Introducción
Como hemos visto en el capítulo anterior, en la sociedad capitalista, la producción material no tiene como fin último la obtención de valores de uso sino la producción en escala ampliada de la relación social general materializada que se ha erigido en el sujeto de la producción: el capital. Al encontrarse así regido, el proceso material de producción se ve sometido a la constante revolución de sus condiciones técnicas en pos del aumento de la producción de plusvalía relativa. Debido a esta necesidad de expandir la producción material más allá de cualquier límite, la unidad del proceso de acumulación de capital tiene un contenido necesariamente mundial (J. Iñigo Carrera, 2008, p. 1) que se constituye y desarrolla bajo la forma de ámbitos nacionales diferenciados. En este sentido, para comprender la realidad económica de cada espacio nacional, reviste una importancia fundamental observar las dinámicas contemporáneas de la división internacional del trabajo.
En este capítulo, en una primera parte, se presentan distintos elementos para caracterizar el despliegue de una nueva división internacional del trabajo de la mano del despegue industrial de los países asiáticos y la permanencia de nuestra región en el rol de proveedora de materias primas. Este aspecto es esencial en la caracterización del espacio nacional paraguayo como un ámbito de acumulación regido por la producción de mercancías portadoras de renta.
En una segunda parte, a partir del análisis de estadísticas, informes de organismos públicos y privados y estudios especializados, se analizan las transformaciones productivas asociadas a la producción a gran escala de transgénicos y otros monocultivos, difundidas en nuestra región. Sobre esta base, se presentan algunas de las transformaciones desplegadas en este contexto, en el espacio rural paraguayo focalizando en el aumento de la renta extraordinaria de la tierra, cuyas consecuencias serán analizadas en los próximos capítulos.
1. Nueva división internacional del trabajo, superciclo de las materias primas y persistencias de la división internacional del trabajo clásica
Casi a inicios de la década de 1980, ante las altas cifras de desempleo en los países industrializados tradicionales y el aumento de la producción manufacturera en algunas regiones del denominado Tercer Mundo, Fröbel, Heinrichs y Kreye (1978) propusieron la tesis de la nueva división internacional del trabajo (NDIT). La NDIT refiere a las transformaciones desplegadas en la producción industrial a partir de la pérdida de rentabilidad en los países avanzados. En este proceso, las empresas transnacionales (ETN) desplazaron parte o la totalidad del circuito productivo del tradicional corazón del capitalismo industrial a países, hasta el momento, de menor desarrollo.[1] Así, la instalación de manufacturas intensivas en trabajo en el llamado Tercer Mundo, fue la contracara del declive industrial que prevaleció en los países centrales a fines de la década de 1970 y principios de la de 1980.
Uno de los motores principales de la relocalización, de acuerdo a estos autores, fue que los países del Tercer Mundo proveían a estas ETN de una enorme reserva de mano de obra disponible con las siguientes características: salarios más bajos, jornada laboral más extensa, alta productividad y facilidad para el recambio de la fuerza de trabajo. Sin embargo, J. Iñigo Carrera (2013), señala que esta reubicación productiva no se acota a la búsqueda del capital de salarios bajos y condiciones más flexibles sino que también de clases obreras domésticas cuyos atributos productivos históricos incluyeran la adaptación al “trabajo intenso, colectivo y disciplinado” (p. 66).
Otro aspecto importante fue la base de posibilidad brindada por los avances tecnológicos que permitieron la relocalización de las plantas industriales con menores condicionamientos de ubicación y distancias geográficas para las tareas de dirección y control de la producción.[2] Allí, la automatización de la gran industria de la mano del progreso de la computarización y la robotización sobre la base de la microelectrónica desempeñaron un rol esencial (J. Iñigo Carrera, 2013).[3] Por último, hay que mencionar el desarrollo de sistemas de racionalización y organización del trabajo, que permitieron descomponer los complejos procesos de producción para “adiestrar fácil y rápidamente a una fuerza de trabajo no capacitada para que realice las operaciones fragmentadas” (Fröbel et al., 1978, p. 832).
A partir de la década de 1990, luego de su impacto inicial, la tesis de la NDIT fue muy criticada. No obstante, Starosta y Caligaris (2017) proponen una recuperación crítica de la misma señalando que, en sus ideas generales, presenta elementos fundamentales para el análisis de las dinámicas contemporáneas de la división internacional del trabajo.[4] Entre sus fortalezas, siguiendo a estos autores, está su enraizamiento en la naturaleza global del proceso de producción capitalista y, en consonancia, la existencia de estados nacionales que no operan como fuerzas autónomas en la determinación de la estructura específica de los mercados.
Teniendo en cuenta lo expuesto hasta aquí, estamos en condiciones de afirmar que si el antiguo centro de gravitación del desarrollo capitalista, recaía sobre Europa occidental, EEUU y/o Japón, dependiendo del momento histórico, actualmente la NDIT coloca a otras regiones del planeta en un lugar significativo en el proceso global de acumulación de capital. Allí el crecimiento exponencial del este asiático (más allá de la heterogeneidad entre los países) y, en particular, el caso de China requieren ser observados.[5]
Según Alfieri (2013), entre 1978 y 2006 la media de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) chino fue del 9,4%, la tasa de crecimiento más elevada y sostenida del mundo. El PIB chino pasó de 420 millones de dólares en 1980 a 5,6 billones de dólares en 2002 (13 veces más en 22 años) y a 11,44 billones de dólares en 2011, posicionándose como el segundo PBI en importancia en el mundo, sólo por detrás de Estados Unidos.[6] Asimismo, mientras el comercio mundial se multiplicó por 20 entre 1970 y 2002, las transacciones internacionales chinas lo hicieron por 140.
