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Introducción

A partir del cambio de siglo, el incremento de los precios internacionales de ciertas materias primas a nivel mundial potenció en América del Sur transformaciones productivas asociadas a la optimización de la producción a gran escala de mercancías agrarias altamente demandadas en el mercado internacional. En el caso paraguayo, entre las características más significativas de las transformaciones recientes, se destacan la concentración y centralización del proceso productivo agrario. Esta tesis aborda el vínculo entre el despliegue de estas transformaciones y los cambios en la estructura social agraria en la primera década del siglo XXI, atendiendo especialmente a la producción de sobrepoblación relativa y sus modalidades (Marx, 2012).[1]

Para ello, sobre la base de la crítica de la economía política desarrollada originalmente por Karl Marx, se apunta a ofrecer una explicación centrada en la determinación de los sujetos sociales por el lugar que ocupan en el proceso de acumulación de capital (J. Iñigo Carrera, 2013). En tal sentido, nos interrogamos por la relación entre la forma actual asumida por el proceso de acumulación de capital en el espacio rural paraguayo y la producción de sobrepoblación relativa, adoptando un enfoque centrado, más allá de las representaciones que los individuos tienen de sí mismos, en la existencia y papel específico que los sujetos desempeñan en el conjunto de las relaciones sociales a través de las cuales se organiza el proceso de vida material. Esto coloca en el centro de la investigación el reconocimiento de los sujetos sociales como personificaciones de mercancías.

Esta investigación estuvo impulsada por el propósito de realizar un aporte a la caracterización y conceptualización de la estructura social de la producción agraria en Paraguay y su evolución histórica reciente focalizando especialmente en la producción de sobrepoblación relativa. La definición de limitar el estudio a la primera década del siglo XXI estuvo determinada por el dinamismo de las transformaciones productivas abordadas y la información estadística existente capaz de evidenciar vínculos entre el plano de la materialidad productiva y la estructura social. En este punto es importante tener en cuenta que este trabajo terminó de escribirse en 2021 y el último Censo Agropecuario Nacional (CAN) que se hallaba disponible en ese momento y que fue una de las fuentes principales de nuestro análisis empírico, era el de 2008. Sin embargo, tanto los primeros resultados del CAN 2022, como estudios especializados más recientes, permitirían deducir que las principales tendencias estructurales estudiadas continuaron en lo que refiere a las transformaciones productivas aquí analizadas y sus consecuencias.

1. Estudiar las transformaciones en la clase trabajadora

A partir del cambio de siglo, el incremento de la demanda de ciertas materias primas a nivel mundial potenció en América del Sur transformaciones productivas asociadas a la optimización de la producción de dichas mercancías (Arboleda, 2016; Taddei, 2013). Para el caso paraguayo, entre las características más significativas de las transformaciones recientes se destacan, en primer lugar, el aumento de la escala productiva por la creciente asociación entre mayor rentabilidad y mayores extensiones de tierra (Fogel, 2016a; Galeano, 2016). En segundo lugar, la mayor presión sobre las explotaciones medianas y pequeñas (T. Palau et al., 2009). En tercer lugar, la mayor tecnificación del proceso productivo y, como consecuencia, la menor necesidad del empleo de mano de obra (Guereñay Rojas Villagra, 2016; Rojas Villagra, 2015a).

En Paraguay, este proceso fue particularmente grave en términos sociales ya que es el país con el espacio rural más poblado de América del Sur (Banco Mundial, 2019). Allí, como han demostrado distintos estudios, el despliegue de las transformaciones recientes supuso la expulsión (Fogel, 2016), “desterritorialización” (T. Palau et al., 2009) y/o deterioro de las condiciones de vida de un sector importante de los habitantes del ámbito rural, afectando sobre todo a lo que algunos autores denominan la “agricultura familiar campesina” (Riquelmey Vera, 2019; Rojas Villagra, 2014, entre otros) o la “clase campesina” (Galeano, 2016). Asimismo, esto ha sido relacionado en diferentes análisis con el aumento de la población de los barrios periféricos de las ciudades (Galeano, 2016; M. Palau, 2016; Vázquez, 2013).

Si bien éste ha sido un proceso ampliamente analizado por la literatura especializada, consideramos que ha sido escasamente abordado desde perspectivas que apunten a ofrecer una explicación focalizada en el lugar que ocupan los sujetos en el proceso de acumulación de capital (J. Iñigo Carrera, 2013; Starostay Caligaris, 2017). En esta línea, al revisar los estudios sobre el caso paraguayo, lo que primero salta a la vista es la desvinculación en dichos análisis de las formas concretas asumidas por las relaciones sociales en la producción agraria y el conjunto de las relaciones sociales que constituyen la sociedad capitalista. Como consecuencia, al no partir de una identificación clara y precisa desde el punto de vista del papel que desempeñan en la acumulación de capital los sujetos que constituyen su objeto, no alcanzan a plasmar de manera acabada las profundas implicancias que el despliegue de las transformaciones productivas recientes ha acarreado sobre la sociedad paraguaya.

En tal sentido, el enfoque asumido en nuestro trabajo intenta recuperar la crítica de la economía política desarrollada originalmente en la obra de Marx, quien postula que en la sociedad actual los individuos no actúan como personas sino como personificaciones de la relación social general o, más precisamente, como personificaciones de mercancías (J. Iñigo Carrera, 2013; Marx, 1999; Starosta, 2015). Desde esta perspectiva, la caracterización de los sujetos sociales se basa, primariamente, “en el develamiento de su determinación esencial como tales sujetos, es decir, en el develamiento de las relaciones sociales que los constituyen” (Caligaris, 2017a, p. 16). Con lo cual, de acuerdo a la mercancía que cada uno personifique –el capital, la fuerza de trabajo o la propiedad territorial– se identifican tres papeles: el capitalista, el obrero y el terrateniente. No obstante, surge la dificultad de que el espacio rural presenta sujetos sociales que personifican distintas mercancías o desempeñan diversos papeles de manera simultánea: capitalistas-terratenientes, capitalistas-obreros y capitalistas-terratenientes-obreros (Caligaris, 2017a). Por lo cual, un abordaje de la estructura social como el que aquí se propone, se orienta a identificar la personificación determinante en cada sujeto para luego avanzar en el estudio de sus transformaciones como resultado de los cambios productivos recientes.

