Notas para una perspectiva crítica
Pablo Delgado
El saber no ha sido hecho para comprender,
ha sido hecho para hacer tajos.
Foucault, “Nietzsche, la genealogía, la historia” (2004)
Introducción
Las criptomonedas son instrumentos financieros digitales que, a diferencia del dinero tradicional, no se basan en el respaldo de un Estado-Nación o Banco Central. Es decir, no hay una institución pública detrás. Amén de los matices, generalmente se les considera como una determinada forma de dinero digital privado, paraestatal, “descentralizado” y basado en criptografía que se sostiene y se audita por sus usuarios y usuarias cuya base de funcionamiento, la tecnología Blockchain, es de software libre, por lo que sus usos se pueden replicar y variar. En el actual contexto, el mercado de las criptomonedas ha experimentado un crecimiento exponencial y la adopción de estas tecnologías ya no es un experimento de pocos. Sobre tales instrumentos se han construido comunidades enteras de operación, discusión y desarrollo que navegan entre el mundo off-line y el on-line que comportan un completo ecosistema compuesto de miles[1] de criptodivisas.
Ahora bien, como sostiene Frédéric Lordon (2015), no vivimos simplemente en una economía capitalista, nos encontramos en una sociedad capitalista. En sintonía, los autores Pierre Dardot y Christian Laval (2017) sostendrán la necesidad de hablar de una sociedad neoliberal. Tales desplazamientos suponen, por un lado, que las fronteras entre objetividad y subjetividad son más bien difusas y porosas. Como argumenta Stavrakakis (2007:69), partiendo del psicoanálisis lacaniano, los objetos se encuentran imbricados en el sujeto y en sus diversas relaciones sociales. Y, por otro lado, que el capitalismo ha llevado a cabo transformaciones cuantitativas y cualitativas en las últimas décadas tanto en su régimen de acumulación como en su gubernamentalidad. De allí que sus estructuras objetivas se extiendan necesariamente en estructuras subjetivas (Lordon, 2015). Hablamos entonces de la centralidad que tiene la subjetividad para cualquier dinámica del capital, algo ya enunciado por Marx (2008) con la idea del fetichismo de la mercancía. Por lo tanto, con estas líneas como horizonte y a partir de “Bitcoin”[2] (la primera y más importante criptomoneda del mercado) en tanto caso de estudio, realizaremos un abordaje discursivo de tal fenómeno con base en la Teoría Política del Discurso (TPD) con fines exploratorios para indagar en torno a los procesos de identificación que emergen y se anudan en su práctica. Para ello recolectamos mediante el análisis de entrevistas[3] y bibliografía secundaria, distintos enunciados textuales-escritos como corpus de este objeto. En este proceso, nos serviremos de los aportes de Glynos y Howarth (2007) en conjunto con otras herramientas teóricas a modo de operacionalizar la TPD y dar cuenta de la estructura discursiva – aquella “práctica articulatoria que constituye y organiza a las relaciones sociales.” (Laclau y Mouffe. 1987:161) – que sostiene a la referencia empírica seleccionada.
Teoría política del discurso, una breve exposición
Un posible punto de partida es la afirmación de la politóloga María Virginia Morales (2014): “Todo objeto implica una superficie discursiva de emergencia que lo constituye en un objeto de discurso”. Así, la TPD desestabiliza la posibilidad de distinción entre elementos lingüísticos y extralingüísticos, o entre prácticas discursivas y prácticas no discursivas, y los considera como componentes internos de un ensamblaje discursivo que articula acciones, instituciones, imágenes y diversos objetos físicos “no lingüísticos”. Claro está, tal operatoria encuentra su soporte en la categoría de discurso, que Laclau define de la siguiente manera: “por discursivo no entiendo lo que se refiere al texto en sentido restringido, sino al conjunto de los fenómenos de la producción social de sentido que constituye una sociedad como tal” (1985:39). Por ello, afirmar que todo objeto se estructura como objeto de discurso no implica renunciar a su existencia externa con respecto al pensamiento, sino que lo que se niega, sostienen Laclau y Mouffe (1987) en su célebre Hegemonía y Estrategia Socialista, es que puedan constituirse al margen de toda condición discursiva de emergencia. De modo que:
Sinonimia, metonimia, metáfora, no son formas de pensamiento que aporten un sentido segundo a una literalidad primaria a través de la cual las relaciones sociales se constituirían, sino que son parte del terreno primario mismo de constitución de lo social. (Laclau y Mouffe, 1987:187).
En consecuencia, debemos decir también que “La base ontológica de la Teoría del Discurso correlaciona tanto al sujeto como al objeto como totalidades abiertas que nunca pueden ser cerradas completamente” (Groppo, 2009: 36), por lo tanto, se trata de una apertura ontológica de carácter radicalmente antiesencialista. Y esto en última instancia quiere decir que se encuentra afectada por una constitutiva dislocación. A su vez, si toda objetividad conlleva una superficie discursiva de emergencia, son lxs sujetos quienes dotan de significado al mundo social en tanto actividad humana permanente mediante el lenguaje. Es decir, el discurso no tiene un carácter “mental” sino que es eminentemente material; caduca la oposición entre pensamiento y realidad (Laclau y Mouffe, 1987:183). En este marco, el acceso a la objetividad social para la TPD pasará por la subjetividad, pero reconociendo que ambos planos están profundamente dislocados. Por ello, aquí siempre el sujeto es un “sujeto de la falta”, en hiancia, que necesita de un Otro para constituirse. Todo lo cual no solo desustancializa la identidad, sino que abre la posibilidad para nuevos procesos de identificación, por ende, de subjetivación. El principal recurso en este sentido para la TPD es la subversión del sujeto autoconsciente que, a partir de Freud, realiza Lacan al echar por tierra la concepción esencialista de la subjetividad (Stavrakakis, 2007:37-39).
Sobre lo expuesto, el programa de la TPD nos permite “… entre otras cosas, hacer interpretaciones de segundo orden sobre las interpretaciones y comprensión que los actores sociales tienen de sus situaciones y prácticas” (Howarth, 2005:43). Más precisamente, posibilita la problematización de las descripciones existentes y la articulación de explicaciones alternativas. Ahora bien, ¿cómo se logra la articulación de un ensamblaje discursivo desde esta opción posestructuralista? Laclau sintetiza en el prefacio a El sublime objeto de la ideología de Žižek (2008) que, si el proceso de nominación de los objetos equivale al acto mismo de la constitución de éstos (por lo que toda objetividad social es una construcción contingente y dislocada de raíz) el significado de un objeto es producto de la detención del flujo de diferencias y desplazamientos semánticos. De esta forma, aquellos puntos discursivos privilegiados como resultados de una fijación parcial de sentido en el seno de una intertextualidad que los desborda, serán los denominados puntos nodales (Laclau y Mouffe, 1987:191-193). Allí, basados en la noción foucaultiana de “formación discursiva”, lo central será la idea de “regularidad en la dispersión” (1987:177); en otras palabras, de lo que se trata es de que los y las analistas del discurso a partir de ciertas regularidades tendenciales logren construir paquetes de discursos o macro-discursividades más amplios que condensan todos los enunciados textuales recolectados como corpus (Fair, 2019:21).