En este proceso, la composición del comercio exterior de China, y de otros países de Asia, se orientó crecientemente hacia la exportación de bienes manufacturados y la importación de commodities, generando un profundo impacto en los precios internacionales de las materias primas demandadas (Albrieuy Rozenwurcel, 2015).[7] En este sentido, el crecimiento de China en particular y el despegue industrial del este asiático en general, desempeñaron un papel fundamental en el crecimiento de la demanda de materias primas iniciado a partir del año 2000 (CEPAL, 2012). En este marco, entre 2003 y 2011 los precios de estos productos registraron el drástico aumento (Iakova et al., 2015) al que hemos referido como “superciclo”.[8]
Ahora bien, la NDIT no ha alcanzado la reorientación productiva de todos los sectores del planeta postulada por los creadores de esta tesis. Como señala Arboleda (2017), en la medida en que en nuevos sectores del planeta se desarrollaron procesos de modernización industrial y urbanización, otras regiones se convirtieron en el destino de flujos de inversión destinados a megaproyectos de extracción de recursos naturales. En este sentido, pese a las transformaciones de las que dimos cuenta, es importante destacar que América Latina no perdió su tradicional lugar en el desarrollo histórico del capital global como proveedora de materias primas (Kornblihtt et al., 2016). En esta dirección, Starosta y Caligaris (2017) consideran que para el análisis de realidades como la de América Latina, es preciso combinar la tesis de la NDIT con la de la “división internacional del trabajo clásica” (DITC). Es decir que la relocalización de capitales en Asia que da forma a la NDIT no invalida la coexistencia con la persistencia de la DITC en algunas regiones del mundo como es el caso de América Latina.
En este sentido, se observa a nivel global un aumento significativo en todas las categorías de productos de la agricultura (crudo, semi-procesado y procesado) (Levy Sforza et al., 2018). Entre los productos agrícolas más demandados, el subsector de oleaginosas ha sido uno de los más dinámicos (Maldonado, 2005). Y el trigo, el maíz y la soja son las tres mercancías agrícolas más importantes en el comercio mundial (Herre, 2018) ya que no solo son utilizadas como alimentos, sino también como forraje, agrocombustibles y como materias primas para otras industrias.[9]
En este marco, China es el principal importador, no sólo porque su rápido crecimiento económico ha generado cambios significativos en los patrones alimentarios de algunos sectores de su población, sino también porque, si bien el país concentra el 40% de los agricultores a nivel mundial, sólo el 9% de su territorio es cultivable (WWF, 2014).[10] Es por ello que “la seguridad alimentaria y el acceso a materias primas agrícolas se han convertido en una de sus principales preocupaciones” (Mills, 2018, p. 56).
Pero, en términos materiales, un elemento insoslayable en el crecimiento de estos rubros agrícolas, es el impulso brindado por lo que se ha denominado como la “revolución biotecnológica” en la agricultura. A continuación analizaremos los rasgos principales de ese proceso y su incidencia a nivel planetario enfatizando en América del Sur.
2. Auge de los commodities y potenciación de transformaciones productivas en América del Sur
En lo que refiere a la producción agraria, las dinámicas mundiales antes reseñadas serían incomprensibles, por lo menos en las últimas cuatro décadas, sin hacer referencia a las transformaciones productivas ligadas a la utilización de biotecnología. Si entre las décadas de 1940 y 1970 tuvo lugar a nivel mundial una “revolución verde”, basada en la mecanización y quimicalización de la agricultura, a partir de la década de 1980 inicia una “revolución biotecnológica”, sustentada en la manipulación y control directo de los procesos biológicos (Caligaris, 2017a, p. 290).[11] Así la posibilidad de producir y/o utilizar para la producción organismos genéticamente modificados (OGM) encontró uno de sus campos más fructíferos de aplicación en el sector primario por su capacidad para incidir sobre los condicionamientos naturales de los cultivos a partir de la optimización de su rendimiento y productividad. Al día de hoy los eventos de OGM fueron desarrollados solo sobre algunos vegetales y plantas.[12] Entre los principales están la soja, el maíz y el algodón. Aunque, según el informe anual del Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA, por sus siglas en inglés) de 2019, otros cultivos genéticamente modificados como alfalfa, remolacha azucarera, caña de azúcar, papaya, papa, berenjena, calabaza, manzana ártica y piña rosada están teniendo una tendencia al alza (ISAAA, 2019).
La superficie del planeta ocupada por estas variedades se ha incrementado 113 veces desde 1996, pasando de 1,7 millones de hectáreas a 191,7 en 2018 (ISAAA, 2018). Si observamos, su distribución geográfica, aunque 71 países aprobaron distintos eventos transgénicos para su utilización en la producción agraria, solo 29 practican este tipo de cultivo (ISAAA, 2019). De hecho al 2015, se estimaba que 97,1 millones de hectáreas del cultivo de OGM (54% del total) se repartían entre Asia, África y América Latina, siendo esta última, a pesar de su extensión geográfica más exigua, la de mayor superficie (James, 2015). En esta dirección, en 2018 se estimaba que diez países de América Latina concentraban 42% (79,4 millones de hectáreas) de la producción mundial de estos cultivos. Los países que encabezaban esa lista eran Brasil con 51,3 millones de hectáreas, Argentina con 23,9 millones de hectáreas y Paraguay con 3,8 millones de hectáreas (ISAAA, 2018).