Sobre esta base, uno de los principales argumentos que sostendrá esta tesis es que la producción en la mayor parte de la superficie agraria se halla comandada por pequeños capitales que personifican simultáneamente la propiedad del capital, la tierra y/o la fuerza de trabajo. Sin embargo, en el caso paraguayo, esta preeminencia productiva aparece acompañada por el predominio demográfico de un masivo sector de sujetos sociales, comúnmente denominados agricultores familiares campesinos que si bien presentan también la personificación simultánea de las mercancías antes mencionadas, lo hacen como condición de su reproducción como fuerza de trabajo superflua. En el caso de éstos, que por cierto, constituyen el porcentaje mayoritario de la estructura agraria y casi el 40% de la población total, la producción, tanto de mercancías agrarias como de productos de subsistencia, está subsumida a garantizar su reproducción frente a la imposibilidad (lo intenten o no) de vender su fuerza de trabajo o de hacerlo en las condiciones medias. En esta línea, pese a tomar la forma de productores independientes asentados en pequeñas parcelas, la posesión de los medios de producción, como profundizaremos a lo largo de este trabajo, para estos individuos, es la forma mediante la cual sobreviven como población obrera excedentaria. Es decir que, mientras para algunos, la personificación simultánea de la propiedad del capital, la tierra y/o la fuerza de trabajo se constituye en la base de su supervivencia como pequeños capitales; para otros, es la condición de su reproducción como población superflua.

El criterio que hemos asumido para distinguir los miembros de la población obrera superflua, de aquellos sujetos determinados por la personificación del pequeño capital, está dictado por el límite último de la subsistencia del pequeño capital. Como profundizaremos en el próximo capítulo, un pequeño capital, se reproduce como tal, en la medida en que obtiene una ganancia, por más mínima que sea, que posibilita, más allá de la reposición de su capital constante, su valorización como capital. Ahora bien, llegado el caso de no obtener ni la más mínima ganancia, el límite último para sobrevivir como pequeño capital está dictado por la capacidad de obtener un monto equivalente al salario que se pagaría dicho capitalista personificando su propia fuerza de trabajo. Sobre esta base, uno de los argumentos centrales de este trabajo es que, en el espacio rural paraguayo, la producción obtenida por un sector masivo de pequeños productores no solo no permite obtener ganancia alguna sino que ni siquiera alcanza para reproducir su fuerza de trabajo en condiciones normales. En este sentido, desde el enfoque que guía esta investigación, dichos sujetos, aunque asuman la forma de productores independientes asentados en pequeñas parcelas, se constituyen como fuerza de trabajo superflua. Puesto que para este sector, la tierra no cumple una función productiva para su reproducción como capital sino para su reproducción o supervivencia como fuerza de trabajo.

Si bien en el próximo capítulo, desarrollaremos en profundidad este punto, cabe preguntarnos: ¿por qué el espacio rural paraguayo se halla masivamente habitado, de un lado, por capitales que en tanto capitales no alcanzan a valorizarse en las condiciones normales y, del otro, por trabajadores, que en tanto trabajadores, tampoco logran reproducirse en las condiciones normales?, ¿qué determina la permanencia en el espacio rural de este espacio nacional de individuos que como capitales o fuerza de trabajo encuentran estos límites a su reproducción?

Como profundizaremos en el próximo capítulo, responder estos interrogantes, en el caso de los pequeños capitales, nos enfrenta a la necesidad de dar cuenta de las condiciones particulares que presenta la esfera de la producción agraria y que la determinan como un ámbito propicio para el desarrollo del pequeño capital (Caligaris, 2017a), no sólo en Paraguay sino en todo el mundo. En el caso de la población obrera excedentaria, en cambio, su permanencia en el espacio rural se halla íntimamente ligada a la forma específica que asume la valorización de capital en América del Sur, en general y en Paraguay, en particular. Como veremos en la próxima sección esto no solo determina su permanencia como sobrepoblación relativa en el espacio rural sino que los somete a un proceso de estancamiento y consolidación en dicha condición (J. Iñigo Carreray V. Iñigo Carrera, 2017).

En esta línea, el análisis de los alcances o, mejor dicho, los límites para concretar la reproducción de esta fuerza de trabajo en condiciones normales nos coloca de lleno frente a lo que constituye la hipótesis central que ha guiado este trabajo: esta población trabajadora rural es sobrepoblación relativa que, dadas las limitaciones de la acumulación en Paraguay y como consecuencia de las transformaciones productivas recientes, ha visto agravado su proceso de estancamiento o consolidación en esta condición sufriendo un deterioro creciente de sus atributos productivos.

Ahora bien, antes de abordar de lleno ese punto, vale hacer algunas aclaraciones respecto al abordaje propuesto para el examen de las transformaciones de esta población trabajadora rural. Afirmar el carácter de sobrepoblación relativa sobre la base del rol determinante de la fuerza de trabajo para un masivo sector de la población rural paraguaya, coloca a este planteo en el centro de distintas controversias que se han desplegado en la literatura sobre las clases sociales y, en particular, sobre la clase obrera, tanto en Paraguay como a nivel global. En esta línea, supera nuestras posibilidades en esta instancia reponer todos los debates en torno al tema. Sin embargo, si pensamos en algunos de los principales enfoques al respecto al interior del marxismo, podemos afirmar que cuando referimos a la noción de clase o, más precisamente, a la pertenencia de un sector de los productores agrícolas a la clase trabajadora rural, no lo hacemos en los términos histórico-relacionales propuestos por Thompson y las múltiples contribuciones que se han entroncado en su enfoque. En este sentido, nuestra noción de clase, en esta instancia de nuestra investigación, no refiere a la “experiencia” (Thompson, 2012, p. 27) de estos agentes ni a sus formas de participación o consciencia. Tampoco rastrea ni da por supuesta, como resultado de ésta, una identidad de intereses entre los sujetos que personifican la fuerza de trabajo.