En efecto, el discurso es una totalidad estructurada resultante del encadenamiento de elementos ideológicos, “significantes flotantes” que se encontraban sin amarrar, alrededor de uno o varios puntos nodales, o points de capiton, de tal manera que su sentido exacto depende de lo que Žižek ha denominado como su plus de significación metafórico (2008:125). En otras palabras, nos referimos a una operación performativa que implica una dinámica de “acolchamiento” para detener la libre flotación de esos elementos ideológicos, incluirlos en una serie de equivalencias y ubicarlos como parte de una “red estructurada de significado”. Esto convierte a la lucha ideológica por la imposición de uno o varios puntos nodales en constitutiva e irreductible pero nunca una mera dinámica lingüística, sino que “… debe atravesar todo el espesor material de instituciones, rituales, prácticas de diverso orden, a través de las cuales una formación discursiva se estructura.” (Laclau y Mouffe, 1987:185). En concatenación, cartografiar estos puntos nodales nos permitirá llevar a cabo nuestro objetivo de indagar sobre ciertas regularidades en el discurso ideológico del mundo BTC.
No obstante, ¿qué se entiende por “articulación” en este paradigma? La obra de Glynos y Howarth Logics of Critical Explanation in Social and Political Theory (2007) es reconocida por reunir en su haber las cuestiones ontológicas fundamentales de dicho paradigma y trazar una serie de orientaciones para la aplicación de la teoría a los objetos empíricos en un marco analítico para la investigación social que pretende resolver dos problemas metodológicos recurrentes: la subsunción de los objetos de estudio a categorías teóricas abstractas y el teoricismo de imponer tales categorías a la compleja realidad sin mediaciones. Y allí se inscribe la idea de articulación, porque “posibilita concebir a la investigación como una práctica que consiste en “unir” y “conectar” un abanico de elementos teóricos y empíricos en la construcción de una explicación singular y concreta de un fenómeno problematizado” (Barros, 2008:176). Dicho esto, proponen la idea de “lógica(s)” como unidad explicativa en su esquema y señalan que “comprende las reglas o la gramática de una práctica como también las condiciones que hacen a la práctica tanto posible como vulnerable” (Glynos y Howarth, 2007:136). De allí que distingan entre la lógica social, política y la fantasmática para el análisis político. En nuestro caso, haremos hincapié en la lógica fantasmática que rodea al mundo Bitcoin porque la misma apunta a dar cuenta de la manera en que los sujetos son “agarrados” por la práctica estudiada. Se trata de un constructo que enfatiza el rol de la ideología en el sostenimiento o caída de una práctica. Así, localizados los aspectos que debe enfatizar nuestro ejercicio de interrogación, estamos en condiciones de detallar el esquema metodológico.
El instrumento metodológico: entrevistas en profundidad y análisis de contenido
En base a la información mapeada en las primeras instancias de este escrito nuestra investigación parte de un diseño descriptivo, pero con miras en arribar hacia nuevos puntos de interrogación. En tal contexto pudimos realizar trece (13) entrevistas en profundidad con guiones semiestructurados y flexibles a la vez que dialogamos con un (1) informante clave en los inicios de esta investigación. Estas instancias respondieron al universo del ecosistema cripto-económico con énfasis en los usuarios de Bitcoin. Tales entrevistas, y la logística que ello implicó, comenzaron a principios del mes de marzo de 2021 y finalizaron en julio del mismo año. En tanto que, la muestra utilizada es de carácter intencional y obedece a una clasificación realizada en base a distintas formas de relacionarse con el ecosistema que tienen sus usuarios y usuarias. Estas “posiciones de sujeto” en el interior de una estructura discursiva (Laclau y Mouffe, 1987:196) que alcanzamos a distinguir son las siguientes: bitcoiners, traders u operadores en criptodivisas, inversores o holders, creadores de contenido comunicacional, informáticos, desarrolladores, mineros, criptógrafos, personal de exchanges y miembros de organizaciones como las academias de trading, DAO (organizaciones autónomas descentralizadas basadas en una criptomoneda y su blockchain) y demás espacios como la ONG Bitcoin Argentina. En base a tales distinciones, confeccionamos una serie de guiones que compartieron un núcleo de preguntas centrales en combinación con interrogantes propios a cada posicionamiento. Estas formas de identificación son esquemáticas porque es común encontrar que una persona pueda estar desempeñando dos o más de estas actividades al mismo tiempo. En ese sentido, el número de 14 entrevistas responde no solo a los contactos que pudimos conseguir y la accesibilidad con la que respondieron a nuestro pedido, sino que el corte en esa cantidad responde también a la saturación teórica detectada en las últimas entrevistas. Cabe destacar los siguientes sesgos en la muestra: hasta el momento de finalización del trabajo de campo no se pudieron cubrir todas estas posiciones mencionadas, más precisamente, no hemos podido entrevistar a ningún desarrollador del código de Bitcoin ni pudimos establecer contacto con un criptógrafo, por ejemplo. Por otro lado, el sesgo en términos de género favorece abrumadoramente a los varones, es decir, solamente se pudo entrevistar a una (1) mujer (total de varones: 13, incluyendo nuestro informante clave). Los intentos de entrevistar a otras mujeres no se concretaron.
¿Qué indicadores desarrollamos como parte de esta metodología? Los guiones mencionados operacionalizan los siguientes nudos analíticos: en primer lugar, comenzamos indagando sobre los comienzos en Bitcoin (o en las criptomonedas en general) de las personas que formaron parte de la muestra, se les preguntó por las actividades que combinaban en el ecosistema y profundizamos sobre cómo concebían esas prácticas. Luego, nuestra indagación pasó a poner foco en las percepciones sobre el ecosistema que tenían estas personas. Tal es así que interrogamos acerca de los riesgos y las problemáticas a resolver en el uso de nuestro referente empírico, como también sobre las ventajas y cualidades que percibían al utilizar este activo financiero. Con ello, la operación cartográfica prosiguió con el despliegue de una serie de preguntas neurálgicas en las que abordamos desde la definición de Bitcoin que aportan, sus argumentos, proyecciones a futuro en torno a la cripto-economía y los aportes a la organización económica capitalista, las ideas de libertad con las que asocian a Bitcoin y que conflictividad se desarrolla en torno a ello, la necesidad o no de contar con ciertos conocimientos para utilizar esta tecnología, las ideas que dan forma a la comunidad que sostiene a esta criptomoneda y sus consideraciones con respecto a la intervención estatal en materia de regulaciones y frente a la creación de una criptomoneda estatal, a lo cual se suman las repreguntas que un guion flexible permite hacer según la intuición del entrevistador.