El uso de estas tecnologías, entre otras cosas, ha potenciado exponencialmente los procesos de expansión de la frontera agrícola. En este sentido, según Borras, Franco, Key y Spoor (2011), en las últimas 5 décadas, la expansión de la tierra agrícola aumentó notablemente en el mundo pasando de 1.360 millones de hectáreas en 1961 a 1.500 millones de hectáreas en 2007. Si miramos el caso de América Latina y el Caribe, entre 1961 y 2011, el aumento habría sido de 561 a 741 millones de hectáreas, con la mayor expansión en América del Sur, donde creció de 441 a 607 millones de hectáreas (FAO, 2015). En este marco, Paraguay es uno de los espacios nacionales de América del Sur que más transformaciones ha sufrido. Al punto que al cierre de nuestro período de análisis se colocaba como el séptimo país en superficie destinada al cultivos biotecnológicos a nivel mundial (James, 2012).[13]
Ahora bien, aunque es innegable el peso que ha tenido la introducción de este tipo de cultivos en el escenario rural paraguayo, sobre la base de la tecnificación del proceso productivo y el aumento la escala de la producción, no es el único factor a tener en cuenta al momento de analizar las transformaciones productivas recientes. De hecho, un énfasis excesivo en este aspecto, puede invisibilizar las transformaciones desplegadas de la mano de otros rubros primarios que no involucran, o por lo menos no directamente, la biotecnología, como es el caso de otros cultivos a gran escala o la producción ganadera.[14] Teniendo en cuenta esto, a continuación presentaremos en detalle las transformaciones desplegadas en este espacio nacional pero incluyendo también aquellas que no están directamente vinculadas a la biotecnología. Asimismo, dada la forma específica que asume la valorización del capital en el espacio nacional paraguayo, analizaremos el vínculo de estos procesos con el incremento de la renta de la tierra. Sobre esta base, en los próximos capítulos, avanzaremos en el examen del impacto de estas transformaciones en los sujetos sociales de la esfera agraria paraguaya.
3. Transformaciones productivas en la esfera agraria paraguaya
Como vimos hasta aquí, la demanda mundial de productos primarios, tanto para consumo humano como animal, ha crecido de manera exponencial durante las últimas décadas. En ese marco, Paraguay, orientado históricamente al sector primario, ha logrado colocarse entre los principales exportadores de algunos de estos productos a nivel mundial sobre todo a partir de la producción de carne y soja.
Gráfico 1. Exportaciones de productos primarios. Paraguay 1980-2018 en millones de dólares USS2017

Fuente: Mussi y Villar (2023)
De la mano del crecimiento de las exportaciones de estos rubros, se desplegaron importantes transformaciones materiales al interior del espacio rural. En primer lugar, en el Censo Agropecuario Nacional (CAN), realizado en 2008, se registra una expansión de la frontera productiva del 30,5% en relación al censo anterior realizado en 1991.[15] Esto equivale a una incorporación de 7.269.256 hectáreas. Si agregamos a la comparación los resultados del CAN de 1981 podemos ver que, entre ese año y 1991 el crecimiento de la superficie productiva fue notablemente menor incorporando 1.877.206 hectáreas lo que equivale a una variación del 8,6%.
Tabla 1. Variación de la superficie productiva. Paraguay 1981-1991-2008
Año | Superficie (Ha.) | Var |
1981 | 21.940.531 |
|
1991 | 23.817.737 | 8.60% |
2008 | 31.086.894 | 30.50% |
Fuente: Elaboración propia en base a Censo Agropecuario Nacional 1991 (vol. 1) y Censo Agropecuario Nacional 2008 (vol. 1)
En términos de los usos del suelo, encontramos que esta expansión en la superficie estuvo ligada principalmente a la actividad agropecuaria. En este marco, la superficie destinada a cultivos temporales, permanentes y hortalizas registró un incremento del 102,5% pasando de 1.662.006 hectáreas en 1991 a 3.365.203 hectáreas en 2008 y la superficie con pastura natural y cultivada se incrementó en un 41,9% pasando de 12.571.895 hectáreas en 1991 a 17.837.588 hectáreas en 2008. La contraparte de este proceso fue la reducción de las superficies con montes naturales y cultivados en 340.969 hectáreas (-4,4%) y las superficies en barbecho o en descanso en 101.185 hectáreas (-17,6%). Esto indicaría que el referido crecimiento de la superficie tuvo lugar, en gran medida, a partir de la incorporación de montes, bosques, tierras destinadas a la producción forestal, superficies en barbecho lo que supuso grandes consecuencias ambientales.[16] Asimismo, en las zonas más pobladas, la expansión se desplegó a costa de la absorción, desplazamiento o expulsión de un masivo sector de pequeñas fincas destinadas a la producción de rubros para el mercado interno o el autoconsumo. Como veremos en el próximo capítulo, dado que el espacio rural paraguayo continúa albergando un importante porcentaje de la población nacional y que, a su vez, ésta se ubica principalmente en unidades productivas de pequeña escala; la reciente expansión de la frontera productiva sobre la base de la concentración y centralización del capital agrario produjo graves consecuencias en un amplio sector de la población rural.
