luego de dejar la vida en una fábrica, en los ’90 lo despidieron y tomando una frase de un ídolo popular, “le cortan las piernas, lo lastiman”. Pero como él no entendía cómo era vivir sin trabajar, consigue trabajos precarios de seguridad hasta que culmina su vida. No obstante, lo que rescato de su vida es que creo que fue feliz, en especial porque se sentía reconocido por su familia y por las personas que lo empleaban. Después de este legado, sabrán entender porque decidí estudiar sociología y en especial, los temas relacionados al trabajo y sus organizaciones. Creo que comencé a estudiar en busca de respuestas, sin embargo, culmino mi formación académica inundada de preguntas…
Este libro es producto del trabajo mancomunado de muchos años, a veces en soledad, y la mayoría de las veces con el acompañamiento de mi directora-maestra, la Dra. Marta Panaia. También conté con la compañía de un generoso colega, que aceptó acompañarme a la distancia, con mucho compromiso y responsabilidad, en lo que fue todo el proceso de análisis, escritura y reescritura, mi Co-director, el Dr. Eric Moench. A lo que debo añadir en este acompañamiento a cada una/o de mis colegas y compañeras/os de los diversos grupos de investigación que integro hace 18 años: Eugenia San Martín, Vanina Simone, Ivana Iavorski Lozada, Raúl Chauque, Natalia Iribarnegaray, Rodolfo García Silva, Juan Pablo Hudson, Nicolas Villanova entre otras personas que participaron de ambos grupos. En particular van mis agradecimientos a una amiga, además de ser mi profesora de inglés Claudia Serra. Y a Bárbara Catalano, con quien hace más de cinco años nos emparentamos en la temática del turismo y en la construcción de un espacio donde se lo piense académicamente, desde una óptica social, en mi caso sociológica. En este sentido, tengo que agradecer también a todas las personas que son parte del Instituto de Investigaciones Gino Germani, porque mediante la gestión diaria me sentí muy acompañada en todo el proceso de formación que implica el oficio de sociólogo/a (desde los directivos, investigadores/as, auxiliares, becarios/as, hasta el personal de la secretaría, los bibliotecarios/as y el personal de limpieza, seguridad, etc.). Y por último y con más ímpetu, quiero agradecerle a mis familiares y amigos/as, porque se bancaron las ausencias y también la angustia que genera la elaboración de una tesis. En especial, van mis mayores agradecimientos a mis tres hijxs y nietxs, porque siempre me demuestran su inmenso amor. Ellos son el motor y la luz en mi camino, son quienes siempre me apoyaron y acompañaron a transitar la vida en general y la académica en particular. Del mismo modo le agradezco a Manuel, que es quien me acompañó de la mejor manera que pudo en cada decisión y situación que se me presentó en los mas de veinte años que pasamos juntos, cuidando a los hijos y contribuyendo a las necesidades del hogar. Y por último, este trabajo se lo dedico a mis padres, a Pérez que ya no esta en este mundo y a mi amada madre que nunca entendió por qué estudiaba tanto y cuando puede me pregunta ¿qué hacen los sociólogos?