Nuestra visión también se diferencia de otros análisis materiales sobre la pertenencia a la clase obrera del campesinado de otros espacios nacionales, como puede ser, por tomar un ejemplo, el clásico estudio de Marín (2007) sobre los asalariados rurales en Chile. Allí el autor, en base a un exhaustivo relevamiento, da cuenta de las distintas formas que asumía la venta de la fuerza de trabajo inserta en la economía de los fundos chilenos.[2] Este análisis, aunque anclado en un abordaje empírico riguroso de las condiciones materiales, pone el foco en las relaciones sociales concretas inmediatas en que se insertan estos individuos en la esfera de la producción agraria. En este sentido, si bien consideramos que este tipo de aproximación avanza en la identificación de aspectos claves de algunos sectores de la clase trabajadora rural en realidades nacionales como las de América del Sur, al poner el foco en la presencia, sea parcial o total, o sea manifiesta o encubierta, de relaciones de asalarización con respecto al fundo, puede perder de vista, como mostraremos en el caso paraguayo, el carácter obrero que también presentan aquellos sujetos sociales que aunque no se hallen en relaciones salariales por fuera de su finca personifican de igual modo el papel de la fuerza de trabajo al interior de sus propias unidades productivas como requisito de su reproducción como fuerza de trabajo superflua.

En esta línea, nuestra delimitación también aplica a aquellas visiones que, en crítica a los argumentos acerca de una crisis terminal del movimiento obrero, se proponen evidenciar la vitalidad de este sector en las acciones impulsadas por un amplio abanico de sujetos sociales que incorporan al interior de su definición de clase trabajadora. Uno de los aportes paradigmáticos en este sentido es el de Silver (2005) que, a partir del examen de la interrelación de lo que denomina el plano de la “estructura del desarrollo económico capitalista” y el plano de la “acción colectiva” (p. 44) contempla como parte de las acciones de la clase obrera a sectores omitidos por las lecturas más convencionales. Es así que bajo lo que denomina “conflictos laborales”, incluye aquellas acciones de “resistencia a la proletarización” que serían encabezadas por sujetos en vías de proletarización. Estas visiones tienen la virtud de advertir el vínculo con la “condición proletaria” (Silver, 2005, p. 204) de un campo más amplio de sujetos que el proletariado rural tradicional. Sin embargo, limitan esta vocación de amplitud a aquellos trabajadores “reciente o parcialmente proletarizados” (Silver, 2005, p. 204), que pretenden escapar a la condición proletaria. Con lo cual, en el caso paraguayo, quedarían excluidos un masivo sector de trabajadores rurales que se “autoexplotan” en parcelas propias como requisito ineludible de su reproducción como fuerza de trabajo superflua.

Esto último, como desarrollaremos en profundidad en el capítulo 3, también nos diferencia de aquellas visiones que en una recuperación crítica del planteo de Chayanov (1905) en el marco del clásico debate de la cuestión agraria, plantean la existencia de un “sector campesino” (T. Palauy Heikel, 2016; Rojas Villagra, 2015a) que aunque en descomposición creciente como resultado de sus vínculos salariales y/o comerciales con el mercado, “aún mantienen la importancia de la producción para garantizar la reproducción de la unidad que confiere a ésta su carácter campesino” (T. Palauy Heikel, 2016). Como argumentaremos a lo largo de este trabajo, el examen de las condiciones y alcances de dicha reproducción no solo evidencia el carácter obrero de estos agentes, en el sentido que hemos referido más arriba, sino que pone de manifiesto su existencia actual como sobrepoblación relativa rural en proceso de deterioro de sus atributos productivos como resultado de su estancamiento o consolidación en esta condición de sobrante.

Por último, nuestro planteo también se delimita de aquellos intentos de ampliación, como el de Van der Linden que, frente a una supuesta “estrechez” del concepto de clase trabajadora desarrollado por Marx, proponen reemplazarlo por la noción más abarcativa de “clases sublaternas” (Van der Linden, 2019).[3] Como señala N. Iñigo Carrera (2003),

[S]i salimos de la estrecha esfera de la circulación de mercancías y de la relación entre el capitalista y el obrero individuales, y pasamos a considerar la reproducción capitalista y la relación entre la clase capitalista y la clase obrera, encontramos que la ampliación del concepto de “clases subalternas” propuesto por van der Linden parece terminar coincidiendo con el concepto de clase obrera explicitado por Marx: los expropiados de condiciones materiales de existencia que deben vender fuerza de trabajo (p. 4).

En este sentido y con lo dicho hasta aquí queda de manifiesto que el abordaje que nos proponemos de los sujetos sociales de la estructura agraria y sus transformaciones recientes se circunscribe al plano de la acumulación de capital, a partir de la identificación de la mercancía que personifican primariamente los individuos que intervienen en la esfera de la producción agraria paraguaya.

En esta línea, nuestro examen de las formas que toman las relaciones concretas en el ámbito de la producción agraria se halla subsumido al reconocimiento del capital como relación social dominante cuyo contenido, como desarrollaremos en el próximo apartado, es mundial.

2. Estudiar las dinámicas de la realidad paraguaya desde la perspectiva de la unidad mundial del capital

En general, los análisis críticos sobre la realidad paraguaya han replicado (implícita o explícitamente) las concepciones que han dominado el análisis sobre las particularidades, especificidades, potencialidades o limitaciones de la acumulación de capital en América Latina. Como indican distintas sistematizaciones de estos debates (Caligaris, 2017b; Starosta y Steimberg, 2019), entre las contribuciones críticas más difundidas, tuvieron especial relevancia las teorías del desarrollo (Prebisch, 1963, 1986), del estructuralismo (Furtado, 1966; Pinto y Valenzuela Feijoo, 1991), del imperialismo (Borón, 2013, entre otros) y de la dependencia (Cardoso y Faletto, 1996; Frank, 1973; Marini, 1972, entre otros). Actualmente, si bien han surgido nuevos enfoques, se basan en los esquemas interpretativos de estas teorías reproduciendo, en gran medida, desde nuestro punto de vista, sus limitaciones.