Gráfico 2. Superficie utilizada según usos del suelo. Paraguay 1991-2008 (hectáreas)

Fuente: Elaboración propia según Censo Agropecuario Nacional 2008 (Vol. 1) –ver anexo–.
Analicemos ahora esta expansión en términos geográficos. El río Paraguay divide el territorio paraguayo en dos regiones naturales: la región Oriental y la región Occidental (o Chaco paraguayo). Durante nuestro período de análisis, la región Occidental fue la que registró el aumento más significativo de su superficie productiva, incorporando 5.255.625 hectáreas, lo que significó un crecimiento del 42,4% en relación al censo anterior. En la región Oriental, por su parte, el incremento de la superficie productiva fue del 17,6%, lo que supuso la incorporación de 2.013.533 hectáreas.
En esta línea, contemplando las características demográficas de cada región, podemos ver que, pese a que en términos de superficie, la expansión fue notablemente mayor en la región Occidental, el desplazamiento de unidades productivas de pequeña escala tuvo lugar principalmente en la región Oriental que concentra más del 97% de la población del país. De hecho, mientras esta última sufrió una reducción de un 6% en la cantidad de fincas, la Occidental registró un aumento del 22%.
Tabla 2. Cantidad de fincas y variación porcentual según regiones del país. 1981-1991-2008
Cantidad de fincas | Variación 1981-1991 | Variación 1991-2008 | |||
1981 | 1991 | 2008 | |||
Región Oriental | 243905 | 300523 | 281462 | 23.21% | -6.34% |
Región Occidental | 5025 | 6698 | 8187 | 33.29% | 22.23% |
Total país | 248930 | 307221 | 289649 | 23.42% | -5.72% |
Fuente: Elaboración propia en base a CAN 1991 (Vol.1 y Vol. 2), CAN 2008 (Vol. 1). Asimismo se constató la información en BASE IS (2017) y Fogel Pedroso, (2019).
En los próximos capítulos examinaremos más en detalle las consecuencias sociales de estos procesos. Analicemos ahora qué características tuvo la mencionada expansión en cada una de las actividades principales de esta esfera.
3.1 Expansión de la producción agrícola y ganadera
3.1.1 Expansión del complejo sojero
Al interior de los rubros agrícolas, el rubro que registró la expansión más importante durante el período intercensal fue la soja. Dicho cultivo pasó de 552.657 hectáreas en 1991 a 2.463.510 en 2008 (CAN, 2008). Este incremento continuó escalando a 3.157.600 hectáreas en 2012-2013, alcanzado las 3.500.000 hectáreas en 2019-2020 (CAPECO, 2020).
Gráfico 3. Superficie sembrada según cultivo. Paraguay 1996-2019 (hectáreas)

Fuente: Elaboración propia en base a CAPECO (2020) –ver anexo–.
El cultivo de soja se inicia en las décadas de 1960-1970 por parte de colonos japoneses, alemanes y, principalmente, brasileños. Si bien en sus inicios era utilizado, principalmente, como cultivo de rotación del trigo, a mediados de la década de 1990 se convirtió en el rubro agrícola de mayor exportación del país, desplazando incluso, en algunas zonas, las áreas de pastizales para uso ganadero. A partir del cambio de siglo, la introducción de la biotecnología potenció su expansión.[17]
La producción de dicho cultivo en Paraguay, como han expuesto varios trabajos, se despliega, principalmente, en explotaciones de gran escala altamente dependientes de la utilización de un paquete tecnológico que combina el uso intensivo de insumos (herbicidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes) con la utilización de tecnología y maquinaria (sistemas de radarización, tractores, sembradoras, fumigadoras y cosechadoras preparadas para la producción cada vez en mayor escala).
En territorio paraguayo, la principal expansión tuvo lugar en la región Oriental. Según el CAN de 2008, dicha región, registró un incremento del 210 % de la superficie destinada a la plantación de este cultivo durante el período intercensal.
Asimismo, si examinamos dicho incremento en términos departamentales, podemos ver que la expansión sojera, tuvo lugar, tanto en los departamentos considerados tradicionalmente sojeros (Alto Paraná, Canindeyú e Itapúa), como en nuevos departamentos, en general, caracterizados por albergar las pequeñas unidades productivas usualmente denominadas campesinas (San Pedro, Concepción, Amambay, Caaguazú, Guairá, Caazapá y Misiones).[18]
En este sentido, mientras en la zafra 2003-2004 el 76% del total de la superficie de soja del país se concentraba en los primeros (Maldonado, 2005), el cuadro se fue modificando en la década siguiente, pasando a un 67% en los departamentos tradicionales y un 33% en los nuevos.
Mapa 1. Distribución geoespacial de la soja en territorio paraguayo 2018-2019

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario (2019)
Gráfico 4. Superficie cultivada con soja según departamento. Paraguay 2000-2012 (hectáreas)

Fuente: CAPECO (2021) –ver anexo–.
Ahora bien, la soja no fue el único rubro agrícola que registró un incremento considerable en este contexto. Otros rubros como el trigo y el maíz también crecieron en superficie en el mismo período.
Sin embargo, del total de 288.892 explotaciones relevadas por el CAN 2008, solo el 10% de la superficie (como vimos, poco más de 3 millones de hectáreas) están destinadas a cultivos del complejo sojero. El 54% (más de 17 millones hectáreas) son pasturas dedicadas a la ganadería (Guereñay Rojas Villagra, 2016). Dicha actividad también registró un fuerte crecimiento en las últimas décadas.