Luego de que los entrevistados agotaran en conversación los indicadores y las dimensiones propuestas, avanzamos con una técnica de análisis de datos interpretacional. En cuanto a las fases del análisis, en una primera etapa sistematizamos toda la información disponible en las entrevistas, previa transcripción de los audios correspondientes en paralelo a la producción de las mismas. En una segunda etapa, decodificamos, tabulamos y analizamos las entrevistas, proceso que comenzó el mes de julio del 2021. Por último, en los meses restantes del mismo año y durante el 2022 se extrajeron las siguientes conclusiones provisorias y conjeturas, para lo cual fue indispensable el debate colectivo y la atenta mirada de mis compañeros y compañeras del equipo de investigación. Sin sus sugerencias y correcciones no habría sido posible el texto.
Puntos nodales del mundo Bitcoin: cartografía y conjeturas
Autores como Trevor J. Pinch y Wiebe E. Bijker enfatizan que “El éxito de un artefacto no es lo que explica su existencia, sino que es precisamente lo que necesita ser explicado” (2008). En este horizonte, una aproximación discursiva de un objeto como Bitcoin se liga directamente a una de las fuentes de nuestro enfoque, la obra Curso de lingüística general (1945) de Ferdinand De Saussure y su postulado central de que el signo lingüístico (la asociación entre significante y significado) es una fijación arbitraria, relacional y diferencial con respecto a otros signos. Ergo, que depende de las relaciones que establece. Con ello, la pregunta por el enganche ideológico en esta discursividad implica distintos aspectos a indagar, entre ellos los inicios de los entrevistados en el ecosistema. Intuitivamente es loable inferir que en última instancia es el valor de mercado de la criptomoneda su único gran “atractivo”, pero un primer hallazgo durante las entrevistas es el desarrollo de una dimensión cualitativa y dislocadora que acompaña a la valuación monetaria y que en muchos momentos la excede, lo cual quiere decir también que el objeto implicado cumple con otras cualidades que no se reducen exclusivamente al precio. En palabras de un bitcoiner de larga trayectoria en el ámbito (E9, comunicación personal, 16 de abril de 2021): “… cuando la gente hace ese click y dice ‘ahh, además de que compre esto y subió, ahora entiendo, che esto es en serio, este dinero es como ¡guau!’, entonces es ahí donde las cosas toman otro color”[4]. Afirmaciones de ese estilo denotan las limitaciones de ópticas como el de la Elección Racional para nuestros propósitos.
A razón de ello, podemos citar otros fragmentos. Mientras el primer entrevistado (E1, comunicación personal, 13 de marzo de 2021) nos comentaba que las criptomonedas llegaron “… para quedarse porque se han dado cuenta que es algo rentable, y además, más allá de rentable, como hablábamos al principio, es algo lindo de trabajarlo. Es entretenido, porque no es algo rutinario”, el E6 (comunicación personal, 12 de abril del 2021) alegaba que “Más que para hacer plata… yo creo que están para cambiar algunas cosas que vienen ya de hace 200 años que no dan para más”, y ante la re-pregunta sobre qué es lo que cambia, hizo referencia explícita al “Capitalismo por así decirlo… La soberanía de los bancos hoy en día para todo el mundo, es absoluta. Y Bitcoin plantea algo que no lo planteó nunca nadie en la historia del capitalismo, que es la descentralización”. Por su parte, la E3 también hizo referencia a ese excedente más allá del precio de la criptomoneda:
[…] lo que más me atrapó no fue ni el precio, ni la cuestión especulativa, sino esto de la descentralización. O sea, que era de repente que: diferentes nodos alrededor del mundo pudieran verificar envíos y recibir dinero, sin un ente central, eso fue realmente lo que me rompió la cabeza, y dije: “quiero saber más de esto”. Así que nada, después terminé comprándome un par de libros y estudiando, siendo autodidacta. (E3, comunicación personal, 21 de marzo de 2021)
Y es que resulta común encontrarse en los y las usuarias de BTC una interpretación de vivir este mercado como un acto de ruptura, como un cambio de paradigma. En el caso de E10 (comunicación personal, 25 de marzo de 2021) el efecto dislocador se observa cuando afirma que su camino en el ecosistema se torna en un “sin vuelta atrás” a partir de entender en profundidad la tecnología que sostiene a estas redes monetarias, algo que sucedió después de realizar sus primeras operaciones. No obstante, la dislocación en tanto momento que zanja “un antes y un después” puede albergar distintos sentidos y matices en los entrevistados: así, hay quienes encuentran en Bitcoin una herramienta con una “función social” determinada capaz de cambiar al mundo y en torno a ello organizan su activismo. Así lo sostenía E13 (comunicación personal, 9 de junio de 2021) representante de la ONG Bitcoin Argentina, quien además nos comentó que Bitcoin: “es una herramienta para aquel que tiene una voz contraria pueda seguir ejerciendo ese derecho, es facilitar esta búsqueda de que haya más libertades”. Otros y otras entienden al activismo como un ejercicio de “evangelización” dado el carácter “revolucionario” que interpretan de esta tecnología. También resaltan la idea de novedad o innovación, como lo argumenta E5 (comunicación personal, 8 de abril de 2021), quien comentó que “… el tema de la cripto-concurrencia es algo muy distinto a todo lo anterior, es muy distinta a todas las demás tecnologías de informática relacionadas, es algo que es único”. Esta dimensión cualitativa que performa lo que el precio por sí solo no puede, es también nombrada con la idea de “libertad” que se puede lograr con estas tecnologías, una noción sobre la cual volveremos más adelante.
Por otro lado, la regularidad de un “parte aguas” también encuentra su razón de ser en el potencial arquitectónico o de reescritura de las finanzas que esta tecnología financiera introduce; así, el E8 describió el mencionado potencial de la siguiente manera:
Ya no estamos desarrollando productos y servicios, sino ecosistemas socioeconómicos y financieros. Pues allí entré y más nunca me volví a salir de allí, porque bueno, para mi estaba claro que ese era el camino para construir un mejor futuro y pues eso es un poco mi misión en todo esto. (…) te habrás dado cuenta que entender lo cripto no es fácil para todo el mundo porque, bueno, cambia de paradigma, hay que empezar por desaprender cosas que tenemos antes para luego aprender nuevas cosas ¿no? (E8, comunicación personal, 2 de julio de 2021).