Revisitando sintéticamente estas visiones sobre el subdesarrollo o las limitaciones en la acumulación de América Latina, podemos ver que, algunas han puesto el foco en las desventajas provocadas por la existencia de un “desequilibrio estructural” entre centro y periferia (Prebisch, 1986). Otras, en cambio, han puesto de relieve el círculo vicioso generado en los países latinoamericanos por el “dualismo estructural” entre un sector “capitalista” y un sector “tradicional”, de “subsistencia” o “precapitalista” (Furtado, 1966; Pintoy Valenzuela Feijoo, 1991; Tavares y Serra, 1971).[4]

Las diversas lecturas dependentistas, por su parte, direccionaron el análisis hacia nuevos factores. Sin embargo, éstas últimas no constituyen un corpus teórico homogéneo (Beigel, 2006). Como señalan Starosta y Steimberg (2019), una posible distinción al interior del dependentismo es entre aquellas versiones más sociológicas o politicistas y aquellas que “representan los aportes conceptual y metodológicamente más sofisticados de la corriente específicamente marxista”(p. 167). En el caso de las primeras, el fundamento de la dependencia latinoamericana está puesto en las alianzas de clases y relaciones de fuerzas nacionales e internacionales. Como consecuencia, “la posibilidad de dar un curso alternativo al desarrollo” se halla sujeta a la capacidad de superación de “las relaciones de subordinación de la periferia a la dominación de los países avanzados” (Starostay Steimberg, 2019, p. 168). Un esquema similar subyace en aquellos enfoques centrados en el sometimiento imperialista de América Latina (Borón, 2013). En general, estas visiones, parten de considerar a los ámbitos nacionales como la unidad primaria del proceso de acumulación de capital. Tal como señala Caligaris (2017b),

toda vez que se explica el curso particular que adopta un espacio nacional por el resultado de la lucha de clases local, se está suponiendo que cada país se constituye autónomamente y que, en consecuencia, la relación entre los mismos se establece sobre la base de esta constitución autónoma previa. De este modo, el proceso mundial de acumulación de capital y su correspondiente diferenciación nacional no se presenta como una necesidad inmanente al movimiento del capital social global sino, por el contrario, como el producto del encuentro entre procesos nacionales de acumulación de capital abstractamente autónomos (p. 20).

En esta línea, según las visiones antes revisadas, el hecho de que cada país constituya una unidad de acumulación conectada con el resto de los países por medio del mercado, supondría que “todo fragmento nacional tiene la potencialidad de desarrollar en su interior de manera inmediata la unidad de las leyes de la acumulación” (Cazón et al., 2015).

Sin embargo, como dijimos antes, al interior del dependentismo, surgen visiones que intentan cuestionar los planteos, implícita o explícitamente, basados en una supuesta autonomía de los espacios nacionales. Tal es el caso de Marini (1972) que, para comprender la dependencia, plantea la necesidad de poner el foco en “la perspectiva del sistema en su conjunto” (p. 36).[5] En este sentido, el esquema interpretativo propuesto por este autor, tiene la virtud de direccionar la atención hacia las condiciones materiales constitutivas de esta dependencia: “Para él, el problema era explicar la dependencia como resultado del propio desarrollo de las leyes capitalistas expuestas por Marx en El Capital y no como su negación” (Kornblihtt, 2015b). En ese marco, plantea que existe un intercambio económico desigual entre países, en el que, sobre la base de la baratura de la fuerza de trabajo local, como resultado de la “superexplotación”, fluye plusvalía desde los países productores de materias primas hacia los países centrales.[6]

Sin embargo, tal como señalan Starosta y Steimberg (2019) en crítica a esta visión, si el factor determinante de la particularidad de los espacios nacionales latinoamericanos es lo que Marini ha denominado la “superexplotación”, cabría preguntarnos por qué esto no se convirtió en una ventaja aprovechable en términos competitivos para el desarrollo industrial como sí ha sucedido en otras regiones del planeta.[7] Esto nos devuelve a la pregunta sobre la especificidad de la acumulación de capital en los espacios nacionales latinoamericanos.

Desde el punto de vista que ha guiado nuestra investigación, la clave para responder este interrogante no está en las condiciones desiguales del intercambio entre regiones centrales y periféricas postuladas por las teorías del desarrollo, ni en las relaciones de dominación (internacionales o nacionales) en las que hacen foco el imperialismo y las lecturas sociológicas o politicistas de la dependencia. Más allá de que algunos de estos fenómenos se manifiesten en formas concretas insoslayables para cualquier observador de las dinámicas contemporáneas de la división internacional del trabajo, lo que conduce estas manifestaciones concretas es la acumulación mundial de capital que, como relación social dominante, sólo reconoce su impulso en la producción de plusvalía relativa. Con lo cual, si queremos explicar cualquier atributo específico de la forma en que se organiza la producción en cualquier ámbito nacional, el punto de partida, dada la naturaleza mundial capitalista, es la producción de plusvalía relativa global (Caligaris, 2017b).

En este sentido, como ha desarrollado extensamente J. Iñigo Carrera (2008, 2013), la especialización en la producción de mercancías agrarias y mineras por parte de los países de América Latina no es una adaptación a los requerimientos de los países centrales, sino un vehículo de esta determinación esencial. Uno de los rasgos fundamentales de esta especialización de los espacios nacionales latinoamericanos en determinado tipo de mercancías, es que cada país aboca su producción a aquellos rubros y variedades en los que logran una renta diferencial por presentar condicionamientos naturales no reproducibles por el capital de manera general. Sobre la base de esta facultad específica, estos ámbitos de acumulación logran sostener una productividad del trabajo superior a las que determinan los precios normales en el mercado mundial. En este sentido, la orientación de los países de América Latina hacia la producción de mercancías primarias que, como hemos referido, se ha constituido en materia de tantas interpretaciones diferentes, sólo tiene sentido si las mercancías que provee, “merced a las mejores condiciones naturales en las que las produce, redunda en un menor valor de la fuerza de trabajo que explota el conjunto del capital social global” (Caligaris, 2017, p. 25). Sin embargo, siguiendo a este autor, la producción de mercancías agrarias bajo condiciones naturales superiores y no reproducibles por el capital no implica, simplemente, el abaratamiento de la fuerza de trabajo que consume el capital industrial en general. La contracara de ese abaratamiento es el flujo hacia los países productores de las mercancías agrarias de una masa de riqueza social, bajo la forma de renta de la tierra, constituida por la plusvalía extraída a los trabajadores de los países clásicos, definidos como aquellos que producen la generalidad de las mercancías, que consumen directa o indirectamente dichas mercancías (J. Iñigo Carrera, 2008). [8]