3.1.2 Expansión de la producción cárnica
En el contexto del incremente de la demanda mundial de commodities, el Mercosur se ha convertido en uno de los principales agentes de la industria cárnica (especialmente bovina) a nivel mundial.[19] En el caso de Paraguay, los avances de calidad en este rubro aumentaron el peso de su participación en la canasta exportadora de la región (Arce, 2012, p. 4). Según Zevaco y González Cáceres (2020) esto, en muchos casos, se ha desplegado sobre la base de la implementación de tecnologías destinadas a la intensificación de la producción, garantizando una reducción en el ciclo de engorde de 90 días y maximizando la utilización del suelo.[20] No obstante, la ganadería extensiva sigue ocupando el lugar más importante en el suministro para los faenamientos.
Según la Asociación Rural del Paraguay (ARP), Paraguay es el país con el mayor incremento en la producción y las exportaciones de carne vacuna, con un crecimiento de más de 17 veces en los últimos 10 años (ARP, 2017). En esta línea, las exportaciones del sector han pasado de 27 mil toneladas en 1994 a 211 mil en 2010 (Arce, 2012), posicionando a Paraguay como el séptimo exportador mundial de carne vacuna en la actualidad (ARP, 2017). Asimismo, la cantidad de animales aumentó, alcanzando en 2010 un stock de alrededor de 11,7 millones de cabezas. Respecto a su destino, mientras que en el 2000 el 49% de las mismas eran faenadas para consumo local y el 51% para la exportación, en 2010 menos del 1% se destinaba al consumo local y más del 99% para la exportación (Arce, 2012).[21]
Ahora bien, tanto el propio crecimiento del rubro ganadero, como la expansión de los monocultivos en la región Oriental, de la que dimos cuenta en la sección anterior, propiciaron su reubicación parcial en la región Occidental. En tal sentido, durante el período intercensal, mientras que la ganadería registró una disminución del 2,7% en la región Oriental, registró un incremento del 43 % en la región del Chaco (WWF, 2016).[22] La expansión y reubicación alcanzó tal magnitud que al 2016, el 60% de la carne exportada por Paraguay provenía del occidente del país (WWF, 2016).
Actualmente otros rubros, como la producción porcina en el este y sur del país y la producción avícola en Gran Asunción y el departamento de Central, intentan incorporar desarrollo técnico en vistas de alcanzar los estándares de calidad requeridos por el mercado mundial. Si bien están lejos de tener el peso en la exportación que tiene la carne bovina, la producción de los mismos en estas zonas se ha incrementado.
3.2 Concentración y centralización del capital agrario
Como vimos hasta aquí, los rubros de la esfera agraria paraguaya que registraron una expansión durante nuestro período de análisis, lo hicieron sobre la base de un incremento de su escala tanto espacial como técnica. Es así que, tanto la producción ganadera como la de soja, requieren no solo la amplia disponibilidad de tierra sino también grandes inversiones en tecnología. En este sentido, como señalan Levy Sforza, Costa Garay y González Cáceres (2018), según el CAN de 2008, el 73% de las tierras destinadas a cultivos agrícolas se utilizaban para la producción de soja y, a su vez, el 89% de esta superficie se ubicaba sobre fincas superiores a las 100 hectáreas. La realidad no es muy distinta si observamos el rubro ganadero, según estas autoras, el 82% de la población bovina se asentaba sobre fincas que superan las 100 hectáreas.
En este sentido, según el CAN de 2008, el número total de fincas disminuyó en los estratos inferiores (sobre todo las fincas de menos de 50 hectáreas) y aumentó en número y superficie en el estrato de las fincas superiores a las 100 hectáreas. Si tenemos en cuenta que Paraguay continúa siendo el país con el espacio rural más poblado de América del sur, como profundizaremos en los próximos capítulos, esto supuso el cercenamiento masivo de un importante sector de la población rural y, de la mano de ello, su conversión, estancamiento o consolidación en la condición de población obrera excedentaria para las necesidades de la acumulación de capital.
En un trabajo de difusión reciente (Mussiy Villar, 2023) se plantea que, en el caso paraguayo, tanto el alcance de las transformaciones productivas presentadas hasta ahora, como la intensidad de sus consecuencias sobre los sujetos sociales del agro, serían incomprensibles sin considerar la forma específica que asume la acumulación de capital en este espacio nacional determinada por la orientación hacia la producción de mercancías primarias portadoras de renta.[23] En este sentido, como veremos a continuación, el mencionado proceso de concentración y centralización del capital agrario, se tradujo en un aumento de la tasa de ganancia agraria. De la mano de ello, se produjo un incremento de la renta de la tierra apropiada por terratenientes que intensificó aún más la búsqueda por expandir explotaciones de estas características.
4. Tasa de ganancia agraria, renta de la tierra, concentración y centralización del capital
Al igual que en el resto de los países de América del Sur, la acumulación de capital en Paraguay está fuertemente orientada a la producción de mercancías primarias portadoras de renta. Examinemos, entonces, desde este punto de vista, los procesos a los que venimos haciendo referencia.
Como dijimos al inicio de este apartado, el auge de los precios de los commodities en Paraguay propició una importante expansión del sector primario-exportador que posibilitó cierta recuperación del PIB luego del estancamiento y la crisis sufridos en las décadas de 1980 y 1990 (Arce et al., 2011). [24] En este marco, como hemos visto, se produjo una fuerte expansión de la producción sojera y cárnica a gran escala, propiciando una marcada recuperación de la tasa de ganancia del capital agrario.