Si bien a quienes se les preguntó por sus actividades en la economía cripto, todos respondieron que hacían algún tipo de operación financiera o “trading”, se trata de una ruptura de paradigma que no empieza ni termina con el “tradeo” de criptomonedas, tal es así que nuestro entrevistado E9, moderador del grupo de Facebook Bitcoin Argentina, afirmó que:
[…] el puro trading no es el objetivo del grupo… si nos interesa que la gente vea un poco el paradigma y se anime a aceptar bitcoin por dólar o ether, o lo que sea. Entonces nos interesa un poco que sea un espacio donde realmente nos preguntemos sobre la moneda, aceptar valorizar las cosas en otras unidades de cuenta… y en lo posible cada tanto generar en nosotros mismos los moderadores y la gente alguna conversación de un nivel poquito más elevado. (E9, comunicación personal, 16 de abril de 2021)
Porque…
[…] son muchas cosas que cambian el paradigma: primero la noción de qué es el dinero, de quién genera el dinero, de que el dinero puede no ser del Estado, de que el dinero puede ser mío y el Estado puede no tener control sobre mi dinero es un paradigma. Y después que yo tengo un dinero que no se devalúa, no está diseñado para ser devaluado. (E9, comunicación personal, 16 de abril de 2021)
En consecuencia, la dislocación detectada da cuenta de que la totalidad-de-sentido de sus mundos se vio trastocada. La transformación aquí es dual en el sentido de que la identidad establecida se desestabiliza y abre paso a la construcción de una nueva identificación. Según E3 “… hay un despertar. Así como todos tenemos nuestro despertar político o nuestro despertar sexual, o nuestro despertar social. Acá hay como un despertar económico y financiero muy grande” porque, como sintetiza E10, “Con Bitcoin lo que pasa es que dependes directamente de la criptografía y la tecnología” y ya “no de un tercero”. Tal desplazamiento da lugar a que la confianza ahora sea depositada no en un otro sino en el algoritmo que gobierna el software de BTC, lo que E12 (comunicación personal, 16 de julio de 2021) nombró como “dejar de lado la fe y empezar a hablar a partir de las matemáticas”, con la particularidad de que la trazabilidad y el código open source permitirían que aquella confianza se pueda testear. Incluso el acto de ruptura puede tomar la forma, o bien de una intervención biopolítica:
Me atrevo a decir que las próximas generaciones no van a utilizar un banco porque básicamente ya van a nacer operando… O sea, sus primeras experiencias en finanzas van a ser con DeFi. Un poco les pasa a mis sobrinos, tienen 7, 11 y 15 años y ellos tienen bitcoins antes que tener una cuenta de banco, tienen su wallet, la usan, ven los saldos… esa inyección de una idea como esta que es tan potente, cuando la descubran va a ser totalmente revolucionario y esto, digamos, llevado a un público que en general siempre tuvo restricciones para acceder a servicios financieros tradicionales, cuando uno se dé cuenta que no tiene que pedir permiso para hacer todo lo que puede hacer, me parece que va a haber una vuelta de hoja más que interesante. (E12, comunicación personal, 16 de julio de 2021).
O como el aterrizaje, cada vez más profundo, de los algoritmos sobre la vida: las criptomonedas “trascienden lo que conocemos porque nunca habíamos tenido la posibilidad de programar dinero y de generar dinero para incentivar a personas que tengan determinados tipos de comportamientos, pues ejecuten determinados tipos de acciones en pro de un bien común” (E8, comunicación personal, 2 de julio de 2021).
Esta primera instancia de articulación de sentidos nos posibilita ahora una plataforma desde la cual cartografiar aquellos puntos nodales o significantes privilegiados que fijan el sentido de los demás significantes en la cadena de significación (Laclau. 2000:165). A tal efecto, nos interrogamos lo siguiente: en general nuestros entrevistados dan cuenta, tal como Žižek (2008) caracteriza en el objeto de la ideología, de una materialidad sublime o “corporalidad inmaterial” en Bitcoin que desbordó aquella definición primaria de un “nuevo método de pago electrónico peer to peer” esbozada en el whitepaper fundacional de Nakamoto (2009) y que hoy aparece como una red de actores que resguarda valor por cientos de miles de millones de dólares. En ese sentido, E3 afirma que de aquella definición “pasó más de una década y ahora lo entendemos de otra forma” y E4 (comunicación personal, 21 de marzo del 2021) resaltó que “… Bitcoin en principio no tenía valor. Nadie sabía que iba a alcanzar este estadio. Ni siquiera el propio Satoshi Nakamoto”. De tal forma, E5 nos recordaba que en los comienzos de BTC no se sabía bien para qué usarlo, “cuando empieza, no hay una clara necesidad de eso”. Actualmente, E13 nos explicaba que aquella primera definición “era el objetivo en su momento pero se ve que tiene potenciales que van mucho más allá…”. Entonces, ¿cómo es que algo que en sus comienzos tenía una mera apariencia técnica, y hasta un valor de uso accesorio, actualmente adquiere para estas personas no sólo valor sino que también connotaciones “sublimes” tales como las de ser “prometedor”, “liberador”, “revolucionario”, “especial” y un largo etcétera?
La pregunta por excelencia de la TPD es por las condiciones de emergencia, justamente porque su ontología posfundacional sostiene que “ningún proceso de construcción de sentido se deriva de la mera existencia del objeto” (Morales, 2014:12), más bien es la totalidad articulada de sentido lo que posibilita el acto de significación (esa asociación arbitraria y no necesaria entre significante y significado). En consecuencia, esa “corteza” sublime de Bitcoin y en cierto modo del “criptomundo” gestado a partir de él, responde a la idea de que son las y los sujetos quienes dotan de un “ser” a la existencia de un objeto mediante el lenguaje como coextensivo a lo social. Por lo tanto, si en el prisma de la TPD la realidad política es significada y comprensible mediante el discurso político, para nuestro referente empírico rastreamos los discursos económicos/financieros y tecno-informáticos que lo sobre-determinan, más precisamente, exploramos tanto sus usos y posibilidades como las metonimias y metáforas que le acompañan para entender sus condiciones discursivas de posibilidad. En palabras de Žižek: “… el punto crucial que hay que captar es la conexión entre la contingencia radical de la nominación y la lógica del surgimiento del ‘designante rígido’ mediante la cual un objeto determinado logra su identidad” (2008: 137).
En línea con ello, una tercera regularidad emerge: mientras se detecta una escasa referencia directa en las entrevistas a la rentabilidad, a la vez se observa en todos los documentos textuales producidos la nominación en diferentes formatos de la disponibilidad a toda hora, todos los días y en cualquier geografía de la criptomoneda en cuestión. He aquí, entonces, un dinero que nunca duerme ni se detiene. Claro está, no es el primero sobre el que se puede afirmar aquello, pero la magnitud con la que lleva a cabo tal afirmación quizás eleva la idea de desterritorialización a otro nivel. Como afirma E6, “Esa es una ventaja potencial que veo contra cualquier entidad financiera: el tema de tener 100% de disponibilidad 24/7. Yo necesito la plata ahora en este preciso momento, la puedo tener ahora”. Por su parte, E3 nos decía que Bitcoin “No está sujeto ni siquiera a fronteras. No está sujeto… en sentido mismo de la palabra no está sujeto, si mañana Argentina va a prohibir las criptomonedas… aún podríamos hacerlo”.