Esta aseveración invierte el esquema interpretativo propuesto por Marini que, aunque coloca en un lugar central los flujos de plusvalía entre espacios nacionales, al no contemplar la renta, le otorga un sentido inverso al planteado por nuestro enfoque.[9] Desde el enfoque asumido por nuestro trabajo, no es el plusvalor de los “superexplotados” trabajadores latinoamericanos el que fluye hacia los países centrales sino que, por el contrario, es el plusvalor de los trabajadores de los países centrales el que fluye hacia a los países productores de mercancías portadoras de renta. Ahora bien, tal como pone de manifiesto Caligaris (2017b),

[c]oncluir que hacia los países especializados en la producción de materias primas fluye de manera permanente una masa de plusvalor producido por trabajadores extranjeros parece chocar con todas las apariencias que presentan estos procesos nacionales de acumulación de capital. En efecto, lo que debería esperarse de un país hacia donde afluye permanentemente desde el exterior una masa de riqueza social no producida por sus propios trabajadores es que tenga potenciado su proceso nacional de acumulación de capital (p. 27).

Este flujo de riqueza hacia las economías basadas en la producción rentística, como señala el referido autor, no ha redundado en el desarrollo industrial de estos países sobre la base del aprovechamiento de estas “ventajas”. Por el contrario, la historia de estos espacios nacionales aparece marcada por el endeudamiento, las crisis recurrentes, la menor productividad del trabajo del capital industrial, los bajos salarios y la producción expansiva de una masa de población obrera superflua.

En este sentido, según el enfoque en el que se inscribe esta investigación, la clave para comprender los límites presentados por estas formas nacionales para potenciar sus procesos de acumulación más allá de la producción de mercancías agrarias o mineras, está en los mecanismos mediante los cuales el capital social global recupera ese plusvalor cedido a los países productores de materias primas (Caligaris, 2017b; J. Iñigo Carrera, 2017; Starostay Caligaris, 2017). En relación a dichos mecanismos, si indagamos en el destino de esta masa de riqueza en los países rentísticos, en una primera aproximación podríamos suponer que los terratenientes, en tanto detentan la propiedad sobre la tierra, son los beneficiarios directos y absolutos de la productividad extraordinaria que resulta de las condiciones naturales diferenciales sobre las que ejercen su monopolio. Sin embargo, a través de la mediación estatal, existen mecanismos directos –impuestos y regalías, regulación de tarifas, entre otros– e indirectos –endeudamiento, sobrevaluación, abaratamiento de mercancías, entre otros– que pueden encausar esas masas de valor hacia sujetos pertenecientes a sectores no rentísticos.

Ahora bien, como indica Caligaris (2017b), “[e]stando mediada por la forma nacional que toma la acumulación de capital, la cuestión de la recuperación de la renta de la tierra captada en los países dedicados a la producción de materias primas solo puede desarrollarse examinando un ámbito nacional en particular” (p. 29). En este sentido, una gran cantidad de estudios sobre distintos países de América del Sur, han avanzado en la forma específica que asume este proceso de “recuperación” en cada espacio nacional. En todos los casos, como afirma Caligaris (2017b), el capital social, en la empresa de recuperar el plusvalor producido por sus obreros que fue a parar a manos de los terratenientes bajo la forma de renta de la tierra, enfrenta la siguiente contradicción:

Si, por un lado, se muestra susceptible de reabsorción en cuanto los terratenientes son meros parásitos sociales y, por lo tanto, inservibles para todo proceso de acumulación de capital, por otro lado, se muestra enteramente inasible en cuanto implica poner en jaque a la propiedad privada sobre la tierra y, con ella, al proceso de acumulación de capital mismo (Caligaris, 2017b, p. 29).

Es así que, dado el carácter confiscatorio de la propiedad privada o, cuando menos, “violatorio del principio de la equidad fiscal” (Caligaris, 2017b, p. 31) de muchos de los mecanismos antes mencionados, mayormente, los cursos de apropiación de renta mediante los cuales se ha garantizado el reflujo de la plusvalía cedida a los terratenientes en los países de América del Sur han sido la sobrevaluación de la moneda y el endeudamiento externo.[10] Entre las grandes implicancias que han tenido estos mecanismos en los espacios nacionales en cuestión, la sobrevaluación es la que más directamente ha limitado la posibilidad de avanzar en el desarrollo de un sector industrial en estas geografías: “en la medida en que las mercancías producidas por […][los capitales industriales a nivel local] no portan de manera permanente una ganancia extraordinaria, la existencia de una moneda sobrevaluada impide que se exporten sin afectar la reproducción normal de estos capitales” (Caligaris, 2017b, p. 35).

En suma, con lo visto hasta aquí y a partir del análisis de los flujos y reflujos de plusvalía involucrados en la producción mundial, hemos puesto de manifiesto que la acumulación de capital es un proceso nacional por su forma pero mundial en su contenido. En este sentido, esto ha determinado que, en su desarrollo histórico concreto, como veremos más en profundidad en el capítulo 2, los recortes nacionales del capital mundial asuman formas muy distintas determinadas por la ya mencionada necesidad de potenciar la producción de plusvalía relativa.