Gráfico 5. Tasa de ganancia agraria y no rentística. Paraguay 2002-2017

Fuente: Mussi y Villar (2023)
Tal como figura en el gráfico, al examinar el comportamiento de la tasa de ganancia agraria tomando como referencia la tasa de ganancia del resto de los capitales de la economía, se observan dos etapas diferenciadas: una primera etapa, entre 2002 y 2006, en la que los capitales agrarios se valorizan a un promedio del 3,6%, por debajo de la tasa de ganancia de referencia que en promedio alcanza el 12,8% y una segunda etapa, a partir de 2006, en la que se registra un marcado ascenso de la tasa de ganancia agraria, alcanzando a partir de 2008 una valorización promedio del 20,2% y superando la tasa de ganancia de referencia que se ubicó en torno al 15,4%.[25]
Como se afirma en Mussi y Villar (2023) esta recuperación de la tasa de ganancia agraria estuvo acompañada de un incremento de la renta de la tierra en el espacio nacional paraguayo. Como afirman Guereña y Rojas Villagra (2016), según los datos obtenidos de una empresa de transacciones inmobiliarias, el precio de la hectárea en la región Oriental se disparó desde los 200 dólares en 1995 hasta 3.000 dólares en 2012 (alcanzando en algunos distritos, los 10.000 dólares por hectárea).
Si retomamos lo que presentamos en el capítulo 1, en la generalidad de las ramas, los capitales, pese a su heterogeneidad, tendencialmente, obtienen la misma fracción de plusvalor en función del capital adelantado. En el caso de los sectores que apropian renta, la utilización de medios de producción sometidos a condiciones naturales diferenciales brinda una ganancia extra a los capitales que se valorizan en estas condiciones. Esta desigualdad, como vimos, es compensada mediante su transformación en renta capitalista de la tierra ya que la competencia entre los capitales por el uso de dicha tierra, convierte la ganancia extraordinaria en cuestión en renta para el terrateniente basada en su monopolio sobre dichas condiciones naturales diferenciales (J. Iñigo Carrera, 2017). En este sentido, en lo que refiere al caso paraguayo, según Mussi y Villar (2023) la porción de renta de la tierra apropiada por terratenientes se habría incrementado notablemente.
Gráfico 6. Renta de la tierra agraria apropiada por terratenientes sobre el total de la plusvalía. Paraguay 2002-2017

Fuente: Mussi y Villar (2023).
Como se observa en el gráfico, la renta de la tierra agraria apropiada por terratenientes acompaña la tendencia que hemos observado en la tasa de ganancia agraria. En este sentido, el aumento de los precios internacionales impulsó la búsqueda de tierras destinadas a la producción a gran escala de las mercancías agrarias en auge e incrementó la tasa de ganancia del capital agrario y la renta de la tierra agraria apropiada por terratenientes sobre la base de rubros caracterizados por la necesidad de controlar extensiones de tierra cada vez más amplias por unidad productiva, la alta tecnificación y el escaso requerimiento de mano de obra. Este aumento de la tasa de ganancia, a su vez, intensificó aún más la búsqueda por apropiar la renta potencial en tierras ocupadas por otro tipo de producciones o destinadas a otros usos. Como veremos en el próximo capítulo, para un masivo sector de la población rural esto se tradujo en un profundo deterioro de sus condiciones de vida, tanto para aquellos que permanecieron en el espacio rural, como para quienes, presionados por las circunstancias, no tuvieron otra opción más que migrar.
Para profundizar en el análisis de las consecuencias de estos procesos sobre la población rural, en el próximo capítulo, avanzaremos en una caracterización más precisa de los sujetos sociales que componen la esfera agraria paraguaya abordando los siguientes interrogantes: ¿qué tipos de sujetos detentan la propiedad de la tierra en Paraguay y se vieron beneficiados de estos procesos?, ¿qué tipo de sujeto impulsa la expansión de los rubros agrarios en auge?, ¿qué tipo de sujeto se asienta en las fincas amenazadas o desplazadas por la expansión de los grandes rubros de exportación?. Desde el punto de vista asumido por este enfoque, abordar estos interrogantes supone develar la mercancía que portan determinantemente los sujetos sociales en cuestión.
En tal sentido, como profundizaremos en el próximo capítulo, a diferencia de las lecturas más difundidas sobre la polarización existente en la estructura social agraria paraguaya, desde el punto de vista asumido por nuestra investigación, la distinción esencial que caracteriza la estructura agraria de este país es entre pequeños capitales ―que detentan a un mismo tiempo la propiedad del capital, la propiedad de la tierra y/o la fuerza de trabajo― y, una masiva población trabajadora superflua.
Conclusiones
En este capítulo dimos cuenta de cómo a partir del aumento de los precios de los commodities, en el marco de la NDIT, se reforzó el clásico papel de América del Sur como proveedora de materias primas. En el territorio paraguayo esto supuso el despliegue de una serie de transformaciones ligadas a la optimización de la producción en las actividades agrarias destinadas a la exportación. Entre ellas, destacamos, la notable expansión de la superficie destinada a la producción de soja y carne. A su vez, dimos cuenta de que el crecimiento de estos rubros tuvo lugar sobre la base de un marcado proceso de concentración y centralización del capital agrario. Por último, pudimos ver cómo junto con estas transformaciones se produjo un importante incremento de la tasa de ganancia del sector agrario y de la mano de ello, un aumento de la renta de la tierra que, a su vez, potenció aún más la expansión de las transformaciones en curso.