Ahora bien, la cualidad de ser un dinero que nunca se detiene, o que no podría ser bloqueado, implica contar con otras características. En relación, E5 nos decía que “vos sos un anónimo en la red de Bitcoin, en cualquiera de las redes de cualquier cripto… No tenés por qué individualizarte”, entonces, como “no hay realmente nadie de nadie visible, no se puede frenar” sintetizaba E10. A ello debemos sumar su configuración como código abierto y la prácticamente inviolabilidad de sus datos. Estas dinámicas confluyen en que “la propuesta de descentralización es lo que hace que todo el ambiente tenga sentido” (E6), en última instancia porque con:
[…] la descentralización vos no tenes un político corrupto robándote la plata. Eso partiendo de la base. Segundo que no tenes que rendir cuentas de cuánta plata tenes, cuánta plata estas transfiriendo, o con cuantos ahorros contas. No le estas dando tu información a un gobierno que después va a usar toda esa información para ponerte más impuestos y sacarte más plata” (E7, comunicación personal, 26 de marzo de 2021).
En su libro, Glynos y Howarth (2007) introducen el concepto de método de “retroducción”, aquel proceso de explicación que no es deductivo ni inductivo, sino que involucra un ida y vuelta entre el problema investigado y las variadas explicaciones que se ofrecen (Barros.2008:172). A partir de ello podemos plantear que el carácter descentralizado, bandera principal no solo de Bitcoin sino del universo cripto, es tanto causa como efecto de las características que los entrevistados han mencionado. Por ejemplo, tal condición descentralizada debe cumplir con cierta plasticidad o versatilidad en el artefacto, que E9 sintetizaba de la siguiente manera:
[…] algunos lo ven como una alternativa para protegerse. Otros, pura especulación, otros porque necesitan transferir dinero, otros porque cobran afuera y necesitan ingresar el dinero, otros porque quieren tener dinero, pero no quieren tenerlo en efectivo… hoy la idea de tener una caja de seguridad con un montón de fajos de billetes se reemplaza muy fácil con un aparatito. (E9, comunicación personal, 16 de abril de 2021).
Además, otro de los pilares de la mentada descentralización es que la red logra construir una cadena de producción y transmisión de valor muy breve. Lo que E11 describió como:
[…] un trade-off completo entre sacar energía, la que sea, lo transformas en una línea de código a través de un proceso de un chip solamente, es la forma más corta y más básica de crear valor monetario… la cadena productiva más corta posible. Tenés la energía, algo que lo transforma, y el output directamente con valor económico. No lo tenés que sacar del mercado y después recibir guita a cambio. (E11, comunicación personal, 12 de julio de 2021).
A todo esto, debemos sumarle a nuestro referente empírico la capacidad para no depender de autoridades legitimadoras externas, por lo que lleva toda la contabilidad de la red por cuenta propia, de tal manera que la autoridad para validar y certificar no está en un solo servidor, sino que está en todos a la vez, explica E8. De allí que sea común leer entre bitcoiners y demás usuarixs que BTC es incensurable e inconfiscable (hasta cierto punto porque “not your keys, not your coins”). En esta reapropiación de la contabilidad, la propiedad deviene ya no solamente informática, sino que también criptográfica. Todo esto significa que esta red, como bien muestra Nick Land, “Implementa el primer régimen comercial que se vigila, espontáneamente, a nivel de producción. Sus “mineros” o productores primarios también son sus árbitros financieros finales”[5], junto a los preciados Nodos. Por lo tanto, para tener estas características y ser finalmente un dinero que nunca duerme, BTC debe constituir un ciclo permanente de autopropulsión porque, al no depender de un tercero, depende en consecuencia de la red de actores que lo conforman, de su “comunidad”. En consecuencia, Bitcoin podría ser pensado como una semiótica asignificante (Guattari y Rolnik, 2006:365) que depende continuamente de una micropolítica de actos de habla al estilo de John Austin y su libro Cómo hacer cosas con palabras (1982), de una performatividad contínua. En palabras de E4, “La identidad de Bitcoin es su comunidad, son las personas, reuniéndose, hablando del tema, desarrollándolo, cuidándolo”, o como nos recuerda E11, “Bitcoin si algo tiene es un carácter social inherente por el diseño: se necesitan de muchos participantes para que la red funcione” porque:
[…] toda la gobernanza de Bitcoin no es on-chain, esto todo off-chain… no hay protocolos intrínsecos adentro de la tecnología, sino que sucede todo más en una especie de ágora ateniense 3.0 vía Internet donde todas las partes intentan siempre mantener el consenso porque es la garantía de tener la mayoría de usuarios en la blockchain original. Ese es el objetivo y lo saben los desarrolladores, lo saben los mineros, lo saben los usuarios, los nodos completos, etcétera. (E11, comunicación personal, 12 de julio de 2021).
Sobre estos puntos, ahora es necesario dar cuenta de los contornos del proceso de identificación abierto por estas secuencias. A fines analíticos, ¿qué vino “después” de aquel momento dislocatorio? ¿Qué sujeto se construyó para tal objeto? La cartografía arroja una determinada hegemonización en los contenidos de, por lo menos, tres nociones claves: Estado (englobando a “gobierno” y “políticos”), Dinero Fiat y Libertad. Y sobre esa fijación en el proceso de significación, se construyeron ciertos clivajes a modo de puntos nodales, lo cuales son a) Instituciones centralizadas versus el paradigma de la descentralización; b) Bitcoin como dinero que es de las personas versus el Dinero Fiat como aquel controlado por los gobiernos y políticos; y c) Quiebre del monopolio de la impresión de dinero. Por consiguiente, todos estos pívots de sentido son los que constituyen los límites antagónicos que fundan este sistema, son los actos lingüísticos que permiten trascender aquella definición inicial de Bitcoin para pasar a ser lo que E8 describe como “un nuevo punto de coordinación que llama la atención de distintos agentes en el mercado… como ese shelling-point global, un nuevo mecanismo de coordinación global que supera el oro en muchísimas medidas”.
Si, en palabras de E5 “… la filosofía de la cripto es que no tenga un país, no tenga un gobierno, no tenga un control único, no tenga un lugar centralizado”, por lo tanto, el Estado es percibido generalmente (con distintas intensidades) tanto como lo sospechoso como aborreciendo cualquiera de sus actuaciones. Salvo contados pasajes, lo estatal es conceptualizado con la vieja jerga de la reacción neoliberal de los 70 y sus “diagnósticos”. En consecuencia, es visto como lo absolutamente otro de una cripto. Es decir, hay una identificación con el campo de discursividad estructurado en torno a Bitcoin en la que no es difícil intuir que el momento dislocatorio detectado da lugar al efecto retroactivo de sostener la hegemonización de las nociones anteriormente mencionadas bajo el mantra monolingüe del neoliberalismo. Lo mismo ocurre con el llamado Dinero Fiat: Si bien “hay grises” como nos recuerda E3, el quid de tal significante no es solamente la pérdida de valor en comparación a BTC, sino que sea susceptible de ser “manipulado” por el establishment político/financiero, por ende, de ser impreso o bloqueado a gusto y piacere. Lo que opera allí no solo es la fetichización de un postulado teórico, la visión monetarista de la inflación y la devaluación como problemas meramente dinerarios o de emisión, sino de las capacidades de programación tecnológica. De allí que el quiebre producido por el fenómeno cripto en el monopolio de la impresión de dinero sea visto como una cualidad en sí y que se haga tanto hincapié en la “escasez digital programada” de Bitcoin. Claro está, un contexto de inflación galopante en gran parte del mundo hace las suyas para que se estabilicen estas interpretaciones. Una recuperación por “izquierda” de “lo cripto” no debería ser descabellado, sobre todo si vemos que quiénes se terminan adueñando casi siempre de las grandes transferencias de dinero impreso son las distintas fracciones de la clase dominante. Además, antecedentes como el del “corralito” argentino ponen de manifiesto que los bloqueos monetarios afectan directamente a sectores vulnerables.