En esta línea, en la configuración histórica concreta de esta unidad mundial del proceso de acumulación de capital y sus recortes nacionales, desempeñó un rol clave la búsqueda de alternativas para la provisión de mercancías agrarias y mineras a un valor menor al vigente en el mercado mundial por parte de los “países clásicos”.[11] Esto toma una primera expresión en la creación de colonias en Asia y América Latina (Cazón et al., 2015; J. Iñigo Carrera, 2008, 2013, 2017).

A partir de principios del siglo XIX, con la expansión de los procesos de formación de espacios nacionales formalmente independientes, la acumulación mundial de capital se concreta en tres tipos de formas nacionales predominantes. En primer lugar, los países clásicos que producen la generalidad de las mercancías. Un segundo tipo de país, en los que la acumulación está ampliamente determinada por su capacidad de producir mercancías agrarias y mineras portadoras de renta con fuertes limitaciones para el desarrollo de un sector industrial. Y, por último, un tercer tipo de país que al no presentar ninguna de las potencias anteriores, se constituyen como reservorios de sobrepoblación relativa.

Como profundizaremos en el capítulo 2, a partir de la década de 1970 y hasta la actualidad, sobre la base del desarrollo de las fuerzas productivas vinculadas a la automatización, la microelectrónica y la robótica, la acumulación mundial de capital asume una nueva modalidad histórica. En ese marco, los países que hemos denominado “clásicos” ya no producen la generalidad de las mercancías sino que se orientan a aquellas porciones del proceso de trabajo que requieren un trabajo más complejo; mientras las instancias más simples del proceso de trabajo, se reubican en nuevas regiones del planeta, tales como el sudeste asiático, por las características de su fuerza de trabajo. Las modalidades restantes corresponden a aquellos espacios nacionales que continúan especializándose en la producción de mercancías primarias portadoras de renta o aquellos que al no presentar ninguna de las potencias antes mencionadas, se constituyen en reservorios de fuerza de trabajo en un progresivo deterioro de sus atributos productivos como consecuencia de las condiciones de su reproducción.

Históricamente, la especificidad de los países de América Latina estuvo determinada por esta capacidad de producir mercancías portadoras de renta, con las ya mencionadas limitaciones para el desarrollo industrial. Sin embargo, siguiendo a Grinberg (2016), en el marco de la nueva división internacional del trabajo, al interior de esta región se distinguen dos tipos de países. Por un lado, los países de América del Sur y, por el otro, México, América Central y el Caribe. Mientras en los segundos, se han desplegado procesos de acumulación a través de la producción industrial basada en la explotación de una fuerza de trabajo relativamente barata y disciplinada; en los países de América del Sur la acumulación de capital aparece aún ampliamente determinada por la producción de renta diferencial (Grinberg, 2016).

Paraguay, ubicado en el centro de América del Sur, pertenece a este grupo de países. Sin embargo, como sostendremos a lo largo de nuestro desarrollo, en el marco de las transformaciones productivas recientes, las dimensiones que está cobrando, la producción de sobrepoblación en este país nos llevan a preguntarnos en qué medida este último fenómeno no ha devenido en un aspecto determinante de su especificidad complementario, subordinado o subordinante de la producción de renta. Para decirlo de otro modo, como decíamos antes, la actual división internacional de la acumulación mundial toma forma en primer lugar, en países que concentran las tareas (según el caso, más complejas o más simples) de los procesos productivos industriales, en segundo lugar en países especializados en la producción de mercancías primarias portadoras de renta y, en tercer lugar en países que se constituyen en reservorios de sobrepoblación relativa. Cabe preguntarse si los recientes procesos de producción de sobrepoblación relativa en Paraguay no colocan a este espacio nacional entre los países que se constituyen, principalmente, como reservorios de población sobrante.

Asimismo, como profundizaremos en el capítulo 5, uno de los aspectos más notorios del proceso actual, es que esta masiva sobrepoblación rural paraguaya, mayoritariamente, no asume la modalidad latente atribuida por Marx a los contingentes que permanecían en el espacio rural “a la espera” de ser requeridos por el desarrollo industrial urbano. Tal como lo pone de manifiesto Donaire (2018), esta sobrepoblación latente, o mejor dicho la latencia de esta sobrepoblación “no se hace visible hasta que emigra a las ciudades” (p. 1). En esta línea, la población que constituye el objeto de nuestro estudio, sería latente si existieran perspectivas de que en el corto o mediano plazo, dichos contingentes sean absorbidos por el capital fuera de la producción agraria. Sin embargo, dada la evidente prolongación de la permanencia de dicha población en el espacio rural, argumentaremos que, actualmente, las modalidades de existencia de sobrepoblación que prevalecen en el espacio rural paraguayo son el estancamiento y la consolidación en la condición de sobrante, con el consiguiente deterioro de sus atributos productivos derivado de la imposibilidad de reproducir su fuerza de trabajo en condiciones normales o el pauperismo. Esto parece marcar una novedad de la reciente sobrepoblación, con respecto a la forma asumida por este fenómeno en otros momentos de la historia paraguaya.

En relación a esto último, vale aclarar que trasciende las posibilidades de este estudio establecer de manera terminante si los procesos analizados en este trabajo de producción, estancamiento y consolidación de la sobrepoblación relativa hunden sus raíces en la larga historia del espacio nacional paraguayo. Llegar a una conclusión acabada en este sentido, exigiría examinar las condiciones de reproducción de la población rural en un período mucho más amplio que el que puede abarcar un estudio de estas características. Sin embargo, distintos análisis históricos sobre este país (Ayala, 1996; Creydt, 2002; Pastore, 2008; Rivarola, 2015; Schvartzman, 2017, entre otros) o estudios sobre sus transformaciones agrarias en el marco más amplio de la región del Plata (Herken Krauer, 1984) o de América Latina (Delich, 2018), explícita o implícitamente, arrojan indicios que permiten suponer que la producción de sobrepoblación relativa en el espacio rural es un fenómeno que, al igual que en otros espacios nacionales, ha acompañado los procesos de modernización agraria capitalista en el espacio rural paraguayo. Sin embargo, el análisis propuesto en distintos estudios nos permite deducir que, a diferencia de la actualidad, han existido períodos de la historia de este país, en que la sobrepoblación rural asumía la forma latente y no la estancada o consolidada que se observa en nuestro período de análisis. Tal es el ejemplo de los masivos contingentes absorbidos por los procesos de industrialización regional de mediados del siglo pasado:

Con la acelerada industrialización de la Argentina, y la consecuente demanda de mano de obra, y gracias a su vez a la conflagración política-militar del Paraguay entre 1946-47, se producirá el fenómeno masivo de la “emigración paraguaya”, que hasta ahora hace del Paraguay un gran exportador de surplus labour (excedente-de-mano-de-obra), quizás el rubro más importante en la generación de divisas (Arce et al., 2011, pp. 42-43).[12]

Fuera de la absorción como resultado de la industrialización en otros países de la región, históricamente, la forma latente de la sobrepoblación rural también quedó de manifiesto en el marco de procesos internos tales como la “modernización de la economía” impulsada durante el stronismo (Soler, 2012).[13] Uno de los ejemplos, en este marco, es la masiva absorción de los excedentes de mano de obra rural que requirió la construcción de la “mayor obra de infraestructura del país” (Borda, 2011a, p. 65): la represa hidroeléctrica de Itaipú. Tal como afirma Borda (2011a), “[l]as obras de Itaipú cambiaron las características de construcción del país y facilitaron, en gran medida la urbanización acelerada a partir de la década de 1970” (Borda, 2011a, p. 65). En la misma línea, Soler (2012), afirma,

la construcción de Itaipú, más la firma, en 1993, del tratado de Yacyretá con el gobierno argentino para la construcción de una represa hidroeléctrica, generaron una demanda de mano de obra especializada y no especializada inédita en la historia económica de paraguaya (Soler, 2012, p. 113).

Aunque, como ya hemos dicho, profundizar en el análisis de estos períodos sobrepasa las posibilidades de nuestro examen, con estas breves referencias históricas, queda de manifiesto el vínculo entre las modalidades asumidas por la sobrepoblación y la forma asumida por la valorización de capital tanto a nivel del espacio nacional paraguayo, como de América del Sur. En esta línea, a partir del examen actual de las dimensiones y formas de la sobrepoblación relativa en el espacio rural paraguayo, esta investigación, pretende contribuir al conocimiento de las limitaciones y posibles destinos de los recortes nacionales de acumulación de capital asentados en esta región del planeta. Con esto último, nuestro trabajo se inscribe en la vocación de cuestionar el “mito de la isla” (Soler, 2010) instalado en una parte importante del pensamiento social sobre este país.

3. Estructura de la exposición de la investigación

La exposición de la presente investigación se organiza en cinco capítulos. El capítulo 1, está dedicado a la reconstrucción conceptual de las variables propuestas para el análisis desde el enfoque que ha guiado nuestra investigación.

Sobre esta base, en el resto de los capítulos, se aborda el desarrollo histórico reciente de la acumulación de capital y los cambios en la estructura social de la esfera agraria en la primera década del siglo XXI. Para ello, en el capítulo 2 se inicia analizando las dinámicas contemporáneas de la división internacional del trabajo y las características específicas que adopta América del Sur y el espacio nacional paraguayo. En este marco, se examinan el despliegue de las transformaciones productivas recientes, enfatizando en el proceso de concentración y centralización del capital agrario sobre la base del cual se produjo un crecimiento de la tasa de ganancia del sector y un incremento de la renta de la tierra apropiada por terratenientes potenciando la acumulación de capital, con profundas consecuencias sobre la estructura social.

A partir de ello, en el capítulo 3, se analizan los cambios en la estructura social agraria a partir de las transformaciones productivas recientes. En ese camino, se revisan críticamente las principales caracterizaciones existentes sobre los agentes de esta rama y, sobre la base de una reconstrucción de su desarrollo histórico reciente, se identifican, desde el enfoque propuesto por nuestro análisis, los tipos de sujetos sociales característicos. En este punto se recupera especialmente la propuesta analítica desarrollada por Caligaris (2017), en la cual se postula que en la unidad del proceso general de acumulación de capital, la producción agraria se presenta como una rama colonizada por el pequeño capital. Asimismo, se argumenta que este rasgo específico de la esfera agraria, en Paraguay, se halla acompañado del predominio, en términos demográficos, de una fuerza de trabajo rural que depende de la personificación de la propiedad de los medios de producción para su supervivencia como población obrera excedentaria para las necesidades del capital. En esta línea, en el capítulo 4, luego de una reconstrucción crítica de las formas predominantes en las que se ha abordado el estudio de la población sobrante en América Latina se defiende la actualidad de la noción de sobrepoblación relativa de Marx (2012) para la comprensión de los procesos en juego. Sobre esta base, a partir de estadísticas oficiales sobre el comportamiento de indicadores tales como el empleo, desempleo, subempleo, pobreza, condiciones de vida, entre otros, así como de estudios especializados en el tema, se presentan evidencias de la existencia expansiva de población agraria en esta condición.

Posteriormente, en el capítulo 5, a partir de estadísticas sobre el tema y estudios especializados en la estructura social, movimientos migratorios, conflictos y políticas sociales se emprende una identificación tentativa de las diversas modalidades asumidas por la sobrepoblación en el marco de las transformaciones productivas recientes, tanto para los individuos que permanecen en el espacio rural, como para aquellos que migraron recientemente a territorios urbanos.

Para finalizar, se presentan las principales conclusiones. Entre ellas, uno de los argumentos centrales que sostiene esta tesis es que, dadas las características del espacio nacional paraguayo, la crisis de las unidades productivas de pequeña escala como consecuencia de la concentración y centralización del capital agrario, agravó el proceso de estancamiento y consolidación en la condición de sobrante para las necesidades del capital de un sector masivo de la población trabajadora rural, y, con ello, profundizó el deterioro progresivo de sus atributos productivos.