Dadas las características particulares del espacio rural paraguayo, estos procesos impactaron de distintas maneras sobre la estructura social agraria. A continuación, analizaremos, desde el punto de vista de nuestro enfoque, las principales transformaciones que tuvieron lugar en la estructura social del sector agrario. Sobre esta base, en los últimos capítulos nos enfocaremos en el examen del incremento de la sobrepoblación relativa y sus modalidades.
- Con ello los autores refieren, en un primer momento (siglo XIX), al desarrollo de la base productiva encabezado por Inglaterra y Europa occidental y, posteriormente (siglo XX), a los casos de Estados Unidos, Japón, entre otros (Fröbel et al., 1978).↵
- Con esto los autores refieren a la tecnología aplicada al transporte (carga a granel, contenedores, carga aérea) que posibilita el traslado en forma rápida y relativamente barata entre los lugares de producción intermedia o final y los de consumo. Asimismo, los sistemas de telecomunicaciones, los sistemas informáticos y otros métodos de organización que hacen posible el control directo de la producción en todo el mundo (Fröbel et al., 1978).↵
- La importancia de estas transformaciones llegaron a un punto que algunos incluso hablan de una “revolución microelectrónica” (Starosta y Caligaris, 2017, p. 226).↵
- Entre las críticas pertinentes recibidas por la NDIT, además de su visión respecto al rol de América Latina en el nuevo orden mundial, lo cual profundizaremos más adelante, está el hecho de considerar que la búsqueda de espacios de producción para el mercado mundial por parte de las ETN no se ha basado solamente en la existencia de fuerza de trabajo barata y disciplinada. En este sentido, se señala que existen otros factores fundamentales como la maximización de los ingresos y la existencia de mercados nacionales rentables en los países donde se realizan las inversiones (Starosta y Caligaris, 2017, p. 213).↵
- En general cuando se refiere al desarrollo del este asiático se trata de los casos de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong (conocidos como los “tigres asiáticos de primera generación”) y, aunque con menos potencialidad para avanzar en producciones más complejas, países como Tailandia, Indonesia y Malasia en la década de 1980 y luego Vietnam, Camboya, Bangladesh, etc. ↵
- En ese lapso el ingreso per cápita se multiplicó por siete, y el número de lo que las estadísticas consideran pobres absolutos disminuyó en 200 millones de personas (Alfieri, 2013).↵
- Los hidrocarburos experimentaron los aumentos más notables, seguidos por los minerales y los bienes agrícolas (Bolsa de Comercio de Rosario, 2019).↵
- Los precios de las materias primas han declinado luego del pico de 2012, aunque desde una perspectiva histórica siguen siendo altos (Iakova et al., 2015).↵
- Su empleo con diversos fines les ha ganado el nombre genérico de flexcrops o cashcrops (cultivos flexibles o de caja rápida) (Herre, 2018).↵
- En solo una década, el consumo en este país pasó de 25,7 millones de toneladas en el año 2000 a 55 millones de toneladas en el año 2009 (WWF, 2014). Del total de la soja consumida en este país, 41 millones de toneladas fueron importadas.↵
- En sentido amplio, con biotecnología, se suele referir a aquellas técnicas que utilizan organismos vivos, desde virus y bacterias hasta animales y plantas, o sustancias obtenidas de esos organismos para crear o modificar un producto. Esta definición incluye también las aplicaciones médicas e industriales (FAO, 2022). En el caso de la producción de alimentos, actualmente, la biotecnología refiere a la amplia gama de recursos e instrumentos aplicados a la agricultura, ganadería, silvicultura, pesca, acuicultura y agroindustria que se utilizan para diversos fines, como la modificación genética de plantas y animales para aumentar sus rendimientos o eficiencia, la caracterización y conservación de recursos genéticos para la alimentación y la agricultura, el diagnóstico de enfermedades de plantas y animales, el desarrollo de vacunas y la producción de alimentos fermentados, entre otros (FAO, 2015).↵
- Se considera evento transgénico a la recombinación o inserción particular de ADN ocurrida en una célula vegetal a partir de la cual se originó la planta transgénica.↵
- En el 2018 escaló al puesto 6 (ISAAA, 2018).↵
- Asimismo, como afirma M. Palau (2020), se ha dado una ligera disminución en la importación de agrotóxicos de la mano del aumento de las restricciones europeas a los residuos de agroquímicos, entre ellos al glifosato, así como también las de otros mercados como el chino. ↵
- Los últimos Censos Agropecuarios Nacionales realizados en Paraguay y cuyos resultados se hallaban disponibles al momento de nuestra investigación eran los de 1981, 1991 y 2008. Como indicamos en un inicio, en el año 2023 se publicaron los primeros resultados del CAN 2022.↵
- Según el reporte de World Wildlife Fund (WWF) de 2016 el crecimiento exponencial tanto del área sembrada de soja como de carne fue sobre la base de la deforestación. En el caso de la soja, como veremos en el próximo apartado, su expansión a partir de la década de 1970 implicó la deforestación masiva del Bosque Atlántico del Alto Paraná. ↵
- Si bien en nuestro período de análisis el único evento transgénico aprobado para su utilización era el Mon-04032-6 “Round-up Ready” de soja, según Base IS, al presente ya se han autorizado 41 variedades transgénicas más. Ver Base IS (2019).↵