Todo este ideario termina de cerrar de esta manera, “… si vos empezas a ver todas estas características, Bitcoin ¿Qué termina siendo? Termina siendo una bandera que es la libertad en algún punto.” (E12). Dada la plasticidad del referente empírico, el significante “Libertad” puede también adquirir diferentes énfasis, pero el núcleo que une a esa pluralidad es su carácter desterritorializado y esquizoide, de límites difusos con la ilegalidad. Como argumenta E9, Bitcoin:
[…] claramente es un dinero que es tuyo y esa libertad es impresionante. O sea, un dinero que no te lo puede confiscar nadie. Una vez que lo tenes, es tuyo. Y lo podés usar en lo que se te dé la gana, con quien se te dé la gana y nadie te lo puede evitar ¿sí? Vos con los dineros convencionales, un pago electrónico, cualquier cosa, no se puede hacer entre ciertas actividades o ciertas naciones o ciertas cosas. Mismo la Argentina, si yo quiero, no sé, mandar dinero a un paraíso fiscal o mandarle a una persona que viva en Irán o qué sé yo, no se puede hacer. Hoy si queres usar tu tarjeta de crédito para ir a comprar criptomonedas en un banco afuera no se puede, te lo bloquea el banco central. (E9, comunicación personal, 16 de abril de 2021)
Por supuesto, como en Deleuze y Guattari (1985), no se trata del esquizofrénico clínico sino de una impronta contra toda codificación, es decir, como “descodificación absoluta de los flujos” pero bajo la forma monolingüe de la ley del valor. Entonces, la identificación con este objeto se da porque logra fijar la idea de libertad a una dinámica sin cortes y casi sin nomos, a una imagen de plenitud que está ausente, pero a la vez ficcional, de desregulación total. Este punto es crucial porque visibiliza el carácter performativo de la identificación y pone en tela de juicio los intentos de entender las identidades como mero reflejo de un “interés objetivo”. Retomando a Lacan, en su seminario III Las Psicosis, este alega que “Lo simbólico da una forma en la que se inserta el sujeto a nivel de su ser. El sujeto se reconoce como siendo esto o lo otro a partir del significante” (2009:256), es su efecto.
Un abordaje freudiano-lacaniano implica partir de que todo síntoma “individual” no es posible de ser abstraído de los malestares de la época, siempre es afectado por dinámicas sociales, políticas y económicas (Tomšič, 2019). Y viceversa, todo comando que se despliegue sobre los cuerpos necesita su inscripción en lo más hondo de nuestras subjetividades. Por ello, la hiancia que la teorización lacaniana localiza en el sujeto barrado va unida a la gestión que hacemos de esa falta, es decir, al intento de colmar o suturarla por continuos procesos de identificación en vías de lograr cierta integración o imagen de totalidad para estabilizar el proceso de subjetivación. Es por esto que “La carencia estimula el deseo y, por lo tanto, requiere la constitución de cada identidad a través de procesos de identificación con objetos socialmente disponibles como ideologías políticas, patrones de consumo y roles sociales.” (Stavrakakis. 2018:45). Esto indica que lo que da consistencia a nuestro ser-en-el-mundo es una específica vinculación de nuestro goce con una determinada formación significante/simbólica, en consecuencia, hay “un componente pulsional ineludible que permea el agarre de los sujetos a ciertos discursos sociales” (Reynares. 2021:114) Por eso, indagar sobre el proceso de identificación es indagar sobre la gestión de la falta y sus formas de sutura.
Ahora bien, en la época de la razón neoliberal, ¿qué características toma el goce? Como bien recuenta Reynares (2021), ya el propio Lacan en 1972 indicaba y formalizaba el nacimiento del “Discurso del Capitalista” (DC)[6], una alteración en el matema del Discurso del Amo que se caracteriza por el rechazo a todo tipo de falta, por la desregulación del goce y con ello nominar profundas transformaciones del lazo social al desarrollar una tensión irresoluble “entre la aparente omnipotencia del sujeto y su pretendido acceso inmediato a un objeto que colme su goce”. Por lo tanto, “la sociedad actual ya no se apoya en una prohibición del goce, sino en su empuje, en tanto el superyó comanda a gozar” (Reynares, 2021:112). Como resultado, tal estructura se replica en nuestra indagación: los significantes vacíos que hacen al campo de discursividad de Bitcoin siempre, en algún punto, están vinculados a la idea de libertad como demanda desterritorializada y sin límites, una lógica semejante al DC, “un discurso sin cortes, global y totalizante” (Blanco y Sánchez, 2017:25). Esto significa que la red de actores que conforman a Bitcoin, y la operación significante de la que estamos dando cuenta, debió contar con un contexto específico: el de sociedades capitalistas caracterizadas por el rechazo a toda imposibilidad por parte del sujeto emplazado en un lugar de aparente omnipotencia (McGowan, 2004).
En síntesis, podemos sostener que, si la totalidad de sentido que denominamos Bitcoin implica una construcción simbólica producida a través de procesos metafóricos y metonímicos y articulada en torno a significantes vacíos, en la ontología lacaniana tal edificio ideológico depende de una fantasía para constituirse (Glynos y Howarth, 2007: 145), y esa fantasía es la imagen de una plenitud ausente que llamamos “libertad esquizoide”. Ahora bien, en las entrevistas también se puede visualizar una “imagen de plenitud tecnológica” que apunta a dejar sin efecto las mediaciones con toda institución colectiva que trascienda a la comunidad de usuarios y usuarias, algo que no es extraño a una época en el que las máquinas adquieren el estatus de figura epistémica de la mano de las ciencias poshumanas y en el que lo humano está siendo desplazado de su centralidad moderna (Rodríguez, 2019). De esta manera, en el agarre pulsional de las y los sujetos a esta superficie de inscripción simbólica, encontramos que dichas imágenes estructuran su goce, es decir, su visión de la realidad y sus modos de lazo social. Como reverso constitutivo, emerge una ilimitación del goce, pero sin reducirse a la acumulación de valor como lógica interna de la razón neoliberal (Laval y Dardot, 2017) ni al consumo propio del viejo capitalismo industrial fordista y su ethos (lo que no quiere decir que estas dimensiones no se encuentren, por ejemplo, en quienes viven del trading). Decimos, en todo caso, que se encuentran solapadas en algo más. A nuestro entender opera una torsión y lo que emerge es un goce en la independencia de casi toda trascendencia centralizadora a través de la tecnología, un goce en el devenir rizomático de las comunidades criptos que navega entre la “libertad financiera”, el nomadismo digital y una especie de privatismo cívico; ¿un goce sin significante Amo? Quizás, pero sobre todo un goce que deconstruye el lazo social hacia un terreno con final incierto. Y esto nos presenta todo un desafío conceptual porque estas comunidades funcionan:
[…] como músculo o como departamento de marketing de esa moneda. Es interesante porque en general estás hablando de tecnologías descentralizadas que justamente no tienen una empresa por detrás que dice “vamos por acá, vamos por allá”, es justamente toda la comunidad la que está empujando la adopción, los casos de uso, etc. Entonces, nunca vi la comunidad de un banco, pero porque el sistema no funciona de esa manera, no hay incentivos para salir a decir “usen este banco, usen el otro”. (E12, comunicación personal, 16 de julio de 2021).