  1. Tal como lo hizo Marx (2012) en El capital, en el desarrollo de nuestro trabajo, a los fines de redundar lo menos posible en la exposición se utilizarán las nociones de “sobrepoblación relativa”, “población obrera relativamente excedentaria”, “superflua” o “supernumeraria” como sinónimos. Vale aclarar que estos términos en concreto pertenecen a la traducción realizada por Pedro Scaron en la edición de Siglo XXI. También se incorporaron términos referidos al mismo fenómeno tales como “población obrera sobrante relativa”, “población obrera superflua” o “excesiva” presentes en la edición de Fondo de Cultura Económica, cuya traducción estuvo a cargo de Wenceslao Roces.
  2. Al respecto afirma: “‘Inquilinos’, ‘voluntarios’, ‘obligados’ y ‘afuerinos’ son asalariados, pero no lo son en el sentido clásico del término, sino que piénsese en la pauta agraria tan corriente todavía hoy, del campesinado que alterna su agricultura de subsistencia con un trabajo asalariado”(Marín, 2007, p. 40).
  3. Como sintetiza Varela (2012): “Su argumento central es que el conjunto de presupuestos de Marx para que exista trabajo asalariado (que el trabajador sea libre, que sea portador y poseedor de fuerza de trabajo y que no tenga más que eso para vender), se cumplen más como excepción que como norma en la historia del trabajo a nivel global” ( p. 195).
  4. Como sintetizan Strarosta y Steimberg (2019) acerca de la visión estructuralista: “Sobre esta determinación fundante u originaria, se desenvuelve un proceso de círculo vicioso que, al derivar en una estructura productiva cada vez más polarizada, reproduce la condición dualista del país subdesarrollado, llevando, dependiendo de los autores, a una situación de estancamiento secular (Furtado), a una creciente heterogeneidad ínter e intrasectorial (Pinto) o a la persistencia de la restricción externa (Tavares y Serra)” (p. 165).
  5. Aquí podríamos incluir también el desarrollo de Dussel (1988) que propone superar las visiones ancladas en descripciones de las apariencias empíricas inmediatas de los mecanismos que reproducen las limitaciones del desarrollo capitalista en América Latina y avanzar en sus determinaciones fundamentales o esenciales. Para un debate en profundidad desde el enfoque asumido por este trabajo con las visiones de Ruy Mauro Marini y/o Dussel ver Kornblihtt (2015, 2017), Starosta y Steimberg (2019), Caligaris (2017b) y Lastra (2018).
  6. Entre sus principales aportes, Marini (2012), también introdujo la noción de “subimperialismo”, como “fenómeno histórico”. Dicha categoría, al referir, principalmente al caso de Brasil, tuvo gran incidencia en algunos análisis sobre Paraguay y sus relaciones de subordinación con este país (ver, por ejemplo: Cardozo Ocampos, 2018).
  7. Al respecto Starosta y Steimberg (2019) señalan: “esto último es lo que ha caracterizado a los procesos de desarrollo ‘tardíos’ del este asiático, cuando las modalidades del proceso de trabajo capitalista permitieron la dispersión geográfica de la producción industrial, hasta entonces concentrada en los países ‘clásicos’ (Estados Unidos y los de Europa occidental). Así, primero en Japón, luego en Corea del Sur y Taiwán y, más tarde, en otros países de esta región, la industrialización fue una forma concreta de la relocalización de ciertos procesos productivos hacia estos ámbitos donde la fuerza de trabajo era relativamente barata y disciplinada como producto de su génesis histórica concreta en tanto individuos doblemente libres, sumado a la gran magnitud de población sobrante latente en las zonas rurales. De este modo, el capital total global logró maximizar su valorización mediante la explotación diferenciada de la clase obrera global sobre la base de los distintos tipos de atributos productivos que requiere de cada órgano que integra el obrero colectivo” (p. 185).
  8. Como señalan Starosta y Steimberg (2019), teniendo en cuenta este aspecto, resulta llamativa “la virtual ausencia de toda discusión significativa del papel de la renta de la tierra en la constitución de la modalidad y potencialidades de la acumulación del capital en América Latina en la gran mayoría de la literatura crítica sobre esta región, sobre todo teniendo en cuenta la importancia que tiene para este enfoque la especialización en la producción primaria como determinante de la forma específica que asume la acumulación de capital en la ‘periferia’” (p. 181).
  9. Como sintetiza Lastra (2018) en su sistematización de los contrapuntos entre la visión de Marini y el “planteo de la unidad mundial”: “las dos visiones presentan explicaciones divergentes en torno a los sentidos en que se dan las transferencias de valor y las consecuencias que la superexplotación tiene en las sociedades latinoamericanas” (p. 129). 
  10. Ver J. Iñigo Carrera (2007b) y Caligaris (2017) para Argentina, Grinberg (2013) para Brasil, Kornblihtt (2015) para Venezuela, Oyhantçabal y Sanguinetti (2017) para Uruguay, Kornblihtt y Rivas (2021) para Chile y Mussi (2019) para Bolivia, entre otros. En lo que refiere al espacio nacional paraguayo, pese a que aún la estimación de la renta hidoreléctrica y la identificación de los mecanismos de apropiación están en proceso, en Mussi y Villar (2023) se realizó un primer cálculo de la renta agraria y su peso con respecto al total de la economía.
  11. El término “países clásicos” refiere a aquellos espacios nacionales, en donde se producen la generalidad de las mercancías, principalmente Estados Unidos y Europa.
  12. Tal como indica Rivarola (2015), para la décadas posteriores, si bien Brasil y Uruguay también han recibido aportes migratorios, en comparación con Argentina, las cifras no son relevantes.
  13. La dictadura de Alfredo Stroessner tuvo lugar en Paraguay entre los años 1954 y 1989. Tal como han puesto de manifiesto distintos analistas, durante este período, aunque no se modificó el carácter primario exportador de la economía, se impulsó la tecnificación de los procesos de producción en el agro y cierta diversificación de la estructura productiva ligada a la realización obras de infraestructura tales como la construcción de caminos, o, centralmente la construcción de represas para la producción de energía eléctrica, actualmente, uno de los principales rubros de exportación (Borda, 2011a; Soler, 2012).


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