- En sus inicios en la década de 1970, las inversiones orientadas hacia la producción de soja se ubicaron en los departamentos hoy considerados tradicionales en el cultivo de esta oleaginosa (Alto Paraná, Canindeyú e Itapúa) por la calidad de sus suelos y su ubicación geográfica lindante con Brasil. En las últimas décadas, al interior de estos departamentos, la superficie destinada a estos cultivos siguió en incremento. En el caso de Alto Paraná, por ejemplo, en el período agrícola 2011-2012 el 71,17% de su superficie cultivable ya estaba cubierta por monocultivos de soja, trigo, maíz, girasol y/o canola (Riquelme y Vera, 2013). ↵
- Según Arce (2012), este incremento de la demanda se sustenta en la necesidad de proteínas de poblaciones que están experimentando un rápido crecimiento económico. Por ejemplo, como veíamos anteriormente, el caso de parte del continente asiático.↵
- Una de las nuevas técnicas aplicadas a la producción es el denominado método Feedlot que consiste en la cría y engorde de ganado en condiciones de encierro. Como describen Zevaco y González Cáceres (2020), el animal es confinado en espacios reducidos y se le proporciona alimento balanceado en grandes cantidades (compuesto por forraje, granos, como el maíz, la soja o el trigo, y minerales). Este método, ya utilizado en países como Estados Unidos, Brasil y Argentina ha cobrado relevancia en Paraguay fundamentalmente desde el año 2014. Asimismo, el rubro ganadero no se ha mantenido al margen de las transformaciones producidas por la biotecnología. En el transcurso de los últimos veinte años la producción ganadera también ha registrado un incremento de inversiones y de aplicación de tecnología destinada a la modificación de la genética animal. En este sentido, el ganado no sólo es alimentado con piensos de soja y maíz transgénicos y complementado con antibióticos y vitaminas (Rojas Villagra, 2015b), sino que también distintas empresas avanzan en experimentos para generar especies con mayor rendimiento y mejor adaptadas al proceso productivo (Then, 2018).↵
- Según la ARP (2017), al 2017 17 plantas frigoríficas estaban habilitadas para la exportación. La capacidad de faena instalada se estima en 8.000 animales/día. Estas plantas sacrificaron más de 2 millones de vacunos para la exportación en el 2016, lo que incluye cortes deshuesados frescos y refrigerados “Premium” y carne congelada para uso industrial, así como también vísceras y otros subproductos.↵
- En la región Oriental, el ganado vacuno se concentra, principalmente en San Pedro, Concepción y Amambay, llegando al 44 % del total de cabezas de vacunos de la región Oriental. En la región Occidental, la mayor cantidad se ubica en el Departamento de Presidente Hayes, representando un 52 % de la región (WWF, 2016).↵
- Pese a que el peso del sector primario en la economía paraguaya, parece evidenciar el rol fundamental que la renta desempeña en este espacio nacional, este aspecto ha sido poco explorado hasta el momento. En este sentido, en un análisis detallado acerca de la producción energética, Vuyk (2019) introduce como hipótesis el rol determinante que este factor puede desempeñar en la producción de energía hidroeléctrica. Por su parte, González Cáceres (2018), se halla investigando una serie de hipótesis al respecto. Asimismo, Maito (2017), presentó una primera aproximación a la estimación de la renta, tanto para el sector agropecuario como el hidroeléctrico en el período 1996-2015, pero tal como se indica en Mussi y Villar (2023) su estimación se basa en márgenes de producción, considerando solo el capital consumido y excluyendo al capital total adelantado, en particular el capital fijo. En este sentido hemos tomado como base para nuestro análisis de este aspecto los resultados a los que se arribó en la primera aproximación presentada en Mussi y Villar (2023), donde se ha saldado la falencia señalada en la estimación de Maito en base a series de stock de capital (CEPAL, 2009) y estudios sobre el tema (Aquino, 2015), para el sector agrario y para el total de la economía, que permitieron construir la tasa de ganancia sectorial y total de la economía.↵
- Uno de los factores fundamentales de esta fase crítica fue el derrumbe de los precios internacionales de los productos agrarios que habían mostrado más dinamismo desde la década de 1970: la soja y el algodón. En el caso del algodón, luego de alcanzar el récord de superficie sembrada en la campaña agrícola 1989/1990 con 533 mil hectáreas, los problemas climáticos, el ingreso del pulgón del algodón y la caída de los precios, produjeron su drástica contracción, abarcando en 2001/2002 apenas unas 170 mil hectáreas, una reducción del 68,1% (Borda y Caballero, 2020).↵
- Como se aclara en Mussi y Villar (2023), en la lectura del gráfico hay que distinguir las oscilaciones circunstanciales de las más estructurales. En este sentido, en relación a las primeras, se observan fluctuaciones que afectan solo circunstancialmente el alza observada en el comportamiento general de la tasa de ganancia del sector. Estas oscilaciones, según el caso, pueden ser expresión de fluctuaciones de los precios internacionales de las mercancías que exporta Paraguay, mermas en la producción debido a condiciones climáticas (por ejemplo las sequías registradas en 2008 y 2011 o las inundaciones de 2011 y 2012) o rebrotes de enfermedades que afectan a los animales (por ejemplo de la fiebre aftosa del 2002 y fines del 2011), entre otras. ↵