Para nuestra reflexión, la lógica fantasmática también nos anima a indagar en cómo se vuelven las y los sujetos cómplices de ocultar o encubrir la contingencia radical de las relaciones sociales (Glynos y Howarth, 2007:133-134). Aquí es notable que emerja como regularidad la ausencia de referencias en la mayoría de las entrevistas al impacto ecológico y el gasto energético de BTC. Sólo dos entrevistados hablaron de ello, asumiéndolo como un problema, pero ante la pregunta “¿Qué problemas o déficits ves como los prioritarios a resolver en Bitcoin actualmente?”, ningún entrevistado mencionó o jerarquizó la huella ecológica. Es cierto que no todas las blockchains son lo mismo, por ende, es loable pensar que la afectación a la naturaleza no sea igual en cada cadena de bloques, como también es cierto que no todos los usuarios ni usuarias niegan tales efectos, incluso existen mineros que utilizan paneles solares para servirse de energía limpia, pero no deja de ser sintomática esta ausencia tan ruidosa.
Un último hallazgo a lo largo de las entrevistas es un doble movimiento cuya lógica alude a la clásica referencia de Deleuze y Guattari en El Anti-Edipo: “el capitalismo no cesa de re-territorializar lo que desterritorializaba de primera mano” (1985: 267). De tal manera, al desmonopolizarse la impresión de dinero con las criptomonedas (por consiguiente, al abrirse nuevas puertas a la inclusión financiera) el flujo liberado es axiomatizado o reterritorializado bajo la imagen “sé tu propio banco” (“una bolsa de valores en tu mano” es otra posible imagen a trabajar), lo que resulta en una especie de reintroducción en el sujeto de las funciones bancarias y del régimen de especulación financiera. Dicha imagen retórica suele mencionarse dentro del ecosistema, de allí nuestro interés en indagar sobre el grado de acuerdo o no con ello y las autopercepciones. Los números obtenidos arrojan que, de un total de trece entrevistas, nueve personas acordaron con esa imagen y dos esgrimieron algunas salvedades. Si tal como E4 afirma de Bitcoin: “Acá tenés que calentarte vos, tenés que investigar vos, tenés que estudiar vos, tenés que tomar medidas de seguridad vos y todo recae en tu responsabilidad”, su plasticidad permite que los usos puedan ser interpretados en clave bancaria. Por ejemplo, E1 sostuvo que a BTC “yo lo veo como un plazo fijo como quien dice… La única diferencia es que lo podés sacar, mover cuando vos quieras, podés hacer lo que quieras en el momento que quieras”.
Ante lo expuesto, finalizamos esta intervención con algunas notas para posteriores investigaciones recuperando otros antecedentes teóricos que, intuimos, pueden arrojar luz en la tarea de lograr cierta generalidad explicativa y construir un espacio para la crítica respetando la especificidad de la referencia empírica (Glynos y Howarth, 2007: 4).
Reflexiones finales: el albor de nuevos interrogantes
En Bitcoin y las criptomonedas se anudan ciertos fenómenos que remiten de una u otra manera a la abstracción del capital, un problema de largo estudio en el marxismo y en sus intersecciones con otras tradiciones o apuestas teóricas. Entre tales se destacan la tendencia de las formas monetarias hacia la abstracción (Borisonik, 2018), es decir, el debilitamiento del lazo entre moneda y referente material[7], y el proceso de “tokenización” de los más diversos objetos, desde recursos naturales hasta sentimientos como la pasión de una hinchada de futbol, todo lo cual tiene por contexto lo que Franco Bifo Berardi llama el semiocapitalismo: aquel “modo de producción predominante en una sociedad en la que todo acto de transformación puede ser sustituido por información y el proceso de trabajo se realiza a través de recombinar signos” (2007:107). Esta “economía política de signos” (Baudrillard, 1986), en la que el fetichismo afecta tanto al valor de cambio como al valor de uso, abre una pregunta que marcará el andar de próximas intervenciones: ¿cómo articular la praxis de la crítica frente a una economía política que liga al sujeto directamente con el plus-de-goce y se despliega en signos sin carecer de imaginación ni productividad política?
Cualquier tentativa de respuesta necesita hacer el ejercicio de precisar qué otros interrogantes suponen plantear el problema de esta forma. Así, en primer lugar, su abordaje debe dar cuenta de la ontología de nuestro tiempo, aquella en la que la digitalización, la desmaterialización y la descorporeización del mundo abren puertas a diversos quiebres en el inacabado paso de las cosas a las no-cosas (Han, 2021). La tesis no es nueva, pero el filósofo Byung-Chul Han interviene de manera interesante al sostener que, si nuestro mundo se torna “intangible, nublado y espectral”, el fetichismo de las cosas se acaba, nos convertimos ahora en fetichistas de la información y de los datos (2021:14). Pero más que aceptar el diagnóstico, podemos tomar la referencia como insumo para mostrar que las criptomonedas y demás gadgets informáticos vuelven necesario interrogar el estatuto contemporáneo del fetichismo de la mercancía porque el mismo ya no procede exclusivamente de la explotación de la fuerza de trabajo, más bien es el lugar que ocupan en la trama simbólica del capitalismo lo que otorga esa aura (Aleman, 2014: 50).
En segundo lugar, es la llamada “inclusión financiera” el otro plano de problematización. Allí nos nutrimos de los planteos del Grupo de Investigación Intervención Feminista (GIIF), quienes definen la inclusión financiera como:
[…] una serie de procesos expansivos de las finanzas sobre poblaciones empobrecidas, principalmente de América Latina, Asia y África. Se trata de un conjunto de políticas impulsadas por los organismos financieros internacionales que se aceleran a partir de la crisis global de 2008. Tienen como premisa el lenguaje de la “inclusión” para postular a la pobreza como una nueva frontera sobre la que deben avanzar los instrumentos financieros. Esta expansión de los negocios financieros se propone hacer de ´la reducción de la pobreza y otras formas de ayuda social un emprendimiento comercial rentable´ (Kish and Leroy 2015). (Cavallero, Gago y Perosino, 2020:5).
Si bien piensan en el contexto de la pandemia del COVID-19 y en el marco del sistema financiero tradicional (Banco Mundial, el FMI, el G20 y los Estados cada vez más desnacionalizados), a pesar de ello podemos hacer extensivos algunos de sus planteos a nuestro referente empírico. Las autoras sostienen que tal noción de inclusión conlleva una tarea moral como ropaje y se inscribe en una tríada fundamental para aquellos organismos: Tecnologías – Filantropía – Desarrollo. Nuestra cartografía arroja que los puntos de condensación de sentido registrados dan cuenta de dinámicas similares, pero claro, de manera más o menos “descentralizada”. Es decir, en el plano de las formas, tanto las finanzas centralizadas como las descentralizadas propagandizan la democratización de instrumentos financieros para llegar a más audiencias, pero sobre todo coinciden en la producción de un “iletrado financiero”, es decir, un sujeto que “no sabe” y que debe ser educado por su propio bien. Sin embargo, en el plano de los contenidos, las narrativas varían. Mientras que, a propósito de la crisis del 2008:
[…] la narrativa del Banco Mundial es que los fenómenos que desembocaron en la crisis global no tienen que ver con las prácticas predatorias de los grandes bancos y fondos de inversión en el endeudamiento generalizado, sino con la incapacidad de lxs sujetxs de utilizar “correctamente” los instrumentos financieros que se les ofrecían. Vemos reeditarse lo que ha llamado la “fábula de las poblaciones fracasadas”, una narrativa necesaria para imponer sobre ciertas regiones una serie de pedagogías coloniales y naturalizar su pobreza como deficiencia cognitiva (Escobar 2005). (Cavallero, Gago y Perosino, 2020: 6).
En cambio, la narrativa cripto en general es “anti-establishment” y denuncia a estos como responsables de dicha crisis (como también de la inflación y la devaluación de las monedas nacionales), por lo que desculpabiliza a los sujetos “de a pie” pero traslada la culpa a otro plano: “acá tenés que calentarte vos” porque “no hay un 0800 a quien reclamar”. Lo que produce, a su vez, la necesidad en tales personas de cultivar una subjetividad empresaria de sí pero más ligada a una especie de “economista del yo” para integrarse de alguna manera en el ecosistema. Como corolario, podemos indicar que la lógica colonial se cuela como reverso de la “fe en las matemáticas”: el desconocimiento del saber de las economías populares en el sostenimiento de la reproducción de la vida es gigantesco; al mismo tiempo, la horizontalidad como producto de la descentralización técnica se mixtura con la circularidad sin cortes del discurso capitalista, por lo que no produce otra idea de democracia que la neoliberal o tardomoderna. Por consiguiente, cabe la pregunta ¿Una democracia de “pequeños economistas”?
Entonces, así como es necesario contextualizar y discutir la agenda global de la inclusión financiera de las instituciones crediticias, otro tanto es menester realizar con el avance y proliferación de criptomonedas: ¿qué sería una inclusión financiera “crypto”? Por lo pronto, del endeudamiento a niveles capilares como técnica de gobierno del mundo del trabajo nadie está exento, de hecho, es necesario tomar en cuenta la advertencia de que “la permanencia en el sistema financiero de una población sin ingresos o con ingresos intermitentes e insuficientes puede convertirse en un mero vehículo para la toma de nuevas deudas personales” (Cavallero, Gago y Perosino, 2020:10). Por ello hacemos nuestras las palabras de las investigadoras del GIIF:
[…] queremos problematizar la idea de inclusión por lo menos en tres aspectos: a dónde se incluye; en qué contexto se efectúa esa inclusión; y en qué condiciones se asegura la permanencia en el circuito financiero de poblaciones fuertemente empobrecidas. Nos parece que estos puntos deben abrirse al debate público, en contraposición a la opacidad y el secretismo que caracteriza al sistema financiero (2020:10).
Pero, ante todo, la cuestión Bitcoin nos exige sincerarnos: ¿es deseable desde la izquierda o el progresismo dejar de “correr desde atrás” a lo crypto y pensar alternativas jerarquizando el tema? Porque, retomando a E11:
A mí lo que también me asombra de Bitcoin es eso ¿no? Donde más capacidad de impacto puede tener es justamente en la gente que está en la lona. El hecho de que vos puedas guardar tus pequeños ahorros en pesos, los guardas en satoshis y en un año eso se duplicó, bueno, boludo, eso no es poco. No es moco de pavo. (E11, comunicación personal, 12 de julio de 2021).
Además, nada impide que a partir de las criptomonedas podamos abrir el debate hacia discusiones como la del diseño de un dinero del común a lo Carlo Vercellone, la creación “herramientas autónomas de multiplicación dineraria para la clase trabajadora” (como nos menciona E11) o, como propone la aceleracionista Tiziana Terranova, inventar algoritmos sociales constituyentes del común (2017:109). Previo análisis concreto de la situación concreta, la crítica al fetichismo deberá compartir espacio ya no con el rechazo por lo ridículo o ideológico que sea tal objeto, sino más bien con su recuperación y canalización en una clave otra. El brillo que destella Bitcoin como fetiche, como objeto sublime que encarna la falta en el Otro, en el orden simbólico, no puede opacar para los y las cientistas sociales “el hecho que exista hoy por hoy una red de usuarios anónimos que genera valor y que se organiza casi horizontalmente porque no hay jefes, y cuyo valor más grande es el consenso de la comunidad” (E11). Así, la red BTC se erige como un prisma privilegiado para leer las transformaciones de nuestro tiempo. Y entre los cambios ya mencionados, Bitcoin es un ejemplo de que las utopías en la actualidad nacen fundamentalmente en el mercado mundial (Galliano, 2020). O ¿Acaso las criptomonedas no constituyen ya un remake del utopismo que supo leer Rosanvallon (2006) en el capitalismo? O en un lenguaje sociológico, ¿una reformulación del espíritu del capitalismo, diferente al que describieron Boltanski y Chiapello? Para Deleuze, en su conocido Post-scriptum: sobre las sociedades de control, que las empresas tengan un alma era una noticia terrorífica porque marcaba el advenimiento de las sociedades de control y la emergencia de un nuevo diagrama de poder, con BTC las matemáticas financieras adquieren una espectralidad de dicha índole. Y esta parece ser una de las utopías que el mercado mundial tiene a mano para nosotros y nosotras.
Queda para la reflexión colectiva hacerse de la pregunta leninista “¿Qué hacer?” pero sobre el hecho, como recuerda Alejandro Galliano, de que “… las tecnologías que no hacemos entrar por la puerta, entran por la ventana, aunque nos neguemos a pensarlas” (2020:18). Un tiempo de de-contención como el nuestro hace de la necesaria e impostergable redistribución de la plusvalía una pólvora sin chispero para enfrentar el problema de la captura del deseo y del goce si no partimos de que aquello que llamamos economía, nunca fue solamente economía. Lo desarrollado hasta aquí nos invita a abandonar aquellas imágenes de las ciencias sociales como compartimentos estancos y cerrados para abrir paso hacia abordajes epistemológicamente fronterizos y diversos.
Referencias
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